N/A: No soy dueña de Harry Potter.


Aprendiendo Mucho y un Regalo de Navidad.

Después de esa tarde los Potter empezaron los preparativos para la mudanza, instalándose en su nueva casa en pocos días, para felicidad de Harry, todo estaba saliendo conforme al plan, dijeron a los empleados y a sus conocidos que se mudarían para qué Harry pudiera estar más cerca de la pequeña Ginny, ya que era su compañero de juegos, esto no sorprendió a las personas, es más hasta pensaban que dentro de unos años asistirían a la boda de los niños porque en ese tiempo era común que las personas de la nobleza se comprometieran a muy corta edad, por lo que pensaron que lo que querían era que los niños estuvieran cerca para acostumbrarlos a estar juntos y no les costara aceptar su compromiso.

Pero después de la mudanza Harry empezó su formación y desde entonces pasaba todas las mañanas muy ocupadas, donde pasaba tres horas con su mamá o sus tías en unas ocasiones para avanzar en su educación, le enseñaban a leer y escribir, también le enseñaban los números y a hacer cuentas (a petición de Harry) y le explicaban las costumbres de los pueblos y de la realeza, como los buenos modales que debía poner en práctica, tanto en los pueblos con personas sencillas, como en las reuniones de alta sociedad y etiqueta (que no eran del agrado de Harry pero los aplicaba); también le enseñaban las celebraciones importantes que festejaban y sin olvidar la historia, tanto de Gryffindor, de Inglaterra y de los países de todo el Reino Unido o del nuevo mundo.

La historia era lo que más aburría a Harry y le costaba entender algunas cosas todavía, pero su madre y sus tías se las narraban como si fueran cuentos y le decían que cuando estuviera más grande repasarían las fechas y personajes importantes, esto hacía que fuera más llevadero para Harry.

Después de sus tres horas de estudio, Harry se reunía con su padre y sus tíos, que le enseñaban a defenderse, primero tenía que ponerse en forma y hacer muchos ejercicios para que fuera más rápido y ágil, esto le gustaba a Harry porque descubrió que tenía muy buenos reflejos, por lo que no era difícil para él esquivar los obstáculos o cualquier cosa que le lanzaran. A Harry le gustaba el entrenamiento, porque su padre y sus tíos hacían que fuera divertido para él, como si estuvieran jugando, pero también era cansado para él, estar tres horas diarias haciendo ejercicio, así que a la una de la tarde él llegaba rendido a casa, comía y tomaba una siesta para que a las tres fuera casa de su Ginny.

A pesar de todas las actividades de Harry, que hacía en las mañanas, él seguía prefiriendo sus tardes al lado de su pequeña Ginny, que siempre reía cuando lo miraba todos los días, Harry la saludaba con un beso y a veces se quedaban dormidos los dos tomados de las manos, Harry le contaba lo que aprendía y aunque la bebita no entendiera nada, reía al escucharlo y estiraba las manitas para tocarlo o revolverle más el cabello azabache, Harry reía y le daba muchos besos en su carita, manitas y piernitas. Ginny ya se sentaba solita, pero Harry siempre vigilaba que no se fuera de lado y se golpeara, por lo que la rodeaba con los cojines y almohadones, a Harry le gustaba ver los cambios que ella tenía conforme crecía.

También disfrutaba contarle las pequitas que tenía en la carita y que tanto le gustaban. Le había pedido a su mamá en su primera lección que le enseñara los números para poder contar las pequitas de Ginny que pensaba que eran manchitas de chocolate.

– Mamá, ¿Qué sigue después del 5? – le había preguntado Harry, interrumpiendo a su mamá que le enseñaba las vocales.

– Sigue el seis, cariño ¿Por qué? – le contestó y preguntó a la ves mientras lo miraba curiosa.

– Quiero aprender todos los números mami – le respondió un ansioso Harry

– Cariño aún eres muy pequeño, tienes tres añitos, ya los aprenderás todos cuando seas más grande – le dijo cariñosamente Lily a su hijo mientras lo sentaba en sus piernas, olvidándose de los dibujos de cosas que empezaban con la letra A.

– Pero yo los quiero aprender ya mamá, lo necesito, no puedo esperar mucho – replicó Harry molesto por tener que esperar mucho.

– ¿Y por qué necesitas aprender los números ya? – le preguntó muy curiosa, sobre todo al ver que su hijo se sonrojaba.

– Es que… así puedo contar las manchitas de chocolate que Ginny tiene en su carita – respondió un muy avergonzado y rojo Harry que se negaba a ver a su mamá a la cara

– Harry ¿Cuáles manchitas de chocolate de Ginny? – preguntó, buscando la mirada de su hijo.

– Las manchitas de chocolate que Ginny tiene en su carita y que no se le quitan aunque las toque o le de besos – respondió Harry para después esconder la cara en el pecho de su mamá, ocultando su carita y sus orejitas que estaban muy rojas, porque su mamá se estaba riendo de él. – yo necesito aprenderlos rápido porque le salen más, mamá y quiero saber cuántas tiene.

– ¡Ay! Mi niño, las manchitas que Ginny tiene no son de chocolate, son pequitas amor – le dijo entre risas tratando de calmarse y dejar de reír por las ocurrencias de su hijo.

– ¿Pequitas? – repitió curioso Harry.

– Si, amor, Ginny tiene pecas en su carita, tiene unas pequitas muy pequeñas en su cara, no son manchitas de chocolates – trato de explicarle – Mira todos tenemos unas manchitas en nuestro cuerpo, como este lunar que tienes en el brazo, míralo, yo también tengo otro aquí ¿Ves? – le decía señalando los lunares que tenían en el brazo.

– Pero el lunar es diferente, a las manchitas de Ginny, mamá – le aclaró Harry a su mamá.

– Si cariño, lo que quiero decir es que Ginny tiene pequitas en su cara, así como tú y yo tenemos lunares, además yo también tenía pecas en el cara cuando era más pequeña, pero después se me quitaron, solitas desaparecieron cuando fui creciendo – le explicaba pacientemente y tratando de darse a entender.

– Entonces las pequitas de Ginny también se quitaran – Le dijo entre asustado y molesto Harry que no le gustaba la idea de que su Ginny ya no tuviera esas manchitas de chocolate que tanto le gustaban No, pecas o pequitas se recordó el mismo el nombre de las manchitas. Pero entonces exclamó asustado y desesperado – Mami tengo que aprender los números rápido, antes de que Ginny ya no tenga las manchi… las pequitas, tengo que contarlas.

– No cariño, en mi caso las pecas desaparecieron, pero no en todas las personas desaparecen, además puede que las de Ginny no se quiten, porque tu tío y tía también tienen pecas ¿No te has dado cuentas? – le dijo al ver la reacción de su hijo que ahora estaba concentrado recordado a sus tíos, para después suspirar y sonreír aliviado.

– Sí, es cierto mis tíos también tienen pecas – dijo Harry recordando la cara de sus tíos – Me alegro, no quiero que las pequitas de mi Ginny se quiten, me gustan mucho, se ven muy bonitas, pero mamá quiero aprender los números para saber cuántas tiene – Le pidió Harry a su mamá, recordándole el motivo de la conversación.

– Esta bien, hijo te enseñaré los otros números, pero primero terminemos esta lección, también tienes que aprender a leer y escribir, así que conocerás las letras y los números amor – le aclaró Lily a su hijo, contenta por el deseo de aprender que tenía.

– Si mamá aprenderé las letras y los números. – Le había asegurado a su mamá.

Y así lo había hecho ya se podía las vocales y el abecedario completo, también se podía los números del 1 al 100, por lo que sabía que Ginny tenía siete pequitas en su nariz, tenía diez en una mejilla y doce en la otra, en sus frente tenía ocho pequitas; pero tenía que contarlas todos los días porque a Ginny le salían más pequitas conforme pasaban los días.

Las semanas pasaron muy rápido para Harry, por lo que se sorprendió cuando una mañana su papá y su mamá lo despertaron con sus besos y abrazos.

– Despierta Harry, hoy es un día especial – le decía su mamá mientras lo llenaba de besos, haciéndole cosquillas – Despierta, hoy es Navidad.

– ¡Feliz navidad pequeño! – le decía su papá al ver que abría los ojos.

– ¡Feliz Navidad papá y mamá! – Saludó Harry con una gran sonrisa a sus padres y los abrazó. – ¿Qué hora es mamá? ¿Ya es hora de la lección?

– No mi amor, hoy es Navidad así que hoy no tendrás lecciones, – le decía Lily con ternura a su pequeño – Hoy podrás hacer lo que tú quieras, Navidad es para divertirse y pasarla en familia, así que hoy olvídate de las lecciones y pásala bien.

– ¡Puedo hacer lo que quiera! ¡Hoy es Navidad! – Dijo Harry emocionado y dando saltos en su camita, mientras sus padres reían divertidos al verlo tan feliz; y a la vez estaban aliviados, porque a pesar de la difícil situación en que estaban y que su hijo tenía que hacer actividades que hacen los adolescentes, él seguía siendo un niño que era muy feliz con su vida.

– Y dinos campeón ¿Qué es lo que quieres hacer hoy pequeño? – le preguntó James sonriendo al ver que su hijo dejaba de saltar y los miraba sonrojado, ya intuía lo que quería

– Yo quiero estar con mi Ginny – Dijo Harry con su carita roja viendo sus piernas.

– Entonces iremos a visitar a la pequeña Ginny – Dijo Lily mientras les daba un tierno beso a su pequeño Harry – De todas formas le había dicho a Molly que le ayudaría con los preparativos de la cena de esta noche y también estarán Elly y Dora con el pequeño Teddy.

– Si, yo también iré, porque así como son tu madre y tus tías querrán que tus tíos y yo ayudemos también – siguió diciendo James, las razones de visitar a la pequeña bebita todos juntos, para que Harry no se sintiera apenado; y porque ellos ya esperaban que Harry querría eso y ya lo habían acordado con los demás.

– ¡Qué bien iremos todos juntos! – gritaba un emocionado Harry, haciendo reír a sus padres – A mi Ginny le gustará vernos a todos, ¡Mami, ayúdame a bañarme para que me vista y vea a mi pequeña Ginny! Vamos rápido.

– Ya voy, ya voy, primero te quitaré el pijama – le dijo riendo su mamá. A Lily le encantaba ver tan feliz a su pequeño.

– Yo te prepararé la ropa, para que hoy estés muy guapo – le decía James igual de feliz que su esposa – Estoy seguro que la pequeña Ginny hoy estará hermosa y tú también tienes que estar muy elegante.

– Pero si mi Ginny siempre está hermosa – dijo un sonrojado Harry desde el baño – Pero como es navidad estará más preciosa que nunca – aclaró poniéndose más rojo y mirando con ojos soñadores.

– Mi pequeño, eres igual que tu padre – decía Lily Potter viendo enternecida a su amado hijo y riendo cuando sus esposo protesto gritando ¡Heyyy! Provocando la risa de toda la familia Potter.

– Mami ¿llevas el regalo de mi Ginny verdad? – preguntó por enésima vez Harry a su mamá, cuando iban camino a casa de la pequeña Ginny.

– Si Harry, ya te dije que lo llevo en el bolso, junto con los otros regalos – le recordó pacientemente Lily a su hijo, porque sabía que estaba ansioso por darle su regalo a la bebita, él mismo había querido darle su propio obsequio a su Ginny, el cual era un hermoso sonajero de plata, con piedras preciosas como adorno, este había pertenecido a Harry y había sido su juguete favorito de cuando era bebé y hoy quería dárselo a su querida Ginny.

– Esta bien mamá, cuando lleguemos tienes que ponerlo bajo el árbol de Navidad – decía un emocionado Harry a su mamá, como si él fuera un adulto que le estuviera explicando algo de suma importancia a un niño pequeño – y recuerda que Ginny no te tiene que ver, cuando lo coloques bajo el árbol mamá.

– Si hijo, no olvidaré ponerlo bajo el árbol de Navidad – repetía Lily para tranquilizar a su hijo – Confía en mi pequeño, no lo olvidaré – dijo viendo los ojos esmeraldas de su hijo e ignorando la risa burlona de su esposo.

– Si confío mamá, pero cuando tú empiezas a hablar con tía Molly, olvidas todo – le dijo su hermoso y adorado hijito con tono inocente y recriminatorio, provocando la carcajada de su esposo, que ya no pudo contenerse – y no dejes que mi Ginny te vea, cuando lo coloques.

– No lo olvidaré amor – Dijo sonriéndole a su precioso hijo, mientras golpeaba disimuladamente a su esposo para que dejara de burlarse.

– Y tú papá tienes que ver que Ginny no esté cerca del árbol de Navidad – continuó Harry explicándole a su papá lo que tenía que hacer, mientras lo miraba seriamente – y si está sentada en la sala, tienes que alejarla de ahí para que mi mamá coloque el regalo.

– Y por qué yo no coloco el regalo y tu mamá aleja a Ginny – le sugirió a su pequeño hijo, que era muy parecido a su madre e igual de exigente. Le sonrió a Harry para infundirle confianza y aceptara su sugerencia.

– No creo que sea buena idea papá – le dijo Harry después de ver fijamente a su papá – porque tú si olvidarías colocar el regalo o no tendrías cuidado de que Ginny te viera – le explicó Harry a su padre que lo miraba dolido, mientras su mamá reía burlonamente – Creo que mejor mamá coloca el regalo y tu alejas a mi Ginny del árbol.

– ¿Y tú que harás Harry? – le preguntó James a su hijo, que definitivamente se parecía mucho a su esposa en la forma de ser.

– Cuando tú alejes a mi Ginny y mamá esté colocando el regalo, yo estaré con mi pequeña y le daré muchos besos en su carita para distraerla – Dijo Harry con la mirada inocente y una sonrisa traviesa, mientras corría para tocar la puerta de sus tíos.

– Ese niño es demasiado inteligente para su edad – Dijo un sorprendido James Potter a su esposa – Creo que es peor que tú amor.

– Si, yo también lo creo – Dijo Lily Potter, viendo como su pequeño tocaba la puerta de la casa de sus amigos – Me siento usada.

– ¡Pues claro que nos ha usado! – Dijo un desconcertado James – nos ha manipulado para que hagamos todo el trabajo, mientras él estará feliz de la vida dándole besos a su Ginny ¡Ni a mí se me ocurrió hacer eso nunca! Te lo suplico Lily, no le cuentes esto a nadie, no podría soportar las burlas de los demás.

– No te preocupes, yo no diré nada, pero tú tampoco hablarás de esto con nadie – Dijo Lily Potter, viendo como su pequeño y no tan inocente hijo entraba a la casa.

– Yo no diré nada, no estoy loco, si Arthur, Remus o peor aún Sirius se enteraran de esto sería el hazmerreír por años – declaraba un asustado James.

Cuando entraron a la casa de los Weasley, Molly los saludó y los condujo a la sala donde Harry estaba saludando a una risueña Ginny que estaba sentada en la alfombra, a los pies del árbol de Navidad. Los esposos Potter intercambiaron una mirada y pusieron en marcha el plan de su hijo; por lo que James se acercó a la pequeña, la cargó, la llevó al sofá y la sentó en sus piernas de espaldas al árbol para distraerla, mientras Lily colocaba disimuladamente bajo el árbol, el regalo de la pequeña Ginny que Harry le había dado; y como estaba en el plan, un muy cariñoso y mimoso Harry le daba besos en toda la carita de la pelirroja que reía más fuerte con cada beso que recibía.

– ¡Es tan dulce y tierno! – Decía una emocionada Molly (no se había dado cuenta de nada) que reía al ver a los niños y a James que miraba sorprendido a su hijo.

– No tienes idea – murmuró Lily negando con la cabeza, pero al ver que Molly la miraba curiosa añadió rápidamente – Sí, es cierto es muy tierno, Molly estos son los obsequios de nosotros – le dijo para distraerla, entregándoles los otros obsequios que llevaban.

Después de eso pasaron el día haciendo los preparativos para la cena; ya habían llegado Arthur (que había salido de compras), Remus, Dora, el pequeño Teddy, Sirius y Elly; mientras los adultos ayudaban a preparar todo, los niños jugaban en la alfombra de la sala y Harry vigilaba que Teddy no tocará los regalos, mientras jugaban y como siempre él no perdía la oportunidad para hacerle mimos a su Ginny que estaba muy contenta al ver tanto movimiento.

Toda la cena pasó entre sorpresas, risas y diversiones, era un ambiente lleno de mucho amor, Harry esperaba con muchas ansías el momento de entregar y abrir los obsequios. Y se emocionó mucho cuando su padrino Sirius anunció que era hora de los regalos, todos se sentaron en la alfombra, alrededor del árbol, cada uno fue agarrando un obsequio y lo entregaba a su dueño; Ya todos habían recibido sus obsequios, siendo los tres niños, los que recibían más obsequios, pero aún no entregaban el regalo que Harry le había dado a su Ginny. Por suerte Sirius lo alcanzó a ver y lo agarro para ver de quien era.

– Aquí hay otro regalo y la tarjeta dice: – Dijo con una sonrisa al leer la tarjeta y ver que su ahijado se había puesto muy rojo y miraba sus piernas ocultando la mirada, por lo que se apresuró a leer – Para mi pequeña Ginny de su Harry ¡Feliz Navidad #1!

Todos sonrieron al escuchar la tarjeta y Sirius la pasó para que todos la vieran, ya que Harry le había pedido a su mamá que le ayudara e escribir la tarjeta, por lo que ella le había marcado puntitos y él los había unido, escribiendo la felicitación que él mismo quería poner.

Molly abrió el regalo y sorprendida al reconocer el sonajero, se lo entregó con una sonrisa a su pequeña; todos conocían ese sonajero, porque cuando Harry era bebé, no lo soltaba ni dormido, así que todos sabían lo mucho que significaba para él ese sonajero. Sonrieron más al ver que la pequeña lo agarro y lo movía de un lado a otro mientras reía, se notaba que le gustaba mucho.

Harry estaba muy feliz al ver que a su pequeña le había gustado su regalo, por lo que olvidando su vergüenza se acercó a ella para darle un beso en su mejilla, pero nadie esperaba que la pequeña girara su carita y presionara sus rojos labios en la mejilla de Harry, quien se quedó muy quieto por un momento y se separó muy despacio de su Ginny que siguió juagando con su sonajero mientras reía y sus mejillas se ponían rosadas. Harry se llevó una mano a la mejilla donde su Ginny lo había besado por primera vez y vio a sus padres y tíos que lo miraban con una sonrisa en los labios, entonces Harry no pudo evitar sonreír también.

– Un beso, me dio un beso – empezó a decir, sin dejar de sonreír, causando que todos rieran al verlo – Mi Ginny me dio un beso, es el primer beso que da y me lo dio a mí – seguía diciendo muy contento y emocionado.

– Creo que ella también te quería dar un regalo para Navidad – Le dijo emocionada y enternecida Molly al pequeño.

– Es el mejor regalo – le dijo Harry a su Ginny, mientras la besaba en la frente – Muchas gracias Ginny – le dijo mientras sonreía más al sentir otro beso de su Ginny en la mejilla. La pequeña le dio otros besos en el transcurso de la noche y reía cada vez que daba un beso a Harry y recibía otro de él. Harry sentía que esa era la mejor Navidad de todas, no le importaba que ella lo babeara, ya que su Ginny lo estaba besando. Todos miraban a los niños enternecidos por su comportamiento.

De repente Molly recordó algo y le preguntó al niño – Harry querido ¿En qué momento pusiste el regalo bajo el árbol? Porque no estaba entre los regalos que tu mamá me dio y no me pediste que lo pusiera en el árbol – le preguntó a Harry que sin dejar de abrazar a su Ginny, la miró y le dio una sonrisa traviesa que asustó a sus padres que se miraban nerviosos.

– ¡Oh! No lo puse yo tía Molly le pedí a mis padres que me ayudaran a ponerlo en el árbol – les dijo viendo a sus padres divertidos y con una sonrisa muy traviesa que todos notaron, para martirio de los esposos Potter – Pero fue mi idea tía, yo les dije qué hacer – siguió diciendo Harry, ignorando la mirada de sus padres y viendo inocentemente a sus tíos, que estaban curiosos y divertidos por las caras de James y Lily Potter.

– No tienes que decirles el plan Harry – Dijo rápidamente James tratando de evitar que su hijo hablara.

– Si Harry, cuéntanos tu plan, queremos saberlo – le dijo Sirius con una sonrisa igual de traviesa que la de su ahijado, al ver como james y Lily se sonrojaban y tenían caras de querer salir huyendo.

– Bueno… – Comenzó el pequeño Harry a contarles su plan con todos los detalles, desde las veces que tuvo que recordarles a sus padres lo que tenían que hacer y el miedo que tenía que su madre lo olvidara al comenzar a hablar con su tía, así como la sugerencia de su papá para cambiar los roles y el por qué no aceptó su idea, les dijo que los tres tenían su parte importante en el plan, pero había hablado lo que sus padres habían hecho y no lo que él hizo, por lo que su tío Remus le preguntó:

– ¿Y tú pequeño, qué hiciste? – Le preguntó divertido Remus por las caras rojas que James y Lily tenían, los dos estaban abrazados tratando de ignorar las miradas y sonrisas burlonas de los demás adultos. Harry vio inocentemente a sus tíos y a sus padres que se abrazaban, para después mirar el rostro de Ginny que reía jugando con su regalo.

– Yo hice la parte más importante del plan tío – Dijo Harry dándole un beso a su Ginny – y también era mi parte favorita del plan – decía sin dejar de darle besos a Ginny en su carita que reía divertida.

– ¿Y cuál era es parte? – preguntó Elly muy divertida al ver el comportamiento de Harry y de James y Lily.

– Yo tenía que distraer a mi Ginny, dándole muchos besos en su carita, para distraerla, mientras mamá colocaba el regalo – Termino de decir Harry mientras seguía dándoles besos a su Ginny y hacía oídos sordos a las carcajadas de sus tíos que reían burlándose de sus padres – ¿Verdad que era un buen plan? – les preguntó con inocencia, causando más risas.

– Es un excelente plan ahijado – decía entre risas Sirius – Eres el mejor, estoy orgullosos de ti. No puedo creer que los haya burlado, es un niño apenas – Todos rieron hasta que llegó la hora de ir a casa. ¡Fue la mejor Navidad de Harry y su familia!


N/A: Otro capítulo tierno, pero me gustaría saber lo que piensan, así que comenten por favor.