N/A: Yo no soy dueña de Harry Potter, sólo de la historia.
10. Harry Acepta Entrenar a Ginny.
Cuando Harry abrió los ojos, sonrió al ver la hermosa carita de su Ginny, desde el día en que golpeo a Colín, ellos dormían juntos seguido, sus padres los dejaban y a veces Harry dormía en casa de ella, otras ella dormía en su casa. Siempre que despertaba y miraba a su pequeña a su lado, se sentía muy feliz, dormían abrazados toda la noche; Ginny era inquieta en la cama cuando dormía sola, pero cuando dormía encima de él casi no se movía, excepto para abrazarlo más, él también la abrazaba, nunca se cansaba de hacerlo y estaba seguro de que nunca se cansaría.
– Despierta pequeña, ya es de día – decía Harry besando su carita, sonriendo más al sentir que Ginny se movía y lo abrazaba más fuerte y murmuraba su nombre – Despierta dormilona, tenemos que levantarnos.
– No quiero, quiero dormir todo el día y tú te quedaras conmigo – Le dijo sin abrir los ojos y abrazándolo más.
– Tenemos que levantarnos, abre los ojos pequeña, mírame – Le decía Harry besando sus parpados – Sabes que tenemos que ir a nuestras lecciones y a hablar con nuestros padres y tíos – Le recordó, sin dejar de darle besos. Ginny abrió los ojos y lo miraba preocupada.
– Ahora menos me voy a levantar, no quiero que nos reclamen de nuevo, me voy a enojar de nuevo y tú terminaras atacándolos y después te sentirás culpable y yo no quiero que eso pase – le susurró Ginny y le dio besos en las mejillas a Harry, que la miraba triste.
– Yo… lo lamento mucho, me dejé llevar y tú me viste matar a ese hombre – Se disculpó Harry, aún se culpaba por eso – No quería que tú vieras eso.
– ¡Basta Harry! – Lo regañó Ginny sin dejar abrazarlo y besarlo, no quería que estuviera triste por eso. – Yo quería que lo matarás, ese hombre se lo merecía, por lo que me hizo, tú me salvaste, eres mi héroe y si tú no matabas a todos esos hombres, ellos me hubieran matado a mí al final, después de llevarme con Voldemort. O peor aún, también te hubieran matado a ti y eso yo no lo hubiera soportado, me moriría de tristeza Harry y tú no quieres eso. Ya no te culpes más Harry, me duele verte triste.
– Está bien Ginny, ya no me culparé, no quiero que estés triste, ni que te duela. – Le dijo Harry con cariño. – Te quiero mi Ginny, eres lo más importante para mí, eres mi Ginny.
– Y tú eres mi Harry y te quiero mucho, también eres lo más importante para mí, – Le dijo Ginny viendo sus hermosos ojos esmeraldas – Y si nuestra familia no lo entiende, eso no nos tiene que importar, tú y yo estaremos juntos, mi Harry. – Le aseguró abrazándolo.
– Siempre estaremos juntos, mi Ginny – Le prometió Harry sonriendo. – Ahora tenemos que levantarnos – Le dijo, al mismo tiempo que se levantaba con Ginny que reía en sus brazos.
– Creo que nunca me pondré ese vestido de nuevo – Le dijo Ginny viendo su vestido y la ropa de Harry que estaban llenos de sangre – Y tú tampoco te pondrás eso, tenemos que tirarlas o quemarlas. Y después me comprarás otro vestido muy hermoso. – Le dijo con una gran sonrisa. A Harry le daban dinero cada semana, para que comprara lo que quisiera o necesitara y él siempre le compraba regalos y dulces a su Ginny, porque le gustaban mucho.
– ¡Está bien! ¿Y de qué color quieres tú nuevo vestido? – Le preguntó sonriendo, ya sabía la respuesta, el color favorito de ella era el verde, sobretodo el verde esmeralda, decía que era el color de sus ojos y a Ginny le gustaban mucho sus ojos, Harry lo sabía, ella misma se lo había dicho con las mejillas sonrojadas, cosa que le gustó mucho a Harry, a él le gustaba el color rojo fuego que era el color del cabello de su pelirroja, él decía que era de un rojo encendido, con unos cabellos dorados que resplandecían a la luz del sol y que le recordaban a una llama de fuego; también le gustaba el color de sus ojos, que eran de un marrón parecido al chocolate, pero que cuando había mucha claridad o mucho sol se miraban de un color miel.
– Del color de tus ojos, verde por supuesto – Le dijo Ginny sonriendo, mientras Harry le quitaba el pijama. – Además resalta el color de mi cabello – Le dijo coqueta y agarrando un mechón pelirrojo en sus manitas. Haciendo que Harry riera y la viera divertido, le encantaba cuando se portaba así, burlándose de las otras niñas mayores que se portaban con mucha elegancia y no les gustaba jugar, porque se ensuciaban y preferían caminar mientras hablaban sobre sus peinados o vestidos.
– Deja de portarte como una muñequita y pásame el Shampoo para las burbujas – La molestó Harry mientras llenaba la tina con agua caliente. – Ya te pareces a ellas – Le dijo Harry riendo ante la cara indignada de su Ginny, que le lanzó el Shampoo y que por poco le cae en la cara. – Ven aquí pequeña – Le dijo riéndose y cargándola para meterla en la tina llena de burbujas.
– No puedo creer que dijeras que soy como esas niñas bobas, – Le reclamó cruzando los brazos, mientras Harry se metía en la tina riendo, porque a Ginny no le agradaban esas niñas y menos cuando le hablaban a su Harry – Yo nunca seré como ellas, no sé cómo puedes hablarles… "Hola Harry, que lindo te ves hoy, me gusta tu camisa resalta tus músculos, tú eres muy fuerte y muy guapo" – Decía Ginny con una voz chillona, mientras Harry le lavaba el cabello y sonreía al oírla. – Odio que hablen así, yo nunca hablaré así, además es normal que tengas músculos y que seas muy fuerte, ¡Entrenas todos los días! pero a ellas sólo les importa cómo se te ve la camisa o lo guapo que eres. ¡Ahhh… las odio!
– No sé porque las odias tanto, no son tan malas y a veces son tiernas y muy amables, me parece que son divertidas… Mejor lava mi cabello, te toca – Le dijo Harry pero se arrepintió de lo que dijo, porque Ginny lo miró con unos ojos amenazantes que le daban miedo.
– ¡Claro! Como a ti te gustan, sobretodo esa tonta de Cho Chang – Le dijo Ginny enojada y lavando el cabello de su Harry con más fuerza de la necesaria – Hasta te dio un beso en la mejilla y tú la dejaste.
– ¡Ginny ya suéltame! – Le dijo Harry sujetando sus manos, porque le había jalado su pelo y no quería que se lo arrancara – Además ya te dije que ella me había dicho que me quería contar un secreto, nunca pensé que me besaría, me sorprendió y si les hablo, es por cortesía, no puedo ignorarlas, no sería propio de un caballero – Le dijo Harry viendo cómo Ginny giraba los ojos – Son niñas Ginny, no voy a faltarles el respeto, aunque me moleste que se me acerquen.
– ¡Si claro! No me gusta que se te acerquen, – Le dijo Ginny molesta – Tú no dejas que otros niños se me acerquen mucho y yo tampoco los dejo porque no me gusta que nadie aparte de ti me abrace o me bese, además sé que no te gusta, que otros lo hagan, pero yo si tengo que ver como otras niñas se te acerquen o te abracen o te den besos ¡No es justo! – Le dijo Ginny viendo a Harry con ojos dolidos – Así que si ellas se te acercan, dejaré que otros niños se me acerquen, me abracen y me den muchos besos – Le dijo Ginny decidida.
– ¡No harás eso nunca, no lo permitiré! – Le dijo Harry enojado, agarrándola de los hombros y viéndola a los ojos – ¡Sólo yo puedo tocarte, abrazarte y darte besos, nadie más! No lo permitiré, los golpearé o los mataré si lo hacen.
– ¡No harás nada! Porque tendrán mi permiso – Lo retó Ginny viéndolo también a los ojos – Si esas niñas lo hacen contigo esos niños lo harán conmigo también.
– No Ginevra, tú eres mía, sólo mía, eres mi Ginny y sólo yo puedo tocarte, abrazarte y besarte – Le dijo Harry con ojos llorosos, abrazándola, mientras le acariciaba una mejilla y le daba un beso en la otra – Eres mi Ginny, sólo mía y de nadie más.
– Y tú eres mi Harry, sólo mío, por eso no quiero que nadie más se te acerque ni te abrace o te de besos, sólo yo quiero hacerlo – Le dijo Ginny llorando y haciendo lo mismo que Harry – Me duele cuando ellas lo hacen, no me gusta, tu eres mío, sólo mío, Mi Harry.
– Está bien Ginny, no llores pequeña, perdóname Ginny, no permitiré que nadie más se me acerque, sólo tú, a mí tampoco me gusta que ellas me abracen o me den besos, por eso le dije a Cho que no lo hiciera nunca más, porque sólo tú puedes hacerlo – Le explicó Harry abrazándola – Te lo prometo pequeña, sólo tú puedes hacerlo, yo soy tuyo y tú eres mía, eres mi Ginny. – Le dijo viéndola a los ojos y limpiando sus mejillas.
– Sólo tuya, tú Ginny y mi Harry – Le dijo Ginny sonriendo y lavándole el cabello con delicadeza.
– Tu Harry, mi Ginny – le aseguró Harry terminando de lavar el cabello de ella.
– Harry, tengo una pregunta – Le dijo Ginny, con el ceño fruncido y muy seria, enjabonando el pecho de Harry, mientras él hacía lo mismo y la miraba curioso esperando la pregunta – ¿A qué se referían los hombres con violarme? Sé que es algo malo, pero no lo entiendo y cuando les dije eso, papá y los tíos se enojaron mucho y tú también, así que dime a qué se referían por favor – Le pidió en un susurro porque Harry se había detenido y apretaba los puños.
– Es algo que no permitiré que hagan nunca Ginny, mataré a quien lo intente – Le dijo Harry enojado, mientras la abrazaba protectoramente – Esos hombres querían herirte, te hubieran quitado la ropa y te hubieran herido y lastimado el cuerpo, nunca dejes que nadie te quite la ropa, menos otros hombres – Le dijo Harry serio y viéndola a los ojos, sabía que ella era muy inocente y no entendía nada de eso, pero su papá y sus tíos le habían explicado, hace mucho, lo que era una violación y él juró que nadie le haría eso a su Ginny, él no lo permitiría nunca. – Prométeme que nunca dejarás que otro hombre te vea desnuda, ni que te toque y tienes que decirme si alguien quiere hacerlo o lo intenta, no quiero que te lastimen Ginny, yo no lo permitiré, promételo.
– Lo prometo, sólo mamá, tía Lily, la nana y tú me han visto desnuda, nadie más lo hará, no lo permitiré y si alguien quiere hacerlo o lo intenta, te lo diré rápido y tú lo matarás, como mataste a ese hombre. No quiero que otro hombre o niño me vean desnuda, sólo tú puedes hacerlo Harry – Le prometió a Harry mientras lo miraba a los ojos.
– Así es pequeña, lo mataré como a ese hombre si tratan de lastimarte – Le prometió Harry abrazándola y besando su carita.
– Harry tengo otra pregunta – Le dijo Ginny pensativa y un poco molesta – ¿Te gusta Cho Chang o una de esas niñas tontas? – Le preguntó viéndolo con ojos molestos, sorprendiendo a Harry por el cambio de tema y por esa pregunta tan tonta.
– ¿Por qué me preguntas eso? – Le dijo Harry frunciendo el ceño y con las mejillas rosadas, no entendía por qué Ginny pensaba eso.
– Sólo responde la pregunta – Le dijo Ginny preocupada y molesta, no le gustó que Harry se avergonzara – Quiero saber si otra niña te gusta.
– Ya te he dicho que a mí, sólo me gustas tú – Le dijo Harry poniéndose más rojo y viendo los ojos chocolates de su Ginny – Las otras niñas no me importan y menos me gustan, sólo me importas y me gustas tú, nadie más, eres mi Ginny – Le dijo cada vez más rojo.
– ¿Y me dirás si algún día te gusta otra niña? – Le preguntó Ginny, que ahora sonreía y miraba fijamente a Harry, esperando la respuesta.
– Yo creo que sí, – Le dijo Harry despacio – pero no creo que otra niña me guste nunca, sólo me gustas tú – Le dijo Harry viéndola y tratando de entender a su Ginny, ella no era así y le extrañaba, que le preguntara eso.
– ¿Aunque ellas sean más grandes que yo? – Le preguntó Ginny
– Si Ginny, no me importan las otras niñas, sólo tú – le dijo Harry cansado de esas preguntas y sorprendiéndose más cuando Ginny lo abrazó y le daba las gracias. Pero ahora Harry estaba curioso y no le gustaba lo que estaba sintiendo. – ¿Y a ti te gusta un niño con los que juegas? – Le preguntó serio, separándola y viéndola a los ojos.
– Sí, me gusta un niño y mucho, es muy lindo – Le dijo Ginny sonriendo y sonrojándose, mientras sus ojitos brillaban, haciendo que Harry gruñera enojado.
– ¿Quién es ese idiota que te gusta? – Le preguntó enojado y pensando en diferentes formas de matarlo, por hacer que SU GINNY sonriera y se sonrojara así, viendo con sus hermosos ojos brillosos, ¡No! Ella era muy pequeña, era SU pequeña y era SUYA, SÓLO SUYA.
– Él no es un idiota es muy inteligente y lindo ¿Por qué estás enojado? – Le preguntó Ginny confundida – ¿Tú sabes a quien me refiero verdad?
– ¡No, no lo sé y no me gusta! ¡Tú eres muy pequeña para eso y ERES MIA! – Le dijo Harry enojado, sorprendiendo a Ginny – Me dirás su nombre y después lo mataré, a ti no te puede gustar ningún idiota.
– ¡Ah no! Tú no harás nada y él no es un idiota Harry, tú sabes bien quien es, así que deja de decir tonterías, me sorprende que te enojes así, cuando sabes quién es y sabes que si algo le pasa a él yo me pondría muy triste y me moriría de tristeza – Le dijo Ginny, pensando que así descubriría de quien hablaba. Pero Harry estaba muy celoso y enojado, así que no pensaba con claridad y cuando escuchó lo que dijo Ginny, abrió los ojos y se puso pálido.
– ¡No me digas que te refieres a Teddy! – Le dijo asustado y sorprendido, viendo a Ginny muy dolido y triste. Pero Ginny primero se le quedó viendo con los ojos muy abiertos y luego empezó a reírse muy fuerte, mientras lo abrazaba y negaba con la cabeza divertida, sus ojos se habían llenado de lágrimas y lo miraban divertida y sorprendida.
– ¡Teddy!... No puedo creer que pienses que me gusta Teddy – Decía entre risas Ginny y viendo a Harry que la miraba serio – Es cierto que Teddy es lindo, pero es como mi hermano, él no me gusta. – Ginny seguía riendo y Harry se enojaba más, aunque estaba aliviado, porque entonces si podía matar a ese idiota.
– Ya deja de reír Ginevra, no es divertido – Le dijo Harry enojado, haciendo que Ginny parara de reír, él sólo la llamaba Ginevra, cuando le decía algo muy importante o cuando estaba enojado. – ¡Bien! Ahora me dirás el nombre de ese idiota.
– Tienes razón es un idiota – Le dijo Ginny sonriendo y viendo a Harry incrédula, le sorprendía que Harry no se diera cuenta, era obvio. – ¡El idiota que me gusta eres tú, Harry James Potter! – Le gritó para luego abrazarlo y esconder su cara sonrojada en el pecho de un sorprendido Harry, que no reaccionaba – y si no te gusta eso, es tú problema. ¡Eres un tonto Harry!
– ¡Ginny!... yo… lo siento – Le dijo Harry reaccionando y levantándole la cara a su Ginny con delicadeza, sonriendo al verla tímida y sonrojada, quería verla a los ojos – Yo no esperaba eso y me sorprendió un poco, perdóname pequeña – Le dijo con dulzura y dándole un beso en la frente. – Tú también me gustas mucho pequeña, eres mi Ginny solo mía, mía, mía y sólo mía, Mi Ginny – Le decía entre beso y beso que le daba en toda su cara, haciéndola reír de felicidad, él también estaba muy feliz, al escuchar de sus labios que le gustaba.
– Tu Ginny, mi Harry – Le dijo feliz Ginny que también lo besaba en la cara; así estuvieron jugando, dándose besos y haciéndose cosquillas, mientras se bañaban uno al otro y riendo porque estaban juntos y se querían. Se detuvieron al oír que tocaron la puerta del baño, cuando vieron quien era se sorprendieron y se abrazaron más, sin quitar la vista de Molly y Lily, que los miraban con una sonrisa tímida y nerviosa.
– No quisimos asustarlos – Le dijo Molly despacio y con suavidad. – Venimos a ver si ya habían despertado y…
–… le trajimos ropa limpia a Harry – siguió Lily, hablando igual que Molly – Sus ropas están muy… sucias. – No quería decir que estaban llenas de sangre.
– Nos la llevaremos y las tiraremos – Dijo Molly con suavidad.
– Queremos que las quemen – Dijo Ginny segura y viendo con curiosidad a las mujeres, Harry la abrazaba y le acariciaba la espalda para calmarla.
– ¡Si, lo haremos! También queríamos saber si bajarían a desayunar – Les dijo Molly sonriéndoles con dulzura – o tal vez quieren que les subamos el desayuno, para que coman en la habitación. – Les propuso Molly.
– Pueden tomarse, todo el tiempo que quieran, – Siguió diciéndoles Lily, al ver que los niños se miraban, sin dejar de abrazarse – Hoy no habrá lecciones ni entrenamiento, pueden estar el día juntos y hacer lo que quieran… sólo queremos saber dónde prefieren tomar el desayuno.
– Quizás, se los subiremos más tarde, – Les decía Molly, al ver que ellos, sólo las miraban y no les decían nada – Dejaremos la ropa de Harry y los dejaremos solos.
– ¡No! – Les dijo Harry un poco sorprendido, por la forma de actuar de las mujeres– Este… gracias por la ropa, pero no queremos que nos suban el desayuno…
–… nosotros bajaremos después de vestirnos – Siguió diciendo Ginny, igual de sorprendida que Harry – no olviden que tenemos que hablar con ustedes – Les recordó Ginny, aún le dolía los reclamos de su familia y no permitiría que hicieran sentir mal a su Harry, a quien abrazó más fuerte y le daba besos en su cara, viendo sus hermosos ojos esmeralda que la miraban preocupado y triste, le dio más besos y le sonreía para tranquilizarlo, lo hacía ante la atenta mirada de Lily y Molly.
– No es necesario… – Trataron de decir las mujeres preocupadas, por la actitud posesiva y sobreprotectora que mostraban los niños, que no dejaban de abrazarse.
– Si lo es – Dijeron los niños – Bajaremos a desayunar y hablaremos con ustedes – Les dijo Harry con voz firme y autoritaria, sin dejar de ver los ojos chocolates de su pequeña.
– ¡Esta bien! Los estaremos esperando – Dijeron las mujeres con voz suave y retirándose preocupadas de la habitación, dejando a Harry y Ginny abrazados.
– No llores pequeña, no llores, todo saldrá bien – Le decía Harry consolando a su Ginny que lloraba después de que su madre y su tía se fueron, Harry le limpiaba las mejillas con dulzura – No dejaré que te sigan haciendo daño, pequeña, estoy seguro que al hablar con ellos, entenderán y todo mejorará.
– Pero no quiero que te reclamen, no soporto que te hagan sentir mal, no lo permitiré, no puedo Harry. Te quiero y no quiero que sufras – Le dijo Ginny abrazándolo y besándolo en la cara, mientras lo miraba decidida a los ojos.
– Lo sé pequeña, pero estoy seguro que ellos entenderán, sí les explicamos, porque ayer ellos estaban muy preocupados por ti y se asustaron al ver lo que yo hice, pero estoy seguro de que entenderán ¡Confía en mí, pequeña! – le dijo Harry besándole la carita y hablando con dulzura.
– Confío en ti Harry, siempre lo hago, sólo me preocupo por ti – Le dijo ella sonriendo y acariciando su mejilla – No quiero que nada te pase, ¡Te quiero mucho, mi Harry! – le dijo abrazándolo más.
– ¡Yo también te quiero mucho mi Ginny! – Le decía besando su frente, – Ahora salgamos de aquí o nos enfermaremos. – Le dijo abriendo la llave para quitarse el jabón. Los dos sabían cómo bañarse y les gustaba bañar y vestir al otro.
Harry agarró una toalla y la envolvió en su cintura, saliendo de la tina, después envolvió a su Ginny con otra toalla y la llevó en brazos a la cama, le ayudó a secar su cuerpo y su cabello y ella lo secaba a él, le puso crema en el cuerpo y acondicionador en el cabello, después le ayudó a vestirse, le puso un vestido blanco con adornos y listones verdes, que ella quería usar, le puso sus medias, sus zapatos negros y también la peinó haciéndole dos colitas en la parte de arriba y haciéndole unos rizos en todo su cabello; le encantaba ver cómo caían los rizos por su espalda, su cabello le llegaba casi hasta la cintura y a Harry le gustaba mucho tocarlo, porque era muy suave, le encantaba peinarla y respirar el aroma a flores que tenía.
Ella también ayudó a vestir a su Harry, con la ropa que dejaron Molly y Lily; y le encantaba tocar su cabello azabache, revolviéndolo más con sus manos, sentía su cabello muy suave y le gustaba ver lo rebelde que era, no como el pelo de otros niños, que siempre estaban bien peinados con el pelo pegado a sus cabezas. Después los dos le pusieron loción y perfume al otro; y cuando ya estaban listos para salir, Ginny le agarró la mano a Harry y lo detuvo, sentándose en la cama y jalándolo para que él también se sentara, él lo hizo y la miraba curioso.
– ¿Harías algo por mí? – Le preguntó viéndolo a los ojos, sabía que Harry no aceptaría fácilmente lo que le iba a pedir, por miedo a que se lastimara, pero estaba decidida.
– Lo que tú quieras – Le dijo Harry curioso y pensando que estaba preocupada por la reacción de sus familias – Haré todo por ti, sólo dime qué quieres que haga y lo haré.
– Quiero que me enseñes a luchar y a matar como tú lo haces – Le dijo Ginny viéndolo decidida a los ojos.
– ¡No, eso no Ginevra! Nunca dejare que tú luches, yo te defenderé siempre – Le dijo Harry viéndola asustado – Tú no tienes que luchar ni matar a nadie, yo te defenderé siempre, no permitiré que te arriesgues, podrías lastimarte.
– No Harry, yo quiero aprender a luchar, yo sé que tú siempre me cuidarás, pero yo también quiero defenderme y quiero ser capaz de cuidarte a ti también – Le dijo decidida, sabía que sería difícil, pero lo convencería al final. – Ayer, cuando enfrentaste a esos hombres yo tuve mucho miedo, pero no porque los mataste, sino porque temía que algo te pasara, si esos hombres te hubieran herido o te mataban yo… no puedo… no lo soportaría… yo… ¡Necesito aprender a luchar Harry, lo necesito! Por favor.
– Ginny, no me pasara nada, yo siempre estaré contigo – Le dijo Harry abrazándola y viendo sus ojos llorosos – No quiero que luches, yo puedo defenderte siempre.
– Eso no lo sabes, yo sé que siempre me cuidarás, pero ya pasó antes Harry, Colín me lastimó cuando tú no estabas y esos hombres me llevaron porque tú estabas entrenando, no puedes estar todo el día pegado a mí, aunque me gustaría – Le dijo sonriendo y acariciando su cara – Piensa en que si yo pudiera defenderme esos hombres no hubieran podido llevarme, porque yo hubiera podido atacarlos o al menos podría defenderme y escapar, dijiste que no querías que nadie me violara; pero y si otro hombre trata de quitarme la ropa, yo no podría defenderme y escapar para avisarte y así tú pudieras matarlo. Piensa Harry, yo también quiero cuidar de mí y de ti. – Le dijo decidida.
– Ginny yo… no lo sé… – Harry no estaba seguro, pero al pensar en lo que ella le dijo, lo asustaba porque ella tenía razón, las veces en que la habían lastimado era porque no estaba con ella, mientras él la cuidaba había podido evitar que la lastimaran, porque unos idiotas lo habían intentado, pero él no lo permitió. Pero seguía preocupado.
– Es lo mejor Harry, tú sabrías que al menos yo podría defenderme y escapar, aunque también puedo aprender a matarlos yo misma – Le dijo Ginny pensativa.
– Yo sé que podrías aprender Ginny, pero no estoy seguro – Le dijo Harry, tratando de explicarse. – Recuerda que el entrenamiento es muy duro, tú has visto las veces en que salí lastimado, al cometer un error y también has visto los golpes y heridas en Teddy, no estoy seguro…
– Piensas que no podré resistirlo – Le dijo Ginny dolida – Sabes que soy muy fuerte y tú sabes mejor que nadie que soy muy rápida y ágil, tú lo has dicho y sabes que me esfuerzo por lograr lo que quiero. Yo quiero aprender a luchar y me esforzaré mucho por aprender, deberías confiar en mí. – Le dijo decidida, viéndolo con tristeza, porque él no confiaba en ella y no creía que ella podía.
– ¡Confío en ti! Yo sé que tú eres fuerte, rápida, ágil y sé lo testaruda que eres, cuando quieres algo, sé que si quieres aprender, te esforzarás por lograrlo ¡Eres muy terca Ginevra! – Le dijo Harry viéndola a los ojos. – Eso no es por lo que no estoy seguro.
– Entonces, dímelo Harry – Le pidió confundida.
– ¡No sé si yo pueda soportarlo Ginny! No, escúchame primero – Le dijo, al ver que abría la boca para decir algo – Sé que tú podrías aprender a defenderte y a luchar, hasta serías capaz de matar a quien te atacara, aunque preferiría que no tuvieras que hacerlo, pero lo aceptaría si sé que así nadie te lastimará, también me daría tiempo para llegar hasta ti y terminar de matar a tus atacantes, lo sé Ginny, de lo que no estoy seguro, es que no sé si yo pueda soportar verte en los entrenamientos, no, si te lastimas.
– Harry… – susurró Ginny acariciando la cara de él.
– Estoy seguro de que perderé el control; – Siguió explicándole Harry, acariciándola y viéndola a los ojos – sí en los entrenamientos te lastimas o sí papá, los maestros y los tíos te atacan y te hacen daño durante el entrenamiento, yo me enojaré mucho y no voy a dudar en atacarlos, incluso podría matarlos si veo que te lastimaron, es algo que no puedo soportar, cuando veo que estás en peligro o algo te hace daño, yo sólo pienso en protegerte y en hacer pagar a quien lo ha hecho o trata de hacerlo, tú ya viste eso anoche, cuando maté a ese hombre; creo que en los entrenamientos, yo los mataría a ellos y te sacaría de ahí alejándote de ellos, es algo que no puedo controlar Ginny…
–… desde pequeño me entrenaron para que yo pudiera defenderme, en caso de que Voldemort me atacara, pero yo no acepté el entrenamiento, para defenderme a mí mismo, Ginny, yo lo hice porque te miraba a ti que dormías tranquilamente, tú no tenías ni un año y yo te miraba tan pequeña e indefensa, eres mi Ginny, mi pequeña Ginny y yo sólo pensaba en que alguien podía hacerte daño y yo no quería eso, yo acepté entrenarme, aprender a luchar y a matar, para cuidar de ti pequeña, sólo lo hice por ti. – Le dijo Harry viéndola a los ojos y abrazándola – Es por eso Ginny, no creo que pueda soportarlo y sólo empeorarían las cosas, no quiero matarlos Ginny, eso te lastimaría más a ti y yo no quiero eso, no lo permitiré. – Terminó de decirle con voz firme.
– Pero Harry, eso no tiene que pasar – Le dijo Ginny sonriéndole con cariño – Yo no quiero que ellos me entrenen, yo te dije que quería que tú me enseñaras a pelear. Tú Harry, nadie más; así no tendrás que preocuparte en que otros me lastimen, tú podrás enseñarme y estoy segura que podrás hacerlo sin lastimarme, además recuerda que tú eres mi maestro favorito – Le dijo dándole un beso en la nariz. Harry la miraba fijamente, mientras lo pensaba, Ginny sabía que lo estaba considerando, así que aprovechó ese momento, después de todo ella era la única a quien Harry nunca podía decirle que no, ella sabía cómo convencerlo y estaba decidida a hacerlo. Así que se sentó en las piernas de Harry y lo abrazó, él se tensó y se quedó muy quieto, pero no la alejó y ella aprovechó eso.
– Tú podrías enseñarme a pelear y me cuidarías a la vez, yo aprenderé a pelear y a matar, sin recibir ningún daño, porque eres él único que puede protegerme, tú siempre me cuidas y me enseñarás a defenderme, mientras me cuidas, yo no saldré lastimada y aprenderé a pelear y entonces tú me harás muy feliz, porque tú me quieres mucho y yo te quiero mucho también – Ginny le hablaba despacio y entre cada palabra le daba suaves y cortos besos en la cara y bajaba despacio hacia su cuello, para volver a subir a su cara y viceversa, mientras con una mano lo acariciaba en el pecho por encima de la camisa y con su otra mano le revolvía el cabello; Ginny lo había empujado con un rápido movimiento y ahora Harry estaba acostado en la cama y ella estaba sentada sobre él y se inclinaba para seguir acariciándolo y besándolo.
Harry se había quedado muy quieto, con los brazos a ambos lados de su cuerpo, cerraba los ojos, tratando de pensar una forma de negarle lo que su pequeña le pedía, pero sabía que era imposible, él siempre la complacía y no podía negarle nada, menos cuando ella hacía lo que estaba haciendo en ese momento. Ya lo había hecho antes, cuando le pidió que le enseñara a montar a caballo, como lo hacían los hombres, porque quería cabalgar muy rápido y hacer carreras de caballos, él se había negado, porque no quería que se cayera y se lastimara; además su mamá y sus tías lo castigarían o matarían si él le enseñaba a cabalgar como un hombre, porque ella era una señorita y las señoritas no hacen eso, tampoco pelean, pero su Ginny era diferente, ella no era como otras niñas y eso le gustaba a Harry, no, eso le encantaba, al igual que le encantaba lo que ella hacía en ese momento, no sabía si odiar o amar el que ella aprendiera a convencerlo así, pero de eso tenían la culpa su madre y sus tías.
Esto era porque Ginny había visto una vez, cómo Molly y Lily convencían a sus esposos, para que las dejaran ir a la ciudad de Londres para comprarse unos vestidos con nuevos diseños de bordados que sólo había en una tienda, ellos no querían ir a Londres de compras, por lo que ellas se sentaron en sus piernas y empezaron a besarlos y a acariciarlos mientras les susurraban lo que querían; al final todos habían ido a Londres de compras, porque Elly y Dora hicieron lo mismo con sus esposos, que sin decir nada las llevaron de compras, aunque hasta la fecha a los esposos y amigos no les gusta recordar eso, para diversión.
El problema fue que Ginny las había visto, sin que ellos y ellos se dieran cuenta y la pequeña que era muy inocente, pero muy lista a la vez, pensó que tal vez, así era como se pedían las cosas que uno quiere, pero que otros no le quieren dar, así que decidió probarlo en su Harry, que aunque siempre le daba todo lo que ella quería, se negaba rotundamente si consideraba que era peligroso para ella. Es por eso que decidió a probar lo que sus tías y su madre habían hecho para tratar de convencerlo.
Por eso un día, que Harry la había llevado a pasear en caballo y estaban sentados en el pasto viendo el paisaje, de uno de los jardines exteriores que llevaban a los campos de cultivos más cercanos de la Residencia Weasley, ella le pidió a su Harry que le enseñara a cabalgar como un hombre y cuando Harry se había negado, diciendo que no lo haría porque era muy peligroso y podía hacerse daño; Ginny se levantó decidida y se sentó en sus piernas empujándolo para acostarlo en el pasto, mientras ella se acostaba encima de él, para que no se moviera y lo abrazó y besó una y otra vez sin detenerse y pidiéndole en susurros y con voz muy suave y dulce, que le enseñara a cabalgar, si en verdad la quería y si quería que ella fuera feliz. Harry estaba sorprendido y no hallaba que hacer, hasta que por causa de los besos no pudo pensar bien y sin darse cuenta, terminó jurándole que le enseñaría a cabalgar, como un hombre; así que cuando se dio cuenta, Ginny lo besaba y abrazaba una y otra vez, con una gran sonrisa en los labios y los ojos brillando de alegría, diciéndole gracias muchas veces, por lo que Harry, al verla tan contenta, no pudo negarse a enseñarle.
Pero ahora era distinto, porque Harry sabía que enseñarle a cabalgar como hombre, no era lo mismo que enseñarle a luchar y matar, así que tenía que concentrarse y no dejarse convencer por esa pequeña niña traviesa, que seguía besándolo y abrazándolo, una y otra vez; y que él quería mucho, porque era todo para él, por lo que no podía negarle nada y a quien le daría todo para que fuera feliz, porque la quería mucho y ella también lo quería y… ¡NO! Lo estaba convenciendo y él tenía que evitarlo, pero no podía permitir que eso pasara, aunque si él aceptaba… ¡Ahhh! ... ¡Tenía que concentrarse!... Pero ahora, él la abrazaba y la acercaba más a él, ni siquiera se dio cuenta, cuando movió los brazos, tenía que detenerla pronto.
– Ginny… – Trató de decirle con voz firme para detenerla, pero sólo le salió un susurro y la abrazó más fuerte.
– ¿Me quieres Harry? – Le preguntó Ginny dándole más besos y con una voz y mirada triste, que Harry, no soportaba ver ni escuchar.
– Si, tú sabes que te quiero, pequeña – Le dijo Harry en un susurro, abrazándola, tratando de consolarla y convencerla para que no estuviera triste.
– ¿Qué tanto me quieres Harry? – Le preguntó de nuevo Ginny con voz triste, sollozando y sin dejar de besarlo y abrazarlo.
– Mucho, te quiero demasiado pequeña, más de lo que te imaginas – Le dijo Harry con voz tierna y abrazándola – Eres lo más importante para mí, lo sabes.
– ¿Y quieres que sea feliz? – Le preguntó con la voz rota de tristeza, que Harry no soportaba escuchar, pero sin dejar de besarlo.
– Claro que quiero que seas feliz, muy feliz – Le dijo Harry consolándola – Haría cualquier cosa para hacerte feliz, lo que sea – Le dijo él muy seguro, sin darse cuenta, que eso era lo que ella quería escuchar.
– ¿Harías cualquier cosa por mí?, ¿Cualquier cosa para que sea feliz? – Ginny sollozaba y lo abrazaba muy fuerte, sin dejar de besarlo.
– Si mi Ginny, haría todo por ti, para que seas feliz, no llores pequeña – Harry le besó el cabello, porque su Ginny besaba su pecho – Sólo pídeme lo que quieras y te lo daré – Le prometió.
– Yo te quiero a ti Harry, siempre – Le dijo Ginny con los ojos llorosos y besando a Harry en su cuello, subiendo a su cara – Quiero estar contigo siempre y quiero que me quieras siempre.
– Mi Ginny, yo siempre te voy a querer y siempre estaré contigo, eso lo sabes – Le dijo Harry, viendo sus ojos llorosos – No llores pequeña, siempre estaré contigo.
– Pero… no es cierto que me quieres, Harry – Le dijo Ginny llorando y besándolo – Si me quisieras harías algo por mí y no quieres, no quieres que yo sea feliz – Seguía llorando y haciendo que Harry se sintiera muy mal.
– Yo te quiero mi Ginny, créeme por favor, me duele que pienses eso – Le decía Harry desesperado por convencerla y sintiendo como las lágrimas de su Ginny le caían en el pecho donde lo besaba. – Te quiero más que a nada y haré todo porque seas feliz, pídeme lo que quiera y te lo daré – Le dijo abrazándola fuerte.
– ¿De verdad? – Le preguntó Ginny esperanzada y besando las mejillas de Harry – ¿Me quieres y harás lo que quiera, para hacerme feliz? – Siguió besándolo en toda la cara y mojándolo con sus lágrimas, que seguían cayendo.
– Si pequeña, haré todo por ti, para que seas feliz y porque te quiero mucho – Dijo Harry, sintiendo que su Ginny dejaba de llorar y lo besaba muy feliz – Pídeme lo que quieres y lo haré, haré todo por ti, por hacerte feliz, lo juro.
– Enséñame a luchar Harry, quiero que tú me entrenes y me enseñes a defenderme y a cuidar de ti, quiero aprender a luchar y a matar a personas, que quieran hacernos daño y que quieran separarnos – Le decía Ginny dándole más besos a Harry y suplicándole con voz triste, pero llena de esperanza – Eso quiero Harry y eso me hará muy feliz, si haces eso seré muy feliz, ¿Lo harás Harry? ¿Me entrenaras? ¿Me harás feliz?
– Lo haré pequeña – Le dijo Harry derrotado – Haré lo que quieres, te entrenaré para que seas feliz, eres lo más importante para mí y te quiero mucho.
– ¿De verdad Harry? ¿Me lo prometes? – Le dijo Ginny sonriendo y besando su cara.
– Si mi Ginny, prometo entrenarte – Le prometió Harry, abrazándola muy fuerte – Haré todo para hacerte feliz, te quiero mucho mi pequeña Ginny.
– Yo también te quiero mucho, mi Harry – Le dijo Ginny besándolo con dulzura – Tú también eres lo más importante para mí, te quiero mucho mi Harry, te quiero – Ginny no dejaba de besarlo, estaba contenta, porque él la entrenaría y ella podría protegerlo también.
– Ginny… mi Ginny, mi pequeña Ginny – Le dijo Harry, viéndola con cariño – Eres mi pequeña traviesa y te quiero mucho – Le dijo Harry divertido y abrazándola, pegándola a él. – Te entrenaré pequeña, lo haré – Harry se había girado y ahora ella estaba acostada en la cama y él estaba encima de ella, apoyándose en sus codos, para no aplastarla; ahora le tocaba a él – Te prometo que te entrenaré, pero con dos condiciones.
– Harry… – Ginny le susurró, cuando sintió que Harry empezaba a besarla y le susurraba con una voz muy tierna y persuasiva.
– Yo te entrenaré y te enseñaré a luchar y a matar a quien trate de hacerte daño, podrás defenderte y también cuidarás de mí si quieres, aunque sabes que yo puedo cuidarme solo, pero podrás hacerlo – Harry le besaba toda la cara, limpiando las lágrimas de sus mejillas con sus labios, la besaba y le hablaba despacio, acariciándola con sus labios y susurrando las palabras con gran ternura – Pero lo haré con dos condiciones, prométeme que las cumplirás y yo cumpliré mi promesa, porque te quiero más que a nada en la vida y eres lo más importante para mí; yo sé que tú me quieres, lo sé mi pequeña, sé qué harías todo, para que yo sea feliz, al igual que yo, así que prométeme que cumplirás esas condiciones, por favor.
– Harry… – Ginny no podía hablar, quería prometerle a Harry que cumpliría las condiciones, pero no podía decir nada aparte de su nombre, sentía los suaves y tiernos labios de Harry y le gustaba, le gustaba mucho sentir eso, no sabía qué le pasaba, pero quería sentirlo así siempre.
– Promételo pequeña – Le decía Harry sin detener sus besos y caricias, él también sentía algo nuevo, le gustaba sentir a su pequeña así, le gustaba acariciarla, abrazarla y besarla, sentir como temblaba bajo su cuerpo, no sabía que le pasaba, pero no quería, ni podía detenerse. – Prométeme que cumplirás.
– Lo prometo… – logró decir Ginny, en un susurro y abrazando a su Harry.
– Di que prometes cumplir las condiciones – Le susurró Harry besando su pequeña oreja y bajando por su cuello. Sentía que Ginny temblaba y lo abrazaba más fuerte, acercándolo a ella y eso le gustaba a Harry, aunque no entendía lo que les pasaba.
– Harry… yo… – Ginny no podía hablar bien y le costaba respirar, sobre todo cuando sentía los labios de Harry en su cuello, sentía su respiración y le daba cosquillas, pero no sentía ganas de reír, ni quería que parara de hacerle cosquillas, al contrario quería que siguiera, pero no entendía por qué. Esto era nuevo y no lo entendía, porque Harry ya la había besado muchas veces, pero nunca había sentido lo que sentía en ese momento y no entendía lo que pasaba, pero tenía que concentrarse. – Prometo… cumplir… las… condiciones. – Logró decir, después de un momento.
– Bien – Harry le dio un beso más largo en el cuello, haciendo que su Ginny temblara más y lo abrazara más fuerte, esto le gustaba mucho. – La primera es que me obedecerás en todo, harás lo que te diga, todo lo que te diga ¿Lo harás? – Le preguntó besando su cara, por un pequeño momento vio sus rojos labios y sintió ganas de besarlos, pero eso no lo haría, sólo las personas adultas y casadas lo hacían.
– Si... haré lo que digas – Le dijo Ginny.
– Bien… – Harry le dio otro beso largo en la mejilla y la vio a los ojos, evitando ver sus labios, no sabía por qué quería besarlos, pero no lo haría, sabía que no era correcto, así que trató de sacar eso de su mente y concentrarse en los hermosos ojos de su pequeña; pero Ginny no le ayudaba a concentrarse, seguía temblando y lo abrazaba más y estaba muy sonrojada y notó que no respiraba bien, no sabía lo que le pasaba, pero a una pequeña parte de él, le gustaba eso, aunque no lo entendía, pero… ¡Ahhh! Tenía que controlarse en lo que estaba haciendo – También quiero que nunca intentes enfrentar a nadie, hasta que yo te diga que estás lista, sólo podrás luchar con alguien cuando hayas aprendido a defenderte y yo te diga que puedes hacerlo, mientras no lo harás. Yo te enseñaré primero a defenderte de cualquier ataque y te enseñaré a escapar, así podrás buscarme para que yo mate a los que te ataquen, te enseñaré a atacar y matar, hasta que puedas defenderte. – Harry la miraba fijamente a los ojos chocolates y la seguía besando suavemente a su Ginny, en las mejillas y en la frente, hablándole en susurros.
– Harry… – A Ginny le costaba hablar cada vez más, se sentía extraña y quería que Harry se detuviera y que siguiera al mismo tiempo.
– Promete que lo harás – Le susurraba besándola suavemente y descendiendo por su cuello, le gustaba besarla en el cuello, ahí podía sentir más el perfume a flores de su Ginny – Promételo pequeña, di que los prometes mi pequeña Ginny.
– Lo… prometo… – Le susurraba Ginny.
– Di que prometes no luchar hasta que yo lo permita – Le decía Harry mientras subía poco a poco por su cuello, sin dejar de besarla. – Promételo mi Ginny
– Yo… prometo… no… luchar… hasta… que… tú… lo… permitas… – Ginny hablaba en susurros entrecortados, Harry le besaba la barbilla y sentía su respiración en los labios.
– Bien – Harry le besó la nariz y después acarició los labios de Ginny con sus dedos, sin dejar de verla a los ojos chocolates, que lo miraban con sorpresa y brillaban intensamente, por lo que Harry trató de alejarse, pero su Ginny lo había agarrado de la cara y lo miraba con los ojos fijamente, con una sonrisa tímida, quería sentir la caricia en sus labios de nuevo y ella también quería hacer lo mismo en sus labios. – Yo… lo siento – Le dijo Harry viéndola a los ojos.
– Repítelo… – le pidió en un susurro – Hazlo de nuevo por favor… me gustó eso Harry…
– Ginny… – Le susurró Harry, él también quería hacerlo de nuevo, quería sentir los suaves labios de Ginny; así que viendo los ojos de su Ginny, acercó sus dedos y acarició los labios de Ginny con mucha delicadeza; pero se sorprendió cuando Ginny, también acarició los labios de él con sus pequeños y suaves deditos, Harry se quedó muy quieto sintiendo la caricia de ella; Se vieron a los ojos y sonrieron, con timidez y después se abrazaron y rieron llenos de felicidad, no entendían lo que acababa de pasar, pero les gustaba y los hacía muy felices.
Se quedaron viendo los ojos del otro, preguntándose si lo que habían hecho era bueno o no, les había gustado y no se arrepentían de lo que hicieron, al contrario, les había gustado y querían repetirlo cuando quisieran, por lo que nuevamente, sonrieron y se abrazaron, no sentían que eso cambiara lo que sentían por el otro, así que pensaron que era algo normal y no le dieron importancia.
– Eso fue… lindo – Dijo Ginny sonriendo, mientras miraba a su Harry que también le sonreía.
– Si… lo fue – le dijo él – me gustó mucho hacerlo – Harry seguía sonriendo y la miraba a los ojos con cariño.
– A mí también, me gustó mucho – Le dijo Ginny sonriéndole a su Harry. Después lo abrazó y le dio un beso en su mejilla – Gracias por aceptar entrenarme.
– Eres una niña muy traviesa, – Le dijo Harry riendo mientras negaba con la cabeza y sin dejar de abrazarla, ella se reía divertida y Harry empezó a hacerle cosquillas, como castigo, por lo que había hecho – Sabías que no podía negarte nada y menos sí me lo pides así, hiciste lo mismo que cuando me pediste que te enseñara a cabalgar.
– ¡No…Harry…basta…! ¡Ja…ja…ja…! – Ginny se carcajeaba y trataba de apartar a Harry, que también reía y no dejaba de hacerle cosquillas – Además, tú también hiciste lo mismo, ¡Basta…por favor…! – Le dijo Ginny riendo divertida y hablando entre sus risas, por las cosquillas que Harry le hacía – no olvides… que me hiciste prometer… que te obedecería en todo… y que no lucharía con nadie… hasta que tú me lo permitas… me costó mucho prometerlo… no podía hablar… y tú no dejabas de besarme… me costaba mucho respirar… yo al menos te dejaba hablar. – Le reclamo le reclamó entre risas.
– Pero yo no tengo la culpa de eso – le dijo Harry sorprendido y dejando de hacerles cosquillas, para verla fijamente a los ojos – Yo sólo hice lo mismo que tú me hiciste, no sabía que por eso, no podías hablar bien, ni dejar de temblar; además a mí también me cuesta respirar y hablar bien, ni siquiera puedo pensar bien, cuando tú lo haces y por eso, cuando vengo a reaccionar ya te he prometido lo que quieres – Le recordó Harry.
– Si, pero yo estoy más pequeña y me afectó más que a ti – Le dijo ella, haciendo un puchero con sus labios.
– Lo siento, no lo volveré a hacer sí no te gusta – Le dijo Harry un poco triste y arrepentido.
– ¡No! Sí, me gustó y mucho – Le aclaró a su Harry, que ya la miraba aliviado – Es sólo que no estoy acostumbrada y me sorprendió lo que sentí, pero puedes hacerlo, cuando quieras.
– Está bien – Le dijo sonriendo Harry, besando su frente – Después hablaremos de cómo será tu entrenamiento, por ahora debemos ir a desayunar, tengo mucha hambre y tú también, además debemos hablar con la familia.
– Tienes razón, tengo mucha, mucha, muchísima hambre, siento que no he comido en años – Le decía Ginny dramáticamente, agarrando su estómago, formando pucheros en su boquita y haciendo reír a Harry que la miraba divertido.
– Eres una exagerada, anoche comiste un poco de fruta y tus dulces favoritos – Le dijo negando con la cabeza.
– No exagero, eso no llena mi apetito Weasley, recuerda que mi papá y yo comemos mucho, siento que no tengo fuerzas, para caminar y creo que voy a desmayarme – Decía Ginny tocando su frente, con el dorso de su mano y cerrando los ojos, para dejarse caer como si se estuviera desmayando. Harry ya se lo esperaba y la atrapó en sus brazos mientras reía divertido, ella era muy dramática.
– Entonces creo que tendré que llevarte en brazos pequeña – Le dijo Harry acomodándola en sus brazos sin dejar de sonreír y mirarla divertido – Ya que no puedes caminar, te llevaré en mis brazos, pequeña traviesa.
– No soy traviesa y en verdad estoy muy débil – Le dijo Ginny sin dejar de hacer drama, pero con una mirada y sonrisa traviesa y divertida.
– Si claro – Le dijo Harry besando su frente y sin dejar de reír, ya habían salido de la habitación y Harry se dirigía al comedor donde los esperaban – y supongo que no lo haces, sólo para que te lleve cargada y no tengas que caminar tú sola – Le dijo sin dejar de reír y bajando las escaleras.
– ¡Claro que no! – le dijo Ginny como si estuviera indignada, pero se escuchaba la diversión en su voz. – Yo nunca haría eso, nunca, en verdad siento que me desmayo, estoy muy débil – Le decía aparentando estar enferma, pero sin dejar de sonreír, le gustaba ese juego y le encantaba que su Harry la llevara en brazos.
– Entonces, si estás tan enferma… – Le decía Harry divertido, que conocía bien a su pequeña y quería divertirse un poco –… tendré que llevarte con el doctor y él te pondrá una vacuna para que mejores, ya que estás tan enferma. – Y con esas palabras, pasó lo que Harry sabía que pasaría.
– ¡No! Creo que ya me siento bien – Le decía Ginny asustada y tratando de bajarse, pero Harry la tenía bien agarrada y se lo impedía – Ya no estoy enferma Harry y puedo caminar yo sola, no me lleves al doctor, no es necesario. – Decía Ginny alarmada.
A Ginny no le gustaban las vacunas, les tenía miedo y cuando tocaba que le pusieran, Harry tenía que estar a su lado y abrazarla, para que se dejara ponerla, sino era casi imposible que se las pusieran, ya había golpeado al pobre doctor una vez, así que él había pedido que llevaran siempre a Harry con ella, para que la calmara.
– ¡No Ginny! te llevaré al doctor – Le decía Harry hablando con una voz preocupada, pero con los ojos llenos de diversión, pero Ginny no se daba cuenta de eso, por lo nerviosa que estaba – Yo vi cuando estabas a punto de desmayarte y estás muy débil, no puedes ni caminar tú sola, así que te llevaré con el doctor y él te curará con una vacuna, ya verás que pronto estarás bien.
– ¡No Harry! Estoy bien de verdad – Le decía Ginny muy asustada – No estoy enferma, era una broma, sólo quería que me cargaras y me llevaras en brazos al comedor, porque no quería caminar, de verdad, tienes que creerme.
– No Ginny, sólo lo dices porque no te gustan las vacunas, pero es por tu bien – Le decía Harry, muy divertido, ya no aguantaba la risa. – Te llevaré con el doctor y él te curará con la vacuna, la necesitas, es por tu bien.
– ¡No es por mi bien! No estoy enferma ¡Bájame Harry! te mostraré que puedo caminar yo sola – Ginny trató de bajarse, pero Harry no la dejó y negaba con la cabeza – ¡Por favor Harry! estoy bien de verdad, no quiero que me pongan una vacuna, no me gustan, me duelen, me lastiman y tú no quieres que me lastimen, así que no me lleves al doctor, voy a llorar y mucho, lloraré tanto que me moriré de tanto llorar y tú tendrás la culpa, porque no estoy enferma y dejarás que me pongan una vacuna que no necesito y me moriré, juro que me moriré si me ponen la vacuna ¡Lloraré y me moriré! – Ginny le hablaba muy alarmada a Harry y no se daba cuenta que él se reía divertido por lo que decía, hasta que escuchó su carcajada y lo sintió moverse por la risa – ¿Por qué te ríes? Te alegra que me muera, si me muero ya no estaremos juntos. – Le dijo frunciendo el ceño.
– No tontita – Le decía Harry entre risas – me río porque eres muy inocente, no puedo creer que me creyeras, cuando te dije que te llevaría al doctor y es divertido ver tu reacción. – Harry seguía riendo y Ginny lo miraba fijamente y con los ojos entrecerrados.
– Tú sabes que no me gustan las vacunas, no tenías que decir eso, ¡No es gracioso! – Le dijo Ginny molesta y frunciendo el ceño – ¿Por qué lo hiciste?
– Sólo bromeaba, al igual que tú lo hacías, – Le dijo Harry dejando de reír y dándole besos en su carita – Ya sabía que no estabas débil y que sólo fingiste desmayarte, para que te trajera en brazos y no tuvieras que caminar, yo sólo dije que te llevaría al doctor como una broma, no dejaría que te pusieran una vacuna a no ser que estuvieras enferma de verdad y la necesitaras; además no pensé que me creerías – Le decía Harry sin dejar de besarla, se había detenido y estaba parado en el pasillo que llevaba al comedor, con Ginny en sus brazos y sin dejar de besarla – No lo decía en serio y tú te asustaste tanto que no viste que me reía y lo decía bromeando ¡Eres muy exagerada pequeña! No te morirías sólo por llorar, ni porque te pongan una vacuna. Además yo no dejaré que te lastimen ni te aparten de mí, eres mía, Mi Ginny, sólo mía y siempre estaremos juntos, recuérdalo.
– Harry… te quiero mi Harry, mío y sólo mío, yo soy tuya y tú eres mío – Le dijo abrazándolo y sonriendo aliviada.
– Tu Harry y mi Ginny – Le dijo con dulzura y besando su frente – Ahora vamos a desayunar, necesitamos comer algo. – Le dijo caminando y entrando en el comedor, donde los esperaban.
