ESTE CAPÍTULO CONTIENE ALGUNAS ESCENAS PERTURBADORAS CON CONEJITOS… DEDICADAS A MI COLEGA ARTÍSTICA Y AMIGA SONIC-YAOISHIPS… :3
ENJOY! =D
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Leonardo seguía pasmado, petrificado en su sitio, así que el niño fue a buscarlo:
_ Está delicioso… _lo animó, tendiéndole una manito enguantada_ Yo mismo lo preparé…
Justo cuando sus deditos estaban por tocar la mano de Leo, éste se apartó, dejando al niño perplejo. El ojiazul caminó alrededor del mantel a cuadros, tratando de darle un poco más de tiempo a su cerebro para que procesara la información…
Mickey lo observaba ir de aquí para allá, de pie en su sitio y con sus enormes ojos celestes pestañeando, inquisidores;
_ ¿Qué estás haciendo aquí tú solo…? _le preguntó Leo.
_ Vivo aquí. _respondió la tortuga más joven_ Y no estoy solo, mi hermano está conmigo…
Leonardo se alejó más, frunciendo el ceño:
_ Disculpa que no pueda quedarme a disfrutar del té… Estoy buscando a un amigo… _Leo carraspeó un poco.
_ Mmm… _Mickey hizo una mueca de tristeza y recogió otra vez su osito_ Ojalá yo tuviera un amigo… es muy aburrido jugar solo…
Leo levantó un pie para esquivar una muñeca de trapo que yacía boca arriba sobre la hierba húmeda:
_ ¿Y tus padres, Michelangelo...?
_ Ya jugué con ellos… _respondió simplemente su pequeño interlocutor, alisándose el vestido anaranjado con sus manitas.
Esa respuesta hizo que Leo tragase saliva:
_ ¿Acaso tú… Eres… Eres un… Una especie de fantasma…? _tartamudeó.
Al principio Mickey abrió muy grandes los ojos, pero luego de unos segundos conteniéndose se cubrió la cara con las manos y empezó a reír;
_ ¡No seas ton-ti-to…! _exclamó entre risitas_ ¡Los fantasmas no existen…!
Mickey trató de acercarse a él otra vez:
_ Está bien que tengas miedo… yo también me perdí en el bosque una vez… _le dijo mientras caminaba hasta él.
_ ¡No estoy perdido! ¡Estoy buscando a mí…!
_ Por favor, quédate un rato conmigo y juguemos a algo… _lo interrumpió Mickey_ Estoy seguro de que eso te animará…
Leo seguía sin confiar, pero cuando la manito de Mickey aferró su ropa, la teoría del fantasma tambaleó un poco. Ése niño lo jalaba con firmeza hacia el mantel:
_ E-está bien… de acuerdo. _el ojiazul se dejó conducir hasta el mantel a cuadros.
Mickey apartó un grupo de muñecas de trapo con su mano, y también hizo sitio para Leo sobre el desteñido mantel.
Le entregó una taza:
_ Siéntate aquí… _le indicó dulcemente_ ¿Quieres un terrón de azúcar o dos?
_ Yo… Ehhmmm… _Leo trató de sostener la taza de porcelana entre sus dedos con toda la naturalidad que pudo, pero las manos le temblaban.
La tortuga más joven notó esto, y volvió a sonreírle. Le quitó la taza de porcelana de las manos y la dejó a un lado… luego se subió a su regazo y se sentó en él:
_ ¿Por qué estás tan asustado? No voy a hacerte daño… _Mickey tomó una de sus manos temblorosas y la llevó a su cara, permitiéndole a Leo tocar una de sus mejillas regordetas.
Ese pequeño gesto hizo que Leo se despabilara por fin. Sus dedos se movieron con cautela al principio para más tarde acunar el rostro cubierto de pecas:
_ Oh… _de cerca, el ojiazul pudo apreciar lo suave que era su piel, lo bonito de sus ojos y lo dulce que era su sonrisa…
Por primera vez en esa mañana, Leonardo sonrió ampliamente:
_ ¡Vaya…! ¡No eres un fantasma después de todo! _Leo se sintió el más tonto del mundo por dejar que ese pensamiento en voz alta se le escapara; pero Mickey le respondió con una risita.
_ No, claro que no lo soy… _celebró Michellangelo al ver sonreír a su acompañante al fin.
Leonardo cayó en la cuenta de que ésa preciosura vestida de lolita estaba sentado nada más ni nada menos que en su regazo… y el corazón comenzó a latirle rápidamente.
Tomó el mentón del pequeño niño entre sus dedos, y observó su carita tierna y risueña con más cuidado:
_ ¿Cómo he podido cometer semejante equivocación…? _se reprochó a sí mismo, otra vez en voz alta_ ¡Eres la cosa más tierna que he visto! ¿Cómo te llamas?
_ Michelangelo… _el pequeño niño tomó una taza de porcelana y se la llevó a los labios para beber su contenido imaginario_ Pero puedes llamarme "Mickey" si quieres…
_ Michelangelo es un nombre muy hermoso… no me gustaría abreviarlo…
Leo observó el rubor trepándose por debajo de las pecas del niño, y le pareció la cosa más adorable…
_ ¿Te incomoda que te diga ésas cosas?
Mickey negó con la cabeza rápidamente:
_ Es que… no estoy acostumbrado a que me digan cosas bonitas… _confesó, bajando la mirada.
Leonardo lo estrechó entre sus brazos y lo meció un poco:
_ ¿Cómo es eso posible...? _bromeó el mayor de los dos_ ¡Seguro que estás jugando conmigo!
_ ¡Jejejeje…! _el niño ocultó su ruborizado rostro en el pecho de Leo, feliz…
Hacía mucho que nadie lo mecía en sus brazos de ésa manera.
El lazo que traía en la cabeza le hizo cosquillas en el mentón a Leo, quien lo estrechó más fuerte y más cerca de su cuerpo. No quería que ese pequeño cuerpito se apartara de él. Quería tenerlo todo el día entre sus brazos de ser posible…
El olor dulce de su joven prisionero flotó hasta su nariz, y el ojiazul lo respiró con placer.
Olía tan bien…
_ Hueles tan rico, Michelangelo… _la manos de Leo eran mucho más grandes que las del pequeño Mickey. Estas recorrieron todo su esponjoso vestido de niña, alborotándolo y desordenando los vuelitos de encaje uno por uno...
Michellangelo permitió la exploración que las manos de Leo efectuaban, y hasta se acomodó mejor en su regazo, para facilitar sus acciones:
_ Hueles tan dulce, es como si… _la mirada de Leo fue desde los brillantes zapatitos de charol, hasta sus rodillas enfundadas en medias de seda, mientras el perfume lo embotaba cada vez más_ Oh, Dios… Siento que quiero comerte…
Sus dedos juguetearon con el lacito que adornaba su cuello, y luego subieron un poco, hasta tocar los apetecibles labios del niño…
De repente sentía unos incontrolables deseos de besar esa dulce y pequeña boca…
Mickey dejó la taza de porcelana que acunaba entre sus brazos sobre el mantel, y luego devolvió su atención a Leo;
_ ¿Quieres besarme? _le propuso, como quien propone ir a dar un paseo_ Nunca antes me han besado…
_ Yo… _a Leo lo sorprendió la propuesta, pero no se hallaba en condiciones de pensar con la boca de Mickey tan cerca de la suya.
_ Bésame, Leo… _suspiró el pequeño Mickey, observándolo con sus hermosos y tan brillantes ojos claros_ Y quédate… Juega conmigo, por favor…
_ Claro… Jugaré a lo que tú quieras… _Leonardo seguía saboreando la textura de sus labios a través de la yema de los dedos_ Mi pequeño y dulce Michelangelo…
El ojiazul colocó sus dedos en la nuca del pequeño, y con su otra mano le levantó el mentón para besarlo… Creyó morir de ternura cuando lo vio cerrar los ojos y ruborizarse, listo para ser besado por primera vez.
Michelangelo se dejaba hacer dócilmente. Deseaba besar al apuesto Leonardo con todas sus fuerzas. Se había enamorado de él la noche anterior, al verlo asustar a Raphael con ése guante…
Era apuesto, divertido y amable… era perfecto para él…
Solo que…
_ Espera un segundo. _Leo se apartó bruscamente antes de llegar a tocar sus labios_ Jamás te dije cuál era mi nombre…
Mickey abrió muy grandes los ojos:
_ ¿No lo hiciste…? _preguntó, perplejo.
_ ¡NO! _Leo lo empujó fuera de su regazo.
_ ¡Espera! ¡Auch…! _Mickey se vió abandonado sobre el mantel a cuadros de un empujón_ ¡Es que yo…!
_ ¡Ya sabías mi nombre de antemano! ¿Es esto otra de las enfermizas bromas de Usagi? _Leo se levantó del mantel, ante la mirada sorprendida y apenada de Mickey.
_ ¡No…! Yo solo…
_ ¡¿Eres parte de una de sus bromas sí o no?! _lo increpó el ojiazul_ Debía haberlo adivinado. Esto es como aquella vez que me bajó los pantalones delante de un colectivo lleno de Niñas Scouts…
_ ¡No, no! ¡Espera…! _Mickey vió con angustia que Leo le daba la espalda y se alejaba de allí a paso rápido_ ¡No te vayas, por favor…! ¡Vuelve!
_ ¡Esto es culpa mía, por celebrar las tontas bromas de Usagi en vez de reprenderlo…! _se quejó en voz alta el mayor, alejándose a grandes zancadas de donde estaba Mickey_ Tal vez Rapha tiene razón… Usagi y yo somos sólo un par de noños infantiles…
La tortuga más joven trató de darle alcance, pero sus piernas cortas no le facilitaban el trabajo…
_ ¡Espérame…! ¡Leo, quiero hablar contigo…! _suplicó Mickey cuando estuvo más cerca.
_ ¡Aléjate de mí! ¡Si no vas a decirme en dónde está Raphael entonces será mejor que…! _Leo cortó la oración a la mitad, sintiéndose un tonto_ ¿¡Raphael es parte de todo esto también?!
_ ¡No! Él… Él está… _Mickey tartamudeó la respuesta, lo que hizo que Leo se sintiera más tonto todavía.
_ ¡No puedo creerlo! Se odian y de un momento a otro se unen para jugarme una broma… _suspiró Leo_ Y pensar que me preocupé por Raph… ¡Ahora esos dos me van a oír…!
_ ¡Pero Leo, espera…! _Mickey por fin lo alcanzó y trató de aferrar su brazo con sus manitas.
Leo se lo sacudió con un empujón. Un empujón excesivamente fuerte como para quitarse de encima a un niñito…
_ ¡Hay…! _Mickey trastrabilló y tropezó con una raíz que lo hizo rodar por el suelo.
La joven tortuga se incorporó al poco tiempo y se sacudió el polvo de su hermoso vestido con lágrimas en los ojos;
_ Mi rodilla… Snif… Tengo un raspón… _gimoteó la pequeña tortuga_ Me dueleee… ¡Snif…!
Mickey gimoteó por unos segundos, hasta que sus sollozos se transformaron en un llanto desconsolado… que rompió el corazón de Leo en mil pedazos.
_ Oh no… L-lo siento… _Leo regresó sobre sus pasos y se hincó junto a él_ No quise…
_ ¡Déjame! _Mickey se frotó sus ojitos llorosos_ ¡Tú tampoco me quieres…! ¡Aléjate de mí!
_ ¡No, no! ¡Espera, deja que te ayude! _suplicó Leo, sintiéndose el peor villano de todos_ Por favor… Déjame ayudarte, Mickey…
Michelangelo le dio la espalda y lloró aparatosamente por unos momentos más, hasta estar seguro de que Leo se desesperaba:
_ Lamento haberte lastimado, pequeño… _Leo puso su mano en uno de sus hombros temblorosos_ Perdóname, por favor.
Mickey lo miró por encima del hombro con sus ojitos claros acusadores y llorosos. Asintió con la cabeza, en silencio, y Leo suspiró aliviado.
Medio minuto después lo estaba llevando en brazos al estilo princesa, y caminando hacia el mantel a cuadros otra vez.
"Es tan pequeñito e indefenso…" pensó Leo mientras caminaba con él en brazos. Mickey le resultaba tan livianito y frágil.
La manera en que cabía en sus brazos… y la manera desconsolada en que lloraba hicieron que Leo olvidara su enojo.
"Seguramente no tiene más de 10 años… ¿Cómo es que terminó metido en una de las tontas bromas de Usagi…?".
El ojiazul lo depositó con suavidad sobre el mantel y se arrodilló frente a él:
_ Así está mejor… _Leo le limpió las lágrimas que rodaban por sus mejillas con el pulgar_ Ahora déjame ver tu rodilla, ¿sí…?
Mickey volvió a asentir, poniéndose de pie. Luego se levantó un poco la falda del vestido para que Leo pudiera ver mejor la herida:
_ Ya no sangra… Eso es bueno… _el ojiazul trató de bajar la media de seda que enfundaba su piernita lastimada, pero no pudo moverla de su sitio_ ¿Pero qué…?
_ T-tienes que desprender el broche primero… _le indicó Mickey levantándose más el vestido para que se viera el broche del liguero.
Leo tragó saliva y se sonrojó al ver las piernas suaves y regordetas de Mickey descubiertas. De repente había comenzado a sudar…
"Mira esa suave piel… y esos muslos tiernos…" le susurró una perversa voz interior.
"Hasta tiene hoyuelos en las rodillas… igual que los hermanos menores de Usagi…"
El ojiazul sacudió la cabeza para apartar esos absurdos -pero no desconocidos- deseos.
Deseos contra los que llevaba mucho tiempo luchando…
Carraspeó:
_ Ehhr… Sí, claro… _Leonardo se inclinó hacia adelante y llevó sus dedos hasta la liga de encaje que se aferraba a la pierna de Mickey.
El broche en forma de estrellita hizo un pequeño chasquido cuando Leo lo desabrochó. Sus ahora temblorosos dedos deslizaron la prenda por la pierna de Mickey hasta los tobillos…
Luego sacó un pañuelo y comenzó a limpiarle la herida:
_ ¡Tsk…! _Mickey emitió un pequeño gemido de dolor, y jaló más su vestido hacia arriba, para poder cubrirse la cara.
_ ¡Lo siento! ¿Te he hecho daño? _se inquietó el mayor, antes de rasgar el pañuelo por la mitad_ Ya casi acabo…
Mickey se quedó quieto mientras Leo le vendaba la rodilla con el pañuelo, a modo de bandita protectora improvisada, y aseguraba la venda con un firme nudo;
_ Eso es… ¿Te sientes mejor?
_ S-sí… Gracias…
_ Lamento que no combine con el resto de tu atuendo… _se disculpó Leo, con una sonrisa conciliadora y el rubor aun tiñéndole las mejillas_ Y lamento haberme enfadado contigo… Yo…
_ Está bien, Leo… Yo te perdono… _Mickey le dio un rápido beso en la mejilla, aprovechando que sus caras se habían acercado otra vez_ Ahora puedes volver con tus amigos si quieres…
Leo se quedó pasmado por unos segundos. Luego sonrió;
_ Nah… La verdad es que no me apetece volver con ellos por ahora… _sonrió el ojiazul antes de inclinarse hacia adelante para poder tocar los labios de Mickey con los suyos.
Michelangelo no pensó que podría ser tomado por sorpresa de esa manera, así que mientras la sorpresa y el beso duraron, la joven tortuga no soltó la falda de su vestido y siguió manteniéndolo bien arriba… tanto que cuando se apartaron, lo primero que Leo vió fueron sus inocentes braguitas color crema…
Leo volvió a pensar en los hermanitos de Usagi… Tan pequeños y apetecibles…
Los imaginó correteando por ahí, con sus piernas regordetas y llenas de hoyuelos…
Siempre querían jugar con Usagi y con él… Subirse a sus regazos…
Pensó en la noche en que su amigo conejo lo invitó a dormir a su casa. Y se robaron las cervezas del papá de Usagi para bebérselas en secreto.
Esa noche… De repente ya no parecía tan lejano el recuerdo…
Las pequeñas y suaves piernas de Mickey aún seguían delante de él, recordándole lo que se siente cuando la tentación te quema las entrañas como un fuego y el deseo te nubla el juicio…
Esa lejana noche, bebió su primera cerveza… y estuvo a punto de apoderarse de uno de los conejitos más pequeños… mientras el resto de la casa dormía.
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Leo salió de baño tambaleándose. Era ya de madrugada, pero el efecto de la cerveza todavía perduraba… a pesar de las muchas veces que orinó.
No debió seguirle la corriente a Usagi y beber tantas latas.
"Ni siquiera me gusta la cerveza…" pensó Leo. "Sabe a jabón…"
Al tratar de caminar derecho, sus erráticos movimientos hicieron que se golpeara el dedo pequeño del pie contra el marco de la puerta.
_ ¡Mierda…! _el ojiazul todavía estaba muy borracho.
Se encaminó a la cocina por agua, y descubrió al hermanito de Usagi en el medio de la sala.
Parecía como servido en bandeja de plata, profundamente dormido encima de un puf…
Entonces todo transcurrió como en un sueño. Leo había olvidado su vaso de agua, y se había acercado lentamente… como acechando…
Los pies descalzos no hacían nada de ruido sobre el piso lustrado de madera, sólo crujió un poco cuando se hincó junto al niñito...
Lo observó largo rato. El pequeño dormía acurrucado y sin nada más encima que una estirada camiseta azul y la ropa interior diminuta, de la cual escapaba su rabito inquieto y esponjoso…
Leonardo se inclinó sobre él.
"No estoy haciendo nada malo…" se repetía en su cabeza. "Mirar no hace daño… sólo estoy observándolo y nada más…"
Definitivamente era uno de los hermanitos más jóvenes. Aunque era difícil distinguir cuál de todos, porque Usagi tenía muchísimos hermanos… sólo podía adivinarse que era uno de los más pequeñitos, porque aún se chupaba el dedo y porque dormía abrazado a un cochecito de carreras.
Se inclinó más. Aspiró profundamente su olor… se llenó de él para después poder irse a dormir en paz.
O tal vez no…
_ Leo-san… _murmuró el conejito, aún medio dormido.
Leo disimuló su sorpresa lo mejor que pudo. Al parecer el pequeño se había sentido observado y se había despertado…
Ahora lo miraba con sus ojitos somnolientos, pidiendo una explicación. Leonardo ensayó una sonrisa;
_ ¿Te parece bien dormirte aquí en el medio de la sala…? _el ojiazul ni siquiera pensó en lo que decía_ Ven, te llevaré a tu cama antes de que tu mamá te vea…
_ Está bien… _el conejito se restregó la cara con sus manitas, y Leo lo alzó en brazos para llevárselo… pero no a la cama.
Antes, hicieron una parada en la cocina, donde Leo dejó al pequeño sobre la mesa;
_ ¿Tienes sed? _le preguntó, tratando de parecer lo más amable y sobrio posible_ ¿Quieres beber algo antes de acostarte…?
El conejito asintió, sin dejar de chuparse el dedo. Leonardo buscó en la nevera y encontró la última lata de cerveza y jugo de uva… rápidamente las mezcló sin que su pequeño acompañante lo viera.
_ Me sabe raro… _se había quejado el pequeño al probar el brebaje.
_ Anda. Bébetelo a todo… _insistió Leo desechando la lata de cerveza vacía en el bote de la basura_ ¿Cómo te llamas, por cierto…?
_ Niko… _el conejito trató de apurar el contenido del vaso, pero se lo devolvió a Leo con una mueca.
_ Está bien, yo me lo termino… _Leo tomó el vaso entre sus manos, y siguió hablándole_ ¿Cuántos años tienes Niko?
El conejito lo ignoró, jugando a balancear sus piecitos que colgaban de la mesa. Leo sonrió, terminándose el contenido del vaso;
_ No hablas mucho… ¿Eh, Niko…?
_ Mi mamá dice que no debo hablar con desconocidos… _replicó el niñito, haciendo girar las ruedas de su coche de carreras con los dedos.
Leo se inclinó sobre él, apoyando los codos en la mesa:
_ ¡Pero si yo no soy un desconocido…! _a Leonardo siempre lo divertía la sinceridad con la que hablaban los niños pequeños_ Siempre vengo a jugar con tu hermano Usagi…
Niko siguió con la mirada clavada en su cochecito. Leo supo que la cerveza estaba surtiendo su efecto sobre el pequeño, porque empezó a bostezar…
_ Mírate… Con esa carita con sueño… _el mayor tocó su naricita rosada con el dedo índice_ Qué lindo eres…
No quería detenerse a pensar en sus acciones.
Si lo hacía, podría darse cuenta de que estaba llegando demasiado lejos…
"¿Cuándo volverás a tener otra oportunidad como ésta, Leo…?" le susurró una desconocida voz interior.
Volvió a alzarlo en brazos, y el pequeño –ahora más somnoliento que antes- le rodeó el cuello con sus bracitos. Leo llevaba nada más que el pantalón del pijama, y debía admitir que tener ese cuerpito tibio, suave y ligeramente peludo contra él se sentía muy pero muy bien…
"Hazlo… tómalo…". La tentación le subió por el pecho y le encendió la cabeza. Estrechó más al niño contra su pecho en un posesivo abrazo.
"Quédate con este incomparable botín… Nadie lo sabrá, Leo…"
Leo entró en la habitación correspondiente, donde había por lo menos ocho camas desechas repletas de conejitos durmiendo apilados unos encima de otros.
"Son tantos que sus padres ni siquiera se darían cuenta si desaparece alguno…" pensó mientras se sonreía.Le tomó un rato encontrar la única que estaba vacía… y acostó allí a su pequeña víctima.
Luego le quitó el cochecito de carreras de entre los dedos, y lo dejó en el suelo, junto a la pata de la cama. Entonces comenzó a acariciarlo…
Sintió el pelaje suave y sedoso, poco abundante, típico de los infantes. Este era todo blanco y hubiera sido idéntico al de Usagi de no ser por las manchitas color café que le salpicaban la espalda…
Estaba ansioso por arrancarle la poca ropa que tenía encima y besar cada manchita con sus labios… una por una…
"Deja que el tío Leo te haga unos mimos…" pensó mientras su dedo jugueteaba con el borde elástico de la ropa interior.
La sangre le hervía en las venas cuando la jaló hacia abajo… por las piernas regordetas, pasando por los muslos tiernos y los hoyuelos en las rodillas…
El pequeño estaba más dormido que despierto, y los párpados le pesaban cada vez más… sin embargo, aún tenía energías para espiar a Leo por entre sus ojos entrecerrados de largas pestañas:
_ Duérmete… _lo instó Leo con la voz en un susurro_ Yo cuidaré de ti, pequeñín…
Leo le enrolló la playera azul, jalándola con delicadeza hacia arriba y se topó con su vientre. La forma de su estómago tenía una curvita monísima… y se preguntó si la piel de su trasero sería igual de suave y pellizcable.
El conejito siguió mirándolo fijamente, haciendo que Leo se distrajera de sus pensamientos para pasar a sentirse culpable. El ojiazul le acarició una de sus orejitas puntiagudas;
_ No me veas así, por favor… _Leo trató de escapar de su mirada metiendo toda la cabeza bajo su camiseta.
El dulce olor que emanaba de la piel del conejito le invadió los sentidos, y fue lo que necesitaba para terminar de olvidarse de la mirada acusadora y somnolienta del pequeño…
El conejito bostezó y finalmente sucumbió ante el sueño, para alivio de Leo…
_ ¿Leo…? ¿En dónde estás, amigo? _la voz de Usagi se escuchó en el pasillo.
_ ¡Ehkk! _Leonardo se sobresaltó_ ¡A-aquí… estoy por aquí…! _tartamudeó, acomodando la ropa del conejito a toda velocidad y cubriéndolo desprolijamente con una sábana.
El conejo entró en la habitación de puntillas:
_ ¿Qué haces aquí…? _Usagi hablaba casi en un susurro_ ¿No sabes que si se despierta uno luego se despiertan todos los demás? Y no querrás estar aquí cuando eso pase, créeme…
Leonardo se levantó de la cama, tratando de disimular su borrachera y su nerviosismo al mismo tiempo;
_ Es que… Me encontré a éste durmiendo en el medio de la sala, y me pidió que lo llevara a su habitación… _mintió.
_ Ohhhhhh eres adorable, Leo… _se burló el conejo picándole las mejillas.
_ ¡Oye! ¡Déjame ya, qué infantil Usagi! _Leonardo se sacudió la mano de su amigo del rostro.
_ Jejeje…! _Usagi se apartó, divertido_ Bueno, empiezo a sospechar que tienes talento con los niños… El pequeño Niko no es demasiado sociable…
Usagi arropó mejor a su pequeño hermanito y se detuvo un momento a contemplarlo;
_ Siempre se desvela mirando sus caricaturas… ¿En dónde estará su coche de carreras? _el conejo recogió el juguete del piso y lo puso junto a la carita de su hermano_ Sé que siempre me quejo de lo molestos que son, y de que mis padres le ponen más atención a ellos que a mí, pero…
_ ¿Pero qué…?
El conejo apartó un flequito de pelo de la frente del pequeño, sonriendo con dulzura:
_ Pero en el fondo los quiero mucho… y me sentiría terrible si algo malo le pasara a cualquiera de ellos… _susurró_ Bueno, ¡en fin! ¡Vámonos antes de que algo los despierte!
Los dos amigos salieron de puntillas de la habitación y cerraron la puerta:
_ Ah, por cierto, te mentí… No era mi primera vez bebiendo… _comentó Usagi al vez los movimientos tambaleantes de su amigo tortuga_ Así que por la mañana tendrás un más poco de resaca que yo…
_ Vaya disculpa… _gruñó Leo.
_ No era una disculpa… _aclaró el conejo_ ¡Solo te estoy advirtiendo que me voy a divertir mucho con tu sufrimiento! Jejejeje…!
Leonardo siguió a su travieso amigo y se alejó de la habitación con la expresión de un gato al que le han quitado el plato con leche antes de poder beber un sorbo.
Cuando despertó al día siguiente se encontró con su terrible primera resaca y con retazos de recuerdos de lo que pasó la noche anterior… y se avergonzó muchísimo de sí mismo.
¿¡Cómo era posible que estuviera a punto de hacer algo tan… tan horrible…?!
"Perdóname por lo que estuve a punto de hacerte, pequeño…" pensó, con el corazón latiéndole en las sienes. ¿Por qué…?
¿Por qué estaba tan hambriento de ése cuerpo frágil… Inmaduro… y… virginal…?
A partir de ese día Leo vivió atemorizado de sí mismo. ¿Y si volvía a bajar la guardia y la tentación se apoderaba de él otra vez…?
¿Qué hubiera pasado si Usagi no lo hubiese interrumpido? ¿Habría sido capaz de llegar tan lejos con ése niño?
Estaba tan, tan arrepentido… y asustado.
Nunca habló con nadie de lo sucedido. Ni siquiera con Splinter.
Se propuso evitar todas las situaciones que pudieran conducirlo a la tentación… por eso era tan recto y serio. Por eso había llegado a ser el presidente de la clase. Por eso siempre se contenía…
Por eso siempre vivía una vida de eterna insatisfacción…
:::::::::::::::::::::::::END FLASH BACK:::::::::::::::::::::::
Fue por eso que cuando Mickey se le acercó otra vez, en busca de un segundo beso, se contuvo. Como siempre lo hacía.
La frustración se le dibujó en su apuesto rostro con una mueca. Todavía no lograba acostumbrarse a la insatisfacción de sus propios deseos;
_ L-lo siento, Michelangelo… _suspiró Leo, clavando la mirada en el suelo_ Si sigo besándote… yo… No podré parar, lo sé…
"¡Maldición, me volveré loco a este paso…!" Leo apretó los puños con disimulo. "Me siento tan estúpido ahora mismo… Dejando ir a lo que probablemente es el niño más dulce y lindo de la tierra…"
_ Está bien, Leo… _el niño lo sacó de sus pensamientos con su dulce voz_ No tienes que contenerte conmigo… Puedes tenerme…
Mickey le rodeó el cuello con sus bracitos y lo estrechó contra su cuerpo. Ahora era su turno de sorprender a Leonardo:
_ Puedes tenerme tantas veces como quieras… _susurró en su oído.
_ M-michelangelo…
_ Sacia tu cuerpo en mí… Desvírgame… _siguió susurrándole el más joven, mientras aferraba el cuello de su camisa con sus deditos_ Puedes robar mi virginidad todos los días si te apetece…
Mickey jaló de la tela con fuerza, arrastrando al sorprendido Leo con él, hasta recostarse completamente en el mantel a cuadros. Leonardo quedó sobre él, con los codos apoyados en el suelo y sus caras enfrentadas:
_ No sigas… _le advirtió a Mickey.
_ Tómame… _el pequeño separó las rodillas y acarició el rostro de Leo con sus manos_ Tómame, Leo… Hazlo…
Los ojos claros de Mickey brillaban cuando llevó su mano hasta la boca de Leo… con mucha lentitud y delicadeza acarició sus labios entreabiertos:
_ No te resistas… _susurró_ No hay necesidad…
Los ojos de Leo se cerraron por un momento, y procedió a besar las puntas de los dedos de Mickey. Luego la palma de su mano… El interior de sus muñecas…
Antes de que abriera los ojos ya había descendido sobre él para juntar sus caras y reclamar sus labios. Esta vez el beso se hizo más profundo y sus lenguas se tocaron;
_ Provocas al demonio dentro de mí, Michelangelo… _susurró el ojiazul como última advertencia.
Mickey se encogió de hombros. Tenía los labios brillantes e inflamados por el beso tan intenso, y un hilo de saliva brillaba en la comisura de su boca:
_ Todos tenemos uno… _dijo simplemente, antes de que Leo atacara su cuello con una serie de cortos y tentadores besos, mientras sus manos alborotaban inquietas el tul del vestido.
Michelangelo jadeó su nombre cuando le separó las piernas y se sumergió entra las muchas capas de tul de su vestido, apartándolas como podía, haciéndolas a un lado con sus dedos temblorosos.
Pronto dejó al descubierto su objetivo: las preciosas pantys de Michelangelo…
Éste alzó las caderas, ansioso, y la cara de Leo descendió sobre la delicada prenda, hasta apretarse contra ella;
_ Amo éste olor… _murmuró el mayor, extasiado.
Aspiró profundamente para llenarse de ése inocente y delicioso aroma… sin darse cuenta continuó murmurándole cosas sucias y salvajes, mientras Mickey lo miraba por entre las largas pestañas con las mejillas coloreadas como cerezas y los labios húmedos e hinchados de tanto mordérselos…
_ Nhhhh… L-leo… _gimió el menor, aferrando el mantel con sus manitas, arrugándolo con los dedos…
Su pecho subía y bajaba rápidamente, y alzaba las caderas, ansioso:
_ ¿Quieres que me detenga…? _bromeó Leo, aún luchando para apartar el tul y deleitarse con la visión que tenía enfrente.
_ N-no… _el más joven sollozó, impaciente.
_ ¿Continúo….? _Leo lo besó a través de la tela_ Dime lo que quieres, Mickey…
_ Quiero tu boca… _Mickey le marcó el sitio con dos de sus deditos_ Lámeme… Justo aquí…
Leo no esperó a que se lo pidiera dos veces… y subió las piernas de Mickey a sus hombros.
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Mientras, no muy lejos de allí…
Los ojos sin vida de Raph estaban fijos en el cielo y una mosca voló hasta posarse en sus labios entreabiertos, atraída por la sangre pegajosa. Donnie la apartó con un gesto de la mano.
El niño se alisó el vestido una vez más, y se acurrucó mejor junto al cuerpo tendido de Rapahel. Le cerró los ojos con su manito enguantada y le besó la mejilla cariñosamente;
_ Tranquilo, Raphie… _susurró Donatello con una sonrisa_ Ésta es la parte más fea del proceso, pero descuida, no dura mucho… Y en unos minutos despertarás…
Se levantó para buscar la camiseta de Raphael, que descansaba sobre el suelo polvoriento no muy lejos de allí. La levantó amorosamente y la sacudió, luego la alisó con sus deditos.
Cubrió el pecho de Raph con la prenda, para que la enorme herida abierta no atrajera a más insectos entrometidos;
_ Sí, es un sueño breve… Ya verás… _siguió hablando_ Despertarás y serás eterno… Como mi hermano y yo…
Se tendió sobre el nidito de hojas, y se abrazó a uno de sus gruesos brazos;
_ Será genial… Estaremos siempre juntos… Y cuidarás de nosotros… _murmuró con una sonrisa_ Te va a agradar Mickey, es un buen niño… Sólo que algo travieso…
"Y yo seré tuyo, tuyo por siempre… como lo prometí. Podrás tenerme siempre que quieras, y yo te corresponderé. Estaremos muy bien juntos, cuando seas como yo ya no te darán miedo los insectos… Ni la oscuridad del bosque… Ni te sentirás solo…
¿Lo ves? Sé todo sobre ti… y tienes todo el tiempo del mundo para aprender todo de mí…
Ya lo verás, será maravilloso. Te lo prometo."
Donnie finalizó su discurso besando la frente de su novio muerto. Luego se alejó dando saltitos.
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La lengua de Leo se movía hábilmente, haciendo círculos y dibujos imaginarios sobre la delgada telita… que se empapaba más y más, pegándose a la piel de Mickey.
_ Ahhhh… Leo, tu lengua se siente tan bien… _gimió la tortuga más joven, tratando de acallar sus propios gemidos con un puño.
_ No hagas eso, no dejes de gemir mi nombre… _Leo se detuvo sólo una fracción de segundo para contemplar el abstracto y húmedo dibujo que ahora adornaba las pantys color crema_ Quiero escuchar todos los sonidos que pueda producir tu hermosa boca, Michelangelo…
Dicho esto, dirigió su mano hasta su entrepierna y la introdujo en los pantalones para comenzar a tocarse… sin descuidar su trabajo entre los muslos de Mickey, quien estaba ya muy próximo a su orgasmo, sollozando de placer.
_ Nnhh… Leo, Leoooo… ¡Ah, me vengo! _gimió mientras la lengua de Leo insistía en un punto preciso, atormentándolo de placer_ ¡Me vengoooo…!
Leo disfrutó de la pequeña explosión de placer de su niño, contemplándolo mientras mojaba sus braguitas… y los fluidos que escapaban por los lados de la prenda escurrían por sus muslos tiernos…
El mayo sorbió el preciado líquido por encima de la tela, haciendo un último dibujo con su lengua.
"Delicioso… Es probable que sea el primer orgasmo que tiene en toda su vida…" el ojiazul se limpió con el dorso de la mano, mientras observaba a Mickey recuperarse del intenso orgasmo que había tenido… Los ojitos llorosos por encima de las mejillas sonrojadas intensamente.
Acabó de complacerse a sí mismo con ésa hermosa visión:
_ Ahhhh… M-mickey… Mi dulce Michelangelo… _suspiró mientras el placer lo invadía_ Eres perfecto para mí…
_ Ah… Ah... Y tú eres perfecto para mí, Leo… _jadeó Mickey_ Sé mío… ¡SÉ MÍO POR FAVOR!
Antes de que Leonardo pudiera entender lo que su pequeño amante quería decir con eso… la tetera de porcelana de Mickey se estrelló contra su cabeza, rompiéndose en miles de pedacitos.
Leo cayó desmayado sobre el mantel. Y Donatello tomó a su pequeño hermano del brazo y lo arrastró lejos:
_ ¡Auch! ¡Espera, espera…! _se quejó el pequeño Mickey_ ¡Déjame, Donnie! ¿¡Qué crees que haces?!
_ ¡¿Que qué hago?! _Donatello se volvió hacia él y soltó su brazo_ ¿TÚ QUÉ HACÍAS?
Michelangelo vió sus brazos libres y se apresuró a acomodarse la ropa… aunque no tenía mucho sentido ya...
La mirada acusadora de Donnie iba desde sus braguitas empapadas hasta su cara y viceversa:
_ ¡Deja de verme! _se quejó el más pequeño de los dos, sonrojado a más no poder mientras se estiraba la falda hacia abajo para cubrirse.
_ ¡Creí que lo habíamos dejado claro! _lo reprendió_ ¡No tenemos permiso para llevarnos a Leonardo! ¡Entiende de una vez!
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EL PRÓXIMO CAP EL ES ÚLTIMO! CHAN CHAN CHAAAAN
REVIEWS… REVIEWS… DEJEN REVIEWS SI QUIEREN CONTINUAR LEYENDO! =D
