Donatello no esperó a que Michelango respondiese a sus regaños. Volvió a aferrar su bracito y lo arrastró hasta un claro en el bosque, lejos del muchacho desmayado:
_ Pero... Pero… Quiero a Leo… _se quejó débilmente el más pequeño_ ¡Y él me quiere a mí! ¿No es eso lo que importa?
_ Todo esto está fuera de discusión, Mickey. Las leyes son claras… _siguió sermoneándolo el de vestido púrpura.
_ ¡Pero tú te quedaste a Raphael! _protestó el más joven_ ¿¡Por qué no puedo quedarme con Leo?!
_ No podemos llevarnos el alma de Leonardo, trata de entenderlo…
Mickey miró hacia atrás, en dirección a donde estaba su apuesto Leonardo, pero Donatello le aferró los hombros y lo giró de nuevo para poder mirarlo a los ojos:
_ No puede estar con nosotros. Si lo hacemos, nos meteremos en grandes problemas… _le advirtió_ ¿Quieres eso? ¡Eh! ¿¡Lo quieres?!
El más joven se sacudió las manos de su hermano mayor y estalló en un llanto agudo:
_ ¡Estoy cansado de esto! ¡Yo no pedí ser un monstruo! _gritó, restregándose sus ojitos_ ¡Yo no pedí que nos abandonaran en el bosque! ¡SOLO QUERÍA QUE ALGUIEN ME AMARA Y ME CUIDARA!
Donnie lo observó tirarse al suelo y rodar sobre la hierba, haciendo su berrinche. Suspiró. No importaba cuántos años habían pasado, Mickey era el mismo niño caprichoso que el día en que murieron…
_ Mickey… ¿Por qué dices eso? _Donatello se arrodilló junto a él y trató de rodearlo con sus bracitos_ Yo te amo. Eres mi pequeño y tierno hermanito… Y siempre voy a cuidar de ti…
_ ¡Snif, snif…! _Mickey se dejó abrazar, pero aún lloraba aparatosamente.
_ Además, ahora tenemos a Raph… _le recordó_ Él cuidará de ambos…
_ ¡No quiero a Raphael! ¡QUIERO A LEO! _volvió a quejarse la tortuga más pequeña, empujando a Donnie para apartarlo de él.
Donatello sintió ganas de darle un coscorrón, pero se contuvo:
_ ¡Eres un cabezadura, Michelangelo! _le gritó_ ¡Estoy tratando de hacer que las cosas sean mejores para los dos! ¡Y ni siquiera me lo agradeces!
Mickey le enseñó la lengua, lo que enfureció más a su hermano. Por suerte antes de que las cosas se pusieran más tensas, Raphael salió de entre unos arbustos…
Llevaba puesta su camiseta de Rock y ya no había sangre sobre él. Incluso parecía que nada le había pasado realmente…
_ ¿Qué está ocurriendo aquí? _quiso saber_ ¿Por qué tanto grito?
Donnie suspiró aliviado al ver a aparecer allí a su caballero:
_ ¡Raphie…! ¡Qué bueno que estás aquí! _Donatello corrió hasta donde él estaba y se abrazó a su cintura.
_ Donnie… Mi dulce princesa, ¿qué te ocurre? _Raphael se inclinó para poder tomarlo entre sus fuertes brazos y levantarlo_ ¿Por qué estás tan angustiado…?
_ ¡Mickey se ha portado muy mal…! _exclamó el pequeño de vestido púrpura, apuntando con un dedito acusador al más pequeño.
_ ¡No es cierto! _se defendió Mickey pateando el suelo con sus zapatitos acharolados_ ¡Solo quiero que Leo venga con nosotros!
_ ¡¿Ya lo ves?! ¡No quiere escucharme! _se quejó Donnie, rodeando el cuello de Raph con sus bracitos.
Raphael se quedó callado por unos momentos. Luego sonrió con tranquilidad:
_ ¿Quieres que mi amigo Leonardo venga con nosotros? _dijo_ No es tan mala idea…
_ ¡Pero no se puede! _protestó Donatello, disgustado con Raph por querer apoyar la idea de su hermano menor.
_ ¿Por qué no…? ¿Ya se lo propusieron?
Donatello abrió la boca en una "O" perfecta, y Mickey abrió los ojos grandes como platos. De repente había un brillo esperanzado en ellos:
_ ¿¡P-podría…?! _exclamó, levantándose del suelo_ ¡¿Crees que Leo vendría conmigo por propia voluntad?!
Raphael asintió con la cabeza, y Mickey salió corriendo, perdiéndose entre los árboles antes de que su hermano empezara a sermonearlo de nuevo…
_ ¡Qué has hecho! _esta vez Donnie no se contuvo y le dio un coscorrón a Raphael en el pecho.
_ ¿Qué? ¡Ouch! ¡Oye, Donnie! _el niño había desatado sobre él una lluvia de golpes y patadas en las costillas, y se vio obligado a dejarlo en el suelo_ ¡Cálmate! ¿Quieres?
_ ¡No, no, no, no…! _se quejó el de vestido púrpura_ ¿¡Por qué le pusiste ésas ideas en la cabeza a mi hermano?! ¡LEO NUNCA ACEPTARÁ!
_ ¿Por qué estás tan convencido de eso…?
_ ¡Ningún mortal quiere ofrecer su alma a cambio de nada! _aseguró la tortuga más joven, cruzando los bracitos con enfado.
El ojiverde se hincó de rodillas sobre la hierba húmeda para quedar a su altura, y le dedicó una sonrisa seductora:
_ Yo sí…
Donatello se sonrojó como una cereza y apartó la mirada:
_ Es distinto. Tu no tenías opción… _argumentó_ Éramos nosotros o el infierno. Leo no ha hecho nada malo… Al menos todavía…
Raphael extendió las manos y aferró la falda de su vestido. Lo jaló de vuelta hacia él, sin importarle que se resistiera:
_ ¡Oye! ¡Déjame, Rapha! _se quejó Donatello_ ¡Estoy demasiado enfadado contigo!
El mayor ignoró sus protestas y tomó su cara entre las manos;
_ Así me gustas más… _declaró antes de reclamar sus labios con un dulce beso.
_ Nhhh… _Donnie se vió apresado entre los fuertes brazos de su captor, y no tuvo más opción que cooperar_ Oh… Raphie…
Se besaron por largo rato, hasta que Raphael estuvo seguro de haber drenado el enojo de su pequeño…
_ ¿Sabes algo…? Leo suele ser un ñoño aburrido la mayor parte del tiempo… _comentó cuando la sesión de besos terminó_ Pero hay veces en que me sorprende…
_ Mhmm… _Donnie hizo una mueca de inseguridad_ ¿Pero y si dice que no y le rompe el corazón a Mickey? ¡No quiero que se pase la eternidad llorando…!
Raph le acarició una mejilla y contempló sus hermosos ojos, brillantes como rubíes;
_ Dale una oportunidad. Déjalo que se proponga… _le sugirió_ Tal vez tu pequeño hermanito te sorprenda más de lo que Leonardo me sorprende a mí…
Antes de que Donatello pudiera responder algo, se oyeron pasos sobre las hojas…
Mickey apareció en el claro, con una gran sonrisa… y traía a Leonardo de la mano.
Raphael y Donatello se quedaron pasmados, así que Mickey fue el primero en romper el silencio:
_ ¡Ha dicho que sí! _anunció sin soltar su mano.
_ ¿E-en serio…? _el de vestido púrpura no podía creer lo que oía, así que miró fijamente a Leo para asegurarse que el golpe con la tetera no le había aflojado un tornillo_ ¿Ofrecerás tu alma… sin haber hecho nada…?
Leonardo sonrió:
_ Sí.
_ ¡Pero… pero es absurdo! _insistió Donatello.
_ No lo es en absoluto… _le aseguró Leo, con calma_ Lo único que pido a cambio de mi alma es estar con Michelangelo para siempre…
Mickey abrazó una de las piernas de Leonardo, y celebró aquella declaración sacándole la lengua a su hermano mayor, otra vez. Raphael alzó en brazos a Donnie antes de que los hermanitos comenzaran a pelear de nuevo, y se acercó a Leo:
_ ¿Estás seguro, amigo…? _le preguntó.
_ Claro. Estoy harto de vivir atormentado… _Leonardo sonrió ampliamente, mirando al pequeño que abrazaba su pierna_ Ahora tengo la oportunidad de ser feliz con Mickey. Él es todo lo que necesito…
_ En ese caso… _el ojiverde estrechó su mano_ Me alegra que vengas con nosotros, Leo…
Leonardo le devolvió el saludo;
_ Tampoco podía dejarlos a solas contigo… _bromeó_ ¡Eres un desastre cuidando niños! ¡Y también cuidándote tú solo!
_ Puede ser… _sonrió Rapha, meciendo a Donnie entre sus brazos_ Pero búrlate de mí todo lo que quieras… Yo también tengo todo lo que necesito justo aquí…
Donnie volvió a sonrojarse, y Leo se arrodilló en el suelo para abrazar a Michelangelo…
_ Sólo tengo una pregunta… _susurró al oído de su pequeño mientras lo estrechaba entre sus brazos_ ¿Duele cuando…? Ya sabes…
_ Sólo un poco… _le aseguró el de vestido naranja, ocultando la cara en su cuello.
Leonardo tomó una profunda inspiración y cerró los ojos…
Mickey le hundió los dientes en el cuello… y la sangre salió a borbotones.
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_ ¡Ahhhhh….! _Usagi se despertó sobresaltado y se sentó como impulsado por un resorte.
Sus dedos aferraron la bolsa de dormir con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. El sudor le empapaba la camiseta…
_ ¡Oye! ¿¡Qué rayos te pasa?! _Raphael le arrojó una lata de cerveza vacía desde donde estaba_ ¡Déjanos dormir en paz, quieres!
El conejo pestañeó, mirando a sus dos amigos que aún estaban enfundados en sus bolsas de dormir. Sólo había sido una pesadilla. Una muy, muy horrible pesadilla…
_ ¿Te encuentras bien, Usagi…? _Leonardo se restregó los ojos, somnoliento_ Estás más blanco que… bueno, más blanco que de costumbre…
_ Estoy bien, en serio… _Usagi sacudió la cabeza, tratando de recuperarse de su aplomo lo más rápido posible_ Sólo he tenido un mal sueño… es todo.
_ Es por todos los dulces que comes antes de dormir… _bromeó su amigo.
_ ¡Vaya, vaya! ¡No solo aguanté toda la noche aquí sino que el que terminó orinándose en la cama fue el conejo…! _se burló Raphael, cruzando los brazos por detrás de la nuca.
_ ¡Basta Raph, no empieces! _lo reprendió Leo, enrollando su bolsa de dormir.
_ Aguafiestas… _le respondió el ojiverde_ Bueno, como sea… ¡Muero de hambre!
_ Sí, yo también tengo hambre… _concordó el conejo_ ¡Quiero desayunar en un Mc Donald´s o algo así! ¿Habrá tiempo…?
_ Si nos apresuramos, sí… _aseguró Leonardo, guardando sus cosas_ ¿Vienes con nosotros Raph…? Te lo has ganado…
Raphael hizo una mueca;
_ No me "recompenses" como a un perro, ¿quieres? _bufó_ Sólo iré con ustedes porque tengo hambre suficiente como para comerme un caballo, eso es todo…
_ Okay… _Usagi comenzó a meter sus pertenencias en la mochila también_ De todas formas, es probable que las hamburguesas de Mc Donald´s estén hechas de carne de caballo…
Momentos después los tres amigos se marchaban del lugar tan rápidamente como habían llegado.
Iban por el sendero cubierto de hojas charlando y haciendo bromas. Pronto llegaron a la carretera. Sólo tenían que atravesarla y llegar hasta la parada de autobús para volver a sus casas…
De repente Leonardo y Raphael se quedaron atrás, y Usagi iba tan entretenido hablando que no se dio cuenta…
Los dos amigos se volvieron y miraron a lo lejos. En el horizonte se recortaba la silueta de la gran casa abandonada… y allá entre los árboles, un par de adorables niños que agitaban sus manitos en el aire, saludando.
Raph y Leo agitaron sus manos en lo alto, correspondiendo el saludo. Ambos llevaban un lacito en sus respectivas muñecas… un lazo púrpura y otro anaranjado.
Estaban ansiosos por la siguiente visita…
_ ¿Volveremos para la próxima fiesta del té, verdad…? _preguntó Leo.
_ Por supuesto. No me la perdería por nada del mundo… _respondió Raphael, sonriendo con entusiasmo_ El de vestido púrpura me ha robado el corazón…
Raphael se tocó el pecho, justo en el lugar donde los dientitos de Donnie habían hecho un hueco:
_ …literalmente. _aseguró.
_ Lo sé. _sonrió Leo_ Y yo le compraré una nueva tetera a Michelangelo… Y muchos juguetes…
Raphael se cambió su mochila de un hombro al otro:
_ Le traeré algunos libros a Donnie… _dijo_ Me ha dicho que le gusta leer…
_ Excelente… ¿Sabes? Ellos son los niños más lindos del mundo… _Leonardo comenzó a caminar otra vez, y su amigo lo siguió_ No entiendo como alguien podría no quererlos…
El ojiverde se encogió de hombros:
_ Yo tampoco lo entiendo. Pero qué más da… No me importa. _concluyó_ Porque ahora son nuestros…
_ Sí… Nuestros… _asintió Leo. Aunque en realidad pensaba que era exactamente lo contrario, ellos dos les pertenecían a Mickey y a Donnie por toda la eternidad.
_ ¡Oigan! ¡Apresúrense, ahí viene el autobús! _los llamó Usagi al verlos quedarse tan atrás.
El conejo se apresuró a cruzar la carretera, y se subió al autobús sin la menor sospecha siquiera, de que sus dos amigos se habían ido para siempre…
:::::::::::::::::::::::: FIN :::::::::::::::::::::::
Gracias por leer hasta el final! Los asusté? :3
