Summary: Por un accidente ocasionado con la Bazuca de Lambo, los integrantes de la Décima Generación Vongola sufre un cambio que repercutirá en las personas a su alrededor; al enterarse, Reborn, decide tomar cartas en el asunto.
Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn! es propiedad de Akira Amano. Solo la trama me pertenece.
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Vongola Arco del Destino.
Capítulo dos: ¿Esto no podría empeorar, cierto?
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Minutos más tarde, a las cercanías de Nami-chuu, Hayato en conjunto con Lambo, quien está en brazos de Tsunayoshi, comiendo sus caramelos se encontraron con Yamamoto y Ryouhei... lo cual no fue muy agradable para Smoking Bomb, hablando sobre la Lluvia y el Sol, quienes, a su manera, lo desesperaban; optó por ignorarlo y el universo, demostrando de nuevo que le encantaba contradecirlo, hizo que Takeshi lo mirará y lo saludará.
—¡Yo. Gokudera, Lambo, Tsuna! —dijo alegremente, como era de costumbre.
—¿Cuántas veces te he dicho, maniático del béisbol, que no les hables al Décimo con demasiada familiaridad? —cuestionó, con veneno, el de cabello plata.
—Vamos, vamos. Gokudera, no es para tanto —expresó el de pelo negro, con su habitual sonrisa, ojeando de lo más tranquilo al segundo que más grita del grupo.
Por su parte, Ryouhei, saludaba efusivo al capo Vongola, entiéndase que lo persigue alegando que se una al club de boxeo y que éste huye con un "¡No, hermano. No me quiero unir!" cabe recalcar que Lambo lo ve todo entretenido mientras se pregunta cuánto tiempo se tardará Idiotera para darse cuenta; alzó los hombros sabiendo que le faltaba poco o mucho, dependiendo de su capacidad deductiva.
—¡Detente, Sawada, y únete a mi extremo club de boxeo! ¡Al extremo! —seguía vociferando, lo que era sorprendente ya que podía hacerlo y no se quedaba mudo.
Tsuna pensó que debía ser cosa de familia... hasta que recordó a Kyouko y se arrepintió, ella no era tan... extrovertida como su hermano mayor, se decía.
—¡Hiee! ¡Hermano, para! —y, para variar, sus suplicas cayeron en oídos sordos.
—¡Tsuna, escapa! —emitió su característica carcajada, parecía que se terminaría revolcando en el suelo—. Es tan divertido... ¡Tsuna, Lambo quiere más dulces! —continuó con sus exigencias.
Sawada contempló al bovino, negó con la cabeza, y continuó escapando de un imparable Sasagawa que no dejaba de gritar; suspiró, sus días siempre eran así, a veces predecibles cuando se encontraba con sus amigos y tutor. Pensó que no desearía que fuese de otro modo, ya que les caía bien... aunque en algunas ocasiones le sacaran de quicio.
Por otra parte, Yamamoto y Gokudera, proseguían con su pelea uni-lateral.
—... ¡¿Cómo vas a decir "Exageras, Gokudera. Tsuna es mi amigo" cuando de esa manera le faltas el respeto?! ¡¿Qué no has captado que debes de tratarle como debería?! ¡Ah! ¡Contigo es imposible, obsesionado del béisbol!... ¡eh! ¡No me ignores! —para este punto la Lluvia pacífica le sonrió nervioso— ¡Con eso no consigues nada!
—Vamos, vamos. No hagas un melodrama —como de costumbre, intentaba calmar a su, en su opinión, dramático amigo—, además a Tsuna no le enfada —Hayato lo fulminó con la mirada—. ¿Cierto, Tsuna?.
No hubo contestación del conejo.
—¿Tsuna?.
—¿Décimo?.
Interrogaron sus camaradas volteando a ver en la dirección donde se supone que está, solo para encontrarse con que Lambo se reía divertido y su capo desaparecido... ¿desaparecido?... ¡desaparecido!. Cabe señalar que Gokudera entró en mode on nervioso-preocupado-histérico; sí, eso es posible.
—¡Décimo!.
—¡Tsuna!.
Mukuro y Nagi estaban en el suelo de la entrada a Kokuyo Land, en un posición comprometedora: Chrome acostada boca arriba con Rokudo encima de ella, una de las piernas del pelo piña estaba en medio de las de la chica con una mano sobre un seno de su compañera, quien tenía un bonito sonrojo pintado en sus mejillas, ambos jadeando. Eso y que la ropa la detentaban mal acomodada. El par anhelaba que nadie entrará, ¡no querían que los vieran así! gran explicación que les tendrían que dar; rezaron, en serio que se hallaban muy avergonzados... sobre todo contando lo que pasó antes.
Una adolescente cabello rojo corto entró en ese instante, quedándose estupefacta.
—M.M, no... ¡no es lo que parece! —gritó el ilusionista parándose de golpe, sin saber por qué le preocupado más de lo que debería que la fémina lo encontrará de esa manera.
—¿No es lo parece? —repitió las palabras que mencionó su líder—, ¿¡cómo me vas a decir algo como eso cuando yo misma los he visto con mis propios ojos!?. Si van hacer cosas indecentes mejor váyanse a una habitación —con eso salió dando un portazo.
O eso intentó debido que Nagi la detuvo con su característica cohibida voz.
—M.M, de verdad, es un malentendido —murmuró levantándose y acomodándose su vestimenta, que era el uniforme Kokuyo, notablemente diferente al de la otra chica—; lo que pasó fue...
—No me des explicaciones, chica tonta —cortó tajante.
—No la insultes —saltó en su defensa Rokudo frunciendo el ceño, no le agradaba para nada que alguien ofendiera a su querida Chrome.
—Como siempre —se dio una vuelta de trescientos sesenta grados, indignada— ¡defendiendo a la tarada!. ¡No lo entiendo!, varias veces te he necesitado... ¡¿qué no recuerdas la batalla contra Bianchi?! ella me apaleó pero ¡no! ¡tú tenías que ir a socorrer a la cría mimada!; ¡ah! siempre esa mocosa, ¿por qué?. Dímelo.
Detecto celos en ti, M.M pensó la ilusionista, extrañada.
—¡No hables así de Nagi! —graznó el prisionera de Vindice—, ¡tú no eres nadie!. ¿Entiendes?, ¡nadie!. Puede que lo haya hecho, ¡por qué no tolero que se metan con Chrome!. Ella es más competente que tú, M.M... ¡al menos ella se esfuerza en los entrenamiento!, no como tú que te la pasas mirándote al espejo. Si fuera por mi ¡te sacaría del equipo! ¡ya que no te necesitamos! ¡inútil!. Un momento, ¡soy el líder!; ¡así que quedas fuera del grupo Kokuyo! ¡vete, estúpida! ¡qué nadie requiere tus inútiles intentos servicios! ¡troglodita!.
Las palabras hirientes del chico presente le rompieron el corazón a la pelirroja, quien comenzó a ¿llorar? vaya, eso no se lo esperaban.
—En ese caso, ¡te odio, Mukuro! —se fue dando un portazo, con el corazón más que quebrado.
—¿Cómo pudo hablarle así a M.M? —cuestionó la protegida del guardián de la Niebla, enfadada.
—Pero, Nagi, ella...
—Sé lo que dijo, pero sí es un caballero, no debió tratarla de ese modo. Todas merecemos respeto, ¿sabe?.
Para este punto el del peinado tipo piña deseó que le hubiera chillado ya que de esa manera no le dolería tanto esa línea.
No era mi intención decepcionarte meditó decaído.
Sacando su tridente, Dokuro, se marchó.
Siendo seguida, segundos después, del cabello púrpura.
En otro punto, ajeno a Nami-chuu, de hallaban dos personas: una mujer y un hombre, eso era lo único que se sabía debido a que las largas batas que portaban les dificultaba saber algo más a las personas que transitaban por allá; parecían, a simple vista, personas que no romperían ni un plato.
Pero simple apariencia, y a veces es engañosa.
Dirigiéndose a su acompañante, la del sexo femenino, acotó—: ¿Cuándo será el momento de ponerlo en marcha? —los que la escucharon no la comprendieron, dado que fue en otro idioma. No supieron distinguir cuál.
—Tranquila, mujer, el tiempo llegará —mencionó su compañero—; además no tenemos que precipitarnos, podríamos levantar sospechas.
—Sí, y no lo hacemos vistiéndonos así —se señaló a si misma luego de decirlo en sarcasmo.
—Exagerada —fue lo último que habló antes de toparse con cierto chico pelo platino.
Toparse, lo que se dice toparse... pues, no. En realidad, chocó con él.
—¡Fíjate por donde vas!.
El muchacho, ante el griterío del mayor, demostrando que no le intimidó, se lo devolvió—: ¿Sabe algo?, ¡me interesa un comino darme cuenta por donde voy! —lo dijo en su idioma natal, es decir, italiano.
—Hey, ese chico lo reconozco: es Gokudera Hayato, guardián de la Tormenta del Décimo Vongola —susurró a su compañero.
—Fantástico —se alegró instantáneamente, ¡mejoró su situación!—.Perdóname.
—No sigo ordenes tuyas, patán.
Hayato no se dio el gesto obsceno con el dedo de en medio del hombre y que la mujer le disparó a su espalda un rastreados GPS.
—Ahora ya sabemos a dónde irá, y cuando eso pase... ¡no sabrá que lo golpeó!.
—Te emocionas mucho, mujer.
Oh, sí. No fallarían, ¡por supuesto que no!. Poseían un plan y no existía modo de que algo saliera mal.
El Cielo Vongola se escondió en el lugar donde el mayor de los hermanos Sasagawa no buscaría, ese lugar era... tan-tan-tan... ¡la biblioteca! de la ciudad naturalmente, no detentaba las agallas necesarias como para causar un revuelo en la secundaria protegida por Hibari.
—Para hacer eso tendría que tener grandes ansias suicidas —se dijo a sí mismo, muy convencido.
—¿Grandes ansias suicidas? —indagó la bibliotecaria mirando al conejo que no leía nada, aclarando: el libro cerrado a su derecha y él de lo más fresco que una lechuga.
Notando el apuro en que se metería, mintió—: Lo leí en un libro, no recuerdo cuál.
La de mayor edad lo ojeó, no alegó nada y se marchó.
Esa ni tu mismo te la crees, Tsuna pensó el castaño recordando que, prácticamente, tenían que amenazarlo para que leyera. Dado que no lo hacía, ¡si ni siquiera un comic se dignaba a abrir! menos lo ejecutaría con un libro que, según su espartano tutor, le enseñaría algo útil para la vida; bufó sabiendo que o leía o se iba, francamente no quería reencontrarse con un, en ocasiones, demasiado extremo guardián del Sol.
Suspiró y abrió el ejemplar, al hacerlo paró porque leyó que decía, en el título: El inexpresivo Hidalgo, Don Quijote de la Morsa. Le salió una gota en la cabeza mientras pensaba que el nombre era ligeramente raro. Por no decir mucho.
—Me suena a algo —se dijo abriendo el ejemplar en... la primera página que saliese—, a ver que pone: El inexpresivo Hidalgo, Don Quijote de la Morsa fue creado por Manny del Cerezo.
Al concluir de leer la primera línea, la bibliotecaria, que si el hijo único de Nana viera en el gafete, sabría que se llama Sanae Haruno, quien tiene treinta y seis años y es rubia de ojos platino, andaba por el camino y oyó lo que Tsunayoshi mencionó, sobra decir que sospechó que el chico estaba mal de la vista.
Se acercó a él y le preguntó amablemente—: ¿Por qué acota que así se llama el libro? —recibió un "Así dice en el titulo" lo que confirmó sus sospechas—, ¿qué dice en la siguiente línea?.
Confundido, el conejo, indagó—: ¿Con qué objeto me hace estas interrogantes —paró para leer el nombre del gafete—, señorita Haruno?.
—Porque me da a entender que está mal de la vista —se extrañó más Tsuna—, ahí menciona: El ingenioso Hidalgo, Don Quijote de la Mancha fue creado por Miguel de Cervantes —le dijo al joven, quien abrió la boca como un pez fuera del agua que necesita oxígeno—, no lo que usted alega. ¿Acaso no lo sabía?.
Esto, sin lugar a dudas, es obra de Reborn pensó recordando lo que pasó en la mañana.
"El tutor psicópata del Décimo Vongola estaba desayunando en la casa del antes mencionado, la madre de éste, Nana, le había preparado un suculento café y se fue diciendo que tenía cosas por hacer; Lambo, Fuuta e I-Pin se fueron con ella mientras que su enamorada, Bianchi, se quedó con él a hacerle mimos.
—¿Por qué siento que falta algo? —se preguntó el arcobaleno en voz alta—. Hay demasiada tranquilidad.
—Será, Reborn, que Tsuna no ha despertado —le informó la media hermana de Hayato, llegando con unas galletas, en bandeja, que compró el día anterior.
El bebé del pacificador amarillo sonrió maléficamente— Lo iré a despertar. Bianchi, pase lo que pase, no subas.
Con un asentimiento el niño subió a la segunda planta, caminó hasta llegar al cuarto de su tutorado y, sin miramientos, abrió la puerta de un patada; enfrente de él estaba un castaño que dormía plácidamente. Oh, pobre, no sabe lo que le espera.
Con unas paletas, de las que usan los médicos para revivir a alguien, se acercó frotándolas entre sí. Oh, al holgazán le iba a pesar el haberse atrevido a engañar a Reborn.
=Reborn no me despiertes, yo lo haré. En serio.=
Segundos después un fuerte alarido medio femenino se escapó de la boca de Yoshi.
—¡Reborn! ¿¡Acaso piensas matarme!?. No me contestes —añadió rápidamente al ver la sonrisa malvada del, en teoría, mayor—, ¿es qué acaso no puedes hacerlo como la gente con escrúpulos?.
—Lo haría, si lo tuviera. Tsuna-inútil —emitió una risa que poseía sorna. Meditó unos micro-segundos sobre la mejor manera para que ese bueno para nada aprendiera la lección—. Mamá te dejo esto —sacó un dulce de limón.
Siendo de su madre de quien hablaban el menor no sospechó, lo tomó y se lo guardó para más tarde.
Pobre alma en desgracia, desconocía que era un caramelo experimental made in Bianchi; sí, no fue de Verde para sorpresa de tutor asesino en su momento.
—Ahora ¡arriba! —demandó disparando por doquier."
Optó por dejar sus recuerdos hasta ahí comprendiendo por qué su visión se puso borrosa, en el sentido que confundía las letras por las más similares. Suspiró al tiempo que enfocaba sus orbes en la mayor.
—Lo que sucede es que me dormí tarde y todavía estoy somnoliento —inventó una excusa con rapidez.
Sanae le sonrió dándole una palmada en el hombro, en señal de que entendía— Ya veo; si necesitas algo, no dudes en llamarme —expresó la rubia marchándose.
Eso estuvo cerca se mencionó mentalmente el conejo castaño.
Cincuenta y nueve minutos después el terror de Namimori, Smoking Bomb, el amo de la espada: Shiguren Kintoki, el extremo boxeador, la chica tímida, la piña andante con tridente y risa perturbadora, y el niño con disfraz de vaca que ama los dulces corrían preocupados, aunque dos fueran lo suficientemente obstinados como para admitirlo, buscando a su jefe. Cuarenta y cinco minutos antes estaban en la secundaria de la ciudad donde viven no obstante al no tener ni rastro de su jefe en aquel lugar lo fueron a buscar, sabiendo que por se él pudo haber sido secuestrado... y un sinfín de cosas que sus mente les mostró en ese momento.
El lugar donde ahora se dirigían era un bodega abandonada que se localizaba a las afueras de Namimori, era inmensa en toda la palabra, tanto que si no llevabas un mapa te perderías. O al menos eso dicen en la ciudad, en fin, el punto es que apunto de cometer una equivocación, ¿cuál?. Pues eso lo descubrirán en breve.
—¡Ya estoy harto! ¡Necesito saber dónde está el Décimo! —vociferó Gokudera, de nuevo, en mode angustiado-nervioso-enojado.
—Vamos, vamos. No te sulfures, que nada conseguimos con eso —lo calmó Takeshi, estando igual que el pelo pulpo platino—. Cálmate y pensemos en algo, ¿vale?.
—¡Yamamoto es extremo! ¡Ideemos un extremo plan para rescatar a Sawada! ¡Al extremo! —ni siquiera en situaciones como estas Sasagawa deja de exclamar, lo que era sorprendente e inoportuno, dependiendo en que situación se hallen.
—No deberían gritar tanto —aconsejó, susurrando, Chrome mirando al suelo.
—Cuando encuentre al omnívoro lo morderé hasta la muerte por causar disturbios en Namimori —manifestó Hibari sacando al sol sus inseparables tonfas.
El típico chillido del hijo de Iemitsu se escuchó desde dentro de la bodega, dando a entender que todo el tiempo ha estado allá.
—¡Tsuna! —Lambo se fue corriendo en aquella dirección, agradecido de hallarlo.
En realidad todos compartían esa emoción.
Al entrar en el lugar...
O eso quisieron ya que el hervíboro, como lo llama Kyou-san, salió de allí... sólo que asustado y corriendo, lo que los preocupó, bueno más de lo que de por sí ya se encontraban.
—¡Sawada! —chilló el hermano mayor de Kyouko-chan.
Lambo, espantado por el volumen que acaraba la voz del Sol Vongola, sacó la Bazuca de los Diez Años.
—¡Décimo —la explosiva Tormenta se encaminó al susodicho—, está bien!.
Lambo cerró los ojos agarrando con sus manos la Bazuca.
—¡Chicos me alegra volver a verlos! —avanzó con los demás el hermano menor de Dino Cavallone.
El bovino apunto al cielo su arma preferida, digo por que la mayoría de las veces la usa, pensando que se señaló.
—Tsunayoshi-kun —Mukuro, en su semblante, mostraba enfado—, nos debes una soberana explicación —apuntó su tridente al rostro del mencionado.
—Es cierto, jefe —le dio la razón Nagi, poniendo una sonrisa en sus facciones, la cual era de alivio.
La vaca que pertenecía a la familia Bovino puso un dedo en el gatillo mientras le aplicaba mucha fuerza, demasiada para lo que requería el arma.
—Vamos, vamos. Gokudera suelta a Tsuna, lo aplastas —dijo Yamamoto al darse cuenta de que el Cielo perdía el color de su rostro.
—¡Lo siento —en menos de lo que canta un gallo Smoking Bomb se apartó de él—, Décimo!.
El, en ocasiones, desesperante Rayo disparó el arma a las nubes provocando que a los quince metros de altura se formará una bola y que se dispersará en dirección a sus amigos. Incluyéndolo.
—Espero que no... —la tuna no llegó a completar la oración.
¿Por qué?.
Porque el rayo les cayó a todos.
Lo que era muy, pero muy, malo. Debido que es la Bazuca de los Diez Años, la que la mayor parte del tiempo causa contratiempos, por ejemplo: el viaje al futuro sumándole la batalla contra Millefiore.
Dos horas transcurrieron y Reborn en conjunto con Bianchi estaban... sin palabras para explicar lo que sentían, ¡¿cómo era posible que eso pasará?! ¡No tenía ni el más mínimo sentido!. Bien que viajarán al futuro, que tuvieran una lucha... ¡pero eso era lo más raro que les había acontecido!; y vaya que han pasado por muchas cosas. Sin embargo, ¡eso no tenía explicación lógica!.
—Repítelo —exigió el Katekyo Hitman fulminando con la mirada al castaño menor.
Fuuta, quien fue el que les informó, se removió en su sitio mega incomodo. Debía de darla, aunque no quisiera volver a expresarlo mas la cara de ira de tutor de la tuna le dijo que o hablaba o hablaba—: Tsuna-nii... y los otros... han... han cambiado de cuerpo —concluyó la frase, pero no dejo de estar intranquilo.
Ahora sí, el de la fedora transformó a su camaleón en pistola y, para no causar un desastre en la casa de Nana, fue a localizar a la persona que sabía que le diría, con exactitud, lo que pasaba.
¿Quién era?
Verde... o Shoichi Irie.
—Quién sea que haya sido el causante sufrirá, y mucho —prometió el Hitman, enrabiado, dando zancadas y espantando a todo ser viviente que no quisiera sufrir una muerte prematura.
Por otro lado, Bianchi y Fuuta, ojeaban a los ocho cuerpos inertes que descansaban en la alfombra; cruzaron miradas.
—¿De verdad cambiaron de cuerpo?.
—Es lo que creo, Bianchi-san.
—Esto no será bueno, para nada —la de pelo largo tomó el aire que necesitaba—. Lo bueno es que mamá se fue de viaje con el jefe de la CEDEF.
Fuuta pensó ¿Cómo le explicaremos esto a I-Pin?
Oh, sí. Estaban en un buen pandemónium.
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Comentarios: Hola, mis queridos lectores; ¡lamento mucho haberme tardado tanto! pero no fue culpa mía, la High School no me dejaba concentrarme en nada más, ¡y en las vacaciones estuve igual de atareada! en el sentido de cuando si voy a estudiar *suspiro* al menos ya les traje las conti, perdón si no es muy larga ¡sin embargo es lo mejor que pude hacer!.
Antes de algo más... ¡a responder reviews!.
anachand7 ¡Gracias por el comentario! Me alegra saber que tiene ese no sé yo, je, je. Whoa, te atrapó bastante, ¡genial! y te agradezco por tenerme paciencia, no es muy sencillo lidiar con tantas cosas. Ja, ja, ja.
Sebastiaxciel ¡Gracias por el comentario! Etto, a tu coment no le entendí mucho [tiene una que otra incoherencia] me esforcé y ¡sé lo que pusiste!; tienes razón Hayato-kun es medio incompetente pero le pone empeño a lo que hace ¡con práctica será el mejor!, Matta-nee.
