Tengo que aclarar que la historia no me pertenece si no que pertenece a Jennie Adams yo solo la ocupo como adaptación de los personajes.
Capítulo 7
—Has vuelto pronto —dijo Emmett sorprendido al salir de su oficina y entrar en la de Rosalie.
—Supongo que llego un poco pronto —dijo Rosalie con una sonrisa—, pero supongo que no tiene sentido tomarme tiempo libre porque sí.
Habían pasado dos semanas desde que Emmett le había hecho la proposición. Once días y más o menos doce horas habían pasado desde que Rosalie se había emborrachado y quedado como una idiota en la isla.
Poco tiempo en comparación con todo el plan en general, y sin embargo parecía como si hubieran pasado muchas cosas. Enfrascarse en el trabajo de la oficina no le había servido de mucho para aliviar la confusión ni la preocupación. En la superficie trataba de mantener una relación profesional, pero el control sólo era superficial. Todos los sentimientos seguían ahí, en ebullición, amenazando con salir a la primera oportunidad.
Emmett también parecía distraído. Más reservado que de costumbre. A veces, cuando sus miradas se cruzaban, se suavizaba. Pero invariablemente, después de eso volvía a poner distancia entre ambos.
Había sido así desde que habían regresado de la isla Esme. Al principio Rosalie pensaba que estaría disgustado por su comportamiento de la noche pasada, pero poco a poco se había dado cuenta de que, aunque ella había quedado como una tonta, los dos habían estado un poco fuera de control ese fin de semana.
Simplemente Emmett había decidido, al igual que ella, que tenía que dar un paso atrás. Conseguir un poco de distancia y de control sobre sí mismo y sobre la situación. El calor seguía latente también en él, pero lo llevaba con cuidado.
Habían salido media docena de veces. A cenar, al teatro. Emmett incluso había conseguido asientos de primera categoría en el Sydney Cricket Ground para un partido entre Australia y los West Indies un sábado. Los dos habían pasado horas gritando y animando a su equipo.
Rosalie se daba cuenta de que no habían sido dos semanas fáciles. La única cosa que Emmett había hecho era presionarla para que comenzara con los preparativos de la boda. Ella odiaba tener que hacerle pensar que estaba preparándola cuando en realidad no lo estaba, pero al menos el tiempo iba pasando. Si Emmett continuaba con sus tácticas de alejamiento, quizá pudieran salir airosos de aquello después de todo.
—Tengo el asunto de la boda bajo control, Emmett. En serio —dijo ella. Más mentiras. Odiaba eso. Él la había elegido porque apreciaba su honestidad—. Si no te importa, preferiría no tomarme más tiempo libre del trabajo por esta razón.
No podría estar escondiéndose en cafeterías para siempre mientras evitaba hacer los preparativos. Incluso con los cheques de restaurante que Emmett le había dado, no podía seguir comiendo tarta de queso. Al final acabaría cansándose de ella, o poniéndose como una vaca. Una de dos.
—Es muy amable por tu parte, pero no es necesario.
—Bien. Admito que te he presionado sin dejarte mucha elección —dijo él—. En mi defensa, he de decir que no sabía que sería tan duro delegar completamente en otra persona, incluso aunque esa persona seas tú. Estoy acostumbrado a tener el control, supongo. No me parece apropiado no saber lo que está pasando.
—Esto no es algo de lo que te pueda dar el control —dijo ella—. Por esa razón, tampoco me controlarás a mí. El matrimonio es una unión, no una absorción. En cualquier caso, ése no es el tema. Sé que sólo tratas de ayudar, y lo aprecio. Pero a lo mejor no aprecio tanto el modo de hacerlo.
—¿Entonces estoy fuera de juego? —preguntó él bromeando. Por alguna razón estaba más relajado que de costumbre, y eso hizo que Rosalie se pusiera nerviosa.
Suspiró. Parecía que cada vez que respiraba, algo ocurría. Como el hecho de que Emmett tratara de ocultar sus deseos de intervenir en los preparativos. A veces incluso parecía vulnerable al respecto. Y ella seguía deseando saltar sobre él y besarlo cada vez que lo miraba.
Por no hablar de formar un hogar con él, una familia y, en general, tener un futuro feliz con él. Eso tampoco ayudaba.
—Bien —dijo Emmett frotándose las manos—. De hecho tengo buenas noticias para ti.
—¿Qué noticias? ¿Se ha cerrado el trabajo de Campbell? La última vez que hablé con John Greaves no tenía mucho que decir al respecto.
De hecho, Greaves se había mostrado evasivo y abrupto. Pero, por la experiencia de Rosalie, aquello era típico. Desde que lo había pillado sellando un trato con un corredor de apuestas, John Greaves se había mostrado desagradable con ella.
El hombre no debía estar tratando sus negocios personales en horas de trabajo, ¿pero quién era Rosalie para acusar a nadie? Por lo que ella sabía, había sido la única vez que había ocurrido, y todo el mundo hacía cosas así alguna vez.
—Algo personal —dijo Emmett—. Tiene que ver con nuestra boda. Algo que estabas esperando. Si me hubiera dado cuenta de que ibas a venir tan pronto, habrías podido dar la noticia tú misma.
Oh, no. Sólo había una noticia que había insistido ella en dar en persona. No podía ser sobre su hermana. Se suponía que Alice no debía regresar hasta dentro de un tiempo. Su hermana debía de seguir fuera del país. ¿Por qué no iba a estarlo?
—Tu hermana ha llamado —dijo Emmett, confirmando lo peor—. Parece que ella y el senador han cambiado sus planes y han regresado pronto.
—Yo diría que muy pronto. ¿Pero por qué?
—Alice ha dicho que las vacaciones no han resultado ser muy relajantes después de todo, y que Jasper ha decidido hacer su propaganda desde casa. Quizá hayan tenido una pelea o algo. No me ha dado detalles.
A Rosalie no le sorprendería algo así. Alice podía ser muy molesta y, aunque Jasper era normalmente muy paciente con ella, quizás se le estuviera acabando la paciencia ahora que ya llevaban casados un tiempo.
Rosalie quería asegurarse de hablar a tiempo con Alice. Si había problemas, quería animar a su hermana a hacer lo posible por solucionarlos.
—Oh, bien. Es agradable que Alice haya vuelto al país.
Trató de parecer satisfecha, cuando en realidad el regreso de su hermana era lo último que deseaba en ese momento. Y al ver la expresión de satisfacción de Emmett, lo supo.
—Se lo has dicho —exclamó ella.
—Cuando se enteró de que no estabas aquí, no quiso esperar. No quería perder la oportunidad.
«Bien. Esto no tiene por qué ser un desastre», pensó ella. «Decirle a Alice que vamos a casarnos no tiene por qué alterar nada. Tenemos un plan. La boda no está prevista hasta dentro de tres meses y medio. Le diré que va a ser un acontecimiento discreto y poco llamativo, que no espere nada por todo lo alto. Ya me ocuparé del resto más tarde».
Sin embargo Emmett se había sobrepasado en sus funciones. Si se hubiera quedado callado, ella habría podido pensar en algo para no decirle a su hermana nada.
—Quería ser yo la que le diera la noticia a Alice. Tú no la conoces, Emmett. No tienes ni idea de cómo…
—¿Reaccionaría ante la noticia? —preguntó él en tono desafiante—. ¿Cómo de unida estás a tu hermana, Rosalie? Las dos veces que ha llamado a la oficina he notado que hay cierta frialdad entre vosotras.
«Sí, porque estoy pagando a su chantajista. Y encima me pregunto si a Alice podría importarle menos, por no hablar de la poca atención que presta a los sacrificios económicos que estoy haciendo», pensó ella.
Alice era su único pariente, pero eso no la hacía perfecta. A veces los sentimientos ambivalentes de Rosalie hacia ella le causaban más pena que la propia actitud de su hermana.
—Es mi hermana —dijo cruzándose de brazos, pero luego se obligó a descruzarlos. No quería ponerse a la defensiva—. Te equivocas en esto, Emmett. Era cosa mía decírselo a Alice, y me fastidia que me hayas quitado la oportunidad.
—¿Incluso aunque eso signifique asegurarnos que la mujer del senador se comporte correctamente con respecto al tema? —preguntó él, y al ver la expresión de Rosalie, añadió—. Oh, sí. Parece que el señor senador pensaba que sería una genial idea difundir nuestros planes de boda en los medios de comunicación. Con ella como la voz cantante, claro.
Rosalie tuvo que contener un gemido. ¿Por qué las cosas tenían que ser tan complicadas? Se sentía como si estuviera cayendo en una trampa. Si no hacía algo drástico, y rápido, la situación iba a acabar en desastre. Podía sentirlo.
Emmett se acercó a su escritorio y se sentó en una esquina.
—Creo que Alice y yo acabamos entendiéndonos al final. Ya sabe la noticia y sabe también que es cosa nuestra difundirla ante el gran público. Se hará público. McCarthy's es demasiado conocida como para que no se sepa. Pero al menos podremos controlar cómo y cuándo.
El pánico amenazaba con sobrepasar a Rosalie. Las cosas iban demasiado deprisa. De hecho se suponía que no tenían que moverse en absoluto. Se suponía que no debía haber ningún cambio ni alteraciones en su plan. Se sentía como si el poco control que tenía le estuviera siendo arrebatado.
—Sí, bueno, pero me hubiera gustado a mí hablar con ella —se dejó caer en la silla y luego se puso en pie de nuevo al darse cuenta de que así estaba demasiado cerca de él. En ese punto, empezar otra vez con el deseo físico habría sido una catástrofe—. Hay un par de asuntos que quería discutir con ella.
—Tendrás mucho tiempo para verla —dijo Emmett balanceando una pierna de un lado a otro, dejando ver su calcetines con formas de pequeños diamantes rojos estampadas en ellos.
Ella se quedó mirando los calcetines y se preguntó cómo diablos un hombre podía tener unos tobillos sexys, y cómo una mujer podría apreciar eso con un par de calcetines así. Pero ella sí podía.
—¿Qué quieres decir?
—Alice y el senador tienen negocios aquí, en Sydney —dijo él con una sonrisa mientras se ponía en pie—. Parece ser que estarán por aquí hasta el fin de semana.
—Oh, bien. Qué agradable —dijo ella dando un paso atrás. No era una retirada. Simplemente quería recoger su bolso. Con un movimiento rápido lo recuperó y lo metió en uno de los cajones del escritorio—. Entonces supongo que quedaré con ella. ¿Ha dejado el nombre de su hotel?
—Están en el Rorriton —dijo Emmett acercándose de nuevo, atrapándola entre el escritorio y la silla—. ¿No crees que sea algo bueno, Rosalie? ¿Que tú hermana esté en la ciudad y que tenga el fin de semana libre?
—Eh, supongo que sí —¿cómo podía esperar que pensara correctamente si la miraba como si quisiera comérsela?
—Nos aprovecharemos de su presencia —dijo él inclinándose hacia delante para darle un beso en la nuca. Era la primera vez que hacía algo así en el trabajo, por eso parecía mucho más potente—. ¿Por qué esperar más cuando los dos nos deseamos? Estamos listos para esto.
—¿Qué estás diciendo? —preguntó ella. De algún modo, sus manos habían encontrado el camino hasta el cuello de Emmett. Él era fuerte, lleno de vitalidad y poder. Con sus dedos reconoció todo eso y quiso más.
Sus sentimientos le decían que siguiera adelante, que disfrutara tocándolo. Y por una vez, iba a dejarse llevar.
—Mientras tu hermana esté aquí, nos casaremos —dijo él cerrando los ojos ligeramente—. Eso es lo que digo.
—Ah, bueno…
Rosalie siguió acariciándole el cuello, absorta por el movimiento de sus músculos, hasta que sus palabras calaron en su cerebro. Entonces retrocedió.
Aquello no era un ligero cambio de planes. Aquello era el desastre total.
—¿Qué? No podemos. Acordamos esperar cuatro meses. Hemos escogido una fecha. Y hay muchas cosas que hacer antes de casarnos.
—Lo sé. Pero te conozco, Rosalie, y a esa mente organizada que tienes. Estoy seguro de que ya lo tienes todo bajo control. Estoy seguro de que podremos conseguir la licencia a tiempo. Si tienes problemas, haré lo que sea necesario. Lo prometo.
—No —dijo ella negando con la cabeza. No podía permitir que la obligara a casarse ese fin de semana—. No lo tengo todo tan preparado como para casarme en dos días. Sería muy injusto por tu parte pedirme eso.
Al ver que no parecía convencido, insistió utilizando todas las armas que se le ocurrieron.
—Creo que me dejaste organizar la boda porque pensaste que me divertiría. Si nos casamos este fin de semana, no habría diversión para mí. Será algo precipitado. ¿Es eso lo que quieres?
—No. Y si hubieras estado planeando algo enorme, comprendería tus preocupaciones. Pero preferiste una ceremonia tranquila y discreta. Supongo que eso es algo que se puede hacer antes de lo que habíamos previsto.
—Alice y Jasper vendrían a la boda en cualquier otro momento —dijo ella comenzando a sonar desesperada—. Si insistes en adelantarlo, por lo menos dame un poco más de tiempo.
Él se cruzó de brazos y levantó la barbilla.
—¿Como cuánto?
—Como dos meses a partir de ahora —de ese modo tendría que apañárselas para terminar de pagar al antiguo jefe de Alice dos semanas antes, pero…
—Para esperar dos meses, esperamos a la fecha original que habíamos previsto.
—Exacto —dijo ella decidida a convencerlo ya que él había sacado el tema.
—¿Son los nervios de antes de la boda? No tienes por qué tener miedo. Te prometo que estaremos bien juntos.
—Me gustaría celebrar la boda al menos dentro de dos meses.
—No puedo estar de acuerdo.
—Entonces un mes —dijo. No sabía cómo podría solucionar el problema del chantajista en tan poco tiempo, pero tendría que intentarlo.
—Lo siento —dijo él negando con la cabeza—. No puede ser.
—No estás dispuesto a ceder ni un ápice, ¿verdad? ¿Incluso aunque me hayas colocado en una situación tan rara?
—Cuando lo pienses mejor, te darás cuenta de que es lo mejor. Míranos. Hemos estado evitándonos en la oficina desde que regresamos de la isla. Los dos hemos estado aguantándonos para que las cosas fueran bien. De este modo la espera acabará. Nos unimos y nuestro entorno de trabajo vuelve a ser normal. Los dos estaremos mejor.
Todo parecía muy inteligente y racional. ¿Qué iba a hacer ella? Por un momento pensó que iba a empezar a hiperventilar.
—¡Tranquila! —dijo Emmett abrazándola—. Parece como si te fueras a desmayar.
—La comida —dijo ella por poner una excusa—. No he comido.
Excepto el trozo de tarta de queso, el café, la nata montada y esa cosa de chocolate que ponían encima de la nata.
—He estado muy ocupada.
—No vuelvas a pasar sin comer. ¿Me has oído? Dime que no estás a dieta para entrar en algún estúpido vestido.
—No estoy a dieta para tratar de ser algo que no soy —dijo ella tocándole la cara, incapaz de resistirse.
—Entonces quiero verte comiendo algo que hayas encargado de la cafetería en diez minutos —dijo él, la soltó y se echó hacia atrás—. Cuando tengas algo de comida en el estómago, discutiremos sobre los planes de boda. Sólo tenemos un par de días, así que tenemos que ponernos a ello.
—Quiero hablar con Alice —dijo Rosalie. Necesitaba un plan. Un plan que le evitara casarse con ese hombre en dos días—. Creo que al final sí que me tomaré el resto de esa hora libre para comer.
—Bien. Vete a ver a tu hermana. Date tiempo para aceptar la idea de la boda. Cuando lo hagas, te sentirás mejor. Te lo prometo.
—¿Eso crees?
No podían casarse. Eso era todo. Él querría compartir la cama, pero no su corazón. Y ella estaría muñéndose por dentro. No podría vivir así, con un vacío de afecto en su interior.
—Enhorabuena por tu futura boda —Alice estaba tumbada en la cama cuando Rosalie entró a la suite del hotel Rorriton. Entonces se incorporó—. Me quedé muy sorprendida cuando Emmett me lo dijo.
Parecía pálida y agotada, pero tomó una bolsa que había en una esquina y se la entregó a Rosalie.
—Es para ti, de Francia. Una marca muy exclusiva, y me ha costado una fortuna. Pero cuando lo vi supe que era para ti.
—Oh, Alice —Rosalie sacó el bolso de seda de su envoltorio y sacudió la cabeza. Era un detalle por parte de su hermana, pero ese tipo de cosas tan extravagantes que hacía eran el motivo de que estuvieran metidas en ese lío.
—¿Te gusta?—preguntó Alice.
Rosalie miró a su hermana pequeña y trató de ponerse firme. Dejó el bolso en la cama y dijo algo que no recordaba haberle dicho jamás a Alice.
—Tengo problemas.
Alice comenzó a reírse, pero luego se detuvo.
—¿Lo dices en serio?
—Sí —dijo Rosalie, y comenzó dar vueltas por la habitación—. Hace dos semanas, sin previo aviso, mi jefe me hizo una propuesta. Un matrimonio sin sentimientos o volvía a mi antiguo trabajo. Cuando me di cuenta de que hablaba en serio, tuve que decir que me casaría con él, para ganar tiempo para ahorrar el dinero y hacer el último pago del chantaje. Fue por ti, Alice. Tuve que hacerlo por ti. Le dije que tendríamos que mantenerlo en secreto y esperar cuatro meses para casarnos, hasta que tú regresaras de tu viaje. Planeaba hacer el pago y luego echarme atrás con la boda.
—No tenía ni idea —dijo Alice con la boca abierta—. Pensé que os habríais enamorado.
—¿Amor? —dijo Rosalie riéndose—. No. No es amor… pero Emmett está decidido a casarse cuanto antes ahora que ya has regresado y te ha dado la noticia. Está convencido de que la boda será este sábado.
—Oh, dios, Rosalie —dijo Alice—. ¿Qué vas a hacer?
—Yo no, Alice. Tú —dijo Rosalie. Ella ya había hecho muchas cosas para ayudar a su hermana. Ahora era su turno—. Tienes que conseguir el resto del dinero del chantaje. Ya. Así James quedará satisfecho y yo podré anular la boda.
Imaginar cuál sería la reacción de Emmett le hacía sentir nauseas. Y la idea de no verlo nunca más la ponía enferma.
—Entregaré mi dimisión. Buscaré otro trabajo, comenzaré de cero —añadió—. Al menos habrá acabado.
—Oh, Rosalie —dijo Alice haciéndose un ovillo sobre la cama—. Yo te he hecho esto. Yo fui la que se metió en problemas y luego fue corriendo a pedirte ayuda. Todo es por mi culpa. Lo siento.
Rosalie observó la cara de su hermana y se dio cuenta de que estaba realmente arrepentida. Cuando Alice se incorporó con los brazos extendidos, Rosalie se acercó y la abrazó. Era el primer abrazo que compartían en mucho tiempo, y pudo sentir a su hermana temblando antes de separarse.
Le dijo a Alice cuánto dinero necesitaba aún.
—Te daré cada centavo de mi pensión —dijo su hermana—, pero sólo tengo ochocientos dólares.
¿Ochocientos dólares? ¿Eso era todo? Rosalie negó con la cabeza.
—Tendrás que decirle a Jasper la verdad. Y hacer que te dé el resto. Sé que no querías que se enterara, pero ya no hay vuelta atrás. Siempre pensé que debías habérselo dicho desde el principio.
En ese punto Alice se desmoronó completamente, sollozando como si se le fuese a romper el corazón.
—No puedo —susurró—. Oh, Rosalie. Lo he liado todo.
—¿Qué quieres decir?
—Jasper y yo… —Alice tomó un pañuelo de la caja que había junto a la cama y se secó los ojos—. Nuestro matrimonio no anda muy bien últimamente. Hemos intentando tener un bebé durante meses. Y ahora, finalmente estoy embarazada. Pero cuando nos fuimos de viaje me sentí tan desgraciada con ello que supongo que me consolé más de la cuenta en las tiendas. Jasper se puso furioso por la enorme cantidad de dinero que estaba gastando.
—Oh, Alice, no —dijo Rosalie. Ni siquiera quería oír el resto.
—Sí. Eso es lo que ocurrió. Ha dicho que desde ahora va a vigilar cada centavo hasta que se asegure de que puedo ser responsable. Eso llevó a otras cosas y acabamos discutiendo de tal manera que decidió poner fin al viaje. Sólo hemos parado aquí, en Sydney, porque él tenía que hacer unos negocios, y yo apenas lo he visto desde que llegamos. No me había dado cuenta de lo mucho que lo quiero. Lo mucho que deseo tener este hijo con él y ser felices juntos.
—Lo comprendo, Alice, pero…
—Si le cuento lo del chantaje ahora, o le pido más dinero, me dejará. Lo sé —dijo, y tomó otro pañuelo para empezar a rasgarlo nerviosamente con las uñas—. Sé que al final tendré que decirle la verdad. Ahora me doy cuenta de que estuvo mal engañarlo. Pero primero necesito una oportunidad para ponerme a prueba ante él.
—Pero tú eras mi única oportunidad —dijo Rosalie sintiendo que su mundo se le echaba encima. Sabía que se había quedado sin opciones.
—Podría intentar vender algunas de mis joyas y mis vestidos —dijo Alice—. O conseguir un trabajo y darte parte del dinero.
—Jasper se daría cuenta si empezaran a desaparecer cosas. Y si tú consiguieras un trabajo, querría saber a dónde iba todo el dinero. Pero gracias por la oferta.
Su hermana al menos se estaba redimiendo. Rosalie estaba segura de eso. Pero necesitaría toda su fuerza para poder seguir adelante con la boda.
Parecía como si una tormenta se cerniera sobre ella y no tuviera adonde ir. Además, y aunque sus circunstancias eran diferentes, ella tampoco podía contarle a Emmett la verdad.
Rosalie tenía que seguir adelante con la boda. Tenía que seguir mintiendo a Emmett hasta que hubiera terminado de pagar el chantaje. Y luego tendría que huir.
Se sentía esperanzada con el futuro de su hermana. Pero con respecto a ella misma, jamás se había sentido tan desamparada, confusa y desolada. La única cosa que le quedaba para controlar el daño, para proteger su corazón de más dolor, era asegurarse de que ella y Emmett nunca hicieran el amor.
Se que hace mucho que no actualizo así que voy a subir muy seguido para así continuar con un proyecto mio que realmente me gustaría que leyeran y me siguieran.
Un beso y un abrazo a todas por sus Reviews c:
