Capítulo 13
Emmett había colocado seguridad en la puerta de la habitación de Rosalie en el hospital. Incluso después de cómo la había dejado, seguía pensando en ella.
Rosalie estaba totalmente avergonzada. Cuando le había dicho la noche pasada que la amaba, la culpa y el remordimiento se habían acumulado en su garganta de tal forma que no había sido capaz de responder. Oh, Dios, la felicidad de saber que la amaba. Y la agonía de saber que ella lo había arruinado todo.
Tomó aliento, bajó del taxi y comenzó a caminar hacia la casa. Emmett no estaría esperándola, lo sabía, pero había descansado tan poco aquella noche en el hospital, que había firmado ella misma su baja a primera hora de la mañana. Le había dicho al guardia de seguridad que su marido había enviado un taxi a buscarla. Y ahora estaba decidida a hacer todo lo posible para dejar las cosas claras.
Emmett merecía oír la verdad, aunque la odiaría en cuanto se lo dijera.
«Se lo explicaré de manera calmada y concisa. No me pondré emotiva. Simplemente me aferraré a los hechos y terminaré con ello tan rápido como pueda».
Pero le dolía mucho la cabeza.
Su discurso interior se detuvo de golpe cuando vio que se abría la puerta principal. Emmett apareció en el marco. Estaba furioso. Ella no esperaba eso. Al menos tan pronto.
—Lo siento. Sé que tengo que explicar que… —de pronto se sentía incapaz de hablar. Se giró para ver si el taxi seguía allí para que pudiera volver a montar y marcharse.
—No tan deprisa —dijo Emmett Colocando un brazo a su alrededor.
Todo el estrés de los días y los meses pasados pareció juntarse de golpe en un enorme bulto en su interior. Quería apoyar la cabeza sobre su pecho y dar rienda suelta a sus emociones. Pero eso no arreglaría nada.
—Vamos dentro, Rosalie —dijo él conduciéndola del brazo hacia el interior—. Creo que podremos tener algo de privacidad.
—Por supuesto. Lo siento.
—Arriba. Hablaremos en la sala de estar.
—Como quieras —dijo ella. Parecía que no iba a ofrecerle un té o un café. Pero al fin y al cabo no se trataba de una visita social. Iba a ser el final de un matrimonio que nunca tendría que haber comenzado.
Cuando llegaron a la sala de estar, Emmett señaló hacia el sofá.
—Ponte cómoda. Parece que vayas a desmayarte.
Rosalie se obligó a sentarse y, en realidad, agradeció la posibilidad de poder descansar un rato las piernas y poder apoyar la cabeza en el respaldo.
—Has firmado tu baja en el hospital sin permitir que el doctor te examinara primero.
—¿Cómo lo sabes?
—Seguridad contactó conmigo en cuanto dejaste el edificio. Además han seguido tu taxi hasta aquí. Pensabas que no haría nada después de lo que ocurrió ayer, ¿verdad?
—Las enfermeras me han vigilado durante toda la noche y estoy bien —cuando vio que eso no parecía complacerlo, levantó las manos a modo de súplica—. Tenía que hablar contigo, Emmett. Te debo eso.
—¿Por una declaración de amor que no querías escuchar? —dijo él con amargura—. No te preocupes. No te pondré en una situación en la que tengas que fingir que sientes algo por mí. Ayer dejaste suficientemente claro que no.
Oh, no. Ella ni siquiera había pensado en cómo habría interpretado él su silencio. No podía soportar que creyese eso.
—No es eso. Yo…
—Seguiremos como antes —dijo él apretando la mandíbula—. No te pediré nada que tú no te sientas capaz de darme, pero al menos espero fidelidad. Quiero un pleno compromiso por tu parte conmigo y con nuestro hijo. Por su bien, al menos podemos fingir que estamos unidos. No toleraré hacer vidas separadas, ni en el dormitorio ni en ningún otro sitio, pero no te culpo por esto. Era yo el que quería un matrimonio frío y calculador. Fui un tonto.
—La culpa es mía, Emmett —dijo ella incorporándose hacia delante, olvidando el dolor de cabeza por la urgencia de contarlo todo—. Ha sido mi culpa desde el principio.
—No tienes que culparte por no ser capaz de amarme.
Aquello era demasiado para ella y se puso en pie de un salto.
—Pero sí que te quiero —exclamó incapaz de callárselo por más tiempo. Su corazón no se lo permitía. No cuando Emmett necesitaba escuchar eso. No sería suficiente, pero era todo lo que tenía que darle—. Ése es todo el problema. Te he querido desde el principio.
Justo en el momento en que comenzaba a marearse y se daba cuenta de que no debería haberse levantado tan rápido, Emmett la agarró.
Pero sería un desastre dejar que la abrazara en ese momento.
—No. No me toques. Tengo que terminar de decir esto. Tienes que escucharme. Luego me marcharé, te lo prometo.
—Sea lo que sea lo que tengas que decir, Rosalie, no querré que te vayas. No ahora que me has dicho que me quieres —dijo él, sacudió la cabeza y dio un paso atrás, permitiéndole a Rosalie que se volviera a sentar.
—Dudo que pienses así cuando haya terminado —dijo ella sintiendo cómo las palabras le quemaban en la garganta—. Cuando tuve la oportunidad de empezar a trabajar como ayudante tuya, fue como la respuesta a mis plegarias. Necesitaba el dinero extra desesperadamente. No esperaba enamorarme.
Emmett levantó las cejas. Ella decidió creer que era por la última parte de la frase y sonrió. Con toda la ansiedad y el dolor, y ni siquiera él se había dado cuenta.
—Puede que no te lo creas, pero me enamoré de ti muy deprisa. Cuando me pediste que me casara contigo, yo ya estaba a medio camino. No me costó mucho enamorarme del todo, aunque traté de evitarlo.
—Yo también te quiero, Rosalie, te lo prometo.
Su corazón dio un vuelco, pero ella negó con la cabeza. Absurda esperanza. No podía seguir alimentándola por más tiempo.
—Eso dices ahora, pero no sabes lo que te he hecho.
—¿Qué es eso tan terrible? —preguntó él cruzando las piernas—. Espero que no se trate de ese préstamo. Ya lo sé. Supuse que tendrías algunas deudas. Lo devolveré y asunto resuelto.
—Creo que será mejor que empiece por el principio. Accedí a casarme contigo pero en realidad nunca tuve la intención de seguir adelante con el plan —cuando él se dispuso a hablar, ella lo interrumpió—. Por favor, deja que termine antes de que pierda las fuerzas.
—De acuerdo.
—Fingí que iba a casarme contigo para seguir siendo tu ayudante por más tiempo.
—En otras palabras, me mentiste, ¿no?
Se merecía la acusación, pero escucharla de sus labios era aun peor.
—Sí, te mentí. Dejé que pensaras que quería casarme cuando lo que en realidad quería era ahorrar el suficiente dinero para mis necesidades.
—¿Qué planeabas hacer cuando consumieras el dinero? ¿Por qué no aferrarte a alguno de mis fondos cuando nos hubiésemos casado? Deberías haber sabido que yo te lo daría.
—Trataba de ser honrada —qué estúpido sonaba eso ahora. Totalmente ridículo decir a la cara el modo en que lo habría tratado. Dentro, su corazón le pedía que al menos intentara comprenderla un poco—. No podía permitirme perder mi trabajo y tú me amenazabas con mandarme a mi antiguo empleo si no me casaba contigo.
—Yo no… —Emmett se detuvo y se frotó la frente con los dedos—. Supongo que es cierto. ¿Pero por qué necesitabas el dinero tanto? ¿Para qué era?
—Para proteger a Alice. Ella se lo había robado a su jefe, él lo descubrió y la chantajeó. O le pagaba lo que le debía y más, o la mandaría a la cárcel por malversación. Eso la habría destrozado y habría arruinado la carrera de Jasper.
—Así que Alice fue corriendo a pedirte ayuda. ¿Nunca te han entrado ganas de estrangular a esa hermana tuya?
—Bastante frecuentemente —era la primera vez que Rosalie sonreía desde que había llegado—. Pero quiero a Alice. No podría soportar la idea de que acabara en prisión, y además ella está intentando mejorar ahora, Emmett. De verdad.
—¿Ésa era la razón por la que pediste el préstamo? ¿Para pagar al chantajista? ¿Era el mismo hombre que te atacó en el aparcamiento?
—Sí. Hice lo que pensaba que era el último pago, pero entonces me dijo que tenía que pagarle otros setecientos cincuenta mil.
Se estremeció al recordar la mirada de James aquel día. Había puesto la vida de Emmett en peligro y luego la suya y la de su bebé. ¿Cómo había pensado que podría protegerse de un tipo así? Debería haber reconocido el peligro entonces y haberle dicho a Emmett la verdad, y afrontar las consecuencias. No dejar que las cosas llegaran a ese extremo.
—Me dio tres días para darle el primer diez por ciento. Yo no pude. Pagué a un indigente para que le diera el mensaje a James, diciendo que necesitaba más tiempo y que pagaría en cantidades menores. Pensé que estaría de acuerdo. Me equivocaba.
Emmett permanecía impasible, pero Rosalie se obligó a continuar.
—Amenazó con hacerte daño a ti si no le pagaba. No podía ir a la policía. Eso habría delatado a Alice y tú te habrías dado cuenta de que había estado engañándote y me alejarías de tu vida, y así yo no podría vigilarte. Lo único que podía hacer era asegurarme de que yo estuviera allí para protegerte.
—Podías habérmelo dicho —dijo él desde su asiento—. Dios, Rosalie. Yo te habría protegido.
—¿Incluso después de que te hubiera mentido desde el principio? Habrías puesto fin a este matrimonio y entonces no habría habido nadie que cuidara de ti. Yo te observaba todo el tiempo, preocupándome, y esperaba que, cuando me reuniera con James, estuviera de acuerdo con mis condiciones. Le pagué diez mil dólares y traté de razonar con él, pero estaba furioso. Lanzó más amenazas. Me dijo que tenía que conseguir el resto del dinero. Sólo me dio unos días para conseguirlo. Estaba desesperada. No sabía lo que iba a hacer. Entonces me di cuenta de que no me venía la regla y supe que estaba embarazada. Todo eso ha ocurrido. Y no puedo creer que fuera todo ayer. Antes de que tuviera tiempo de asimilar la noticia, James trató de secuestrarme. Había decidido hacerte pagar un rescate en vez de conseguir el dinero a través de mí.
—Lo mataré —dijo Emmett apretando los dientes.
Ella se mordió el labio.
Emmett entornó los ojos.
—Hay más, ¿verdad?
—Dijo que después iba a matarme.
—Irá a la cárcel por eso —dijo él furioso, pero volvió a sentarse—. Tengo poder, Rosalie. Podrá decirle a la policía lo que quiera, pero me aseguraré de que la historia de Alice nunca salga a la luz. James pagará por lo que nos ha hecho. No pagaremos nada más. Cuando pienso en lo que podría haberte ocurrido… Te quiero, Rosalie. No quiero volver a verte en peligro nunca más.
—No puedes seguir queriéndome. Me casé contigo con falsos motivos. Te debo todo el dinero que gastamos en la ceremonia. Y me has comprado un coche que tendré que vender. Y pedí un préstamo a tu nombre. Trataré de devolverlo de algún modo. He puesto tu vida en peligro, y la del bebé.
Las lágrimas amenazaban con salir una vez más, y tuvo que parpadear para mantenerlas a raya. Más tarde podría derrumbarse y llorar hasta que no le quedara nada, pero todavía no.
—Si me hubiera aferrado a mis convicciones y al menos no me hubiera acostado contigo, no estaría embarazada. Pero yo no puedo lamentarlo. Quiero tener tu bebé. Al menos tendré algo que darte. Y prometo que nunca volveré a molestarte mientras pueda quedarme con los recuerdos.
—No me has escuchado, ¿verdad? —dijo Emmett mientras se ponía en pie y levantaba a Rosalie hasta que sus cuerpos estuvieron unidos—. Has dicho que me quieres. ¿Era cierto o es que tratabas de suavizar todo lo demás?
—Es verdad —dijo ella mirando su pecho, incapaz de mirarlo a los ojos—. Es cierto. Te quiero, y he tenido la oportunidad de casarme contigo. Estoy agradecida por eso.
—¿Y pretendes rendirte y alejarte de todo lo que eres capaz de tener?
Ella levantó la mirada entonces y dijo:
—No se trata de un problema relacionado con los sistemas de seguridad que hay que solucionar para llegar a una situación adecuada. No puedo arreglar esto, Emmett. Lo he liado todo, y ya no hay nada que pueda hacer excepto decir que lo siento y pedirte que me perdones, si es que puedes.
—No sé qué deseo más. Llevarte a la habitación y hacerte el amor lentamente o darte azotes en el culo hasta que entres en razón.
—¿Qué quieres decir? —preguntó ella, sintiendo cómo el corazón se le aceleraba al mirarlo a los ojos—. ¿Por qué ibas a querer hacer el amor después de todo lo que he confesado?
—Te lo repito, Rosalie. Te quiero. Quiero que hoy sea un comienzo, no un final. Si hay algo que perdonar, considéralo perdonado.
Aquellas palabras fueron lo que más deseaba oír. ¿Era posible? ¿Realmente podía amarla después de todo lo que había ocurrido?
—He sido muy injusta contigo.
—Yo también he sido injusto contigo pidiéndote que te casaras conmigo sin amor. ¿Te casarás conmigo de verdad? ¿Vivirás conmigo y me querrás como yo te quiero?
—Emmett, sí. Si lo dices de verdad. No hay nada en el mundo que desee más que pasar el resto de mi vida contigo.
—Entonces acércate —dijo él con voz profunda y los ojos brillantes por la emoción—. Quiero abrazar a mi mujer y a mi hijo.
—Y yo… nosotros queremos que nos abraces —ella se echó en sus brazos—. No te merezco. No me merezco esto. Pero voy a tomarlo de todas formas. Te quiero demasiado como para marcharme, a no ser que me digas que lo haga.
—Eso nunca ocurrirá. Y no quiero volverte a escuchar decir que no me mereces. Los dos nos hemos utilizado mutuamente, de maneras diferentes. Ahora el pasado es el pasado, y está olvidado. De ahora en adelante nos centraremos en el presente y en el futuro —concluyó, y la besó.
Rosalie recibió su ansia con igual deseo y se rindió ante el amor que sentía por ese hombre que le había robado el corazón.
Cuando Emmett levantó la cabeza, la miró con ternura y su corazón volvió a derretirse una vez más. Levantó una mano temblorosa para tocar su cara, para disfrutar de su tacto y de la textura de su piel.
—Quiero hacer el amor contigo —dijo él tras darle un beso en la palma.
—Entonces vamos a la cama.
Lo tomó de la mano y lo llevó hacia el dormitorio. Se dio cuenta de que ya era el dormitorio de los dos, por el resto de sus vidas en común. La idea trajo consigo una gran emoción, y con ella una intensa necesidad de amarlo de todas las maneras posibles.
En la puerta del dormitorio Emmett se detuvo.
—Esto es egoísta por mi parte. Acabas de salir del hospital, y hay un bebé del que ocuparse.
—El bebé está a salvo, y seguro que está de acuerdo con lo que sus padres están a punto de hacer —dijo ella llevándole las manos a su corazón—. En cuanto al resto, puede que no esté al cien por cien, pero espero que seas tierno conmigo. Y estoy casi segura de que me moriré si no vuelves a hacerme tuya ahora mismo.
Emmett la tumbó en la cama y le quitó la ropa lentamente, hasta que estuvo desnuda. La miró de arriba abajo, deleitándose.
—Nunca había visto nada tan maravilloso ni tan perfecto.
—Entonces ven a mí —dijo ella estirando los brazos—. Deja que te abrace para comprobar por mí misma que nunca tendré que dejarte marchar.
Él se quitó la ropa y se tumbó a su lado, procediendo a adorar su cuerpo hasta que llegó un momento en que no supo dónde acababa ella y dónde empezaba él. Cuando alcanzaron el máximo placer, ella gritó su nombre y se agitó en sus brazos. Él gritó con ella.
Rosalie se quedó dormida y, cuando se despertó, Emmett estaba sentado al borde de la cama, observándola.
—Vamos al balcón.
Él preparó té y los dos se sentaron junto al jacuzzi.
—Mientras dormías —dijo Emmett de pronto—, recibí una llamada.
—¿Era James? ¿Estaba lanzando más amenazas?
—No, no era James. Pero se trataba de él. La policía lo ha atrapado a este lado de la frontera de Queensland. Parece que se había dado cuenta de que estaba en apuros y estaba intentando escapar.
—¿Así que está detenido?
—Sí —dijo Emmett dándole la mano—. Resulta que tú no eres la única a la que ha estado chantajeando. Hay tantas pruebas contra él, que irá a la cárcel por un largo periodo de tiempo.
—Oh, gracias a Dios —dijo Rosalie, y no supo bien cómo, pero de pronto estaba de pie en brazos de Emmett. Presionó la cara contra su pecho, reconfortada por el latido de su corazón—. Quiero sentir pena por él, pero me siento más tranquila ahora que sé que lo han atrapado. Creo que nunca me daré cuenta de lo verdaderamente malo que era.
Emmett le acarició el pelo y le dio un beso en la cabeza. Luego se apartó para mirarla a los ojos.
—Habrá que decírselo a Alice y a Jasper, pero eso te lo dejo a ti. Me doy cuenta de que Alice aún tiene que contárselo a su marido. De momento quiero que tú y yo nos concentremos en nosotros. Tenemos muchas cosas que hacer para poner al día este matrimonio.
—¿Ah, sí? A mí me parece como si este matrimonio acabara de empezar. Te quiero, Emmett McCarthy, con todo mi corazón. Me encanta ser tu esposa y tener tu bebé.
—Aún hay algo que tenemos que hacer —dijo él—. Algo que llevo queriendo hacer desde que te traje aquí la primera vez.
—¿Qué es? Haré lo que quieras. Lo que te haga feliz.
—¿De verdad? —preguntó él, y fingió considerar la oferta, pero enseguida desvió la mirada hacia el jacuzzi—. Ya lo intenté una vez cuando hablaba de hacerte mi esclava. Es muy simple, Rosalie. Quiero iniciarte en los placeres de bañarnos juntos en el balcón.
—¿Sólo bañarnos? ¿Es eso lo mejor que puedes ofrecer?
Él le tomó la mano y la condujo hasta el jacuzzi.
—Oh, creo que lograré hacerlo un poco más interesante para mí querida esposa.
—Yo debería pensar en eso también —dijo abrazándolo con fuerza—. Te quiero, Emmett.
—Yo también te quiero, mi adorada señorita. Deja que te muestre cuánto.
...
¿Que tal estuvo?
Gracias por sus reviews me hacen super feliz :D
Este es el ultimo capitulo y el epilogo lo subiré durante el día así que atentas.
Espero que les haya gustado y dejen sus reviews :3
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