DOLOR

Por Saori-Luna


Parte II. Reprimiendo

-Puedes dormir aquí Regina, por favor llámame si necesitas cualquier cosa.

-Muchas gracias Snow- dijo la joven dama- Por todo- sus ojos brillando intensamente, mientras tomaba la mano de la princesa- me alegra que nos encontremos de nuevo.

-¿De nuevo?

-Sí, jamás pensé que volveríamos a vernos después que abandoné a tu padre en el altar, y has sido maravillosamente amable conmigo, me alegra haber encontrado una cara conocida en este extraño reino. Te has convertido en una maravillosa mujer.

Las palabras de Regina dejaron a Snow sin habla. Las lágrimas se formaron rápidamente en sus ojos, y sólo atinó a darle un abrazo.

-Gracias Regina, me alegra tenerte de regreso.

AL entrar al comedor, Snow sintió como rápidamente todas las miradas se posaban en ella. Limpiándose una lágrima se acercó a su esposo y tomó su mano, sin saber bien por dónde comenzar.

-¿Y bien?- le preguntó su hija.

-Ella sí es Regina.

-Pero…- dijo Charming

-Es diferente… parece pensar que ella y mi padre nunca se casaron.

-Momento, si ella y el abuelo nunca se casaron, eso quiere decir…

-Que la Reina Malvada nunca existió- completó Hook.

-Parece que lo de Daniel tampoco pasó- comenzó Snow- ella no me odia, dijo que estaba feliz de verme- lágrimas cayendo nuevamente.

David apretó la mano de su esposa, limpiando con la otra las lágrimas de su mejilla.

-Tendremos que hablar con Robin en la mañana, él estaba con ella- dijo él.

-Eso no puede ser bueno, no sabemos qué pudo haber generado esto- dijo Emma- ahora la pregunta es, ¿cómo se lo diremos a Henry?

-¿Cómo me dirán qué?

Los cuatro adultos se sobresaltaron en sus asientos, ninguno había oído llegar al muchacho. Rápidamente Emma se acercó al chico y tomó su mano.

-Es sobre tu madre, Henry.

-¿Qué sucedió? ¿Está bien?- dijo el chico, la preocupación reflejada en su mirada.

-Está bien, es sólo que está… diferente- dijo Emma, teniendo algo de dificultad para encontrar las palabras correctas- no sabemos qué sucedió, pero parece tener amnesia.

-¿No recuerda nada? ¿Dónde está?

-Al parecer sólo recuerda cosas de su juventud- dijo Snow, acercándose a su nieto- en estos momentos está durmiendo en la habitación de Emma.

Al escuchar a su abuela, esa chispa de esperanza y cariño en su voz, Henry se sintió más tranquilo, aunque no por eso menos confundido. ¿Era ahora su madre quien no iba a poder recordarlo?

-Bueno, creo que es suficiente por hoy, Regina está dormida, y nosotros deberíamos hacer lo mismo- dijo David- Henry, es mejor que te quedes con tu madre en la casa de Regina, nos veremos mañana para desayunar en Granny's.

Todos asintieron, retirándose a sus respectivos lugares. Sería mejor pasar una buena noche, el día de mañana iba a ser complicado.

Sin embargo, Regina parecía hacerlo todo más fácil. No dejaba de sonreír a Snow, y jugar con el pequeño Neal. Se mostró encantada con David, e incluso aceptó la idea de que en este nuevo mundo había alguien muy parecida a ella, y que probablemente la confundirían.

-Bueno, he escuchado que todos tenemos un gemelo en algún lugar, sólo espero que ella sea la malvada- dijo, riendo genuinamente, sin darse cuenta de la sonrisa de circunstancias que habían puesto los Charming.

Emma y Henry se les unieron al llegar a Granny's, los ojos del chico abriéndose enormemente al ver a su madre con su largo cabello suelto y un vestido rojo que él juraba pertenecía a su abuela.

-Es un placer conocerla, señorita Regina, mi abuela me ha hablado mucho de usted.

-Oh, espero que buenas cosas- dijo Regina con una sonrisa- ¿a quién engaño? Tu abuela no podría decir nada malo de nadie aún si quisiera.

Henry le sonrió de regreso, feliz de ver a su madre como nunca lo había hecho, tranquila, contenta. Tal vez esta amnesia no era del todo mala.

Los 6 entraron al restaurante. Una sola mirada de Snow y Emma siendo suficiente para acallar a los presentes, quienes tras unos segundos de asombro regresaron a sus desayunos.

-Y bien- dijo Regina- ¿Qué desayunan acá?

-Oh, te encantarán los pancakes- contestó Snow.

10 minutos después fue evidente que así era.

-¡Están deliciosos! ¡Qué buena comida tienen en este reino!

-Y son mejores con salsa de chocolate, como la que tienen en esa mesa- dijo Henry.

Parecía algo inofensivo. Henry simplemente había señalado la salsa, sin fijarse en sus ocupantes, y Regina simplemente se había levantado para alcanzarla. Entonces Emma había notado el largo cabello rizado de la joven sentada allí y se había levantado rápidamente para detenerla, pero no había sido lo suficientemente rápida.

-Discúlpame, buenos días, ¿me podrían permitir la salsa de chocolate?

Marian abrió la boca sorprendida, tratando de encontrar su voz, pensando no precisamente en una amable respuesta. ¿Cómo se atrevía esa mujer a presentarse como si nada en su mesa? ¡Luciendo así! ¿Qué pretendía?

Robin también la observaba boquiabierto, reparando nuevamente en el largo cabello, y en el brillo de sus ojos, pero sus reflejos le hicieron actuar rápidamente, presintiendo que su esposa no iba a durar mucho tiempo en estallar.

-Aquí tienes.

Regina le miró atentamente, era el hombre que estaba ayer con ella, sus ojos reparando en el tatuaje en su antebrazo. A su lado, una joven aparentemente molesta, y un adorable niño que le hacía señas. Su familia, pensó, sintiendo una puntada en el corazón.

-Muchas gracias. Un placer volver a verles. Con permiso.

Regina le sonrió a Emma al encontrarla justo a su lado y se dirigió de regreso a su mesa. Ignorando el tono de fastidio que percibía en la voz de la joven morena.

-Aquí tienes Henry.

-Muchas gracias ma… Regina.

-Vamos a probarlos entonces.

Regina le sonrió al joven. Realmente le caía muy bien. ¿Cómo no hacerlo si era nieto de Snow? Este nuevo reino era algo confuso, pero se alegraba de haber encontrado a la princesa y que no hubieran rencores entre ellas. Una pequeña puntada en su cabeza le hizo fruncir el ceño.

-¿Todo está bien Regina?- preguntó Snow.

-Sí, es sólo un pequeño dolor de cabeza.

La princesa le sonrió comprensivamente mientras veía como su hija regresaba a la mesa.

-¿Todo bien con nuestros amigos, Emma?

-Sí, Robin se reunirá con nosotros más tarde en la comisaría.

En ese momento los Hood pasaron a su lado, Roland feliz en los brazos de su padre, mientras Marian se quedaba en un segundo plano, permitiéndole dedicarle a Regina una mirada de resentimiento puro.

-¿Los conocen hace mucho?- preguntó ella.

-Bueno, no demasiado- dijo David- pero son buenas personas.

-La esposa no parece muy feliz. Es una lástima, con un hijo tan hermoso- opinó Regina.

Un silencio incómodo llenó la mesa, todos con la atención puesta súbitamente en los pancakes.

-¿Y qué quieres hacer hoy Regina? Yo estaré ocupada con el bebé, pero si quieres salir, alguien te podría acompañar.

-Si quieres podríamos ir al parque- dijo Henry.

-Eso estaría bien- le contestó ella, sonriente.

-David y yo iremos a la comisaría, y nos reuniremos para el almuerzo.

-Suena como un plan- contestó Snow sonriente.

Cuando Emma y David llegaron a la comisaría se encontraron a un evidentemente nervioso Robin esperándolos.

-¿Qué es lo que sucede?- preguntó angustiado el Príncipe de los Ladrones.

-Esperábamos que nos ayudaras un poco con eso, Robin- le respondió Charming.

-¿Qué sucedió anoche?- le preguntó Emma.

-No lo sé, yo sólo quería que habláramos, y entonces algo explotó, y luego, ella ya no era ella… pero sí es ella, ¿verdad?

Emma respiró profundamente, mirando a su padre y pidiéndole su ayuda.

-Es difícil de explicar, parece ser una clase de amnesia, ella si es Regina, pero al parecer no recuerda nada desde su adolescencia. Sólo logró reconocer a Snow, y afirma que no se casó con el rey Leopold.

Robin enarcó una ceja al escuchar el nombre del rey. Realmente había llegado a sentir aún más fastidio por el hombre.

-Esperábamos que supieras algo más, Robin, pero creo que tendremos que buscar a Gold, es el único que nos puede ayudar.

El antiguo ladrón asintió, y sintiendo que no había nada más que pudiera hacer se levantó de su silla y se dirigió a la puerta.

-Por favor, manténganme informado.

David asintió, comprendiendo la confusión de Robin, después de todo él ya había pasado por eso.

El aire se sentía un poco más fresco que de costumbre, pensó Robin, mientras caminaba en dirección a su casa en el bosque. Entonces, escuchó un maravilloso sonido, uno que no había pensado que volvería a escuchar. Era Regina, y estaba riendo. Desde la esquina podía ver como Henry estaba balanceándola, cada vez más alto, y se veían muy felices incluso teniendo en cuenta que Regina no sabía que ese era su hijo.

-Detente Henry, detente, necesito tomar aire- dijo Regina, bajándose del columpio- tengo mucha sed.

-Te traeré algo- dijo el joven, corriendo al sitio más cercano.

Robin tomo esta señal como la indicación perfecta para acercarse. Necesitaba comprobar de primera mano que ella estaba bien.

-Buenos días, miladi.

Regina miró con asombro al hombre junto a ella. Era el de anoche, y el de esta mañana en el restaurante. Inexplicablemente sintió una ráfaga de satisfacción por volver a verlo.

-Buenos días, Robin, ¿cierto?

-Así es. Me alegra que lo recuerde- dijo él- ¿puedo acompañarla?

-Muchas gracias, Henry fue un momento por algo de tomar, pero no sé cuánto tardará.

-No es ninguna molestia. Y cuénteme, ¿está disfrutando su estancia en Storybrooke?

-Bastante, sí. Es una ciudad hermosa, pero quizás lo que más me gusta hasta el momento son los alrededores- dijo ella, mientras se levantaba para apreciar el paisaje- me gusta mucho el bosque.

Robin sonrió, nunca lo habría imaginado. En el Bosque Encantado Regina parecía afanada por volver a la comodidad de su castillo, y los altos tacones que usaba en Storybrooke no eran los más apropiados para recorrer el bosque.

-Estaría honrado en acompañarla a recorrerlos cuando guste.

Regina le miró fijamente, abrumada por los nervios. ¿Qué le estaba pasando? Este hombre era casado, y seguramente su ofrecimiento no iba más allá de una pura formalidad.

-Lo agradecería mucho- respondió ella- pero me temo que podría molestar a su esposa, y prefiero evitar problemas.

Robin abrió los ojos sorprendido. Por un instante se había olvidado de Marian.

-Sí, por supuesto. Mil disculpas si la incomodé, miladi. Creo que debería retirarme- dijo Robin, viendo como Henry se acercaba, con no muy buena cara.

Regina se quedó mirándole mientras se alejaba, sin notar la presencia de Henry hasta que tuvo la botella de agua a su lado.

-¿Qué quería Robin?- dijo el chico, de muy mal genio.

-Nada, cariño, sólo me vio sola y me estaba acompañando un rato, ¿te sucedió algo?, ¿por qué el mal genio?

Henry respiró, tratando de calmarse, tendría que hablar con su abuelo, no podían permitir que Robin se le acercara de nuevo, tal vez una orden de restricción o algo así… esbozó una ligera sonrisa al ver la cara de preocupación de Regina.

-No fue nada, no te preocupes. ¿Volvemos para el almuerzo?

-¡Claro!- dijo Regina, comenzando a caminar a su lado, no sin antes dirigir una última mirada hacia el bosque, justo en el lugar donde Robin había desaparecido.

Continuará.


Nota de la autora: Muchas y enormes gracias a todas las personas que han comenzado esta historia conmigo, sus comentarios me hacen muy feliz :D espero que este capítulo les haya gustado y tengo buenas noticias: no serán sólo 3 capítulos! Aunque no creo que vaya a ser muy larga, aún faltan muchas cosas por pasar!

Nos leemos en el próximo!

Y Recuerden, " El camino del Verdadero Amor nunca es sencillo"! #OutlawQueenHope

Disclaimer: Los personajes de OUAT no son míos, sólo los uso para sobrevivir al verano, después del susto que nos pegaron Kitsis y Horowitz en el final de la tercera temporada!