El Reino oscuro y su reina

Emma se queda maravillada al observar por primera vez el Reino oscuro, su inmenso palacio y sus altas torres que se levantaban orgullosamente hacia el cielo. El color mayoritario era el negro, pero ciertas torres eran blancas. Se esperaba muchas cosas después de todo lo que se había imaginado. Le habían descrito un lugar austero y frío, pero lo primera que percibe son las flores que hay por todos los lados y los rostros sonrientes de la gente. El Reino oscuro era, después de todo, muy colorido.

Numerosas personas se apelotonan alrededor del carruaje y saludan a la reina, parecen todos muy felices de verla.

«Parad» le dice la reina al cochero

«¿Pensáis mezclaros entre la gente?» pregunta Emma

«Sí, ¿te unes a mí?»

«Oh, sí, con gusto. Mi madre no me deja acompañarla cuando ella va a visitar a nuestros súbditos»

En el momento en que descienden, las preguntas salen de todas partes

«Majestad, finalmente de vuelta, nos preocupábamos de teneros tan lejos de nosotros»

«Majestad, ¿fue todo bien en el Reino blanco?»

«Majestad, ¿habéis tenido un buen viaje?»

«Todo fue bien» Contesta Regina «Incluso he vuelto acompañada por una invitada especial» dice ella dejando que Emma se mostrase

«Entonces, ¿los rumores son ciertos? Es un honor acogeros en el Reino oscuro, princesa Emma. Amareis esta región»

«Oh, si es tan acogedora como su reina, no lo dudéis»

«¿Vamos a poder festejar su llegada»

«Por supuesto. No temáis. Pero esta tarde vamos a descansar, estamos agotadas»

«Bienvenida mi reina» dicen todos mirando como vuelve a subir al carruaje.

Nada más llegar al palacio, Regina las conduce a sus habitaciones, la de Emma se encuentra al lado de la suya.

«¿Os gusta?»

«Oh, es perfecta» dice Emma

«Ruby, ¿estáis segura de querer la habitación que se encuentra en el ala de los empleados? ¿No preferís la que había elegido para vos, cerca de la de la princesa?»

«No, no, estaré más cómoda durmiendo allí abajo, y eso me permitirá conocer mundo»

«Muy bien. María os conducirá, yo os dejo, después de tantos días fuera, necesito asegurarme de que todo va bien en mi reino»

«¿Nos veremos pronto?» pregunta Emma con ilusión

«Dentro de dos horas es la comida. Hasta entonces, sentíos libre de visitar el palacio y de ir donde os parezca»

María aparece y las conduce de pasillo en pasillo, contándoles la historia del palacio, respondiendo a sus cuestiones.

«Princesa, no os preocupéis, su majestad ha previsto enseñaros el castillo con más detalle y desea ser ella misma quien os enseñe algunas cosa, así yo no voy a decir más. Aquí está vuestra habitación, Ruby»

La joven loba entre y se queda impresionada ante la estancia

«¿Es…es verdaderamente una habitación del servicio? ¿Todas son así?»

«Sí, cada uno puede aportar algunas modificaciones en función de sus gustos, pero la idea de base es la misma»

«Pero, antes no era así. Mira…tengo una bañera»

«Lo sé» dice María riendo. «Cuando ella volvió, Regina encontró un reino abandonado, el palacio había sido objeto de pillajes y estaba deteriorado, la criminalidad era muy alta aquí. Ella se encerró en el palacio y comenzó a renovarlo con magia, estancia por estancia según la idea que tenía de su nuevo comienzo. No salió, no se dejó ver durante ese período de tiempo, porque nadie quería verla. Todo el mundo la temía y prefería verla muerta que de regreso. Después de haber renovado enteramente el palacio, dio un gran discurso al que convocó a todo el mudo. Nos explicó su visión del futuro y sus expectativas con respecto a sus súbditos, nos dijo que no deseaba traer la infelicidad, pero que castigaría al que osara meterse en su camino. Hizo limpieza en el ciudad para hacerla más segura. En ese momento no sabíamos qué pensar, mataba a los criminales, pensábamos que no había cambiado, pero poco a poco comprendimos que su único objetivo era restablecer la paz. Dio empleos en el palacio y comprendimos rápidamente que su idea del servicio doméstico ya no era la misma. Comenzó a tratar a los buenos ciudadanos con respeto y finalmente, el reino oscuro se convirtió en su segunda oportunidad en la vida, pero sobre todo, ella ofreció una segunda oportunidad al reino oscuro y de paso a muchas personas»

«Es de locos un cambio tan radical» dice Ruby

«Sí, pero es sincero y nunca nuestro reino ha sido tan próspero como ahora, gracias a ella»

«Me doy cuenta» dice la joven loba «Cuando dices que ella ha ofrecido una segunda oportunidad a muchas personas, ¿qué quieres decir?»

«Gente diferente. Regina ha abierto sus puertas a las personas rechazadas por sus diferencias con la condición de que no representen un daño para los ciudadanos. Es así como nuestra población ha llegado a ser tan heterogénea»

«¿Heterogénea? ¿Hasta qué punto?»

«Aquí viven seres humanos, hombres-lobo, híbridos y en todo caso criaturas que son temidas por lo que son, cuando ellas no hacen daño a nadie si se las deja en paz. Regina supo encontrarnos y salvarnos de nuestras vidas. Aquí hemos sido poco a poco aceptados e integrados sin tener que escondernos. Le fue difícil, pero apenas en dos años el trabajo que ha hecho de tolerancia y aceptación es magnífico. A menudo hemos tenido que probar nuestra buena fe, pero ha valido la pena»

«¿Te incluyes en el lote?»

«Sí, yo soy una vampiro, joven princesa» dice María sonriendo «Pero no temáis, solo me alimento de sangre animal, salvo en las ocasiones cuando la vida mi reina está en peligro»

«Estás muy cercana a ella» dice Emma disimulando difícilmente los celos que no controlaba.

«Oh, sí, es mi mejor amiga, es quien me salvó. Antes de conocerla, tenía una vida miserable, escondiendo mi naturaleza y huyendo permanentemente. Una noche di con ella y me sacó de un pasado horroroso. Me ofreció una vida con la que yo nunca había soñado y aquí estoy ahora, feliz, con un trabajo y un novio con el que hablo de tener hijos»

El rostro de la joven rubia se relaja inmediatamente ante la alusión del novio de María.

«Y además hay otra cosa que ella nos ha traído. Aquí cada uno es libre de amar a quien quiera, si dos hombres quieren casarse, a nadie le extraña. Yo misma voy a casarme con un hombre-lobo. Ella gobierna con una mano de hierro, pero se rige por las reglas del amor sin barreras. A veces es divertido ver en ella a la Evil Queen que fue y a la reina en la que se ha convertido»

Emma y Ruby están mudas ante todo lo que acaban de escuchar. Siguen a María por el palacio y las conduce a la sala en la que tendría lugar la comida.

Al entrar, Ruby localiza a la reina que discutía con un hombre, y ella parece en cólera, toda su gestualidad, su postura recordaba a la Evil Queen. Ella desprecia al hombre con la mirada y lo despide sin miramientos desde que las ve. Con una sonrisa en los labios, se acerca a Emma y Ruby ríe al ver el estado de la princesa.

Emma no puede dejar de mirar a la reina. Esta llevaba un magnífico vestido rojo que moldeaba sus curvas perfectas. Los ojos de Emma se perdían en el fino encaje que desvelaba sensualmente un escote vertiginoso. El caminar de Regina era regio y sexy y la joven rubia traga saliva intentando subir su mirada hacia sus ojos, no sin dificultad.

La comida transcurre con normalidad y después, Regina propone ir a dar un pequeño paseo para bajar la comida. Ruby declina la invitación después de recibir una mirada asesina de su princesa que le hace comprender que unirse a ellas no era una opción aceptable. Sonríe divertida y se une a María.

Las dos mujeres caminan tranquilamente, disfrutando del frescor de la tarde. Se sienten bien simplemente con la presencia de la otra, sus manos se rozan haciéndolas temblar. Regina conduce a Emma a un banco bajo un extraordinario sauce llorón. Miran las estrellas un momento y Emma no puede dejar de mirar la larga cicatriz sobre su labio.

«¿Cómo os hicisteis esa cicatriz, Regina?»

La reina tiembla, pero mira a Emma con ternura antes de inspirar profundamente.

«Digamos que mi marido no era un hombre muy amable»

La princesa no dice nada, solo agarra su mano. No la empuja a que se abra, respeta su necesidad de tiempo. Con ese gesto, ella le muestra que está a su lado.

Regina entrelaza sus dedos y decide abrirse un poco más, se siente segura y en su lugar por primera vez en su vida después de su amor perdido.

«No le gustaba que yo le dijera que no, para él yo no era sino la decepcionante sustituta de su bien amada esposa, una figura bonita que enseñar, un vulgar cuerpo para su placer. Nunca fui un alma con sentimientos y emociones, nunca fue dulce conmigo, cogía lo que venía a buscar, sin ternura ni sentimientos. Cuando yo luchaba, sabía ponerme en mi lugar. Es así como tuve esta cicatriz, quince días después de nuestro matrimonio»

Regina contemplaba las estrellas y lágrimas silenciosas se deslizaban por sus mejillas. Emma la mira y su corazón se acelera al verla tan bella, su rostro iluminado por la luz fantasmagórica de la luna, tan triste y vulnerable en ese preciso instante. Parece un ángel al que lenta y sádicamente le han cortado las alas para que no surgiera en él ningún deseo de volar.

«Sois bella Regina, bella y fuerte, y si me aceptáis, pasaré mi vida ofreciéndoos lo que merecéis» dice ella enjugando sus lágrimas.

Regina se apoya contra su mano, sus lágrimas aumentan al escuchar esa declaración. Despeja su cara de un mechón de pelo. La deja que se acerque y bese delicadamente su cicatriz antes de bajar a sus labios. Emma siente que la reina le responde y se obliga a separase de ella para seguir hablándole

«Sois tan bella» La vuelve a besar. Su corazón se para al sentir su lengua en sus labios, que abre para dejarla entrar, pero después volver a acelerarse cuando Regina posa su mano sobre su muslo. Nunca nadie la había tocado así, con deseo, y nunca había sentido eso. De nuevo, Emma tiene mariposas que revolotean en su estómago, se siente arrastrada en una caída vertiginosa y excitante cuyo destino es el Nirvana.

La reina deja que la pasión de su amor se exprese y estrecha a la princesa contra su cuerpo. Ya no existía espacio entre sus cuerpos, y sus bocas se habían lanzado a una sensual coreografía.

Emma jadea cuando la mano sobre su muslo la aprieta un poco más fuerte desencadenando en ella olas de placer y de deseo. Casi sin respiración, las dos mujeres se separan y permanecen frente contra frente. Se echan a reír ante la intensidad de ese beso. Regresan tranquilamente a palacio y a sus respectivas habitaciones sonriéndose, sin dejar de mirarse.

Regina se deja caer en su cama, el corazón a mil, inconsciente del hecho de que Emma hacía lo mismo en la habitación de al lado.

Se duermen así, cada una pensando en la otra.

Durante los siguientes días visitan el reino y sus alrededores. El miércoles por la mañana las lleva al pueblo y se gira de repente hacia Ruby.

«¿Desearíais conocer a vuestros semejantes?»

«Oh, sí» dice Ruby excitada ante esa idea. «Me gustaría mucho»

«Esperadme aquí»

Emma mira a Ruby y se da cuenta de que esta está nerviosa.

«Relájate, Ruby»

«Fácil de decir. Tengo miedo, solo conocí a gente como yo una vez y como sabes, no fue muy…»

«Ruby… El contexto es totalmente diferente, aquí el hecho de encontrarlos no te obliga a hacer una elección. Están integrados en la sociedad y tú ya no tienes que esconder tu naturaleza. Todo ira perfectamente bien»

«Dime…Recuérdame cuándo has crecido tanto»

«Ya hace algún tiempo, desesperaba porque te dieras cuenta»

«Lo siento princesa, pero para mí siempre serás una inocente niña»

«Espero que no todo el mundo comparta tu opinión» dice ella observando a Regina que salía de una casa.

«Emma, Regina te ve de muchas formas, pero ciertamente no como una niña. Ella…» Ruby se calla al ver al hombre que seguía a la reina «Oh, mierda por favor que sea él, por favor» dice cruzando los dedos por detrás de la espalda.

«Ruby, os presento a Aneck. Aneck, esta es Ruby la loba de la que te hablé»

«Encantado» dice el hombre besándola en las mejillas. Él era alto y rubio, sus cabellos, ni muy largos ni muy cortos, le caían en cascada sobre los hombros «Deseáis que os presente a los demás y que los visitemos»

«Oh, con mucho gusto» responde la loba. «Jackppot» le susurra a Emma antes de seguirlo. Camina a su lado y aprovecha que se agacha para coger un saco para mirarle las nalgas. Se gira hacia Emma y le guiña un ojo abriendo la boca y levantado el pulgar, una inmensa sonrisa en su rostro.

Emma y Regina ríen al verla actuar como una adolescente.

«Estoy feliz de verla así, tenía miedo de no volver a encontrar a la Ruby entusiasta que era. Granny estaría contente de saber que su nieta no ha perdido su alegría»

«Aneck es un hombre muy amable, cuando supe que Ruby nos acompañaría, tuve ganas de presentársela inmediatamente»

«Sois una celestina»

«Me declaro culpable. Hoy tengo que escuchar las reclamaciones de mi pueblo, no os propongo que me acompañéis, os arriesgaríais a…»

«Al contrario, me gustaría asistir. Ya lo he hecho con mis padres y me gustaría ver si las cosas son diferentes aquí»

«Muy bien, seguidme princesa» dice Regina tendiéndole su brazo que Emma acepta en seguida.

Emma se sorprende rápidamente ante las diferencias que existían entre los dos reinos. En el suyo las primeras personas en ser atendidas eran los nobles que se quejaban sin cesar por diferentes motivos. Algunos lo hacían del agricultor y de la granja de al lado, cuyos olores y ruidos molestaban a sus familias o invitados. Otros se peleaban entre ellos por una vieja historia de terrenos que cada uno reclamaba. Eran lloriqueos incesantes que sus padres debían atender, ellos los ponían en su lugar cuando podían, pero, frente a los ricos y familias influyentes, ellos tenían a menudo las manos atadas. Después venían los aldeanos que por lo general sí se quejaban de verdaderos problemas debidos a una mala cosecha, una enfermedad, un edifico público que necesitaba ser reformado.

Sin embargo, aquí, la princesa no ve el desfile de ricos ciudadanos que desprecian el mundo, ella no ve sino a aldeanos, ricos, o pobres, que exponen problemas reales. Regina busca soluciones para cada uno, prometiendo ir ella misma a irrigar mágicamente los terrenos agrícolas que sufrían sequía.

«¿No tenéis nobles que estén constantemente reclamando?» pregunta Emma cuando se encuentran solas después de que la reina haya pedio una pequeña pausa.

«Por supuesto que sí, ser ricos no quiere decir que no se tenga problemas, pero no se quejan constantemente, vienen cuando verdaderamente no pueden solucionarlo por ellos mismos»

«En mi…»

«Ya veo lo que queréis decir princesa» le corta ella «En vuestro reino las cosas son diferentes. Aquí, yo reconstruí el reino cortando el deseo de la gente de dejar que el dinero dictara sus vidas. Tener dinero no da automáticamente más derechos. Al principio, las antiguas familias con poder creyeron que se iban a encontrar con lo mismo que en tu reino, pero en seguida les quité las ganas, porque no quería llegar a la misma situación de tus padres. En el Reino blanco, tus padres se ven constreñidos por la influencia de ciertas familias y eso es un sistema que yo no quería que se volviera a instalar aquí»

«Se dice que vuestras prisiones no han cambiado desde los tiempos de vuestro anterior reinado»

«Es verdad en parte. Quizás voy a sorprenderte, pero soy intransigente con los criminales y prefiero instaurar el miedo al encarcelamiento. Aquí ejecutamos a los asesinos, torturamos a los sádicos, castramos a los violadores, y después ellos tiene la elección, quedarse en prisión o ser marcados por su crimen y ser exiliados. Sé que estas prácticas pueden parecer demoniacas, pero son eficaces, el reino es próspero y la criminalidad es cada vez más escasa»

«No estoy acostumbrada a eso, pero no me impresiona, mi reina. Estoy de acuerdo con vos, esas personas no merecen clemencia»

Regina sonríe tranquila por la comprensión de Emma. Ella vuelve a reanudar la sesión y un hombre se acerca, seguido de un grupo numeroso.

«Mi reina, he venido en nombre de los ganaderos del reino para daros las gracias. Gracias a vos y a la alianza que habéis creado entre los hombres-lobo y nosotros, nuestra vida ha mejorado. Los hombres-lobo han calmado a la población de lobos que diezmaban nuestros rebaños, se han marchado a tierras a las que nosotros no entramos para respetar su terreno de caza. Si las presas escasean, los lobos van en busca de Aneck y los suyos y nosotros, juntos, buscamos una solución. Gracias a vos, majestad, nuestras tres especies viven en armonía.»

Hace un gesto y cuatro hombres depositan una inmensa alfombra a sus pies. La desenrollan y Emma queda maravillada. Es blanca y muy gruesa, con los adornos barocos negros tan queridos por la reina.

«Aquí tiene una alfombra en su honor. Cada pastor ha dado lana, y cada ganadero, tiempo. Nuestras mujeres la han trenzado. LARGA VIDA A NUESTRA REINA» grita, seguido por los otros ganaderos.

«Gracias» responde Regina dándoles tiempo a que se calmen. «Estoy conmovida por este magnífico regalo, pero no merezco ese honor, no hice sino el primer movimiento, el resto lo habéis llevado a cabo todos vosotros. Contad vuestro caso a la gente, mostrad que el entendimiento entre las especies no hace sino traer una mejor vida. Vuestro ejemplo va a ayudar a continuar con el cambio de mentalidades. Larga vida al Reino oscuro»

Emma no puede apartar sus ojos de ella, su regia prestancia, su cautivadora belleza. Escucha a los hombres gritar detrás de ella

«LARGA VIDA AL REINO OSCURO»

«LARGA VIDA A NUESTRA REINA»

Después de eso, se retiran a descansar, agotadas de la jornada. Por la noche, Emma toca en la puerta de la reina.

«Entrad»

«Buenas noches Regina»

«Oh, buenas noches Emma, mirad, han colocado la alfombra» dice ella apartándose para dejarla ver, una sonrisa de niño en la cara

«Es magnífica, ¿me permitís?»

Regina asiente y Emma se acuesta encima

«Oh, Dios mío, es muy suave, pareciera estar en las nubes»

La reina se sienta en su escritorio observándola afectuosamente, enternecida por su espontaneidad.

«Venid conmigo»

«No, estoy bien aquí»

«Regina, permitiros esto no va a hacer de vos alguien débil o vulnerable, soltaos un poco»

Ella suspira y se levanta, incapaz de negarle nada a su princesa por mucho tiempo. Tan pronto como está echada, entrecruza sus dedos con los de Emma, que se queda en silencio.

Emma se asombra, después de algunos besos, ¿cómo es que cada contacto con la reina la ponía todavía en tal estado? Deja de pensar, disfrutando sencillamente del momento.

Ahí, en esa habitación, con sus manos unidas en un gesto íntimo, se sienten en casa.