Descubriendo a la Evil Queen

Después de su día pasado con Aneck, Ruby está cada vez más convencida de que la reina había cambiado. Pero desea hablar con ella a solas para convencerse del todo. Esa misma tarde, toma valor y se dirige a sus aposentos.

«Buenas tarde, majestad» dice ella entrando

«Oh, Ruby, ¿necesitáis algo?» dice la reina levantándose rápidamente y escondiendo algo detrás de la espalda.

«Desearía hablaros»

«Oh…sí, por supuesto» dice girándose y guardando en su escritorio lo que tenía en las manos. «¿Lo habéis pasado bien?»

«Oh, sí, Aneck es una hombre adorable, me ha presentado a tantas personas que he perdido la cuenta y me ha mostrado muchas cosas, he pasado un día maravilloso. Nos veremos mañana» dice ella enrojeciéndose.

«Entonces, perfecto» responde la reina satisfecha «¿De qué deseáis hablar entonces?»

«De Emma»

«¿Algo no va bien con Emma?» cuestiona ella inquieta de repente

«No, todo va bien, solo quiero comprender cuáles son vuestras intenciones con respecto a ella»

«Oh eso… comprendo vuestros temores, no nos conocemos desde hace mucho y no os de dado muchas ocasiones para confiar en mí al perseguir a vuestra mejor amiga a través de todo el reino de los cuentos de hadas. Pero os aseguro que eso es el pasado, es verdad, aún detesto a Snow, no os mentiré…Pero Emma es diferente, nunca le haría daño, no tiene nada que temer por mi parte ni vos tampoco. Ni Snow, por otra parte»

«¿Qué esperáis de ella?»

«Yo…no sé, yo…»

«No dejo de preguntarme si lo que queréis es aprovecharos físicamente de ella, y de esa maneras hacer daño a sus padres. Pero vuestro comportamiento me confunde porque rechazáis sus avances en se sentido»

«No, Ruby, os prometo que no es eso lo que quiero de ella. No os lo negaré, me atrae, tanto en el plano psicológico como físico. Pero no deseo que se ofrezca a mí tan rápido, porque la quiero, de verdad, sinceramente»

Ruby puede leer en los ojos de la reina que ella no mentía

«¿Qué escondíais cuando he entrado?»

«Nada. Es…es personal»

«Intento confiar en vos, pero todavía me cuesta»

Regina parece nerviosa y cuando ve que la loba se dispone a marcharse, comprende que ese es el momento para probar su buena fe.

«Esperad»

Se dirige al cajón y lo abre. Ruby comprende y se acerca. Mira en el interior y ve diversos objetos y dos cuadernos. La reina negra los coge y los aprieta contra su pecho

«El primero me permite comunicarme con Emma, le regalé un diario hechizado que está ligado con este. En el segundo, he comenzado a escribir mi vida, sin mentiras, ni rodeos, la cruda verdad. Deseo que Emma lo lea para que sepa verdaderamente quién soy, no deseo que continúe con esa imagen idealizada que tiene de mí. No temáis por vuestra princesa, cuando lo haya leído, os la llevareis con sus padres y mi presencia no habrá sido sino un paréntesis en su vida»

«Majestad, ¿es eso una cinta de Emma?» dice ella señalando la tela

«Sí, yo no se la quité, ella me la ofreció»

«Lo sé, me acuerdo, cuando vuestro peinado se deshizo ella anudo vuestros cabellos con esa cinta, hace dos días. ¿Por qué la habeis guardado?»

«Porque no puedo separarme de lo que viene de ella» confiesa en un suspiro

Ruby observa mejor el contenido del cajón y ve una flor que Emma había recogido para la reina el día de su llegada y que Regina había hecho secar, la cinta, los cuadernos y un joyero

«¿Qué hay en el joyero?»

Regina lo coge y lo abre. En su interior, se encuentra un brazalete de oro blanco, magnífico. Se parecía a hileras de encaje entrelazado diseminado con pequeñas esmeraldas. El trabajo era fino y delicado, una hermosa joya que no podía haber sido fabricada por el hombre.

«Lo he hecho para Emma, pero no me atrevo a ofrecérselo. Es idiota, ¿no?»

«¿Por qué?»

«Una mujer como yo que se encariña con una niña tan pura. No merezco la atracción que ella siente por mí, no ve que puede conseguir a alguien mejor. Pero pronto todo habrá acabado, me rechazará cuando vea la negrura de mi corazón y todo volverá a estar en orden. Snow y su Encantador marido estarán tranquilos porque ella volverá muy pronto con ellos»

«Yo no creo…»

«¿Qué?»

«Majestad, creo a Emma cuando me dice que vos habéis cambiado. He visto vuestro reino, la felicidad de vuestro pueblo, el equilibrio y la paz que habéis instaurado aquí. Y os veo a vos. Creo que no debéis de subestimar su capacidad de aceptar vuestro pasado. Pero no le presentéis una mentira»

«No le miento»

« Si no le contáis toda la verdad, si solo le contáis vuestros actos de Evil Queen, ella se confundirá. Tiene el derecho de saber lo que pasó antes, tenéis el derecho de decírselo. Debéis contarle vuestra historia en su totalidad y los sucesos que os hicieron convertiros en lo que fuisteis»

«No quiero ver la piedad en sus ojos»

«No veréis la piedad, veréis el amor y el sufrimiento por vos. Si la amáis tanto como yo creo verlo, entonces le debéis y os debéis una oportunidad para que esta historia nazca»

Regina parece reflexionar y Ruby se dispone a marcharse cuando su voz la detiene.

«¿Estaríais de acuerdo…ella y yo?» pregunta la reina con inquietud

«Sí, porque es evidente que es mucho más que amor lo que hay entre vosotras y ahora sé que sería una locura negarlo por más tiempo. Tenéis derecho a vuestro final feliz. No le he comprendido hasta hoy»

Ruby ve a la reina hundirse en lágrimas y su corazón se comprime ante esta alma rota que ella había durante mucho tiempo despreciado sin saber ni intentar comprender. La toma en sus brazos y la consuela durante un rato.

«Regina» se atreve a hablar finalmente

«¿Sí?» dice ella separándose algo turbada

«Pienso que sería mejor que le hablaseis en vez de escribir ese diario»

«Tengo miedo» confiesa la reina después de un largo rato

«Es normal…Pero es algo bueno»

«Le hablaré más adelante. Hoy, quiero disfrutar un poco»

«Majestad, ¿me permitís una cosa que no tiene nada que ver con esto?»

«Eh sí»

«Desde siempre vos me hacíais fantasear. Cuando Snow y yo huíamos de vos, yo no dejaba de darle la tabarra con eso y soñaba con el día en que podría decíroslo»

«…» Regina está inmóvil, incapaz de pronunciar una palabra

Ruby explota en una carcajada al verla perturbada ante ese deseo

«Ahhh, he logrado desestabilizar a la Evil Queen, perdonadme Regina, pero había apostado con Snow hace años que yo lo lograría»

Regina se relaja y sonríe, feliz de que la loba comience a estar cómoda con ella.

«Y gracias por haberme presentado a Aneck, me gusta mucho, os lo confieso. Desde que estoy aquí, me doy cuenta de que durante muchos años me perdí a mí misma. Estoy redescubriendo con placer a la Ruby despreocupada que fui y me doy cuenta hasta qué punto lo había echado en falta»

«Estoy encantada de que la influencia de Snow no sea permanente»

«No fue el estar a su lado lo que me hizo cambiar»

«Yo no amo a Sow, no es un secreto. Y en mi opinión, el Reino blanco no es ideal para que una loba se desarrolle. Su reino es arcaico y dirigido por nobles barrigones y vulgares. Mi afección sincera por Emma es lo único que me retiene de decirle a Snow lo que pienso de su manera de gobernar. En fin, ese no es el tema, gracias por vuestra bendición Ruby»

Durante dos días, Regina busca cómo hablar y Emma la encuentra extraña. Ella está ahí, pero parece lejos, nerviosa, por un momento parece que va hablarle, pero después solo comienza un tema superficial y decepcionante. La joven princesa se inquieta por si la reina ha comenzado a cansarse de ella y llena de miedo decide ir a verla en plena noche.

Entra en su habitación y la ve dormida, está bella y en paz y Emma percibe que en su mano mantiene aferrada su cinta. Lágrimas de alegría se muestran en su cara al ver la escena. Le acaricia suavemente su mejilla para despertarla con dulzura.

Regina se sobresalta y salta de la cama. Parece perdida y asustada, Emma debe repetir varias veces quién es antes de verla en calma.

«Oh, Dios mío Emma, me has asustado»

«Perdonadme, no pensaba asustaros» dice ella comprendiendo su reacción. Incluso después de años, la reina sentía miedo de que la buscasen en su cama en mitad de la noche.

«¿Qué haces aquí? ¿A esta hora?»

«Necesito hablaros»

«Ponte cómoda» dice la reina desplazándose

«¿Mi reina, os habéis cansado de mí?»

«Emma, ¿por qué dices eso? Por supuesto que no»

«Estáis nerviosa conmigo, sonreís cada vez menos»

«Deseo hablar contigo, pero no encuentro el valor»

«Hacedlo ahora»

«Emma, es difícil»

«Lo sé, pero estoy aquí para vos, mi reina»

La reina se coloca mejor en la cama y estrecha a Emma contra ella, su espalda contra su vientre. Rodea su cintura con sus brazos, fuertemente para no ver la mirada de la princesa, y se decide a abrirle su corazón.

«No sé por dónde comenzar»

«¿Cómo fue vuestra infancia?» dice Emma para ayudarla

«No como debería. Mi madre era una mujer fría, siempre me empujaba para que fuera mejor, para que fuera LA mejor. Había planificado cada paso de mi vida y quería para mi poder y riquezas. No le gustaba que montara a caballo, cosa que yo adoraba, mi padre me había comprado el más bello de los sementales, Rocinante. Era mi mejor amigo, mi único amigo, porque mi madre no me autorizaba a ver a otras personas, más que a mis preceptores particulares. Yo montaba tanto como podía, pero a menudo me lo prohibía, ya que ella lo encontraba indigno de una muchacha de buena familia. Mi padre era amoroso y amable, pero en lo más profundo de mi ser le echaba en cara que no me protegiera de ella»

«¿Era violenta?»

«Depende de lo que entendamos por violencia. Psicológicamente, yo no tenía ningún respiro, nada era lo suficientemente bueno, nunca. Nunca me pegó, pero realizaba sus hechizos sobre mí, sus lianas de las que se servía cuando yo intentaba huir. Me castigaba haciendo descender la temperatura de mi cuerpo o haciéndome sentir dolores imaginarios. No era nada agradable»

«¿Qué ha sido de ella?»

«Ha muerto…creo…la arrojé a un espejo mágico después de mi matrimonio forzado con el rey»

«Hicisteis bien, habéis sufrido durante mucho tiempo, esa mujer…Esa mujer no merecía una hija como vos» dice Emma girándose para besarla

Regina corresponde tiernamente y hunde su cabeza en el cuello de la princesa, depositando aquí y allí dulces besos. Emma suspira de satisfacción antes de incitarla a continuar.

«¿Cómo llegasteis a casaros con el rey?»

«Es una larga historia»

«No me voy a ninguna parte, Regina»

Regina inspira profundamente y comienza

«Nosotros teníamos un palafrenero, se llamaba Daniel» dice con un tono ensoñador. «Era guapo y amable y nos enamoramos perdidamente el uno del otro. Queríamos casarnos, tener hijos, pero mi madre siempre estaba merodeando y debíamos escondernos»

Su corazón se acelera todavía cuando piensa en él y Emma puede sentirlo en su espalda.

«Un día mi madre me animó a dar un paseo a caballo, yo estaba asombrada, pero no esperé a que cambiara de opinión y salí corriendo. Me encontré con Daniel bajo nuestro árbol y me besó, yo estaba muy feliz. Después todo cambió. Vimos a una niña sobre un caballo desbocado, yo no lo pensé y monté sobre Rocinante para ayudarla. Era Snow, tu madre. Su padre, para agradecerme, anunció que desde la muerte de su esposa, estaba buscando una mujer como yo para que fuera la nueva madre de su hija. Pidió mi mano, y mi madre se dio prisa en concedérsela. Mi mundo se derrumbaba, corrí a ver a Daniel, habíamos decidido escapar y casarnos lejos de todo eso. Pero Snow vio besarnos, quería contárselo a su padre, pero intenté hacerle comprender qué era el amor verdadero y que Daniel era el mío. Ella comprendió, pero no guardó el secreto, se lo contó a mi madre, porque pensó que por amor hacía mí ella aceptaría mi unión con Daniel. Mi madre, entonces, apareció la noche en la que íbamos a irnos y ella….ella…»

Regina estrecha a Emma con fuerza y pega su cabeza a su nuca antes de decir con una voz apenas audible

«Ella arrancó su corazón y la aplastó ante mis ojos»

La joven princesa siente las lágrimas deslizarse por su hombro. Entrelaza sus dedos para darle valor y consuelo.

«Intenté besarlo para devolverlo a la vida, pero no se puede resucitar a los muertos. Después de eso, me casé con Leopold y comprendí que Snow era la responsable de todo. Sé que no era más que una niña, pero mi amargura era grande y no hacía más que crecer. Supe más tarde que mi madre lo había tramado todo, había sido ella quien había encabritado al caballo de Snow sabiendo muy bien que yo la salvaría»

«Regina, mi dulce Regina» dice Emma besándole la palma de la mano

«Era virgen…»

«¿Qué?»

«Cuando Leopold me violó la primera vez, yo era virgen. Fue una sensación horrible, un sufrimiento inimaginable cuando me penetró, sin ternura. No se preocupaba sino de su placer y me golpeaba cuando yo me resistía. Nunca dejé de luchar, pero con sus golpes, aprendí a esperar que pasara. Poco a poco perdí toda emoción y me encerré en mi rencor. Después de eso, hice cosas horribles, he masacrado pueblos enteros y sacaba placer de ello, Emma quiero que comprendas. Arranqué el corazón de mi padre sin ningún remordimiento en ese momento»

Le cuenta todo lo sucedido después, su odio que crecía, Rumpelstilskin, el intento fallido de traer de nuevo a Daniel, su malestar, su manipulación del genio, la muerte de Leopold, la magia negra, las torturas, las otra muertes incluida la de su padre para crear la maldición, su fracaso y su exilio al País Imaginario.

Cuando acabó, ya había amanecido y Emma no había dicho nada. Regina se separa de ella después de unos instantes de silencio y se sorprende al sentir a la joven rubia retenerla por un brazo

«No me dejes Regina» dice Emma con una voz que desvelaba sus lágrimas

«¿Por qué lloras?»

«Porque te amo y porque nunca podré borrar todo lo que has vivido»

«Tú…Tú… Pero Emma después de todo lo que te he contado tú…»

«Sí, Regina, te amo» le dice girándose hacia ella «Conozco toda tu vida y te amo aún más, no tengo miedo de ti, no siento piedad, te amo y quiero ser tu final feliz, el que te arrancaron y te hicieron creer que no merecías. Te amo por todo lo que eres, tu pasado, tu presente y nuestro futuro. Te amo» Emma la besa apasionadamente y la estrecha cuando Regina se rompe en llantos. Por primera vez en su vida, no se contiene y llora todas las penas que la rasgaban por dentro.

Ella se aferra a Emma chillando a través de sus lágrimas. La joven princesa nunca había escuchado tal sufrimiento en nadie y la estrecha fuertemente logrando poco a poco calmarla.

«Emma, yo también te amo. Te amo tanto que me da miedo porque siempre me han arrancado lo que amaba»

«A mí no Regina, lucharé y nada nos separará mientras tú me quieras a tu lado»

«Oh, Emma, te quiero a mi lado tanto, tanto, tanto» le dice mientras la besa. Es la primera vez que es ella quien inicia el beso, fue casto y tierno. Emma saborea la sal de las lágrimas de la reina sobre sus labios y no puede reprimir un jadeo. La afección que siente le da la impresión de que tiene alas. Las dos se echan a reír, los labios todavía pegados.

Emma se acuesta dulcemente y la toma entre sus brazos. La abraza hasta que se duerme, rodeándola de todo el amor que se merece desde hace tanto tiempo y del que siempre había sido privada.

La joven princesa la mira dormir, dejando vagar su espíritu. Desde que la había conocido, había estado impresionada por su prestación, cautivada por su belleza, perturbada por su alma. Se había sentido intimidada por ella, pero ahora, en ese instante, se siente más caballero que princesa. Desea curarla y protegerla, porque, está segura de ello, Regina es su amor verdadero, la amará y luchará por ella, con ella, contra todas las dificultades que se pudieran presentar.

Una certeza viene a ella, la profecía hacía referencia a su madre cuando mencionaba una sombra. Porque nunca la reina aprobaría este amor, ella vería a Regina como la sombra en cuestión y Emma sabe ya que Snow llevará a cabo una lucha encarnizada contra ellas. Tiene miedo, pero su elección ya está hecha, y es Regina, siempre Regina.

Se duerme entonces con su destino ovillada a ella.

Emma se despierta algunas horas más tarde bajo la dulce sensación de las caricias en su rostro.

«Eres tan bella dulce princesa» dice Regina que se había incorporado un poco por encima de ella.

La mirada con la que mira a Emma corta la respiración a la joven princesa. Nadie la había mirado con tanto amor y ternura. Siente que las caricias de la reina son contenidas por respeto a su juventud y a su inocencia. Siente cómo separa sus cabellos de su cara y ve cómoladea suavemente su cabeza como para observarla mejor, una magnífica sonrisa ilumina su rostro. El corazón de Emma se para antes de acelerarse. Ella se incorpora para buscar sus labios y lentamente la hace rodar para invertir sus posiciones. Sabe que Regina no se permitiría ir más lejos de momento, porque la reina está convencida que no se merece a la princesa. Emma aprecia ese respeto de la que se dice que únicamente piensa en ella.

Pero ella se muere por ir más lejos, por entregarse a ella.

La besa más apasionadamente que de costumbre y cree desmayarse cuando Regina responde activamente. Saborea su piel al besar su cuello y siente los gemidos de la reina nacer en su garganta antes de escucharlos. Es una sensación deliciosa e intensa.

«Emma» suspira Regina mientras que la princesa pasa tímidamente su mano sobre su vientre.

Emma tiembla al subir su mano hasta su pecho, descubre esos gestos que nunca había hecho, ese grandioso sentimiento de ver a su compañera reaccionar ante sus atenciones gimiendo dulcemente.

Regina retoma el control cuando toma consciencia de los temores y de la incertidumbre de la princesa debido a su inexperiencia. Emma siente que es movida y la combinación de los labios de la reina en su cuello y su peso sobre ella es una explosión de sensaciones. Todos sus pensamientos sin control se focalizan en la mano que descendía cada vez más abajo. Pero la morena detiene su movimiento, cerrando su puño para mantener el control.

Emma no dice nada, respetando su necesidad de tiempo. Jadea cuando la reina posa su mano sobre su seno que acaricia dulcemente, y la besa. Nunca nadie había tocados sus pechos y nunca había imaginado que eso le procuraría tanto placer.

No dejan de besarse. Varias veces, Regina intenta parar sus caricias para no ir más lejos, pero a cada intento siente la necesidad de tomar posesión de esos adictivos labios rosas. La juventud de Emma es evidente en esos momentos de intimidad, porque ella es torpe y entusiasta. Cogiendo confianza, se lanza a besarla mucho más apasionadamente y a descubrir su piel con sus ávidos labios. La reina no se queja, al contrario, se siente amada y realmente deseada por lo que es. Sonríe enternecida al comprender que la princesa no se atreve a tocar sus pechos, pero que se muere de ganas. Guía, entonces, su mano y sonríe al ver a Emma tragar saliva sin moverse. Regina gime, lo que le da valor y comienza a acariciarlos tiernamente. Cuando la reina se dobla ante el placer para aumentar el contacto, Emma se tira sobre ella para besarla y Regina ríe con amor ante su fogosidad antes de estrecharla entre sus brazos, dejando caer lentamente las barreras de sus reservas.

«Te amo Emma»

«Te amo Regina»

La reina le da vuelta a la princesa y se pega a su espalda, delineando sus formas. Hunde su cabeza en su cuello, un gesto que amaba sobre todas las cosas, e inspira profundamente el aroma de su bien amada.

«Más tarde» anuncia Emma «cuando tenga más experiencia, estaré en tu lugar, porque quiero ser la que te coja entre sus brazos y te proteja»

«Ha valido la pena» dice Regina estrechándola aún más

«¿Qué?»

«Mi vida, mi vida ha valido la pena, porque ella me ha traído hasta ti»

Emma no dice nada, pero cierra sus brazos contra ella. Entre todas las declaraciones de amor que ella podría haberle hecho, esa era la más hermosa que nunca escucharía.