Una oculta angustia compartida
Las dos mujeres se despiertan algunas horas más tarde y se sonríen. Regina abraza a Emma, incapaz de dejar de poner sus manos sobre ella.
«¡Qué hermosa eres!» le dice la princesa mientras la besa.
La reina desliza su mano por debajo de la ropa y la deja reposar sobre el cálido vientre de su compañera. La besa tiernamente, pone sus labios sobre los suyos delicadamente, separándose con regularidad. Emma intenta profundizar los besos, pero Regina se lo impide continuando con su pequeño juego.
«Me gusta el sabor de tus labios»
Emma tiembla de deseo, pero retrocede un poco, obligando a Regina a echarse hacia delante para llegar a su boca. Ve cómo saborea su piel con deseo y cómo respira su olor.
«Regina, tengo miedo»
«¿De qué?» le pregunta la reina enderezándose y colocando un mechón dorado detrás de sus oreja.
«Quiero que me hagas una promesa»
«¿Cuál?»
«Cuando mis padres lo sepan, se nos van a enfrentar, vamos a tener que luchar y quizás hacer cosas extremas, no quiero oír hablar de sacrificios para protegerme. Afrontaremos todo juntas, prométemelo, Regina. Nada de dudas, tú y yo, o nada, porque si me mandas de vuelta por mi bien, siempre te encontraré. Y si me rechazas, me suicidaré, porque Regina, sin ti yo no quiero vivir. Tú me dijiste que si te quería, era todo o nada, pues conmigo es lo mismo y quiero que aceptes mi vida sin luchar contra mí. Ahora lo sé todo y actúo con perfecto conocimiento de causa»
Regina la mira un largo instante y numerosas emociones atraviesan sus ojos chocolate. Finalmente, cede y la besa, consciente de que efectivamente ahora son dos o nada, para siempre.
Comienzan a besarse otra vez, totalmente indiferentes al mundo exterior y del hecho de que hace 24 horas que no salen de la habitación.
««¿Me harías el amor si te lo pidiera?»
«Aún no Emma, no estoy preparada»
«¿Por qué?»
«Porque eres pura, debe ser algo especial»
«¿Lo deseas?»
«Sí»
»Yo también…» le dice empujando dulcemente el cuello de la reina para alcanzar a besarla por encima de su pecho.
«Es demasiado pronto, Emma, cuando estemos preparadas haremos el amor. Perder la virginidad es una etapa importante, me gustaría que fuera perfecto para ti»
«No tienes nada que temer, porque será contigo, será especial y será perfecto»
«Aún me angustio al saber lo importante que es lo que me vas a ofrecer. Nunca has estado con un hombre y…»
«No Regina, no digas eso» la corta Emma de forma seria. «No quiero a ningún hombre, te quiero a ti, quiero el amor. Me da igual no conocer nunca el sexo con un hombre, quiero que comprendas verdaderamente eso, sé que tú tienes todo lo que yo necesito. Yo elijo el amor, Regina, sin un atisbo de duda. Sé que existen maneras entre mujeres y quiero descubrirlas contigo»
«Te amo» dice Regina que no puede dejar de excitarse ligeramente al pensar en esas formas que la joven princesa menciona «No sé cómo vivir nuestra relación, no aspiro a nada secreto, pero sé que desde que la gente se entere, los problemas comenzarán. No quiero anticipar nada, pero temo que nos separen»
«Comencemos así, solo tú y yo, nadie para crearnos problemas, también es excitante el secreto, y esto no se parecerá en nada a la tragedia que tú has vivido. Ten confianza en mí. No nos separarán nunca»
«Emma, necesito confesarte una última cosa»
«¿Qué?»
«Mi amor por ti es incluso más fuerte que el que sentí por Daniel. Sobreviví a su muerte más mal que bien, pero si nosotras nos separamos, sé que…sé que…»
«No nos separaremos, y si fuera el caso, nos encontraríamos en otra vida mejor, porque sin ti, yo tampoco podría vivir»
«No quiero ser responsable de tu muerte, si yo no hubiera vuelto, si no nos hubiésemos conocido, nunca hubieras tenido que decir algo parecido, no quiero que mueras si tenemos que separarnos»
«Regina, no luches contra mí. Solo tú y yo, lo aceptamos sin concesiones, sin temores. Si no nos hubiésemos encontrado, entonces yo hubiera estado toda mi vida incompleta»
«Ok» dice la reina en un suspiro besándola. Emma siente como tiembla contra su cuerpo y se pregunta cómo podría vivir sin ella.
Durante un mes, las dos mujeres llevaron su relación en el más absoluto secreto, solo Ruby está al corriente. Ella observa ese amor crecer, la ternura que existe entre las dos es sorprendente y Ruby sabe que eso es lo que tiene que pasar. Es así que las cosas deben ser y ella se promete a sí misma que siempre va a proteger ese amor tan puro.
Por su lado, la loba también se estaba creando su vida en el Reino oscuro. No pasa un día sin que vea a Aneck, el hermoso lobo le había declarado su amor dos semanas después de su llegada. Una tarde, un hombre la había cortejado y, por miedo a perderla por esperar, se lanzó al agua. Después de algunos días pegados como dos adolescentes enfermos de amor, todo el castillo había sido testigo de la consumación de su amor a lo largo de una larga y ruidosa noche de amor. María que dormía en la habitación de al lado tuvo que migrar a la de su novio.
Ruby está feliz, aunque ella estaba integrada en el Reino blanco, las cosas no eran como aquí, aquí todos conocen su naturaleza, no solo Snow, Charmant y Emma. Aquí no tenía que esconderse y ha encontrado el amor, tiene la sensación de que se ha redescubierto a sí misma y que puede realizarse como en los tiempos en que vivía sus aventuras con Snow.
«¿Qué te tiene tan pensativa?» le pregunta Aneck besando su vientre. El lobo está acostado junto a ella y pasaba sus manos sobre su cuerpo desnudo y perfecto. Ruby trenza sus dedos en sus cabellos y hace que se incorpore y se eche un poco sobre ella. Lo besa amorosamente antes de responder
«Pensaba en lo que era y en lo que he llegado a ser»
«¿Una mujer magnífica?» le dice mirándola directamente a los ojos
Ruby sonríe y lo vuelve a besar «¿Cómo piensas que soy, Aneck?»
«Creo que eres hermosa, que eres…muy sexy, eres inteligente, divertida y descarada»
«Aneck, hablo en serio»
«Yo también»
«Cuando me viste la primera vez, ¿qué pensaste?»
«Te encontré hermosa, pero confieso que pensé que eras como la reina blanca, obtusa sobre tus creencias sobre mi reina. Tuve miedo de que fueras una mujer con una mentalidad basada en los a priori. Pero me has demostrado lo contrario Ruby. Eres completamente diferente, y por eso te amo»
«Yo también te amo, Aneck, es en lo que me había convertido viviendo en el Reino blanco. Amo a Snow y a Charmant, son mi familia, pero me doy cuenta de que al vivir en la corte, al esconder mi naturaleza durante años, al vivir con Snow y verla cambiar hasta el punto de convertirse en una madre angustiada y asfixiante, me perdí a mí misma por el camino»
«Lo importante es que te has dado cuenta»
«Y felizmente gracias a ti»
«¿Por qué?»
«Porque no te imaginas la liberación sexual que yo tenía en su época… Y que echaba de menos, te confieso» dice ella con una voz suave que desencadena un temblor de excitación en su compañero que se lanza sobre ella.
Una tarde, la joven loba está leyendo cuando tocan con ansias en su puerta.
«Adelante»
Ve a la reina pasar, ligeramente nerviosa, ella entrecruzaba sus dedos y caminaba de aquí para allá a lo largo de la habitación.
«¿Qué ocurre majestad?» dice ella por inercia
«Regina, por favor, Ruby, por enésima vez, llámame Regina y tutéame, no eres mi criada» dice molesta
Ruby sonríe, desde su llegada su relación con la reina había cambiado tanto, la consideraba ahora como una amiga y sabe que ese sentimiento es compartido.
«Lo siento, Regina, la costumbre. Regina, ¿qué ocurre?»
«Emma es cada vez más insistente»
«¿Hablas de sexo?»
Regina hace una mueca que se lo confirma a Ruby
«¿Ella desea hacer el amor?»
«Sí, intenta ir más lejos, yo no sé cómo hacer»
«Ah, ok, comprendo tu problema» dice con un gesto de haber entendido. «Siéntate, voy a explicarte cómo se hacen los bebés»
«Ruby…» suspira Regina exasperada
«Ah, sí, sois dos mujeres… Siéntate, voy a explicarte la utilidad de los dedos»
«RUBY, ponte seria por favor, intento hablar con adulto»
«Ok, ok, en serio, sabes que es demasiado testaruda cuando tiene una idea en la cabeza»
«Lo sé bien…pero no sé cómo actuar, Ruby, pensaba utópicamente que desarrollaríamos nuestra historia, que un día yo podría sin miedo pedirle matrimonio y ahí es cuando le haría el amor. Es una princesa, es así como se trata a una princesa»
«Creo que es efectivamente una visión muy utópica. ¡Qué visión arcaica!, no lo hubiera creído de la Evil Queen»
«Pero ella se merece eso»
«El sexo en la noche de bodas es una tradición que tu sufriste, Regina, no es una prueba de respeto a sus ojos. Para ella el sexo es una consagración de vuestro amor, es por eso que ella lo quiere, que insiste»
«Pero ella es pura, ¡cómo puedo robarle su inocencia…yo entre todos las personas del mundo!»
«Eres la que ella ha elegido, y eres una buena persona a pesar de tu pasado, Regina. No te veas más que a través de sus ojos, porque es así como eres»
«La amo tanto, tengo tanto miedo de decepcionarla»
«Regina, dime realmente lo qué piensas, dejando de la lado las tonterías de la pureza. Porque su virginidad la perderá contigo, lo quieras o no…Aunque sería mejor que lo quieras, facilitará las cosas…»
«Ruby…»
«Perdón…Ya me concentro… Entonces, dime Regina, ¿cuál es la verdadera razón de que estés aquí?»
«¿Cómo…cómo satisfacer a una mujer, Ruby? Nunca he hecho eso, yo…querría estar a la altura, pero con las mujeres soy tan virgen como ella»
«Oh, entonces ese el problema…» dice Ruby sonriendo.
«¿Tú ya lo has hecho?»
«Sí, demasiado a menudo»
«¿A menudo, a menudo?»
«Regina, no hagas como si mi reputación no me precediera, además no me arrepiento, estoy muy orgullosa por el contrario»
«¿Es complicado?»
«No, es diferente»
«¿Puedes…ayudarme a saber qué hacer?»
«Hazme tus preguntas Regina»
«¿Crees que yo…puedo hacerle perder la virginidad sin tener…pene?»
«Por supuesto que puedes, tienes dedos»
Regina siente que su boca se seca, pero hace como si nada y mira a Ruby con insistencia para que continúe.
«Un cuerpo de mujer no es tan inquietante, tú la amas, hazle lo que a ti te gusta en tu cuerpo. Deberás escuchar las reacciones de su cuerpo y seguir tu instinto. Acaríciala durante bastante tiempo para que se relaje, lo mejor es evitar en un primer momento su sexo para no estresarla. Cuando la notes preparada, y lo sabrás por sus gemidos, y por los ligeros temblores de su piel, entonces tócala más íntimamente. Sé dulce porque le va a doler, pero mucho menos de lo que tú has conocido, debes atravesar la barrera de su himen, no le temas al dolor que ella sentirá, debe pasarlo. Después vuelve a acariciarla para que sienta de nuevo el placer»
«Temo ser torpe y decepcionante. Nunca me ha sucedido esto, en fin, yo era la Evil Queen, tuve muchos amantes, y heme aquí angustiada como si fuera mi primera vez»
«Estoy segura que serás perfecta, escucha sus reacciones y déjate guiar por tu instinto y por lo que te gusta, y será genial, ya lo verás. Debes comprender que también eres virgen, por primera vez en tu vida vas a hacer el amor estando enamorada»
Regina sonríe pensando en eso
«¿Y tú, Ruby? ¿Cómo estás tú?»
«Perfectamente»
«Y con Aneck…¿Cómo va?»
«¿Hablas de la vida en general o del sexo tórrido?»
«De las dos cosas» dice la reina sonriendo
«Estoy locamente enamorada, te agradezco tanto el que nos hayas presentado, creo que es el hombre de mi vida, es mi mitad como Emma es la tuya»
«¿Te habías imaginado que el Reino oscuro te traería el amor verdadero?»
«No, sin embargo estoy contenta»
«¿Y en el sexo? ¿Cómo es nuestro discreto y amable Aneck?»
«IN-CRE-I-BLE» confiesa Ruby que todavía no se cree que esté ahí confiándole su vida sexual a una Evil Queen curiosa de saber más. «Hace unas cosas, Regina, que te desmayas, nunca he tenido un amante parecido»
«Jajajaj, estaba segura, ya sabes lo que dicen, los más calladitos son los que más nos sorprenden»
«Entonces, él es EXTREMAAAAADAMENTE calladito»
«Ruby ya lo sabes, eres bienvenida a instalarte definitivamente aquí, y lo mismo digo con respecto al Reino oscuro»
«Gracias Regina. Sé que es la vida con la que sueño, permanecer aquí con Aneck y continuar cuidando de Emma y de ti. Pero, tengo miedo del día en que Snow se entere, y sé que siempre estaré al lado de mi princesa, sobre todo ante las dificultades que vengan»
«Soy feliz al saber que siempre te tendrá, pero…si un día nosotras tenemos nuestra vida, nuestro final feliz, ten por seguro que el Reino oscuro no aspira a otra cosa sino a ser tu hogar.
«Gracias» dice Ruby abrazando a la reina. Ella se tensa un momento, pero luego se relaja y estrecha a la loba entre sus brazos.
Se retira y se va a acostar. La reina niega a Emma compartir oficialmente su habitación, la joven princesa se une a ella todas las noches, pero Regina continua queriendo que cada una tenga su habitación. Desea llevar las cosas despacio y sabe que Emma sería cada vez más insistente si compartieran habitación de forma oficial. Entra en sus aposentos y sonríe al ver a la joven princesa dormida en su gran cama, está boca abajo y Regina se coloca a su lado dulcemente, colocando sus cabeza entre sus omoplatos. Emma suspira y ajusta su posición, pero no se despierta y la reina se duerme en seguida.
A la mañana siguiente, Regina se despierta sintiendo una mano acariciar su mejilla. Abre los ojos y ante sus ojos tiene el escote del camisón de Emma. Se da cuenta de que está ovillada a ella, su cabeza bajo su cuello y la princesa acariciándola suavemente. Suspira sin dejar de mirar la pálida piel del pecho de la rubia que ve en parte desde donde está. Posa tímidamente sus labios en lo alto de sus pechos y comienza a depositar pequeños besos sensuales por aquí y por allá. Sube hasta el cuello de la princesa, su mandíbula y finalmente sus labios.
«Regina…» murmura Emma cuyo corazón latiendo desesperadamente puede sentir la reina bajo sus dedos.
«Emma, ¿estás segura de que es lo que quieres?»
«Síiiii» suspira la rubia, la voz cargada de deseo
Regina la besa tierna y largamente comenzando a descubrir su cuerpo bajo sus dedos. Desliza su mano por el muslo en una caricia increíblemente erótica que basta para hacer nacer un batir de mariposas en el estómago de la princesa. Desliza la mano hacia arriba, rozando a penas un lado de su nalga y se detiene en su cintura que aprieta dulcemente.
Emma gime curvándose suavemente, sus labios no se despegan sino para coger aire antes de volver a juntarse. Regina le quita el camisón, y se desprende del suyo. Los ojos de la rubia se ensombrecen al ver los pechos redondos y perfectos de la reina cuyos pezones ya estaban erectos por la excitación. Emma se disponía a llegar a ellos cuando siente que la reina pone de nuevos sus labios sobre ella. Se queda un momento en el valle de sus senos antes de atreverse a ir más lejos. Baja su boca hasta su pecho y con su lengua lame el pezón duro de la rubia. Emma jadea ante esta nueva sensación y se arquea para aumentar el contacto con la reina. Grita de placer cuando Regina cierra sus labios sobre él y lo chupa un poco más fuerte.
Un sensación nueva se apodera de Emma, siente su excitación aumentar entre sus piernas, más fuerte que todo lo que había conocido antes. Desesperaba por que la reina la tocara, pero respeta su necesidad de tiempo. Todo era increíble, cada caricia, cada sensación le cortaba la respiración y Emma tiene cada vez más problemas para controlarla. Finalmente, siente que la reina desciende sus besos, su corazón se acelera al comprobar que se acercaba inexorablemente al lugar que gritaba para que se ocuparan de él.
Regina está electrizada, las reacciones de Emma le dan confianza, ver su cuerpo temblar bajo sus dedos, escuchar sus gemidos, es erótico e intenso. Nota que su boca se seca aproximándose al sexo de la princesa. Inhala profundamente el aroma de Emma y su excitación aumenta, sabe que es un aroma del que ya no podría prescindir. Se lame sus labios y se lanza, olvidando sus miedos, guiada por su voluntad de mostrarle a Emma has qué punto la ama. Lame dulcemente los labios hinchados y gime de gusto, Emma está muy excitada y esta constatación acentúa el deseo que aumenta entre las piernas de la reina. Prende entre sus labios el clítoris de la rubia y la escucha gemir más fuerte aún, le da un golpe con la lengua y es recompensada por un movimiento desesperado de caderas por parte de Emma que intenta aumentar la presión y el contacto
La lleva hasta el orgasmo, su boca en su sexo y sus manos en su vientre. Cree desfallecer al escuchar a Emma gritar su nombre al llegar al orgasmo y la besa, dejándola que saboree sus labios.
La joven princesa se queda mirando el techo intentando recuperar una ritmo normal de respiración. Nota la mirada algo inquieta de su amante.
«Regina has sido algo…ha sido… ha sido perfecto, mágico»
La reina sonríe y la besa sin dejar de acariciar su piel desnuda.
«¿Estás segura que estás preparada para más Emma?» le pregunta Regina con una voz que traicionaba el amor incondicional que sentía.
La joven rubia asiente con la cabeza, aún jadeante por su orgasmo. Ver el amor en sus ojos, y el hecho de que le pregunte de esa manera hace que Emma esté más segura todavía.
«Tengo miedo de hacerte daño»
«Quiero que seas tú, Regina, solo tú y yo»
«Solo tú y yo» dice la reina descendiendo dulcemente su mano a lo largo del blanco cuerpo de Emma. La besa posicionando dos dedos en su entrada. Emma tiembla bajo ella, pero su mirada muestra su deseo, su amor, su determinación y su gratitud hacia la reina. Se tensa cuando Regina penetra suavemente en ella. Deja que se acostumbre a la intrusión y al sentir que se relaja alrededor de sus dedos, ella los hunde un poco más hasta alcanzar su himen. Emma emite un ligero grito de dolor, pero suplica a la reina que no se pare. Con la máxima suavidad posible, Regina comienza un movimiento de penetración, empujando un poco más sobre la barrera de su inocencia. Gime al notarla ceder y su corazón parece detenerse. Ella lo está haciendo, está tomando la virginidad de Emma. Este pensamiento la aterroriza tanto como la hace invadirse de amor por la rubia. A Emma le duele, pero se mueve para incitar a Regina a no detenerse. Su ritmo se acelera y Emma grita cuando la totalidad de su himen se rasga bajo los dedos de su amante. Regina se detiene para dejarle tiempo a que se recupere. La penetra varias veces y se retira. Pega a la rubia contra ella, sus cuerpos desnudos el uno contra el otro, dándoles igual la sangre que corría entre las piernas de la princesa.
Emma la besa con pasión y la acaricia con deseo
«Te amo» le dice Regina en un suspiro
«Yo también te amo»
Se duermen así, completamente abrazadas, sus manos juntas y sus dedos entrelazados. Están enamoradas y unidas, dispuestas a afrontar todos los peligros que les acechaban.
