Una visita no anunciada

Cuando Emma se despierta, se encuentra sola en la cama y ve que las sábanas están limpias e inmaculadas. Recorre la habitación con la mirada, perdida por la ausencia de la reina. Se dispone a levantarse cuando la puerta se abre revelando a Regina con una bandeja en las manos.

«Ah, ya estás despierta, desayuno» dice la reina sonriendo y sentándose sobre la cama «Esperaba venir rápido para que te despertaras en mis brazos, pero menos mal que no te ha dado tiempo de salir de la cama»

Emma no pronuncia una palabra, pues su corazón está comprimido por el amor que siente hacia la reina y por la realidad de la intensidad de esos sentimientos. Coge la bandeja, la deja en el suelo y atrae a su compañera hacia ella. La besa en el cuello y comienza a levantarle el ligero vestido que lleva.

«¿Emma?» cuestiona Regina, la voz cortada por la excitación

«Déjame hacerte sentir lo que tú me hiciste sentir ayer»

«Emma espera, ¿cómo fue para ti?»

«Increíble. Oh, Regina, fue realmente maravilloso, me sentí tan bien, tan feliz. Te amo tanto»

«¿No te hice demasiado daño?»

«No, Gina, fue un dolor bueno porque éramos nosotras sellando nuestro amor, no hubieras podido hacerlo mejor, lo sé»

Regina sonríe y la besa, tranquilizada. Emma conoce los pensamientos de su compañera, sabe que ella no puede dejar de pensar en su primera vez.

«No comprendo por qué mi madre idolatra tanto a mi abuelo después de todo lo que te hizo»

«Tu madre era joven y no quería ver las señales, además yo las escondía bien y nunca le dije nada»

«¿Por qué?»

«No son cosas que un niño deba saber»

«Pero ella te daña desde hace años y ya no es una niña»

«Emma, todo eso…no son más que penosos recuerdos, estoy feliz de haberlos compartido contigo, pero solo te necesito a ti. Me da igual lo que ella piense, nosotras somos lo único importante. A ti y solo a ti es a quien yo tengo y tendré el valor para hablarle de eso»

«Te amo Regina»

«Te amo Emma»

La joven princesa retoma lo que estaban haciendo y coloca a la reina dulcemente bajo ella. La desviste y descubre su cuerpo con sus labios. Se maravilla ante sus curvas y su piel ambarina. Una vez desnudas las dos, Emma se yergue un poco para observar a Regina echada delante de ella.

«Emma» consigue decir Regina con una voz apenas audible cruzando sus brazos para esconderse un poco

«Eres tan bella. Tan bella» dice Emma separándole los brazos para verla enteramente. Besa sus mejillas enrojecidas y comienza a tratar su cuerpo como se lo merece, con dulzura y sin prisas. Lame su cuerpo, besa su piel, chupa sus senos. Se concentra en su cuello durante algunos minutos y se aleja antes de dejarle una marca, pero siente la mano de Regina detenerla y volviéndola a atraer a su piel marcada.

«Continua»

«Te va a quedar una marca, Gina»

«Continua, márcame, soy tuya» gime Regina que ni siquiera logra mantener los ojos abiertos. La joven princesa sonríe y recomienza con sus besos, asegurándose de que la marca fuera visible con cualquier vestido que la reina usara.

Regina gemía bajo ella y la rubia se decide a alargar sus sufrimientos. Desciende sus besos hasta su vientre y se detiene en el ombligo. Tiene su sexo en su mano y la reina no puede impedir moverse para intentar crear una fricción. Cierra sus muslos atrapando la mano de la princesa, y se mueve desesperadamente para aligerar el deseo que se apodera de ella. La rubia puede sentir la excitación de su compañera en su mano y se decide a descender hasta su sexo. Separa dulcemente sus muslos e inspira profundamente, jadea al descubrir su olor, besa sus labios y la lame de arriba a abajo. Emma cree morir saboreándola, siente cómo su corazón se desboca cuando Regina suspira y levanta sus caderas. Rápidamente, Emma empieza a lamer y succionar el clítoris de su compañera, penetrándola suavemente con dos dedos, guiada por su instinto. La joven princesa no se cree con qué facilidad le está dando placer a la reina. Se pensaba torpe y decepcionante, pero Regina gime cada vez más fuerte debajo de ella y su cuerpo tiembla completamente de placer.

«Ohhhhh, dios mío, Emma» dice Regina curvándose bajo ella para acompañar su ritmo «Oh dios mío» Tiene sus manos en la larga cabellera rubia y rápidamente llega al orgasmo bajo las caricias de su compañera, pero Emma no se detiene, intensifica sus penetraciones, llevando a Regina a lo más alto por segunda vez. Ya no gime, literalmente grita de placer y se desploma en el colchón cuando Emma la deja descender de su segundo orgasmo.

«Oh, señor Dios, gracias Emma, te amo» dice ella besándola

«Dios…Emma…Todo eso solo son nombres para mí» dice la joven rubia con orgullo

Regina se echa a reír con una risa cristalina y la toma en sus brazos «Nunca había sentido esto antes. Emma, tú me has…oh dios mío, ha sido…ha sido perfecto Emma»

Se ovillan una contra la otra, uniendo sus cuerpos desnudos lo máximo posible. Duermen algunas horas, pero son despertadas por alguien que tocaba a la puerta.

«Majestad, soy Ruby, es importante, tus tontos guardias no me dejan entrar» grita la loba a través de la puerta.

Las dos amantes se miran y se tapan con las sábanas

«Entra Ruby, pero solo tú» ordena la reina

La joven loba se precipita al interior y se para en seco al verlas, visiblemente desnudas bajo las sábanas.

«Ohhhh, veo que he llegado en mal momento…Entonces, ¿ha sido bonito?» dice con un tono pícaro y cómplice

«Ruby, ¿a qué se debe esta visita tan urgente?» corta Regina que siente cómo sus mejillas se ponen rojas.

«Sí, Ruby, qué quieres de nosotras, nosotras que hemos pasado una noche tan perfecta y mágica…» dice Emma sonriendo y haciendo que Regina se ponga escarlata.

«Señoritas, os contareis lo que queráis en privado, ¿Ruby qué quieres?»

«Oh, me contareis todo y con detalles, yo…»

«RUBY…concéntrate» la corta Regina

«Perdón… Venía a avisaros que tus padres están de camino para hacerte una visita. Desean sorprenderte y supongo que desean sorprenderte, Regina, para poder encontrar algo que les dé la excusa para llevarse a Emma»

«¿Con qué derechos se invitan a mi reino? No lo hubieran hecho en ningún otro. Se trata de otra idea de su santidad Snow, pero ¿quién se cree que es? Va en contra de cientos de nuestras leyes y reglas…»

«Es perfecto» le corta Emma

«¿Qué?»

«Ellos esperan esto, que tú te enfades, y te dirán que tú eres aún la Evil Queen, pero si les acogemos con calor y amabilidad a pesar de su comportamiento, que hablará por ellos mismos, se encontrarán estúpidos y eso demostrará a todos los otros reinos que no hay que tener desconfianza hacia ti. Piensan venir para incomodarte, pero va a pasar al revés»

«No es una idea descabellada» murmura Regina que se retiene de hacerles pagar a los Encantadores su comportamiento solo por la presencia de su compañera. «No se lo digamos a nadie, su llegada debe ser un secreto para todo el mundo para que crean que nosotras no estamos al corriente. El problema va a estar en las habitaciones para instalarlos a ellos, para sus sirvientes y sus acompañantes no tengo problema, pero para una pareja real, los aposentos ideales son los que tu ocupas, Emma»

«Sé que esto nos traicionará rápidamente, pero yo puedo dejarlos y venir aquí contigo»

«Me gustaría decirte que sí, oh, sí, nada más que para ver sus caras descompuestas al comprender lo que he hecho a su inocente niñita» dice con un tono y una sonrisa sádica. «Pero, es muy pronto, se volverán locos si se enteran de eso tan pronto»

«No lo digas así, te das a ti misma una aurea demoniaca que está muy lejos que la realidad»

«Es así como ellos me verán, para ellos yo te habré pervertido, mancillado, te habré privado de tu pureza. Van a enfermar»

«Regina, he perdido la virginidad contigo, y fue de la manera más dulce, más tierna e intensa inimaginable. Tenías miedo, y yo te lo ofrecí. Tú aceptaste el regalo que yo no quería sino hacerte a ti. Tal acto es puro.»

«Te amo, dulce princesa»

«Te amo, dulce reina»

«Venga, parad, me estáis dando ganas de llorar. Pensemos en una estrategia de recibimiento»

Emma y Regina toman consciencia de la presencia de la loba y ríen. Conversan largamente sobre qué hacer. Finalmente, se decide que Emma permanecería en sus habitaciones y que Regina los instalaría en la otra ala del castillo, igual de confortable, pero lo suficientemente alejada de los aposentos reales para dejarles un poco de libertad. Las dos mujeres convencen a la reina para que les sonría cuando lleguen y así evitar lo máximo posible las observaciones desagradables, aunque saben que es causa perdida.

Esa misma tarde, el carruaje real llega y Regina se instala en la sala del trono para esperarlos. Emma se sienta a su lado en un trono que la reina le había hecho para ella algunos días antes. Para la ocasión, Emma se ha puesto un vestido elegante, pero que marca bien sus formas sin ser vulgar o demasiado sexy. Ese vestido está lejos de la ropa de jovencita que su madre le había hecho llevar y Emma sonríe al ver su marida cuando la ve.

«Snow, Charmant, ¿a qué debo el honor de esta visita no anunciada?» Regina habla amablemente, pero hace nota a la pareja que su comportamiento no se ajusta a los protocolos a los que ellos tanto se ajustaban normalmente.

«Deseábamos ver a nuestra hija, tenemos derecho» dice Snow apretando los dientes para forzarse a sonreír.

«Por supuesto, por supuesto, ¿qué hay más normal? Simplemente hubiera esperado estar al corriente para preparar nuestro reino para el recibimiento de una pareja real. Es una simple cuestión de organización, ya sabes, Snow, tú que siempre estás recibiendo visitas»

Emma nota cómo la tensión ente las dos mujeres crece progresivamente, pero ve que Regia se desenvuelve bien, intenta ser calurosa dejando caer el mensaje de que ellos no pueden permitirse todo.

«Por supuesto, es verdad que tendríamos que haber avisado de nuestra visita» tuvo que consentir Snow apretando los dientes.

«Vamos a dejarlo pasar, estoy segura de que Emma está contenta de veros, celebremos el momento. Creo que podremos instalaros en el ala oeste del castillo, mis empleados acaban de recibir la orden de preparar los aposentos previstos para los invitados reales»

«Pensé que los aposentos reales estaban en el ala este» dice David que, contrariamente a su mujer, él no presenta ninguna animosidad a la reina y su pregunta es simple curiosidad. Regina le sonríe amablemente antes de responderle.

«En efecto, pero son ocupados actualmente por vuestra hija, no os preocupéis, los del ala oeste son perfectos para acogeros»

«Oh, no lo dudo» dice David sonriendo. Él parece molesto con la actitud de su mujer, y feliz simplemente de ver a su hija. Regina se dice que quizás tendrían un aliado en esta historia.

«Has modificado muchas cosas aquí» señala Snow «¿Cuántos esclavos han muerto haciendo este trabajo?» pregunta ella.

Emma se dispone a intervenir cuando Regina responde con una voz fuerte, prohibiendo a la princesa entrometerse.

«Ninguno. Todo lo he hecho yo misma, pero en tu honor, he mantenido mi viejo manzano, puedo traerte una manzana si no la malgastas con una sola mordida como la última»

Snow la fusila con la mirada y se acerca al trono. Regina se levanta y también se adelanta.

«Entiéndeme, he visto que has pintado una parte del castillo de blanco. He pensado que ha sido para representar el alma de tus pobres criados muertos bajo tus órdenes»

«No, es para mostrar la renovación de mi reino. No busques, es una palabra que tu no conoces Snow»

«¿Qué quieres decir?»

«Cuando uno ve que gobiernas de la misma manera que tu bien amado papá, uno se pregunta si sabes hacer algo por ti misma»

«Sé perfectamente hacer cosas por mí misma» se indigna ella

«Ah, sí, perdóname, es verdad, traicionas muy bien los secretos y la confianza que depositan en ti»

La reina blanca está a punto de estallar y ahora se encuentra a pocos centímetros de la reina oscura. Nadie se atreve a moverse, y Emma se da prisa en tomar la palabra.

«Bueno, queridos padres, creo que un paseo os hará bien después del camino en carruaje»

Las dos reinas continúan despreciándose con la mirada durante un momento antes de alejarse una de la otra.

«Sí, tienes razón» dice David agarrando a su mujer y atrayéndola hacia él.

Emma interroga a su compañera con la mirada que asiente para tranquilizarla de que todo iba bien.

Al tener trabajo Regina, son Emma y Ruby quienes acompañan a la pareja en su visita del reino. Todo transcurre en calma, Emma les cuenta lo que había descubierto, cómo ocupaba sus días. No deja de remarcar la frecuente presencia de la reina a su lado en sus aventuras.

«¿Os habéis convertido en amigas?» pregunta David con bondad

«Sí, papá, es una mujer genial, ya no es la Evil Queen que conocíais, puedes confiar en mí»

«Lo dudo, ella prepara algo, eso es todo» dice Snow

«Mamá, deberías dejar de vivir en el pasado, si ella ha logrado dejar todo atrás y seguir adelante, ¿por qué tú no?»

«¿Qué te ha dicho sobre mí? ¿Sobre nuestro pasado?»

«Nada, no quiere contarme nada» miente Emma. En su interior, ella desea escuchar la versión de su madre y ver si le dice la verdad «¿Querrías tú contármela?»

«No hay nada que contar, Emma. Sí, vivió una desgracia, perdió a alguien a quien quería, pero en vez de hacer como todo el mundo y avanzar, prefirió hundirse en la magia negra y la maldad. Es así como ella es y nunca cambiará»

«¿Por qué ese odio entre las dos entonces?»

«Porque me responsabiliza de su pérdida»

«¿Por qué?»

«Es el pasado, Emma, solo debes recordar que es una mala persona» dice Snow sabiendo que si le cuenta la verdad, Emma se aproximaría más a la reina. «Regina siempre ha escogido la facilidad del mal, ella ama eso, mató a mi padre sin razón, cuando él era bueno y amoroso con ella. Me odió por cosas de las que yo no era responsable, sobre todo porque yo era muy joven en esa época. Esa mujer no tiene corazón y ¿es aquí donde tú quieres pasar tiempo?»

Se sorprende al ver a su hija que la mira casi con odio en su mirada

«Emma, ¿qué sucede?» le pregunta

«¿Cómo te atreves…»

«Emma, yo no…»

«No me dirijas nunca más la palabra, mamá, tus palabras son veneno»

«Emma, ¿qué ocurre?»

«Regina ya me ha contado toda su vida»

«Pero, tú me has dicho que…»

«QUERÍA VER SI, AL IGUAL QUE ELLA, TÚ TENÍAS EL VALOR DE CONTAR TODA LA VERDAD. Pero veo que solo dices lo que te conviene para alejarme de ella. ¡Y pensar que en la historia tú estás considerada la buena!»

Emma se da la vuelta y corre hacia el castillo entrando como una tromba en la habitación de la reina que estaba metida entre papeles, y se lanza a sus brazos llorando.

«Emma, ¿qué sucede?» le pregunta dulcemente después de dejarla llorar un rato acariciándole sus cabellos.

En ese momento, Snow, Charmant y Ruby se plantan en la habitación. Al verlos, Emma se aferra un poco más a Regina impidiéndole soltarla.

«Snow, Charmant, estáis en mis aposentos privados y no tengo por costumbre recibir a nadie aquí, menos aun cuando no son anunciados. Bajad y os veré en un momento en el salón»

«Nuestra hija…»

«Ahora no os necesita, yo me ocuparé de ella y bajaremos. La conversación ha acabado, os recuerdo que estáis en mi palacio, debéis seguir MIS reglas» termina de decir con autoridad.

Una vez que la pareja se ha ido, obliga a Emma a mirarla y se da cuenta de que la princesa ya no lloraba, pero está en cólera.

«Emma, no entre nosotras, te he contado todo, háblame»

«Es mi madre, ha hablado mal de ti, solo cuenta lo que le conviene para hacerte pasar por la mala»

«Pero yo soy la mala del cuento, Emma, mi redención la vivo gracias a ti»

«Ella ha dicho que no es responsable de nada de lo que te pasó y que mi abuelo era cariñoso»

«Tú madre es débil y cobarde, es más fácil para ella pensar eso y a mí me da igual, solo me importas tú»

Emma la besa y comienza a deslizar sus manos por su cuerpo.

«No, Emma» suspira Regina que casi no puede mantener el control. «No quiero hacer el amor mientras estás tan contrariada»

«Lo deseo Regina»

«Yo también, pero espera que tu alma esté tranquila»

«Gina, no busco utilizar el sexo como escapatoria a un malestar»

Al ver la pena en los ojos de su compañera, Emma comprende

«Escúchame, mi abuelo te violaba en cuanto tenía ganas, cuando algo lo contrariaba o para sentirse orgulloso de él mismo. Sé que para él tú eras una manera de liberarse. Pero el sexo no es eso, yo quiero hacerte el amor, no porque yo este contrariada, sino porque tú y yo somos verdad. Quiero hacerte el amor porque necesito sentir lo que la una sentimos por la otra y celebrarlo. Hacerte el amor es lo más hermoso que se me ha concedido y que tú me hagas el amor es lo más hermoso que se me ha permitido vivir. Porque es la consagración de un amor tan profundo que nunca pensé merecer algo parecido. Mi madre me ha hecho recordar tu infelicidad, déjame envolverte con mi dulzura»

Regina deja sus lágrimas correr por sus mejillas mientras se echa dulcemente entregándose completamente a su amante. Emma se coloca sobre ella y la desviste, y comienza a besarla por todas partes.

«Emma, espera» gime la reina «Tus padres nos esperan, ellos van.. Van a comprender si…ahhh» No puede continuar su frase, porque Emma había hundido lentamente dos dedos en su interior.

«Me da igual Regina, incluso me gustaría que supieran lo que te hago, el placer que sentimos juntas, el amor que compartimos. Ya no soy su niñita, soy una mujer que ha encontrado su amor verdadero, deberán aceptarlo o me perderán. Sea lo que sea que suceda, tendremos que afrontarlo tarde o temprano»

Emma había olvidado completamente el plan que habían elaborado, sabe que, pase lo que pase, sus padres se opondrán, así que tendrán que saberlo para que ellas puedan luchar contra ellos.

Acelera el ritmo de sus penetraciones y lleva a su compañera hasta el orgasmo, sin embargo no se para y la hace alcanzar el clímax tres veces seguidas, cada ver más fuerte. La besa mientras la ve recomponerse, jadeante y con las mejillas rojas escarlata.

Regina responde a su beso sonriendo bobamente, los ojos cerrados, y ella se duerme relajada y satisfecha como nunca lo había estado. Emma no puede dejar de sentirse orgullosa. Tapa a su compañera y se separa de ella después de un momento. Se viste y desciende para unirse a Ruby y a sus padres en el gran salón.

«Finalmente, ¿dónde estabais? Hace dos horas que esperamos»

Emma sonríe al darse cuenta del tiempo que habían pasado en la habitación. Cruza su mirada con Ruby que frunce el ceño de manera desganada, pero comprende, lo que la hace enrojecer.

«¿Dónde está Regina?»

«Descansa» dice Emma sonriendo

Snow no parece comprender, pero David ha leído perfectamente entre líneas. Aunque él aceptaba con bondad a la reina, lo que cree comprender no lo tranquiliza en absoluto.

«Creo que vamos a esperarla para conversar» dice él secamente sentándose en un sillón. Algunos minutos más tarde, Regina llega, parece fatigada, pero enarbola una inmensa sonrisa. Posa su mirada en Emma y le dedica una magnífica sonrisa antes de darse cuenta de la tensión que reinaba en la sala.

«Creo que es necesaria una conversación» dice David con un tono que no presagia nada bueno.

Regina se acerca a Emma para ponerse a su lado e inspira profundamente. Era el momento de afrontar los obstáculos que se les iban a poner entre ellas.