La separación

Regina se muestra fuerte delante de Emma, pero, para ser honestos, está completamente aterrorizada ante lo que habría de pasar.

«Habla entonces David» dice ella con aplomo.

«¿Qué hay entre vosotras dos?»

Emma y Regina se miran, comunicándose en silencio. Regina asiente finalmente y Emma mira a sus padres con desconfianza

«Amor»

David se hunde en su asiento y Snow se atraganta con su vaso de agua

«¿QUÉ?» grita ella. «Pero eso totalmente abs…»

«¿Os amáis?» la corta David.

«Sí» responden al mismo tiempo

«Es mi amor verdadero» dice Emma.

«Y ella el mío» añade Regina

«Creía que era Daniel» fulmina Snow

«Te prohíbo que pronuncies su nombre» dice Regina cuya cólera estaba apareciendo.

«No se puede tener dos amores verdaderos»

«Sí se puede. El hada azul me lo ha confirmado. Si tú pierdes a tu verdadero amor, tu corazón puede encontrar otro. Es muy raro, pero sucede»

«Mi hija no es tu verdadero amor»

«Sí lo es» dice calmadamente la reina tomando la mano de Emma entre las suyas.

«¡NO LA TOQUES!» grita Snow precipitándose hacia ellas para golpearla. Es detenida por Emma que la empuja violentamente.

«Levanta la mano sobre ella, mamá, y no me volverás a ver»

«Pero Emma, es…»

«La mujer que amo»

«Snow, David» les interrumpe Ruby «Sé que no comprendéis y estáis enfadados, pero lo que dicen es verdad. Están enamoradas de verdad y tras haberlas observado desde que estoy aquí, os puedo asegurar que Regina es sincera. Ama a Emma, nunca le hará ningún mal. Es una certeza absoluta»

Regina mira a Ruby y le hace una señal con la cabeza para agradecerle su apoyo.

«Emma, ¿acabas de hacerle el amor hace unos minutos?» pregunta David, sentado aun calmadamente en su asiento.

Emma se sonroja bajando la cabeza.

«¿Has obligado a mi bebé a tocarte? ¿Has obligado a mi bebé a darte placer? Eres un monstruo Regina» vocifera Snow.

«Snow, cállate» la interrumpe David «Emma…» añade él esperando la explicación de su hija.

«Ella no me ha obligado, incluso se me ha resistido durante mucho tiempo. Todo lo que he hecho con ella yo lo he querido e iniciado. Papá, soy feliz con ella»

«Emma, ¿eres todavía virgen?» La voz de David es tan grave y seria que incluso Regina siente un escalofrío.

Emma se queda en silencio manteniendo la mirada de sus padres

«¿Has tomado la inocencia de mi hija?» pregunta Snow aguantando la rabia que se apoderaba de ella. «REGINA, ¿HAS TOMADO LA INOCENCIA DE MI HIJA?»

«Ella no ha tomado nada, yo se la he dado» dice Emma antes de que su compañera tuviera tiempo de decir nada.

«Emma, ¿sangraste? ¿Qué te hizo? ¿Te dolió antes de sangrar?» pregunta David con un tono que difícilmente ocultaba su cólera.

«David, eso forma parte de nuestra intimidad, no tiene que responder a esas cuestiones, sabed que vuestra hija ya no es virgen» responde Regina manteniendo la calma.

«¿QUÉ LE HAS HECHO?» grita Snow «Eres una mujer, oh Dios mío, David, ¿con qué ha agredido a mi hija?»

«ELA NO ME HA AGREDIDO» grita Emma tan fuerte que su madre se cae en su asiento. «Ella no ha utilizado nada, como tú dices. Yo le ofrecí mi virginidad y ella la tomó con dulzura y ternura en un momento de amor. ¿Queréis realmente detalles, queridos padres…?»

«Emma no» suplica Regina. Pero la cólera de la princesa es tanta que no se puede calmar a tiempo.

«Sabed que entre dos mujeres los dedos son suficientes para rasgar un himen. Sí, papá, me dolió y sangré mucho, pero Regina supo ser paciente, dulce y a la escucha de mi cuerpo, tuve placer a pesar del dolor, porque yo vivía uno de los más grandes momentos de mi vida con la mujer de mi vida»

«Emma, para» dice Regina casi suplicándole. La agarra por un brazo y la gira hacia ella «Eso es nuestro, solo nuestro. No les digas más, Emma, y sobre todo delante…» ella deja de hablar, pero Emma comprende que se refería a Snow.

«Perdóname» dice Emma acariciándole la mejilla «He ido demasiado lejos, pero ellos deben comprender»

«Han comprendido» le dice Regina tomando su rostro tranquilizándola.

«Emma, aléjate de ella» dice la reina blanca agarrando la muñeca de su hija.

«Mamá, no, suéltame»

Sin embargo, no lo hace, está tan enfadada que no se da cuenta de la fuerza con la que aferraba a la hija que tiraba para liberarse.

«Mamá, no, me haces daño»

«Snow se encuentra de repente atrapada en su asiento y comprende que Regina utilizaba su magia contra ella. Con un gesto de la mano, la reina oscura la obliga a soltar la muñeca de la princesa.

«Eres como tu padre, Snow White» dice ella como si su nombre fuera veneno «Debes saber que cuando alguien te dice no, quiere decir no»

Regina no puede retener a la Evil Queen. Al ver a Emma sufrir, todo su control se esfuma y mantiene a Snow inmóvil gracias a su magia hasta que la princesa se le acerca. Libera a su antigua hijastra que no dice nada, aún sorprendida por lo que acaba de oír.

«Emma, nosotros regresaremos a palacio y vendrás con nosotros» dice secamente David.

«Nunca en la…»

«No es una pregunta, es una orden, vas a volver a palacio y avisaremos ahora mismo. Lamento haberos dado el beneficio de la duda, una vez más vuestras únicas intenciones es herir a mi mujer utilizando incluso a una niña»

«¡Qué egocentrismo!» escupe Regina «Siempre os imagináis que la vida gira alrededor de vuestra bien amada Snow White. Pero ya no tengo deseos de venganza contra ella, no ensuciaría mis manos por ella, no tiene ningún valor para mí. Amo a Emma, profundamente, es lo único que guía mis actos y mi corazón. Podéis intentar todo lo que queráis, no nos separareis jamás. Os acojo en mi reino y es así como me lo agradecéis, exijo que mañana, al alba, toméis el camino de vuelta. Ahora, me retiro, vuestra presencia me es insoportable»

Emma corre tras ella y se pega a su cuerpo en su cama. Cada una se tranquilizaba en los brazos de la otra, porque no saben que lo peor está por llegar.

En su habitación, Snow está como un león en su jaula.

«Cuando pienso en lo que se ha atrevido a hacerle a mi inocente pequeña. Ella es la sombra, David, tenemos que llevarnos a Emma y casarla lo más pronto posible, está en peligro. Cuando pienso que está en esa habitación con ella haciéndole sabe Dios qué»

«Snow, por favor, no comiences con esa profecía. Antes de nada, tenemos que llevar a Emma a casa y aclarar esta historia»

«Tú…¿Serías capaz de aceptar lo que ocurre?» pregunta ella furiosa.

«No, yo…no sé nada, quiero comprender. Hace un momento yo estaba en cólera y entre la espada y la pared, pero nuestra hija parece feliz. Estoy perdido, Snow, es Regina, Emma no puede elegir a Regina. Pero si dicen la verdad, cometeremos un terrible error separándolas»

«Pero, ¿te estás escuchando David? Es la Evil Queen, tiene un plan en la cabeza, ella no ama a nuestra hija, es incapaz de amar»

«No digas eso, tengo la impresión de que su problema es justamente que ella ama demasiado y que nunca nadie le ha mostrado cómo hacerlo»

«Tú has perdido la razón. Nuestra hija está en peligro, es lo único que tenemos que tener en cuenta. Debemos llevárnosla rápidamente y ya sé cómo obligar a Regina a dejarla libre»

«Sí, una vez Emma en casa, tendremos tiempo para comprender lo que ocurre»

«Para mí está todo claro. Déjame ocuparme de todo»

David se acuesta al lado de su mujer, inseguro de los acontecimientos que iban a ocurrir. Sabía que su mujer se volvería incontrolable a causa de esa profecía que la perseguía desde hace 18 años. De repente, él comienza a lamentar haber sacado esa discusión en su presencia, pero lo hecho, hecho está y hay que encararlo.

Al día siguiente, la pareja real parte sin decir adiós y cuatro días más tarde Regina recibe mensajes de todos los reinos para anunciarle una alianza con el Reino blanco en su declaración de guerra contra el Reino oscuro.

La pareja real se desplaza de nuevo para anunciarle a la reina que si ella no les devuelve a su hija, iban a unir a todos los ejércitos del país de los cuentos de hadas y destruir el Reino oscuro en su totalidad. Regina escucha a Snow hablar y ve a su marido totalmente escondido detrás de ella, visiblemente sobrepasado por los acontecimientos.

«Snow, ¿te da cuenta de lo que dices? ¿Estarías dispuesta a masacrar todo un pueblo para separar a tu hija de su amor verdadero? ¡Y es a mí a quien llaman la Evil Queen!»

«TÚ NO ERES SU VERDDERO AMOR»

«Grita tanto como quieras, eso no cambiará los hechos»

«La has hechizado, no veo otra explicación»

Regina suelta una carcajada fría y cruel «Eso te gustaría Snow White, es mucho más fácil imaginar que todo lo que va mal en tu vida es un golpe de la Evil Queen y de su magia»

«Cuando pienso que mi padre te dio su amor, que no merecías, y lo mataste»

Emma se da cuenta de que la situación pronto iba a desmadrarse. Regina cierra sus puños tan fuerte debido a la cólera que sus uñas se hunden en la carme. Agarra su brazo, dispuesta a usar su magia sobre ella para callarla.

«Regina, mírame. Ella no vale la pena, cálmate, ella no vale la pena»

La reina inspira profundamente y mira amorosamente a su compañera, recuperando la calma en sus bellos ojos esmeralda.

«Snow, Charmant, no os hundáis en esta locura. Dejadnos una oportunidad para mostraros que nuestro amor es sincero y que no tenéis nada que temer por Emma»

«Regina, esta situación es compleja y desconcertante» comienza David «Necesitamos t…»

«No hay nada más que pensar» le corta Snow «Conocemos la oscuridad de tu alma y tus intenciones. Si no nos devuelves a Emma, te declararemos la guerra»

Snow sale como una furia seguida de David que no logra calmar su espíritu, atrapado entre su voluntad de hacer las cosas bien y las certezas de su mujer.

Regina y Emma discuten largo y tendido esa noche, ninguna quiere perder a la otra, y ninguna quiere arriesgar la vida de los millares de inocentes ciudadanos del Reino oscuro. Es su primera pelea y es muy violenta.

«Me niego a perderte por la estupidez de mi madre y la sumisión de mi padre» grita Emma empujando violentamente a Regina que intentaba calmarla. La sangre de la reina se revuelve y se echa a llorar de cólera obligando a la princesa a mirarla.

«¿Porque tú crees que yo estoy de acuerdo? ¿Crees que quiero ser separada de mi amor por Snow White, una vez más, ser separada de ti? ¿Crees que mi corazón no sangra ante la idea de estar lejos de tus brazos? ¿Ante la idea de saber que estarás allí con esa mujer cegada por su odio y sus miedos? ¿Ante la idea de que tú no seas lo primero que vea al levantarme y lo último al acostarme?» Regina respira con dificultad y parece incapaz de calmarse. Emma no lo piensa y se abalanza sobre ella para besarla.

«Te amo tanto Emma, no quiero aceptar, pero no tenemos elección» le dice volviéndole la espalda.

Emma la agarra por el brazo y la gira violentamente para tenerla cara a cara. La atrae de un tirón y la besa otra vez. Regina se separa de ella jadeando y a su vez se tira sobre la princesa. La cólera y los gritos dejan paso progresivamente a la pasión y la lujuria. La joven princesa arranca la ropa de la reina sin separarse de sus labios y siente sus manos recorrer su cuerpo. Se pelean por ver quién domina, la adrenalina de la pelea todavía muy presente en sus venas. Regina la empuja de un golpe a la cama y se echa sobre ella sin ternura. Inmediatamente, Emma comienza a gemir alzando sus caderas para frotar su sexo contra el de su amante. Regina gruñe de placer atacando su cuello con labios deseosos.

La joven rubia grita de placer al sentir dos dedos penetrándola de un golpe. Regina comienza inmediatamente con penetraciones rápidas y profundas, moviendo su cuerpo al ritmo para acompañar y profundizar cada uno de sus ataques. Toma con su boca uno de los redondos pechos de sus amante y muerde con dulzura su pezón para hacerle saborear esa clase de sexo que ella no conocía, el amor pasional y salvaje, Regina se mueve rápido encima de ella y Emma grita de placer, su alma cortocircuitada por esas sensaciones nuevas. Emma estruja las sábanas, tan fuerte que sus falanges emblanquecen y grita cuando la dulce liberación del orgasmo llega a ella como olas rompientes.

Jadea sintiendo a su compañera, cubierta de sudor, derrumbarse sobre ella. Lucha contra sus deseos de dormirse y se coloca entre sus piernas acogedoras. Regina intenta abrazarla, pero Emma la rechaza, ella atrapa sus pechos con cierta rudeza que no disgusta a la reina, que acepta dejarse hacer. La joven desciende directamente a su sexo al que descubre húmedo y caliente. Lo ataca sin esperar, con un ardor nuevo, porque sabe que en ese instante Regina no desea ni ternura ni dulzura. La reina comienza a jadear levantando sus caderas para proporcionarle un mejor acceso. Se dobla brutalmente por el placer y busca desesperadamente algo a lo que agarrarse. Logra atrapar la cortina de su cama de baldaquino y a ella se aferra, sus gestos son entrecortados e incontrolados. Regina no se guía sino por su placer electrizante y se corre violentamente en la boca de su amante.

No tiene tiempo de recuperarse de su orgasmo cuando el soporte de la cortina cede, dejando caer sobre ellas la tela y cubriendo a su compañera. Emma trepa dulcemente por su cuerpo desnudo hasta sacar su cabeza, y ellas ríen juntas.

«Te amo Emma»

«Te amo Regina»

Hacen el amor durante toda la noche, diciéndose adiós uniendo sus cuerpos una y otra vez. Están sentadas, Emma sobre Regina, en la posición del loto. Cada una tiene dos dedos profundamente hundidos en la otra y se mueven la una contra la otra penetrándose a un mismo ritmo. Gimen y se besan. Notan la familiar sensación hervir en sus estómagos, están a punto. Se miran y se dicen "te amo" al mismo tiempo antes de ser presas de un orgasmo violento y simultáneo.

Emma se derrumba sobre Regina que la sostiene y la ayuda a tenderse. Al mirar sobre ellas, ven un humo dorado que invade completamente la estancia.

*¿Qué es eso?* piensa Regina

«No lo sé, corazón, ¿no viene de ti?»

«Emma, ¿has escuchado lo que acabo de pensar?»

«¿Qué?»

«Me has contestado, pero yo no había dicho nada»

«Sí, me preguntaste qué era eso»

«No, solo lo pensé Emma»

La rubia se endereza y a Regina le cuesta separar sus ojos de sus pechos.

*¡Dios, cómo me gusta que ella pierda totalmente sus capacidad de pensar cuando mira mis pechos!*

«Yo no pierdo mi capacidad de pensar, solo me tomo tiempo para admirar mis dos frutos prohibidos»

«Has escuchado mis pensamientos»

*Parece que sí* piensa Regina mirándola a los ojos

«Pero, ¡es genial!»

*Creo que nuestro amor se adapta a las dificultades que vamos a vivir*

«Podremos hablar durante el tiempo que estemos separadas»

«Sí» suspira la reina con tristeza. «Creo que inconscientemente he traspasado el hechizo que hice sobre mi diario y tu libro. Lo he aplicado a nuestros espíritus, pero no comprendo cómo»

«Quizás haya sido la magia de las dos lo que lo ha permitido, la del verdadero amor»

«Seguramente» dice la reina mientras la besa

Deciden que Emma regrese con sus padres hasta que encuentren un medio para que ellos acepten su amor o para escapar sin arriesgar la vida de inocentes. Pasan el resto de la noche acariciándose. Emma desliza su mano por todo el cuerpo de Regina, intentando memorizar cada detalle, cada lunar sobre su piel, cada marca y cada cicatriz. Quieren conocerse de memoria antes de tener que separarse.

Por su parte, Ruby se había reunido con Aneck para explicarle el regreso de Emma al Reino blanco y su decisión de acompañarla.

«Ruby, sé que, diga lo que diga, tú no cambiarás de opinión, y sé que sería egoísta hacerte quedar, porque Emma va a necesitar más que nunca de ti. Pero no quiero que te vayas, déjame ir contigo. No quiero que nos separemos»

«Aneck, me gustaría tanto decirte que sí, la idea de estar lejos de ti me rompe el corazón. Pero no estarías a salvo en el Reino blanco. Un hombre originario del Reino oscuro, todo el mundo verá en ti a un espía, te vigilarán, e incluso informaran sobre ti. Tu verdadera naturaleza será en seguida revelada y los lobos no son tan bien acogidos allí como aquí»

«Te amo Ruby»

«Te amor Aneck»

La toma en sus brazos y deja que llore toda su tristeza. También ellos hacen el amor toda la noche, cada uno incapaz de dejar al otro. En cuanto ella no lo sentía en su interior, Ruby se encontraba vacía e incompleta. Al día siguiente, se despierta con el aroma de los dulces que llena la pequeña casa de su amante.

«He hecho de todo, quiero mimarte una última vez antes de tu partida»

Ella sonríe y desayunan juntos, Aneck acariciando y besando cada cierto tiempo su cuerpo desnudo. Deja que se vista y la detiene antes de que salga.

«Ruby. Eres lo mejor que me ha ocurrido, sé que tienes que irte y ya ansío tu vuelta. Porque sé que volverás. Te esperaré todo el tiempo que haga falta, mi dulce loba»

Él pone su rodilla en el suelo y saca un estuche de su bolsillo. Ruby deja de respirar mientras lo mira fijamente, no creyéndose lo que estaba a puno de ocurrir.

«Ruby, ¿quieres casarte conmigo?»

Ella está completamente subyugada e incapaz de emitir el mínimo sonido. Se pone entonces a asentir frenéticamente.

«Sí, Aneck, sí, quiero casarme contigo, sí, quiero ser tu mujer»

Le pone el anillo en el dedo, y la besa con pasión, pero también con ternura.

«Sé que esta pedida es torpe y precipitada, pero tu partida me ha imposibilitado hacer lo que tenía pensado desde hace días. Te prometo que cuando regreses, te ofreceré la pedida que mereces, y nos casaremos aquí, en el Reino oscuro si tú quieres esta vida»

«Por supuesto Aneck. Tan pronto como esta locura acabe, Emma y yo volveremos y tú y yo nos casaremos. Te amo tanto Aneck»

«Te amo»

Él la besa una y otra vez hasta que se hace el momento de partir.

Esa misma mañana, Emma se escabulle de la habitación sin hacer ruido para ir hacia el carruaje real que la esperaba y se echa a llorar tan pronto como los caballos se ponen en marcha. Regina, por su parte, había fingido dormir, porque sabía que su compañera quería que esa noche fuera su "adiós". Llora en cuanto la puerta se cierra tras la rubia y no sale de la cama sino hasta el día siguiente para saber si Emma había llegado sana y salva al Reino blanco. No se atreve a probar su unión telepática, por miedo a que no funcione y a estar completamente separada de su princesa.

El trayecto de vuelta es muy triste para Emma y para Ruby que dejaban con un peso en el corazón a sus respectivos amores.

«Tu madre entrará en razón y volveremos junto a ellos»

«Creo que tendrías que haberte quedado con él, mi madre puede intentar arruinar mi vida, pero no tiene que hacerlo con la tuya»

«Nunca te hubiera dejado Emma. Sobre todo con lo que te espera»

«Gracias Ruby. Pero si las cosas duran, prométeme que regresarás, no quiero ser la causa de que rompáis»

«Emma, Aneck y yo nos amamos sinceramente, no romperemos por estar separados, lo sé. No te culpes de todo eso, no es y nunca será tu culpa»

Cuando llega al castillo, la joven princesa tiene la desagradable sorpresa de que sus padres habían invitado a la corte para celebrar su regreso. Detiene a su madre que se adelantaba para abrazarla y evita el beso que su padre intentaba darle en la frente. Al mirarlos, comprende por la mirada turbada e incómoda de su padre que él no está de acuerdo con esta mascarada y que también la sufría. Ella atraviesa la sala, ignorando las palabras de bienvenida, y sube inmediatamente a su habitación con su madre siguiéndole los pasos.

«Vamos, Emma, ven un rato abajo, ¿qué van a pensar los nobles que han venido por ti?»

«¿Te atreves a celebrar una fiesta cuando yo he vuelto a la fuerza y obligada para evitar la guerra que TÚ querías entablar? Y ¿piensas que yo voy a tomar parte de esta infame mascarada? He vuelto madre…» Snow siente escalofrís al escucharla llamarla tan formalmente. «Pero no esperes que juegue al juego que esperas de mí, has recuperado mi cuerpo y mi libertad, pero mi espíritu nunca podrás quitármelo»

«Pero, Emma, es por ti que hacemos todo eso»

«No, madre, es por ti y únicamente por ti, y yo tengo que aguantar. Vete, deseo estar sola. He tenido que abandonar a la mujer que amo, déjame llorar tranquila»

«Soy tu madre, estoy aquí para ayudarte a seguir adelante y consolarte»

Emma se gira de improviso hacia ella, creyendo que había escuchado mal. Está totalmente sorprendida por el descaro de su madre.

«Una madre que es la responsable de la infelicidad de su hija no tiene ningún derecho a consolarla, si tuvieras decencia te retirarías y no harías como si te afectara mis sufrimientos»

«Pero me preocupan tus sufrimientos, tú eres mi bebé, yo…»

«No, madre, tú no lo estás…si no, tú no los causarías. Déjame sola, o si quieres realmente que esté con alguien…» Snow sonríe con esperanzas «Pide a Ruby que suba»

Snow sale con lágrimas en los ojos, pero está convencida de que su hija entraría pronto en razón.