El regreso
Se marchan al mediodía hacia el Reino oscuro. Al acercarse al pueblo, Ruby se pone a patalear de impaciencia, refunfuñando sobre el cochero que según ella no iba lo suficientemente deprisa.
«Ruby, deja de meterte con ese pobre hombre, está a punto de estallar» dice Regina escuchándolo resoplar de fastidio
«No es mi culpa si es lento»
«Los caballos han hecho una pesado camino, tiene razón en no forzarlos más. Relájate, llegaremos pronto y verás a tu Aneck»
«Es fácil para ti decirlo, tú llevas con Emma desde hace varios días»
La reina sonríe y besa la frente de su compañera que dormía junto a ella. Emma lucha para no despertarse y hunde su rostro en el cuello de la morena donde comienza a depositar suaves besos.
«Despierta mi amor» le murmura Regina. Siente que la princesa comenzaba a acariciarle el vientre y mira a Ruby que sonreía divertida
«Tengo la impresión de que cree que está sola contigo»
«Corazón, despiértate, estamos en el carruaje…con Ruby»
Emma abre los ojos y mira en dirección a la loba. Sonríe turbada y se sienta al lado de Regina tomándola de la mano. Inmediatamente, la reina entrelaza sus dedos y deposita un beso sobre su mejilla. Al ver eso, Ruby resopla de frustración, tanto está tardando en ver a su prometido.
Entrado en el pueblo, ella está insoportable, ha atosigado tanto al cochero que consigue que este pase primero por casa de Aneck. Al acercarse a la panadería, saca la cabeza por la ventanilla y grita el nombre de su amante. En los segundos siguientes, el joven sale de su casa y recibe en sus brazos a la loba que había saltado del carruaje en marcha.
Se besan apasionadamente y Aneck deja sus labios para arrodillarse delante de ella. La estrecha contra él y levanta su corpiño para besar su vientre. Vuelve a subir para besarla otra vez más ardientemente y la levanta. Ruby entrelaza sus piernas alrededor de su cintura y se deja llevar a la panadería
Regina y Emma ríen saliendo del carruaje para bajar las maletas de la loba
«Bueno, creo que vamos a dejarlos» dice Regina atrapando la camisa desgarrada de Aneck, tirada en el suelo.
«Creo que es mejor, sí» responde Emma mostrando el corpiño y el sujetador de Ruby que había encontrado sobre el mostrador.
Se disponen a salir cuando escuchan ruidosos gemidos salir de la habitación. Estallan en una carcajada mientras salen y se dirigen tranquilamente al palacio.
Al día siguiente, Regina organiza una fiesta para celebrar el regreso de Emma y anunciar oficialmente su amor. Naturalmente, Emma había subido a su habitación, no siguiendo a la reina a la suya. Regina la mira extrañada, sorprendida por la discreción repentina de la princesa.
«¿Deseas…dormir…aquí?» pregunta ella tímidamente pasando su cabeza por la puerta
«Yo…no sé…Tengo miedo»
«¿De qué?» dice la reina sentándose en la cama
«Que todo esto se nos escape entre los dedos, he deseado tanto, he esperado tanto regresar, poder ser libre para amarte… Ahora que estoy aquí, tengo la impresión de que es un espejismo y que me voy a despertar, más sola que nunca»
«No es un espejismo, estoy aquí, nunca más te dejaré» le dice agarrándola de la mano
«¿Solamente tú y yo?»
«Solamente tú y yo»
Emma la atrae hacia ella y Regina se desliza bajo el edredón, acurrucándose junto a ella. Apoya su cabeza en su torso y desliza su mano por su vientre. La reina suspira de placer al sentir los dedos de su amante acariciar su hombro. La princesa la detiene sin embargo cuando la morena intenta desvestirla
«Gina, no, por favor»
«Disculpa» dice ella deteniéndose «Solo quería sentir tu cuerpo junto al mío»
«Estoy horrible»
«¿Por qué dices eso?»
«Mi cuerpo, parezco un esqueleto»
«Pero ya hemos hecho el amor y me has dejado»
«Lo sé Gina, pero…Estaba feliz de volver a verte, pero después tomé verdaderamente consciencia de mi estado, he perdido tanto peso. ¿Cómo puedes desearme? Me lo pregunto desde que esta mañana vi en el espejo hasta qué punto mi piel se pega a mis huesos. No quiero que te sientas obligada a tocar esto»
«Emma, estás enferma, pronto recuperarás el peso de antes. Eres hermosa, la más hermosa»
Regina se arrodilla entes sus piernas y le quita la camisa antes de mirar su pecho. Emma asiente dulcemente y la deja quitarle la ropa. La reina hace lo mismo con su pantalón y se toma tiempo para mirarla, totalmente desnuda. Se da cuenta de que su compañera ha vuelto la mirada, avergonzada de su estado. Se inclina sobre ella y le gira el rostro para que la mire.
«Tu alma me ha robado el corazón y tu belleza me ha robado la respiración Emma. Eres hermosa, tan hermosa que me duele» dice llevando su puño a su corazón
Ella roza sus prominentes costillas con un gesto tan tierno e íntimo que la princesa siente desbocarse su corazón en su pecho. Regina la mira con tanto amor, que no puede impedir que sus lágrimas se deslicen por sus mejillas. La reina desciende sus manos para colocarlas sobre las caderas donde la piel se pegaba a los huesos.
«Sí, estás delgada, pero es pasajero, no te avergüences de tu apariencia, siempre serás perfecta a mis ojos»
Se inclina pasa besar su vientre, pero se detiene a pocos milímetros de su cuerpo. Inhala el aroma y sopla dulcemente, sus cabellos cosquillean la piel sensible. Emma tiembla y la reina puede ver cómo su vello se eriza bajo esas caricias. La joven princesa no puede reprimirse y comienza a moverse, completamente arrebatada por la intensidad de las caricias que le ofrecía su amante. Jadea al notar sus labios húmedos posarse encima de su ombligo aumentando sus temblores.
«Gina…»gime ella «Quiero sentir tu piel»
El corazón de la reina se funde al escuchar la inseguridad en su voz. Se desviste y se enrosca a ella, entrelazando sensualmente sus cuerpos. La estrecha a su cuerpo y la deja dormir al abrigo de sus brazos.
Regina estaba al completo servicio de su compañera, la ayudaba a lavarse, le preparaba la comida que le llevaba a la habitación. La tomaba todos los días en sus brazos y la mimaba a lo largo de la noche. La obligaba a caminar para tomar el aire y Emma iba restableciéndose bastante rápido. Cada día paseaban por los jardines de palacio, dadas de la mano, bajo la mirada enternecida del pueblo del Reino oscuro. Se contaban sus historias y visitaban a menudo a Ruby que se arrullaba en los brazos de su lobo.
Transcurren cinco meses de esa manera, cinco meses de felicidad, de amor y de dulzura. Emma recuperaba progresivamente su antiguo peso y su salud. El pueblo de Regina acepta su amor y ellas pueden vivirlo sin restricciones. El sexo no pierde intensidad con el tiempo, Emma tiene incluso la sensación de que es todo lo contrario. Se atreven a confesarse sus fantasías y a realizarlas la una por la otra, aunque quedaba una que la princesa no se atrevía a confesar.
Una mañana, Regina pretexta tener trabajo y se teletransporta junto con Ruby al Reino blanco en el que ahora era libre de usar su magia. Pide una audiencia con la pareja real y espera nerviosamente a que esta acepte.
«No te angusties» die Ruby tomándola de la mano
«Es más fuerte que yo, tengo tan poca confianza en mi capacidad de mantenerme calma»
«Snow no se permitirá hacer nada»
«Quizás, pero yo aún no le he perdonado todo lo que hizo a Emma»
«Lo sé Regina. Pero piensa en la vida que tenéis ahora, ella no vale la pena»
«¿Sigues en contacto con ellos? Sé que Emma solo acepta responder las cartas de su padre desde hace una semana y ella está al corriente de que yo misma le doy noticias»
«No, te confieso que he estado más preocupada en la organización de mi boda y en mi embarazo» dice Ruby acariciando su redondeado vientre.
Regina ríe y posa sus manos sobre el vientre de su amiga antes de acercarse y hablarle al bebé.
« Tu madrina Emma y yo estamos ansiosas de verte y de poder malcriarte y mimarte cada vez que podamos robarte a tus padres. Solo quedan dos meses, dos cortos meses y veremos tu pequeñita carita de lobita, pequeña princesa»
Ruby no puede dejar de reír ante esa visión surrealista. La Evil Queen que hacía carantoñas a su vientre de futura mamá, impaciente por cuidar al bebé que iba a venir.
«¿Y Emma y tú?»
«¿Qué pasa con Emma y conmigo?»
«¿Para cuándo el bebé? No os doy prisa, pero me gustaría que no hubiera mucha diferencia de edad entre nuestros hijos»
La reina se disponía a contestar cuando la puerta se abre al vuelo
«Buenos días Regina, ¿cómo estáis? ¿Cómo está Emma?» dice David en cuanto entra.
«Bien David, Emma está muy bien. Como os decía en mi última carta, ha recobrado su anterior peso, ha recobrado fuerzas y ya no sufre ninguna carencia. Creo sinceramente que ella es feliz y todo va bien»
«Qué placer escuchar eso. Gracias a vos por escribirnos regularmente como lo habéis hecho. Y según la carta que ella me ha escrito, está feliz con vos, de eso no hay ninguna duda»
«Gracias, y es normal David que te dé noticias, Emma comprende por qué lo hago» dice la reina, no si lanzar una mirada asesina a Snow que se da cuenta de la manera en que únicamente se dirige a su marido.
«¿Ella lo sabe?»
«Sí, yo no lo escondo nada, Snow» responde Regina con un aire altanero
«No lo ponemos en duda» dice rápidamente David cortando las ganas de su mujer de continuar «¿Por qué habéis venido Regina?» añade él amablemente
«Entonces, ¿es cierto que estás embarazada?» interrumpe Snow al darse cuenta finalmente de la presencia de Ruby.
«Sí, como puedes ver»
«Tenía mis dudas antes de que partieses, pero como no me decías nada, supuse que me lo estaba imaginando al ver tu vientre abultarse un poco»
«Sí, sí, viste bien, estoy embarazada»
«Pero, Ruby, ¿por qué no me dijiste nada? ¿Y de quién? ¿Desde cuánto tiempo exactamente? ¿Vas a volver aquí para vivir con el padre?»
«Estoy embarazada casi de ocho meses, el padre se llama Aneck, es un hombre lobo, es panadero en el Reino oscuro. Nos prometimos el día en que Emma y yo tuvimos que venir obligadas al Reino blanco. Nos hemos casado hace tres semanas. No te dije nada porque no íbamos a hacer como si te interesara, Snow»
«Ruby, eres mi mejor amiga, claro que me interesa»
«Snow, ya no estoy dispuesta a fingir. Tu hija sufría, se deterioraba, hice de todo para que abrieras los ojos y nunca me escuchaste o consideraste. Quizás hayas tomado consciencia de tus errores, pero eso no borra lo que ha pasado y no estoy preparada» dice ella antes de dirigirse a David «David, me hubiera gustado invitarte a mi boda, pero me dije que era muy pronto para Emma, espero que lo comprendas»
«Perfectamente. Me doy cuenta de que Emma necesita todavía tiempo, estoy muy feliz de que me escriba y espero que a su ritmo nos acepte de nuevo en su vida»
«Será más fácil con unos que con otros» no puede evitar lanzar Regina con un aire burlón. «¿Qué?» susurra ante la mirada de Ruby.
«Mira David, ella disfruta de la situación»
«Y puede permitírselo, porque nunca ha querido esto, solo nosotros somos los culpables» dice el rey con un tono áspero.
El inmediato silencio de la reina blanca y su semblante culpable hace comprender a las dos mujeres que Charmant ya no es un marido sometido a su mujer. Y que él por fin había retomado las riendas con la esperanza de salvar su matrimonio y sobre todo a su mujer de la locura que la había poseído.
«Yo no disfruto, yo te detesto, Snow y estoy lejos de cambiar ante los últimos acontecimientos. Pero eres la madre de la mujer que amo, así que te tolero. Eso no me obliga a ser agradable contigo y a respetarte mientras no crea que lo mereces»
Snow se disponía a responder, pero la tristeza atraviesa su rostro y se queda callada. Regina no hunde más el cuchillo en la herida, y se dirige a David.
«Con respecto al motivo de mi visita, tengo una pregunta que haceros, algo que quiero hacer según las reglas»
«Sí»
«¿Me concederíais la mano de vuestra hija?» dice ella de un tirón, incapaz de ocultar su nerviosismo.
La pareja se queda quieta y se mira. Snow sonríe apenadamente, pero ella sabe que las cosas están así. Desde la marcha de Emma, ella había reflexionado mucho y discutido con su marido. Había comprendido la sinceridad de su amor y estaba comenzando a aceptar la situación.
David asiente a su mujer después de su intercambio silencioso, y se dirige a Regina.
«Sí, Regina, os concedemos su mano. Podéis ser felices juntas, tenéis la bendición del Reino blanco»
Regina se retiene de saltar, pero su rostro mostraba toda su euforia. Agarra la mano de Ruby y la empuja al exterior. A penas fuera, la pareja real escucha cómo las dos gritan de alegría antes de marcharse. Snow siente su corazón encogerse al comprender que la reina no solo se había ganado el corazón de su hija, sino que también ha ocupado su lugar en el de su mejor amiga. Y lo peor de todo es que no puede culpar a nadie sino a ella misma.
De regreso a palacio, Regina se encierra en su despacho y no permite a nadie entrar. Toda la tarde Emma había sido acaparada por Ruby que preparaba la llegada de su bebé. La joven princesa había intentado escabullirse varias veces para ir a ver a su compañera, pero la loba siempre lograba atraparla. Finalmente, puede escaparse al final de la tarde, y se dirige inmediatamente a la habitación que compartía oficialmente con la reina. Nada más entrar, se encuentra con una carta sobre la cama y la coge. Su nombre estaba escrito en ella, y reconoce en seguida la escritura de Regina.
Mi dulce Emma
En el momento en que entraste en mi vida, yo comencé a vivir de nuevo.
Antes de ti, estaba vacía, antes de ti, estaba muerta y tú has iluminado la estrella que ahora guía mis pasos.
Eres un sol que calienta mi existencia, eres la mayor felicidad que yo podría esperar.
Tengo todos estos sentimientos en mí, tan fuertes, tan profundos…Nunca pensé que podía amar tanto y llegaste tú. Desde el instante en que mis ojos se posaron en los tuyos supe que ya nada sería lo mismo. Estabas tan hermosa sentada en tu trono que creí estar soñando. Parecías tan triste y prisionera, que tuve ganas de tomarte en mis brazos y llevarte lejos, conmigo.
Cuando te lanzaste en mis brazos pidiéndome que te llevara conmigo, creí no poder deshacer ese abrazo. Ese simple contacto, tu aroma, tu dulzura, tu esencia, ya estaba totalmente intoxicada de mi amor por ti.
Nuestro primer beso detuvo mi corazón y nunca podré expresar todo lo que sentí durante nuestra primera vez.
Decías que me querías "solamente vos y yo"… En esos momentos tenía miedo de permitirme soñar y hoy ese sueño se ha convertido en mi vida.
Gracias por ser mi Emma, mi dulce princesa, mi embriagadora rubia.
Reúnete conmigo en nuestro banco, bajo nuestro sauce llorón.
Te amo
Regina
Emma siente que su corazón se desboca de amor. Nunca se imaginó que alguien un día le escribiría una carta como esa y corriendo se dirige al punto de la cita.
Al llegar, ve una multitud de velas dispuestas por todos lados que iluminaban el espacio con su resplandor. En la noche, el lugar parece, de repente, feérico y Emma no puede reprimir la inmensa sonrisa que se dibuja en su rostro. En el centro, está Regina con ese vestido rojo que a Emma le gustaba tanto. Sonríe a la princesa al verla y se acerca a ella. En el suelo, la hierba estaba sembrada de pétalos de rosas rojas y un aroma a canela las envolvía.
La reina parece ligeramente nerviosa cuando la atrae hacia ella. Emma intenta hablar, pero la interrumpe con un tierno beso.
«Mi amor. Finalmente estamos juntas, pero no es suficiente. La vida acoge por fin nuestro amor, pero ya no me es suficiente. Deseo despertar todos los días a tu lado y acostarme todas las noches junto a ti. Deseo gritarle al mundo que soy tuya y tú eres mía. Quiero que lleves a mis hijos y esperar los tuyos.
Emma Charming…¿quieres ser mi mujer?»
La joven rubia baja los ojos para ver el estuche que la reina había abierto delante de ella. Ve una alianza maravillosa de oro blanco incrustada de esmeraldas y de rubíes en la que los anillos que la componían se entrecruzaban como los encajes.
Regina la miraba con angustia mientras Emma no decía nada y Emma se da cuenta de que está muda desde hace casi un minuto. Hunde su mirada en los ojos chocolate de su amante y suspira
«Sí»
«¿Sí?»
«Sí» dice ella más fuerte «Oh, Regina, sí quiero ser tu mujer, quiero unirme a ti, tener hijos contigo y envejecer contigo»
Regina se abalanza sobre ella y la besa. Desliza la lianza por su dedo y vuelve a tomar posesión de sus rosados labios. Muy rápidamente su beso se vuelve más ardiente, la reina levanta a su prometida y esta rodea inmediatamente su cintura con sus piernas.
Con un gesto de la mano, la reina apaga las velas y en una nube violeta aparecen en su habitación. Se desvisten con urgencia, sus manos corren por sus cuerpos. Una hunde en la otra dos dedos y comienzan una rápida penetración. Se sonríen haciéndose el amor, el placer en sus rostros. El orgasmo las golpea simultáneamente y Emma estrella sus labios contra los de su amante para ahogar sus gritos.
Cuando el sol muestra sus primeros rayos, las dos mujeres están echadas la una al lado de la otra, jadeantes, sus cuerpos bañados en sudor.
«Oh Gina, ha sido…ha sido…»
Regina la calle besándola
«Creo que un buen baño nos hará bien»
«Hum, quedarse desnudas un momento más… Estoy a favor» responde la princesa besándola en el cuello. Observa el cuerpo de su amante y percibe con diversión que ha dejado numerosas marcas sobre su piel durante esa noche de pasión.
Las dos mujeres se dirigen al espacioso cuarto de baño y Regina se instala a la espalda de su prometida. Coge una gran esponja y comienza a frotarla entre sus pechos. Está pegada a su espalda, las piernas alrededor de su cintura y sus brazos rodeando sus hombros. Emma se apoya completamente en ella y suspira de satisfacción sintiendo a su compañera ocuparse de ella.
«Vamos a casarnos» dice amorosamente
«Sí, te convertirás en mi mujer y en la reina del Reino oscuro junto conmigo»
«Y tú princesa y futura reina del Reino blanco»
Regina no dice nada, perdida en sus reflexiones
«Regina, ¿estás aún ahí?»
«No había pensado en el Reino blanco»
«¿Se te hace extraño convertirte un día en la reina?»
«Un poco, y además a tus padres les va a costar aceptar eso… Incluso a tu padre le va a costar ver el lado bueno de esa situación»
«No te preocupes Regina. Y no entres en pánico por eso» dice ella aferrándose a sus brazos
«No, Emma, yo no voy a entrar en pánico, estoy a tu lado en cualquier circunstancia, mi futura mujer»
«Te amo»
«Yo también… Y con respecto al lugar donde viviremos…»
«Al estar mis padres vivos esa cuestión ni se plantea»
«¿Quieres quedarte aquí?» pregunta Regina tímidamente
«Sí, mi amor, aquí me siento en mi casa, este palacio es mi hogar en mi corazón. Yo quiero vivir mi vida contigo y por nada del mundo querría separarte de tu reino al que amas tanto»
«Te amo tanto Emma» le dice estrechándola fuerte y volviendo a enjabonarla, pasando la empoja por sus pechos.
«Regina…quiero un bebé. Quiero tu bebé»
