Historia: "Lo que se puede lograr por amor"
Capitulo #15: "INSIGNIFICANCIAS"
El silencio insólito se produjo después de que el auto amarillo decidiese arrancar al momento en que desaparecieron de vista los pies de la peliazul detrás del vehículo en la parte de atrás y este retomara su camino de largo subiendo por la inundada calle. Realmente no se había detenido ahora a reflexionar sobre las consecuencias de sus actos y sería la segunda vez que, ni a si mismo sería capaz de creerlo, poder encontrarse con el mismo papel de detective como hábito consecutivo; Esto para asegurarse de que nada ni nadie se interpondrá entre el camino de la felicidad a lado de su amada y la llegada de su primogénito. A la vez en que pensaba en esto, en cuestión de segundos, siguió el espionaje comenzando con una simple caminata rápida detrás del coche tal cual como si fuese calentamiento y a la vez de que este adquiriera un poco de velocidad a grandes zancadas, convirtiéndose en una carrera entre ambos, sin que los transeúntes se diesen cuenta de lo que ocurría detrás de ellos, ya que en ese momento se discutía la siguiente conversación:
—Dime que no es cierto…—Rezongó Frida desde su asiento y sin despegar sus ojos de su rescatador.
— ¿Qué, acaso esperabas a alguien más? —El hombre se rio ladinamente sin cambiar su expresión. Frida se dio cuenta del tono leve de decepción en su voz.
—Bueno, Soy nueva en esta ciudad—Señalo Frida reparando el malentendido—A la única persona que podría esperar que sea es Leslie—en ese fugaz momento se le vino la imagen de Manny rivera e instintivamente acudió la cabeza. Esto ocasionó que la curiosidad de su acompañante derivara a preguntarle:
—Se quedó callada, seguramente estuvo pensando en alguien más—No era pregunta, era afirmación. Al escuchar ese comentario la peliazul fue evidente de su sonrojo y añadió:
— ¿Es parte de esta aventura…?-
—N-no se ofenda—Contestó apenada por querer desviar el tema—Pero ahora, la verdad me es complicado de explicarlo…
—Entiendo, no debí de entrometerme, lo siento.
Frida acepto la disculpa en silencio y al mismo tiempo arrugo la nariz al percatarse de que aún no resolvía su duda—Entonces—lo miro persistente-¿Quién te mando a buscarme?—Después de un par de segundos reflexionó— ¿Fue Leslie, verdad?
La expresión de seriedad fue poco a poco aprobada por una sonrisa
— ¿Qué come que adivina? –Preguntó el doctor sin despegar los ojos de enfrente- Si, fue ella quien me mando a buscarte: de no ser así, el peligro correría dentro de mi responsabilidad siendo tú médico.
-Sinceramente esperaba poder reubicarme de regreso al departamento- rectificó Frida un poco abrumada por aceptarlo.
—Costará algo de tiempo a que te acostumbres a esta gran ciudad.
—si lo sé—Rectifico Frida sonrió mostrando una triste sonrisa opacada por la oscuridad instantánea que devoraba la noche por encima de ellos dos. Esto sin considerando la presencia de un tercero a sus espaldas quien, en su momento máximo de fatiga inconscientemente de la situación en donde su boca resbalaba gotas de lluvia, empezó a gritar su nombre:
— ¡F-Frida! —La baja temperatura que traía consigo el clima se convirtió en su peor enemigo al querer despejar su garganta para volver a gritar-¡!Frida!
Inducido por su propia una fuerza de voluntad en las que muy pocas veces tenía oportunidad de exteriorizarlo, Manny seguía corriendo detrás del automóvil: Ni el obstáculo de las gruesas gotas que mojaban y resbalaban toda su camisa, ni el agua que le subía hasta los pies también mojándose los calcetines junto con sus tenis impedirían que por segunda vez consecutivo en su vida le permitiría que las consecuencias a los malentendidos le alejarían de ella, no de nuevo ¿ acaso a estas alturas no tenía el derecho de zafa la venda de la resignación para mostrarle la verdadera realidad de la situación, cuidar de ella y seguir adelante?
Pero como todo ser mortal a la mitad de la carrera, el cuerpo empezaba a reclamarle a gritos algún reposo, a pesar de que físicamente se le veía bien condicionado para ello aunque pareciera demente (esto a vista de los afortunados residentes de la calle que lo vieron en acción). Pero a pesar de todo esto y con la llegada del sentimiento mismo el de llegar al máximo de sus límites y al llegar al primer semáforo del trayecto, esto le ayudo a divisar algo que no había notado antes de enfrente de él:
La parte superior de la cajuela se encontraba discretamente mal cerrada.
A Manny se le ocurrió una gran idea ¡extremista! pero a estas alturas no pensó en desaprovechar de ella: Aguardo que la luz de rojo del semáforo de la calle demoraba en convertirse en verde junto con el sonido de la precipitada lluvia y la sorpresiva pero oportuno estruendo de algún trueno en el cielo nocturno lo que precipitó que tanto Frida como el Dr. Maurice mirasen delante de sus asientos la brillante noche, El moreno contaba con tiempo suficiente durante que en el menor transcurso de segundos, alzara la tapa de la cajuela del vehículo y este desapareciera totalmente por detrás al cerrarse y escuchándose el susurrante "clic" de cierre del broche.
—Deberíamos apresurarnos—Comentó Smith al percatarse de las resplandecientes luces amarillas del cielo negro—Me da la impresión que el clima se pondrá peor más adelante.
Frida Asintió con la cabeza sin objetar de nada más y mostrando cansancio aparente. Había sido un largo día para ella.
Llegaron juntos casi al cuarto para las 9 en punto y ahí estaba, esperando desde la puerta de la recepción del edificio, con su infantil pero sensata sonrisa y una detonante mirada que le devolvía a la suya junto el mensaje inaudible que transmitía algo así: "No te enojes conmigo, era mi última opción": Se encontraba Leslie y un suéter de lana descansando de su brazo izquierdo seguramente para ella.
Equipado con el paraguas que traía guardado en su vehículo, el doctor Smith resguardó de la inmensa lluvia a la peliazul hasta caminar a la entrada donde la aguardaba la pelirroja y este en acto de solidaridad inmediatamente la cubrió con el suéter de lana como gesto de saludo lo cual fue reconfortante para la protagonista; sus ligeros temblores eran prueba de que tanto nivel de frio ocupaba esta estrellada y lluviosa noche.
—Bueno ya cumplí con mi deber—Anunció el hombre con una ligera inclinación de cabeza- Mejor debo irme, buenas…
— ¿Por qué no te quedas hasta que pase el mal clima?—Preguntó de pronto Leslie, el mayor le devolvió la mirada—digo, en este momento pensaba preparar la cena y quería que nos acompañaras como recompensación por tráela, verdad ¿Frida?—Volteó disimulando el rostro hacia la peliazul pidiendo cooperación con la mirada. Ella no pudo reprochar un suspiro y asentir con la cabeza para agregar—Si, me gustaría que nos acompañaras.
—Además—Siguió Leslie demostrando determinación en su voz—Así podrías asegurarte de que mi amiga Frida lleva una dieta balanceada y segura apta para sus primeros meses de embarazo ¿o no?
La brusquedad de Leslie en conseguir lo que quiere a costa de la situación dejo en breve un aura de perplejidad sin la menor intención de disimularlo mediante las miradas de asombros para las dos personas presentes en tal escena; sin embargo, a diferencia de Frida, Maurice Smith le pareció de lo más normal la sugerencia.
—Tienes razón—La boca de Frida se abrió más—Sólo deja que revise el portaequipaje, creo que me figuró algo raro. No tardo chicas, las espero en la recepción.
Las chicas se dirigieron al lugar concordado pese a esto les parecía irrelevante del tema, en cambio al el doctor le pareció por un momento haber oído un sonido similar al de un golpe sordo de metal y estaba seguro que provino en la parte de atrás del cuando ayudaba a Frida a descender del auto; no obstante y por la escasa luz de los alrededores del estacionamiento, solo le dio tiempo de dirigir una fugaz mirada hacia esa parte donde intuyó el sonido más lo único que parecía haberle sorprendido es auto-recordarse el haber que olvidado algo tan básico hacer antes de salir de su consultorio:
-¡Qué tonto soy!-Escuchó Manny desde el interior- olvide asegurar la cajuela del auto…
Aquello desequilibró la compostura del chico, quien para su mala suerte, no le dio tiempo de recuperarse del shock tras reconocer del otro lado el sonido de cierre del seguro de aquel lugar donde ya no cabía más posibilidades que el de revelar su presencia frente al dueño del auto ¿Qué tipo de explicaciones le daría? Nunca en su vida se vio involucrado en esto y dejo de pensar cuando el susurrante despliegue del metal que conformaba el seguro llegó a su fin. Lo encerraron, no a propósito, pero ya no veía otra salida más que proseguir acostado abrazando sus rodillas mientras maldecía por debajo: "Maldita curiosidad humana "estaba confiado en que si esto fuese un tipo de concurso se llevaría el premio nobel de la idea más estúpida para reconquistar a la pareja…
Aquella interminable escalera que subían al piso superior: empinadas y estrechas, suponía un auténtico infierno, y Frida no formuló esa conclusión hasta que llegó al final del camino desde la entrada a la recepción, siempre terminaría casi sin aliento hasta el quinto piso a lado de una Leslie fresca como la lechuga; no terminó de quejarse mentalmente hasta que la ilumino la sugerencia del doctor ante el silencioso retrato de su sufrimiento:
-¿Y si mejor tomamos el ascensor?- Al oírlo, Frida no tardó en apoyar su idea iluminando su cara con una sonrisa.
Ahora que, si Frida presentaba cierta enemistad a las escaleras del edificio aún en su estado actual, la idea de estar encerrada con 3 personas en un espacio reducido tampoco era la excepción del suplicio interno que acongojaba a la peli azul en estos momentos. El ambiente quedó en completo silencio contemplando en la parte superior de las puertas a que la flechita indicase el número "5". La espera llegó a su fin coronándola con el estrépito "Clin" de la puerta abierta abriéndoles paso al pasillo que le correspondía el piso superior.
Inquieta, Agotada y Expectante: es lo que cualquier espectador presente deduciría al percatarse en los rostros expuestos de las 3 personas que recorrían los pasillos en silencio hacia la puerta del cual le correspondía a ambas inquilinas del estudio y cuyo caballero no pertenecía allí pero por la previa invitación concertada acepto al verlo como recompensa por el favor que le había solicitado previamente aquella pelirroja que le emitía cierta curiosidad y empatía en el buen sentido desde el momento en que puso un pie adentro de su despacho.
Pero esa era algo que se guardaba dentro de él; Sabía que era responsabilidad de él marcar su límite entre la ética profesional de su trabajo en cuanto relacionarse en ese ámbito totalmente intimo con sus pacientes fuera de los asuntos laborales. Pero, pensándolo detenidamente, una rápida cena no implicaba ningún riesgo alguno a la vista en su puesto; por el momento, no por ahora.
Maurice Smith era considerado muy reflexivo en sus acciones, y si bien los pensamientos que se arremolinaban en su mente pretendían mantenerle los pies sobre la tierra a relación con seriedad de su profesión, eso no exceptuaba el evitar encontrarse en un incidente tan común y envuelto por un descuido de su caminar que lo obligarían a chocar para terminar por apretar su cuerpo (accidentalmente) contra la espalda de quien menos esperaba y ella no se trataba de nada más que la pelirroja quien iba en medio de la fila delante de Frida quienes supieron detener sus pasos a tiempo; ella reaccionó más que mirar desde su hombro y dejar salir una risa nerviosa al observar la tonta situación aquella; Si no le obstruiría a la vista por la larga cabellera de tono rojizo que le encajaba perfectamente de su cabeza, él no se daría cuenta, que Leslie desde su posición, terminaba por taparse media cara con la mano libre para pasar desapercibido la sonrisa acompañada por un sonrojo de su parte siempre cuando se trataba de algo relacionado con él. Frida sin embargo ajena a esto a sus espaldas, se encargó de abrir la puerta y dejarlos pasar, incluyendo la frase: "Siéntese como en casa" pese a la previa visita.
La noche hizo su transcurso habitual en la compañía de la extensa lluvia que rítmicamente añadía la frescura del viento concentrándose en los copos de los árboles que danzaban tal cual fueran una misma pieza de sinfonía. A costa de ello, en aquel alto edificio cada alcoba se reflejó ocupada al iluminarse la lámpara exterior de su ventana por sus respectivos residentes que por causas que no nos repercute podemos obstinar que para la mayoría tomaran las 10:00 en punto como su hora de llegada del trabajo cotidiano, encargarse de poner en orden la casa, los hijos y preparar algo simple antes de ir a dormir. Una noche común entre las recientes, tratándose de ser un día normal entre semana; todo el piso compartía ese común excepto una de las ventanas del quinto piso del cual se trataba de crear una cena planeada en brindis por los recientes acontecimientos actuales y una que otra sorpresa...
–Frida, ni te atrevas a ayudarme–mencionó la pelirroja cuando ella la seguía en la cocina– Fue un día largo para ti, es mejor que vayas descansar para que nos encargamos de prepararte algo…
-¿Es la forma más sutil de decir que estorbó?-preguntó Frida a conciencia de broma como lo hacían entre ellas, salvo de…
-No, creo que quiso decir…-Intervino la voz de Maurice pero por un gesto de parte de la chica mediana edad, lo entendió y se calló-Ha. Creía que ustedes…-y se dejó caer en el sofá rendido. Leslie prosiguió como si nada - Frida, hazme caso, no quiero que luego sufras secuelas de sueño y mal humor por este capricho, además ya con solo dos personas es suficiente-señalo al hombre en el sofá-¡ve, anda!-le ordenó guiñándole un ojo y moviendo ambas manos como pretendiendo empujarla.
– ¿Alguna vez dejaras de verte como mi segunda madre? –Objetó llevándose una mano a la boca para asimilar sin éxito un bostezo; se despidió de su doctor con un gesto de mano y cerró detrás de ella la puerta de su dormitorio.
Una vez que el seguro de la puerta se escuchó correr detrás de esta; El doctor Maurice no consiguió el tiempo suficiente para descansar sus ojos le comenzaban a irritarle por la intensa luz de la sala porque en ese momento se escuchó un bufido desde la cocina:
– ¿Qué sucede?- Preguntó Smith alzando su cabeza hasta alcanzar la vista de la cocina.
–No hay gran cosa…lo suficiente para sólo una persona…
– ¿Y qué es exactamente lo que tenía planeado preparar?-preguntó desde el sofá.
–No lo sé–Confesó arrastrando los pies hacia la sala para dejarse caer en el sofá a su lado–Pero no esperaba contar con algo aburrido en el refrigerador… ¡! Esto me pasa por ser tan vaga ¡! –Terminó lamentándose en voz alta pero de una manera un tanto excéntrica que fue Maurice Smith quien encontró divertido el comentario anterior y olvidando un momento la presencia de la chica, rio con ganas pero sin intención de ofenderla aunque la chica se terminó por hundió un poco más en el sillón sin saber cómo tomar la actitud del mayor.
–Si no tienes suficiente comida, podríamos ir al supermercado –Sugirió el doctor extinguiendo poco a poco la secuela de la risa y demostrar seriedad en su sugerencia.
– ¿Estás loco? –Reprendió sorprendida Leslie señalándole la ventana– ¿Qué hay con el clima y que pasará con Frida?-
–La lluvia no es problema–Leslie estaba por responder distraídamente alzándose a sí misma en el sillón pero fue interrumpida- Si me permite, haré yo mismo la lista de lo que haga falta para la cena; mientras tú puedes aguardarte con Frida ¿de acuerdo?- La repentina cercanía de Maurice quien sobaba con confianza su mentón-Acéptala como un bono extra de mi parte para ayudarla.
Ni en ese momento, Leslie tuvo el tiempo suficiente para detenerlo con un argumento válido para impedir verlo obligado a ejecutar la misión, pues antes de que terminara de aclararse la garganta, llegó de sorpresa su soledad y el estrepito de la puerta principal al cerrarse.
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El nivel de relajación experimentado a la brevedad le facilitó el despabilar su cuerpo de las secuelas a su molestia físico y mental que desde el principio le amenazaban; llegó en minutos el momento donde la mente pidió despertar y fue entonces cuando sus sentidos se agudizaron y empezó con el abrir más lento y delicioso -que cualquier ser humano pediría experimentar en su lugar- de su bellos orbes color zafiro marcando el fin de la siesta: sin sueños ni pesadillas, sólo la oscuridad la aguardaba: todo el desastre de su cuarto parecía seguir en su lugar antes de entrar en caída en la cama y arrastrarse hasta la base de esta y quedar dormida al minuto y medio; Eso pretendía creer hasta que en medio de su somnolencia encontró gracias a su mano derecha una pedazo de la tela que componía la sabana de la cual fue depositada tiernamente para ella. Aquel calor propagando por el tipo tejido de la tela de la cual era lo opuesto a ser delgado la incitaban a cerrar de nuevo sus ojos y quedar así hasta el día siguiente. Todo parecía encontrarse a favor de sus deseos si no fuera por el escuchar de un singular gruñido por debajo de las sabanas y a la altura de su ombligo.
No regresaría sino hasta haber vaciado la mitad del refrigerador o moriría en el intento.
Motivada por ese deseo, tardó unos minutos para reincorporarse de la cama, estirarse hasta sentir crujir cada hueso, principalmente el de la espalda, y salir con sumo cuidado de no hacer mucho ruido a pesar de la poca visibilidad del cuarto que por milagro llegó hasta la puerta de su alcoba, no pasando por alto, el limpiarse el hilito de saliva que le resbalase por la comisura de los labios.
Tranquilidad. Es lo que pudo advertir al momento de salir a aquel pasillo que conformaban los cuartos de ella y Leslie, se le hizo extraño algo, ya que si bien su cerebro le recordó la escena en que dejó atrás tanto a su compañera de cuarto y al médico en la sala para retirarse a dormir, para la peliazul solo se le figuró el haber dormido en un lapso muy corto, quizás media hora ¿o fue más? La respuesta descansaba en el reloj del microondas y sólo así podría confirmar la hora actual si dirigía sus pasos a rastras hasta la cocina; se encontraba en la esquina cuando escucho un dúo de voces provenientes al otro lado del pasillo que este conducía, salvo por que este la dividía una pared de Se pegó a este de una manera exagerada que cualquiera que la viera pensaría que se trataba de un ladrón…en pijama. Pero no, solo quería echar un vistazo y al orillarse a la pared para alzar su vista al frente; la siguiente escena le pareció tan irreal que incluso tuvo que pellizcarse para asegurar que no seguía durmiendo, que tal escena se materializaba como realidad y debiera ser recordado en trascendencia por muchos años en su mente y recorrer la voz de lo que ha visto, ella hablaba acerca de la acción de Leslie…
Había visto desde lejos que, Tanto ella como el doctor Maurice Smith, cocinaban casi sin inmutarse, uno concentrando su atención en remover un recipiente metálico mientras leía rigurosamente una receta de cocina y lo ponía en fuego con la estufa; otro se encargaba de lavar las verduras con autentico esmero y con cuidado de cortar todo con una paciencia y energía impresionante, que juraría que acaba de descubrir un don que jama hubiera salido de parte de mejor amiga en el acto. Recordaba tiempo atrás que solía escabullirse o inventar algún pretexto para no dar un pie adentro de la cocina cuando un día, Frida harta de ser siempre la responsable de la comida, le pidió que se hiciera cargo de ello: en un abrir y cerrar de ojos, se encontraba sola sin respuesta alguna en el aire.
Ahora la encontraba cocinando como si lo todos aquello recuerdos fuesen vil mentiras…
Anonada por el descubrimiento, no presto mucha atención hacia donde dirigía sus pies al comenzar inconscientemente a caminar y fue cuando un dolor agudo en su pie gordo; rompiendo así con el momento de la perfecta quietud y obligándose a volver a la realidad de sus consecuencias al no prestar atención proveniente al chocar con la mesa del comedor y trayendo consigo misma una queja a lo alto mientras se sostenía la parte afectada.
– ¿Frida?–Escuchó que la llamaban y al abrir los ojos vio severamente avergonzada por las personas que la observaban desde el marco de la cocina que da vista al comedor- ¿Qué haces?–Preguntó Leslie observando divertida por la pose y el color tomate de vergüenza asomada en su rostro.
–N-Nada– dijo a la defensiva más sus interlocutores le dirigieron una mirada mal disimulado de desconfianza con una ceja levantada –Está bien–Bufó rendida– Me levanté de la siesta que tuve y me dirigía directo a la cocina, o eso era mi plan, hasta que no pude evitar pasarme de largo sin verte adentro de la cocina preparando algo tú sola, ¿segura que es comestible lo que estás haciendo? – A los que han tenido que presenciar cualquier escena similar entre ambas, cualquiera creería que la primera interpretación de esta conversación seria llamada enemistad, pero nadie ha pasado el suficiente tiempo con ellas para contemplar que efectivamente: así es como se llevaban la una con la otra.
–Sí. ¿Dudas de mi gusto culinario?–Siguió con la broma su amiga con un fingido enfado al levantar la vista a un lado–Mhmm. tal vez – Confesó Frida añadiendo un gesto divertido dedicado a ella– ¡Bien, si decides comer de todas formas! ¿Por qué nos ayudas a preparar el aderezo? Todos estos años de sintonizar a ese gordo del canal de comida, hoy deberán de rendir sus frutos…
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Frida detuvo su atención de todo lo demás para centrarlo en su plato de enfrente. Parecía una especie de ensalada muy elaborada. Demasiados colores en contraste con la de la lechuga, le hacían aparentar ser un platillo de buena categoría; no podría decir a cierta confianza que ingredientes lo componían-salvo que desprendía en ella un pequeño toque de limón -Aunque a decir verdad eso no era lo que le provocaba asaltarle la duda a la chica: Lo que debía de constatar vanidosamente era en el sabor.
No ayudó mucho la mirada de Leslie sobre su persona. Con una increíble paciencia, aquella mujer esperaba desde su sitio y en silencio a que su "juzgado" diera el primer bocado para emitir su opinión sobre ella. Quizás la espera fuese en vano, ya que Frida no estaba de todo segura si probarla o no; es que desconfiará de aquella habilidad que tanto menciona en su ensalada, pero desde quedo en cinta, no ha podido negar que su sentido del gusto se ha vuelto mucho más exigente que del parámetro normal.
Fue Maurice Smith quien intervino con la iniciativa en probar su propia ensalada para convertir de su gesto apacible a uno de admiración conteniendo los ojos cerrados. Movió en Frida la misma esperanza que contenía su amiga hacia su creación. Decidió entonces probar un bocado al pinchar con su tenedor las sobras de la parte más alta de su ensalada y antes de dirigirlas a su boca, se atrevió a preguntar de que ensalada se trataba:
–Ensalada Griega–Comentó el doctor–Un amigo mío, quien es nutriólogo, me pasó la receta y siempre la llevo conmigo por si un cliente me pide algún consejo de nutrición.
–Conque "griega"–Susurró para sí misma antes de llevárselo a los labios. 15 minutos posteriormente, Frida ya iba Para su segundo plato. No dejó ni una aceituna a la vista.
–Esta delicioso, ¿verdad?–Comenzó a hablar la pelirroja para romper el silencio mientras Maurice le daba la razón con un gesto de la mano. Al no obtener la respuesta de parte de su amiga, ambos observaron a Frida quien no respondió captar el comentario colgado en el aire al tratar de concentrarse en minimizar su ritmo de comer ante la evidente sensación de no sentirse satisfecha -"Debe ser un fenómeno por el embarazo"- pensó divertida para sí.
Leslie rio de bajo contagiando a su compañero de al lado.
– ¡Rayos! –Dijo en señal de recordar algo. Esta vez Frida capto su atención–Olvide traer el aderezo que hiciste para la ensalada. Espera–Ordenó al observar a su amiga en un ademan de pretender pararse del asiento–No te apresures, yo iré por el.
Silencio. Un extraño silencio fue lo que remplazo la pequeña ausencia de Leslie asomada entre los restantes del comedor ya que aparentemente se encontraban concentrados por su pensamiento ajeno. Pero en una fracción de minutos, La peliazul alzó la mirada al frente para encontrarse con el semblante neutro del médico quien, no parecía inmutarse en proseguir comiendo su ensalada sin cruzar palabra alguna, totalmente despejada de la realidad. Demasiado ocupado en sus pensamientos. Prestando tiempo para analizarlo detenidamente aprovechando de su silencio y fue entonces cuando una intrigante pregunta le interrumpió su tarea:¿Sería el –hablando entre apariencias- educado, de semblante serio y con los pies sobre la tierra, el candidato correcto para su querida amiga Leslie? Porque, analizando su situación, el que hubieran realizado todo este viaje para que ella se reencontrara con su primer amor y a raíz de los acontecimientos actuales, todo se salió como menos lo esperaba; ahora este hombre, como su médico personal, estaba involucrado: ¿Qué garantizaba que el afecto posible existente entre ambos llegara a convertirse en algo más y si de casualidad fuera correspondida, no se repitiera la misma historia, saliese ilesa o afectada de cualquier manera como le sucedió a ella? Bajo su mirada sorprendida de si misma: supuso que se trataba de lo que era llamado el "instinto maternal" el cual la traía sin cuidado en este nuevo ciclo de su vida.
Ubicándonos en la cocina, en el transcurso de esto, Leslie había llegado a la cocina para pasar de largo del refrigerador, sus ojos se encontraron frente a una licuadora recién usada a fin de mezclar los ingredientes que se necesitaban y ahí estaba- el singular tono claro entre verde amarillento- de lo que constituía el aderezo. Un complemento imperdonable para la ensalada, Lista para servir. Estaba por llenar la mezcla en un recipiente transparente cuando sin avisar le llegó a sus oídos un desconocido sonido semejante a un deslizamiento mecánico aéreo no tan grande como si fuese un avión pero proveniente del lado derecho de la cocina, un pequeño cuarto de lavado en penumbras con vista al exterior. Inició con un susurro, colándose a su vez más claro y oíble a través de las delgadas paredes del edificio; un sonido que nunca llegó a conocerse ni aunque este la incite a salir al área libre del cuarto para recuperar el sonido y se aferre con ambos manos sobre el liso balcón de exterior mientras la vista que le ofrecía desde el balcón exterior, era sólo la penumbra nocturna del lugar, infiltrado en toda su extensión, como si sobreprotegiera el origen del sonido irrepetible, sumiso y ausente de cualquier rastro posible ante la llegada de oídos ajenos.
–Debo estar imaginando cosas– se confió Leslie aunque la sombra de la duda aún se le asomara por su delgado rostro. Y se hizo notar lo que callaba en su regresó al comedor evidentemente convencida que las miradas que le devolvían su mejor amiga y su invitado al regresar a su asiento, no eran de su expresión habitual.
–¿Porque tienes esa cara, amiga?
–Tierra a Leslie, tierra llamando a Leslie...
La pelirroja tan sumida en sus pensamientos logró aterrizar a la realidad al sentir un contacto cálido descansando en la palma de su mano y detectó las palabras que se le dirigían:
–No, Si, estoy bien-Mencionó al sentir las mejillas arder y recuperando su mano de la Smith en un movimiento rápido– ¡ha, les traje el aderezo ¡–agrego alegremente en afán de opacar lo sucedido y con una sonrisa.
Prosiguieron con la cena sin ninguna objeción más en preguntar por el cambio repentino de la expresión de Leslie y restándole importancia, enderezando cada quien su parte con la receta sacado de su abuela paterna.
–Debo de confesarlo–Menciono Leslie al regreso de su humor cotidiano – ¡esta la mejor receta de aderezo que he probado en mi corta vida de vegetariana!–exclamó haciendo un ademan exagerado con las manos lo que provocó que Frida se pusiera de mil colores puesto que debía de comportarse más adulta tratándose de la presencia de su invitado–Gra-gracias Leslie, pero no es para tanto.
–Si, lo es–y lo que mencionó Leslie, fue sin pensar–Cualquier hombre sería feliz conti…-No término con la frase cuando en un movimiento rápido se dio cuenta de la nueva expresión adoptada de Frida al dejar caer ruidosamente los cubiertos en el plato. Rápidamente trato de rectificar el error–Q-Quiero decir, así conquistarías a cualquiera… es decir, a un hombre se le conquista con el estómago ¿No es así…?
–Déjalo– dijo Frida recobrando su compostura indiferente por el comentario y con una sonrisa cálida ignorando que su propia garganta se le ligara un pequeño nudo–Es sólo un aderezo y la ensalada por tu parte, es la complementación de la mía.
–Bueno chicas, independientemente de quien le tocó de su parte cooperar para lacena, esto merece un brindis– Insistió al mismo tiempo que atraía tres copas de vidrio para llenar el suyo y el de Leslie de vino blanco, excepto el de Frida sustituido por jugo de uva. Maurice estaba por abrir la boca pero sus planes se vieron abajo cuando la peliazul aspiró en el aire:
– ¿Acaso…huele a Chocolate? –Preguntó al asaltarle la imagen de un postre preparado por él sin medir la expresión infantil de sus palabras. Ambos terminaron cruzando la mirada para encogerse de hombros.
Se vieron en la necesidad de aplazar el brindis por la intervención del postre, lo cual consistía en un "Crumble de chocolate con albaricoques"; cuya gestante hacia un esfuerzo sobrehumano por no derramar restos de baba en el transcurso del fino plato donde lo transportaba el doctor y quien más adelante le recordó que no debía de comer de más al servirle un tercio del resto del postre. Ya cuando todos se encontraban con sus respectivos platos servidos, marice depositó tres copas de vidrio sobre la mesa para fin de llenarlas el suyo y de Leslie con vino tinto mientras que el de Frida fue de jugo de uva.
–Gracias–Dijeron ambas al recibir su copa. Maurice terminó por quedarse parado de su asiento y alzar el suyo para brindar–Por esta increíble cena, quien requirió del esfuerzo de cada uno. Comienzo a creer al final, que somos parte de un gran equipo…
–También un brindis por ese increíble ser que está por venir y que es, por supuesto, nuestro razón principal para estar hoy aquí y ahora. ¡Salud!–
Las chicas vociferaron "salud" al unísono para luego tomar de sus copas. Frida trató de beber con normalidad mientras procesaba las palabras dictadas por Maurice: ¿Qué en verdad nos consideraba eso, un equipo?
Ahora que hemos llegado a este punto de la historia, será conveniente darle una pausa a la escena actual para regresarnos en el tiempo atrás equivalente al de una hora. Ahora fijemos nuestra atención en la parte inferior del departamento para ubicarnos en el cofre del auto recién estacionado enfrente de este: ¿lograste recordar un pequeño detalle de otro personaje importante para la historia?
Efectivamente, ahí seguía Manny, cuyo problema no previsto anticipadamente lo obligó a seguir oculto sin poder salir adentro de su "escondite". Si bien, maldecía por su mala suerte el encontrarse "desorientado" a causa de salir ileso en su experiencia con aquellos movimientos bruscos que sólo en la parte de atrás de la cochera de un auto pudiera uno padecer y por culpa de los baches irregulares que se le cruzaron por el camino al momento en que sintió el motor de nuevo del auto rugir y salir de lugar en donde se había estacionado unos minutos para en que en menos de unos minutos emprendiera camino cuesta arriba a quien sabe a dónde. Al menos pudo regular sus sentidos para continuar con la búsqueda del perdón y aceptación de su amada; por ella, soportaría unas vueltas más de no ser que el presentimiento de claustrofobia, los mareos y el calor, en conjunto comenzaban a propagarse en el en vértigo sobre su cuerpo.
No todo lo que parece comenzar a salir mal tiende a terminar así; Porque, cuando recobró el equilibrio de sus sentidos, su mente le hizo recordarle que aún poseía sobre su brazo derecho el brazalete conmemorativo del "Comité Internacional Superhéroes" o lo que aparentaba celosamente en lo que era más que un simple adorno: Un chip localizador, en perfecto camuflaje, para que cada miembro de la organización en casos de máximo de máxima inmovilización sea capaz de comunicarse con otro en su auxilio, siempre y cuando sea un punto fijo y todo con el simple tocar del botón rojo transparente. Tal vez no era primer caso de la más arriesgada misión en su auxilio para una situación así; pero no tenía nada que perder por intentarlo.
En un movimiento rápido enderezó su brazo apretujado a la deriva en alguna parte de su cuerpo- Misma posición como la que amortiguo el golpe de su entrada- para ponérselo a la altura de su rostro de misma forma que un singular brillo rojizo parpadeaba con ímpetu en medio de la oscuridad, cegándolo de inmediato pero poco a poco sus bellos orbes verdes consiguieron adaptarse tan pronto de este como terminar de presionar el botón que descansaba en la parte lateral.
La señal ya estaba transmitida por satélite; cada uno de los miembros contaba con su propio localizador para que a la menor señal de una chispeante luz rojiza parpadease en su brazalete, este daría a su búsqueda gracias a la tecnología inteligente del GPS, se restaría en menos de lo que duraría explicar su localización si traía un celular a la mano. Sólo faltaba por esperar ahí mismo que con suerte o no, lograría llamar la atención de alguno de sus compañeros del comité de superhéroes. Era eso o le brindaría un buen susto al dueño de este auto al día siguiente…
Mediría el tiempo que tenía ahí adentro si tuviera un reloj, esto comenzaba a impacientarle el calor, pero no duro más después de unos minutos en que le pareció detectar un pequeño zumbido al otro lado de la cajuela como si algo pequeño se dirigiera en forma de proyectil recorriendo el amplio cielo, cada vez creando más evidencia en su cercanía, tan afirmativa esta, que juraría a ver escuchado como la "cosa" o "persona"
Aterrizaría exitosamente a unos metros de aquel coche por donde había captado la señal activada de ubicación recibida de uno de sus compañeros de equipo del comité en supuesto Ultra secreto, pues le aquel hombre con el de la capa roja ondulante y casco del mismo tono y cerrado excepto hasta la altura de su nariz, le extraño que lo hubieran guiado justamente en el lugar mismo del que se encontraba:
Un estacionamiento en apariencia privado.
Miro a su alrededor en busca de alguna señal de vida. Por extraño que parezca nadie se ha percatado de su presencia ni miraban absortados por las ventanillas de sus condominios respectivos. Solo era cuestión de tiempo de encontrar a algún compañero en peligro a la vista pero aparentemente hubiera sido más evidente de algún caos al primer vistazo del lugar. Entonces escuchó un pequeño tintineo parecido al golpe sobre algún metal procedente a su izquierda.
"Toc, toc", el tintineo incrementaba de pasar a ser útil hasta convertirse en un golpe constante de señal de llamar la atención hacia alguien…! Dirigido hacia su dirección! ¿Ya que quien más podría ser la casualidad de que se encontrara ahí mismo?
Se acercó entornando una enorme sonrisa en sus labios de burla.
–Parece que alguien se quedó atrapado ahí–se burló de manera sarcástica mientras sus pasos se aproximaban a la parte trasera del auto–Mhmm, mi señal indica que el lugar es correcto viene de aquí–Desde su visor de cristales polarizados canalizó al principio una pequeña luz roja para convertirse en un singular rayo óptico de mayor tamaño cuya trayectoria golpeó directamente el seguro del portaequipaje hasta estropearlo–Ahora, quien se encontrará en la casilla número… –la abrió-Un…¿El tigre, e-eres tú?–Terminó por preguntar casi en un susurro.
–Si, el mismo–Confirmó el héroe mientras bajaba del auto para flexionar sobre la espalda debido al dolor acumulado– ¡Ha! Nunca me visto en esta situación antes, creía que iba a pasarme toda la noche ahí.
– ¡Qué sorpresa tan agradable! El hijo de White pantera enfrente de mí! –Sintió jalar su brazo libre para encontrarse así mismo entre los brazos de este, oprimiéndole el pecho–Hace mucho que no te veía, ¡caray que forma más rara de reencontrarnos!, recuerdo que…
–Alfred, Alfred P-por favor…! Me estas asfixiando!– Entonces sintió una que liberaban su pecho mientras su compañero del comité aun lo sujetaba del agarre sobre sus hombros y su rostro se ensombreció dejando atrás el calor del reencuentro–¡Shhh!–Silenció sus propios labios y miro para ambos lados del estacionamiento–Te he dicho que mi nombre es "Red Light", recuerdas?–
–Si…lo recuerdo–Al igual que surgirle la razón del porque se había reservado su distancia de él. Era un adulto bastante raro–De cualquier forma, ya que estas aquí, hay otro favor que necesito pedirte ayuda.
–Para el hijo de mi compadre White Pantera! Lo que sea!
–Bien–Le hizo un ademan para que se acercase–Pon atención, esto es lo que haremos…
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La noche parecía proseguir con toda normalidad y monotonía tal como transcurrieron desde siempre bajo el cobijo de la gran manta negra para los inquilinos de la residencial "Villas del sol"; a esta hora cada uno de los que ocupaban sus respectivos pisos no pretendían dormir, no desde que un curioso sonido proveniente del exterior ocupaban el silencio de la 11: 30, casi la medianoche ¡ha, vaya ocurrencia! ¿Para qué alguien-en lo comprensible de su sano juicio- usaría algo similar a un aparato de propulsión tan ruidoso como el que se escuchase afuera justamente a esta hora? Quien quiera que fuese el responsable de ese sonido había pasado desapercibido entre la vista de los curiosos vecinos sobre sus balcones ya que en un abrir y cerrar de ojos fue gracias a la técnica ultrasónico de vuelo programado del adulto vestido de rojo para pasar por situaciones así que lo requieran.
Una vez lejos de toda mirada curiosa, Red Light emprendió el ascenso junto con su acompañante sujetado por la espalda, para regularmente parándose en seco a revisar cada ventana solitaria que componía la construcción del edificio. El edificio contaba con diez pisos al menos contando con su propia ventana y balcón exterior.
Cuando iban por el cuarto piso a aterrizar los pies en el balcón para revisar las ventanas, de pronto la voz quejosa de Red Light le habló por detrás:
–No creo…que debamos seguir con esto–Repuso guardando la distancia entre el balcón mientras el suspendido en el aire, observándolo.
Sin embargo Manny pareciera no escucharle o pretendía que su negativismo no le afectar en su búsqueda. Si, parecería una estupidez de lo que estaba haciendo; tenía sus propios argumentos para no intentar otra cosa, además era muy temprano como para dar marcha atrás…
–Está bien, finge que no me escuchas–Repuso para luego darse la vuelta en amenaza de irse al levantar ambos brazos al cielo y miro hacia atrás–Yo fingiré que no escuchó tus suplicas cuando te descubr…
– ¡! Shhh! –Esta vez fue Manny quien le corto cuando de pronto alzó la mirada a un piso superior– ¿Escuchaste eso? –Sin obtener respuesta agudizó más el oído para exclamar–¡! Es…es ella ¡!
El adulto mayor lo imitó. Una sonrisa floreció entre la barba recién afeitada del dueño.
– ¿Qué estamos esperando?! Vamos! –y de nuevo el moreno se vio así mismo colgado de la estrecha espalda del tipo en un intento desesperado por acomodarse mejor y regular los latidos que repentinamente amenazaban con provocarle un paro cardiaco en su joven corazón.
La risa de aquella femenina los guiaba hasta una ventana iluminada cuya cortina se encontraba para su gusto a medio corrida, ocultando celosamente detrás acontecimientos que aguardaban detrás de la vista hacia la sala que se asomaba en esta para los curiosos; Manny se cataloga como uno de ellos.
Efectivamente pudo satisfacer su curiosidad después de que sus pies tocaran el suelo del balcón para dirigirse con paso decidido detrás de la ventana corrediza de la tela adornada para opacar la sombra de su figura; una delgada pero irreconocible hebra de cabellos en tono azulados pasar por su vista en un movimiento fugaz que no consiguió más que perseguirla con la vista hasta coincidir que se trataba de Frida: ¡Su Frida! Y lo que menos encajó en la naturaleza por años que la conociera bastante era que… ¡Estaba bailando!
Pero no estaba sola. Alguien la habría invitado a bailar y tendría que ser lo bastante sereno como para no interferir en tal cual actividad tonta, no desde que observó detenidamente al joven de quien lo nombraba el responsable de que Frida se preste para esto: Joven, de complexión estrecha, alto, mirada ruda incoherente con las risas que salían de su boca; cualquiera que fuese ese hombre parecía entretenerse mucho en guiar con cautela los pasos de su chica, de modo que era tal cual como ver a un maestro de baile con su pupilo; un cuadro completamente normal tratándose de una fiesta, pero para el moreno quien no quitaba la vista, no podía controlar los celos que de pronto albergaban en él.
–Te dije que bailar vals no era difícil–Escucho que interrumpía el mayor.
–Dile eso a Leslie–Comentó en voz baja que él solo pudo escucharlo–La sugerencia de este baile no me hace gracia, aunque es algo relajante–Reconocer Frida mientras se le escapaba un risita nerviosa y se dejaba llevar por su compañero de baile.
Parecían disfrutarlo juntos, a pesar por la inexperiencia de Frida, parecía tal cual jovial quinceañera feliz en su primer vals, pero de movimientos más modernos, exceptuando el pequeño bulto que se asomaba debajo de donde ubicaría normalmente el ombligo.
La Musiquita que no había prestado atención antes por la escena delante de él de pronto dio fin y ambos acompañantes liberaron sus manos para aplaudir al unísono y sin dejar de reír; una tercera voz lo saco de sus pensamientos y dirigió su mirada hacia una parte más oculta de su lado derecho; era otra chica de cabello castaño con tonalidades rojizas y entonces fue cuando habló en un tono más audible y la reconoció: debía ser su compañera de cuarto de Frida, Leslie.
La reconocida alegre castaña sugirió un maratón de películas en la sala de estar, lo cual a ambos amigos aprobaron su idea pero que cada quien tenía su condición, solo alcanzaría a ver media película de la primera porque tenía consultar a primera hora mientras que otra debía reponer sus horas de sueño porque mañana entraría por primera vez a trabajar. A pesar de la recordación de su anterior previa siesta de su amiga, de todas formas accedió.
El maratón comenzó. Manny dudó sobre la idea al principio de ir personalmente a tocar la puerta del 5to piso para pedir personalmente hablar con Frida, no hasta revivió la escena que tocó ver de la peliazul bailando en los brazos de un desconocido. No descartó de su idea de aprovechar la oportunidad prestada para esos momentos que quizás nunca vuelvan a presentarse en su vida.
La película no tendría ni 15 minutos reproducida en el lector de DVD cuando de pronto llamaron a la puerta principal y todos dudaron en silencio en ir a ver de quien se trataba.
–Yo iré–Se prestó Leslie aunque el sonido del repiqueo de la madera compuesta de la puerta le había provocado sentir el corazón en la garganta. Se levantó para salir acompañada del silencio de sus invitados mientras se acercaba al recibido y sin antes de tocar el pomo de la puerta, se puso de puntillas para dirigir su ojo por el huequito de este.
Cuál fue su sorpresa de ver que era el responsable de este lio: Manny rivera. Consiguió ahogar un gritito con su mano en la boca para pensar con normalidad que debía de hacer a continuación: ¿Le avisaría a Frida en actitud totalmente ajena a lo relacionado con él y su bebé? ¿Cómo reaccionaría? Pero ¿porque Manny se presentaba justamente ahora que intentaba mediante todo su plan de invitar a Mauricio para despistarla del problema?
Conociéndose, Leslie no tendría corazón ni el coraje para mentirle a Manny o pedirle que se fuera aunque por el bien de la estabilidad emocional de su amiga lo demande. ¿o era correcto dejar que las cosas sigan dando su recorrido? Leslie había perdido la tranquilidad.
El miedo mezclado con la duda era reconocido como el peor enemigo del ser humano.
El símbolo que caracterizaba el mal manejo de sus nervios volvió a tocar la puerta esta vez un poco más insistente, sin lograr conectar su cerebro entre el sentido común de solo abrir la puerta como sentir que había perdido totalmente el control de sus pies contra un magnetismo invisible que le impedía mover sus piernas del suelo.
Cinco clásicos toques al timbre a la puerta y la aproximación de pasos dirigiéndose hacia donde se encontraba ella se hacía cada vez más oíble, hasta que la figura de Frida cruzó el umbral:
– Leslie… –Se atrevió a llamarla con una expresión de duda en su rostro– ¿Quién es?
La Castaña en su intento por mantener la serenidad de la situación, abrió poco a poco la puerta para mostrarle la respuesta a su pregunta.
CONTINUARÁ….
FIN DEL CAPITULO #15.
_Notas de la autora_
Disculpen de nuevo por la demora de la actualización de mi fanfiction sobre esta capitulo.
A causa de mis últimos meses en la universidad donde estoy estudiando me han traído de cabeza con la práctica profesional, los proyectos finales y otras cuestiones personales. Sin embargo no dejare esta historia por ningún motivo egoísta de mi parte. Agradeceré eternamentamente cualquier sugerencia, queja o comentario con respecto a mi trabajo. Agradezco el apoyo presente y considerado de mi amigo Mauricio, quien seguramente está leyendo esto; bueno aquí lo tienes, una vez más sigo adelante con mis propósitos y no puedo estar más que feliz en continuar lo que empecé hace tiempo.
Mientras pase una semana tengo planes para un fanfiction de Frozen y como dije anteriormente en mi capitulo posterior también un Yaoi del anime "Shingeki no Kyojin" basado en el corto de "No quiero regresar solito"; aunque mi amor por Frozen ha crecido últimamente en estas semanas
¡Dejen sus reviews y estén pendientes de la próxima actualización sorpresa del mes!
Atentamente: Su autora Oceangirl.
