Disclaimer: Los personajes pertenecen a JK Rowling; el universo de la historia también, pero estos capítulos, aunque beben de la inspiración de muchos otros fics de esta página, son míos.
CAPÍTULO 6
Al día siguiente Ron llegó puntual a la cita con Draco y los niños y esta vez fue él quien se esmeró en tratar de impresionar al rubio con su aspecto, quien, a juzgar por su reacción al abrir la puerta quedó verdaderamente sorprendido.
- Estás… wow. Pasa, has llegado muy puntual.
- ¿Sorprendido?
- Un poco, la verdad. No recuerdo que hayas sido puntual desde… nunca.
- Me refería a mi aspecto.
- Ah, bueno. Ejem. Impresionado, más bien. Hacía tiempo…
- ¿Qué no conseguía impresionarte?
Draco lo miró con una expresión difícil de descifrar, y cuando habló lo hizo con un tono grave.
- Que no te vestías para impresionarme. Supongo que es normal. Llevamos conviviendo más de tres años. Y con los niños ya casi no tenemos tiempo para hacer planes para impresionar a nadie.
- Lo cierto es que sí que ocupa tiempo cuidar de estos dos.
- Sí, y tú encima querías otro.
Ron sonrió con expresión bobalicona antes de contestar
- Me gustan los niños, no puedo negarlo. No me importaría tener tres hijos. – Se puso rojo inmediatamente y avergonzado empezó a tartamudear – N-no t-t-te estoy p-proponiendo tener otro hijo. Solo digo que si me hubiese despertado con tres hijos, p-pues no me habría importado.
Draco volvió a mirarle con esa expresión indescifrable y girándose hacia sus hijos añadió en el mismo tono grave, como si estuviese comentando la subida de precios de los calderos en vez de estar lanzándole un cumplido:
- Te pones adorable siempre que te sonrojas – Cambió el tono a uno más ameno para dirigirse a sus hijos – Vamos, pequeños, que se nos hace tarde.
- Bueno y ¿a qué parque vamos?
- No, hoy no vamos al parque. Esta mañana llamaron de "Tumejoramigo". Es un refug…
- Un refugio de animales. Encontré unos folletos entre las cosas que llevaste a La Madriguera cuando salí del hospital.
- Exacto. Poco antes de pasara lo tuyo habíamos estado pensando en tener alguna mascota para los niños. Yo sugerí comprarlo en esa tienda tan grande que hay en el Callejón Diagon, donde compraste a Pig, ¿Recuerdas? pero salió tu lado PEDDO…
- El PEDDO no trata de animales de compañía, es para los derechos de los seres mágicos…
- Vale, vale. El caso es que salió tu lado defensor de los animales y dijiste que nada de comprar que habías visto unos folletos de un refugio y que querías que fuésemos allí…
- Y por culpa de lo mío aún no habíamos ido – involuntariamente a Ron se le coló un poco de hastío en el tono de voz, que a Draco no le pasó desapercibido.
- Te equivocas, Weasley. Fuimos y como no nos poníamos de acuerdo, ya que tú querías un perro y yo un gato, nos enseñaron una pareja peculiar. Un gatito y un perrito que al parecer habían sido encontrados y llevados juntos al refugio y no se separaban nunca. Por la cara que pusiste (y estás poniendo ahora) – añadió con una sonrisa – supe que no habría manera de disuadirte de quedarnos solo con uno y que nos los quedaríamos a ambos. Pero el perrito estaba siguiendo un tratamiento por una infección y como no querían separarlos quedamos en que nos avisarían cuando pudiésemos ir a por los dos. Y nos han llamado justo esta mañana.
- Seguro que los renacuajos se lo pasarán en grande con ellos.
- Además, como son cachorritos crecerán juntos los cuatro.
- Y en La Madriguera se lo pasarán genial por los alrededores.
- Por el momento, hasta que se acostumbren a nosotros no los sacaría de casa. Más adelante, tal vez.
- Me refería a que se vendrán a vivir conmigo a La Madriguera.
- Sigue soñando, Weasley. Los cachorros son para los niños, no para sus padres. Y la casa de los niños es esta.
- También lo es La Madriguera. Y tú no querías al perro.
- Ni tú al gato. Argumento inválido. Hablo en serio, Ronald. Los cachorros se quedarán aquí. Cuando lleguemos allí adopta otro para La Madriguera si quieres, pero estos se quedan conmigo.
- Odio que me llamen Ronald, ya te lo dije.
- Lo sé, ya te lo dije. ¿Recuerdas que te conté que yo siempre perdía en la batalla de consentir a los niños? Pues esta siempre la pierdes tú, Ronald.
Draco estaba molesto, miraba al lado opuesto donde estaba Ron con las manos en las caderas, así que Ron decidió romper el silencio.
- Debemos de tener algún record, aún no nos hemos reconciliado y ya hemos vuelto a discutir. – intentó bromear Ron.
Draco no pudo evitar reír con un gesto medio de resignación, medio incredulidad.
- Eres increíble, Ron.
- ¿Nos vamos?
- Sí, eso, mejor vámonos.
Salieron de casa con un niño cada uno de la mano, dieron un paseo hasta una zona más tranquila del barrio donde vivían y allí cogieron un taxi mágico que los llevó hasta el refugio. Una vez allí recogieron a los cachorritos y Ron adoptó un perro algo mayor con problemas de visión. "él también tiene derecho a tener un hogar donde lo quieran, no me mires así, Draco".
Después del refugio fueron a un parque cercano al barrio donde vivían, para que los niños y los animales pudiesen jugar y comenzaran a acostumbrarse unos a otros. Ron no podía dejar de mirar a Draco, que se comportaba de una manera relajada y natural tanto con los niños como con él; Ron era incapaz de reconocer algo del antiguo Draco en la persona que jugaba, reía, alzaba en el aire a los niños, les enseñaba como acariciar a los animales o les limpiaba la cara. Cuando le vio con una rodilla en el suelo, limpiándo las lágrimas y consolando a Rose, que se había tropezado y caído hacía unos instantes, sintió una punzada en el estómago.
Cuando empezaba a caer la tarde decidieron volver a casa, Ron llevaba a Scorpius subido en los hombros y en la mano izquierda una correa con los perros, Draco llevaba en brazos a la niña y esta a su vez llevaba en sus brazos al gatito.
- Deberíamos haber traído el carrito de los niños, así no tendrías que pelearte con las fieras – Comentó Draco divertido al ver las dificultades de Ron para controlar a los perros.
- Nada de eso, que no se diga que un Griffyndor no puede con dos cachorritos y un perro – Rió él.
- ¡Mira que eres tonto!
Sin darse cuenta de lo que hacía, Draco tomó de la mano a Ron para seguir paseando hasta casa, creando la imagen de una estampa familiar.
- Ya verás como hoy caen en la cama agot… ¿Ron? ¿Qué ocurre, por qué tienes esa cara? – Draco siguió la mirada de Ron hasta sus manos y al darse cuenta de lo que había hecho soltó sus manos como si se hubiese quemado.
- ¡Lo siento! Lo siento. Ni siquiera me había dado cuenta. Supongo… no sé, yo… me he sentido casi como antes y… es que no me he dado ni cuenta, Ron
- Tranquilízate, Draco. Tampoco es que hayas matado a nadie. – sonrió para mostrarle que todo estaba bien.
El restante camino a casa fue algo menos ameno, ya que Draco seguía algo nervioso, temiendo que su gesto inconsciente significase un nuevo paso atrás, Ron, en cambio estaba sintiendo un ligero hormigueo en la mano, y lidiaba además con las miles de dudas que se agolpaban en su cabeza por el significado del hormigueo y la sensación de decepción que le invadió cuando Draco le soltó la mano.
Al llegar a casa la rutina de bañar y dar de cenar a los niños que ya habían seguido noches anteriores suavizó lo que quedaba del nerviosismo de ambos. Una vez bañados los niños, antes de llevarlos a la habitación para acostarlos, Ron les preguntó:
- ¿Os lo habéis pasado bien?
- Tíiii! – Respondió alegre Rose.
Draco la cogió en brazos para darle un beso y se giró hacia Ron.
- Va a ser tan charlatana como tú. El que me preocupa es Scorpius. Empezaron a hablar casi a la vez algo antes de tu… accidente, pero mientras Rose ha seguido hablando, Scorp no ha vuelto a hablar. Me preocupa que se le haya creado un trauma, no sé si debería llevarlo a un especialista.
- ¿Scorpius? Pero si él sí que habla.
- ¿Cómo? ¿Cuando está con vosotros habla?
- Bueno, mis padres dicen que aún no le han oído hablar, pero conmigo si habla. Dice papá o papi y hola y Si y No y alguna cosita más.
Acostaron a los pequeños pero Draco quedó con expresión sombría, que Ron notó.
- ¿He dicho algo malo?
- En absoluto, es solo que me preocupa Scorp. Que hable solo contigo me da que pensar. No sé si debes pasar más tiempo con él porque te echa en falta o al revés, que el que debe pasar más tiempo con él soy yo porque no paso el suficiente tiempo con él y por eso no habla conmigo. Espero que retomar las salidas semanales ayude.
- Podemos dedicar dos días a la semana en vez de uno hasta que se acostumbre.
- ¿Podemos? ¿Los dos?
- ¿¡Qué!? ¿Pensabas dejarme venir solo hoy?
- No seas malpensado, es que no sabía si querrías venir todas las semanas o solo querías probar esta vez.
- No te desharás de mí tan fácilmente, Malfoy.
- No pretendo, Weasley. En absoluto. – añadió mirándole a los ojos de tal manera que hizo enrojecer a Ron.
- Hasta mañana.
- Hasta mañana, Ron.
Antes de pensárselo dos veces, Ron se acercó a Draco y le dio beso en la mejilla lo suficientemente suave y que se demoró lo justo como para que pudiese dejar de considerarse casto y se fue todo lo deprisa que pudo junto con el perro recién adoptado a la chimenea para tomar la red flu. Antes de perderse en la red pudo ver a Draco tocarse la mejilla mientras miraba como se marchaba.
-.-.-
- Y entonces Scorp cogió la correa y se puso a pasearlos a los dos, como si fuese subida en un poni en vez de en el pobre Peludo. – Ron le comentaba divertido a Draco las aventuras de los niños con el perro que había adoptado.
- Menudas ocurrencias tiene tu hija… Porque sé que es nuestra, pero es para pensar que es hija de tu hermano George. Tiene las mismas aptitudes.
Ambos estaban en el cómodo sofá del salón de la casa mientras charlaban distendidamente y los pequeños jugaban en la alfombra delante de ellos con los cachorritos.
- Suertudo tú, que sabes que es nuestra; yo me tengo que fiar de tu palabra. – bromeó Ron.
- Que no te acuerdes de mí pase; pero que no te acuerdes del parto de tu hija con lo que nos hicisteis pasar es para cruciarte. Las doce horas más largas de mi vida; exceptuando las que estuviste inconsciente cuando el ataque.
- Exactamente ¿qué paso? Nadie me lo ha contado aún; eso sí, George no ha dudado en burlarse de que me desmayé en el tuyo.
- ¿Qué te desmayaste en el mío? ¡Rooon! – Draco hizo verdaderos esfuerzos por no reírse – Pero cariño, tú no estuviste en mi parto. Los medimagos no te lo permitieron porque faltaba muy poco para el tuyo y el estrés de mi parto podía adelantartelo. George te ha gastado una broma. – Al ver la cara de desconcierto de Ron, Draco estalló en risas – Perdón, perdón, perdón. Es que estabas muy gracioso.
- Ehhh – soltó Ron reaccionando y empezando a pegarle con uno de los cojines del sofá al parecer obviando que Draco le había llamado cariño instantes atrás.
- ¡Para, para! ¡Ya me he disculpado! – dijo entre risas Draco.
Ron siguió golpeándole con el cojín hasta que Draco consiguió arrebatárselo, así que empezó a hacerle cosquillas, Draco se defendía y empezaron "pelear" jugando. En un momento del juego Ron atrapó las manos de Draco y las puso a los lados de la cabeza del rubio, quedando sus caras a escasos centímetros. A Ron se le secó la boca y a Draco se le aceleró la respiración, quedaron en un tenso silencio observándose hasta que pareció que Draco acercaba ligeramente la cabeza hacia Ron, justo en el momento en que Scorpius decidió volver a hablar.
- Papi, papá, papi, papá – mientras hablaba daba palmaditas.
- ¡Scorpius! ¡Has vuelto a hablar, pequeñín! – Draco muy emocionado se apartó de Ron y fue a coger al niño en brazos – Dilo otra vez, Paa-pá.
El niño le dio palmaditas en el rostro mientras decía – Papi y papá. ¡Tiii!
Draco estaba lo suficientemente feliz porque Scorpius volviese a hablar que no se dio cuenta de la seriedad en el rostro de Ron hasta que este le llamó.
- Ey, papá, ¿Qué tal si acostamos a los niños? Tengo que hablar contigo.
Draco sacó conclusiones erróneas y creyó que haberlo molestado cuando había estado cerca de besarle, así que mantuvo las distancias mientras bañaban y acostaban a sus hijos. Al volver al comedor en vez de sentarse en el sofá junto a Ron, decidió hacerlo en un sillón que había al lado del sofá.
- ¿Qué haces ahí tan lejos? Ven aquí, creo que no te has dado cuenta de una cosa.
- ¿De?
- De lo que acaba de hacer Scorp. Te has entusiasmado tanto porque te volviese a hablar que no te has dado cuenta de nada más.
- Si te refieres a…
- Me refiero a que ha vuelto a hablar cuando nos ha visto comportarnos como una pareja – Ron estaba visiblemente ruborizado.
Draco miraba Ron con una cara que revelaba que estaba analizando lo que acababa de escuchar desde todas las perspectivas posibles.
- Quieres decir que Scorp no me echaba de menos a mí ni a ti. Lo que echa de menos es a "nosotros". – Draco hizo un gesto de negación con la cabeza – Vamos a tener que llevarle a un psicomago o a un pedagomago para que le ayude.
- No será necesario llevarlo a un loquero de esos.
- No son loqueros. Por Salazar, no seas bruto. Son especialistas. Ron, tu hijo quiere algo que no podemos darle. ¿Cómo vamos a dárselo si ni siquiera recuerdas qué eres su padre?
- No recuerdo haberlo sido, pero SÉ que lo soy ¿Y si me viniese a vivir aquí una temporada?
- No. – La respuesta de Draco fue contundente y a Ron le pilló por sorpresa la negativa. Después de unos largos segundos Draco se justificó – Volverás a casa solo si es de verdad y para siempre. – Draco le miró a los ojos donde había un deje de súplica – Ronald, no soportaría tenerte tan cerca y tener que vivir una mentira…
Ron le pasó una mano por el brazo con gesto apenado.
– Siento que esto sea tan difícil para ti. Lo hago lo mejor que puedo, pero me falta mucha información.
- Ronald… - Draco volvió a negar con la cabeza – No es culpa tuya. Perdona que me haya puesto así.
- No me llames Ronald. No lo soporto. - A ambos se les escapó una media sonrisa, aunque la de Draco un tanto triste - ¿Cómo consentía que me lo llamaras?
- Por lo mismo que lo haces ahora. No te queda otro remedio.
- Pues menuda gracia.
Draco hizo una mueca y un gesto como de estar sopesando una algo.
- En realidad… no te lo he contado todo. Quiero decir, lo consientes porque tú también usas una versión de mi nombre que yo odio. Lo hacías sobre todo cuando te enfadabas. - volvió a hacer otra mueca y un gesto de resignación - Bueno, y puestos a confesar, ¿recuerdas la pregunta que me hiciste el otro día, la de los apodos cariñosos? No solo tú tenías uno para mí, yo también tengo uno para ti. Pero no preguntes, no estás preparado para oírlo.
- Quien no está preparado, Draco ¿Yo para oírlo o tú para contarlo?
Draco hizo otra mueca. – El resultado es el mismo.
- Lo que pasa es que no quieres que te llame por el nombre que te da rabia.
- Eso será. – Draco esbozó una pequeña sonrisa – En todo caso, lo discutiremos mañana, que hoy es muy tarde.
- Buenas noches, Malfoy – se despidió un resignado Ron que antes de salir por la red flu besó en la mejilla al rubio. – Te veo mañana. ¡Y me toca a mí elegir parque!
Bueno, pues esto va llegando a su fin. Estoy escribiendo el próximo capi que es el último y es posible que tenga que dividirlo en dos. En todo caso, la semana que viene (si lo acabo a tiempo) el último capítulo (o la primera parte) y la siguiente el epílogo (o segunda parte más el epílogo)
