Disclaimer: Los personajes pertenecen a JK Rowling; el universo de la historia también, pero estos capítulos, aunque beben de la inspiración de muchos otros fics de esta página, son míos.

Perdón por tardar más de lo habitual en actualizar. Apuesto a que pensabais que había abandonado el fic. Mayo ha sido el peor mes de la historia para mí en cuanto a dejarme suficiente tiempo como para actualizar los fics. De hecho, el capítulo no está terminado, ya que este debería haber sido el capítulo final, de hecho solo faltarían dos escenas más, pero para no teneros tan abandonados lo he querido cortar aquí. Espero no teneros esperando para esas dos escenas tanto tiempo.


CAPITULO 8

Ron lo miró con los ojos acuosos, con dos lágrimas amenazando con derramarse. – Draco, ¿me das un abrazo?

Sin contestar siquiera, Draco eliminó la poca distancia que les separaba y pasó sus brazos por debajo de los de Ron, uno a la altura de las axilas y el otro cercano a la cintura. Ron pasó sus brazos por encima de los de Draco, uno a la altura de los hombros y el otro cruzando su espalda desde el hombro hasta la cadera contraria.

Al posar la mano en la cadera de Draco, Ron pudo sentir un clic. Como la última pieza de un puzle cuando encaja en su hueco. Pudo sentir que aunque su cabeza no recordaba a Draco, su cuerpo sí lo hacía. Al sentirse en sus brazos, fue como si todos los músculos de Ron dijesen "Por fin. Ha sido un largo viaje, pero ya estamos de nuevo en casa". Ron entendió a su cuerpo, y supo que le estaba pidiendo. Y se dispuso a dárselo. Separó su cara del cuello de Draco y la puso de tal manera que sus narices se rozaban. Acarició la nariz de Draco con la suya propia y lentamente, endemoniadamente despacio, juntó sus labios con los de Draco.


Pese a no recordar haberle besado anteriormente, Ron sintió que llevaba toda su vida esperando por ello; como si hubiese nacido solo para besar esos labios. No sabía cuánto tiempo llevaban besándose, podrían ser minutos o tal vez horas, clavados al suelo por algo comparable a una fuerza magnética.

Cuando la necesidad de respirar se impuso, Draco se apartó ligeramente, sin permitir que Ron se separase más de los dos o tres centímetros necesarios para coger aire; y de inmediato, casi sin tregua, empezó a dar pequeños besos por el rostro de Ron. Ambos aún con los ojos cerrados.

- Cuanto he echado de menos tus labios…. – pese a haberlo susurrado, resonó en la cabeza de Ron en forma de recuerdo.

UN AÑO ANTES

Ambos estaban en la habitación de los niños, cambiándoles los pañales; los niños eran aún unos bebes de tres meses. Su conversación giraba en torno al trabajo de Ron.

- Pero Ron, no puedes estar pensando en incorporarte ya al escuadrón. Aún quedan semanas para que finalice tu permiso por maternidad y además necesitas recuperarte del todo; pásame un pañal limpio – dijo a la vez que extendía la mano para recibir el pañal – Además, no es solo eso; no puedes dejarme solo con dos bebes; al menos no por el momento, ¿Va ese pañal o no?

- A ver, cariño, que no estoy hablando de reincorporarme ahora mismo – contestaba Ron alcanzándole el pañal a Draco – Y al principio solo lo haría a media jornada para que no tengas que ocuparte solo de los bebes – Ron le rodeó la cintura por detrás y apoyó la barbilla en el hombro de Draco mientras este acostaba a Scorp en su cunita al lado de la de Rose que ya estaba adormilada – Amor, no te preocupes tanto – Le hizo girar hasta quedar cara a cara y volvió a rodearle la cintura – Quedan semanas aún, ¿de acuerdo? Pero debemos ir preparándonos y hacer un planning para que nos pille desprevenidos. No me frunzas el ceño, rubio – Ron le dio un toque en la nariz con la suya propia al ver el mohín de desacuerdo de Draco.

- No me seas zalamero, pelirrojo. – gruñó, aunque no consiguió amedrentarle ya que Ron se echó a reír, suavemente, para no molestar a los bebes que estaban medio dormidos.

- Eres un gruñón, pero te quiero igual – dijo con zalamería Ron mientas le atraía hacia sí mismo y pasaba ligeramente los labios por el cuello de Draco. Cuando sintió que se aceleraba su respiración buscó su boca, con calma, despacio, derrochando sensualidad al atrapar su labio inferior con los suyos, pidiendo paso para su lengua, entregándose en un beso que para ambos fue más corto de lo deseado, pues los bebés seguían en sus cunitas medio despiertos-medio dormidos y debían acabar de arroparles.

- Te parecerá una tontería, Ron – dijo Draco al salir de la habitación – pero… - se calló de repente; Ron le incitó a continuar

- No me dejes a medias, cariño, continua.

- Es que… - Volvió a besarle brevemente después de suspirar – Cuanto he echado de menos tus labios… - Ron le miró extrañado – Sí, ya lo sé. Nos damos besos todos los días, pero no así. No es lo mismo un beso de buenos días o buenas noches. Nuestros besos ya no son como estos, donde tu…, tus… – se tocó involuntariamente los labios y después hizo un gesto con la mano restándole importancia – no me hagas caso, son tonterías.

- No, amor, no lo son. Tienes razón – estrechó el abrazo y apoyó su cabeza sobre la de Draco – Hemos dejado de lado nuestros momentos de intimidad. Hace meses que todo gira alrededor de ellos – señaló con la cabeza a la puerta de la habitación de los bebes – incluso antes de que nacieran. Pero es normal, ahora nuestros hijos nos necesitan y nos tenemos que centrar más en ellos. En cuanto crezcan un poquito más recuperaremos el tiempo. – Se inclinó levemente para darle un beso en los labios – Además, tenemos que darnos prisa para darles un hermanito o hermanita pronto.

- ¿Otro bebé, Ron? ¿Has perdido la cabeza? ¡Como si no fuera suficiente dos bebes a la vez! – Draco se separó de Ron al hablar.

- Claro que no he perdido la cabeza… ¡Quiero más hijos! Al menos uno más, cariño. Y lo adecuado sería que no se llevasen demasiado tiempo entre ellos, así nosotros ni perdemos la rutina de tener un bebe, ni parecerá cuando ellos sean más grandes que llevamos media vida liados con pañales y chupetes.

- Aún no me he recuperado de tu parto y ya estás hablando de más hijos. Merlín, Ron, eres completamente imposible.

- Y tú eres un Dragón gruñón.

- Pero me quieres igual, lo has dicho – intentó bromear Draco.

- mhrmhrm Tienes suerte de que te quiera tanto – Esta vez fue Ron quien medio gruñó antes de hacer un mohín

- En eso estoy de acuerdo. – Y con una mueca similar a una sonrisa le dio un beso.

FIN DEL RECUERDO

- ¿Ron? Ron, ¿estás bien? ¿Qué ocurre?

Ron hizo un gesto leve con la cabeza para quitarle importancia a la preocupación de Draco.

- No me ocurre nada, Draco. Solo he recordado algo.

- ¿Has vuelto a recordar? – Había un leve tono de ansiedad en la pregunta de Draco - ¿Qué has recordado?

- La conversación que tuvimos la primera vez que te hablé de mi vuelta al trabajo y que quería más hijos. – Ron le miró de medio lado - ¿Sabes? Eras un poco gruñón.

Draco hizo una mueca antes de hablar – Pero me quieres igual. – Sonrió de lado con un aire de nostalgia antes de seguir – Ese día me dijiste que era un gruñón pero que me querías igual; no sabes cuantas veces he usado ese argumento, especialmente para romper la tensión cuando amenazaba una discusión.

- Y no pareces en absoluto avergonzado por ello… - bromeó Ron.

- En absoluto, pequeño. – Draco hizo chascar la lengua. Ambos rieron. – Por cierto, ¿Y mis hijos?

Ron sonrío ante la alusión a la broma que había hecho al entrar en la casa – Los he llevado a La Madriguera. Pueden quedarse allí, mientras tú y yo hablamos. Aún tenemos una conversación pendiente.

- Cierto. Yo… Ron – pausa para tomar aire – esto, quería proponerte algo.

- Lo cierto es que yo también quería proponerte algo a ti, Draco.

- Vale, ¿Quién primero?

- ¿Tú? – Preguntó un poco cohibido ahora Ron.

- De acuerdo. – A Draco se le escapó un suspiro. Para ganar tiempo para aclarar sus ideas y expresarse con claridad pero sin llegar a ser brusco, se pasó una mano por el pelo de tal manera que hizo que Ron se mordiese el labio. – Quiero pedirte una oportunidad. Deseo recuperar mi matrimonio, mi familia. A mi marido y amante. A ti. – Draco se dio cuenta del sonrojo de Ron y continuó rápidamente – Pero quiero hacer las cosas bien. Empezar poco a poco. Como cuando éramos novios. Salir juntos a pasear, tener citas… Y que el tiempo diga si llegamos a algún sitio o no... ¿Qué dices? No tienes que contestar ahora, puedes pensarlo con tranquilidad. Sin presiones.

El sonrojo de Ron en sus mejillas era ya del mismo tono que su cabello; miró tímidamente al suelo, pero al levantar la cara traía en ella una gran sonrisa. – Puede que sí sea verdad eso de que estamos conectados de alguna manera. – Draco hizo un gesto de extrañeza.- Vine aquí con la misma determinación.

- ¿Quieres decir que…?

- Que me gustaría que lo intentásemos de nuevo; poco a poco, recuperar un noviazgo que no recuerdo, que me enamores como lo hiciste la primera vez, y… ya se verá donde llegamos si tenemos que llegar a alguna parte.

Por el rostro de Draco pasaron varias emociones en pocos segundos, entre ellas, sorpresa, emoción y finalmente determinación. Con esa misma determinación fijada en el rostro, fue hacia Ron lo atrajo hasta él, le rodeó con los brazos y volvió a besarle.

Fueron profundizando el beso, hasta que el fuego les recorrió y las manos empezaron a recorrer los cuerpos, cada vez con más ansiedad; se fueron desplazando hasta llegar a la cama; Draco, tomando el control, lo recostó sin soltarse ni romper el beso, recostándose él mismo a su lado, aprovechando para meter las manos por dentro de la camiseta de Ron. Este, al contacto de la piel con piel gimió y se aferró más al cuerpo de Draco. Poco a poco llegaron a un punto de no retorno, entonces de repente, Ron fue consciente de hasta donde habían llegado y quiso parar, puesto que no se sentía preparado para llegar tan lejos, pero no supo cómo hacerlo; sin embargo Draco sí notó el cambio en la actitud de Ron así que se separó un poco de él para que ambos pudiesen tomar aire y conciencia.

- ¿Ron? ¿Va todo bien? ¿Quieres que paremos?

Ron le miró con inseguridad, sin saber cómo abordar su miedo.

- Ok, Ron. No te preocupes, he ido demasiado rápido, ahora lo veo. Perdóname… cariño. – La breve pausa que hizo antes de añadir "cariño" lo hizo sonar poco natural. Ron que se dio cuenta, aprovechó para bromear y así romper el ambiente raro que se había creado.

- No sé si pretendías ablandarme con ese cariño, pero con esa pasión que le has puesto... – Dejó salir una risa suave – ¿Siempre has sido así de sieso?

- Me temo que sí… - Draco se rascó la nuca

- ¿Y dices que me enamoré de ti? – El tono de Ron era jocoso

- ¡Hasta las patas! No dudes nunca de las dotes de seducción de un Slytherin – Y le plantó un sonoro beso en los labios. - ¿Te apetece que tengamos hoy nuestra primera cita? – Ante la sonrisa de aceptación de Ron, él mismo propuso un plan – ¿Qué tal si vamos a dar un paseo por nuestro parque hasta la hora de recoger a los niños?

- Me parece perfecto.

Fueron paseando hasta el parque mientras charlaban; Ron quería que le contara las cosas que se había olvidado, y Draco le fue contando anécdotas de su vida en común, de su noviazgo, de sus embarazos y del primer año de sus hijos. Durante el trayecto Draco fue tomándole de la mano, de la cintura, de los hombros e incluso contándole la primera noche que pasaron los cuatro en casa llegó a abrazarle de la cintura por detrás; además depositó varios castos besos en la mejilla y se le veía un aura de enamoramiento y felicidad que Ron no le había visto jamás.

- Chico, no te reconozco… Antes casi te atragantas para decir cariño, y en menos de una hora estás así de… cariñoso, no sé que ha obrado el cambio pero espero que sigas así – Ron sonreía también de oreja a oreja.

- Es fácil, querías rememorar nuestro noviazgo, ¿no? Pues más o menos fue así… luego nos prometimos, vi que te tenía en el bote y me relajé…

- Ehhh ¡Oye!

Draco volvió a reírse dejando a Ron embobado con ese sonido armónico – Que es broma, ¡tonto! – Draco se veía con una luz especial esa tarde, con un brillo en los ojos y con sonrisa permanente en los labios – En realidad, creo que es un cúmulo de cosas. Según tu mismo, los niños me suavizaron y me volví más cariñoso; además estar de novios otra vez es bonito y sin olvidar que nos hemos vuelto a besar ¡después de casi seis meses!,… vamos, que al menos hoy, ¡no me apetece escatimar en caricias! Aprovecha, no sea que mañana vuelva el sieso. – Se tomaron de la cintura para continuar mientras se regalaban sonrisas cada dos pasos. Al llegar a una zona más frondosa de árboles Draco se puso tenso y se soltó de la cintura de Ron; este le miró extrañado, preocupado por el cambio de actitud.

-¿Draco?

- Ahora no digas nada; absolutamente nada, Ron – Draco hablaba entre dientes con el gesto rígido, lo que preocupó más a Ron. Vio como Draco echaba el hechizo muffliato alrededor de ellos en voz muy baja, antes de volver a hablarle – Rita Skeeter nos sigue, no sé desde cuándo; pero he visto ese escarabajo en el que se convierte saltar de árbol a árbol, en los últimos tres o cuatro. Lo más seguro es que mañana nos encontremos alguna patraña manipulada sobre nosotros en el perioducho ese donde trabaja. – Su enfado había ido en aumento en cuestión de segundos.

- Relájate, no dejes que nos estropee el paseo – Ron le miraba preocupado a la vez que le volvía a coger de la mano. Notó como Draco se tensó ante el contacto e incluso sintió como empezaba a retirar la mano, pero se giró a mirarle y al ver la preocupación en los ojos de Ron, relajó un poco los músculos y volvió a aferrarse a su mano.

- Disculpa, es que esa mujer es la peor hiena que he conocido jamás. Imagínate, no tuvo bastante con colarse en nuestra boda y atosigar a los invitados, o ponernos espías para averiguar cuando dábamos a luz y colarse en el hospital, además ha estado insinuando que estamos divorciándonos, que ese es el motivo por el que duermes en La Madriguera, que te he dejado en la calle sin nada y te he quitado a los niños y no te dejo verlos.

- ¿Hablas en serio? Pues yo no me he enterado de nada y he estado leyendo El Profeta.

- Ya no trabaja allí, la despidieron después de que les denunciásemos por lo de los espías; ahora está un periodicucho nuevo y en una revista, esa de cotilleos. Y tanto Molly como yo hemos estado de acuerdo en ocultarte ese periodicucho y el Corazón de Bruja; pensamos que ya tienes bastante con adaptarte a la realidad sin los recuerdos de los últimos seis años.

- Y luego el sobreprotector soy yo…

- ¡Oye! Lo hicimos por ti, tuvimos miedo de que fuese demasiado para ti. Íbamos a contártelo cuando te recuperases, de verdad. Curiosamente, ha estado muy callada estas últimas semanas, debe estar tramando alguna cosa. Puede que esté intentando saber que estamos hablando y descubrir si realmente nos estamos divorciando o cualquier otra cosa, para poder dar la exclusiva.

- ¿Quiere una exclusiva? Pues vamos a dársela – Y sin más, atrajo a Draco y le dio un apasionado beso mientras le pasaba los brazos por la cintura y le atraía aún más hacia él. Al principio, Draco se quedó rígido de nuevo pero sin rechazar el avance, en pocos segundos se rindió al beso y él también la pasó los brazos por la cintura. Quedaron abrazados por sus cinturas aún después de que Ron rompiese el beso, mirándose a la cara, con sonrisa de satisfacción uno y mirada de adoración el otro.

- Esto es taaan poco Malfoy. Ron, eres el único que consigue que haga todo lo que me enseñaron que no debía hacer… Igual deberíamos llamar a San Mungo, a Skeeter le ha debido dar un infarto de la impresión.

- ¿Quieres asegurarte de que le da un infarto? – Ron se acercó aún más con tono zalamero.

Draco rió fuerte mirándole con la misma adoración de hacía unos momentos. No pudo evitar bromear y contestar con tono de fingida inocencia, para cambiarlo a mitad por otro más pícaro.

- No seas tan perverso, cariño. Dale un poco de tregua a la pob… ¡Que digo! Nada de misericordia, no lo merece. ¡Ven aquí, león! – Fue a besarle de nuevo pero se dio cuenta de que algo había cambiado en el rostro de Ron…

(Continuará)