Por cierto lo del rio entre atalaya de la viuda y puerto blanco es real, lo cheque en el mapa de poniente. La fortaleza y el torreón de Edward son invento mío.
PROLOGO
Capitulo 1
Servicio a la Corona
Acto 2
Los juramentos de un viudo
Edward
No sabía si estar feliz o furioso. 80 hombres, 80 HOMBRES. No eran suficientes, ni de cerca, pero era algo. En la costa entre Puerto Blanco y la Atalaya de la viuda, se encontraba una pequeña fortaleza, hogar de una casa pequeña y antigua, ya extinta y de la costa manaba un gran rio que se dividía en 3 afluentes, a este rio se le conocía como La Garra de Lobo. Al pie del afluente mas corte se hallaba cierto torreón, rodeado de cierto pueblo, propiedad de cierto caballero, veterano de la rebelión, ese caballero era él, Edward Wolfkeeper y planeaba defenderlo.
El que los esclavistas no hubieran atacado ya el lugar era un milagro. De la fortaleza del esclavista partían galeras llenas de esclavos soldados y mercenarios del otro lado del mar, zarpaban y regresaban con personas encadenadas y partían al otro lado del mar para venderlos como mercancía, luego las galeras regresaban para retomar el ciclo. Pero ahora se habían vuelto más audaces y habían comenzado a atacar por tierra arrasando con los poblados y aldeas que se encontraban siguiendo el rio. Si no eran detenidos de inmediato arrasarían con todo en leguas hasta alcanzar a alguien que pudiera detenerlos.
Sin embargo el mismo había tenido el placer de presenciar a los esclavistas en acción y ver la fortaleza de cerca. 150 hombres eran el sustento de ese lugar. 25 mercenarios y 25 ballesteros esclavos, pero los más preocupantes eran los inmaculados. Nunca antes los había visto pelear, eran 100 de ellos quietos como estatuas pero cuando se movían daban crédito a los relatos sobre ellos. Implacables y sin piedad acababan con cualquiera que se les enfrentaba, como demonios en armadura negra.
Tenía otros 20 hombres allí en su Torreón y se alegraba de que contara con 100 hombres en den vez de 20 pero eso no lo satisfacía. Calculaba que para tomar el pequeño castillo de los esclavistas se necesitaban al menos 300 hombres, solo por los inmaculados y eso era lo mínimo. 500 jinetes y caballeros serian lo más seguro para tomar la fortaleza. Pero solo contaba con 10 ballesteros de la guardia de la ciudad, 40 capas doradas, unos 10 arqueros de la guardia personal de Lord Arryn, los 20 jinetes del valle y por ultimo estaban sus patéticos 20 hombres que había logrado reunir del poblado, los cuales eran unos 5 arqueros con arcos de caza, otros 5 jinetes con caballos de transporte y otras tareas y unos 10 hombres a pie. Todos armados con horcas, rastrillos, cuchillos para la carne y desollar, rocas, palos, hachas para cortar leña, guadañas y otras estupideces…
Algunos de ellos tenían unas cuantas espadas heredadas, alguna que otra cota de malla sucia y oxidada y un par de yelmos abollados. Tenía suerte de salir de la ciudad con algo. Camino a toda velocidad fuera de la fortaleza roja donde sus hombres ya lo esperaban. Su escudero, un joven de 12 años al que apodaban "Zorro" por su apariencia. Era un chico menudo y delgado, vestido con ropas de cuero para montar, de cabello rojizo alborotado y mirada inquieta, la nariz alargada y la boca pequeña, solía hablar en susurros, pero tenía una enfermiza obsesión por probarse a sí cuanto el chico lo vio acercarse, sonrió, le faltaba un diente, y agito sus brazos señalando a los hombres con capas celestes y negras. Corrió a recibirlo con un brillo de felicidad en sus ojos.
-¡Lo logro mi señor!- esta vez hablaba en voz alta, para variar, odiaba tener que arruinarle el jubilo…
-Si… aunque no tantos como quería- la expresión de felicidad se desintegro de su rostro. Edward se giro a verlo tenía una expresión de confusión en el rostro.
-Pero… ¿Qué queréis decir mi señor?...- El caballero miro a su escudero y frunció el seño, el chico sabia contar y había ido con él a espiar la fortaleza, debía saber que los hombres no eran suficientes.
- Te lo diré después- le corto el caballero secamente- Y ya te he dicho que no me llames "mi señor"- añadió, el chico se apuro a disculparse.
-¡ Perdonadme mi… digo…Ser-
-No importa, vámonos a casa…- volvió a cortarlo en caballero. No tenía tiempo para las inseguridades del zorro, ahora debía idear alguna estrategia, esta vez deba inventarse algo ingenioso o su hogar seria reducido a cenizas…
Su caballo ya había sido ensillado, así que solo lo llevo al frente de la columna, lo espoleo y emprendió la cabalgata, los hombres siguiéndole…
El viaje duro una semana, lo más difícil fue atravesar el Cuello pero después de eso llegar al Torreón del caballero no fue difícil. Cuando llegaron a la entrada del pueblo los esperaban sus desarrapados hombres. Con tan solo verlos los Capas Doradas y los hombres de Arryn ya se estaban partiendo de la risa. Los 20 "soldados" tan solo les dirigieron miradas funestas. Edward tan solo se bajo de su caballo y fue a hablar con ellos.
-Saludos Ser- Saludo uno de ellos, el tan solo se limito a saludar con la cabeza.
- ¿No ha pasado nada? ¿Donde están Caroline y Jane?- Si su hija y su esposa estuvieran en el pueblo lo habrían venido a recibir
-Vuestra hija y vuestra esposa han ido a Invernalia como lo ordenasteis con vuestro cuervo- Si...el cuervo, lo había olvidado, al menos así estarían a salvo y no tendría que decir adiós en caso…no, no debía pensar en la derrota antes de la batalla. El caballero asintió y se dispuso a ir dentro de su torreón, un modesto edificio de piedra que ni siquiera tenía una torre, pero era mejor de lo que muchos ya tenían, asi que no se quejaba. Sin embargo uno de sus hombres lo interrumpió.
- Ser…alguien vino, desea veros- El caballero se giro con gesto curioso.
-¿Quién?-
-Yo- la voz era áspera y dura, definitivamente no era la voz de un bardo, si no de alguien que lanzaba gritos de guerra y ordenes.
El caballero se giro y observo al hombre. Era bastante alto, de piel bronceada, sureño, de constitución fuerte y fornida. Una frondosa barba negra cubría su rostro, su cabello negro como la noche estaba corto. Su armadura era de cuero y cota de malla no de hierro o acero. En una mano tenía un yelmo triangular, detrás de él se encontraba su corcel tan negro como sus ojos del asiento colgaban un hacha de hoja doble y un escudo circular y sobre la espalda del hombre estaba su mandoble. Edward lo miro a sus ojos, negros como un pozo sin fondo, tan solo con verlo ya sabía que esta hombre no tenía ninguna verdadera razón por la cual seguir vivo.
-Soy Ser Hugo Flint…- pronuncio el caballero- … y vengo a jurarte lealtad, si me prometes algo- eso pico la curiosidad de Wolfkeeper.
-¿A qué os réferis Ser?- Porque rayos decidiría un caballero jurarle lealtad a otro, especialmente a uno que solo tenía un pueblo y un torreón que ofrecer.
-Los hombres de aquí me han dicho que vais a atacar a los esclavistas…- Edward solo asintió -… Mi esposa…-por el rostro del sombrío del caballero bajo una sola lágrima-…esos bastardos…. ¡La mataron! Trataron de llevársela y la mataron cuando se resistió, lo único que te pido es que me des oportunidad de matar al responsable de esto!...dame la oportunidad y mi vida será tuya-
Edward lo pensó por un momento, su lealtad no le servía de nada, pero podía sentir su dolor, su sed por la sangre de los esclavistas. ¿Qué haría él y si hubieran matado a Caroline o a Jane? Hubiera ido el solo hasta la fortaleza y los hubiera matado a todos…o al menos lo hubiera intentado. Le daría su venganza a este hombre.
-La verdad es que vuestra vida no me es de mucha utilidad Ser…- La mirada suplicante del caballero se torno en una airada, pero Edward no había terminado - …pero vuestra historia me conmueve, así que si, serás mi espada juramentada y mataras al responsable de la muerte de tu mujer-
En cuanto pronuncio esas palabras, el rostro del caballero se ilumino y esbozo una sonrisa, la sed de sangre en sus ojos.
-No hablaremos mas entonces…- Se puso el yelmo- …Vayamos a matar a esos bastardos, eh?!-
Primero debía prepararse de la batalla, pero entendía la impaciencia del caballero así que solo sonrió y le dio la espalda.
-Haz lo que quieras-
