Gui: Subo esto como un segundo capítulo porque son los mismos personajes, y es una secuela pero pertenece a OTRO reto de El Escorpión que Coleccionaba Rosas: Rated M. Había que elegir un elemento de dos listas y me ha tocado: Armario de escobas, a las 19:27. Así que ahí va. Agradezco oficialmente los reviews del anterior cap.
Advertencia: contiene Lemmon o en realidad Lime, el reto va de eso.
Perdonadme por la posible torpeza, es el primero que escribo algo explícitamente (repito, "algo")
Disclaimer: Todo esto es de Rowling, los armarios de escobas nos han dado escenarios perfectos para este tipo de escenas que no aparecen en HP.
Tonteo
Esto no ha ocurrido
Scorpius estaba decidido a que a Rose se le pase lo de probar a ser lesbiana. Después de aquél (placentero) beso en la mejilla decidió atacar por otros flancos. Es decir: acercarse, tantear el terreno. Le fascinaba su boca mascando chicle y ese pelo alborotado y las pecas por todo el cuerpo (maldito fuera el invierno que hacía que las chicas se cubriesen). Cuanto más la miraba más le gustaba y no podía esperar a estar a solas.
En algún momento se le ocurrió lo de las proposiciones indecentes. Ya estaba claro que le gustaba, ninguna declaración le ayudaría ahora. Tenía que ser indecente. Rose sabía de qué le hablaba, tenía que conseguir que le apeteciese. Por eso cuando estuvieron todos haciendo ese picnic en la linde del Bosque Prohibido se quedó con ella más tiempo. Primero se fue Alice, con Sucy y Mary, seguidas de cerca por Albus. Mark se fue a estudiar tras una mirada de Scorpius y Rose seguía hablando con él cuando se dieron cuenta de que Jackie ya no estaba.
Entonces atacó. Se acercaba a Rose con insinuación. ¿Y si te besara? Inténtalo. Veinte veces se acercó y cada vez, Rose ponía la mejilla. Era imposible. Adivinaba cuando cambiaba de dirección incluso si cambiaba dos veces. Y se reía. Esperaba al último momento, y cuando Scorpius sentía el triunfo llenarle el cuerpo, ella, rauda y veloz, miraba hacia otro lado, casualmente. La besó en las mejillas, en cada rincón de las mejillas, y en el párpado izquierdo, en la aleta de la nariz, en la oreja, hasta en la barbilla. Lo más cerca que estuvo fue encima del labio superior.
Su risa repiqueteaba en sus oídos. Cómo la odiaba y qué ganas tenía de besarla. Lo dejó un rato, hablaron, lo volvió a intentar. No decían nada. Se tumbaban a hacer la siesta. De vez en cuando, Scorpius miraba alrededor, por si aparecía alguien. Y lo volvía a intentar. ¿Qué sentía Rose? ¿Le apetecía? Y en una de esas llegó a sus labios, de forma tan inesperada que apartó la cara de nuevo, como si ese beso hubiese sido en la mejilla. Cuando se dio cuenta se quedó mirándola perplejo. Ella le miraba tumbada en la hierba, con esos ojos. Y lo volvió a intentar.
Rose y sus converses zurrapastrosas caminaban por el pasillo vacío. No podía creerse que al final Scorpius Malfoy consiguiese su ansiado beso. Ella no quería. El problema había sido que habían estado hablando de Astronomía hasta horas imposibles y Rose tenía sueño y Scorpius se estaba esforzando tanto por gustarle que le había parecido tierno, y estaban cerca y él... ella no había tenido la capacidad de reacción de la última vez y en lugar de darle su mejilla a besar le había dejado los labios. Y Merlín, le apetecía. Hacía tiempo que no besaba a alguien, por haberse dedicado a buscar mujeres. Se besaron cada vez más apasionadamente. Pero Rose se contuvo a tiempo.
—Esto no ha ocurrido.
No vio la sonrisa de Scorpius. Se habría alarmado de hacerlo. Ese chico era peligroso. Cualquiera lo diría, con esas notas, y estando en Ravenclaw, los había engañado a todos. ¿Qué hacía que no estaba en Slytherin? Ahuyentó esos pensamientos de su cabeza. Scorpius Malfoy no era interesante. O quizás un poco, pero nada para comerse el coco. Si empezaba a pensar en él se haría un lío y si se hacía un lío podía acabar gustándole. Ya lo sabía. No necesitaba comprobarlo. Así que decidió olvidar el asunto. Nadie los había visto. Había sido una bonita tarde. Un "lío de verano". Se habían chocado y se llevaban un buen recuerdo efímero.
Scorpius miró su reloj. Las siete. Nada más que hacer. Así que siguió a Mary Clear en pos de Rose. Mary iba a ver a sus amigas de Gryffindor después de Runas y Scorpius tenía la intención de interceptar a cierta pelirroja. Había vuelto a soñar con ella. Después de los besos en la hierba del Bosque Prohibido no había podido parar de pensar en ella. ¿Y si…? Le había dejado claro que no quería seguir con eso. Por eso mismo, porque las palabras de su padre le resonaban en sus oídos, siempre lo contrario de lo que pide, con Astoria he acabado aprendiendo que desea secretamente lo que te prohíbe y que no quiere lo que te concede. Es un mareo pero es así. Porque había dicho que no,, entonces, tenía que conseguirlo.
Las chicas de Gryffindor estaban sentadas en un poyete del patio interno. Scorpius esperó un tiempo prudencial antes de acercarse.
—¡Ah, Rose! ¿Sabes dónde está Albus?
Rose alzó la mirada. Cuando lo vio no dio ningún signo de haberse acordado de nada de lo que hubiese pasado entre ellos. Se levantó y fue hacia él.
—No sé, quizás con Alice, no sé si me explico… —dijo. Pícara. Y añadió—: mejor no los molestes que tienen hora libre. Pero si quieres quedarte con nosotras, a Sucy le hará ilusión.
—¿Sucy?
—¿No te has fijado?
Si Rose insinuaba que él le gustaba a Sucy, estaba equivocada. Quizás lo sabía y quizás no. Quizás lo que no sabía era que entre Sucy y él había cosas que ninguno de los dos había querido aclarar nunca. Una confesión, un te contestaré que nunca tuvo lugar, una conversación que acabó mal y cordialidad cuando se veían. Y él había conseguido compincharse con Mary Clear que se llevó a Sucy y a las demás. Cuando Rose se dio la vuelta, Scorpius le susurró al oído:
—Anda, ven conmigo un momento, ahora las alcanzas.
También le mordió la oreja. Rose reaccionó de forma extraña. Una enorme sonrisa se pintó en sus labios y echó a correr. Scorpius se indignó.
—No se corre por los pasillos.
—¿Ah, no?
Y siguió. Scorpius no pudo resistirse a seguirla.
Rose echó a correr. Scorpius le divertía. Había conseguido quedarse con ella de nuevo a solas. Algo le decía que quería más. Y bueno, ¿por qué no se divertía un rato? No pensaba decir que sí, no quería aceptar. Tampoco diría que no. Y la mejor manera de no contestar era hacer que él la persiguiera. Que la alcanzase. Que de las ganas, en vez de preguntar, en vez de pedir un beso, la besase sin más, sin rodeos, sin aclarar las cosas. Nadie podría decir que ella decidió aceptar. Quería ver cuál era el empeño de Scorpius.
Se paraba cada cierto tiempo a ver si él la seguía. O para que no la perdiese. Estaba cada vez más cerca. Siempre se le habían dado bien las carreras rápidas y cortas y al cabo de un rato se hartó de correr. Estaba cansada, pero se reía. Y cuando Scorpius la alcanzó no dejó de reírse, a golpes, jadeando. Y siguió riendo en su beso. Scorpius intentó insultarla de forma cariñosa. Rose se dejó besar. Sus labios pedían, frescos. Al principio como un roce casual. Como ese pequeño beso en los labios que Scorpius había dejado pasar, sin darse cuenta. En un momento dado empezó a ser más interesante. Hasta quiso cerrar los ojos.
De repente se dio cuenta de que contestaba con bastante pasión. Se separó y buscó algo, algo fuerte, un buen argumento al que aferrarse, para irse sin decir que no, por haberse quedado sin decir que sí.
—Scorpius... —Pero el chico no parecía muy por la labor de escucharla. Quizás estaba interpretando eso como un ligero gemido de placer, un susurro—… Scorp, a las siete y media tengo clase de pociones. —Scorpius miró el reloj.
—Tenemos siete minutos.
Así que empujó una puerta, al lado y entraron en un destartalado armario de escobas, lleno de utensilios inútiles. Rose se habría mofado de no estar deseando seguir. Su excusa no había funcionado, entrar allí le había dado ganas de más y siguieron basándose, todo calor, labios, saliva y su lengua entre los dientes y el labio superior y Rose se moriría allí mismo, todo su cuerpo reaccionaba al beso, calor, ganas de algo más, bragas húmedas... La clase de Pociones se fue al garete y todo sentido común (Filch abrirá esta puerta en el peor momento, mi plan es no caer en las redes de Scorpius) que pudiese quedarle se esfumó cuando notó su mano apartando sus bragas. ¿Cuándo se había quedado sin pantalón? En sus piernas ya no estaba.
Scorpius no pensaba. Notaba los labios de Rose contra los suyos, la erección bajo el pantalón que no tardó en desabrochar y oía los susurros, los suspiros. Todo era negro y rojo y había pecas en la piel de su cuello y él tanteaba ahí abajo, entre pliegues húmedos. A Rose parecía costarle respirar, abría la boca sin decir nada, y él se sentía poderoso. Le sudaba el cuerpo entero. Notó el peso de Rose en sus hombros, el agarre de sus piernas en torno a su cintura y sobretodo notó el calor, ese calor espeluznante, atractivo, de fusión. Deliciosa prisión, que le hacía olvidar dónde estaba, quién era, la fuerza que tenía que hacer para aguantarlos a los dos, en equilibrio, contra la pared, y las piernas de Rose, intentando aguantar en el aire, descolocada por la pasión, quizás la violencia de las estocadas, volviendo a subir por su cintura, entre tanta tela, la túnica, la camisa, el pelo, las manos de Rose, crispadas contra sus hombros, los dedos que se le clavaban y los suspiros. Sólo susurros, murmullos, silencio y respiración jadeante. No aguantaría más.
Empezó a gemir más fuerte, a quejarse. Pero el silencio era necesario. A Scorpius le dolió en el alma acallar el gemido con un beso, cuando Rose llegó al orgasmo y casi grita su nombre, pero se lo tragó entero. Le dolía todo el cuerpo del esfuerzo. Rose se resbaló por el muro cuando él empezó a soltarla, cosa que le dio muchas ideas nuevas. La clase de pociones había desaparecido de su mente. Pero Rose, aun mordiéndose el labio (por Merlín, es que la excitación volvía), respirando agitadamente, temblando, susurró a trompicones:
—... clase...
Le costó reponerse. Nunca había hecho algo así, rápido, sin sentido, fuera de todo, lejos de todo. ¿Qué había pasado? No lo sabía. Notaba su corazón bombeando sangre, sus manos temblaban del esfuerzo, sus sienes golpeaban, no sabía nada, no podía hacer nada, no tenía fuerzas. Había disfrutado. Estaba saciada. El silencio volvía a reinar y Rose intentaba respirar con calma. Se sentía hinchada, sensible. Si se movía quizás volvía a sentir la excitación, quizás se quedaba allí con Scorpius, pero no le quedaba tiempo si quería convencerse a si misma de que eso no había ocurrido. No podía perturbar su rutina por culpa de Scorpius. Su mente volvía a funcionar más rápido, al parecer, que la de Scorpius. Le dio tiempo a ver el pantalón, a cogerlo, a empezar a ponérselo, antes de que Scorpius se diera cuenta. Cuando la vio pareció querer decir algo. Pero se calló. Cuando Rose acabó de vestirse Scorpius se adecentó. No se había quitado, propiamente dicho, ninguna prenda.
Rose salió corriendo hacia las mazmorras después de rechazar un beso de Scorpius:
—Esto... no ha pasado.
Bueno, ¿qué? ¿Reviews?
Gui
SdlN
