HOLA A TODOS LOS QUE TIENEN LA PACIENCIA DE SEGUIRME LEYENDO, DE VERDAD SE LOS AGRADEZCO PORQUE TENGO LA HORRIBLE COSTUMBRE DE ATRAZARME CON LOS CAPÍTULOS, CREANME QUE SI POR MI FUERA ME PASARÍA EL DÍA ESCRIBIENDO, PERO NI MODO, ALGUIEN TIENE QUE HACER TRÁMITES PARA CONCLUIR CON LO DE MI SERVICIO SOCIAL Y NO ME QUEDA DE OTRA, ADEMÁS ME PUSE A TRADUCIR UNAS COSAS Y CON TAN POCO TIEMPO ANDABA DE AQUÍ PARA ALLÁ, PERO MUCHAS GRACIAS POR LEER Y AQUÍ ESTÁ EL CAPI…
NORTHERN LIGHTS
Por: Itako Ana Tenshi
CAP. 7 – EL ENFRENTAMIENTO
La rubia dirigía magistralmente a su corcel, su paso era veloz y marcaba el camino que habrían de seguir los jinetes que la seguían, ahora a lado de su corcel cabalgaba el del príncipe del Norte, el cual por más que lo intentaba no podía retirar su vista de encima de la sacerdotisa, justo detrás de ellos iban los otros tres príncipes, todos viajaban alertas de cualquier sonido o movimiento que pudiera avisarles de algún peligro, la princesa Pilika se sentía bastante confiada al ir a lado de la guía del grupo y a pesar de la pena que atravesaba su alma ya no lloraba pero continuaba en silencio.
-Tal vez sea hora de tomar un descanso– anunció Ana mientras se preparaba para detener su paso.
-Pienso que debemos recuperar el tiempo perdido– expresó Len desde su montura.
-En menos de una hora– comenzó a explicar la sacerdotisa –saldremos de lo más espeso del bosque y seremos un blanco fácil, lo mejor es descansar un rato, recuerden al salir del bosque no tardaremos mucho en llegar a las montañas y se deben ahorrar fuerzas para ese tramo.
-Entonces hagamos lo que Lady Ana dice– pidió Yoh mientras bajaba de su caballo, lo cual sorprendió a todo el grupo y principalmente a la rubia.
-Bueno si creen que es lo mejor– extenuó Lizerg mientras descendía y Len hacia lo mismo, Horo aún en su equino se acercó al caballo de la sacerdotisa.
-¿Cómo te sientes Pilika?– cuestionó preocupado el peliazul.
-Bien, no te preocupes– contestó la muchacha mientras veía a Ana bajar y el muchacho peli azul retiraba su caballo para permitir a la sacerdotisa dejar su transporte.
-Déjeme ayudarla a bajar alteza– comentó la chica extendiendo su mano a la princesa aún sobre el caballo.
-No Miladi– se adelantó Len –yo la ayudaré– Ana lo miró por un instante y después comenzó a caminar lejos de su caballo, el príncipe del Este tomo la mano de la joven y ella se apoyo en los hombros del joven el cual la bajó lentamente.
-Gracias…– dijo ella al encontrarse a unos cuantos centímetros del muchacho.
-Len, Miladi– comentó sin retirar sus dorados ojos de los zafiros que poseía la princesa –mi nombre es Len, príncipe del Este.
-Sí, cuanto tiempo sin verle alteza– murmuró la joven sin que ninguno de los dos se moviera, e los ojos color oro del muchacho la princesa encontró una calidez que le dio fuerzas para hablar, era una fuerza diferente a la transmitida por su hermano, aquel momento los atrapó hasta que escucharon como Lizerg se aclaraba la garganta para llamar la atención del príncipe del Este.
-Bueno, descanse un rato– continuó Len alejándose de ella –vamos Lizerg hay que preparar todo para el campamento.
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Ana juntaba algunos leños mientras Yoh se acercó a ella, comenzó a ayudarla y ya ambos tenían montones bastante grandes.
-Parece que Lady Pilika esta mejor ¿no cree?– hablo él tratando de iniciar una conversación.
-Sí, todo el día ha estado muy tranquila, aunque aún necesita decirle a su hermano todo lo que vivió– dijo ella comenzando a acomodar la madera.
-Debe ser difícil hablar de las cosas tan terribles que ha vivido.
-Usted parece entender mucho sobre los sentimientos de los demás.
-No mucho, es sólo que imagino lo horrible que sería estar en una situación similar y… le pedí que me llamara por mi nombre– comentó él sonriéndole.
-Imposible– afirmó ella –usted es un príncipe, al llegar a Avalon acabara mi misión así que no debo acostumbrarme a su compañía ni a la de nadie– sentenció la muchacha.
-Pero tal vez podría ir a verla después o…
-No, por favor alteza, olvide las cosas de las que hemos hablado, lo mejor es tratarnos como siempre, soy una sacerdotisa y…– detuvo sus palabras para encender una llama sobre la madera que había preparado –lo mejor será dejar de hablarnos con tanta familiaridad– concluyó alejándose de él, dejando desconcertado al príncipe, quien no entendía el por qué del deseo de la joven por mantener con él una relación fría y formal, de pronto pensó que tal vez era por la forma en que él se había comportado cuando se conocieron.
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El atardecer iluminaba de rojo las figuras de cada uno de esos viajeros, todos sentados sobre un tronco de tamaño mediano, las seis personas permanecían en silencio, tomaban los alimentos preparados por la sacerdotisa en estricto silencio, pero los sollozos de la joven de cabellos celestes rompieron la calma del crepúsculo, todos voltearon a verla.
-No sé para qué continuar con este viaje– murmuró la joven con sus ojos llenos de lagrimas mientras miraba a su hermano sentado a su lado, todos permanecieron expectantes.
-Pilika ¿qué estás diciendo? Yo te dije que no podrías acompañarme y aún así me seguiste– contestó el peliazul asombrado por las palabras de su hermana.
-CREES QUE ESTOY POR GUSTO AQUÍ– gritó ella –hermano– continuó con voz leve –ya no queda nada, lo destruyeron todo, las casas, el palacio, mataron a toda la gente, hasta nuestros padres…
-QUÉ– exclamó Horo acercándose más a ella –NO PUEDE SER– gritó tomándola de los hombros.
-SI, TODOS ESTAN MUERTOS NO QUEDO NADIE– gritó como si deseara desgarrar su garganta para después murmurar –mi madre me salvó, ella abrió un pasadizo que había en el castillo y el cual me llevaba lejos, hasta el bosque, ahí permanecí escondida, y desde el bosque se veían las llamas…
-Pero…– trató de hablar él.
-NO ME INTERRUMPAS– ordenó ella –regresé pensando que quizás alguien podría ayudarme y solo había cenizas, no quedó más que cenizas– terminó de decir para hincarse a llorar y él joven príncipe se hincó a lado de ella –no contentos con eso, cuando me descubrieron me persiguieron para matarme, me escondí por el bosque y cada vez que los escuchaba cerca creí que moriría– cuando ella terminó de hablar ambos derramaron sus lagrimas y los ojos de los otros príncipes también dejaron escapar su llanto de rabia e impotencia. La rubia joven se acercó a Pilika y la abrazó con fuerza.
-Nunca debes perder las esperanzas– comentó la sacerdotisa sin soltar a la joven –sé que en este momento no ves ninguna luz, pero en Avalon se encuentra una luz más fuerte que la de cualquier país, la de la justicia y esa luz jamás iluminará a alguien como Hao, ella no le permitirá utilizar su ambición sin un castigo, las palabras no pueden curar el alma, pero tu fuerza y el tiempo sí y yo haré todo lo que este en mis manos para que obtengan lo necesario para detener a ese malvado que usa el poder de forma equivocada– explicó la joven mientras sus lagrimas comenzaban a rodar por sus blancas mejillas, después se separó de la muchacha que ya se encontraba más tranquila y la rubia comenzó a caminar hacia un lugar apartado del grupo pues no deseaba que los demás se percataran de su llanto.
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-Creí que tu no llorabas– escuchó ella exclamar tras de sí, lo cual la hizo voltear rápidamente encontrándose con el príncipe del Norte.
-Por favor déjame sola– pidió la rubia volviendo a darle la espalda.
-Me agrada que me hables con más confianza– dijo acercándose.
-Como se atreve, yo solo… no quise hablar así, además yo… por favor váyase, no quiero que me vean llorar.
-¿Por qué?
-Por que nunca en mi vida había llorado, me siento desesperada, me duele cada una de esas muertes– explicó mientras lo miraba a la cara –no sé qué es esto.
-Es tristeza, enojo– explicó él acortando la distancia entre los dos –impotencia, indignación– comentó él abrazándola –miedo.
-¿Cómo puede saber eso?– cuestionó ella atrapada en los brazos del joven.
-Porque siento lo mismo y es normal, los humanos somos así.
-No, ¡yo no debería sentir esto!– continuó diciendo con mucha desesperación en tanto agitaba su cabeza e intentaba separarse de él quien la retenía abrazada –ni esto, ni nada, no me deben controlar los sentimientos, tengo miedo Yoh– apenas había pronunciado aquel nombre cuando lo miró a los ojos completamente confundida.
-Que hermoso se escucha mi nombre en tus labios…Ana– murmuró el castaño acercando su rostro al de ella, la sacerdotisa se había quedado paralizada, mirando los profundos ojos negros del príncipe del Norte, los labios de él lentamente tocaron los de ella, en tanto los fuertes brazos del muchacho seguían aprisionándola en un cálido abrazo.
Cuando la rubia sintió esa cercanía quiso reclamar pero no pudo, sólo cerró sus ojos poco a poco y sintió esos cálidos labios, esa tierna caricia, sintió como el príncipe la besaba, la muchacha comenzó a corresponder el beso, a probar esa dulce miel que destilaba la boca de ese muchacho, mientras lo besaba la invadió una extraña e inexplicable felicidad, una que superaba cualquier otro sentimiento, la hacía olvidar todo lo demás, todo aquello venía desde lo más profundo de su corazón y nunca antes en su vida había experimentado nada parecido.
El beso fue primero lento, tranquilo, con el primer roce de sus labios y poco a poco se fue profundizando, aquel encuentro de sus bocas comenzaba a tornarse más apasionado, ambos correspondían y se interesaban sólo en una cosa, seguir saboreándose, porque este era el sabor de un sentimiento desconocido para ellos y no deseaban detenerse, pero el grito de Len los interrumpió, pues llamaba a Yoh, el cual se separó, contra toda su voluntad, de la doncella, cuando el beso se rompió ambos respiraban algo agitados, aquella muestra de cariño los había dejado sin aliento, el castaño se quedó mirando sorprendido a la mujer, embrujado por las joyas oscuras de los ojos de la sacerdotisa quien permanecía estática ante lo sucedido, las mejillas de ambos se tornaron de rojo, pero no rompieron el contacto visual, y aun con todo eso ambos tuvieron que obligar a sus mentes a reaccionar por sobre lo que sus corazones decían y pedían a gritos, "un beso más", suplicaban los ojos de ambos, pero no podían, no obedecieron a sus impulsos, actuaron con sus cerebros mandando sobre sus almas y sin decir una palabra se dirigieron a donde estaban los demás.
Ambos se acercaron a sus compañeros, aun un poco confundidos por el hecho de momentos antes. En cuanto se encontraron junto a ellos, Len se aproximó al castaño y le informó de la presencia de los hombres de Hao.
-¿Estás seguro?– cuestionó Yoh tomando su arma que había quedado junto a su equipaje.
-Lizerg los acaba de ver– murmuró el príncipe de ojos dorados –deben de estar asechándonos.
-Aún no nos ven– exclamó Ana atrayendo las miradas de todos sobre ella y se percataron de como de sus ojos salía una extraña luz plateada –pero están buscándonos, veo al hombre del negro de antes y a tres jóvenes, son unas hechiceras– terminó de decir para volver a mirarlos normalmente.
-Miladi– murmuró Yoh –usted y la princesa Pilika deben ocultarse, nosotros lucharemos.
-No, debemos tratar de irnos de aquí antes de que nos encuentren– interrumpió la sacerdotisa
-Si huimos nos encontraran en algún momento– aclaró Yoh –no tenemos más alternativa que hacerles frente.
-Entonces yo los ayudaré– propuso Ana –esas mujeres son hechiceras, no podrán vencerlas con simples espadas.
-Pero es preferible que cuide a mi hermana– dijo Horo quien estaba junto a la muchacha de azules cabellos que parecía más tranquila, pero agachaba su rostro –nosotros podremos con ellos.
-La pelea solo los distraerá mientras ustedes se adelantan y entonces los despistaremos– explicó Len.
-Esta bien, pero deben tener mucho cuidado, manténganse juntos– recomendó la rubia joven –el plan de ellos es separarlos.
-Bueno, ahora vayan por entre los árboles– pidió Lizerg a las jóvenes del corcel blanco y ambas así lo hicieron, estaban a punto de ocultarse cuando Ana volteó.
-Por favor tengan mucho cuidado– les pidió la sacerdotisa mientras miraba a Yoh.
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Una vez que los príncipes perdieron de vista a las doncellas se prepararon para enfrentar a sus enemigos, y no tardaron mucho en estar frente a frente con sus oponentes, el hombre de negro los miraba con sumo detenimiento, él estaba acompañado de tres jóvenes, una pelirroja, otra rubia y una de cabello azul, la cual parecía ser mayor a las otras dos, cada uno montaba un imponente corcel negro.
-Altezas– refirió la mujer de largo cabello azul –nuestro señor Hao envía sus saludos.
-Pues nos interesa muy poco– exclamó Len con acentuado y profundo enojo y dejándoles ver el desprecio que sentía por su amo.
-Vaya a Mary no le gustan los modales de ese príncipe– comentó la rubia que pertenecía a los hombres de Hao.
-Creo que ni ustedes ni nosotros tenemos tiempo para estar hablando– comentó Yoh mientras empuñaba su espada.
-Ya viste eso Kanna– dijo la pelirroja a la primera que había hablado –creen que nos vencerán con espadas, son muy ilusos– dijo con una sonrisa.
-Pues demostrémosles a estas tres brujas lo ilusos que somos– exclamó el peliazul príncipe –aquí mismo me van a pagar todo lo que Hao le hizo al reino del Sur.
-Deberías agradecer que todavía te queda el recuerdo de ese insignificante lugar– refirió Kanna con burla, lo cual hizo a Horo enfadarse aun más.
Las tres mujeres sacaron unas luminosas espadas de sus manos, las cuales estaban hechas de magia, la de cabello azul apareció una espada más y se la dio al hombre ataviado con color negro. De inmediato la hechicera Mary atacó al príncipe del Norte, en tanto su compañero del sur era acometido por la pelirroja, Kanna luchaba con Len y a Lizerg le toco medir fuerzas con el hombre. Las espadas chocaban y a las mujeres les parecía asombroso ver a estas armas resistir los ataques de las espadas mágicas.
-Vaya, la espada con la cual peleas debe ser de un material muy resistente para soportar la magia de Mary– comentó la rubia a su castaño oponente.
-Pues hasta donde yo sé es una espada normal– exclamó Yoh lanzando fuertes ataques con su arma.
-Tal vez su magia no es tan poderosa como creían– murmuró Len a su enemiga.
-Tonterías– contestó Kanna –algún truco debe haber.
-Sí, yo vi como el príncipe del Norte usaba magia en nuestro primer encuentro– contó Lakis, el hombre de negro, atacando a Lizerg y este detenía el golpe de la espada.
-Esa es magia elemental– reclamó el peliverde príncipe defendiéndose con otro ataque –no tiene nada que ver con la magia de batalla.
-Pues aunque nuestras armas sean comunes o mágicas no nos vencerán– aclaró Horo a Maty con la cual luchaba.
-Ingenuos– contestó ella con desprecio –somos mucho más fuertes, en cuanto acabemos con ustedes iremos por la niña que se nos escapó.
-Y por esa sacerdotisa– completó la rubia.
-Ustedes no dañaran a Ana– grito Yoh enojado mientras atacaba con más fuerza a la hechicera.
-¿Dañarla? No seas tonto– aclaró Kanna sacando de su mano un rayo que derribó a Len –y por cierto te agradezco de verdad habernos dado el dato de su nombre, el señor Hao tenía gran interés en conocerlo, pero no le haría ningún daño.
-Sí, el señor Hao jamás tocaría al tesoro más preciado de Avalon, pero con los poderes de ella podrá completar los suyos y hará cuanto quiera– continuó Maty mientras arrojaba a Horo una esfera de luz que el príncipe del Sur apenas pudo evitar con su espada como escudo.
-Pues Ana nunca ayudará al maldito de Hao– reclamó Yoh sin dejar de pelear un instante.
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Los árboles las habían ocultado, ya se habían alejado bastante del lugar de la pelea y la espesura del bosque comenzaba a ceder bastante, la princesa no retiraba ni un instante su mirada del lugar donde se podía percibir la pelea.
-¿Cree que lo logren?– preguntó Pilika a la rubia que guiaba el corcel en donde iban.
-No lo sé– contestó con un tono indiferente.
-Tengo miedo– murmuró la peliazul –esas mujeres son hechiceras, ¿cómo podrán vencerlas?
-Esos son los obstáculos que deben superar para llegar a Avalon– respondió la rubia –y aún cuando lleguen al final de la búsqueda tendrán que enfrentarse a cualquier prueba que los dioses de Avalon propongan, principalmente el príncipe del Norte.
-Sí, pero qué pasará si uno de ellos muere, hay que hacer algo, no quiero perder a mi hermano– sollozó la princesa –además usted tiene magia ¿por qué no los ayuda?
-No puedo, está prohibido, cuando Yoh me dijo que me fuera me lo recordó– declaró la sacerdotisa mirando hacia donde podía percibirse la pelea –Avalon es un reino neutral y…yo lo represento en este mundo, verá princesa…
Hace miles de años este mundo contaba con cinco reinos: el del Norte, el Sur, el Este, el Oeste y el de Avalon, los primeros cuatro reinos eran gobernados por soberanos humanos pero no así el de Avalon, el cual albergaba a poderosos magos, hechiceras y videntes, tan poderosos que eran considerados dioses. En esos tiempos no había paz en este mundo pues los reinos del Norte, Sur, Este y Oeste estaban siempre sumidos en constantes guerras y se ayudaban de unas poderosas armas, las LUCES de sus reinos cada uno contaba con su propia luz a excepción de Avalon.
Pero las luces no dejaban de ser utilizadas para la destrucción y los cuatro reinos habían caído en la más profunda oscuridad y desesperación, mientras tanto el reino de la magia permanecía alejado de ellos, sus conflictos no lo preocupaban prefiriendo permanecer neutral.
Sucedió entonces que tras largos años de lucha entre los reyes humanos, una gran amenaza surgió, un malvado y poderoso demonio que destruía todo a su paso, este monstruo había sido creado a causa de los sentimientos negativos de todo el mundo, gracias a las constantes guerras y muertes. Los soberanos estaban desesperados por tanto decidieron acudir a Avalon y pedir el consejo de sus gobernantes; la reina de Avalon los recibió con gusto y tras darles la bienvenida a su reino les dio la única solución a su problema.
-Mis estimados soberanos– explicó la reina –para deshaceros de la temible amenaza que asola vuestros reinos, deberán primero dejar los conflictos entre ustedes y así unir sus fuerzas y las LUCES de cada uno de sus reinos.
-Pero– interrumpió el rey del Norte –para defendernos sólo contamos con las LUCES, cada rey cuenta con la propia y de seguro nadie desea deshacerse de su protección.
-No será necesario que las luces desaparezcan– aclaró la reina de Avalon –sólo deben unirlas para así crear LAETERNA LUZ, un arma sumamente poderosa, con la cual se puede destruir a cualquier enemigo.
Una vez que hubieron recibido la recomendación de la soberana hicieron un consejo, en éste aceptaron unir fuerzas y gracias a la unión de las LUCES de sus reinos lograron crear LA ETERNA LUZ, el arma más poderosa, la cual ninguna magia podría vencer. Pero cuando el demonio que los amenazaba fue destruido volvieron a reunirse para discutir acerca de la poderosa arma a la cual tenían acceso. De nuevo se dirigieron a Avalon para suplicar la sabiduría de la reina.
-Estamos verdaderamente preocupados– comentó el soberano del Este a la reina –ahora contamos con un arma sumamente poderosa pero…
-Desconfiamos de nuestra débil naturaleza humana– continuó el rey del Sur.
-Pensamos que aún cuando nosotros no pretendamos utilizar la ETERNA LUZ– aseguró quien gobernaba el Oeste –para fines bélicos, no podemos decir lo mismo de las generaciones venideras.
-Por eso deseamos asegurar que en un futuro la poderosa arma que nace de la combinación de las LUCES de nuestros reinos– explicó el rey del Norte –no sea utilizada por alguien con fines destructivos, suplicamos a vos nos dé un consejo gracias a vuestra infinita sabiduría.
-Mi reino no puede hacer gran cosa por vosotros– dijo la reina con tranquilidad –pero aún así les tengo una sugerencia, si una de las LUCES de cualquiera de vuestros reinos desaparece del mismo plano en donde se encuentran sus hermanas, el poder de todas se anulará, continuaran brindando la misma protección pero jamás volverán a servir como armas.
-Y ¿cómo podremos lograr que una de ellas desaparezca?– cuestionó el gobernante del Sur.
-Tal vez estoy tomando una decisión apresurada– comentó la reina –pero mi reino siempre se ha considerado neutral, pues estamos lejos de tener la misma naturaleza que vosotros pero aún así hemos vivido en paz con cada uno de vuestros reinos; por eso me comprometo a proteger la luz de uno de sus reinos, pero imagino que necesitarán discutir cual es la luz que habrá de ser entregada a la protección de mi reino.
-No será indispensable– manifestó el rey del Norte –es la luz de mi reino la que habrá de ser entregada, mi país inició los conflictos entre nuestros cuatro reinos y si en mis manos esta detenerlos de una vez así lo haré.
-Sin embargo hay algo que aún me inquieta– refirió el monarca del Este –podría suceder que algún día necesitáramos de la protección de la ETERNA LUZ.
-Entonces mi reino os regresara las LUCES DEL NORTE– afirmó la soberana –nosotros solo cuidaremos de ellas pero se las daremos si se llegara el momento.
-Imagino que habrá alguna condición– quiso saber el rey del Oeste.
-Así es– declaró la mujer -habrán de ser tres las condiciones para regresaros las LUCES DEL NORTE: la primera, quien las reclame será el legítimo heredero al trono al reino del Norte; segundo, el príncipe del Norte vendrá acompañado de los tres herederos al trono de los demás países para demostrar que el deseo de vivir en paz los ha unido y tercera, la razón por la cual pidan las LUCES DE NORTE para así crear la ETERNA LUZ, deberá ser lo suficientemente legítima.
Los cuatro reyes juraron que así sería y la reina de Avalon juro proteger las luces y desaparecer junto con su reino de los ojos humanos, el camino a ese lugar quedaría sellado y sólo habría una forma para encontrar el reino, dirigirse al Lago del Destino y encontrarse con la sacerdotisa de Avalon, ella sería la única persona capaz de guiar a quien fuera digno de llegar al misterioso reino pero a cambio nadie de Avalon podría interferir en los asuntos y los conflictos humanos, la sacerdotisa sólo sería guía y espectador pero nada más.
-Esa es la razón por la cual no debo intervenir– concluyó la rubia terminando con el relato.
-Siento haberle exigido que rompiera las reglas de su reino– murmuró apenada la princesa Pilika, las tinieblas ya las cubrían por completo y los rayos de luz de la lejana batalla continuaban apreciándose. Ana detuvo su corcel y bajo de él para mirar hacia el lugar de la batalla.
-Si le hace sentirse más tranquila Miladi– habló la rubia –averiguaré como va la batalla.
-Se lo suplico– expresó la peliazul, de inmediato la sacerdotisa cerró sus ojos y comenzó a concentrarse, abrió sus ojos los cuales brillaban con una luz plateada, la misma que horas antes había revelado la presencia de sus enemigos, permaneció así por unos instantes, unos segundos después volvió a cerrar y a abrir los ojos y su mirada se veía sumamente preocupada.
-¿Qué sucede?– cuestionó la princesa del Sur.
-Nada– mintió la joven de cabellos rubios –es que no los pude ver.
-Disculpe pero no le creo, su mirada esta llena de preocupación– reclamó Pilika, lo cual dejó sorprendida a Ana pues ella hasta hace poco podía ocultar y reprimir a la perfección sus sentimientos.
-Están en problemas– afirmó la joven del lago con preocupación –no han podido alejarse lo suficiente, parece que el plan de distraer a sus enemigos no funcionará– aclaró con una voz tranquila.
-Miladi– interrumpió la princesa –entendí a la perfección lo que no debe hacer, pero debe haber algo, alguna forma de ayudarlos.
-Mi magia debe ser únicamente de protección– dijo la rubia –no debo luchar ni intervenir, yo…– de pronto se quedó callada.
-Hay algo ¿verdad?
-Se me acaba de ocurrir, sólo espero que funcione y suplicaré a los dioses de Avalon no ser fuertemente castigada.
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Los cuatro príncipes se defendían a duras penas de sus enemigos, pero Len había sido herido en su costado derecho, la herida sangraba a pesar de que él oprimía con fuerza aquel lugar tratando de detener la hemorragia, lógicamente ya no lograba pelear con la misma habilidad, estaban cansados de intentar retirarse, aquellas mujeres parecían invencibles y se adelantaban a todo ataque de los jóvenes, sin embargo las espadas continuaban firmes y sin un rasguño, a pesar de la poderosa magia de Mary, Maty y Kanna no habían logrado destruir la defensa de los príncipes.
-Yoh– grito Lizerg al príncipe del Norte –la herida de Len es grave, no aguantará mucho.
-Lo sé pero ellas no nos dejaran escapar– explicó el castaño muchacho.
-No, mi herida no es tan grave, no tienen porque preocuparse– trató de tranquilizar el de ojos color oro poniendo su semblante más calmado y serio.
-Necesitamos un verdadero ataque, sino nos han matado es a causa de nuestras armas– explicó el peliazul.
-Deben tener algo especial– comentó Len mientras los otros sostenían un poco la lucha por él.
-Tontos– interrumpió Kanna –no se dan cuenta que la sacerdotisa cubrió sus espadas con magia protectora– ante aquel comentario los cuatro se sorprendieron pero se dieron cuenta que no podría servirles de nada, más aún cuando uno de los rayos golpeo a Horo- Horo haciéndolo caer de su caballo, por suerte pudo regresar rápidamente a su montura, pero su rostro reflejaba un profundo cansancio.
El príncipe del Norte se consideraba ya perdido, ganar o si quiera continuar defendiéndose decorosamente surgía como una misión imposible, pensó en la muerte, pero justo en ese instante una poderosa luz de color blanco cubrió el lugar, los cuatro enemigos de los príncipes estaban cegados por la potente luz.
-¡Es Ana!– gritó Yoh –¡esta luz la esta creando ella, a nosotros no nos ha cegado, debemos aprovechar e irnos!– exclamó informando a sus compañeros quienes emprendieron la retirada siguiendo la luz que protegía su paso.
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Los ojos de Pilika no podían creer lo que veían, de los ojos de Ana salía una poderosa luz blanca que apuntaba directamente hasta donde se libraba la batalla, varios minutos salió el torrente de luz de los ojos de la sacerdotisa, la cual sostenía con fuerza su rosario de color azul pero después de un rato la luz dejo de salir y la joven de rubios cabellos cayo al suelo.
-Lady Ana– exclamó la peliazul bajando del corcel para correr hasta la rubia –Lady Ana, ¿esta bien?– preguntó la princesa inclinándose junto a la rubia.
-Es todo cuanto…puedo hacer– murmuró la sacerdotisa antes de perder el conocimiento, en verdad había sido muy difícil para todos superar EL ENFRENTAMIENTO.
CONTINUARÁ…
RESPUESTAS A LOS REVIEWS:
SUPREMA OMNYOJI NO KAMI SAMA – bueno, puse otro poco de Yoh y Ana, por cierto es maravilloso que te guste mi historia, espero seguirte leyendo por aquí. Perdón por tardarme más que nunca pero he andado corriendo de aquí para allá, espero poner el próximo cap más pronto y seguirnos leyendo.
CAMILEIN – Hola, sí son tan lindas esas escenas y con respecto al beso deseo concedido, aunque en realidad no parezco en nada a mi bella genio, sólo espero te agrade la escena y aunque no hay mucho de Yoh y Ana ese ya es un super acercamiento.
Muchas gracias por tus deseos y yo también espero pasar, bueno ahí nos leemos, cuídate y espero seguirte leyendo.
VICKY-CHAN 15 – No sabes el gusto que me da leerte miau y claro que te apreciamos, se ve que eres una maravillosa persona y aunque no tenemos el gusto de conocernos personalmente nos caes muy bien. De nada por lo del correo y sigo esperando tu mensaje, por las dudas te lo vuelvo a dar (heeroyuy guion bajo relena arroba yahoo punto com punto mx), espero ver un mail tuyo miau, para estar más en contacto.
Gracias por tu apoyo y no me refiero sólo al fic sino a tus sinceras palabras y como ves ando en esa onda del periodismo, ojala y me vaya bien en el examen pero todavía tarda la respuesta, con respecto a mi familia pues sí, sólo me queda esperar y muchas muchas gracias por tus palabras.
Vaya, me alienta mucho saber que te gustó lo suficiente como para re leerlo, aquí ya dejé otro cap que espero también te agrade, ay ¿no son lindos Yoh y Ana? les gusta hacerse los difíciles pero ya están cayendo miau.
Bueno te dejo y ah por cierto, Shaman Fan se ha atrasado porque como yo he andado con mis ondas locas no tengo mucho tiempo para redactar y él entró a un curso de todo el día para ponerse bien en sus materias, pero ya espero esta semana echarle ganas a Corazones del Mar que por las ideas que me ha dicho sé que va a estar maravilloso. Nos estamos leyendo, cuídate mucho y sabes que te apreciamos y nos sentimos honrados de que nos consideres tus amigos.
