MUCHAS, PERO MUCHAS, MUCHÍSIMAS GRACIAS A QUIENES LEAN, LEYERON O LEERAN ESTE FIC, ME HE TARDADO MUCHO CON ÉL Y ESO QUE CUANDO EMPECÉ A PUBLICARLO YA TENÍA UN BUEN TRAMO, NO TENGO PERDÓN NI EXCUSA, ESPERO LES GUSTE.
POR CIERTO SÉ QUE NO MEREZCO REVIEWS DESPUÉS DE TANTO TIEMPO, PERO POR FIS, SI ALGUIEN TIENE UN RATITO SE LOS AGRADECERÉ MUCHO.
CAP. 12 – CUANDO LOS DIOSES HABLAN.
Todos tenían incrédulas miradas ante la belleza del paisaje, todo el lugar estaba cubierto por verdor y boscocidad, el apreciado por sus ojos era un valle sumamente hermoso, cada árbol era de una altura y una estética imponente, la naturaleza se volcaba en cada rincón, dando muestras de su poderío, entre las plantas podía verse pasar un gran y caudaloso río de aguas cristalinas y llevaba un murmullo rítmico y delicioso, capaz de hechizar a cualquiera, el caudal acuático nacía en una lejana cascada, la cual parecía estar saliendo de una de las torres de un increíble castillo hecho, o eso parecía, completamente de diamante.
Bajo las sombras de varios árboles algunas mujeres permanecían sentadas, leyendo pesados libros los cuales captaban toda su atención por lo cual no se fijaban en los extraños que habían entrado a su reino, en las orillas de un río de agua pura veían a hombres y mujeres que practicaban magia con dicho elemento y muy cerca de ellos unas niñas hacían trucos con las corrientes de aire, los príncipes estaban asombrados.
Muy pronto llegaron a un puente que parecía estar hecho de hielo o vidrio, al cruzarlo se encontraron en un extenso campo de flores de variados tipos y colores, su fragancia llegaba hasta ellos cuando pasaron por un camino que dividía en dos la floresta, justo cuando iban a la mitad de la travesía varias doncellas de vestidos verdes se pusieron de pie, habían estado ocultas entre las plantas y les miraban sin asombro, tal vez con un poco de curiosidad.
La rubia continuaba cabalgando sin voltear a ver a los visitantes, ellos sentían un asombro tan mayúsculo que ante la incapacidad de poder expresar algo se concretaron a seguir el paso de la muchacha, un joven de tez apiñonada y cabello castaño fue el primero en atreverse a acortar la distancia entre su corcel y el de la joven.
-No puedo creer que estoy en un lugar tan hermoso– refirió con la sorpresa en su voz, la chica de dorados cabellos no dijo nada, sólo volteó a verlo y para sorpresa del castaño los ojos de ella estaban llenos de lágrimas –Ana– murmuró sin entender su llanto, pero no quiso preguntar nada, además ella sólo continuó el camino sin decir palabra.
El castillo aún se veía lejano, apenas habían salido del florido campo cuando un jinete les salió al paso, era una hermosa joven, con cabellos largos y brillantes, tan castaños como los del príncipe del Norte, portaba un largo vestido de color blanco y en su cuello llevaba un rosario igual al de Ana, la recién llegada venía al frente de una comitiva de seis jinetes más, tres hombres y tres mujeres, todos ataviados con ropas blancas, la muchacha que les encabezaba se colocó frente a ellos y exclamó:
-Mirina, la vidente más poderosa de Avalon le da la bienvenida a Ana, sacerdotisa de Avalon y guardiana del Lago del Destino– ante aquellas palabras Ana se adelantó un poco.
-Ana, sacerdotisa de Avalon y guardiana del Lago del Destino da las gracias a Mirina, la vidente más poderosa de Avalon– al terminar aquella oración ambas bajaron de sus monturas y se abrazaron calurosamente.
-¡Ana!– gritó emocionada la joven castaña apenas se habían separado –espero te dé gusto ver que mis premoniciones han resultado acertadas, hermana– concluyó la muchacha de tez clara, la cual regresó a su montura, un corcel tan blanco como el de la sacerdotisa, esta nueva sorpresa volvió a dejar a todos impactados, pero notaron el gran parecido entre las dos mujeres y no les quedo duda alguna de sus palabras.
-Sí, tal como predijiste mi regreso– le comentó Ana –este día y…con lagrimas en los ojos– dijo finalmente para regresar a su corcel, la joven de cafés cabellos sólo miró a todos los presentes y los saludó con una reverencia de su cabeza, después continuaron el camino en un incomodo silencio.
Atravesaron un caudaloso río gracias a otro de los extraños puentes, todo en pétreo silencio, pero a Yoh no dejaba de extrañarle la manera en la cual la peli café lo miraba, como escudriñando en sus rasgos, parecía estarlo examinando buscando algo, prefirió no darle mucha importancia y continuar admirando el, hasta ahora, desconocido reino de Avalon.
-No es excepcional– dejó escapar la hermana de Ana con los ojos aún clavados en el príncipe del Norte –pero es distinto– concluyó después de un rato y simuló no haberlo estado observando –¿qué les parece nuestro reino altezas?– quiso saber la muchacha aunque a todos les pareció que su anterior frase no se refería al lugar en donde estaban.
-Espectacular– dijo Pilika sin poder contener más su opinión –pero ¿quiénes son esas personas?– dijo señalando a la mujeres bajo los árboles.
-Son Driades, los del río Wallotes y las niñas que vieron junto a ellos las Ondinas, las que descansaban en el prado son las damas verdes, a las del campo de flores se les llama Alseides todos son hadas…
-Creí que todas tenían alas– murmuró Horo- Horo.
-Leyendas humanas, los mortales siempre le agregan algo a la verdad, cuando se trata de las leyendas es bueno porque las enriquece, no es lo mismo con la vida real.
-Yo pensé que quienes estaban bajo los árboles eran sacerdotisas– comentó Yoh.
-En todo Avalon no hay más sacerdotisa que mi hermana y no puede haber más que una debido a su importante papel en la vida de este reino, así ha sido desde siempre– esto había dejado petrificado al grupo, no entendían que quería decir el particular tono con el cual había dicho la frase "desde siempre" lo de "su importante papel en la vida del reino" los había confundido bastante; llegaron hasta el gigantesco palacio, de mayor tamaño al de cualquiera de los presentes, por lo visto las sorpresas apenas comenzaban, la gran puerta se abrió y dejó ver las blancas y luminosas paredes, la rubia y su hermana bajaron de los caballos y los demás las imitaron.
-Bienvenidos al Palacio de Cristal– dijo con alegría la muchacha del cabello castaño –hogar de mis…
-De los Dioses de Avalon– interrumpió la rubia, todos entraron asombrándose con la hermosura del sitio, pero Yoh continuaba sin entender la tristeza de Ana, deseaba preguntarle pero la aparición de la hermana de la muchacha y las continuas miradas de ésta sobre su persona lo cohibían un poco, al fin llegaron a una gran puerta de cristal azul con una estrella de cinco picos de oro plasmada en ella. Ana volteó a verlos y se le quedó viendo al peli café por largo tiempo, mientras los demás permanecían expectantes a sus palabras –sólo me queda una última parte en mi misión– explicó la sacerdotisa del lago –tras esta puerta se encuentran los Dioses, Señores de Avalon, únicamente ellos decidirán el destino de las LUCES DEL NORTE, debo ser yo quien les hable de su objetivo y si ellos la consideran válida se les permitirá continuar, por favor depositen su confianza en mí, por ultima vez– finalizó.
Estaba por tocar la puerta con su mano derecha, donde lucía una pulsera de azules esferas, cuando la mano del heredero al trono del Norte la tomó del brazo, la jaló hacia él y la besó con dulzura en los labios, el hecho hizo a la otra joven soltar un quedo de asombro, sus ojos no podían dar crédito a algo así, después, cuando la pareja se separó, escuchó al muchacho decir:
-Confio en ti Ana, con los ojos cerrados…con los ojos cerrados– repitió cuando la rubia colocaba su mano en la puerta y ésta se abría, la chica castaña miró a Yoh y se alejó para seguir a la rubia, apenas cruzó el umbral las puertas se cerraron con suavidad pero con firmeza.
E – e – E
La rubia caminó por un oscuro corredor, andaba con su rostro pendiente de sus pasos, sin mirar al frente en ningún momento:
-Has cambiado– dijo su hermana en forma de reclamo –es por el príncipe del Norte ¿verdad?
-No comprendo tus palabras– murmuró la rubia con tristeza.
-Me asombra que aún recuerdes el camino a casa, todo en ti luce tan distinto, tus ojos se ven tan…no, no puedo decirlo es algo monstruoso el solo mencionarlo.
-Tan humanos– susurró Ana.
-No, tan mortales– comentó Mirina continuando el camino en el cual no volvieron a decir nada.
Pronto ambas se detuvieron ante una enorme llama de color azul, ésta subió hasta formar una columna, después se dividió lentamente y frente a ellas aparecieron dos personajes sentados en altos tronos de cristal y plata.
El del trono más grande era un hombre de cabello rubio y ojos de color azul, la madurez y la seriedad dominaban sus facciones, sus ojos brillantes parecían contener poderosos rayos dentro de sí, iba vestido con una fina túnica blanca y una capa negra completaba sus ropajes, su cabeza era adornada por una gran corona de oro.
Justo a su lado se encontraba sentada una blanca y delgada mujer, de largo cabello castaño recogido en un laborioso peinado, su vestido vaporoso y plateado la hacia verse como una aparición sin igual, su hermoso rostro se miraba apacible y amable con unos grandes ojos negros, oscuros como el carbón pero luminosos cual estrellas y estaba coronada por una tiara de diamantes. Sin embargo sería el hombre el primero en hablar:
-Bienvenida a casa– dijo a la rubia que los miraba sin moverse un milímetro –hija mía– concluyó dando una pequeña sonrisa.
-Me alegra tenerte de nuevo entre nosotros Ana– expresó la mujer –aunque claro que entre nosotros el tiempo no es de verdadera importancia.
-También ansiaba regresar, los extrañé queridos padres– murmuró la doncella de cabellos dorados –pero necesito hablar de un asunto sumamente importante.
-Lo sabemos y estábamos preparados– explicó el soberano –Mirina, por favor ve a atender a nuestros invitados, tu hermana tiene mucho de que hablar, aprovecha para mostrarles a los príncipes nuestro reino– la chica de pelo castaño hizo una reverencia y se retiró de inmediato.
Ana había agachado de nuevo su cabeza, por primera vez sentía miedo de hablar acerca de sus acciones, las lágrimas se le acumulaban pero soportó el llanto.
-Has cumplido muy bien la misión que te fue encomendada– refirió la reina –vigilar el Lago del Destino desde hace 500 AÑOS, y guiar a Avalon a los dignos de ello.
-Pero hemos visto todas y cada una de tus acciones durante el viaje– continuó el hombre –y observamos como fuiste capaz de desobedecer al destino, a la misma fuerza por la cual fuiste creada, cambiaste el porvenir de Asakura Yoh, príncipe del Norte…
-Y ¿cuál se supone que era ese destino?– interrumpió la rubia –morir a manos de un montón de malvados hechiceros, yo no lo iba a permitir, si podía evitarlo no lo dejaría morir.
-¡Silencio!– clamó la blanca mujer –que insolencia interrumpir las palabras de los dioses de Avalon.
-Además ese era tu deber– continuó el padre de la rubia –permanecer como una simple espectadora de los hechos, ese ha sido un pacto hecho por Avalon, estar siempre al margen, acaso sientes más poder que la fuerza del destino, Ana deberías avergonzarte de tus palabras, de haber cambiado el destino de ese humano, cuando tendría que haber muerto.
-Asakura Yoh, moriría, sus compañeros llegarían hasta aquí y a ellos les otorgaríamos las LUCES DEL NORTE, serían los mensajeros de la esperanza y el poder de las luces se pagaría con la sangre del príncipe– extenuó la reina castaña.
-En otras palabras la historia cambió en el punto donde tu lo salvaste y todo esta rescribiéndose sin poder adivinar lo que pasará– siguió el rey.
-Comprendo, dejarlo morir, para pagar con su sangre, pero ¿por qué él?– cuestionó la sacerdotisa apretando con fuerza el rosario que pendía de su cuello.
-Tu misma lo elegiste Ana– añadió el rey –sabes muy bien que ningún humano puede tener la osadía de poner sus ojos en la princesa de Avalon y tu lo permitiste, en ese momento…
-Pero la profecía era cierta– volvió a interrumpir con desconcierto.
-¿De que profecía hablas?– quiso saber su madre.
-La dicha por aquella reina, la del hombre que me amaría, y él conocería mi nombre, sin habérselo dicho nadie.
-Dices que ese príncipe sabía tu nombre, ¿estás segura?
-Por eso los recibí, yo no creía que hubiese llegado el momento de encontrarme con los herederos de la leyenda pero él me llamó Ana y dice que lo escuchó en sus sueños, además…– habló temerosa –yo también…lo amo, por eso más que por cualquier otra cosa no podía dejarlo morir, mis sentimientos son más fuertes que la magia, que su destino, que la muerte, merezco un poderoso castigo, pero amo a Yoh– esas palabras los dejaron impactados, cómo aceptar una aberración tal, podría haber desarrollado una simpatía pero que lo amara era inconcebible.
-¡¿Te volviste loca?– exclamó fúrico el soberano levantándose de su trono con la clara intención de golpear a la rubia.
-No la toques– detuvo su compañera –Ana– comenzó a hablar con tranquilidad en tanto el hombre volvía a su lugar controlando su sentir –tus sentimientos pueden ser muy poderosos, yo esperaba tus palabras, después de todo eres mi hija y lo esperaba pero entiende una cosa…cuando un ser inmortal, como lo eres tu, ama de verdad, ese sentimiento no se terminará nunca, vivirá por la eternidad, si tu lo conservas en tu corazón, lo proteges y cultivas no te dejará jamás, existirá en ti siempre, siempre Ana– concluyó mirándola con comprensión.
-Lo sé y es tal como quiero tener este sentimiento, intacto, amando eternamente a Yoh– contestó la chica rubia.
-Sí, y es maravilloso, pero…con los humanos nunca pasará igual– refirió la diosa de Avalon –los sentimientos de ellos son aún más efímeros que sus vidas, lo que ellos entienden por amor nace y muere con mucha facilidad, y aun sintiéndolo éste acaba junto con sus ciclos vitales, son pocos los capaces de tener un sentimiento eterno, uno que nunca muera, porque su corazón no es eterno ni mucho menos fuerte.
-Yoh me ama puedo jurarlo– reclamó Ana llorando.
-Escucha las palabras de tu madre, el que lo ames es un error, cada beso suyo quemará tu corazón y cada pensamiento de amor desgarrará tu alma, en cambio cuando él se vaya de Avalon se verá obligado a olvidarte y lo hará…en los brazos de una humana, hasta el fin de sus días y tu lo amarás por la eternidad– la rubia calló de rodillas para llorar desconsolada, ante las incrédulas miradas de los dioses de Avalon.
E – e – E
Ninguno de los presentes podía retirar su mirada de todos lo detalles del lugar donde se encontraban, una habitación amplia, de paredes de blanco mármol, todos los muros se encontraban adornados por rubíes, esmeraldas y zafiros formando elaboradas figuras, la muchacha de cabellos castaños los contemplaba en silencio hasta que al fin se decidió a hablarles:
-Son sellos– murmuró señalando las figuras –ellos evitan la entrada al palacio de cualquier magia, por eso los dioses de Avalon pueden conocer todos los movimientos del mundo exterior, pero ni el mago más poderoso podría saber cuanto sucede en nuestro palacio.
-Es en verdad maravilloso– dijo la princesa de celestes cabellos.
-De seguro sus altezas jamás habían imaginado un lugar como este– refirió Mirina contemplando el asombro en sus invitados –nuestro reino ha estado oculto por más de mil años, por eso a mi también me asombra conocer a los humanos, no comprendía como eran los seres mortales.
-No entiendo– exclamó Len –acaso usted…
-Así es príncipe Len– interrumpió la castaña –quienes vivimos en Avalon no conocemos la muerte– ante aquel enunciado Yoh se puso muy pálido y comenzaba a comprender el extraño comportamiento de Ana.
-Es muy raro que a pesar de la simpatía que mi hermana le tiene no se lo haya dicho príncipe Yoh– comentó la muchacha viéndolo fijamente.
-¿Conoces el nombre de todos nosotros?– cuestionó Horo sin permitir al heredero del trono del Norte reaccionar.
-Asi es su alteza Horokeu, sus nombres, sus vidas, sus secretos– concluyó mirando a Len y Pilika.
-¿Cómo es posible?– quizo saber Lizerg –acaso nos has vigilado a lo largo de nuestro camino.
-No– dijo acercándose a la puerta–, únicamente los soberanos de Avalon pueden vigilar a quienes ellos deseen pero yo soy una vidente y puedo percibir todos los hechos de su vida, pero sus futuros son inciertos, es extraño, hace unos días eran muy claros– las cinco personas se quedaron observando a la joven en silencio –bueno, como mi hermana va a tardarse bastante mis padres me encomendaron la misión de mostrarles nuestro reino, síganme por favor.
-Un momento– contuvo Yoh –¿quiénes son sus padres Lady Mirina?
-Quiénes van a ser sino los dioses de Avalon, soberanos de este reino desde los tiempos de las guerras entre los cuatro reinos cardinales– contestó amablemente.
A sus palabras les siguió un pesado silencio causado por la sorpresa que todos acababan de recibir, sin embargo la joven de cabellos castaños no reparó en esa reacción y continuó su camino hacia el exterior del palacio donde ya los esperaba la comitiva que los había recibido, pero esta vez sin los corceles que montaban hacia un rato.
-Lo mejor para conocer un poco de Avalon es caminar, ya después volveremos a necesitar de una montura– comentó la joven vidente –es más práctico mostrarles algunos sitios, porque para ver el reino completo se necesitaría un largo tiempo, tal vez años, además hay lugares donde ningún mortal debe de estar.
Después de aquella declaración siguieron a la joven por un camino completamente contrario al seguido para entrar al palacio, cruzaron un puente mucho más largo que los dos anteriores, al final de éste había un maravilloso prado lleno de flores de hermosos colores, era un terreno mucho más grande del que habían visto anteriormente, la más sorprendida con aquella vista era la peli azul joven del reino Sur.
-Disculpe Lady Mirina– dijo con educación la muchacha –¿puedo quedarme un momento en aquel sitio?
-Por supuesto alteza, puede quedarse cuanto desee, yo dirigiré a los príncipes y enviaré por usted más tarde, príncipe Len, ¿por qué no acompaña a Lady Pilika? Así no me sentiré mal por abandonarla– propuso la hermana de la sacerdotisa.
-Bueno– comenzó a decir con un tono rojizo en sus mejillas– si ella está de acuerdo…
-Claro– exclamó la joven princesa sin darle tiempo de contestar y comenzó a caminar con presuroso paso hacia el prado. Ante aquella escena la joven sonrió y continuó con su camino, los demás la siguieron a excepción de Horo- Horo quien se quedó mirando a la pareja que caminaba sobre la verde alfombra de pasto.
-No debe preocuparse tanto por ellos príncipe Horokeu, continuemos– dijo la de castaños cabellos animando al muchacho quien dejó escapar un, casi imperceptible, suspiro y volvió a andar junto al grupo.
E – e – E
Pilika y Len caminaban por entre los campos de flores, la joven del cabello celeste miraba con detalle cada lugar, de vez en cuando le dedicaba una cálida sonrisa al muchacho que caminaba a su lado, él la miraba con sus ojos de oro líquido y aunque permanecía con su rostro serio cada vez que ella lo veía correspondía con una pequeña sonrisa.
-¿Recuerdas el reino del Sur?– preguntó la princesa con un dejo de tristeza –no fuiste muchas veces.
-Lo recuerdo perfectamente– continúo él en tanto la veía sentarse a la sombra de un frondoso roble –grabé en mi memoria cada segundo pasado en ese sitio, en realidad antes no entendía el por qué– explicó sentándose junto a ella –pero ahora lo entiendo, no era exactamente el reino lo que no deseaba olvidar, era a ti– concluyó para besarla con suavidad. Sin embargo, ese momento fue interrumpido por las melodiosas risas de unas bellas jóvenes.
-Espero que sus altezas puedan perdonar nuestra interrupción– explicó la más alta de las hadas, una mujer de tez muy blanca y cabello negro como la tierra, con una cálida sonrisa –teníamos curiosidad y las más pequeñas no podían esperar ¿no es cierto?– preguntó a unas niñas a su lado, todas eran muy parecidas y portaban vestidos de brillantes colores, como si hubiesen sido hechos con las mismas flores que cubrían aquel campo.
-No se preocupen– murmuró Pilika algo avergonzada –también nosotros hemos sentido cierta curiosidad al verlas.
-Lo imaginábamos, por eso nos acercamos, además siempre es maravilloso contemplar un amor verdadero, más cuando vienen de un mundo tan convulsionado, por favor acepten este presente, cada una de nosotras ha cuidado con devoción de una de estas flores– la pareja miró el ramillete de flores de color, rojo, azul, amarillo, lila y múltiples tonos.
-Son tan bellas– elogió la peli azul –¿saben? en el reino del Sur, de donde yo vengo, no había muchas flores, era un clima casi siempre frío, entre las flores que vi, jamás encontré unas similares, ¿cuál es su nombre?
-Son pensamientos– respondió una de las más jóvenes –cada una hace rememorar un momento distinto de nuestra vida, por eso sus colores son tan diversos.
-Muchas gracias, yo soy del reino del Este y aunque ahí el clima permitía el crecimiento de grandes variedades de flores nunca vi unas más bellas que éstas– sonrió el muchacho.
-Nos hacen muy felices al aceptar nuestro obsequio, por favor sean fuertes, cuiden de ese amor que ha florecido como estos campos y sobre todo, nunca pierdan la esperanza y busquen en su amor el valor que pueda faltarles, ahora debemos irnos– concluyó la que parecía la portavoz del grupo, pero una hada muy pequeña soltó la mano de la joven y se acercó a los príncipes.
-También quería decir algo– murmuró con cristalina voz e inocente tono la más pequeñita –si pueden ayuden a la princesa de Avalon a ser fuerte y defender su amor, ella necesita tanto de amigos como todos, ella es frágil, pero sus sentimientos verdaderos y firmes, eso es lo realmente importante en el amor, adiós– finalizó para volver a tomar la mano de quien la esperaba y todas se fueron caminando juntas para desaparecer sin dejar rastro.
-Ana, ella es la princesa, ¿por qué no nos lo dijo?– extenuó Pilika, pensativamente.
-Hay muchos misterios alrededor de ella, tal como los que existen en torno a su reino, de seguro no está en manos de Lady Ana estar junto a Yoh, a veces el amor sólo nos depara sufrimiento– comentó el joven de mirada de oro sin ver a la mujer quien lo acompañaba.
-No digas eso Len, siempre hay esperanza para el amor que ha florecido a pesar de la adversidad– aseguró la peli azul sonriéndole para después compartir un beso son el príncipe.
E – e – E
Los tres príncipes continuaron su camino viendo aquel maravilloso reino, caminaron campos de maravilloso verdor, en uno de ellos encontraron una manada de unicornios de blancura espectacular, sus cuernos de oro y plata resplandecían de forma deslumbrante, Lizerg se acercó a los fantásticos equino, uno de ellos se acercó a él y dejó que el príncipe de verdes cabellos le acariciara.
-Presienten un corazón tierno y pleno– explicó Mirina con calma en tanto se acercaba al muchacho –su corazón solo tiene una angustia, el bienestar de los seres queridos, por ahora muy lejos.
-De verdad conoce mucho de nosotros, podría saber si ella está bien– comunicó el príncipe del Oeste con un poco de preocupación mezclada con nostalgia.
-Bueno– dijo la muchacha castaña –veo a una hermosa joven de plateados cabellos, ha pasado días frente a esa ventana por donde vio partir al amor de su vida, está bien, pero su corazón está despedazado por la angustia, tiene esperanza y es fuerte porque confía… en ti– concluyó para abrir sus ojos.
Los otros príncipes se habían asombrado ante aquellas palabras de la vidente las cuales parecían calmar y entristecer, al mismo tiempo, a quien se las había dirigido, Yoh se dio cuenta de que la joven de Avalon hablaba de la prometida del peli verde y no pudo evitar recordar la conversación que había tenido con ese príncipe acerca de la joven a quien amaba y la historia de su relación, sintió entonces una profunda tristeza y miró hacia el lejano castillo de cristal pensando en Ana y rogando que el tiempo fuera más veloz al pasar para al fin reencontrarse con ella.
E – e – E
Continuaron con aquel paseo en donde Lizerg y Horo- Horo parecían sentirse bien, pero Yoh no podía disfrutarlo a causa de sus pensamientos tan lejanos de cuanto ahora le sucedía, pero siguió a su guía y a sus compañeros, después de atravesar unas pequeñas laderas llegaron a un pequeño prado con varios sauces que rodeaban melancólicamente un pequeño manantial, un poco alejados del espejo de agua pastaban unos caballos de color azabache ya ensillados y listos para recibir a sus jinetes.
-Como pueden ver ya nos esperaban, dentro de poco llegarán la princesa Pilika y el príncipe Len, ya envié por ellos– explicó sonriendo –descansemos un rato.
Todos se sentaron en la suave alfombra que era aquel hermoso pasto, Yoh se recostó y comenzó a ver las suaves nubes blancas que de vez en cuando interrumpían el azul del cielo, entonces por primera vez en todo el tiempo desde el instante en el cual se separó de Ana se sintió en paz.
-Eres de naturaleza soñadora, vives el momento, necesitas alguien realista, tal vez por eso crees encontrar a tu complemento en mi hermana, ella necesita alas y tu alguien que de vez en cuando te regrese a la tierra– le murmuró Mirina en tanto miraba también al cielo –olvida esos sueños, no es posible príncipe Asakura, ella no es para ti, por desgracia el amor de ustedes es un imposible– clamó la joven viéndolo con tristeza.
-¿Por qué dices eso? No entiendo qué te hice para considerarme malo para ella– reclamó el castaño sentándose para mirarla de frente.
-No, me caes bien, eres sincero y fuerte, amable, valiente, pero nada de eso es suficiente, existen límites y prohibiciones, Ana está prohibida, es intocable y lejana, siento ser cruel pero esa es la verdad, lo lamento.
-Dime cuanto sabes, dime las razones por las cuales no podríamos estar juntos, es porque ella es la princesa de Avalon, es por su inmortalidad.
-Yoh, tu y ella son de mundos diferentes, no veo a Ana viviendo como mortal condenada a una efímera existencia y tu tienes un destino y un deber por cumplir, si esperas hasta que te topes de frente con cuanto los separa sufrirás más te será más fácil entender si te resignas de una vez.
-Lo siento, no puedo, ya estoy enamorado de ella y ese amor que ella también me tiene me permite continuar, además no me gusta rendirme, la amo por eso sé que todo estará bien– dijo él sonriendo, Mirina no pudo evitar devolverle la sonrisa.
E – e – E
En tanto ellos hablaban Lizerg se había quedado dormido, la tranquilidad de haber vuelto a saber de su prometida lo hacía sentirse ligero y concilió un sueño dulce y pacífico, no pasó lo mismo con el peli azul muchacho quien no pudo quedarse sentado sin hacer nada, prefirió admirar el paisaje, acercarse a los caballos y al fin colocó su mirada en el pequeño manantial rodeado por los sauces, entonces sintió algo muy extraño, como si alguien lo llamara, como un leve susurro, caminó lentamente hasta llegar a la orilla y reflejarse el la superficie cristalina.
Pudo verse a sí mismo, pero de pronto ya no era a él a quien veía, era una imagen que había olvidado:
Era la primera vez que intentaba cabalgar tenía como cinco años y le daba mucho miedo, pero su padre era un hombre muy exigente y no le permitiría continuar evadiendo esa situación, miraba al potro color chocolate y no podía evitar un ligero temblor en sus manos.
-Horokeu, si tienes miedo no lo intentes, él lo sabrá– dijo una ruda voz detrás de él, se trataba de su padre el soberano del Sur quien lo miraba con dureza.
-No tengo miedo– dijo el niño ofendido y subió de un salto al equino, tomó las riendas y dio la orden al caballo, pero este ni siquiera se movió, lo intentó varias veces pero nada pasó.
-Te lo dije, él no siente don de mando en quien le está dando ordenes– dijo el rey subiendo a otro caballo de color negro y pasó a su hijo a su propia montura, el niño se asombró por la acción.
-Prometo que lo lograré, algún día estarás orgulloso de mí– expresó el niño y lo sorprendió sentir en su hombro la mano de su padre.
-Siempre voy a estar orgulloso de mi hijo– dijo el hombre con un gran sentimiento en su voz, aunque la expresión de su rostro no cambió en lo más mínimo.
-Fue la única vez que me expresó su cariño– murmuró el muchacho en tanto una lágrima caía de sus ojos, ésta calló al manantial y el agua mostró otra imagen.
Él de diez años, caminando por un pasillo del palacio que fuera su hogar, iba malhumorado y algo triste hacia él se acercó una hermosa mujer de largos cabellos celestes ataviada con un bello vestido de un leve color lila, ella se acercó a él con una tierna sonrisa:
-Y ahora, ¿Cuál fue el reto de hoy? Eh Horo– cuestionó llevándolo a una enorme sala en donde ambos se sentaron en tanto una sirvienta traía cosas para curarlo.
-Ay mamá volví a perder pero estaba seguro de poder montar el caballo de Len, Yoh si pudo– relató con tristeza –pero a mí me tiró– la madre del niño sólo movió la cabeza en tanto limpiaba los rasguños de la cara y los brazos de su hijo.
-No entiendo por qué siempre deben estar compitiendo por algo, mejor traten de ser buenos amigos, algún día cada uno de ustedes será el soberano de su reino, ojala desde ahora forjaran una amistad duradera, para que no haya nunca más haya guerras absurdas.
-Lo sé y es sencillo con Yoh y Lizerg, pero Len es demasiado erogante– aseguró con una cara seria que lo hacía ver gracioso.
-Vaya no querrás decir "arrogante"– rió la reina acariciando el cabello del muchachito.
-Sí eso, el caso es que no es fácil llevarse bien con él.
-Es un niño un poco retraído y solitario, pero cuando juegan juntos se ve muy feliz, Pilika piensa que en el fondo es muy amable, por favor hijo, intenta ser un buen amigo para todos ellos, ahora vete y ya sabes cuida mucho a tu hermanita.
-Sí mamá, iré a jugar con ellos, ya se nos ocurrirá algo nuevo y no te preocupes siempre cuido de Pilika.
-Ella siempre era tan dulce, me daba consejos, nos quería por igual, jamás volveré a ver a mi madre– decía sin dejar de ver el agua donde ya había empezado a formarse otra imagen gracias a otra lágrima del joven.
E – e – E
Lizerg despertó y vio a Yoh quien hablaba con la vidente, pero no encontró al príncipe del Sur, se levantó y observó que éste permanecía de pie cerca del manantial que habían visto, se acercó a él, pero algo lo sorprendió, estaba llorando.
-Horo- Horo ¿qué te pasa?– quiso saber el muchacho en tanto veía como el peli azul se ponía de rodillas a la orilla del estanque en tanto sus lágrimas continuaban cayendo hacia el agua, un movimiento del muchacho puso en guardia a Lizerg quien lo sostuvo antes de que se arrojara al agua y empezó a pedir ayuda pues a duras penas lo sostenía en tanto el joven permanecía en un extraño trance.
La joven vidente se levantó rápidamente de su lugar y corrió a auxiliar al príncipe de verdes cabellos, tomó de los hombros a Horo y le pidió al muchacho del Este lo soltara, quien lo hizo aún muy asustado, Yoh se acercó desconcertado por la situación y ambos vieron como la joven continuaba sosteniendo al príncipe del Sur, al fin logró alejarlo de las aguas y le murmuró algo que ninguno de los dos jóvenes pudo escuchar y el de cabello celeste cayó al suelo, sus amigos corrieron a él y se percataron de que se había quedado dormido, mientras la muchacha se inclinó sobre el estanque y dijo:
-No puedo dejar que lo hechices Tristana, tiene un destino que cumplir– de las aguas salió una hermosa mujer que la miró algo molesta pero al final hizo una reverencia.
-Quién en Avalon desobedecería las palabras de su alteza, siento haberla importunado– concluyó volviendo a desaparecer.
-Pero ¿Qué fue eso?
-El Hada de la Nostalgia, ella vive aquí en el Manantial de la Tristeza, lo siento pero le puse una trampa al príncipe Horokeu– comentó la muchacha mirando al joven dormido sobre la hierba –me di cuenta de la gran tristeza que se encontraba invadiendo su corazón, él no era capaz de extenuarla por temor a seguir dañando a su pequeña hermana, pero su alma se estaba ahogando, por eso los traje aquí, todos tenemos cosas, momentos y personas a quienes hemos perdido, recordarlas es normal, pero cuando suprimimos sus recuerdos por considerarlos demasiado dolorosos los convertimos en una pesada nostalgia que poco a poco destroza el corazón, cuando alguien cuya alma está atrapada de esa manera se acerca al estanque, Tristana lo percibe y pone en marcha su conjuro, te llama, te acercas al manantial y vez en lugar de tu reflejo la imagen de algo que has perdido y lógicamente lloras, si una lágrima cae en el agua da fuerzas al hechizo y se forman uno tras otro más remembranzas el conjuro se hace más fuerte y te atrae al agua donde al final mueres ahogado, siento decirlo pero se divierte con ello, es bastante cruel.
-Entonces ¿por qué arriesgó a Horo de esa forma?– cuestionó Lizerg.
-La nostalgia y la tristeza mal encaminadas no hacen sino debilitar el alma y volvernos seres sin sentimientos, no podía permitir tal cosa, si él es fuerte reconstruirá su reino y con el tiempo recuperará cuanto a perdido en sabiduría y felicidad, nadie puede imaginar cuanto dolor lleva dentro, el precio cobrado es desmesuradamente grande, le fue arrebatado demasiado, pero debe luchar por volver a reír y recuperar su vida– explicó ella asombrando a los muchachos con tan sabias y hermosas palabras.
Al poco rato de ello dos bellos corceles llegaron al lugar y en ellos venían Len y Pilika, para entonces Horo- Horo había despertado y decía sentirse tranquilo, no recordaba nada, según sus memorias al llegar ahí se había quedado dormido, pero todos se daban cuanta que la sombra que opacaba su mirada se había esfumado en la sonrisa plena de la princesa del Sur se podía ver como ella también había notado aquel cambio en su hermano.
E – e – E
Con ayuda de los caballos recorrieron una gran extensión de las montañas y después decidieron regresar pues de acuerdo con Mirina ya todo estaría arreglado para cuando arribaran al lugar, recorrieron otros paisajes con una espectacular belleza y entraron por un camino distinto a los recorridos anteriormente, pero al final volvieron a encontrarse en la estancia de la gran puerta tras la cual se encontraban los dioses de Avalon, apenas se habían instalado en una cómoda sala cuando Mirina se acercó a la puerta y los sorprendió mucho verla abrirla pero más ver salir a la rubia sacerdotisa por ella –como verán el futuro inmediato es mucho más sencillo de predecir– habló con una sonrisa la vidente –tardaste mucho Ana– extenuó Mirina.
-Lo sé pero había mucho de que hablar– explicó Ana con una voz neutra y un semblante inexpresivo, sus ropas se habían cambiado por un vestido del mismo color que el de su hermana, miró a los príncipes y haciendo una reverencia ante ellos declaró– altezas, se me ha enviado para anunciarles que su misión ha sido aceptada como valida, me han pedido que mañana al amanecer los conduzca al templo de la luz, donde mis…– ella encontró dificultad en continuar pero lo hizo –mis padres, los dioses de Avalon– al no verlos sorprenderse comprendió que ya se habían enterado de quién era ella por lo cual continuó con más desenvoltura– les recibirán y evaluaran al elegido para tomar las LUCES DEL NORTE, su alteza el principe Asakura Yoh, yo como princesa de Avalon y futura soberana lo guiaré me disculpo por no poder llevarles ante ellos, pero sólo el portador de las luces y los soberanos de los reinos cardinales pueden hablarles, pero a través de mí les dan la más cordial bienvenida y si me permiten les guiare a sus habitaciones.
Cuando concluyó Yoh trató de acercarse a ella, pero la muchacha al ver su intención dio la espalda y salió del cuarto seguida por su hermana, el iba a protestar pero Len lo detuvo poniendo su mano en el hombro del castaño, él chico del norte lo miró, en tanto el oji dorado sólo meneaba su cabeza negativamente.
Fue hasta ese momento que Yoh comprendió por completo el por qué del muro que Ana había intentado interponer entre ambos, lo imposible de su relación, ahora entendía por qué ese frío comportamiento con él, la razón de las lágrimas de la joven al llegar a aquel mágico reino habían quedado más que claras, se sentía incapacitado de intentar algo, sí, él era un príncipe pero ella…una divinidad este era un poderoso castigo para su corazón, no sabía como tomar la situación, en ese instante se le presentaba la plática sostenida con la hermana de Ana, se sentía tan poca cosa, pensaba una y otra vez en lo poco que puede hacer un humano CUANDO LOS DIOSES HABLAN.
Contunuará...
BUENO SÓLO ME QUEDA DESPEDIRME, Y NOS ESTAMOS LEYENDO QUERIDOS MIAUSES.
