-¿Qué sucede?- la chica de cabellos negros preguntaba desesperada, llevaba en brazos a su bebé.- ¿Qué son esos ruidos?

-Tenemos que irnos ahora.

-¿A dónde? ¿Rei? ¿Dónde está Kai?

-Están atacando al pueblo...

-¿Y los guardias? ¿No están haciendo nada?- interrumpió Ambar al borde de un ataque de pánico.

-Esas son armas que ellos no pueden detener, es peligroso que nos quedemos aquí.

-¿Y Kai? ¿Dónde está?

Rei hiso una expresión de dolor, cosa que asustó más a la mujer.

-¿Rei?

-Él fue al frente… me pidió que viniera por ti y Goh y los pusiera a salvo...

Ambar empezó a llorar, aun mas asustada.

-Vámonos.- dijo finalmente Rei.

Ya había ido por su caballo antes, había atado un barril a un lado, esperando no tener que usarlo, pero no podía arriesgarse a perder a Goh.

-¿A dónde iremos?- preguntó la chica abrazándose a Rei con un brazo y sosteniendo a su hijo del otro.

-Al bosque.

-¿N-No es peligroso?- Toda su vida había vivido en la villa y jamás había entrado al bosque, por el miedo que le inspiraba.

-Lo es.- sonrió Rei.- Por eso estaremos seguros en él.

Sin embargo no quiso adentrarse demasiado, si sucedía algo tendrían que salir rápido de ese lugar, pero si se mantenían en silencio nadie los encontraría.

Fue disminuyendo la velocidad cuando creyó estar en un lugar seguro, para muchos era difícil cabalgar en un lugar así, lleno de árboles y obstáculos, pero para Rei no, su caballo había sido entrenado para aquello, para poder huir a gran velocidad en cualquier terreno, así que bajó del caballo y ayudo a la mujer a bajar.

-¿Solo esperaremos?

-¿Qué más podemos hacer?

-Pensé que irías al frente también ¿No habías dicho que protegerías a Kai?

-¡Es lo que quería hacer! A eso es a lo que vine, pero él me envió a protegerlos, a ti y a Goh, porque ustedes… -No podía creer que se le dificultara decir algo asi.- Ustedes son lo más importante para él…

Ambar sonrió inocentemente, aquellas palabras eran más de lo que alguna vez le había dicho Kai.

-Te envió con nosotros porque también quiere protegerte… - respondió con una ligera amargura.

Rei se había alejado un poco de ella, sin perderse de vista se adentró un poco entre los árboles y cavó una agujero bajo un gran árbol.

-¿Qué haces?- preguntó la mujer.

No respondió, en su lugar se acercó para tomar el barril que había atado al caballo, se aseguró de que entrara en el agujero y colocó una sábana dentro.

-¿Para qué es esto?

-Mi gente lo utilizaba como refugio para los niños.

-¿Tú gente? – Era la primera vez que escuchaba algo del pasado de Rei.

-Los nómadas… debieron encontrar una forma de esconder a sus hijos de las amenazas, ladrones que siempre quieren aprovecharse.- Explicaba.- Esto solo funciona en el bosque, donde la tierra húmeda hace posible cavar rápidamente y puedes ocultarte gracias a los arboles… recuerdo que mi madre tenía más habilidad para eso…

-O sea que entierran a sus hijos…

-Sí, pero no es tan malo como suena.- añadió al comprender que quería decir la mujer.- Por eso usan los barriles, para protegerlos además de que encierra el ruido, después lo cubres con una sábana, tierra y hojas, en la oscuridad es prácticamente indetectable.

-¿Y por qué haces este? ¿Pretendes que entierre a mi hijo ahí?

-Es precaución, si ellos nos llegaran a encontrar al primero que matarían sería a Goh, no puedo arriesgarlo así…

-¿Y si nos matan? ¿Quién lo encontrará?- Ambar parecía no aprobar la idea, le parecía aterrador que así acostumbraran proteger a sus hijos, sin duda los nómadas eran unos salvajes.

-Max y Takao saben de esto, ellos se encargaran de buscarlo hasta encontrarlo…

-No dejaré a Goh ahí, podría morir.

Rei miró fijamente a la mujer, sus ojos dorados brillaban intensamente aun cuando estaba oscuro.

-Escucha, los niños, aún más los bebés, son más fuertes que nosotros, todavía tienen sus instintos intactos, si lo dejamos aquí es más probable que sobreviva a que si lo llevamos con nosotros… además no lo dejaremos aquí a menos que sea una situación de vida o muerte, si ellos no entran al bosque no lo haremos ¿Está bien?

Sin estar convencida la mujer asintió, pasaron mucho tiempo en silencio, ambos sentados en las raíces de un árbol gigante sin dirigirse la mirada. Habían dejado de escuchar los estruendos desde hace tiempo así que quizá ya habían detenido a los intrusos.

-Iré a ver…- dijo Rei poniéndose de pie.

-¿Regresarás? ¿Nos dejarás aquí?

-No quiero arriesgarlos… volveré en unos minutos, solo me aseguraré de que sea seguro regresar…

Después de darle un par de indicaciones se fue, subió a un árbol y fue saltando con una habilidad que dejó a la mujer boquiabierta, jamás hubiera creído que el chico debilucho que había conocido años antes se convertiría en aquello.

Había llegado hasta la entrada del bosque, logró divisar la casa, en el patio habían un par de caballos, no estaba seguro de si pertenecían a la guardia de la villa o a alguien más, dando un vistazo mas detalladamente se dio cuenta de que no había nadie, debían estar adentro de la casa, la puerta estaba abierta, corrió sigilosamente hacia los animales y no reconoció ninguna insignia ni eran los caballos de sus amigos… los soltó y de un golpe hiso que corrieran en dirección contraria al bosque, entonces entró en la casa.

Se escuchaban ruidos venir del segundo piso, no estaba seguro de si vendrían del cuarto del bebé o del cuarto principal, antes de que pudiera poner un paso en las escaleras escuchó pasos apresurados bajando, así que se ocultó entre tantas cosas que habían en la sala.

-¿Seguro que los viste?

-Si, corrieron de regreso al pueblo…. Demonios.- Hablaba de los caballos.

-Y la esposa y el bebé no están, debieron haber huido también.- Era lo que alcanzó a escuchar pues los hombres habían atravesado la puerta y salido de la casa.

Con cuidado salió por una ventana que daba al lado contrario de la puerta, se encargaría de aquellos dos hombres, uno de ellos era aquel que había querido ir para vengarse de Kai, lo mataría, a ambos, para asegurarse de que no volvieran a intentarlo.

Llevaba su hacha colgada en el hombro, sabía que esos dos ladrones tenían más experiencia que él, pero no se quedaba atrás, iba a ser una pelea intensa pero iba a ganarla, no temía morir, más si al arriesgarse ganaba la seguridad de que Kai estaría bien…

Sin embargo no pudo ni tomar su arma, pues a lo lejos se escuchó el llanto de un bebé, venía del bosque.

-Maldita sea.- ¿Es qué Ámbar no podía hacer nada bien?

Sin pensarlo entró al bosque, saltando de árbol a árbol, al menos el sonido del llanto se dispersaba, era difícil saber de qué lugar específicamente venía pero él había logrado memorizar el camino.

-Tenemos que irnos.- Fue lo único que dijo cuando saltó frente a Ambar, Goh ya no lloraba, tenía un biberón.

-S-Se me cayó cuando empezó a llorar.- Se excusó la mujer.- ¿Qué sucedió allá?

-Eran dos hombres, uno de ellos es el que quiere lastimarlos, de seguro escucharon al bebé y vienen en camino, debemos ocultar a Goh e irnos.

-¿No podemos llevarnos a Goh con nosotros?

-No, Ambar, estos hombres han robado y matado gente desde antes de que tú y yo naciéramos, nos van a encontrar, ni siquiera tengo dudas de ello, quizá pueda con ellos, pero no me arriesgaré a perder a Goh, yo… no podría hacerle eso a Kai…

La chica había empezado a llorar, tenía que confiar en Rei, ella no podría protegerlo, no sabía nada de defensa, estaba completamente en manos de ese chico que tanto odiaba… Aguantándose las lágrimas le dio a Goh que estaba a punto de caer dormido, Rei lo cargó y lo miró con ternura, Kai debió ser idéntico a él de bebé.

Con cuidado lo colocó dentro del barril, puso la tapa y lo cubrió con las sábanas. Le pidió ayuda a Ambar y ambos lo cubrieron con hojas.

-Que mi luz te acompañe.- Dijo en ese extraño dialecto que apenas recordaba, pero esas frases las llevaba clavadas en su memoria.

Ambos subieron al caballo, entre más lejos los encontraran de ese lugar más difícil sería que encontraran a Goh, y Rei se encargaría de matarlos antes de que aquello sucediera.

Si, sentía temor, sabía que podía ganarles a los sujetos, pero estaba seguro que aun así no sobreviviría, era lo que no quería decirle a Ambar, la protegería hasta que él muriera, y ese era su inevitable destino.

Seguían avanzando y no notó cuando empezaron a seguirlos, solo vio una flecha pasar fugazmente frente a él y darle de lleno en la cabeza al caballo, por el impulso que llevaba el animal fue arrastrándose con ellos sobre él.

-¡Maldita sea!-Gritó Rei girándose y tomando a Ambar en sus brazos. Juntos se lanzaron del caballo.- Mantente detrás de mí…

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Yo… yo no recomiendo ni apruebo el enterrar a bebés en un barril en medio de un bosque, por favor no lo haga.