Rei había divisado a sus atacantes, desde un árbol frente a ellos estaba uno y un poco más a la izquierda estaba el otro apuntándoles con un arco.

-¡Tú! –Gritó el mas cercano a la mujer, ignorando a Rei y que esta se ocultaba detrás de él.- Tú eres la mujer de Hiwatari, Ambar…

Rei lo miró desafiante.

-¡¿Dónde está el bebé?!- volvió a gritar al borde de la paciencia. Después miró a Rei.- ¿Eres tú un guardia?

-El bebé está muerto.- dijo Rei fríamente.

-Mientes…

Rei solo se encogió de hombros y le dedicó una sonrisa algo cínica, no mostraría el miedo que sentía, ese no era el usual Rei, que no le temía a nada, ni a la muerte, sin embargo esta vez era diferente, esta vez no era su vida la que corría riesgo, era la de Ámbar, lo quisiera o no, era la esposa de Kai.

-Tú… - dijo de repente uno de los ladrones.- No eres de por aquí…

-No soy de ningún lugar…

-Eres nómada.- Sonrió burlonamente.- Recuerdo hace muchos años, una familia de nómadas… justo en este bosque, todas eran mujeres excepto por el padre, te pareces mucho a ellos…

La mente de Rei se volvió un torbellino donde la furia predominaba. Él, ese hombre frente a él, había visto a su familia… fue uno de los que…

-Debo decir que son gente muy valiente, murieron defendiéndose y lograron asesinar a todos mis compañeros…

Rei apretó tanto los puños que sentía sus propias uñas encajarse en sus manos, pero nada dolía tanto como lo que escuchaba, tenía ganas de asesinar. El otro lo notó y solo amplió más su sonrisa.

-Así que tú eras uno de ellos… - El sujeto bajó de un salto y caminó hacia Rei, Ambar retrocedió.

-Ellos… eran mi familia.- Dejó que toda la ira que sentía se impregnara en sus palabras, no retrocedió.

-Si.- dijo lentamente al inspeccionar de cerca a Rei.- Tu cabello negro… la piel morena… esos ojos dorados, como los de un demonio…

No quería escuchar, de un movimiento se descolgó el hacha y lanzó un golpe con ella, pero el otro había sido más rápido y con un golpe saltó hacía atrás. El otro sujeto todavía sobre un árbol, lanzó una flecha, pero no la dirigió hacia el pelinegro.

Como si fuera cámara lenta, vio pasar ese objeto a su lado, al tiempo que giraba y se encontraba con la imagen de Ambar recibiendo esa flecha. Rei intentó correr hacia ella pero otra fecha que aterrizó justo frente a él lo hiso detenerse.

Levantó la mirada y se encontró con el ladrón con el que estaba hablando prácticamente sobre él, con un reflejo rápido le dio una patada en el estómago y lo impulsó sobre él, logrando que al caer Rei cayera sobre él, con su hacha presionó su cuello, tomándolo como un escudo entre el arquero y él.

Escuchó una risa justo a su lado, el desgraciado se reía.

-Eres muy fuerte, justo como tus hermanas… ¿Eran tus hermanas?

-Cállate.

-¿Estabas intentando proteger a esa mujer? Mira que si no haces algo morirá desangrada muy pronto.

-Demonios ¡Cállate!- presionó más el hacha y al otro se le dificultó respirar.

Debía pensar rápido, tenía que hacer algo, no debía permitir que Ámbar muriera, era su responsabilidad protegerla. Pero si soltaba al tipo solo lograría que el otro lo matara, un flechazo en el lugar correcto y moriría instantáneamente, ya estaba claro que a ninguno le molestaba matar, a eso habían ido.

-¿Te importan mucho los Hiwatari?

-¿Qué? – la pregunta lo había tomado desprevenido y ese fue un gran error.

El ladrón apartó a Rei de un golpe, a decir verdad, al pelinegro le estaba costando trabajo dominarlo, pues era mucho más grande que él.

-Debiste matarme cuando pudiste.- Levantó una mano para que el ladrón en el árbol no le disparara. Al menos por el momento.- No sé porque te preocupa esa familia ¿Sabes? A lo largo de los años a ellos solo les ha preocupado el poder, y no les preocupa hacer lo que sea para mantenerlo.

-Eso no es cierto... Tú los odias porque Voltaire te expulsó de la villa.

El otro sonrió.

-Es cierto, pero también lo que te dije es verdad…

-¡Tú no sabes nada!-Ámbar gritó con la poca fuerza que le quedaba.- No escuches nada de lo que te diga Rei, tú conoces a Kai, él no es así… -lloraba mientras se desangraba.

-¿Quieres saber una cosa? – Dijo el ladrón ente risas.- Si esa persona que tanto quieres proteger, Kai, no hubiera entrado al bosque hace tantos años tu familia seguiría viva ¿Te imaginas? Si no hubiera entrado al bosque, nosotros no hubiéramos entrado también para buscarlo, entonces no hubiéramos encontrado a tu familia… así que prácticamente la culpa es de ese chico egoísta.

Pero Rei estaba más que molesto, en otro impulso de enojo lanzó un golpe con el hacha logrando darle en el hombro, el sujeto lanzó una maldición, pero no tuvo tiempo de celebrarlo, no supo cómo, pero sintió un dolor intenso en su hombro derecho, le había dado una flecha.

Pero no se detendría, ya había herido al otro si se detenía perdería esa mínima ventaja y de un golpe con el mango del hacha justo en el estómago lo hiso caer de rodillas frente a él. Justo en ese momento sintió otra fecha darle en el otro brazo, pero la ira lo movía, sentía dolor pero la furia era mayor.

-Me quitaste a mi familia.- A pesar del dolor su voz se escuchaba tan clara y firme.- Eran lo único que tenía… no permitiré que me quites a Kai.

Dejó caer el hacha sobre su mano, cortándola de un solo tajo, el otro soltó un grito desgarrador, pero a Rei esto le causó gracia, con una sonrisa dijo.

-¿Duele?- Claro que dolía, quería que sonara irónico.- Eso nunca se comparará con el dolor de perder a toda familia.

Saboreó un minuto más el ver como el sujeto se retorcía de dolor.

-¡De verdad eres un demonio!

Sus ojos brillaron aún más inhumanamente.

-Si, lo soy.- Dicho esto lanzó una última vez si hacha, sin ninguna clase de remordimiento.

Había arrancado la cabeza del hombre de un solo golpe, no existía más, ya nadie dañaría a Kai. Aliviado retrocedió, mareado, sangrando y sin fuerzas, había dejado de sentir dolor. Quiso caminar hacia Ámbar, intentar hacer algo, pero sintió unos brazos atraparlo. Su primer instinto fue apartarse, pero las manos no lo soltaban, intentó enfocar a la persona pero no veía nada, su vista estaba nublada.

-Rei.- Era Max, sin duda esa voz era de Max..- Rei, no te desmayes.

-¿Ámbar? ¿Cómo está Ámbar?

Con dificultad Rei se apartó y caminó hacía la persona que él creía era Ámbar, algo no le permitía ver con claridad, se pasó una mano por los ojos y se manchó aún mas de sangre.

-Ámbar, despierta.- Dijo sacudiéndola un poco.

La mujer no se movía.

-¡Ámbar! –gritó desesperado, no podía ser ¡No podía ser!

-¡Rei! –Escuchó la voz de Takao un poco lejana. Volteó a verlos y la escena lo dejó confundido.

Max estaba parado junto a un cuerpo, y Takao sobre un árbol apuntándole al otro cuerpo que se había atorado entre las ramas, la cantidad de sangre era impresionante.

-Tenemos que llevarte con un doctor.- Max le miraba con la expresión más triste que Rei le hubiera visto alguna vez.- ¿Ves esto?- Señaló el lugar -¡Toda esta es tu sangre!

Pero el pelinegro negó con la cabeza y se abrazó más a Ámbar.

-Vete.- escuchó débilmente de esos labios.- Si mueres aquí Kai se morirá también.

Rei soltó un gemido, estaba viva, agradeció a todos los dioses.

-Si yo muero él estará bien…- sonrió amargamente.- pero si tu mueres… él no…

Sus ojos brillaron a causa de las lágrimas.

-Cuida a Goh como si fuera tuyo.- Sonrió.- Te odio Rei.

Rei escuchaba, pero se negaba a aceptar que la mujer se estuviera rindiendo.

-Busquen a Goh.- Dijo volteándose a sus amigos.- Está escondido en el bosque, encuéntrenlo.

Solo vio como Takao asentía y se iba entre los árboles. Max se quedó y se acercó a ellos.

-Ve con él Max.- Le dijo Rei violentamente.- Yo estaré bien, es más importante Goh.

-No Rei, no estarás bien, tengo que curarte pronto o morirás desangrado.

-Entonces llévate a Ámbar.

-¡Ella está muerta Rei! Suéltala y deja que te lleve a un lugar seguro.

Rei volvió su vista a la mujer, había dejado de moverse, no emitía ningún sonido, no sentía su respiración.

Quiso decir otra cosa pero volvió a sentir ese mareo, Max se inclinó sobre él y lo detuvo de caerse, pero todo se volvía oscuro, no quería morir, pero no le asustaba hacerlo, solo se lamentaba por no volver a ver a Kai, de no saber si encontrarían a Goh. Cerró los ojos con pesadez. Rogando a todos los dioses que le dejaran ver a Goh a salvo y a Kai una vez más.

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