-Uhmm…. – Se asomaba por la ventana para ver a su hijo jugar, no le gustaba perderlo de vista, un solo descuido y el niño entraría al bosque, y quien sabe que cosas podrían pasar ahí. No le negaba las visitas al bosque, siempre que fuera en su compañía, no había nadie en quien confiara más que él mismo para adentrarse en ese lugar que tanto respetaba.

-¿Así que lo harán de todas formas? – Le llamó Max, sentado en la cama.

- A Kai no le interesa lo que los demás piensen…- sonrió Rei, volviendo la mirada a su amigo.

-Bueno, si, pero si esto no les agrada para nada podrían expulsarlos de aquí…

Rei amplió más su sonrisa.

-Eso nos daría más razones para irnos como nómadas…

Recientemente Kai había anunciado al pueblo que se casaría con Rei, muchos se mostraron confundidos, pues la idea de que dos hombres se casaran era inconcebible, otros pocos no se molestaron, pues no veían a Rei ni como hombre ni como mujer, siempre con su largo cabello y sus ropas extrañas, no podían verlo como un hombre, sin embargo no tenía ese comportamiento delicado de las chicas de la aldea, para ellos era como un ser sobrenatural venido del bosque, como esos demonios que se convierten en humanos para mezclarse con los humanos.

-¿No te preocupas por Goh?

-Yo nací en una carreta.- rio un poco al recordar las historias de su madre.- Desde pequeño me acostumbre a viajar… al igual que tú…

-Nosotros no vivíamos en un viaje, Rei…

El ojiambar regresó su vista a la ventana.

-Quiero que Goh crezca seguro, aquí, después podremos viajar…

Junto a Kai había decidido que si seguirían juntos, si Rei sería la "madre" de Goh –como el pequeño le insistía en llamar- se quedarían como una familia en la aldea, cuando Goh tuviera ocho años se irían, si es que todavía tuvieran el deseo de hacerlo. Y Goh apenas tenía dos años, y Kai y Rei iban a casarse –quisiera el resto de la aldea o no.

-¿Qué ha dicho Takao?

El rubio bajó la mirada, desde que habían regresado del viaje de "visita" a sus padres, Takao había cambiado, y con justa razón, sin embargo ya habían pasado varios meses y no lograba recuperarse.

-Takao quiere quedarse… al igual que ustedes, hasta que Makoto crezca, pero…. No quiere pensar mucho en eso, termina por deprimirse.

-Entiendo…- Le dedicó una mirada comprensiva.

Lo que había sucedido, fue que en su viaje a su ciudad de origen, en vez de encontrarse con la familia sonriente de Takao o incluso con el mayor disgusto de ellos, pero lo que menos esperaba, la más desgarradora noticia: Un año atrás, la casa de sus padres se incendió, sus padres, su hermano y su esposa, su abuelo, todos murieron, una tragedia que le dolió a la ciudad entera. Y a pesar de todo, el niño que milagrosamente sobrevivió, el hijo de su hermano, Makoto, un bebé de menos de un año, todos los que conocieron a la familia le dijeron que su hermano estaba convencido de que era una forma en la que su hermanito había regresado, pues el niño era idéntico a Takao.

Makoto había sido acogido en la casa hogar de la ciudad, cuando Takao regresó no podía creerlo, se derrumbó ahí mismo, en el lugar que antes había sido su hogar, donde nunca mas volvería a ver su familia, si hubiera regresado antes, hubiera tenido la oportunidad de verlos, pero se fue sin decir a donde iba, sin comunicarse ni una sola vez con ellos, los vecinos le contaron como su abuelo se sentaba por horas afuera, por si lo llegaba a ver a lo lejos, pero nunca regresó.

No podía quedarse en esa ciudad, no podía porque era demasiado doloroso, fue a buscar al hijo de su hermano, cuando lo conoció se dio cuenta de que era cierto, el niño era idéntico a él, no esperó ni un día cuando ya partían los tres de regreso a la aldea del Este. Quería alejarse, si lo hacía, quizá el dolor se quedaría lejos, huiría de él, como siempre lo hiso.

Así decidieron quedarse lejos, en la aldea con Rei, al menos el tiempo en el que Takao se recuperaba. En ese año que habían pasado ahí, los padres de Max habían puesto una tienda de juguetes, de la que se ocupaban los dos chicos. Mientras el pequeño Makoto crecía al lado de Goh, con Max y Takao como padres, Rei y Kai, sus tíos.

-De alguna forma me alegra que estemos todos juntos.- sonrió cabizbajo Max.- Hace mucho que no sentía que necesitaba a una familia…

Rei lo miró con una sonrisa triste, le dolía que la mayoría tuvieran en común el haber perdido a sus padres, y era algo que no le deseaba a nadie… Por eso era la "madre" de Goh, no lo dejaría crecer solo.

Después de un segundo de silencio, Rei se asomó de nuevo a la ventana, tardó menos de un segundo en recorrer con la vista el amplio patio de la casa que daba al bosque para notar que su hijo no estaba ahí.

-Bajemos.- dijo levantándose inmediatamente y caminando firmemente a la puerta.

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Ayy :'( perdón, casi lloro al escribir lo de Takao…