-¡GOH! –gritaba desesperado cerca del bosque.

Max había regresado de su casa, donde creyó podría haber ido el niño, pero solo estaban Takao y Makoto.

-Debió entrar al bosque.- Comento todavía sin perder la calma.

Ambos se quedaron en silencio esperando escuchar un ruido, quizá el fino oído de Rei alcanzó a escuchar algo porque inmediatamente corrió hacia su caballo –que estaba atado afuera del establo-, se subió en él y caminó a la entrada del bosque.

-¿Lo escuchaste?- preguntó el rubio desde el suelo.

-Si, escuché algo… pero no estoy seguro de que sea…

-¿Y si es un ladrón? ¿Y si entras y te lastiman?

-Con más razón entraré para buscar a mi hijo…

-¿Cómo estás seguro de que es él?

-No lo sé…

Y no esperaba saberlo, solo le dio un golpe al caballo y empezó a galopar, su fiel caballo que conocía el bosque tan bien como él.

Conforme se abría paso entre los grandes árboles un ruido se hiso más intenso, era un llanto de un bebé, se alarmó al pensar que Goh pudiera estar herido, pero no podía dejarse entrar en pánico, así que se guió por el sonido, todavía un poco confundido pues el sonido se mezclaba con los sonidos del caballo galopando, pero no podía detenerse hasta encontrarlo.

A lo lejos divisó un claro, y en él a una criaturita que reconoció de inmediato, detuvo a su caballo y llegó corriendo hacia él, con menos sonidos en el aire el llanto del bebé sonaba más intenso, pero Goh no estaba llorando…

-¿Estas bien? ¿Estas herido?- se inclinó delante del pequeño, inspeccionando sus ropas o alguna muestra de sangre.

-Estoy bien.- Dijo el pequeño suavemente, pero no miraba a Rei, miraba algún punto en el claro, cuando Rei enfocó la vista hacía ese lugar se encontró con una visión que hiso su corazón detenerse.

Frente a ellos una mujer recargada en un árbol, apenas se podía sostener en pie. Ella le devolvió la mirada, y Rei se sorprendió aun más, sus ojos dorados, como los suyos, como los recordaba de su madre y de sus hermanas.

Iba a abrir la boca para preguntarle algo cuando la mujer se tropezó, Rei corrió hacia ella y al intentar ayudarla se dio cuenta de que la joven no despegaba sus brazos de su cuerpo.

-¿Eres su madre? – preguntó la mujer.

Rei no supo a qué se refería hasta que la mujer miró a Goh.

-Es un lindo chico.- sonrió débilmente.

-Necesitas ayuda.- Le dijo Rei intentando levantarla una vez mas, pero la chica no parecía tener fuerzas para volver a ponerse de pie.

-Tus ojos son como los míos.- Volvió a hablar la mujer, en su rostro demostraba cansancio, pero su voz decía que no debía de ser tan mayor, apenas era una joven.- Quizá en el lugar del que venimos éramos familia…

Rei no quiso ser grosero, pero toda su familia, o al menos la que conocía tenía el cabello negro, y esa chica lo tenía rosa, aunque sus ojos y sus rasgos eran muy parecidos, quizá todos eran así en la región de la que venían… pero no podía estar seguro.

-Prométeme que la cuidarás como si fuera tuya.- Dijo aún más débilmente la mujer.

-¿A quién?- preguntó Rei, le aterraron las palabras que había escuchado en otro lugar.

Al momento la joven soltó el agarre de sus brazos, revelando el bulto que llevaba entre ellos, era una pequeña bebé de cabellos rosas y ojos dorados.

-Su nombre es Lin.- Sonrió la madre, con lágrimas en los ojos y Rei sintió un escalofrío.- no podré verla crecer… por favor.- Extendió a la bebé hacía Rei y al hacerlo sintió sus brazos ceder al cansancio, el pelinegro en un instinto sujetó a la bebé antes de que cayera, la sostuvo en sus brazos y después miró a la mujer, que se había desmayado.

Goh se había acercado temeroso, detrás de Rei observaba la escena.

-¿Puedes cargarla un segundo? – Rei colocó con cuidado a la bebé en los brazos del niño. Se dio media vuelta y se acercó a la mujer.

La sacudió un poco pero la mujer no respondía, acercó sus manos a su rostro y entonces notó que no respiraba… Cerró los ojos y tomó aire, no sabía a cuantas personas más debía ver morir en ese bosque.

Se volvió a su hijo y lo cargó con un brazo y con el otro cargó a la bebé, con lentitud se sentó bajo un árbol, justo al lado opuesto del que se encontraba el cuerpo de la mujer, la miró y sintió las lágrimas brotar de sus ojos, no estaba seguro de porque le afectaba ¿Era el parecido de esa mujer con su madre? ¿Qué era otra persona a la que veía morir ahí? Bajó la vista a la bebé que lo miraba con los ojos bien abiertos sin emitir sonido.

Suspiró y más lagrimas salieron de sus ojos.

-No llores mamá.- le dijo Goh pasando una de sus manos por su mejilla.

Rei hundió su rostro abrazando a los dos pequeños, estaba triste, pero debía ser fuerte, por ellos, sus hijos. Tomo aire y se puso de pie.

-Quédate aquí.- Le dijo a Goh quien se mantuvo sentado y puso a la pequeña en sus brazos.- Cuéntale una historia mientras esperas.

Procurando no ser visto por su hijo, Rei revisó a la mujer una vez más y comprobó que no estaba viva. Después de una pequeña sepultura y una oración regresó al lado de sus hijos.

Rei iba atento, de regreso por camino se dio cuenta de lo mucho que había recorrido Goh, no entendía como un pequeño niño de dos años había llegado tan lejos, solo, pero echando fuera toda lógica también pensó que si no hubiera sido de esa forma no hubieran encontrado a esa mujer ni a Lin. Que curioso era el destino. Esa palabra que lo había perseguido toda su vida.

Llegó al límite del bosque y salió directo al patio de su enorme casa, donde un grupo de personas ya lo esperaba. Rei miró al centro de ellos, donde estaba Kai, mirándolo fijamente.

Al momento Rei le dedicó una sonrisa y Kai soltó un suspiro.

-Los chicos estaban listos para entrar por ti.- dijo acercándose a Rei y extendiendo sus brazos para cargar a su hijo.

Pero Rei no se movía de su lugar.

-¿Vas a bajar?- le dijo Kai colocando a Goh en el suelo y extendiendo su mano para ayudar a Rei a bajar.

El pelinegro abrazó a la criatura que llevaba en brazos y en ese momento todos notaron a la bebé que se ocultaba entre sus ropas.

-¿Quién…? –empezó a preguntar Kai dando un paso hacia atrás.

-Su nombre es Lin.- Dijo Rei sin apartar la vista de la bebé, quien ahora veía a todos con sus grandes ojos dorados.

Todos los presentes la vieron, confundidos, porque además de Rei nunca habían visto a otro ser humano con esos ojos. Rei levantó la vista hacia Kai.

-Kai… -dijo como si le costara hablar.- Ese era el nombre de mi madre…

Kai contuvo el aliento mientras todos veían esos pares de ojos de un dorado inhumano.

-Ella…- El bicolor no sabía que decir y miles de preguntas surgían en su cabeza.

Antes de decir nada más, se la extendió con delicadeza, Kai la sostuvo en sus brazos mientras Rei bajaba del caballo.

-Es mi hija.- Dijo el pelinegro con firmeza, al momento que se enderezaba escuchó murmullos de los demás aldeanos. Levantó la mirada hacia ellos con fiereza. Pero al verlos confundidos y hasta consternados, no pudo más que sonreír.

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Yey! Esta parte me gustó muchísimo, decidí actualizar lo mas que pudiera porque como dije antes, no tengo internet en mi casa ;_; asi que aproveché el viaje a casa de mis padres para actualizar todo lo que tengo, bueno, ya casi llego al final xD solo me falta afinar detalles.

Gracias por seguir aquí (espero que sigan aquí), déjenme Reviews! ;D