-A la cuenta de tres… uno… dos… ¡tres!

Al escuchar el pequeño bicolor dio un brinco y se sujetó al árbol que tenía enfrente, con un poco de torpeza intentaba aferrarse al gran tronco.

-¡Vamos tu puedes!- le animaba su padre quien de un brinco había trepado a la rama mas cercana.

Rei llevaba en su espalda, atada con una especie de reboso un bultito que agitaba sus manos, la pequeña Lin, quien se emocionaba cuando su padre dabas saltos sobre los arboles.

Y Kai observaba desde lejos, como Rei se había propuesto enseñarles a sus hijos la clase de cosas que los nómadas aprendían desde temprana edad.

Goh triunfante llegó a la rama donde lo esperaban Rei y su hermanita.

-Bien hecho.- Sonrió orgulloso el pelinegro.

En realidad la rama no estaba tan alejada del suelo, era quizá un metro de altura, pero para un niño de tres años era un gran logro.

-¿Quieres subir más?- le preguntó al ver como el pequeño se esforzaba por seguir subiendo.

Lin solo balbuceaba y jugaba con las hojitas que caían a su alcance.

Era una escena familiar, Rei los llevaba al bosque casi todos los días, no entraban, solo jugaban entre los árboles, y Kai los acompañaba, no muy convencido, pero sin duda no iba a dejarlos solos.

Después de subir un par de ramas más, ambos bajaron, Goh con mucha más dificultad que Rei, apenas aprendía a coordinar sus pies con sus manos, así que en el último salto resbaló un poco y cayó directamente al suelo, Kai instintivamente se levantó de donde se encontraba y corrió hacia él, pero Rei de un salto llegó hasta donde su hijo comenzaba a llorar y alzó la mano para detener al bicolor mayor.

-Vamos Goh.- le sonrió de una forma dulce.- No estas herido, tú puedes levantarte.

Goh lo miraba con ojos llorosos.- M-mamá.- dijo queriéndose tirar al llanto.

-Ven, tú puedes.- Si inclinó Rei y extendió sus brazos.

El pequeño se limpió las lágrimas en su cara y con algo de torpeza se levantó y corrió a los brazos protectores de Rei.

-Eso es.- Sonrió el ojiambar, acariciando los cabellos de su hijo.- Eres valiente.

Kai solo suspiró. Rei no era un padre complaciente, "sobrevive quien es fuerte", le decía cuando su hijo se caía, le animaba a levantarse por su cuenta y después le daba un abrazo para hacerlo sentir seguro.

-Si sigues así, pronto llegaremos a la cima del árbol.- Le felicitó Rei al separarse del pequeño.- Lin, tú y yo podremos observar las estrellas desde allá arriba.

-¿Y papá?- preguntó Goh…

-Papá también las verá hijo.- Intervinó Kai.- Quizá no pueda subir arboles como ustedes pero los acompañaré desde el techo de la casa.- Luego se volvió hacía Rei, quien alzaba a Lin en sus brazos para hacerla reir.- Es hora Rei.

Rei lo miró y asintió. Lo que venía le daba nervios. Ese día se casarían…

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-Bien, yo creo que estás listo.- Dijo Max terminando de ayudar a su amigo.- Me recuerda a aquella ocasión con Mystel…

-¿Serías tan amable de no mencionar ese nombre? Kai se pondría histérico…

Rei jamás le había ocultado a Kai todo lo que había hecho cuando estaba de viaje, pero Kai no se mostraba tan feliz de escuchar de todo aquello.

-De cualquier forma… Te ves bien.

Rei llevaba puesta unas prendas que apenas reconocía, una especie de hanfu rojo con detalles bordados en dorado y botones bordados que se cerraban en su pecho hasta la cintura donde empezaba una caída de tela que hacían ver ese vestuario imponente, las mangas de Rei podían llegar hasta el suelo, pero intentaba arremangarlas para no ensuciar aquel blanco impecable mientras terminaba de trenzar las tirillas que colgaban a sus costados. Todo el conjunto era un regalo de los padres de Max, quienes habían vuelto de un viaje a las tierras donde todos poseían ojos como los de Rei, y este fascinado intentaba recordar con un vago éxito los ropajes coloridos de su madre y sus hermanas.

-No sé si es obra del destino.- Sonrió el rubio al voltear a la bebé que dormitaba en la cama.- Esta niña… es como si los dioses la hubieran enviado a ti. Te escogieron para ser su madre…

-¿Porque todos insisten con eso?- Respondió arreglándose el cabello en una gran trenza.

-¿Por qué no? ¿A ti no te parece así?

-Es una idea que atenta contra mi hombría.

Ambos rieron.

-Tu hombría no tiene que ver con que seas una buena madre…. Además no es válido decirlo cuando llevas puesto algo que parece ropa de mujer.

-El pueblo entero cree lo mismo que tú, solo que ellos ni siquiera me ven como un hombre ahora… además llevo unos pantalones.

-Bien, tus pantaloncillos de ninja no ayudan… Y eso no debería importarte… lo importante es que ahora ellos aprueban tu matrimonio con Kai.

-Eso no me importaba desde el principio.

-Es el jefe de la aldea Rei, se supone que el pueblo celebre su matrimonio, y con esta niña aquí, no le quedan dudas a nadie sobre si puedes o no casarte con Kai.

-Ya te dije Max.- Dijo Rei levantándose y cargando a la bebé.- Aún si ellos no les gustaba yo me hubiera casado con Kai, porque para él esto es importante, pero… igual me alegra que ya no les moleste… Kai podrá seguir aquí… Para Kai esas cosas son importantes…

-¿Planeas quedarte aquí para siempre?

-Lo intentaré…- sonrió peinando los cabellos rosas de la niña.- Mientras mi instinto me diga que así debe ser…

Salieron de la habitación, Takao los esperaba observando a los dos más pequeños que jugaban en el suelo, Kai ya había salido al lugar donde se efectuaría la ceremonia.

-Y Kai ¿Cómo se ha tomado la aparición de Lin? –preguntó Takao curioso.

-Nunca se lo he preguntado.- Sonrió Rei sosteniendo a la pequeña para que Takao la cargara.

Kai jamás había rechazado a Lin, si era lo que su amigo preguntaba, pero tampoco era el padre mas amoroso del mundo, ni siquiera con su propio hijo. Como todos los demás, estaba consternado por la aparición de esa niña, quien poseía unos ojos increíblemente inhumanos como los de Rei, y si él no hubiera conocido al pelinegro desde niños probablemente se habría dejado llevar por los rumores de que era un demonio gato con forma humana –después de todo, cuando lo conoció fue lo primero que pensó.- y que había engendrado un bebé.

Otros tantos pensaban que los dioses lo habían escogido para llevar a la humanidad hacia un camino diferente, donde los humanos y la naturaleza podían convivir sin dañarse una a la otra, y la prueba era esa pequeña criatura que había nacido del bosque y que a través de Rei había llegado al pueblo. Mientras los mas ancianos, quienes no se olvidaban de la "posición" de los nobles del país, pensaban que Rei había sido enviado por los dioses y por la madre tierra a engendrar los hijos del heredero Hiwatari –sobra decir que la idea les parecía de lo mas ridícula a ambos, quienes no podían mas que reírse, pues ya ni siquiera los ofendían aquellas barbaridades-

Todas esas ideas absurdas salían de su cabeza tan rápido como llegaban, era el Rei que conocía perfectamente desde la infancia… a pesar de que los viajes lo hubieran cambiado, en el fondo todavía era su Rei.

Y a pesar de todo, de todas las locas teorías de los aldeanos, ni Rei ni Kai podían dejar de asombrarse por la aparición de Lin, después de todo, era el nombre de la madre de Rei y sus ojos, esos ojos… tenía que ser el destino, de alguna extraña manera.

-Deben estar por llegar.- Dijo el anciano frente a Kai.

Kai volteó y efectivamente a lo lejos se acercaba el consorcio dirigido por la persona mas hermosa que hubiera visto en el mundo.

Rei caminó con toda la tranquilidad del mundo hasta donde se encontraba el bicolor y le sonrió antes de abrazarlo, a pesar de que estas ceremonias no tenían ningún significado especial para él, el imaginar a sus padres en una ceremonia parecida lo emocionaba, sobre todo porque Rei recordaba como su padre era devoto a su madre y a sus hijos, él deseaba que Kai se sintiera igual con respecto a él y a sus pequeños. Por otro lado sabía lo importante que era para Kai el casarse con la persona que amaba y que el pueblo entero supiera que al fin había encontrado a su "otra mitad". Por lo mismo había insistido en tatuarse esa misma noche sus otras marcas, un Hiwatari completo… a veces aunque a Kai le molestaba aceptarlo, las tradiciones de su familia le eran importantes y quería acatarlas, aunque fuera a su manera.

Y así lo fue.

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