"No puedo"- se repetía a sí mismo. Desde hace algunos meses la idea rondaba por su cabeza.- "No puedo hacerlo"
Veía a sus hijos delante de él, Goh con esa expresión de preocupación y Lin con tristeza.
-Mamá…- la voz de la pequeña lo había sacado de sus pensamientos.
Rei se acercó a ellos, Goh tenía 4 años y Lin 2. Los rodeó con sus brazos y lloró-
-Lo siento.- les decía mientras hundía su rostro en sus cabellos.- Lo siento mucho.
-Mamá.- decía Lin abrazándolo, a pesar de que ambos niños habían crecido sabiendo que Rei era hombre la costumbre les hacía decirle "madre".- No te vayas…
Rei los soltó y la miró a los ojos, después miró a Goh y se dejó caer al suelo, se recogió el cabello con desesperación.
En su espalda llevaba su hacha atada, su caballo lo esperaba en la entrada del bosque, pero antes de llegar a él sus hijos lo habían alcanzado.
-No nos dejes…- le dijo el niño en voz baja. Y Rei soltó en llanto.
No entendía porque, él estaba con Kai, con sus hijos, tenían una familia y eran felices… o eso creía.
Cuando se encontró con que nada le faltaba empezó a sentir que su vida carecía de sentido, no sentía emoción por nada, necesitaba seguir moviéndose.
Era lo que les había sucedido a Takao y a Max, tenían la tienda de juguetes y Makoto cumplió tres años ahí, en el pueblo, pero sus padres poco a poco se aburrían de la misma rutina, así que construyeron una carreta y emprendieron su viaje, con su hijo. De vez en cuando les enviaban cartas, les hablaban de lugares que visitaban, donde se quedaban por unas semanas para después volver a partir, justo como los padres de Max, se habían convertido en viajeros.
Y Rei leía las cartas con entusiasmo, y poco a poco ese entusiasmo se convirtió en ansiedad y después en frustración, deseaba desesperadamente vivir alguna aventura, vivir a la deriva… pero no podía, o más bien no debía, su familia estaba ahí y Kai no aceptaría irse, Kai no estaba hecho para esa vida.
-Rei…- Escuchó la voz de Kai detrás de él.
Nunca le dijo nada, nunca le habló de la ansiedad que sentía pero Kai lo sabía, sentía que Rei no era del todo feliz, su corazón libre, quizá le decía que le pertenecía a él, pero jamás por completo.
Se acercó a él y el pelinegro se levantó, se limpió las lágrimas con la mano pero no sonrió, ni siquiera lo miraba, no era capaz de sostenerle la mirada.
Kai solo lo abrazó, tenía miedo de perderlo, de que su instinto fuera mas fuerte que la razón y se fuera.
-Perdóname Kai.- le dijo dejándose abrazar.- Lo siento mucho.
Y ahora respondió al abrazo, hundiendo su rostro en el pecho del otro, sentía miedo de defraudar otra vez a Kai. Se odiaba tanto ¿Porqué no podía ser feliz con lo que tenía? ¿Porqué estando lejos sentía que necesitaba a Kai y estando con Kai sentía que necesitaba estar lejos?
-Yo…- Empezó a decir mirándolo con ansiedad, entonces se encontró con los ojos rubíes de Kai y lentamente recorrió el rostro pálido de su ahora esposo. Delineó con su mirada las marcas azules en sus mejillas, la marca Hiwatari de un hombre completo…
Y lo abrazó con fuerza, esa certeza de haber encontrado a su otra mitad, aquel día en el que unieron sus vidas y Kai se dejó hacer esas marcas sobreponiendo todo el dolor de su cuerpo con todo el amor de su corazón, con toda la confianza de que así de que así debía ser, ya que jamás se apartaría de él, de quien amaba por sobre todas las cosas.
-Lo siento tanto Kai.- Le dijo entre sollozos.- Te amo Kai, donde tú estés es a donde pertenezco.
Pero incluso a esas palabras le temía el bicolor, amaba a Rei y quería que estuviera a su lado, pero no de esa forma, a costa de su felicidad.
Lo amaba, y como lo amaba debía dejarlo ir.
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