Hoolaaa :)
Estuve leyendo los reviews que me dejaron, mis queridos lectores, y al ver que insistían en que continuara, no me pude resistir, y bueno, aquí hay un segundo capítulo. Son tres capítulos en total, así que prometo uno más, el cual será el último :D
Dejo explícito que este capítulo solo es narrado por Quinn, y lo hice mas o menos para explicar la relación que llevaban con Rachel, detalles y momentos importantes, como el primer beso, etc... puede que muchas de estas cosas acaben transformándose en un cliché de los fanfics faberry, pero recuerden que yo tenía planeado un one-shot jajaj xD (también muestro un poco la relación de amistad que tienen con Puck, y claro, el gato de Quinn, que le da un toque de ternura a la historia lol)
Y, nuevamente, está inspirado en tres nuevas canciones:
Sunburn - Ed Sheeran
Wild World - Cat Stevens
Breathe Me - Sia
Recomiendo que escuchen el mix en 8 tracks que hice para esta historia, aquí les dejaré el link:
8 tracks ironiclaughs/soundtrack-friends-a-faberry-fanfiction
Solo la historia me pertenece, los nombres de los personajes le corresponden a Ryan Murphy y la FOX.
Breathe Me
Me paso las siguientes dos horas llamando a Rachel, pero esta no contesta.
Prácticamente dejo un río de lágrimas en el patio de Rachel, pues aún no me muevo de los escalones. Envío mensajes, hago de todo para que logre contestarme, pero no lo hace.
‒Por favor ‒susurro. Pongo mi cabeza entre mis manos, apoyando mis codos en mis muslos, e intento calmarme. En ese momento, mi móvil suena, y levanto la cabeza, esperanzada, pero me desilusiono al ver el nombre de Puck en la pantalla. Sorbeteo, e intento calmarme para contestarle‒ ¿Noah?
‒Quinn, ¿Dónde diablos estás? Estoy afuera de tu casa y nadie me abre, ¿olvidaste que tenemos que ir a entregar los pedidos? ‒pregunta él, en un tono medio desorientado. Era el tono que usaba cuando estaba estresado.
‒Diablos, lo olvidé ‒digo, con voz temblorosa.
‒ ¿Pero ya los terminaste?
‒Por supuesto, Noah ‒respondo, tratando de controlar mi respiración.
‒ ¿Estás bien? ‒pregunta, esta vez, preocupado‒ Suenas como si estuvieras llorando.
‒Es que… no es nada, Puck.
‒No, no puede no ser nada, mujer, ¿dónde estás?
Me quedo callada, pero vuelvo a sollozar.
‒Pero qué demonios, Quinn, contéstame, me estás preocupando, ¿dónde mierda estás? ‒exclama él, perdiendo la paciencia.
‒Estoy en casa de Rachel, Puck, estoy en su casa, y… y ya se han ido… ‒rompo en un llanto desesperado.
‒Otra vez la burra al trigo, por Dios, Quinn… ‒murmura, aún impaciente‒ Quédate ahí, no te muevas, nena, iré por ti en este mismo instante, pero por favor, deja de llorar…
‒No puedo, Noah, se ha ido y la perdí…
‒Aún no pierdes nada, Quinn, solo quédate ahí, te iré a buscar ‒dice él, rápidamente, y corta la llamada.
Tiro al césped mi teléfono, y vuelvo a la posición en la que estaba antes. Ya hasta comenzaba a dolerme la cabeza de tanto llorar.
La señora de la casa contigua vuelve a aparecer, y se da la molestia de caminar hasta donde estoy yo, para sentarse con un poco de dificultad a mi lado.
‒ ¿La querías? ‒me pregunta de pronto, y levanto mi cabeza para mirarla‒ Aún la quieres, ¿no? A Rachel… ‒asiento con la cabeza, y miro a mis pies. Ella suspira, y mira al césped, alzando una ceja‒ Sabes, cuando Richard, mi esposo que ya falleció, me pidió que no casáramos, yo estaba en Inglaterra, a muchos más kilómetros de aquí ‒levanto la mirada, para observarla‒ Mis padres no aprobaban nuestra relación, nunca lo hicieron, pero Richard nunca los escuchó, él siempre dijo que era a mí a quien quería, aunque todo el mundo se opusiera, él no cambiaría de opinión. Richard tomó un avión, y llegó a mi apartamento con un ramo de flores y una piña ‒dice esto con una risita‒ Nosotros nos conocimos en un verano, y justo ese día llevaba mi pelo alborotado, tomado en un moño que hacía que mi pelo se viera como las hojas de una piña, algo que le causó mucha gracia y ternura también, es… una metáfora que le parecía muy adecuada a los veinte años. En fin, el punto es, que a Richard no lo detuvo nada, ni los kilómetros que nos separaban para amarme.
‒Yo amo a Rachel más que a mi propia vida ‒murmuro, mirándola.
‒Entonces demuéstraselo. No sé cómo será su historia, ni nada, pero lucha por ella. Sam es un buen chico, y la quiere, a ella y a sus hijos, pero seguro no la quiere tanto como tú a ella. Ve por ella, Quinn ‒dice la señora, alentándome.
En ese momento, la camioneta blanca y un poco abollada de mi amigo aparece por el lado izquierdo de la calle, y de ésta se baja Puck, algo alborotado.
‒ ¡Quinn! ‒exclama, corriendo hacia donde estamos‒ Hola ‒dice, mirando a la señora‒ ¿Estás bien?
‒Ahora está mejor, ya se calmó, hace poco parecía un bebé llorón ‒señala la señora, levantándose con la misma dificultad con la que se sentó, y río al escuchar lo último que dice.
‒Quinn… ‒murmura Puck, y al levantarme me abraza con fuerza, y me siento acogida.
‒Deberías ayudarla, ella de verdad quiere a Rachel ‒dice ella, haciéndose a un lado.
‒Sí, ya lo sé, está loca de amor ‒dice mi amigo, abrazándome de lado‒ Pero primero tenemos que ir a hacer las entregas, Q, ya sé que podemos hacer.
Asiento con la cabeza, y me despido de la vecina de Rachel con un abrazo.
‒Gracias, señora…
‒Adams ‒dice ella, y me deja con una sonrisa.
‒Vamos, Quinn, se nos hace tarde ‒dice Puck‒ Adiós, señora Adams, y gracias… por lo que sea que haya hecho ‒murmura, tomando su mano para despedirse.
Caminamos hasta la camioneta, y cuando Puck enciende el motor, la señora Adams se acerca a la acera, para volver a despedirse.
‒Adiós, chicos, espero que les vaya bien ‒exclama desde ahí mismo.
‒Adiós ‒exclamamos nosotros.
Noah emprende el camino hacia mi casa, para ir a buscar los pedidos.
‒Tenemos que hacer algo, Quinn ‒dice Puck, cuando estamos cargando la camioneta‒ No puedes quedarte así nada más, no tienes nada que perder.
‒ ¿Y cómo crees que voy a detenerla si ya está arriba del avión? ‒pregunto, sin esperanza alguna.
‒Tal vez no la puedes detener, pero sí podemos ir a Los Ángeles ‒dice él, sonriendo.
‒Noah, no tengo dinero suficiente como para darme ese lujo…
‒ ¿Y para qué diablos crees que está Betsy? ‒cuestiona Puck, casi ofendido, señalando a su camioneta‒ Tal vez nos tardaremos días, pero llegaremos, Quinn, yo sé que vamos a llegar.
Suspiro, un poco cansada, pero al mismo tiempo agradecida por tener el mejor amigo del mundo.
‒Cuando te lo propones, no eres tan idiota ‒digo, ladeando un poco la cabeza, con una sonrisa sincera.
‒Por lo menos se me ocurren más ideas que a ti ‒dice de manera altanera.
‒Sí, por eso es que te quiero ‒digo, abrazándolo por segunda vez en el día, y mi amigo me levanta del suelo.
‒Vamos, trae un poco de ropa, tenemos que hacer un viaje largo ‒dice, bajándome, y de inmediato corro hacia adentro de la casa, en busca de mi bolso.
Echo mis cosas personales, dinero, y un poco de ropa, y cuando salgo de casa después de tomar mis llaves y cerrar el taller, me encuentro con Posas, que me mira con las pupilas dilatadas, medio asustado al ver que me voy y lo dejo solo, de inmediato se pone a pasear entremedio de mis piernas, pidiendo atención.
‒Ay, bebé ‒digo, dejando mi bolso a un lado‒ No te puedo dejar solo ‒susurro, acariciándole la pequeña cabeza, y Posas se retuerce regodeándose al sentir que le hago cariño detrás de las orejas.
‒ ¡Vamos, Q, no tenemos mucho tiempo! ‒exclama Puck, apoyado en su camioneta.
‒Qué diablos ‒susurro, levantando mi bolso y a Posas al mismo tiempo‒ Irá con nosotros ‒digo, caminando hacia la acera, para cerrar la reja. Mi gato maúlla para Noah al escucharme. Puck suspira, poniendo los ojos en blanco, y me quita mi bolso.
‒Está bien, pero si llega a mear a Betsy, lo dejaremos en pleno desierto ‒dice, secamente.
‒ ¡Noah! ‒exclamo con el entrecejo fruncido. Puck levanta las manos haciendo como que no me escucha, y se da la vuelta para dejar mi bolso en la parte trasera y así subirse al asiento del piloto. Subo a la camioneta con Posas en mis brazos, y cierro la puerta, para dejar a mi gato en el asiento trasero. Éste se estira por un largo momento y luego se recuesta en el asiento con la cabeza entre sus patitas.
Luego de pasar a hacer las entregas, con Puck y Posas ‒y Betsy, claro‒ nos decidimos a ir a Los Ángeles aunque nos pasemos por lo menos unos cuatro días viajando. Parece ser que será una nueva aventura, ¿no?
La primera vez que con Rachel nos besamos, no fue hace dos años como creen. Fue hace diez. Si bien el drama comenzó cuando teníamos veintiséis años las dos, ya había pasado tal vez, algo de agua bajo el puente.
Esta primera vez, ocurrió en la última fiesta del club glee como estudiantes del McKinley.
El día después de la graduación, y antes de que Rachel partiera a Nueva York.
Probablemente nadie se acuerda ahora de esto, porque, todos estábamos muy ebrios ‒incluso Kurt‒ pero Rachel y yo no nos olvidamos de eso jamás, y de aquello estamos hasta el día de hoy muy conscientes.
El reloj marcaba pasada la medianoche, y, como siempre, en casa de Puck había una fiesta muy encendida, esta vez exclusivamente para el ex-coro. Vasos vacíos por el suelo, Mercedes, Sugar y Tina riendo desencajadas por las tonterías que decía Artie, Mike y Sam "bailando", Santana y Brittany besándose exageradamente, Puck y Finn compitiendo por quién derribaba primero el brazo del otro tan solo con la mano, Kurt, Blaine y Rachel cantando canciones de Broadway, y yo… pues bueno, yo estaba en un rincón sentada en la escalera con mi vaso medio lleno, mirando a todos con una sonrisa.
Cuando de pronto, ‒esto sí que no recuerdo como pasó‒ a alguien se le ocurrió la gran idea medio tortuosa del juego de la botella. Ya llega a ser cliché todo ese asuntito, pero así fue como pasó.
Después de toparnos con todas las combinaciones posibles ‒de verdad, como me gustaría recordarle a Puck el momento íntimo que compartió con Finn‒ llegamos a la última. Rachel y yo.
El beso no pudo ser más perfecto, porque además de que todos lo pedían ‒es que por favor, en algún momento fuimos enemigas a muerte‒.
Cuando la botella se detuvo frente a ambas, no quedó de otra que acercarnos medio gateando. Rachel soltó una risa nerviosa, y me señaló con un dedo, haciéndome una seña para que me acercara.
Rachel y yo parecimos despertar en el momento en que nuestros labios chocaron suavemente.
Whenever it was painful
whenever I was away
I'd miss you
and I miss you
Y cielos, aún éramos adolescentes, lo que hizo que en nuestros estómagos se armara todo un lío. El beso duró más de lo esperado, pero los chicos no alentaron a que siguiéramos, hasta que Finn, entre risas, se llevó a una Rachel con mejillas ruborizadas y mirada extraviada.
‒Vamos, amor, dejen de hacer eso, antes de que tenga que pensar en el cartero ‒dijo Finn, arrastrando las palabras, y todos estallaron en risas, hasta yo, que volvía a mi posición anterior.
Fue electrizante. Tanto, que no lo olvidamos.
Luego de eso, no recuerdo nada más, solo que a la mañana siguiente desperté con Sugar a mi lado, ella solo en sostén, y yo con mi brazo debajo de ella, acalambrado.
‒Oh, no…‒murmuré aterrada al verme en aquella situación, y a la sala de Puck patas arriba. Por lo menos estábamos tapadas con una manta…
Y luego de que me despegué de ella, me fije en que solo estaba despierta yo, y, claro, Rachel, que estaba sentada en el piso con su espalda recargada en uno de los muros, me devolvió la mirada. Tenía el pelo alborotado, y estaba solo a unos dos metros de mí.
‒ ¿Sugar besa bien?‒preguntó ella, sin dejar de sostener mi mirada.
‒Ah… no lo sé. Estaba muy borracha como para recordar algo hoy ‒respondí.
‒Pero la besaste, yo sí lo recuerdo ‒murmuró, con una sonrisa medio burlona.
‒Cielos…
‒ ¿Recuerdas que nos besamos, verdad?
La observé detenidamente.
‒Sí ‒respondí.
‒ ¿Cómo beso yo? ‒preguntó ella, con los ojos más abiertos de lo común.
Yo, que tenía la boca entreabierta, la cerré con fuerza y miré a la nada. Porque… bueno, los labios de Rachel eran ‒son‒ suaves y deliciosos, y aunque la hubiese besado por una sola vez, habría dicho que son adictivos. Si tuviera otra oportunidad… Eso fue lo que pensé en ese momento, sin creer que todo eso se repetiría unos meses después.
‒Besas… muy bien ‒dije, en un tono algo desorientado, pero de manera honesta. Le sonreí, con mi sonrisa de idiota, mi sonrisa de "quiero más, enserio".
Las mejillas de Rachel se tornaron de un tono rosa muy fuerte, pero no desvió la mirada de mis ojos.
Nuestra primera parada es en un restaurant a la orilla de la carretera. Ya es casi la hora de la cena, y Puck no deja de quejarse de que sus tripas suenan como cañería.
‒Oh, cielos ‒suspira, cuando aparcamos en el estacionamiento del restaurant‒ Hace mucho que no manejaba por tanto tiempo.
‒Te dije que nos podíamos turnar ‒rezongo, mientras me estiro con los brazos hacia abajo.
‒Oh, sí, claro. ¿Qué tal si Rachel te envía mensajitos mientras manejas y luego todos tenemos que tomar clases con Artie, de cómo subir una rampa muy empinada, eh? ‒dice Puck, alzando una ceja, con una sonrisa sarcástica.
‒Oh, Noah, tus comentarios son tan apropiados ‒digo, en el mismo tono que él usó.
‒Estoy velando por tu seguridad, mujer, debes llegar con todas tus partes a nuestro destino ‒rezonga él, mientras quita las llaves del contacto, y abre la puerta. Yo me vuelvo a estirar y pongo mi antebrazo derecho sobre mi vista‒ Vamos, ¿que acaso no bajas?
‒Sí, sí, ya voy ‒digo abriendo la puerta del copiloto. Posas está en una posición difícil de reconocer, como si estuviera en modo de ataque, pero con los cerrados. Puck aplaude una sola vez, asustando a Posas, que abre los ojos desmedidamente, con las pupilas dilatadas.
‒Vamos, amigo, tal vez también obtengas algo ‒dice, bajándose de la camioneta, y esperando a que mi gato baje también. El felino salta del asiento trasero hasta el asiento del piloto, y luego salta también al suelo de pequeñas piedras.
Observo la situación con una sonrisa que refleja ternura, y bajo de la camioneta, cerrando la puerta detrás de mí. Puck aparece por el lado izquierdo, con Posas a un lado de él.
‒Eres el mejor amigo del mundo, Noah ‒le digo mirándole a los ojos, seriamente. Puck me dedica una sonrisa sincera.
‒Lo sé ‒su sonrisa cambia a una un tanto altanera, pero abre los brazos esperando un abrazo de mi parte, y obedezco, no por un deber, si no porque nuestro cariño fraternal es verdadero y mutuo.
‒Mhm, pero aún eres un idiota ‒digo entre sus brazos, y Puck gruñe‒ Un idiota genial.
Caminamos hacia las mesas que se encuentran afuera del restaurant, con Posas siguiéndonos. De inmediato aparece una mujer de aproximadamente unos cincuenta años. Noah parece un poco excitado… Dios, él y sus extraños fetiches.
‒Buenas tardes, mi nombre es Margot, ¿qué desean ordenar? ‒dice, entregándonos dos cartas, y sonriéndonos, Puck devolviéndole una sonrisa seductora, y luego ojeando la carta del menú.
‒Yo… quiero las papas con carne de vacuno, una coca-cola y… tu número telefónico ‒murmura Noah alzando una ceja, y yo río por la nariz, cubriéndome con la carta.
‒Oh, eres tan dulce, pero estoy casada ‒dice Margot, con una sonrisa encantadora, y Puck hace una mueca con la boca y arruga la nariz‒ ¿Y usted señorita?
‒Yo, el menú vegetariano, un jugo natural y… ¿tienes un tarro de atún? ‒pregunto, mirándola.
‒ ¿Dejaste de ser vegetariana? ‒pregunta Puck, desconcertado, pero entonces le pateo levemente por debajo de la mesa, recordándole que tengo a Posas entremedio de las piernas‒ Ah, cielos, verdad que lo dejaste hace un mes… ‒dice Puck, fingiendo normalidad.
‒Claro que tengo ‒dice Margot, alzando una ceja‒ Vuelvo enseguida.
‒Gracias ‒digo yo, sonriéndole encantadoramente.
‒Pamplinas ‒murmura Puck, al ver cómo se va, sin dejar de mirar su espalda baja.
‒ ¡Noah! ‒exclamo.
‒ ¡¿Qué?!
‒Podría ser tu madre… ‒digo, con una mueca de disgusto‒ ¿Sabes qué hubiera pasado si siguieras acostándote con Shelby?
‒ ¿Qué?
‒Beth tendría una familia muy extraña. Rachel sería su hermanastra, y tú serías el padrastro de Rachel. Lo que me haría algo así como una madrastra indirecta de Rachel, y esto no sería más que algo así como un complejo de Edipo, muy, muy retorcido ‒mascullo, en una clara muestra de disgusto.
‒Dios, deberíamos escribir una telenovela ‒susurra Puck, medio desorientado‒ Es como Cien Años de Soledad.
‒ ¿Ya ves qué tan retorcido es? ‒le pregunto, inclinándome un poco sobre la mesa.
‒Aún así prefiero a las maduras ‒masculla él.
‒Iugh ‒me quejo yo.
Luego, la segunda vez que nuestros labios se encontraron, fue unos meses después de que ella y Finn terminaran por última vez. Después de la fallida boda de el señor Schue y la señorita Pillsbury, y que tuviera ese revolcón muy alcoholizado con Santana.
Cuando decidí cambiarme de carrera y transferirme con muy buenas notas a Columbia.
‒ ¿Una cerveza, Rachel? ‒dije, abriendo el mini-cooler que tenía en mi habitación del campus.
‒Eh… está bien ‒dijo Rachel, que se acomodaba en el sofá cama que se hallaba a un lado de mi escritorio.
‒Aquí ‒dije, con un vaso servido con cerveza, entregándoselo.
‒Gracias ‒dijo ella, recibiendo el vaso, sin dejar de mirarme a los ojos.
‒Entonces… dime, no estás aquí solo porque sí, ¿verdad? ‒dije, con una sonrisa suspicaz.
‒Mmm… creo que no ‒dijo ella, algo avergonzada.
‒Suéltalo, soy toda oídos.
‒Dormí con Finn ‒dijo, haciendo una mueca con los labios‒ Dormí con Brody…
‒Oh, cielos…
‒Creí que estaba embarazada, y descubrí que Brody es gigoló ‒dijo, aún más avergonzada de lo normal. Yo casi boté un poco de cerveza de mi boca, sorprendida.
‒Santa mierda… ‒susurré, sorprendida.
‒Ya lo sé ‒susurró ella‒ Mi vida amorosa es un caos.
‒Es incluso peor que la mía ‒dije yo, alzando una ceja‒ Bueno, tu no diste a luz a una bebé, pero de todas formas es un poco caótica. ¿Por lo menos estuvieron bien los dos?
‒Brody estuvo bien ‒dijo ella, ladeando un poco la cabeza, y de inmediato solté una risita.
‒Oh, por suerte no llegué a tercera base con Finn ‒dije, risueña, y Rachel rió por la nariz, frunciendo un poco el entrecejo y poniendo una sonrisa compasiva.
‒Yo a Finn lo quiero mucho, pero de verdad, en ese ámbito… ‒Rachel tapó uno de sus ojos con su mano abierta.
‒Bueno, no todo en la vida es perfecto ‒dije, con una sonrisa sincera‒ Yo apenas y recuerdo mi primera vez, Puck se encargó de emborracharme…
‒Mmm, pero, mejor no nos acordemos de eso ‒dijo, haciendo un gesto con la mano, restándole importancia.
‒ ¡Eh! Lo había olvidado, tengo algo para ti desde hace tiempo, y no había podido entregártelo ‒dije de pronto, levantándome del sillón, y caminando hasta la mesita de noche con cajón que tenía a un lado de mi cama.
Ahí, estaba, en un rincón de mi cajón, con una etiqueta blanca amarrada, que decía "para Rachel".
Era bastante simple, la verdad, ni siquiera era oro, sino que una artesanía que encontré en New Heaven. Una simple cadena dorada, con una estrella igualmente dorada, que colgaba de ésta. Lo interesante de la estrella, es que esta se abría, y se podía colocar una foto adentro.
‒Ahí está ‒dije, animada, y lo cogí en mi mano derecha, para cerrar el cajón con la mano izquierda.
‒ ¿Qué es? ‒pregunta ella, curiosa.
‒Oh, no creas que gasté dólares y más dólares en mi obsequio, es solo una artesanía que encontré en New Heaven e hizo que me recordara a ti ‒dije, y le entregué la cadena, volviendo a sentarme a su lado.
Rachel lo recibió, dejando su cerveza a un lado del sillón, y observó atentamente mi regalo. Lo tocó con un solo dedo, y volvió a admirarlo, con ojos brillantes.
‒Muchas gracias, Quinn… es… muy bonito ‒dijo, con una voz un poco más profunda que de costumbre‒ Diablos, sí que es precioso…
‒Oh, no es nada realmente…
‒Sí lo es, Quinn, no te subestimes, es precioso ‒señaló, tajante, y me miró a los ojos, con esos profundos y hermosos ojos chocolate que si no me habían enamorado desde el primer día en que la vi, probablemente me mantendrían despierta hasta el último día de mi vida.
Nuestras miradas estaban tan conectadas que podría decir que Superman quedaba pequeño al lado de nosotras, con su vista de rayos X.
‒ ¿Te gustaría ponérmela? ‒dijo, de pronto, y al mismo tiempo mal interpreté su pregunta, arrepintiéndome al instante, cerrando los ojos y meneando rápidamente mi cabeza.
‒ ¿Qué…? Ah, cielos… ‒susurré para mí misma.
‒ ¿Quinn? ¿No quieres? ‒preguntó, confundida.
‒ ¿Ah? Oh, claro, Rach, por supuesto ‒dije, despertando de mi malentendido. Oh, chicos, el subconsciente nos traiciona siempre, no crean que todos somos de piedra.
Rach se giró sobre sí misma en el sillón, quedando de espaldas a mí, y me tendió la cadena con la estrella dorada. Tomé todo su fino y sedoso cabello para dejarlo a un lado, sobre su hombro derecho, y con mucho cuidado desprendí el broche que unía los extremos de la cadena, para extenderla por el delgado cuello de Rachel, que lo único que hacía era llamar mi atención, y me daban ganas no solo de besarlo, sino también de morderlo un poco, y tal vez… Cerré mis ojos, tratando de borrar esos pensamientos "pecaminosos" como habría dicho mi abuela.
Mientras mordía levemente mi labio, abroché los extremos de la cadena, y dejé el pelo de Rachel tal y como estaba antes.
‒Quinn… ‒susurró Rachel. Podría jurar que aquello sonó más como un gemido.
‒ ¿Rach? ‒pregunté, algo embriagada por la situación.
‒Tú… ¿recuerdas nuestro beso en la última fiesta del club glee? ‒preguntó, un poco atropelladamente, girándose para mirarme, un poco avergonzada.
‒Sí, sí me acuerdo ‒dije, sin dudar. Y cielos, estábamos tan cerca que hasta podía respirar su exquisito aliento.
Rachel deslizó lentamente su mirada desde mis ojos hasta mis labios, y con las mejillas aún más encendidas, intentó hablar sin que le temblase la voz.
‒Ya, porque… ‒susurró, y entonces perdió el hilo de la conversación, o simplemente olvidó lo que diría, el punto es que devolvió su mirada hacia mis ojos, y besó mis labios.
Yo, obviamente, no me opuse. Porque no había nada más delicioso que sus labios, como había dicho antes. Profundicé un poco el beso, y cuando su lengua acarició delicadamente la mía, se me escapó un gemido desde la garganta. Pero eso solo hizo que el beso fuera aún más increíble, en cual ambas nos disputábamos el lugar de nuestras lenguas en la boca de la otra. Rachel gimió en el beso, y sus manos quedaron sobre mis piernas, justo cuando yo ponía mis manos sobre su cintura, y la empujaba muy despacio sobre el sillón, para quedarme sobre ella, y así besarnos más cómodamente. Y cuando mis juguetonas manos comenzaron a pasearse por su vientre, Rachel reaccionó, no bruscamente, pero sí se separó de mí y me observó un poco asustada.
‒Quinn, yo de verdad lo siento… ‒susurró lo más rápido que pudo, bajo mi cuerpo.
‒No, no Rachel, no tienes que disculparte, eso ha sido genial ‒dije, sin quitar mi cuerpo del de ella.
Nos volvimos a besar con casi la misma intensidad, y casi llegaba a segunda base, cuando Rachel me detuvo por segunda vez, empujándome levemente, mientras se levantaba, hasta despegarse con dificultad de mis labios, con los ojos cerrados y una expresión casi de dolor en su rostro.
‒ ¿Rach? ‒pregunté, preocupada‒ ¿Estás bien?
‒Sí, es solo que… ‒no logró completar la frase, y abrió los ojos lentamente, aún con su mano apoyada sobre mi hombro.
‒ ¿No te gustó? ‒pregunté algo temerosa de su respuesta.
‒Quinn, tú besas muy bien, y de hecho… ha sido uno de los mejores besos que me han dado en mi vida ‒dijo, un poco avergonzada‒ Yo solo… estoy muy confundida, Quinn…
‒Podemos hablar de… ‒traté de hacer que se quedara, sin insistirle ni chantajearla.
‒No, Quinn, de verdad, necesito pensar… ‒dijo, con una expresión que realmente mostraba confusión, y Rachel se levantó del asiento, tambaleando un poco, y la observé anhelante desde el sillón, con una expresión media tristona‒ Por favor, no hagas eso…
‒ ¿Me dejarás sola? ‒pregunté, levantando una ceja, pero Rachel cerró los ojos y negó con la cabeza en clara muestra de confusión. Sí que se merecía su momento a solas.
‒Quinn, de verdad, muchas gracias por tu obsequio, es hermoso y muestra lo dedicada que eres por otras personas, pero enserio, me tengo que ir ‒dijo, muy rápidamente, caminando hacia la puerta, y yo la seguí hasta esta.
‒Siento incomodarte ‒murmuré solo para ella.
‒No es eso. Estoy confundida, Quinn, solo deja que me tome unos días, y… tan solo… ‒dijo Rachel, y luego de esas palabras jadeó‒ Adiós ‒dijo, y me dejó un beso en labios, antes de irse.
Horas después de volver a la carretera, Puck se detiene nuevamente, estacionándose esta vez solo a un lado del camino, en medio de la nada.
‒ ¿Por qué paramos? ‒pregunto, yo, un poco aturdida. Posas no ha vuelto a dormir, se queda jugando en el asiento trasero con la pelota de béisbol que Puck trae consigo. Al parecer mi gato está un poco agitado.
‒Ah, es que sabía que tenía que pasar por el baño en el restaurant… ‒rezonga él, medio avergonzado.
‒ ¡Noah! ‒exclamo, algo avergonzada, también‒ ¿por qué no lo hiciste?
‒Pero es que cuando estábamos allá no tenía ganas… ‒masculla, como si fuera un niñito.
‒Ah, qué diablos ‒musito
Puck abre la puerta del piloto, y es perseguido por Posas, que al parecer también tiene que "vaciar el tanque".
Suspiro, entornando los ojos, y prendo la radio, para ver si es que hay estaciones disponibles.
Solo por curiosidad, giro la cabeza, y me encuentro con Puck y Posas dándome la espalda.
‒Iugh ‒me quejo, giro la cabeza nuevamente.
‒Mea como macho, ¿qué acaso eres una niñita? ‒dice Puck, sin moverse de su posición. Posas solo maúlla estruendosamente, y yo estallo en risas.
‒Noah, los gatos no levantan la pata para orinar ‒digo sin dejar de reír.
‒Pero toda la vida creí que… ‒Puck se detiene, antes de decir algo estúpido.
No dejo de reírme hasta que encuentro la que al parecer es la única estación disponible.
"But if you wanna leave take good care,
hope you have a lot of nice things to wear,
but then a lot of nice things turn bad out there."
Oh, claro, la única estación que hay, y toca la canción más adecuada…
‒Qué mierda ‒susurro, incrédula, apoyando mi brazo en el borde de la ventana, y tapando mis ojos con mi mano.
"Oh baby baby it's a wild world,
it's hard to get by just upon a smile."
Puck reaparece con Posas en sus brazos solo para dejarlo en el asiento trasero, y se acomoda mejor en el asiento, poniéndose el cinturón de seguridad.
‒Qué hay, Q ‒dice, y antes de hacer contacto, se detiene al escuchar la canción, y me mira un poco enojado, al verme en la posición en la que sigo‒ Bueno, ¿qué acaso eres emo o algo? ‒dice, irascible.
‒No, yo solo quería ver qué había en las estaciones… ‒me quejo.
‒Pero qué mierda, Fabray ‒dice‒ Esto solo te hará peor ‒y corta la transmisión‒ Vamos a poner algo de emoción ‒dice, y abre la guantera para sacar uno de sus discos‒ Los Rolling Stones, Q, de eso se trata.
Me acomodo en el asiento, y río, cerrando los ojos y negando.
Hubo más besos como ese en los siguientes años. No muy seguido, pero sí cada cierto tiempo. Íbamos y veníamos, esporádicamente, sin que nadie tuviera idea de nada, y luego Rachel comenzó a salir con Sam más o menos cuando teníamos veintidós. Después de un tiempo se halló embarazada de Thomas, y se hizo más larga la brecha entre ambas.
Pero luego de que tuviera a Amy, fue cuando se desató todo el drama. Con eso me refiero a que ahí fue cuando Rachel de verdad comenzó a engañar a Sam conmigo.
La primera vez que nos acostamos.
Cielos, de verdad demoramos años con todo esto. Y fue genial, porque hubo muchas veces en las que teníamos sesiones de besos y al no poder encontrar real comodidad, ambas quedábamos con las ganas. Y después yo acababa recurriendo a otras maneras de satisfacer mi necesidad. Rachel tenía a Sam.
Recuerdo perfectamente como ocurrió.
Estábamos en mi casa, como siguió siendo a excepción de una sola vez, al realizar una fiesta de New Directions, pero esa vez casi nos descubrió Puck. Después de eso, Rachel decidió que no lo volviéramos a intentar en su baño, o en cualquier lugar de su hogar.
Thomas y Amy estaban al cuidado de Blaine y Kurt, y Rachel, sin pensarlo dos veces, corrió de inmediato a mis brazos.
Recuerdo que, el timbre sonó muchas veces, y yo salí en una bata de baño, asustada, y, obviamente mojada a abrir la puerta. Pero no era nada grave lo que había del otro lado de la puerta, tan solo era Rachel, con sus ojos húmedos de excitación y su rostro ruborizado.
‒Rach…
Ni siquiera me tuvo que saludar ‒y no lo hizo‒ tan solo tuvo que avanzar directamente hacia mí, empujarme un poco, cerrar la puerta, e interrumpirme, con un beso en la boca que acabó con algunos de mis sentidos, y encendió otros. El mejor "hola" de mi vida.
‒ ¿Pero qué…? ‒pregunté sobre sus labios, pero nuevamente me interrumpió.
‒Shhh, te necesito ahora ‒susurró Rachel, con efectiva necesidad en su tono de voz.
Help, I have done it again
I have been here many times before
Volvió a empujarme mientras me besaba, hasta que quedé entre ella y la pared.
Mi corazón dio un vuelco y por fin pude responder a su beso, con la misma pasión con la cual me besó ella. Mis manos estaban aferradas a su espalda y las suyas a mi rostro y mi cabello. Cuando nos dimos un respiro, nos miramos a los ojos, con las bocas entre abiertas, y luego de darle un último beso en los labios, me decidí a separarme y tomarle una de sus manos.
‒Vamos arriba ‒le dije, y Rachel, que parecía media hipnotizada, y me siguió mientras subíamos las escaleras.
Apenas llegamos al segundo piso, Rachel se abalanzó contra mí, y volvió a besarme con la misma fiereza del principio.
Con un solo impulso, tomé a Rachel por los muslos, y ella enredó sus piernas en mi cintura, mientras yo gemía en el beso.
En menos de lo que canta un gallo, Rachel y yo estuvimos a orillas de mi cama, ella quitándome la bata, y yo desvistiéndola lo más rápido posible, porque… Diablos, la desnudez no significa erotismo, pero el cuerpo de Rachel era lo más hermoso y lo más erótico del mundo para mí.
Hurt myself again today
and the worst part is there's no-one else to blame
Tal vez el efecto de mi cabello y mi cuerpo húmedo daban algún toque especial a todo aquél asunto, pero el caso es que Rachel me miraba de una manera más intensa de la que me había mirado antes en situaciones similares; se mordía el labio, deseosa de amarme, deseosa de estar unida a mí, de una vez por todas, de una vez en todo este tiempo, y yo no podía negar que sentía lo mismo que ella.
Decidimos ralentizar nuestras acciones. El deseo nos podía, pero nada nos podía más que disfrutar de aquello que estábamos a punto de hacer.
Rachel me empujó despacio hacia la cama, para sentarse a horcajadas de mí, y acomodarnos hasta que quedé con la cabeza sobre la almohada.
‒Te amo‒susurró, antes de besarme, de manera lasciva y al mismo tiempo, tierna, procurando dejar caricias sobre mi piel.
Mi corazón estaba hecho un baterista, tal y como alguna vez cantó ella. No podía contar las pulsaciones por segundo que tenía, porque estaba concentrada naturalmente en los labios y manos de la mujer de quien inesperadamente me enamoré.
No, una cosa no llevó a la otra, no como algunos suelen decir. No, cada una tomó aquella decisión, cada una decidió que lo más sano, que lo más real, que lo más vital en ese momento era estar juntas, y que por lo menos aquello nos duraría para toda la vida. El recuerdo, las sensaciones, todo.
Ouch I have lost myself again
lost myself and I am nowhere to be found.
Cuando sus labios y los míos ya habían recorrido nuestros cuerpos detalladamente, Rachel se encontró dentro de mí con un gemido de parte de las dos, y cuando ya llevaba varios segundos regalándome su calor, yo también lo hice con ella, e hice que giráramos sobre la cama, para quedar encima de ella.
Con Rachel tenemos sincronía. Y calzamos perfecto. Y podría alardear de lo hermoso que es estar con ella, por horas y horas, porque jamás había sentido algo así, con nadie.
Perdí la noción del tiempo en su boca, en su cuello, en sus pechos y en toda su piel, y cuando comencé a sentir un fabuloso mareo y hormigueo en cada lugar de mi anatomía, supe que ella también lo sentía, y luego de repetir su nombre como un mantra, acabamos juntas al mismo tiempo, con mi mano derecha entrelazada a la suya izquierda, y mi cuerpo cayó sin energías sobre el de ella.
Minutos después, nos logramos acomodar dentro de la cama, abrazadas.
‒Yo también te amo, Rachel‒susurré solo para ella, en su oreja, sin dejar de acogerla entre mis brazos, con su cabeza sobre mi pecho.
Sentí como sus labios se movieron sobre mi pecho para sonreír, y luego besar mi piel.
Estuvimos mucho rato de esa manera, acariciándonos, dándonos pequeños besos, y mirándonos a los ojos. Y cuando vi en sus ojos un dejo de preocupación mezclado con nostalgia al desviar la vista hacia la puerta, irrumpí nuestro silencio.
‒Debes irte, ¿verdad?‒dije, con la voz un poco ronca. Rachel quitó los ojos de la puerta para volver a mirarme.
‒Sí‒dijo, después de unos segundos.
Yeah I think that I might break
I've lost myself again, and I will, I'll say
Be my friend, hold me
Wrap me up, un-fold me
I am small, and needy
warm me up, and breathe me…
