Ok, mis queridos lectores, por fin les traigo el tercer y último capítulo de esta corta historia, me ha costado sacarlo, pero finalmente lo he hecho, les he dado el final feliz que tanto me pedían, y créanme, que he quedado satisfecha con el final.

Espero que les haya gustado a ustedes también, así que les recomendaré mi otro fanfic faberry que está en progreso :D /s/10532163/1/Por-Accidente

Muchas gracias por sus reviews y sus favoritos y sus follows, me alegra que les guste :D

Para finalizar, aquí están las canciones en las que me he basado, nuevamente:

One - Ed Sheeran

Burn With You - Lea Michele (por supuesto 3)

Eso ha sido todo mis queridos lectores, lean para ser leídos, dejen reviews (los reviews son amor), y, nos vemos en Por Accidente, para aquellos que quieran leerlo.

Besos a todos, espero que disfruten en el capitulo.


Solo la historia me pertenece, los nombres de los personajes le corresponden a Ryan Murphy y la FOX.


Burn With You

Quinn… ‒dice Puck‒ Quinn, despierta, muévete, ya estamos llegando.

Me muevo sobre mi asiento, gimiendo de cansancio.

¿Cansada de descansar? ‒pregunta Puck, en tono sarcástico.

Ja-ja ‒río lentamente, en el mismo tono‒ Creo que deberíamos cambiar los asientos de Betsy, Noah, ya no son los mismos de antes.

‒A caballo regalado no se le miran los dientes ‒murmura.

Mi gato, por cierto, se encuentra en el tablero, disfrutando del calor del sol mientras duerme. Quién como él.

‒ ¿Cómo es que Posas está ahí y aún no intentas asesinarlo? ‒pregunto, estirándome.

Hemos creado un lazo trascendental entre nosotros ‒responde Puck, sin dejar de mirar el camino‒ Tuvimos conversaciones importantes mientras tú dormías la mona.

‒Te comprendo, mi gato ha sido testigo de múltiples situaciones en Nueva York.

‒Ya puedo imaginar los traumas que le has dejado cuando Rachel te visitaba…

‒Sin comentarios ‒digo, riendo suavemente.

Si tu gato hablara, este sería el día en que estarías bajo tierra.

‒No hablaré de eso ‒digo en tono prepotente, pero bromeando.

Fue un viaje muy largo. Paramos dos veces en hoteles para quedarnos a dormir y luego seguir viajando. Sin duda, viajar con Puck es toda una aventura. Intentó pedirles el número a todas las mucamas y recepcionistas, sin contar que me quitó a Posas solo para utilizarlo y dar una imagen de chico sensible.

Media hora después, estamos andando sobre Betsy por las calles de Los Ángeles, tratándonos de ubicar. Paramos en una gasolinera, y Puck se baja para llenar el tanque y comprarnos café. Yo me bajo de la camioneta, solo para estirarme, porque de verdad, es muy incómodo dormir en los seniles asientos de Betsy.

¿Sabes? Considero que la tecnología a veces nos puede traicionar, todo esto de las redes sociales deja tu vida al desnudo y tonterías poco sutiles ‒dice Puck, mirando su móvil mientras no deja fuera de su boca la bombilla con el vaso de café.

¿A qué te refieres? ‒pregunto, mientras vuelvo a hacer crujir mi espalda, con mi vaso en la mano.

A que nos vamos al Zoológico de Los Ángeles, Q ‒responde, mostrándome una publicación de Sam en su perfil de Facebook. De inmediato abro la boca, levantando una ceja.

Vaya ‒digo yo‒ Creí que sería más difícil encontrarlos.

‒Te dije que no tenías nada que perder ‒señala, esta vez mirándome, para sonreírme y darme una palmadita en el hombro. Camina hacia la camioneta, y quita esa especie de manguera que llenaba de diesel el tanque. Llámenme ignorante, pero desde mi accidente, no he querido saber más de autos, el Mini-Cooper se lo quedó mamá. Por suerte no se me ha olvidado conducir.

Sonrío con suficiencia, más que nada porque estoy orgullosa de tener un amigo en quién confiar.

Nos subimos nuevamente a la camioneta, y al cerrar las puertas, mi gato despierta, un poco asustado.

Vamos, amigo, despierta, si no lo haces te dejaré con las crías de tigre en el zoológico ‒dice Puck.

¡Noah! ‒exclamo, indignada.

¡Era broma! ‒exclama él también, rompiendo a reír‒ Ya te dije que nos hicimos muy buenos amigos.

Más te vale ‒murmuro, poniéndome el cinturón de seguridad.


¡Thomas, ven a ver los chimpancés! ‒exclama Sam, con Amy en brazos, y una sonrisa entusiasta. No podía negar que mi hija y Sam se veían adorables con sus gorras de béisbol puestas sobre sus cabezas rubias.

Ve con papá, Tom, yo iré a la entrada para comprar algo de beber ‒digo, soltando la mano de mi hijo, alentándolo.

La verdad es que los zoológicos nunca me han gustado. La sola idea de ver a pobres animalitos sacados de su hábitat natural me deprimía y al mismo tiempo me revolvía el estómago porque no eran realmente felices ahí, metidos en sus jaulas.

Papá, ¿crees que podré tener una lagartija un día de estos? ‒Oh no, Thomas y sus ideas de mascotas. Ya había intentado convencernos unas… no sé, ¿mil veces? De tener una araña pollito en casa, y estuvo a punto de salirse con la suya.

Claro, Tom ‒dice Sam, en tono relajado, justo cuando daba el primer paso para alejarme, detuve mis movimientos al escuchar la respuesta de mi esposo‒ Cuando tengas dieciocho años ‒prosigue, en tono sarcástico. Si no teníamos mascotas, no era porque no nos gustaran, si no porque no había tiempo para encargarse de ellas, con ambos adultos en distintos trabajos, y Thomas en la escuela.

¡Pero yo quiero una ahora! ‒rezonga Thomas, en tono divertido, haciéndome reír.

Seguí mi camino, sonriendo por las ideas de mi hijo.

Sin duda, Thomas era un chico muy especial, y de personalidad introvertida. Además, no sé cómo, pero con Quinn tiene una relación muy estrecha y excepcional, como una especie de conexión.

Desde muy pequeño fue cercano a ella. Quinn le ha enseñado a dibujar y a pintar, y a muchas otras cosas más que ni yo ni Sam nos hemos tomado la molestia.

Por suerte su amor por los animales coincide con el mío, y ya lo he escuchado varias veces sugerir que cuando sea adolescente será vegetariano. Y es algo de lo que estoy orgullosa.

Al encontrarme en la entrada, veo varios puestos de golosinas, pero agua, ni por casualidad. Moriría de sed, no estaba acostumbrada a temperaturas altas. Mientras sigo viendo qué otras posibilidades habría, me detengo en un puesto en el que venden flores. Y no dejo de observarlo, porque me topo con unas flores que solo me podían recordar a una sola persona…

¿Me da un ramo de gardenias? ‒pregunto a la florista.

Enseguida ‒responde.

"Pide una gardenia con una cinta de color verde para que combine con sus ojos".

Es lo primero que me viene a la mente.

Tell me that you turned down the man
Who asked for your hand
'Cause you're waiting for me

La florista me entrega el ramo de flores, y yo las pago, sin dejar de mirarlas.

Muchas gracias ‒digo, y me giro, ensimismada.

Quinn… siempre me llamó la atención. O siempre nos gustamos pero nunca nos dimos cuenta, qué se yo. Cuando estaba con Finn, en lo único que podía pensar inconscientemente era en Quinn. Era inevitable, y en varias ocasiones, Finn me lo había recriminado.

Nunca llegué a esa conclusión.

Sam comenzó a gustarme meses después de la muerte de Finn. Probablemente sería algo que nos dejaría marcados a todos, pues era inevitable. Finn fue una gran persona, un gran amigo y compañero.

Nunca he subestimado a Sam, pues siempre me pareció una persona tan excepcional como lo es Thomas. Su humor, su forma de ser media inocentona, sus atenciones y gestos, lo hacían adorable, y… tal vez, en su momento, también fue la perfecta cura post-mortem.

Jamás utilicé a Sam, eso lo podría confirmar hasta mi propia religión. Sam me recuerda a mi hogar. Me recuerda a mis raíces y a mi adolescencia, me recuerda el lado positivo de la secundaria.

A los siete meses de que estuviéramos saliendo, descubrimos que estaba embarazada, a los veintidós, y pues… ¡bienvenido sea! Tuvimos el apoyo de nuestras familias y de nuestros amigos. Sí, demasiado jóvenes para ser padres, pero éramos lo suficientemente maduros como para llevar una relación seria y cuidar de un bebé, y pasamos la prueba, con carreras en ascenso, y todo. Todo un éxito.

Y tal vez, eso me distanció un poco de Quinn, pero el hecho de que ella se olvidó de sus sentimientos hacia mí para centrarse en mi propia felicidad, tuvo todo un mérito. Quinn me ayudó con Thomas durante y después del embarazo en la medida que pudo. Sí, hubo besos también, pero besos culpables, porque nada estaba claro aún, y yo tenía miedo. Tenía miedo de ese sentimiento, incluso aunque mis padres fueran gays, aunque me había rodeado de gente que no era prejuiciosa. El miedo normal. Porque si has estado en alguna situación parecida a la mía, tal vez lo comprenderías. Toda tu maldita vida creyendo que te van los hombres, hasta que llega esta chica que tiene las palabras correctas para decir, siempre.

And I know, you're gonna be away a while
But I've got no plans at all to leave

Además… ya con cuatro años encima, un hijo en el preescolar y otra pequeña en camino, fue difícil darme cuenta de que de verdad estaba enamorada de Quinn Fabray, porque era demasiado tarde, y dejar a mi familia sería una pesadilla. Toda la situación no era más que una vil pesadilla, y por supuesto que lo era para Quinn, también.

Y supongo que la sincronía que hayamos años después de conocernos, de llevarnos como el perro y el gato y luego convertirnos en amigas, desencadenó frenéticamente. Pues aún recuerdo las advertencias que me hacía por las locuras del primer amor que hice con Finn.

"No voy a quedarme mirando cómo arruinas tu vida casándote con Finn Hudson"

Take my hand and my
Heart and soul, I will
Only have these eyes for you

Tal vez en algún momento fue cruel cuando estábamos en la secundaria, pero fue la persona que fue más sincera conmigo en toda mi vida.

Camino por entremedio de las personas que están dentro del zoológico, y vuelvo con mi familia, para tomar la mano de Thomas, que está prácticamente encaramándose en la rejilla que separa a los chimpancés de nosotros.

Pareces agitado, cariño ‒digo, separándolo de la reja, afirmando el ramo de flores con mi brazo, pegándolo a mi pecho.

Quiero estar adentro ‒dice‒ O sacarlos de ahí, no sé qué idea es mejor ‒murmura solo para mí, con los ojos muy abiertos. Yo río por las ocurrencias de mi hijo, nuevamente, y le dejo un beso en su mejilla. Sam está haciendo imitaciones con una voz gangosa para hacer reír a Amy, con éxito.

Creo que por ahora no son muy buenas ideas, Thomas, o no podrás volver aquí ‒digo, limpiándole la comisura de la boca que tenía manchada con helado de chocolate.

Está bien ‒dice un poco desganado, y deja que lo tome de la mano. Pero de inmediato se le ocurre otra idea‒ ¿Y si vamos a ver a los elefantes asiáticos?

Claro, hijo ‒digo, y me dejo arrastrar por los pequeños pasos de Thomas.

Tía Quinn me dijo que están en peligro de extinción y que antes de los tsumanis se ponen a llorar… ‒será difícil superar a Quinn con Thomas recordándomela en cada movimiento suyo.

Tsunamis, Thomas ‒le corrijo, con la mirada perdida en las gardenias que acabo de comprar.

Tsunamis, eso, y que a los turistas los…

Me desconcentro de lo que me hijo me dice, y me quedo en un trance en el que lo único que puedo pensar es en cómo iba a hacer para menguar todo este asunto. Y mientras más lo pienso, menos creo que lo lograré.


Piensa en el lugar en que Thomas estaría si estuviera en un zoológico ‒dice Puck cuando estamos caminando hacia la entrada del zoológico.

Posas salta de mis brazos, ya despierto, y comienza a caminar junto a nosotros, medio engrifado mientras maúlla ‒o mejor dicho, gruñe porque lo han despertado‒.

Eso depende de lo que haya en el zoológico ‒digo, poniéndome los lentes de sol‒ Además, a Thomas le gustan casi todos los animales…

Sí, pero todos los niños tienen una preferencia cuando son niños, Quinn ‒dice Noah, sacando su billetera, y tendiéndome la mano para que le entregue mi dinero.

Mientras Puck se acerca a la boletería, yo reflexiono sobre lo que me ha dicho. O mejor dicho, pienso en Rachel, y si es que estará ahí con ellos, ya que le desagradan los zoológicos.

Mi cabeza está hecha un lío, y no puedo pensar con claridad. La sola idea de encontrarme con Rachel ya me nubla la razón.

Mi amigo vuelve con las entradas, tendiéndome la mía, y caminamos al interior del zoológico.

Respiro aliviada cuando observo un cartel de madera en donde hay un mapa con las atracciones del zoológico. Leones africanos… tal vez. Arácnidos, probablemente, así como también reptiles. Y cuando me topo con el dibujo de los elefantes asiáticos, brinco de alegría, porque ya puedo imaginarme donde están los Evans.

Creo que ya sé a donde están ‒digo, girándome para ver a Noah, que por cierto, mira sin tapujo alguno el trasero de una mujer entrada en años… nuevamente‒ Puck… ‒digo con desagrado.

Dime ‒dice, girando la cabeza lentamente.

Dije que creo que ya sé donde están ‒repito, entre dientes.

Ah, sí, es que estaba atendiendo unos asuntos…

‒Eres un…

‒Sí, sí, ya sé, soy un pervertido ‒dice en tono cansado.

Ahora solo nos queda ubicarnos bien ‒digo, comenzando a caminar entre la marea de gente.

‒‒

Y sé que no lograré aliviar todo esto. Porque tengo razones para no olvidar a Quinn.

Principalmente porque incluso el día de mi boda con Sam, estuvo ahí, con ojos húmedos y una sonrisa falsa ‒por obvios argumentos‒ dándome el visto bueno y apoyándonos con el resto de nuestros amigos. Incluso cuando el día antes de la boda nos besamos y discutimos por primera vez sobre lo que ocurría entre nosotras dos, seriamente.

Y aún más, porque cuando me preguntaron si aceptaba, miré hacia su lugar, y ella me asintió, alentándome.

"He sido egoísta antes. No quiero ser egoísta ahora, es horrible, Rachel. Si no podemos ser felices juntas, quiero que seas feliz con otra persona, porque todos sabemos que Sam no bromea cuando dice que te ama."

Oh, ¿qué creen que se siente cuando en el momento en que estás dando el sí, esa afirmación reverbera en tu cabeza respondiendo a otra pregunta que te has hecho por años, y que solo has evitado?

Rachel, iré a comprar algo para comer, ¿no quieres que te traiga algo? ‒pregunta Sam, acercándose con Amy en sus brazos, que aletea con sus manitos mirando a todas partes mientras balbucea.

No, no tengo hambre ‒murmuro, con la mirada perdida.

Te dije que te podías quedar en casa si querías, no quería obligarte a venir, sé que no te gustan estos lugares ‒dice Sam, alzando ambas cejas, y tomándome suavemente por la barbilla.

Quería estar con Thomas, me gusta verlo aprender ‒digo yo, mirándolo, y Sam me sonríe con la misma sonrisa que me mostró cuando estábamos en el altar. Oh, Dios, acabaré enfermándome, estos sentimientos están matándome. Sam me besa en los labios, acariciándome la mejilla.

¿Y esas flores? ‒pregunta, señalando a aquellas que están bajo mi brazo.

Es que… hace tiempo que no compro flores, y pensé que sería buena idea plantar algunas en casa.

Está bien, es buena idea ‒dice, sonriéndome‒ Yo traeré algo para Thomas, ¿te quedas con Amy?

‒digo, tendiendo mis brazos para tomar a mi hija.

Mamá ‒balbucea varias veces Amy, haciendo que sonría, y río cuando despide a su papá desde lejos aleteando los brazos nuevamente, para luego meterse una parte de su mano derecha en la boca.

Veo cómo Thomas le está explicando a otro niño con pelos y señales sobre los mentados elefantes asiáticos, y él otro pequeño está con la boca cerrada prestando toda su atención a las palabras de mi hijo. Después de todo, su bajo perfil desaparece cuando algo le interesa de verdad, y, creo que estoy presenciando el primer lazo de amistad de mi hijo.

Juego con Amy, con su pelo y su pequeña nariz, mientras ella se ríe, haciendo que olvide por unos minutos todo lo que tengo en mi cabeza.

He vuelto ‒dice Sam, con dos hot dogs en las manos.

Al ver a nuestro hijo "hablando" con otro niño ‒vamos, que ya sabemos a quién se parece más en personalidad, a pesar de que es mucho más tranquilo‒ Sam hace una mueca chistosa con la boca, mirándolo de reojo y luego mirándome a mí.

Bueno, dejaré que termine de socializar, no quiero interrumpir su primer gran paso ‒dice Sam, orgulloso por nuestro hijo.

Un par de minutos después, Thomas se vuelve para mirarnos, contento de haber hecho un nuevo amigo.

Creo que no estaré solo en Los Ángeles, papá ‒dice Thomas.

Eso es genial, hijo ‒dice Sam, tendiéndole su hot dog y chocando las manos con Tom.

¿Quieres que te hable sobre los elefantes asiáticos? ‒pregunta Thomas. Oh, allá va de nuevo…

Claro que sí ‒responde Sam.

Mientras Sam y Thomas comparten su momento padre-hijo, mientras yo hago lo mismo con Amy, poniéndola de pie en el suelo, para que camine un poco. Sus pasitos son medios indecisos y pesados, tan inexactos como sus balbuceos.

Y ahí viene de nuevo, Quinn y nuestra historia… esto no va a parar nunca.


¿Y qué le piensas decir si la encuentras? ‒pregunta Puck.

No lo sé, Puck, probablemente me quede en blanco ‒digo, un poco nerviosa.

‒Sería bueno que lo pensaras luego ‒dice, quitándose los lentes de sol.

No me presiones ‒suspiro, algo estresada.

No sé, yo solo te digo porque…

‒Ahí están ‒susurro solo para mi amigo.

Oh, no.

‒asevera él.

Una cabellera oscura, con cuerpo delgado, un bebé que camina en círculos con pasos indecisos, un tipo alto con gorra y un niño con cabellera del mismo color de su madre. Ahí están los Evans, y yo no sé qué hacer. Estoy a tan solo unos metros de Rachel, y no sé cómo comportarme. ¡Mierda, parezco una maldita adolescente!

Sigo caminando con Puck y mi gato, por inercia, porque soy un imán de Rachel Berry y nos pertenecemos, yo sé y ella sabe que nos pertenecemos.

A tan solo dos metros de Rachel, veo que Thomas, su cuerpo pequeño, se da vuelta mascando un hot dog y se queda mirándome fijamente. De inmediato deja de hacer lo que está haciendo con una expresión de alegría en el rostro. El resto de los Evans siguen en lo suyo, ocupados en no sé qué cosa.

Tom se acerca corriendo hacia mí, con una sonrisa atravesando su cara.

‒ ¡Tía Quinn! ‒exclama, y de inmediato me agacho para recibir su abrazo, conmocionada. Sus bracitos me rodean la espalda con fuerza‒ ¡Sabía que vendrías!

¿Sí? ‒pregunto. Bueno, Thomas es medio psíquico, igual que Rachel, pero aún así me sorprendo del todo cuando me deja caer algo que no cualquiera se espera de un niño que apenas cumplió seis años.

Has venido por mamá, ¿verdad? ‒me dice al oído, y me quedo helada‒ Ella no me ha dicho pero yo la escuché llorar en el baño ayer en la noche, y te echa de menos.

¿Q-qué? ‒tartamudeo.

Mi papá la ama pero yo sé que es más feliz contigo.

¿Pero qué…? Por Dios, desde cuando un niño de seis años tiene esa clase de maduración emocional y mental…

No puedo creer lo que Thomas me acaba de decir.

Thomas… ‒intento decir algo, pero, no sale nada. No es la primera vez que Thomas Evans me deja sin palabras. Está en sus genes.

Y me quedo aún más callada, cuando veo que la figura de Rachel, girándose lentamente, como si tuviera miedo, y yo al mismo tiempo me levanto, tan lento como ella lo hace.

Nuestras miradas se conectan, y tal y como le dije a Puck, me quedo en blanco.

El momento se hace tan tenso que se puede respirar, que se puede cortar con una tijera. Es tan tenso, que Amy deja de caminar para acercarse a su papá, y tanto, que hasta Sam se da vuelta.

¿Quinn? ‒la voz de Rachel irrumpe nuestro silencio momentáneo. Yo no puedo decir nada, yo sólo…

We are broken
We can't fix it
There's no cure for our condition
Desperate eyes are staring at me
Should be hopeless but we're happy

¡Quinn, Puck! ‒exclama Sam, sin alzar demasiado la voz, alegremente.

Pero nadie dice nada más.

Ni Puck. Ni siquiera Posas maúlla. Si la camioneta de Puck hubiese estado en aquél momento, de seguro se le habría apagado el motor.

Vamos, Quinn, di algo.

Has… has venido, Quinn… ‒dice Rachel, si quitar sus ojos de los míos.

‒es lo único que puedo decir.

Thomas se queda ahí, al frente ambas. Lo miro de reojo, y puedo ver que su mirada va desde su madre hasta mí, y de mí hasta su madre, con anhelo en sus ojitos, y una sonrisa ansiosa.

Nadie entiende lo que pasa, y al mirar de reojo, veo que Sam cambia lentamente su expresión, pasa desde la alegría de vernos, a la extrañeza. Frunce el ceño, confundido.

Me acerco más a ella.

¿Esas son… gardenias? ‒pregunto, confundida.

Sí, Quinn ‒dice ella, y denoto una sonrisa.

It's not perfect here between us
Even angels have their demons
Trapped inside this twisted circle
It ain't right but it's eternal

Y ahí lo entiendo todo.

Estamos hechas a una para la otra.

Recuerdo que el primer año que me postulé a reina del baile de promoción, Finn puso en mi muñeca un ramillete con una gardenia, en una cinta de color verde que combinaba con mis ojos.

Había sido ella.

Y la segunda vez en que postulé, ella misma dijo que votó por mí. El resultado; gané por un voto.

Merecía la pena todo lo que hice por ella.

El destino lo quería. Impedí su boda con Finn sin proponérmelo, incluso cuando le había dicho que la apoyaría. Y con Santana decidimos que sería bueno obsequiarle el puesto de reina del baile. No fue en vano.

El beso de aquella noche en casa de Puck no fue coincidencia.

El que me haya besado por segunda vez no fue coincidencia.

"Eres una chica muy hermosa, Quinn, la chica más linda que he conocido. Pero eres mucho más que eso."

"Somos una familia, Quinn, y este es nuestro año para hacer las cosas bien."

Ah, cielos.

Rachel… ‒susurro‒ Todo este tiempo…

We're not happy
But we're breathing
But this pain keeps my heart beating

Rachel asiente con la cabeza, y parece que en cualquier momento se pondrá a llorar.

Intenté impedir que vinieras, pero ya te habías ido. Llegué tarde… Puck manejó por tres días para traerme hasta aquí, y…

‒Pero estás aquí, Quinn, ya estás aquí ‒dice ella, y una lágrima comienza a deslizarse por su mejilla izquierda.

Creo que, la escena tiene tanta tensión, que hasta la gente que nos rodea comienza a quedarse en silencio.

No puedo aguantarlo, Quinn ‒retoma‒ No puedo aguantar un día sin ti. Si me quedo estaré muerta por dentro.

‒Créeme que pasaría lo mismo conmigo, amor.

We are lost when we're together
But I'll follow you forever

¿Qué? ‒pregunta Sam, desconcertado. Pero entonces otra expresión pasa por su rostro, y parece entenderlo todo, todo de una sola vez, y su rostro se torna de un color más pálido de lo usual.

Sin pensarlo, nos hemos ido acercando cada vez más, y estamos a solo unos centímetros de distancia.

There's a white light
And it's calling me
And it's promising ecstasy

Creo que estas son para ti ‒susurra Rachel, tendiéndome las gardenias, que recibo con las manos temblorosas.

Ocurre de un momento a otro.

But I don't wanna go to heaven
If you're going to hell
I will burn with you
I will burn with you

Rachel levanta sus pies del suelo y nuestros labios están juntos como si fueran gemelos recién nacidos. Ella levanta sus brazos para enredarlos alrededor de mi cuello, y profundizar el beso.

Días sin estar juntas, días sin que mis labios recorrieran su boca, su cuerpo.

Las barreras estaban rotas, las barreras estaban en el piso, ya no había límites, porque nosotras logramos borrarlos.

Menuda escena que estamos haciendo.

Te amo ‒me dice, cuando nos separamos.

Yo, algo preocupada, abro un ojo para ver que ocurre a nuestro alrededor, y la mitad de las personas que nos rodean, tienen sus ojos puestos sobre nosotras. Pero lo más importante; Sam está con la boca abierta, inmóvil frente a nosotras, tan impresionado, que la salchicha del hot dog se desliza hacia abajo, cayendo al piso, y siendo atacada por mi hambriento gato.

Abro el otro ojo.

Te amo ‒respondo.

Menuda escena. Es como si el zoológico completo estuviera paralizado. Hasta los animales.

Rachel se da cuenta tarde de lo que apenas acabamos de hacer. Ella retira sus brazos de mi cuello, y toma mi mano, como cuando estábamos en mi casa. Se gira rápidamente sin soltarme, mirando a Sam, intentando explicarle lo que acaba de suceder, pero no sale nada de su boca, más que...

Sam ‒dice Rachel, con la voz temblorosa. Sam se adelanta, tirando el pan al suelo y llevando su mano a su frente, en clara muestra de frustración.

No. No me digas nada Rachel ‒dice él, tallándose los ojos con la misma mano.

Yo… ‒Rachel intenta hablar nuevamente, pero falla.

Si Rachel no puede decir nada, yo mucho menos. Yo estoy muda.

Ahora sí que lo entiendo todo ‒dice Sam. Sam pasa de la impresión a la vergüenza, si su rostro estaba pálido, ahora es un tomate. Qué bochorno, qué humillación. No tenía palabras para aquello, porque…‒ No puedo creer que mis sospechas se hagan realidad, Rachel. Si creíste todo este tiempo que soy un tonto a quien puedes engañar, creíste mal.

Sam logra calmarse a sí mismo, un momento después. Se acerca a nosotras, temblando, y le hace una seña a Thomas, que por cierto tiene una sonrisa plantada, una sonrisa de cómo si se hubiese ganado la lotería. Thomas, al sentirse aludido por su padre, camina hacia Amy para tomarla de la mano.

Rachel, yo… yo no te puedo obligar a nada. No puedo impedir que seas feliz, no puedo ser así de egoísta. Si no eres feliz conmigo, si no eres feliz aquí, si eres feliz con Quinn, yo no tengo nada más que decir ‒dice Sam, con la cabeza gacha.

No puedo creer que exista alguien que logre mantener la compostura en una situación como esta. No me cabe en la cabeza.

Eres libre, Rachel ‒dice Sam‒ Eres libre de hacer lo que quieras.

Sam se gira, para quedarse al lado de sus hijos.

Rachel me mira, un poco desesperada, implorándome con los ojos que por favor dijera algo.

Ven a Nueva York conmigo, Rachel ‒digo yo. Porque es lo único que puedo decir.


Todo ha sido demasiado. En sobremanera.

El viaje del zoológico a mi nueva casa ‒por tres días‒ en Los Ángeles, es el peor viaje de mi vida.

Los ojos de Sam están inyectados en sangre, porque, ¿qué más se podía pedir?

Quinn se siente una rompe-hogares pero ella no tiene culpa alguna. Yo soy la rompe-hogares real. Yo me encargué de romper mi propio hogar, al frente de mis propios hijos.

Siento que Thomas no volverá a mirarme con los mismos ojos, pero, qué diablos, Thomas trae una sonrisa casi tonta en la cara desde que Quinn está aquí. Siento que mi hijo, inocente y todo, de seis años, se ha dado cuenta de mi historia con Quinn, pero claro, él, como niño inocente, lo ve todo desde su perspectiva, como algo bueno.

En el caso de Amy… bueno, no tiene más de dos años de vida, así que esta experiencia no será recordada por ella, pero el día en que la sepa, no querrá volver a verme la cara.

Aquí el más afectado es Sam. Sam no tiene ninguna culpa. Sam tuvo, tiene y tendrá sus prioridades bien ordenadas siempre. Estas cosas, gente, por más que se destape la verdad, daña a personas inocentes. Y sin quererlo, ha sido de la peor manera, porque aquello que acaba de ocurrir en el zoológico, probablemente ha sido la mayor humillación que existe.

Siento que mis disculpas son minias e insuficientes para tal tragedia que yo solita he creado. Siento que debí escuchar a Quinn cuando me decía que me decidiera luego.

Subo al segundo piso, tomo mis maletas, y bajo con la cabeza gacha las escaleras. Los niños están en el patio, afuera, jugando a quién sabe qué. Sam está de pie en la sala medio vacía. Se limpia las lágrimas que han caído por sus mejillas, y me enfrenta con la mirada seria, una mirada poco común en él, que siempre ha tratado de sonreír por encima de todas las cosas.

Sam… ‒susurro cuando estoy a medio metro de él.

¿Qué? ‒pregunta, secamente, mirándome a los ojos.

Sam, yo de verdad lo sien…

Por favor, Rachel.

Lo siento…

¡Por favor, Rachel, maldición! ‒exclama, iracundo‒ ¡Ya no digas nada más! ¡No quiero tus putas disculpas! ¡Vamos a hablar de esto más tarde, cuando mi trabajo me lo permita!

Oh, Dios. Me doy cuenta de que la he cagado universalmente. Nunca me había gritado así, nunca lo había visto así.

Me quedo muda. Me dan ganas de llorar, pero siento que no tengo ningún derecho, así que el nudo en la garganta que tengo en este momento, me lo trago, y vuelvo a mirar a Sam.

Tan solo… tan solo deja de hablar estupideces que no significan nada, porque eso es lo que significan ‒dice. Suspira y toma aire‒ NADA. Ahora, solo vete, Rachel. Solo vete con Quinn, y deja esto.

Comienzo a caminar hacia la entrada. Pero incluso en los peores momentos, Sam sigue siendo el hombre del que en algún momento estuve enamorada.

Ay, dame eso ‒suspira, sin mirarme, quitándome las maletas.

Seguimos caminando hacia la entrada, y al frente de la casa, me encuentro con la camioneta de Puck, con Quinn apoyada en la puerta trasera. Esboza una sonrisa débil, y se acerca para ayudar a Sam con las maletas, en silencio.

I don't wanna dream without you
I don't wanna be without you
I'll do anything you want me to
Cause I know you'll burn with me too

Yo, por mientras, me giro para ver a Thomas, que tiene a Amy tomada de las manos, y la guía para que camine. Al verme a su lado, Thomas suelta a Amy y deja que se siente en el pasto, para mirarme.

Hijo ‒murmuro solo para él, agachándome para quedar a su altura.

Mamá, yo quiero ir contigo ‒dice él, en un tono que refleja que está hablando enserio.

Thomas…

Yo siempre lo supe, mamá, yo lo podía ver en sus ojos. En los tuyos y en los de tía Quinn ‒susurra, mirándome con los ojos muy abiertos, haciéndome ver que no está bromeando.

Bueno, cariño, aunque no lo creas, estas cosas toman su tiempo, y no son tan fáciles como pueden parecer a tu edad.

Thomas agacha la cabeza, entristecido.

Estas son cosas de adultos, esto es algo que tú no debiste haber visto a tu edad, y créeme que me siento mal por haberlo hecho ‒le digo, tomándolo por el rostro.

Pero, ¿tú amas a tía Quinn, verdad? ‒pregunta, mirándome, y yo asiento con los ojos cerrados‒ Amor es amor. Eso me dijo el abuelo Hiram ‒dice, y suspira, haciendo que por un segundo me quiera echar a reír por sus actitudes tan parecidas a las mías cuando tenía su edad‒ Yo de verdad quiero ir contigo y con tía Quinn.

Sí, bebé, está bien, pero no en este momento. Deja que yo y tu papá arreglemos esto solos, por esta vez, cariño, y ya veremos que ocurre ‒digo, y beso su frente. Thomas parece más animado, y sonríe, abrazándome lo más fuerte que puede‒ Adiós, Tom.

Adiós, mamá ‒dice a mi oído, y me suelta.

Esta vez tomo entre mis brazos a Amy, que me recibe gustosa, abriendo sus pequeños bracitos, entrelazándolos en mi cuello.

Mami ‒dice, claramente, y me da un beso húmedo en la mejilla. Yo sin aguantarme el regocijo, dejo pequeños besos por todo su rostro, haciendo que se ría. No hay nada más hermoso y lleno de vida y júbilo que la risa de un bebé. Pero, por estos días, sé que no tendré noches del todo completas sin mi hija.

Con Amy en brazos, me acerco a Sam, quien la recibe, con mucho cuidado, y una expresión seria aún en el rostro.

Adiós, Sam ‒digo yo, acercándome a Quinn.

Adiós, Rachel ‒dice él.


Ya en la camioneta, con Puck en el asiento del piloto, Posas de copiloto, y nosotras en la parte de atrás, emprendemos un nuevo viaje, un viaje de vuelta, que no se repetiría una vez.

Noah se ha mantenido en silencio desde lo que ocurrió en el zoológico. No sé si es código de amigos, código de hermanos o qué se yo. El solo me ha dado sonrisas medias tristonas, otras cómplices, pero no ha dicho nada.

Vas a estar bien, Rachel ‒susurro yo, cuando ella pone su cabeza sobre mi pecho.

Lo sé, es que no me puedo dejar de sentir mal por lo que le hice a Sam ‒murmura ella.

Ya lo arreglaremos, Rach ‒digo yo, y la beso en los labios. Rachel me devuelve el beso, y lo profundiza.

Hey, chicas, espero que no quieran usar mi asiento para hacer cosas de las que yo no participaré, ¿eh? ‒bromea Puck, por primera vez desde que estábamos en el zoológico, y yo suspiro con alivio al separarme de Rachel.

‒ ¡Noah! ‒reclama Rachel.

Ay, dios mío, Puck, por fin dices algo ‒digo yo, más relajada.

Oh, vamos, que tampoco se me ocurría qué decir ‒dice él, riendo suavemente.

El viaje, por suerte, ha sido ameno.


No crean que las cosas han sido del todo fáciles.

Encontrándonos ya, a meses de lo ocurrido, todo ha desembocado en lo que debe desembocar.

Rachel y Sam están, a la fecha, ya separados.

Sam se ha quedado en Los Ángeles, y viene cada dos semanas a ver a sus hijos.

Los niños, por cierto, se han quedado con nosotras. No me pregunten cómo, pero están con nosotras, y parece que para Thomas ha sido la cosa más simple del mundo. Claro que echa de menos a su papá, al igual que Amy, pero a Tom, llamarme "mamá", le llena de júbilo.

Nos hemos mudado a una nueva casa, y nuestras vidas siguen casi tan iguales como antes, con la diferencia de que cuando despierto, Rachel está ahí, a mi lado, conmigo, despertándome con un tierno beso. Rachel está en todas partes y no hay nada más hermoso que eso.

Ella ha vuelto con todo a los ensayos de su nueva obra en Broadway, y parece que no hay quien la pare, y aquello me llena de felicidad.

Llevar a Thomas a su primer día de clases y tener a Amy entre mis brazos mucho más seguido me hace sentir completa y feliz, pues ellos, para mí, no son ni una carga ni un estorbo.

Posas parece estar a gusto con tanta gente en su hogar, a excepción de las veces en que Amy tira de sus bigotes, pero a pesar de aquello, tiene una paciencia de abuela y se deja, sin si quiera maullar.

Y sobre Rachel… bueno, Rachel está en paz. Por fin está en paz, y feliz con su nueva vida, a pesar de que aún se siente mal por haberle hecho aquello a Sam. Su relación con él de a poco ha ido mejorando después de aquello, pero Sam sigue dolido, obviamente, por aquello, y por no tener a sus hijos con él todo el tiempo.

Si fuera por Rachel, estaría fuera del clóset frente al mundo entero ya, pero ambas hemos decidido que lo haga cuando su carrera se lo permita, que no nos precipitemos.

La opinión de los demás, realmente, no nos importa mucho, pero la verdad es que casi todos nos han aceptado, incluso con la historia con Sam.

Pero lo más importante es que estamos juntas. Lo más importante es que ahora nos pertenecemos, la una a la otra, sin tapujos, sin nada que nos impida tomarnos la mano, o besarnos frente a nuestros amigos o familia, o este beso que nos estamos dando esta mañana de día domingo…

‒ ¡Gerónimo! ‒bueno, tal vez sí. Thomas cae encima de nuestra cama con todo su peso encima de nosotros, luego de impulsarse desde el suelo. Ha venido corriendo desde su propia habitación.

¡Thomas! ‒exclama Rachel, un poco alarmada, y yo estallo en risas.

Parece que alguien se ha levantado animadito esta mañana ‒digo yo, agarrando a Thomas por espalda para hacerle cosquillas, haciendo que él suelte unas risas nerviosas.

Pero es que mañana es Halloween, mamá ‒me dice, girándose para mirarme con los ojos muy abiertos, y luego soltarse de mi agarre, para sentarse de rodillas en la cama, y comenzar a saltar en aquella misma posición.

¿Y ya te decidiste de disfraz? Porque me has hecho comprarte los tres, cariño ‒dice Rachel, acariciándole el brazo izquierdo.

Sí, bueno, es que creo que podría ocupar los tres, uno en la mañana, otro al medio día y el más importante a la noche, el del Sombrerero, así podré hacer juego con Amy, y la visten de Alicia ‒dice rápidamente, un poco agitado.

Ok, ok, tranquilo, vaquero ‒digo yo, riéndome.

No, soy el Sombrerero ‒dice él, frunciendo un poco el entrecejo, pero poniendo una sonrisa de inmediato, para luego ponerse entre ambas, y acurrucarse al lado de Rachel, mirándome a mí‒ Tal vez ustedes también podrían disfrazarse.

Yo lo haría, ¿te parece buena idea disfrazarte, Rach? ‒le pregunto yo, mirándola con una sonrisa.

Yo creo que sí ‒me responde, pero en un tono distinto, medio sugerente, haciendo que mis mejillas se tornen de un color rosa fuerte‒ Podría vestirme del Conejo blanco versión chica, ¿no?

Eh… sí… ‒digo, media intimidada, y por suerte oímos a Amy despertar llorando al encontrarse sola‒ Yo voy, amor ‒digo, al ver que Rachel hace amago de levantarse. Me levanto de inmediato para salir al pasillo que me lleva a la iluminada habitación de Amy, a la que por cierto no le falta nada, para encontrarme con Amy de pie sobre su cuna, con una mueca de disgusto en la cara y su puño derecho en su boca‒ ¿Qué pasa, bebé? ‒digo, para acercarme a ella, que de inmediato estira sus brazos para que la tome entre los míos, y se calma poco a poco al sentir que la hago mecerse‒ Ya estoy aquí ‒digo, sonriéndole y besándole la cabeza.

Mamá ‒dice ella, sin dificultad alguna. Mis mejillas se ruborizan de la impresión, y mi corazón late más rápido que antes.

¿Qué has dicho, Amy? ‒le digo, mientras la miro directamente a los ojos, acariciándole una mejilla.

Mamá ‒dice ella, ya sin un rastro de lágrimas y soltando una risita suave.

Oh, cielos. Es la primera vez que me lo dice. Es la primera vez que me llama mamá, y me llena de regocijo. Con Amy en brazos, camino de vuelta hacia mi habitación.

¡Rachel! ‒exclamo, entrando a la habitación matrimonial.

¿Qué ocurre, cariño? ‒me pregunta, preocupada.

Mira esto, tienes que escucharlo ‒digo de pie aún, con Amy en brazos, acomodándola para que nos miremos.

Mamá ‒me dice, nuevamente con otra risita, y parece sentirse orgullosa.

‒Oh, Dios mío ‒dice Rachel, acomodándose en la cama para sentarse sobre esta, y abrazando a Thomas por atrás‒ ¿Has escuchado a tu hermana, cariño? ‒le pregunta a Tom.

Claro, que sí ‒dice él asintiendo, con una sonrisa de oreja a oreja.

Yo llevo a Amy a la cama, conmigo, y comenzamos la mañana en familia, como debe ser.

Somos todos felices, ya no hay nada de qué preocuparse. Parece que las estrellas se han acabado de alinear.

Ya no somos amigas, ni amantes. Ahora somos Rachel y Quinn, novias, prometidas, enamoradas para siempre, la una de la otra. Y no puedo estar mejor.

There's a white light
and it's calling me.

FIN.