Disclaimer: Los personajes de Glee no me pertenecen.
N/A: Quiero destacar, para evitar confusiones y un posible caos, que las partes en cursiva, son pasadas, son un recuerdo de un hecho o acontecimiento.
Tambien señalar que el prestigio y el renombre es algo que todo los piratas y corsarios buscamos, y por lo menos en mi caso, me acerca un poquito más a la isla de la felicidad. ¡Gracias por los reviews!
Espero que os guste.
No hay viento, pues claro que no hay viento. Mi alma llora por una brisa, por un susurro, un solo soplo gentil, que nos permita avanzar.
Estamos en medio de la misma nada.
"Quinn" -se acerca por mi derecha Santana. "¿Estás segura de querer continuar con esto?" Sigo mirando al horizonte. "Casi acabas en la horca, sólo por.."
"Escuchar tus instintos, es la única forma de ser fiel a ti mismo." -hablo para sorpresa de ella, interrumpiendo su discurso y con él, la alusión a Rachel. "Estoy donde quiero estar y sigo caminando, cada paso cuenta." -suspiro.
Puedo observar como contempla mi perfil durante varios segundos, antes de alzar la vista hacia el palo mayor, y depositarla en el puesto de vigía.
"Si tu la perdieras, ¿acaso no la intentarias buscar?" -cuestiono sabiendo de antemano su respuesta.
"Exploraría cielo, mar y tierra para encontrarla."
"Pues entonces aún me faltan surcar muchos de los siete mares, ¿no crees?"
Alguien muy sabio me dijo una vez 'Si luchas, no pares.', y ahora esas palabras forman parte de mi ideología.
Un agradable silencio se forma entre nosotras, únicamente interrumpido por el reiterado sonido de las olas que rompen contra el casco del navío.
Los minutos transcurren y seguimos observando el horizonte.
Es nuestro momento de calma, instaurado ya hace varios años atrás. Simplemente, no sentamos en cubierta y nos complacemos viendo al sol perderse por el límite del firmamento, llevándose toda claridad y calidez, para dejar paso a la mansa y suave bruma de la noche.
Acompañadas únicamente con la presencia de la otra, y una botella de ron. El ron no puede faltar, es la clave de la supervivencia en altamar.
Sin embargo, hoy, puedo distinguir en el rostro de Santana, cierta pesadumbre.
"Mi formidable percepción intuitiva del ser femenino me dice que estás preocupada. ¿Quieres hablar de ello? ¿Es por Brittany?"
"Yo..." -me mira a los ojos y puedo ver como varias lágrimas recorren ya sus mejillas, sonrosandolas con su paso.
"Hey, tranquila, San." -se arroja a mis brazos y sumerge su cuello en mi clavícula. "¡Por Calipso! Te dirá que sí, sólo hay que ver su cara para saberlo. No te preocupes, todo irá bien."
Y como si estas palabras fueran una apelación a una acometida, se separa bruscamente de mi.
"Lo siento, Quinn, de verdad que lo siento."
"¡Cielo santo! Este es uno de esos momentos que solo ocurren una vez en toda la vida, es como un ser mitológico, un suceso inexplicable, extraordinario y maravilloso...
"No juegues, lo digo en serio." -detiene mi exagerada exposición.
"Disculpas aceptadas, aunque es verdad que podíais haber venido antes, añore mi catre, aquello era un habitáculo de tamaño diminuto, en donde tenía que compartir mi espacio vital con dos individuos."
"Sabes que no me refiero a eso."
Claro, que lo sabía, desde que ví la culpabilidad en sus ojos, lo entendí.
"Sí, lo sé, pero pensé que continuaríamos evitandolo. No me apetece hablar de ello, la verdad."
"Pero tenemos que discutirlo, desde que ocurrió, hace un año ya, no lo hemos hecho. Y de verdad que me siento deplorable, no lo hice queriendo, sabes que soy una bocazas y..."
"Santana, no te culpo. Llega un momento en la vida, donde hay que asumir la responsabilidad por los errores cometidos."
"¿Con cuántas mujeres has estado, además de mi?"
"Además de ti..."
"Sé clara y déjate de vaguedades." -me ruega.
"Pues..."
Esta sería la ocasión idónea para mentir pero la verdad siempre sale a la superficie, y esta vez, gracias a Santana y su descomunal oportunismo.
"Exactamente...unas...1502 mujeres, una arriba, una abajo. No podría confirmarlo con exactitud. ¿No, Quinn?"
Lo siguiente que puedo ver es su mano estrellándose contra mi cara.
Solo hay dos reglas importantes en la vida...Lo que uno puede hacer...y lo que uno no puede hacer. Y lo que uno no puede hacer, es confesarle a la mujer que ama, con cuantas damas ha compartido una recamara.
Yo no soy honesta, y de una persona que no es honesta, solo se puede esperar que no sea honesta. Honestamente, es con los honestos, con los que hay que tener cuidado, porque nunca se puede prever cuando harán algo extraordinariamente absurdo.
Como es el caso de Santana, quien es honestamente franca.
"La perdí una vez, no la perderé dos veces. Perdemos tiempo, un valioso tiempo, que no se puede recuperar nunca." -continuo.
Otra vez, el mutismo nos rodea. Seguramente, Santana esté pensando que es lo siguiente que debería decir.
"Llegaremos en un par de semanas, si mi memoria no falla." -dice finalmente. "Las cartas de navegación, que robamos tiempo atrás a la Marina, se perdieron en un naufragio, así que solo confío, por ahora, en mi perfecta memoria."
"Diablos." -murmuro, arrastrando las palabras. Gota a gota no se nota, pero el ron se agota.
Tras mi maldición, las dos regresamos la vista al frente.
La mudez vuelve a ser nuestro principal aliado en esta travesía. Travesía de origen difuso y final incierto.
