Disclaimer: Los personajes de Glee no me pertenecen.


Muchas veces me han preguntado qué es lo mejor de ser pirata. Son innumerables las razones y los motivos. Podría estar recitandolas durante un decenio y seguramente no terminaría o me cortarían el pescuezo mucho antes.

Ahh, el azote del viento en mi cabello. La reconfortante fragancia del océano. El intenso aroma de...

"¡Barco enemigo a la vista!" -oigo gritar a Brittany desde la cofa.

Era una preciosa mañana, o eso creía. Todo era perfecto, el sol entraba resplandeciente por mi ventana y sus rayos de luz chocaban contra las masas de agua, produciendo un verdadero paraíso delante de mis ojos. Me sentía como en el nirvana, digo sentía, no siento, porque alguien está aporreando con sus manazas la puerta de mi preciado despacho, tirando por la borda mi momento de trance.

"Adelante" -permito la entrada mientras abandono mi puesto de contemplación a un lado del ventanal.

"Capitana"

"Dime, Joe."

"Un barco vigía de la Marina Real nos está dando caza."

"Gracias, acababa de oír el aviso de Brittany. A sus puestos" -digo abandonado la estancia y cerrando la puerta tras de mi.

Si algo en esta vida no me gusta, es que hurguen entre mis cosas, no es que tenga demasiadas cosas en mi habitación y menos que no tengan un valor meramente sentimental, pero me gusta ser un tanto reservada.

Tras subir un par de escaleras, llego a la cubierta principal.

"Quinn" -me llama Santana.

Saco el catalejo. "Hemos estado navegando demasiado cerca de la costa, era previsible que nos viesen."

"No nos van a dan captura, y aunque fuese así, es solo una balandra de tres palos y velas bermudianes." -guardo el instrumento en uno de los bolsillos de mi casaca. "Por tanto, no cuenta con más de 20 cañones. En caso de una posible arremetida, ganariamos." Ella asiente con la cabeza como afirmación. "El viento es más fuerte, naveguemos a toda vela, ¿de acuerdo?"

"Desplegad todas esas velas." -grita abandonando su lugar junto a mi.

Los piratas nos dedicamos a robar y cuanto más mejor. Aunque asaltamos buques de todo tipo, normalmente nuestras presas son pesados buques mercantes, cargados de todo tipo de riquezas, oro, plata, sin embargo, esta vez, nuestro objetivo es un barco de la Marina Real.

¿El motivo? Simple. Ellos vinieron primero.

"Más vela, ¡agarrad el trinquete!"

"Están encima nuestro"

"Soltad vela, ¡vamos!"

"Quinn, no podemos escapar."

"¡A los cañones! ¡Listos para disparar!"-chillo mientras adrizo el barco, para colocar el estribor en paralelo con el otro navío. "Podemos hundirlo, ¡lo llevaremos al fondo del mar!"

"¡Cuidado, fuego enemigo!"

"A cubierto." -oigo a mis espaldas.

"¡Fuego!" -grito desde mi posición tras el timón en el castillo de popa.

Los cañones liberan sus cargazones sobre el barco enemigo, el barco choca su cuaderna con su homóloga, destrozando varias de las tracas altas del forro, y una nube de humo nubla toda poca visión del ataque.

A continuación todo es confuso, inefable, una sensación inenarrable. Abro los ojos pesadamente y me encuentro tirada sobre la toldilla.

Se escucha el tiroteo de las armas enemigas, bombardas, falconetes y fusiles, y varios bramidos de dolor.

Me abro paso entre la humareda, me acerco a la borda, y me precipito sobre el barco enemigo, el cual no está a más de diez pies.

Si en nuestro barco reinaba la confusión, en la balandra impera el caos y el temor.

Son varios los infantes que adornan ya la cubierta, y desmesurada la sangre que la recorre.

Puedo reconocer a Santana entre la multitud, y a un vil cobarde detrás suyo apunto de atacarla por la espalda.

No tengo compasión por estos sujetos apestosos, ni la paciencia para fingir que es así; yo no respondo por esta locura.

Clavo mi estoque en su costado y cae al suelo, retorciéndose.

Tras varias colisiones más de acero contra acero, diversas acometidas y algún que otro rasguño. Puedo dar por finalizado el asalto.

"Después de lo que ha pasado creo que ha sido un dia muy venturoso, ¿no crees?" -dice restregandose la manga de su blusa por la frente. "Tenemos las arcas atestadas y la reserva va llena hasta rebosar."

Si las miradas matasen, Brittany estaría llorando sobre el blanquecino cadáver de una latina exánime.

Justo cuando me dispongo a responder, un bisbiseo con mi nombre como mensaje, me hace detener mi acción y buscar al dueño de aquella voz. Quien no es más que uno de los tantos reclutas del barco que acabamos de desvalijar.

"¿Quinn Fabray?" -se arrastra por las tablas.

Como si de un acto reflejo se tratase contesto. "Capitana, pero sí, soy yo."

Tose un par de veces, mientras se obstruye con la palma de la mano, la herida del abdomen. "Tu...tu padre te manda recuerdos."


N/A: Gracias a los que han estado comentado en los capítulos de antaño y ¡Bienvenidos a bordo de esta desequilibrada y disparatada historia! a los nuevos aventureros.