Disclaimer: Los personajes de Glee no me pertenecen.
N/A: Lo dicho para evitar posibles confusiones, la cursiva es pasado.
La ventura es a veces una bendición, pero por lo general es una conquista. Un arduo y accidentado logro, que requiere de un gran esfuerzo, habilidad y empeño.
Ahora mismo, la simple tarea de andar dos pasos en línea recta, también es un dificultoso y complejo trabajo.
Y exactamente en eso, estoy volcando todas mis energías.
En procurar respirar con normalidad; una actividad más fatigosa que de costumbre. En tratar de inmovilizar el suelo, el cual no para de dar vueltas; un cometido utópico. En intentar no caerme de bruces al suelo; misión imposible.
Por si os lo preguntais, no, no estoy ebria, es más no he tomado ni una gota de ron desde hace dos días. Lo cual, seguramente sea parte del problema.
Mi sistema nervioso no funciona como debería, si este no transita por mi sangre. El alcohol es como un lubricante para mis engranajes; engrasa y repara.
Hablando de reparaciones y reformas, llevo una semana en este maldito y nauseabundo pueblo, y aún no han terminado de arreglar y recomponer mi barco. ¡Panda de patanes!
Lo añoro. Añoro el crujir de la madera bajo mis pies, su esencia, y sobretodo, el uniforme y placentero bamboleo.
Aborrezco el estatismo. Y la tierra es estática por definición. Es la culpable del estado de aturdimiento en el que me encuentro. ¡Sí, señores! por extraño que parezca, me mareo por falta de movimiento.
Gracias a Calipso, por suerte, hemos llegado a nuestro destino. La cantina.
"¿Acaso este tugurio de mala muerte se teletransporta de ciudad en ciudad?" -exclama Santana, nada más divisar el letrero.
'La taberna de Los Cuatro Vientos.'
"¿No puede haber algún sitio romántico, novelesco, donde pueda pedirle matrimonio?"
"Cálmate, San." -digo al ver el estado de belicosidad en que se encuentra. "¿Qué esperabas? Además eso no decías antes sobre esta taberna, ¿o acaso ya no te acuerdas?"
"¿Acordarme de qué?"
"¿No te acuerdas, de verdad?" -pregunto incrédula. Ese momento marcó un antes y un después en mi percepción y vida como capitán. "Me parece indignante, que no recuerdes que en esta tasca...
"Oh, te refieres a eso."
"Claro, que mencionaba ese día."
"Pues no, no me acuerdo. No me mires así, tú tampoco lo recordarías si hubieras ingerido la cantidad de licor que yo tomé."
No puedo evitar sentir una tenue decepción. Yo aún recuerdo cada una de sus palabras, como si las tuviese grabadas con fuego en mi cabeza.
"Como para no recordarlo." Me lleva un par de segundos, asimilar el tono pícaro que ha utilizado. "Yo estaba sentada en esa mesa del fondo y tu estabas por aquí con la cabeza hundida en tu jarra de aguardiente..."
"Bien muchachos, dejad que os diga lo que piensa Santana." -golpea la mesa con su jarra, atrayendo aún más, la atención de los aquí presentes. "¿Os preguntáis si la nueva capitana puede ofreceros una vida de tesoros, saqueos y aventuras?" -se para, dandole dramatismo. "Sí, pues entre los caballeros de fortuna que navegan por las Indias Orientales, ella es una de las más astutas y sagaces. ¡Hubo un tiempo en el que creía ser la más letal azote de los mares! Ah... Pero esa mujer... ¡es una autentica perra sin miedo, causante de estragos y caos! La he visto despejar ella solo la cubierta de un galeón español sin pestañear, luchar como si fuera el mismísimo diablo vestido de mujer."
Que exagerada es. No había tantos hombres en cubierta, once o doce, a lo sumo.
"Es lista de verdad, sabe cómo moverse entre cada peñasco y cada grieta de estas islas, así que si es fortuna y aventura lo que buscáis, la capitana Quinn Fabray es vuestro hombre, bueno..ya me entendeis. -guiña un ojo.
"Sentemonos, anda." -digo, casi rogando, las náuseas no han cesado y necesito urgentemente un buen trago de ron.
La mesa más recóndita del lugar es nuestra elección.
"Aquí tienes tu bebida, cielo." -me susurra la camarera en el oído. Un escalofrío recorre mi nuca. Demasiado cerca para mi gusto, puedo notar su abrasador aliento chocar contra mi cuello. Aunque es verdad, que si no lo hubiese hecho posiblemente no la hubiera escuchado con el ajetreo que envuelve la taberna.
Una especie de mueca como intento de sonrisa, es mi respuesta.
"No se que te ven las mesoneras."
"Gracias, supongo."
"Te lo digo como amiga. Si no estuviese con Brittany, los pensamientos libidinosos me abrumarían. ¿Acaso no has visto a esa mujer? Es todo un espectáculo sicalíptico. ¡Por Neptuno!"
"Sabes que mi corazón ya tiene dueño."
Rueda los ojos. "Sí, sí, lo sé. Lo que desconozco es que le has visto tú, a esa menuda mujer. Si fuese como mi Britt, lo entendería. ¡Por Calipso! Es broma, no me mates."
"Invitas a la siguiente ronda." -digo contagiandome de su risa.
"El diablo es nuestro patrón
Las mujeres nuestra perdición
Por mis venas solo corre ron
Sube a mi garfio amor" -grito a pleno pulmón, acompañando las voces disonantes que envuelven la estancia.
Las canciones se suceden unas tras otras, a cada cual más indecorosa, pero se puede achacar al estado de embriaguez que cada vez es mayor en los presentes. No hace falta pretexto, cielo santo, somos piratas.
Son cuantiosos los tragos, que ya nos ha servido. Santana se dispone a pedir otra ronda más, cuando me parece escuchar una voz conocida. Un susurro que atraviesa las paredes de madera. El tono de esa voz es tan peculiar, pero el estado de ebriedad me impide pensar con claridad. ¡Maldita amable y lasciva mujer!
"Entrad, y capturarlos; que no escape ninguno." -se escucha notoriamente desde fuera, seguido de un golpe seco.
No me da tiempo a reaccionar, solo soy capaz de girarme hacia el origen de esa orden.
La puerta se abre, golpeando el suelo, y produciendo un ensordecedor estruendo.
Una tropa de infantes se adentra en la sala, apresando a todo aquel que intenta escaparse.
"Vaya, vaya... qué tenemos aquí."
"Hudson..." -balbuceo.
N/A: Sí, aquí, estoy otra vez. Pero tengo una buena excusa, la brújula se me ha roto, y he perdido el rumbo. Quiero saber si os gusta el camino que está tomando fic o por lo contrario, os gustaría que fuese de otra forma. Más ron, menos drama...Cualquier sugerencia es bien recibida, al igual que criticas constructivas y amenazas.
Pero es necesaria, esa interaccion entre capitán y grumetes, porque si no este barco se va a pique.
Lo dicho, nos leemos.
