Disclaimer: Los personajes de Glee no me pertenecen.


N/A: Me llena de orgullo -y satisfacción- la cantidad de reviews que he recibido con vuestras sugerencias y opiniones, y sin desembolsar ninguna cantidad de oro, en el proceso. Todo un logro.

He leído alguna que otra pregunta.

-'¿Cuántos capítulos tendrá?'

Pues la verdad, es que la historia no está terminada, solo tengo escrito el final, y el recorrido hasta este aún lo desconozco, por lo tanto no se el numero de capítulos que tendrá, y no me atrevo a decir un número concreto.

También tengo que decir, mi apreciado MaestreFaberry y guest, que comprendo la necesidad carnal de la tripulación, pero a la querida damisela de la capitana, le queda un poco de tranquilidad. Ya sabeis eso la calma antes de la tempestad ¿no?

Asimismo quiero destacar que este capítulo no es para ofender a nadie. Tened en cuenta que hablamos de un personaje ficticio, no del actor. Y, ¡cielo santo! es Santana, me cuesta imaginar que la conversación no se llevase a cabo así.

Todo dicho.


"Hombre, Finessa, cuanto tiempo." -alza su jarra rebosante de ron y derrama la mitad del líquido en el acto.

"Callate escoria."

"Así que la vieja tetas de goma, aún me guarda rencor ¿eh?" -bebe un trago. "No, si yo lo comprendo."

"¿Cómo me has llamado?" -vocifera, mientras en su cara pasan a predominar los colores escarlata.

"¿Qué? ¿acaso miento? Por Neptuno, tienes más tetas que Quinn." -se gira y me mira. "Quinn, no te ofendas."

Soy una mera espectadora más en esta batalla verbal, en la cual incluso yo salgo herida.

No articulo palabra. Únicamente una sonrisa. Es lo único que aparece en mi rostro cada vez que escucho hablar a Santana.

Se ha convertido en esa persona que siempre ha estado a mi lado, incluso en los momentos más azarosos de mi aciaga travesía.

Su voz siempre termina sacando lo mejor de mi y pocas personas en el mundo pueden ofrecerme la plena confianza y la seguridad que ella me otorga. Y en la situación en la que nos encontramos en estos instantes, es imprescindible.

Nunca quise reconocerla como una hermana, quizás por las tan malas experiencias que he tenido, con mi familia. Creo que temo que con ella, todo fuese de esa misma manera.

Santana es algo más, mucho más que eso. Alguien con quien discuto, a quien termino odiando y en cinco minutos, vuelvo a adorar, aunque me duela admitirlo.

Es la única con quien consigo desterrar ese maldito orgullo Fabray que siempre me cohibe, es la única que conoce mis secretos más ocultos, y mis verdaderas intenciones respecto a esta andanza.

Vuelvo a retomar la conversación.

"Si tan mal estuviera, no tendría prometida." -alardea después de una segura sarta de improperios por parte de Santana.

Una mirada cómplice por parte de Santana y el plan comienza a efectuarse.

"Oh, ¡maldita sea Finnocencia!, tengo demasiada buena imaginación. ¿Has visto lo que has conseguido con tu flacidez? Ahora se me ha revuelto el estómago. -la vasija golpea el suelo, partiéndose innumerables trozos y esparciendo el alcohol por gran parte del suelo.

Aprovecho los segundos de confusión producidos por el previsto y meditado devaneo y me acerco cautelosamente a uno de los tantos candiles que alumbra la estancia.

"No obstante, tengo que señalar que si pagas, no se puede considerar novia. Tu, ya me entiendes. Por qué me entiendes ¿no? Ese minúsculo cerebro solitario, con su única neurona pensante, desempeña su función adecuadamente ¿no?"

Me duele pensar que estamos desperdiciando el ron en esto.

"Te voy a borrar esa sonrisa del rostro."

"¿Asi? Tú ¿y cuantos más como tú? ¿Vas a atacarme rodando? No quiero morir aplastada por una bola de sebo."

Solo puedo pensar en tocino y se me hace la boca agua. Tengo hambre. No me juzguéis, los nervios me abren el apetito, además si hablamos de manteca, soy insaciable.

"Yo no soy eso."

"Repítelo hasta que te lo creas."

"Me las vas a pagar."

"Oh, el cerdito va a sacar las zarpas."

"¡Adelante, chicos!"

El tiempo se ha acabado. Es momento de actuar.

Tomo la lámpara, y la destrozo contra la superficie, concretamente a un par de centímetros del cerco de ron. Si algo sé de explosivos y me gusta pensar que sí, el líquido oleaginoso llameante que contenía el quinqué, debería combustionar al hacer contacto con el comburente. Y otra cosa que también sé, es que el tiempo que vamos a tener de maniobra va a ser limitado, escaso, insuficiente.

Contamos con apenas unos escasos segundos.

No obstante, algo va mal. No hay indicios de inflamación.

Vuelvo a posar la vista en el suelo, el aceite se ha esparcido y salpicado, pero no ha llegado a tocar el combustible.

Tengo que hacer algo. Miro a Santana y puedo observar en su rostro cierto temor. Si esto no funciona correctamente, no existe un segundo plan, no hay escapatoria.

"¡Corre!" -chillo decidida.

Hay que darle un sutil avance a este plan, el estampido no se va a producir solo, y para esta labor, sólo hace falta una persona.

"¿Qué cojones?" -espeta aturdido Finnepto, mientras me dispongo a impeler la lumbre. "¿A dónde te crees que va..

No le da tiempo a formular ninguna letra más.

Una secuencia de imágenes transita enfrente de mis ojos; miles de momentos, experiencias; agradables, pésimas, cándidas, deplorables, inolvidables... y en la mayoría de ellas, Rachel, Rachel y sus ojos pardos, Rachel y su radiante mirada, Rachel y su hermosa sonrisa, Rachel y una desmesurada llamarada. Un fogonazo que deslumbra durante unas milésimas de segundo.

Toso, toso irremediablemente. El humo ingresa, sin mi consentimiento, en mis pulmones, impidiendome una correcta inhalación de oxígeno.

Todo arde a mi alrededor. La cómoda y añeja mesa, que ocupabamos minutos atrás, no es más que madera calcinada, tablas carbonizadas, cenizas.

El fuego gobierna toda la estancia. Va a ser una odisea conseguir salir de aquí, por no decir misión imposible. Me encuentro en un mar de llamas y fumaradas; no puedo avanzar, no puedo retroceder, estoy atrapada.

Coloco el pañuelo que vestía en el talle, sobre mi nariz y boca, con el fin de evitar seguir tragando humo, aunque no creo que quede resquicio limpio y libre en alguno de mis bronquios.

Tengo que tomar una determinación y tengo que hacerlo, ya.

El tragaluz de la pared es la opción más viable, sin embargo, está a varios metros en mano diestra.

Me colmo de valor y me precipito a las llamas. Los alaridos de dolor del comodoro y los infantes, se mezclan con los míos propios. El fuego quema, es una característica definitoria del mismo.

Escucho al vidrio quebrarse a mi paso y noto el efecto de ingravidez. Todo el calor se ha mitigado, dejando paso a la helada brisa de la noche. Mi cuerpo es liviano, etéreo, volátil, pero unicamente durante unas milésimas de segundo.

Todo lo que sube, baja después. Apesar de que grite, implore, incluso profese, que la gravedad no existe, eso no hace que deje de ser real. La fe no me va a salvar, nunca lo ha hecho y está no será la excepción.