HOlaa =) ¿Qué tal?

Me tardé un poco verdad? U.U lo siento, estuve un poco ocupada con un viajecito imprevisto que tuve que hacer … pero aquí estoy :) lista para que me sigan amando/odiando con un capitulo que, en compensación, es más largo que los anteriores...5 mil palabras mas largo :D

En esta ocasión gradezco a The Saku, Momo Evans, Selene Uchiha, Juliex19, Tatsu-chin, Sakuyachan17, Isady, Hatori, Minami Arsene, Cami-san, Ateniita, Esteff, Luke Cole, Ale, Krissia Snchez, Carliz97, Mia, ShirayGaunt, Erzebeth K, AmryPotterTwilight y TrueLove17yugi-yami, por los reviews y PM; y a todos aquellos que siguen la historia y la agregan a favoritos :P

Bueno bueno, como les dije aquí tenemos la escena del adelanto, esta vez completa :P así que no les entretengo más y ¡A leer!

Capítulo 15: La confusión de Yukina

- ¿Seguro que no quieres comer? – Preguntó Yokozawa sirviéndose un vaso de té frio. Takano masculló algo que podía interpretarse fácilmente como una negativa. El empleado de ventas miró a su amigo que estaba acostado en un sofá de tres plazas con Sorata sobre su abdomen acariciándolo repetidas veces; cosa que el gato parecía disfrutar.

Yokozawa suspiró: desde hacía algún tiempo que él no se hacía cargo de Sorata sino que era Hiyori quien se encargaba de cuidarlo; si bien la niña se había entristecido por saber que no tendría a Sorata un tiempo en casa, el verdadero problema había sido Kirishima que no dejaba de preguntarle quien era ese amigo que lo había llamado en la madrugada pidiéndole a Sorata. Quizás algún día tendría que decirle que Sorata había sido, en primer lugar, de Takano.

- ¿No me vas a decir que te pasa?

-Solo quiero ver a mi gato – Dijo el editor sin dejar de acariciar al animal – Que por cierto, está más gordo.

- Es un gato viejo, se ha vuelto flojo – Respondió a la defensiva y agregó – Entonces debo suponer que tu llamada a las tres de la mañana no tuvo nada que ver con que Onodera haya metido una solicitud de traslado – Takano volteó a mirarlo con expresión gélida que parecía querer traspasar a Yokozawa; sin embargo no pudo evitar su curiosidad.

- ¿Cómo te enteraste?

- Escuché a un subalterno de la oficina hablándolo con la secretaria de recursos humanos – Respondió sin darle importancia. Takano suspiró sentándose sin dejar de acariciar a Sorata ahora en su regazo.

- En realidad la solicitud la hice yo, a su nombre.

- ¿Eh? – El mayor no contuvo la sorpresa. Takano se mantuvo en silencio durante un par de minutos antes de explicar.

- Las cosas no han ido bien con Ritsu.

- Algo de eso noté la otra tarde en mi apartamento – Dijo mordaz – Dijiste que estaba con otro.

- Yukina – Masticó Takano. Yokozawa abrió los ojos con sorpresa ¿Yukina? Él conocía un Yukina: el vendedor carismático de Librerías Marimo que se esforzaba en aumentar las ventas de los mangas shojo. Negó con la cabeza sacándose el pensamiento de la cabeza: el mundo no podía ser tan pequeño como para que se refiriera a ese chico.

- ¿Y piensas que si alejas a Onodera, servirá de algo?

- Es la única opción que tengo – Lamentó el editor – No puedo suplicarle por siempre, no cuando no tengo ninguna esperanza de…- Yokozawa colocó el vaso sobre la mesa quizás con más fuerza de la que requería, interrumpiendo a Takano que lo miró; Takafumi suspiró sentándose frente a su amigo.

- Masamune escucha – Dijo - ¿Onodera te ha dicho que está con otra persona o te lo estás suponiendo todo?

- Se lo escuché en una conversación por teléfono.

- ¿Le escuchaste? Y seguramente no le dejaste explicarte – Le dijo en tono de riña - ¿Acaso no aprendes? Cuando eras joven pensaste que Onodera te engañaba y mira en lo que resultó. Cuando me rechazaste-Takano se removió incomodo- Hable con Onodera, le pregunté si te amaba ¿sabes que respondió?

- Seguro no dejó de tartamudear- Dijo con enojo. Yokozawa torció el gesto, recordando ese día en que habló con Onodera: le había advertido que no dudaría en recuperar a Takano si le hacía daño, pero eso había sido antes de iniciar su relación con Kirishima. Le quitó a Sorata de las manos a Masamune para obligarlo a verlo.

- Dijo que si

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- Eh… Onodera-san ¿puede pasarme mi ropa? – Pidió Yukina con media cabeza fuera del baño, aun completamente avergonzado. Kisa dejó, sin decir nada, la ropa de Yukina que había lavado temprano en la mañana y volvió a la cocina para terminar con lo que hacía.

Yukina se terminó de vestir, mirándose en el espejo para darse valor: lo que sea que hubiese pasado la noche anterior, tenía que enfrentarlo como un hombre adulto. Tomó aire antes de finalmente salir del baño, enrojeciendo completamente al pasar por la habitación y ver la cama aun desecha. Su determinación se esfumó casi por arte de magia.

- ¡Yukina! – Le saludó "Onodera" con una sonrisa mientras señalaba a la mesa – Siéntate, prepare algo para comer. – Agregó mientras servía el plato de comida. Yukina miró a la mesa, luego al editor y finalmente al suelo, intentando ocultar su rostro enrojecido hasta las orejas al no estar seguro que era real y que no en su sueño. - ¿Pasa algo? – Preguntó Kisa tras darle un sorbo a su taza de café y notar que el chico seguía de pie.

Yukina suspiró armándose de valor antes de preguntar.

- ¿Nos acostamos anoche, Onodera-san? – Kisa escupió el café ante su pregunta ¿Qué Yukina nunca aprendería a no ser tan directo?

- ¿Cómo preguntas esas cosas?- Cuestionó alarmado - ¿Es que no eres japonés? – Le riñó, sin embargo su temperamento se suavizó al ver la preocupación en el rostro del castaño. Kisa abrió la boca con ligero desconcierto: él realmente temía haberlo "engañado con Ritsu."

- Yo dormí en el sofá, si es lo que te preocupa – Aclaró tan rojo como el propio Yukina; después de todo se había detenido más por el miedo a que Yukina fuese a golpearlo cuando fuese ligeramente consiente de lo que pasaba, que por su propio autocontrol.

Yukina se sentó a la mesa tras eso; tomando el tazón de Oyakodon(1) que Kisa le tendía pero solo lo removió con los palillos: su expresión parecía seguir preocupada por recordar la noche anterior y Kisa-san lo notó pero no dijo nada, esperó en silencio hasta que el chico volvió a preguntar.

- ¿Tampoco lo besé…o sí?

- ¿Para qué preguntas eso? Calla y come algo – Dijo esquivo. Yukina se tensó sin saber cómo interpretar eso: él amaba a Kisa-san con toda su alma ¿Entonces porque lamentaba el no recordar haber besado a Onodera-san? La culpa golpeó su pecho.

Distraídamente probó un bocado que no fue capaz de tragarlo tras saborearlo: Hacía bastante, ya casi tres semanas que no comía Oyakodon; porque era el plato que mejor le salía a Kisa-san y a él le encantaba que este lo hiciese para él, pero hacía ya un tiempo que el editor no se lo preparaba y con toda esa tontería de enseñarle a cocinar, dudaba que volviera a preparárselo pronto.

Finalmente tragó, tomando otro bocado solo para cerciorar el sabor. Él había aceptado eso de las clases de cocina porque le había parecido divertido en un principio, una forma de hacer algo junto con Kisa-san, pero luego de ver lo torpe que era con un simple arroz, no podía evitar preguntarse si simplemente estaba burlándose de él. Saboreó el segundo bocado: y esta vez fue el color el que desapareció de su rostro.

- ¿Estás bien? – Preguntó Kisa preocupado poniendo su mando sobre la de Yukina que no sostenía los palillos. Este se estremeció por el contacto, pero no retiró la mano, solo asintió recuperando algo de color rojizo en sus mejillas. ¿Podía extrañar tanto su platillo favorito hecho por Kisa-san que su lengua le hacía creer a su mente que el hecho por Onodera-San sabía exactamente igual al de su pareja?

Su pareja… Kisa-san era su pareja ¿Entonces qué hacía él dejándose tomar la mano por otro hombre? Apartó su mano levantándose de prisa; era obvio que lo mejor sería poner distancia cuanto antes.

- Lo siento Onodera-san, debo irme – Dijo haciendo una reverencia de disculpas – Lamento todas las molestias que le causé.

- ¿Yukina que…? – Preguntó levantándose también. El castaño se apresuró a dirigirse al Gekan con Kisa atrás, sin entender lo que pasaba. – ¡Yukina espera…! – Pero ya era muy tarde, el más joven había salido ya. Kisa pensó en seguirlo pero en cambio decidió quedarse allí, sentándose en el gekan inseguro de lo que había ocurrido. ¿Le habría incomodado que le tomara la mano? El rostro de Ritsu se deprimió mientras Kisa dejaba vagar su mente de la misma forma que en ese momento lo hacía Yukina en el interior del ascensor.

El castaño se revolvía el cabello con frustración y enojo hacía su persona y miedo, tenía miedo porque se estaba comportando muy raro con Onodera-san; tenía miedo porque su corazón se había acelerado cuando sintió su mano sujetando la suya.

El ascensor llegó a planta baja y él apenas lo notó. Bajó distraído tropezando con alguien que casi al instante reconoció.

- Yokozawa-san, lo siento mucho – Se disculpó, Yokozawa lo miró sorprendido ¿Qué hacía él ahí?

- Yukina-kun, vaya sorpresa – Comentó, no sin poder evitar pensar en lo que Takano le había dicho. ¿Podía ser cierto que ese joven vendedor fuese la causa de los males de su amigo? ¿Podría existir tanta coincidencia en el mundo? - ¿Terminando una visita?

- Algo así. – Yokozawa notó el tono apagado y se extrañó, por lo general ese chico parecía brillar de energía.

- Si ya te vas podría darte un aventón – Ofreció Yokozawa dispuesto a hablar con el chico. Kirishima le había prestado el auto para ir hasta allí, y dado que sabía que luego el editor de japun le cobraría el préstamo, no veía nada malo en sacarle algún provecho.

- No se preocupe, usted viene llegando y…

- En realidad ya me iba, vine a visitar a un amigo pero dejé las llaves del auto en su apartamento, si me esperas… - Yukina negó.

- No se preocupe Yokozawa-san, quiero caminar – Dijo haciendo una ligera reverencia de despedida antes de marchase. Yokozawa lo miró salir del edificio. Solo esperaba que ese chico estuviese allí visitando a algún pariente porque odiaría haber hecho el papel de idiota con Takano al jurarle y perjurarle que Onodera lo amaba a él.

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- ¿Seguro que no tienes nada mejor que hacer hoy? – Preguntó Hatori con desagrado sentado a la mesa con algunos papeles esparcidos, seguro de trabajo. Yuu desvió la mirada del televisor solo un segundo en el que le dirigió una mala mueca y siguió jugando en el x-box. Ritsu lo veía desde el sofá sin prestarle demasiada atención: no le veía mucho interés al juego pero tener allí a Yuu era sinónimo de protección para él así que no dijo nada – Quiero decir, es domingo, seguro tienes cosas más interesantes que hacer que estar aquí.

- No, la verdad no se me ocurre ninguna – Dijo Yuu distraído.

- Te sugiero una entonces: ve a buscar alguien que arregle el daño en tu casa y puedas volver a ella

- Se te nota la desesperación – Se burló Yuu. Ritsu miró a Hatori de reojo y podía jurar que su casi siempre sereno semblante estaba acompañado de un tic de enojo en ese momento; por lo que decidió intervenir antes de que se terminaran peleando.

- Tori – Lo llamó; este volteó a verle dándole a entender que tenía su intención. Ritsu dudó un poco, lo que iba a proponerle era algo que venía dándole vueltas en la cabeza – Aunque no voy a ir a la firma de autógrafos ¿no sería buena idea presentar aun así tomos firmados del manga? – Hatori lo miró interesado, al igual que Yuu que incluso pausó el juego.

- ¿Tomos firmados? – Preguntó como si evaluara la propuesta.

- Me parece buena idea – Dijo Yuu casi a la vez; Hatori lo miró con un claro "Nadie está hablando contigo" que el ojos ámbar ignoró – Seguirías en el anonimato pero le harías ver a las fans que también piensas en ellas.

- Si…supongo que podría hacer unas modificaciones en la propuesta y discutirlo con la imprenta – Dijo pensativo; Ritsu asintió, sabía que no sería fácil hacer eso estando a solo una semana del evento pero la mirada de Hatori decía que haría lo posible por conseguirlo.- Voy a usar el teléfono de tu estudio, lo hablare con Takano de una vez.

Ritsu asintió ruborizándose un poco pero no supo si fue por el nombre del editor en jefe o por el beso que Hatori le robó al pasarle por un lado. Yuu se apresuró en tirarle uno de los cojines del sofá más cercano.

Hatori se separó de Ritsu; este último jurando que se estaba mordiendo la lengua por soltarle un insulto a Yanase quien rio divertido y siguió jugando. Hatori se dirigió al estudio de dibujo de Chiaki para tomar el teléfono allí dejando a los otros dos en la sala. Ritsu soltó el aire que llevaba contenido al verlo desaparecer de su vista.

- Gracias – Susurró

- ¿Para eso estoy aquí no? – Dijo con obviedad y agregó – Onodera-san no quiero asustarte; pero eventualmente tendré que irme

- No me puedes dejar aquí solo con él – Exclamó el editor alarmado ante la perspectiva - Va a querer que estemos juntos y…

El teléfono celular de Chiaki sonó interrumpiéndolo; Ritsu se alargó por el sofá para tomarlo; contestando.

-¿Moshi moshi?

- Ritchan, es Kisa – Escuchó del otro lado de la línea – Voy en camino para allá.

- ¿Vienes? ¿Por qué? ¿Pasó algo? – Preguntó confundido; sentimiento que se incrementó cuando escuchó el suspiro de Kisa.

- Pensé que Hatori te lo habría comentado ya – Dijo y agregó por lo bajo como si esperara que Ritsu no lo escuchara – Takano te ha transferido al departamento de literatura.

- Que… ¿QUE? – Gritó ganándose la interesada mirada de Yuu; y al mismo tiempo una que le advertía que si no bajaba la voz Hatori lo escucharía - ¿Transferirme a literatura? ¡¿Qué demonios hiciste ahora?!

- ¡Nada! – Exclamó Kisa se inmediato – Solo me entregó la planilla de solicitud llena, sin decirme nada más. – Ritsu cerró los ojos intentando contar hasta diez y reprimir el deseo de matar a Kisa. – Pero descuida, ya voy para allá y pensamos en algo para resolver esto Ritchan.

Ritsu colgó la llamada ¿Es que nada le iba salir bien a Kisa? O Sería que todo lo que venía pasando desde que cambió de cuerpo era una prueba de los cielos para retar su paciencia. Yuu lo miró un rato esperando que comentara al respecto del traslado, pero dado que no lo hizo volvió al tema anterior mientras reanudaba su juego.

- Si no me voy pronto de aquí, Hatori terminará echándome a patadas – Le hizo ver; Ritsu parpadeó un segundo mientras ubicaba a que se refería – Además, dudo que en sus planes este contenerse mucho tiempo, esté o no yo en la habitación de al lado; así que te recomiendo que pienses en algo rápido.

- ¿Pensar en algo? - Cuestionó Ritsu - ¿Qué podría hacer? Si lo sigo evitando como lo hacía volveríamos a lo mismo de antes – Yuu negó con la cabeza cortándolo antes de que siguiera.

- Tiene que ser algo más sutil – Dijo con obviedad – Cánsalo.

- ¿Cómo?

- Usa tu imaginación – Dijo con voz cansina – No puedo resolverte todo en la vida – Aseguró – Y te recomiendo que hagas algo pronto con eso de la transferencia.

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Chiaki se mordía el labio con la vista fija en el tv mientras sus dedos se movían con maestría. Había ido temprano a la casa de Yukina para disculparse, utilizando la llave que (descubrió) tenía de la casa del chico para entrar; la idea era disculparse para lo que había pensado en preparar algo de arroz para ofrecerle a modo de disculpas; esperando claro que esta vez sí le saliera bien. Se enfocó en eso para luego echarse una siesta mientras esperaba al castaño, ya que la noche anterior estuvo tan metido en dibujar su manga que no durmió en lo absoluto. El arroz no le quedó nada mal puesto que había seguido el consejo de Yukina: una cosa a la vez; pero cuando se disponía a recostarse en el sofá, el x-box entró en su campo de visión casi de forma celestial por lo que olvidando cualquier indicio de sueño saltó a jugar Halo 5.

Y así tenía ya toda la mañana, el reloj pasaba del medio día y comenzaba a tener hambre pero solo había arroz de "disculpas" así que no podía comérselo. Se concentró más en el juego con el audio al máximo, impidiéndole escuchar otra cosa que no fuese el juego, incluyendo a Yukina cuando entró.

El castaño tenía expresión alicaída y se sorprendió al ver a Kisa-san allí en su casa, pero eso fue un segundo antes de que sus ojos fuesen velados por el remordimiento por el sueño y la reacción de su cuerpo ante este. Dio un paso a Kisa-san y luego otro y antes de notarlo estaba ya frente a él tomándole de la barbilla y besándola con cariño, con deseo, remordimiento y disculpas.

Chiaki abrió los ojos alarmado, empujándolo para sacárselo de encima pero Yukina al separarse de sus labios solo lo abrazó aferrándose a él.

- ¡Voto de castidad! ¿Recuerdas? – Le espetó Chiaki intentando soltarse.

- Lo siento Kisa-san – Susurró y no se refería al dichoso "voto"; pero Chiaki no notó la extrañez en su voz.

- No, yo lo siento…eh… se me hizo tarde ayer trabajando y se me pasó lo de la fiesta – Dijo soltándose y dirigiendo a Yukina a la mesa donde lo sentó frente al plato de arroz – Seguí tu consejo y te prepare esto – El castaño miró el arroz y sonrió; lo probó: estaba algo simple pero comestible - ¿Cómo estuvo la fiesta?

- Yo…- Desvió la mirada – Nada mal, supongo… ¿Me pasas el mando dos? Juguemos FIFA – Dijo cambiando el tema con obviedad.

- Pero luego tendrás que enseñarme a cocinar algún acompañante por el arroz – Dijo con la boca llena tras robarle arroz a Yukina.

- Kisa-san – Dijo mientras tomaba el mando - ¿Me prepararías Oyakodon?

- ¿Oyakodon? Nah, mejor aprendamos a hacer Hambagu(2)– Dijo distraído buscando el CD del juego; Hatori nunca fue fan del Oyakodon, y él quería aprender cosas que pudiera prepararle al editor. La expresión de Yukina se ensombreció cambiando a sorpresa cuando el mangaka comentó mientras iniciaba el juego. – Por cierto, el miércoles habrá un concurso de dibujo en el museo: deberíamos ir a ver la muestra, tendrán diferentes técnicas, seguro te servirá.

Yukina parpadeó sin saber que decir ¿Kisa-san le estaba invitando a una cita? Asintió con una sonrisa que intentaba ocultar el nudo en su garganta: Kisa-san se comportaba con tranquilidad como si todo estuviese completamente bien. Lo vio cambiar el juego del x-box mientras el dejaba los palillos ya sin hambre: él sabía que Kisa-San no se había quedado hasta tarde en la editorial porque Onodera-san se lo había dicho, y ahora por primera vez le invitaba a salir a un lugar que sabía le gustaría a Yukina, cuando siempre el que tenía que invitarlo era él ¿Pero porque? ¿Podría ser que sintiera remordimiento por algo?

Se sentó en el suelo junto a "Kisa" mientras el juego iniciaba; quería preguntarle el verdadero motivo por el que no había ido con él a pesar de su promesa pero ¿Con que moral le preguntaba si había estado desde la mañana anterior con Hatori? Si lo había dejado plantado por él, cuando su mente solo se torturaba pensando en lo que pasó en esa fiesta, suponiendo lo que no recordaba y lamentando lo que no pasó.

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- ¿Decirle? ¿Estás loco? - Exclamó Kisa; se habían reunido ese martes en la casa de Chiaki aprovechando que esa tarde Hatori estaría en la editorial hasta la noche para así cada uno encargarse de sus respectivos trabajos.

- Yuu me hizo pensar que quizás sea lo mejor – Comentó Ritsu – No sé por cuanto tiempo podre tener a raya a Hatori-san; y tú Kisa estás destruyendo mi vida a cada segundo que pasas en mi cuerpo. – El aludido bajó la mirada avergonzado.

- Yo me divierto con Yukina – Comentó Chiaki ganándose la mortal mirada de Kisa que aún no olvidaba la sensación cuando pensó que Yukina le había engañado con Chiaki…aunque técnicamente eso no era engañar, se dijo. Yoshino estaba terminando de estampar su firma en la primera página de un tomo de su manga; luego soltó el bolígrafo moviendo la muñeca circularmente, cansado - ¿No podría alguno de ustedes ayudarme?

- No – Negaron los dos editores a la vez cada uno concentrado en sus respectivas fotocomposiciones. Kisa además agregó.

- Cuando intenté decírselo a Takano-San, el me creyó loco y mentiroso – Dijo como si eso cerrara el tema anterior pero Ritsu refutó.

- Acababas de llamar novio a otro ¿Qué esperabas? Pensó que era una excusa patética.

- Tal vez solo sea que Kisa-san no quiere decir nada para que Yukina no se entere de que hizo "eso" con Takano-san.

- ¡Cállate! – Exclamaron los dos editores a la vez. El tema del desliz de Kisa con Takano no había vuelto a tocarse porque de lo contrario Ritsu estaba seguro de que ahorcaría a Kisa-san sin importarle que este tuviese su cuerpo.

- ¿Y entonces, que proponen? – Volvió Ritsu al tema – Llevamos casi un mes así, un mes sin ningún tipo de indicio, señal, sueño profético o lo que sea que nos sugiera que volveremos a la normalidad pronto. Si voy a ser Chiaki por el resto de mi vida, Hatori tiene que saberlo…y Takano también. – Los otros dos se tensaron.

- ¿Y tú crees que se tomaran bien que los hayamos estado engañando durante un mes? – Dijo Kisa mordaz, firme en su posición de no decir nada.

- Chicos, chicos – Intervino Chiaki al ver que los ánimos se empezaban a caldear – En los mangas estas cosas siempre se resuelven – Dijo sonriente; ganándose la mirada de perpleja de los otros dos ¿En los mangas? ¿Es que Chiaki pensaba que estaban viviendo un manga? – No nos preocupemos.

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- Entonces ¿Te acostaste con Onodera-san? – Preguntó Rio como pudo a pesar de tener una buena cantidad de alfileres en la boca mientras corregía una chaqueta puesta sobre un maniquí.

- ¡No! – Negó Yukina de inmediato dejando los ojos que retrataba para girarse hacía ella. - Soñé que casi me acostaba con Onodera-san – Admitió ruborizándose – Es diferente.

- En cualquier caso, quieres hacerlo ¿o no? – Cuestionó; Yukina se alarmó volviendo el rostro al retrato de los ojos castaños que lo veían desde el lienzo. ¿Quería? Las imágenes del sueño volvieron a él y con ellas la sensación su mano sobre la suya, o la de los dedos de Onodera-san recorriendo su abdomen. Sintió la temperatura de su piel aumentar.

- Yo quiero a Kisa-san – Dijo rotundo, como si quisiera reafirmárselo a sí mismo.

- Nadie ha dicho lo contrario – Aseguró ella- Pero lo cierto es que Onodera-san estuvo muy preocupado y al pendiente de ti el sábado - Aseguró – De hecho creo que le gustas.

- ¿En serio? – Yukina volvió la mirada a ella de golpe. Rio solo rió y siguió con su trabajo. El castaño dejó el pincel y se acercó a ella - ¿Por qué crees que le gusto? – Preguntó con un brillo en los ojos.

- No solo yo, Kenishi también lo piensa – Dijo – Claro que eso no importa, tú quieres a Kisa-san – Recordó. Yukina asintió sintiéndose culpable: Él amaba a Kisa-san con todo su ser y disfrutaba cada segundo con él, incluyendo esos en los que solo jugaban, cocinaban o dibujaban; sin embargo eran esos momentos que no lo hacían sentir como su Kisa-san; que le hacían sentir que había más de Kisa-san en Onodera-san que en el propio Shouta. - Y a todas estas Kou ¿De quién son esos ojos que pintas?

- De Kisa-san – Dijo él pensativo mirando los ojos café que los observaban desde el lienzo. Y aclaró pensativo – En el sueño, yo estaba con Onodera-san pero él no tenía los ojos esmeraldas, me veía con los ojos de Kisa-san ¿Crees que signifique algo?

Rio se encogió de hombros sacándose los alfileres de la boca para hablar libremente.

- Pues yo creo que los ojos son la puerta del alma – Dijo – Y tú me has dicho que ya no sientes a Kisa-san igual y en cambio Onodera-san te lo recuerda un poco; tal vez inconscientemente estés viendo o reflejando a Kisa-san en Onodera-san.

Yukina miró pensativo su pintura, los ojos de Kisa-san fijos en él ¿Rio tendría razón? ¿Estaba tan descolocado por los cambios de Kisa que buscaba a su viejo Shouta en otras personas? El repique de su celular le sacó de sus cavilaciones. El castaño se apresuró a tomarlo, viendo el identificador; Rio se fijó en la sutil sonrisa que apareció en el rostro del castaño.

- ¡Onodera-san! – La chica dejó su trabajo por completo, atendiendo a las palabras de Yukina y sus expresiones – Si, el sábado me toca trabajar… ¿Su autora también se presentara?...Ah, la de todos, ya veo – Rio enarcó una ceja, Yukina se había sentado en el suelo con la espalda apoyada a la pared mientras sonreía tontamente - ¡Haré mi mejor esfuerzo porque todo su trabajo sea recompensado Onodera-san!

Yukina hizo otro silencio, el más prolongado. Rio escuchaba el débil sonido de la voz de Onodera-san salir del celular pero no lograba captar ni una palabra y su curiosidad aumento al ver un sutil sonrojo en las mejillas del castaño.

- ¿Ir a beber esta noche? ¡Con lo vergonzoso que debí estar la vez pasada! – Esto último lo dijo con un susurro avergonzado - … Está bien, salgo del trabajo a las 11.

Colgó la llamada. Rio cerró la boca al darse cuenta que la había abierto sorprendida: nunca había visto a Yukina comportarse así; y eso que había tenido que aguantarlo hablando sobre Kisa-san, ella cuando accedió a enseñarle a cocinar algunos platillos.

- O quizás – Agregó la chica – Solo fue tu inconsciente haciendo que te sintieras culpable y despertaras antes de que tu pervertido sueño llegara a puntos donde tu consciencia de monje no pudiese soportar – Culminó medio en broma medio en serio.

- No digas tonterías.

- Tonterías no, porque si no te diste cuenta Kou, esta noche tienes una cita y no precisamente con tu novio.

Yukina se estremeció; volvió la mirada al retrato pero de inmediato la bajó al suelo: de pronto ya no podía sostenerle la mirada a la pintura.

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Ritsu se colocó la cinta deportiva para la cabeza; estaba listo, esperando a que Hatori llegara. No podía negar que la idea de cansar a Hatori no solo era buena, sino que le estaba dando los resultados que quería desde hacía casi una semana.

Yuu había tenido razón y Hatori querría algo de "acción" con "Chiaki" a pesar de tener al dibujante en la casa hasta el martes, por eso había tomado la determinación de ejercitarse por las noches y obligar a Hatori a acompañarlo con la excusa de que ambos estaban gordos.

El editor se había negado al principio y Ritsu podía entenderlo: con lo cansado que debía llegar de la editorial él tampoco saldría a correr por mucho que se lo suplicaran; además eso siempre era pasada las 10 de la noche, pero no desistió; su seguridad mientras dormía dependía de eso. Y finalmente logró convencerlo, llevándoselo a trotar por la ciudad hasta que ninguno de los dos pudiera más. Al volver a casa Hatori siempre estaba tan cansado que tan solo se duchaba y caía rendido en la cama.

La puerta se abrió, Ritsu se levantó del sofá como si tuviese un resorte, trotando a prisa hacía el editor.

- Te estaba esperando, ve a cambiarte – Dijo con una sonrisa, manteniéndose en trote estacionado frente a Hatori que se quitó los zapatos en el gekan para luego darle un suave beso a "Chiaki" a modo de saludo.

- Hoy no, mañana es el evento de firmas, y ya estoy lo suficientemente cansado – Dijo; y por su voz así debía ser. Ritsu le había dado la idea de presentar al evento tomos firmados por Chiaki aun cuando este no se presentara: a Hatori le había gustado la idea por lo que había tenido que cambiar toda su propuesta para el evento en tan solo una semana. Y Chiaki llevaba pasando las tardes en su casa firmando tomos como un loco a pesar de sus quejas de lo mucho que le dolía la muñeca.

- Oh… está bien – Admitió Ritsu; de todas formas Hatori parecía a punto de quedarse dormido en la primera superficie plana que consiguiera.

- ¿Has comido? Preparare algo rápido y…

- Creo que sería mejor que pidiéramos una pizza – Propuso Ritsu preocupado; quizás no hubiese sido tan buena idea exigirle tanto al pobre hombre en una semana tan difícil para él en el trabajo. Habría propuesto preparar algo, pero ya Yuu le había dejado bastante claro que como Chiaki él no debía cocinar absolutamente nada.

Hatori aceptó su propuesta con un gesto de la mano dirigiéndose a la habitación para cambiarse. Ritsu tomó el teléfono haciendo el pedido; dejándose caer en el sofá con alivio: no es que tuviese muchas ganas de salir a trotar tampoco. Encendió el televisor sin fijarse mucho en él: últimamente veía tanta televisión que ya no le llamaba la atención; en cambio pensó en Takano.

Luego de que el editor en jefe lo viese besando a Hatori, solo se habían vuelto a ver una vez; y fue cuando acompañó a Tori a la editorial para presentarle el proyecto. Ese día solo habían hablado de trabajo, Takano no había mostrado ninguna muestra de la cercanía que habían tenido en sus anteriores conversaciones y Ritsu pudo sentir que todo el tiempo que estuvo allí, Hatori pareció tenso. Se preguntó si seguiría celoso.

No le hizo mucha cabeza a Hatori; había recordado un problema más importante: su traslado a la división de literatura. Él no quería irse a literatura; si bien cuando llegó a Esmeralda eso era lo único que deseaba, muchas cosas habían cambiado en su vida tanto en lo profesional como en lo personal. Editar mangas no era ni por mucho el trabajo más sencillo y placentero del planeta, pero le gustaba y debía admitir que le gustaba trabajar con Takano, quería aprender de él todo lo que pudiese por lo que le había exigido a Kisa que cancelara esa solicitud sin informarle de nada a Takano (de todas formas este tampoco les avisó a ellos cuando hizo la solicitud) sin embargo el personal de recursos humanos no les habían dado una respuesta al respecto.

Llamaron a la puerta sacándolo de sus pensamientos. Era la pizza: el tiempo había pasado rápido. Volvió al sofá, colocando la pizza en la mesa de centro para tomar un pedazo y entonces se dio cuenta que Hatori no había vuelto.

Dejó el pedazo de pizza en la caja con un suspiro, y se dirigió al cuarto; el editor se había quedado dormido sin quitarse la ropa siquiera. Ritsu se sintió culpable: realmente lo había llevado al límite durante la semana.

- Tori, debes quitarte la ropa – Dijo intentando despertarlo ganándose solo un gruñido; Onodera desistió, suponía que tendría que quitarle la ropa él para que descansara cómodamente.

Intentó hacerlo con cuidado, sin despertarlo, soltando en primer lugar la camisa pero cuando se dispuso a soltar también el cinturón Hatori se removió abriendo un ojo con pesadez. Ritsu se estremeció ¡Ahora pensaría que había estado desnudándolo con alguna intención más allá a que descansara y su esfuerzo de trotar todas las noches sería en vano! Sin embargo lejos de pensar en eso el mayor balbuceó.

- ¿Chiaki…terminaste de firmar los tomos?

- ¿Eh? Sí, claro – Exclamó con alivio. Precisamente esa tarde Chiaki los había terminado – Mañana temprano los enviare a la librería. – Hatori sonrió como si se hubiese quitado una preocupación de encima y volvió a cerrar los ojos. Ritsu decidió que mejor lo dejaba descansar y se dispuso a salir de la habitación, pero el más alto volvió a hablar deteniéndolo.

- La protagonista de tu manga irá a un circo de acróbatas ¿no? – Onodera tuvo que hacer un esfuerzo por entender lo que Hatori decía – Llegó uno a la ciudad, mañana después del evento te llevare.

Ritsu lo miró fijamente. Tori no había abierto los ojos para hablar así que no se daría cuenta. Si había algo de lo que se había dado cuenta desde que se había vuelto Yoshino Chiaki era en lo adicto (si, adicto era la palabra) que era Hatori con el trabajo. Rara vez hablaban de otra cosa que no fuese del trabajo o que de una u otra forma llegase a tener que ver con el trabajo. Incluso ahora, lo estaba invitando a salir y era por trabajo; Ritsu estaba seguro de que a Chiaki esa situación no le debía gustar del todo; es decir, todo el mundo quiere hablar o hacer cosas diferentes a las relacionadas con trabajo de vez en cuando; incluso Hatori debía quererlo en alguna ocasión.

- Tori; cuando salgamos, hagamos cosas que no tengan que ver con el trabajo – Sugirió. Aunque asintió, Ritsu no estuvo seguro si realmente Hatori había captado lo que le dijo, parecía en ese momento más dormido que despierto. Sin embargo suponía que por el bien de la relación de Hatori con Chiaki, al menos había hecho bien en intentarlo.

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Librerías Marimo era todo un ajetreo: esa tarde sería el súper evento de firma de autógrafos de la editorial Marukawa en honor al aniversario de la división de mangas. Autores de todos los géneros se encontrarían con cientos de fans en un evento sin precedente y eso tenía de cabeza a los trabajadores de la librería organizando los stands en cada piso de la librería, llevando de un lado a otro cajas con tomos de los mangas y demás regalos.

Lo mismo ocurría con los editores: al pendiente de que todo estuviese en su sitio. Algunos intentando no perder los estribos con autores primerizos que sufrían ataques de nervios en esos momentos; otros que presentarían dos autores corrían de un stand a otro asegurando cada detalle antes de que las puertas se abrieran.

Yukina dejó una caja con afiches de regalos en uno de los stands de las mangakas del departamento Zaphiro, el encargado del yaoi; y se secó el sudor de la frente con cansancio. Había subido y bajado cajas toda la mañana. Estaba ya cansado y el evento ni siquiera había comenzado.

-Yukina, te llaman en el tercer piso – Le comentó un compañero que subía con afiches para colgar en las paredes. Yukina asintió en un principio con cansancio, sin embargo su expresión cambió: tercer piso, ahí estaban los autores del departamento esmeralda y por supuesto estarían también sus editores.

Se apresuró en subir las escaleras mecánicas. Le había prometido a Onodera-san dar lo mejor para que su autora fuese un éxito y ni siquiera lo había visto aun. Se detuvo en seco cuando llegó pero fue solo un segundo en el que un ligero remordimiento le embargó: él por supuesto que también daría todo de sí para que la autora de Kisa-san fuese exitosa el día de hoy. Sin embargo el remordimiento no le duró mucho, buscó con la mirada a Onodera-san: ahí estaba, discutía algunos puntos con su mangaka. Yukina sonrió.

- Yukina, tú te harás cargo de esta planta – Le dijo su supervisor. El castaño volteó a verlo, asintiendo – En especial de lo que es el manga Shojo, tú tienes buen dominio del publico shojo. – El chico asintió de nuevo.

- No se preocupe, yo me hago cargo –Dijo con encanto. El supervisor asintió.

- Cuando Yokozawa-san suba pídele que te presente a los editores – Le sugirió. Él chico volvió a asentir viendo al supervisor marcharse justo cuando otro compañero que llevaba dos cajas llegaba a la planta.

- ¿Yukina, sabes quién es…-Revisó el nombre en la caja – Hatori-san? – El rostro del joven palideció – Son los tomos firmados de un autor suyo que no vendrá al evento.

- Yo…no…- El castaño tomó una decisión en solo un segundo – Yo se los llevo. – Dijo con voz de circunstancia: Sabía que "Hatori-san" era él "Tori" de "Kisa-san"; y quería conocerlo, quería dejarle en claro que se alejara de Kisa-san porque este ya tenía quien lo amara y era él. Sentía que debía dejarlo en claro aunque su relación con Kisa-san no fuese actualmente por el mismo curso que en días pasados hubiese podido estar.

Todavía se sentía culpable por su cit… salida, la noche anterior con Onodera-san; trataba de no verlo como una cita y sin embargo la voz de Rio diciéndole que eso era, se repetía en su mente. Él solo había ido a tomar un par de tragos con un amigo aunque su corazón diera un vuelco solo de recordar lo cerca que había estado de besarlo.

Negó con la cabeza; ahora estaba con Kisa-san, con su novio, y esta SI era una cita. Habían disfrutado de la exposición del concurso de dibujo y de un par de salas más en el museo antes de que Kisa-san le ofreciera emocionado ir al parque de atracciones en vez de volver a casa.

Yukina había estado a punto de negarse, se suponía que tenía que ir a la universidad, ya se había saltado la primera clase por quedarse un rato más en el museo y sin embargo nunca había visto a Kisa-san tan emocionado por ir a un parque de diversiones. Corrección, nunca había ido con él a un parque, motivo por el que mandó al demonio la universidad y justo en ese momento se encontraban allí, riendo a carcajadas en los carros chocones mientras el chico al que él veía como su novio lo perseguía para chocarlo y él, tratando de evitarlo, terminó chocando el carro de una chica y siendo chocado desde atrás por el de él.

Ya habían pasado por varías atracciones, él carrusel, la montaña rusa, la casa de la risa e incluso habían probado suerte en uno de los puesto de tiro, sin éxito; pero a Yukina eso no le importaba, estaba disfrutando la mejor cita de su vida. Estaba disfrutando la risa de "Kisa-san", cada carcajada de diversión así como había disfrutado cada conversación en el museo.

El tiempo se agotó y ambos bajaron de la atracción aun riendo. El más bajo fingiendo que seguía manejando un auto invisible chocó al castaño por la espalda haciéndole trastabillar hacía adelante. Yukina se volvió hacía él intentando atraparlo, pero Chiaki echó a correr escapándosele. El más joven corrió tras él ignorando las miradas de las personas, alcanzándolo casi al instante. Chiaki se escudó tras una columna de globos que Yukina intentó sortear pero el chico con el cuerpo de Kisa lo rodeó.

- Espera…espera…- Dijo sin aliento, aunque sonriendo. Yukina también sonreía pero se detuvo dejando de intentar atraparlo. – Estoy viejo – Dijo en broma intentando normalizar su respiración - Vamos por algo de beber – Agregó; Yukina rio asintiendo dirigiéndose ambos a uno de los puestos de comidas.

- Deberíamos subir luego a la noria – Comentó Yukina con emoción. Podría sonar cursi, pero un beso en lo alto de la noria, mirando el atardecer, con toda la ciudad bajo ellos sería de lo más romántico; y ningún voto de castidad le iba a hacer perder la oportunidad. Pidieron dos gaseosas de limón de la que Chiaki se bebió la mitad en un solo trago.

- Dios, desde hacía siglos que no me divertía así – Aseguró Chiaki dirigiéndose a la atracción donde se montarían.

- Me alegra haber venido aquí contigo Kisa-san – Aseguró Yukina radiante. Chiaki lo miró fijamente unos segundos: aún no se acostumbraba del todo a eso. Para él Yukina era como si reflejara una gama de colores brillantes y llamativos, pero él prefería los colores mate de la personalidad de Tori.

No tuvieron que esperar mucho y ya montados en la noria, ya a una altura suficiente para ver la ciudad, Chiaki se puso de pie emocionado señalando lugares que "podía ver" desde allí.

-¡Ahí está el museo mira! – Exclamó – Y mi casa, puedo verla. – Yukina rió.

- Exageras Kisa-san, tu casa está al otro lado de la ciudad – Chiaki no replicó, después de todo él se estaba refiriendo a su casa, y no a la del editor.- ¿No te parece que los colores del atardecer son hermosos? – Preguntó con encanto tomándolo de la mano y halándolo con suavidad para que se sentara a su lado.

-¡Sí! – Celebró estirando brazos y piernas con emoción. Yukina aprovechó eso para tomarle de la barbilla y hacerlo que lo mirara. Ya habían llegado a lo más alto y se había detenido durante unos segundos; era el momento.

Miró sus ojos, esos ojos castaños a los que amaba; unos ojos que le devolvían la mirada con sorpresa y algo de miedo; unos ojos que últimamente reflejaban una sinceridad, frescura e inocencia que él no estaba acostumbrado a observar en ellos; unos ojos que no lograron robarle el aliento ni detener su corazón como solían hacer.

Se acercó besando su frente. Chiaki dejó escapar el aire que había contenido a la expectativa. Yukina sonrió tristemente abrazándolo por los hombros para así ambos mirar el atardecer. Chiaki se removió incomodo, pero suponía que eso era mejor a que lo estuvieran besando así que no replicó, solo comentó.

- Por cierto, compré el nuevo juego de the kan para el x-box; está noche podríamos…

- Está noche trabajo Kisa-san; pero puedes ir a mi casa y empezar a jugarlo – Dijo él; Chiaki asintió con la cabeza, entusiasmado. Yukina lo miró pensativo luego agregó al parecer cayendo en cuenta - ¿No trabajabas hoy? Pensé que por el evento del sábado estarías más presionado.

- Descuida, mi trabajo está cubierto – Aseguró y agregó con una sonrisa divertida – Además si te fijas, nadie ha llamado exigiéndome que vaya a trabajar – El más joven asintió, por supuesto ignorando que eso se debía a que Chiaki había dejado el teléfono en casa, con toda la intención de ignorar las llamadas de ese día.

Esa noche cuando volvió del trabajo, había jugado al x-box con "Kisa-san" el juego de the kan era bastante bueno y juntos lograron superar varias misiones; y habían preparado la cena siguiendo las indicaciones de un libro de cocina para principiantes que el mangaka había comprado. Y así fue casi toda la semana; Yukina no sabía en qué momento su relación había transmutado de esa manera: de ser una pareja muy activa sexualmente, al punto de haberle hecho pedir su deseo de Tanabata; a esa relación divertida, de juegos en el x-box, cocina y largas discusiones acerca de mangas y dibujos; pero sin ningún tipo de acercamiento físico. Él mismo ni siquiera lo buscaba ya, quería pensar que estaba respetando todo ese asunto del voto de castidad, pero en el fondo temía que podía haber algo más…

- Disculpe, ¿Quién es Hatori-san? – Preguntó con dificultad por las pesadas cajas, a un hombre de cabello negro y gafas que llevaba un carnet de editor. El hombre de expresión ruda lo miró un segundo antes de caminar con un "Sígueme" al que Yukina obedeció.

Quizás fuese que inconscientemente él en las últimas semanas se estuviese haciendo a la idea de ver a Kisa como un amigo: desde que había vuelto de Korea, en eso se había vuelto su relación. Una amistad como la que podría tener con Kenishi o Rio. Negó con la cabeza, no, él no quería una amistad con Kisa-san él lo amaba con todo su ser; él le había prometido que su amor sería grande y fuerte, lo suficiente para darle la confianza y la estabilidad a su relación. Pero luego había aparecido Tori…

Su corazón se detuvo. Tori… ¿realmente solo era culpa de él? A su mente llegó la noche del martes, cuando había ido a beber con Onodera-san, con imágenes que se habían repetido en su cabeza una y otra vez desde entonces.

Desde el momento en que entró al bar, Yukina no hacía más que intentar ocultar su ansiedad. No importa lo que Rio dijera, él solo estaba saliendo a beber con un buen amigo. Eso era Onodera-san, un amigo y compañero de Kisa-san. Si se había relacionado con él en primer lugar, había sido para saber de Kisa.

Y eso se repitió durante el tiempo que estuvieron en el bar. Mientras bebían, ambos conversaron agradablemente. Yukina había pensado que el ambiente sería incomodo después de lo ocurrido tras la fiesta de espuma pero contrario a eso se consiguió riendo con agrado.

- Creo que ya es mejor que nos vayamos, después de todo resulta que no soy la persona más tolerante al alcohol. – Dijo Kisa tras la tercera ronda. Habían conversado poco más de una hora y aunque el editor no quisiera alejarse de él, debía reconocer que ya era el momento de irse.

- ¿De qué habla, Onodera-san? si fue el que más resistió el sábado – Le replicó Yukina sacando su cartera para pagar su parte. Pero Kisa lo detuvo.

- Yo te invité, yo pago – Yukina se ruborizó ligeramente e intentó replicar pero Kisa se negó a permitirle pagar ni un yen. – Mejor darnos prisa, el último tren debe estar por salir – Yukina asintió ambos saliendo del bar; mientras el más bajo agregaba volviendo al tema anterior – Que ni tú ni tus amigos se dieran cuenta que todos los tragos que me daban terminaban abandonados en la mesa es una muestra de lo ebrio que estaban ese día.

- No me lo recuerde que me muero de vergüenza Onodera-san – Este rio por lo bajo.

- En el fondo fue divertido – Admitió – Aunque si me piden repetirlo, dudo que acepte. – Yukina sonrió por eso mientras bajaban las escaleras de la estación del metro. El sitio estaba prácticamente vacío por la hora – Ahora, si la próxima vez me invitas a…ahhhh- La frase no se completó; Kisa se resbaló con un charco de gaseosa que había en el último escalón. El editor cerró los ojos con fuerza esperando el golpe contra el suelo, sin embargo no fue eso lo que sintió: El castaño se apresuró a girarse sujetándolo para evitar que "Onodera" se estampara contra el suelo y de inmediato supo que había sido un error.

Kisa alzó la mirada a prisa al sentir las grandes y firmes manos de Yukina alrededor de su cintura, manteniéndole seguro y evitando que se lastimara; y su mirada se unió a la de color miel del más joven. El corazón de Kisa latió frenéticamente al igual que el de Yukina. Kisa intentó moverse, no quería incomodarlo pero el más joven no lo soltó, el agarre de su cintura era firme y lo acercaba al cuerpo del más alto que no apartaba la mirada de la suya.

Yukina había acercado el rostro, solo un poco; y la perspectiva de lo que vendría cortó el aliento de ambos. Con dedos trémulos el editor alzó la mano para tocar su mejilla. A Kisa nunca le habían gustado ese tipo de actos donde cualquiera pudiese verlos, pero justo ahora no le importaba, extrañaba los labios de Yukina y deseaba con todo su ser eliminar las distancias que los separaban de los suyos.

Sin embargo el contacto con la mano del editor fue como una campana interna que despertó el cerebro de Yukina ¿Qué estaba haciendo? La conexión de sus miradas se rompió devolviendo a Yukina a la realidad.

- ¡Lo siento Onodera-san! – Exclamó el joven soltándolo, desviando la mirada avergonzado - ¿Está bien?- Kisa-san se pateó mentalmente ¿Qué había hecho? Había arruinado la oportunidad de volver a sentir los labios de Yukina como Diosmandaba.

- S…si, hay que hablar con alguien de limpieza – Dijo evitando mirarlo. Yukina asintió también evitando la mirada, rezando por que el tren que lo llevaría a su casa llegara rápido.

Aun ahora Yukina se cuestionaba lo que había estado por hacer ese día. La mirada, la cercanía, el contacto con la piel de Onodera-san habían causado un total caos en su interior; quizás, había sido ese mismo caos el que había esperado que ocurriera al día siguiente cuando estuvo por besar a "Kisa-san" en la noria. Pero fuese como fuese, había evitado volver a ver a Onodera desde el martes, y sin embargo, Rio no dejó de informarle el viernes que con cada llamada que "Onodera-san" le había hecho en la semana, él no había dejado de (según sus propias palabras) "sonreír como idiota"

- Hatori, ven acá – Llamó el editor de cabello negro y lentes; Yukina se fijó en el hombre que alzó la cabeza: de ojos azules grisáceos y cabello castaño, había estado hablando con un autor pero en ese momento se dirigió hacia ellos.

- ¿Takano-san, que ocurre? – Takano señaló a Yukina con la cabeza antes de seguir para hablar con otro editor de la división de Maho Shojo con quienes compartirían piso. Hatori esperó a que el chico le dijera algo; pero Yukina solo lo miraba: era casi de la edad de Kisa-san, vestido de traje, con un aura de madurez, compromiso y dedicación a su trabajo y con su carnet que rezaba: Editor de Esmeralda

No sabía cómo había esperado que fuese Hatori, pero sin duda no era eso. Que fuese compañero de trabajo de Kisa-san, que reflejara la estabilidad y realización que un hombre de 30 años pudiese buscar en una pareja; hizo sentir a Yukina inseguro: a su lado, Kisa-san debía verlo solo como un niño.

- ¿Qué ocurre?

- Llegó esto para usted – Dijo – Son tomos firmados de…

- Los de Yoshikawa-sensei, supongo – Dijo Hatori sin prestarle mayor atención – Colócalos ordenados sobre este stand – Dijo señalando el que estaba vacío a su lado - Aquí están las figuras de cartón que debes colocar - Yukina tardó un segundo en moverse pero finalmente fue al stand de Yoshikawa Chiharu donde colocó las cajas. Hatori se acercó a las cajas comprobando en la información de afuera que fuesen los tomos y las cantidades que había solicitado.

- ¿Qué tipo de relación tiene usted con Kisa-san? – Las palabras salieron de su boca con voz mortalmente seria antes de darse cuenta. Hatori alzó la mirada confundido.

- ¿Disculpa? – Preguntó. Yukina se sintió enojar ¿Disculparlo? No podía disculparlo, no cuándo por su culpa perdía a Kisa-san: Por culpa de ese hombre él había terminado con Kisa-san, y cuando este se había ido de viaje, se había ido estando ambos en mal término, lo que empujo a Yukina a relacionarse con Onodera-san causando el actual estado de confusión en el que se hallaba. Todo era la culpa de ese hombre y por eso, cuando habló, su voz fue ruda, sin importarle que por su puesto en la librería no podía tratar así a los editores.

- Lo que trato de decir, es que sea cual sea, aléjese de Kisa-san.

Hatori lo miró durante un segundo, como si tratase de determinar si el más joven hablaba o no en serio. Finalmente solo resopló con impaciencia dispuesto a marcharse: él tenía suficiente trabajo como para preocuparse por alguna tontería entre Kisa-san y ese jovencito.

La sangre de Yukina hirvió al verse ignorado; sin pensarlo tomó a Hatori de la solapa del saco encarándolo.

- Estoy hablando contigo – Le hizo ver, llamando la atención de varias personas en la planta que parecieron alarmadas.

- No sé a qué te refier…

- ¡Yukina! – Exclamó alarmado Kisa en el cuerpo de Onodera, apresurándose en su dirección, pero ya Takano estaba junto con ellos, obligándolos a separarse para evitar una pelea.

- ¿Qué está pasando aquí? – Gruñía el editor en jefe metiéndose en medio de los dos con los brazos extendidos para mantenerlos alejados; miró a Hatori, quien aun sin entender lo que pasaba señaló con la cabeza a un enojado Yukina. Takano volteó a mirarlo y lo que pasó fue muy rápido para que alguno lo entendiera. Masamune fijó la mirada en el rostro del dependiente de la librería, luego en la pequeña placa en su pecho con su nombre, la cual había estado oculta por las cajas cuando habló con él minutos atrás, y luego, sin previo aviso, le volteó la cara de un puñetazo a Yukina.

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Chiaki se empapó la cara de agua antes de mirarse al espejo. Había huido al baño cuando se dio cuenta que faltaba tan poco para que el evento comenzara. Se suponía que él era Kisa-san, él tenía que hacerse cargo de toda la logística de las autoras de este; pero con tantas cosas por hacer y tantas indicaciones se iba a volver loco.

Él nunca se había hecho cargo de nada. Ni siquiera se había encargado de la propuesta de esos autores, así que vagamente tenía una idea de lo que se suponía que debía hacer, pero ¿y si lo hacía mal y perjudicaba el trabajo de Kisa-san? Se estremeció, eso le haría sentirse realmente culpable.

- Sabía que ibas a estar aquí. – Se volvió a la puerta del baño, sonriendo ampliamente al ver a Yuu parado con los brazos cruzados. - ¿Nervioso?

- ¿Qué haces aquí? ¿Cómo entraste? – Evitó la pregunta. Yuu se encogió de hombros.

- Aprovecho mis conexiones con los mangakas y editores para pasar – Dijo – Siempre lo hago cuando Ijuiin-sensei va a un evento.

- ¡¿Ijuiin-sensei estará aquí?! – Las preocupaciones de Chiaki desaparecieron; su rostro en cambio se iluminó con la alegría del fanático que tendrá al Dios que creó su manga favorito, a pocos metros.

- Ni siquiera ojeaste el programa del evento ¿verdad? – Le riñó Yuu. Chiaki pareció avergonzado. La verdad es que en los últimos días, entre adelantar su manga para darle la sorpresa a Hatori, aprender a cocinar y jugar al x-box con Yukina, y firmar tomos de su manga con Ritsu, no se había preocupado mucho por el evento.

- No sé ni que hago aquí, yo debería estar contigo esperando por recibir un tomo autografiado de Ijuiin-Sensei. Seguro que regalaran cosas geniales – Lamentó.

- Apuesto lo que sea a que Hatori ya tiene todas esas cosas apartadas para ti – Aseguró Yuu. Y Chiaki estuvo de acuerdo: Hatori siempre le conseguía todos los materiales exclusivos de las firmas de autógrafos de the kan; incluyendo premios especiales o esas firmas a las que Chiaki no había podido ir. No tenía que ser diferente esta vez, solo que al llegar a casa en la noche, no se las daría a él.

- ¿Cómo están las cosas en casa? – Preguntó de pronto alicaído. Yuu desdobló los brazos soltando un suspiró antes de contestar.

- Me devolví a mi casa hace unos días – Dijo – Pero Onodera-san lo está llevando bien –Aseguró. – Sin embargo no creo que sea buena idea dejar todo esto al azar Chiaki, Hatori se va a cansar, y si no es él entonces Takano-san o Yukina-kun. Están jugando con una bomba de tiempo y no me hacen caso cuando les digo que lo mejor es desmontarla antes de que explote.

- No seas tan fatalista – Le riñó – Nada va a explotar – Aseguró; Yuu rodó los ojos.

- Ven, salgamos – Chiaki dudó; pero la duda desapareció cuando Yuu agregó – No sé mucho sobre manejar eventos de firmas, pero te ayudare en lo que pueda.

La sonrisa de Chiaki iluminó el rostro de Kisa. Ambos chicos salieron del baño, notando afuera a las personas agitadas. Eso era raro.

- ¿Estás seguro?

- Completamente; Yukina se peleó con dos editores de esmeralda – Escucharon que comentaban dos trabajadores de la librería. Chiaki y Yuu se miraron: no había que ser un genio para intuir que editores había sido.

- BUM – Susurró Yuu haciendo un pequeño gesto con las manos que simulaba una explosión.

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- ¡Masamune! ¡Estás loco! – Gritó Yokozawa entrando a la bodega en la que habían entrado él y Hatori para evitar las miradas de las personas afuera. - ¡Como se te ocurre golpear a ese muchacho! ¡La librería podría demandarnos por eso!

Takano no respondió; sabía que había cometido un error: se había dejado llevar por la rabia y los celos al ver su nombre en su placa: Yukina Kou; y en lo único que pudo pensar fue "él me está quitando a Ritsu" Pero ahora que lo pensaba fríamente: no tenía pruebas de eso; de seguro habían más Yukinas en el mundo. Y golpearlo precisamente el día del evento de firmas, dentro de la librería no podía contar como la acción más inteligente de la década.

Habían tenido que intervenir varias personas para separarlos. El chico, Yukina, había querido devolverle el golpe pero fue apartado por compañeros de trabajo mientras que Hatori y un editor de Maho Shojo hacían lo propio con él llevándolo hasta allí.

- No justifico las acciones de Takano-san – Habló Hatori – Pero ese jovencito inició el conflicto.

- ¿Cuál fue el problema? – Preguntó Yokozawa con cansancio. Debía conversar con el gerente de la librería al respecto y tenía que tener los detalles de lo ocurrido. Realmente dudaba que Yukina fuese del tipo de demandar a Takano; sin embargo no estaba tan seguro de que la librería no aprovechara de sacarle dinero a la editorial a través de un juicio debido al incidente.

- Él discutía con Hatori – Dijo Takano. Yokozawa volvió la mirada al aludido.

- ¿Ha tenido problemas con él antes Hatori-san? – Este negó

- No lo conozco – Dijo - Me encaró diciendo algo sobre Kisa-san; no le presté atención y eso lo molestó. Me tomó del saco y en ese momento llegó Takano.

- Y eso nos devuelve a la pregunta ¿Por qué lo golpeaste? – Gruñó el oso salvaje de Marukawa.

- Se llama Yukina – Masculló Takano apenas audible. Yokozawa abrió los ojos entendiendo.

- ¿Qué?- Preguntó con enojo, de pronto sintiendo el deseo irrefrenable de golpear a su amigo: había puesto en entre dicho el nombre de la editorial por celos.

– Iré a disculparme con él. – Aseguró Takano poniéndose de pie saliendo de la bodega cruzándose en la puerta con "Kisa-san" y Yuu; el primero preocupado.

- ¿Tori, estás bien? – Preguntó Chiaki. Yokozawa también salió de la bodega, alegando que debía buscar al gerente.

- Kisa-san; ese chico, es el mismo que me contestó el teléfono hace una semana ¿no? – Cuestionó para luego afirmar – Su pareja.

- Si; pero no te hizo daño ¿verdad?

- Kisa-san, deje de preocuparse por mí, mejor preocúpese por él – Dijo serio – y no me cause más problemas.

- Hatori…- Balbuceó Chiaki azorado. El aludido no le prestó atención saliendo de la bodega, no sin antes mirar con duda a Yuu ¿Qué hacía ahí esperando a "Kisa"? No le dio demasiada cabeza; el evento estaba por iniciar y aún tenía que hacer un buen trabajo con el stand de mangas firmados por Chiaki.

Sacó su celular; con todo lo que pasó había olvidado avisarle que sus mangas habían llegado. Y a pesar de haber sido una idea de última hora; le parecía que había sido una buena idea incluir los libros firmados de esa forma: si bien Chiaki mantendría el anonimato y las fans se sentirían algo decepcionadas por no conocer a Yoshikawa Chiharu, los tomos autografiados causaría emoción entre ellas.

Envió el mensaje pensando en esa noche: había acordado con "Chiaki" que lo llevaría al circo de acróbatas esa noche; sin embargo tenía un vago recuerdo de Chiaki la noche anterior pidiéndole que salieran a un lugar que no estuviese relacionado en lo absoluto con el trabajo; se preguntaba si el mangaka tendría algo en mente pero mientras fuese con Yoshino, él sería feliz.

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- ¿Qué diablos te pasó? - Lo reñía su superior con enojo. Yukina no dijo nada, solo miró al piso mientras un hilillo de sangre surcaba de la comisura de sus labios. Lo habían llevado a la habitación de descanso donde el encargado de ventas de la librería se reunió con él casi al instante- Iniciaste una pelea con los editores de la editorial ¿¡Estás loco, muchacho!? – No hubo respuesta - ¿Qué diantres le hiciste al editor en jefe de esmeralda para que te golpeara?

- ¿El editor en jefe de esmeralda? – Preguntó al fin confundido, comprendiendo: ese era el jefe de Kisa-san - ¡Nada! Ni siquiera lo había visto antes, él solo me golpeó y…

- Pero tú casi te le lanzas encima también – El muchacho no contestó; si, había estado a punto de hacerlo: estaba ya enojado por Hatori, ese golpe solo hizo aflorar su temperamento; por suerte sus compañeros lo habían detenido o un problema aun mayor se habría desatado - ¿Y el otro editor? ¿Cuál fue el problema con él?

Otro silencio. El problema no había sido Hatori sino él mismo: Hatori tenía todo a su favor para tener a Kisa-san ¿Cómo podía competir con alguien que compartía más de ocho horas diarias con Kisa-san en la oficina cuando él apenas y lo veía? ¿Cómo un estudiante con un trabajo de medio tiempo podía ganarle a un trabajador maduro? El encargado de la librería se quitó los lentes para masajearse las sienes con expresión cansada. Yukina esperó en silencio a que continuara.

- ¿Te das cuenta en la posición que me pones Yukina? Podríamos demandarlos por haberte golpeado, pero la pelea la has iniciado tú así que no creo que eso nos beneficie mucho – El chico solo asintió – Eres el mejor vendedor que tengo, el público femenino te ama – Dijo con aprecio – Pero estaré en una situación difícil si hablan con el gerente y le piden despedirte.

Yukina alzó la mirada de inmediato ¿Despedirlo? Asintió ¿Y que esperaba? Más bien debía agradecer que el evento no hubiera comenzado aún y no los habían visto más personas.

- ¡No puede despedir a Yukina! – Ambos hombres giraron a la puerta que se había abierto de golpe dándole paso a un escandalizado "Onodera" – Usted lo ha dicho, él es su mejor vendedor, y Takano-san lo golpeó sin motivo y…

- Onodera-san… - Susurró Yukina sorprendido.

- ¿Usted quién es? – Preguntaba el encargado en ventas a la vez. Kisa se sonrojó ligeramente.

- Yo… bueno… soy editor de Esmeralda – Dijo. El encargado asintió y suspiró.

- Abogare por ti ante el gerente, pero no te puedo prometer nada. Justo ahora me debo ir a reunir con él y un representante de Marukawa- Dijo marchándose a la puerta; pero se volvió hacía Yukina. – Preferiría darte el día libre, pero justo hoy necesitamos toda la ayuda que podamos; no trabajaras en el piso de Shojo, ve al quinto piso donde estarán los autores Shounen y Seinen.

Yukina asintió dejándose caer en una de las bancas de la habitación. Realmente no había pensado en las consecuencias que podía tener su actitud con Hatori en su trabajo. Aunque, pensándolo bien, no era por su discusión con ese hombre sino por Takano-san. Ahora que lo pensaba en frio, era la primera vez que lo veía y no tenía ni idea de porque podría haberle golpeado.

Respingó cuando sintió el frio contacto en la comisura de sus labios, sorprendido al darse cuenta que solo era un pañuelo empapado en agua fría que Kisa le había acercado.

- Onodera-san ¿Qué hace? – Cuestionó. Kisa debía haber tomado el agua del pequeño refrigerador que había en la habitación; este se ruborizó un poco, sin embargo no se apartó, en cambio pasó el pañuelo por la comisura de los labios del menor, con sumo cuidado de no lastimarlo más.

- Tienes sangre – Hizo ver y agregó - ¿En qué pensabas peleándote así?

- Yo no me pelee con Takano-san – Dijo el joven a la defensiva.

- Pero si con Hatori-san – Le riñó Kisa. Yukina suspiró.

- Estaba celoso de él – Admitió – Porque se ve tan maduro y capaz: ya veo porque a Kisa-san le gusta. – Dijo decaído; eso realmente le estaba deprimiendo bastante.

- ¿De qué hablas? – Saltó el editor de inmediato – No digas tonterías, a Kisa no le gusta Hatori-san. –Dijo rotundo y agregó – Y ahora te quedaras sin empleo por una tontería.

Kisa-san no era ninguna tontería para él; iba a decírselo pero se contuvo ante la mirada esmeralda, segura y algo obstinada que le recordó a Kisa-san cuando quería dejarle algo en claro. Vió a "Onodera-san" caminar al refrigerador para tomar unos cubos de hielo que envolvió en el pañuelo, volviendo hasta él para colocarlo junto a su boca herida.

- Necesitas el trabajo Yukina: debes pagar tu universidad y la residencia ¿Acaso no pensaste en eso antes de buscar problemas? ¿Qué vamos a hacer ahora?

- Onodera-san…usted…. ¿está preocupado por mí? – Preguntó como si acabase de hacer un descubrimiento tan grande como fantástico.

- Por supuesto que lo estoy baka… no te muevas – Lo riñó separando el hielo para tocar el borde de la herida de Yukina que se había puesto algo amoratada junto a la comisura de la boca – Mira nada más como quedó tu perfecto rostro.

Yukina no se movió, pero no por la orden del mayor, sino por la sensación de su corazón detenerse ante el tacto de los dedos de "Onodera" sobre su rostro, tan cerca de sus labios. Sus ojos buscaron los verde del otro apartando con cuidado la mano con el hielo de Kisa de su cara; se preocupaba por él, y eso le había hecho sentir tan feliz que prácticamente había olvidado el problema en el que estaba, el motivo y la causa del mismo. Solo veía al hombre frente a él y lo bien que se sentía a su lado.

Yukina no supo en que momento ocurrió, simplemente el estudiante de arte eliminó la distancia atrapando los labios de "Onodera-san" entre los suyos, ignorando cualquier dolor en su cara solo movió sus labios con suavidad sobre los que Kisa poseía en ese momento. El editor por su parte estaba estático, desconcertado: la acción le había tomado con la guardia baja pero apenas su cerebro fue consciente de lo que ocurría correspondió el beso poniendo todo de su ser en él.

Llevaba más de un mes sin sentir los labios de Yukina de la forma en que se había acostumbrado a hacerlo; un mes alejado de él a pesar de la corta distancia que los separaba; un mes en que lo había extrañado en cuerpo y alma y que hacían que ese beso lo sintiera como la mayor gloria celestial.

Kisa se acercó más a Yukina profundizando el beso que él aceptó de buena manera; él más joven tenía la cabeza nublada, no podía explicarlo pero sentía que había algo conocido a indispensable para él en ese beso; un reconocimiento a la pieza que faltaba en su corazón desde hacía casi un mes, una pieza que llevaba por nombre "Kisa-san" aunque la estuviese ocupando "Onodera-san"

Las manos de Kisa se enredaron en el cabello de Yukina, disfrutando de la placentera sensación contra las yemas de sus dedos mientras su lengua danzaba a la par de la de Yukina en medio de un beso que fue interrumpido por una voz mortal.

- Lamento interrumpirlos – Era un susurro tan tétrico que erizó los vellos del a nuca de Kisa. O quizás fuese porque sabía a quién pertenecía esa voz. Se separó de Yukina como un relámpago: habían estado tan fundidos el uno en el otro que no habían notado la puerta al abrirse ni mucho menos cuando Takano entró, viéndolos.

- ¡Takano-san! – Exclamó Kisa horrorizado y preocupado por su jefe, pero este no estaba destrozado o al menos no en apariencia, su expresión era inescrutable – Takano-san, deja que te explique…

- No hay nada que explicar – Dijo con el mismo tono de voz llano; dirigiéndose luego a Yukina que miraba confundido – Que lo aproveches. – Dijo saliendo de la habitación de descanso sin más. Kisa se puso de pie, debía seguirlo, explicarle: su consciencia no le permitiría no hacer nada.

- Onodera-san – Lo detuvo Yukina tomándolo de la muñeca. Kisa volteó a verlo: tenía una expresión expectante y un tanto vulnerable. Acababan de besarse y él se marchaba de esa forma; sin explicarle nada cuando ese sería el momento perfecto para explicarle a Yukina quien era realmente. Se mordió el labio mirando en la dirección en la que Takano se había ido y luego volvió la mirada a Kou, suspirando: había tomado una decisión.

.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.

- ¿Onodera, eres tú?

- ¿Qué pasa Kisa-san?

Esa había sido toda la conversación; Kisa-san lo había llamado hacía ya casi dos horas solo para eso. El evento de autógrafos habría empezado ya hacía un buen rato, y Ritsu esperaba que todo marchara a la perfección. Estaba pensando en presentarse más tarde a ver cómo iba todo, claro, eso luego de que terminara de ordenar las páginas del nuevo capítulo del manga de Chiaki.

El mangaka se había superado a sí mismo mandándole todo un capitulo extra a tan solo una semana de haber entregado el capítulo correspondiente a este ciclo; con él fin de que él se lo entregara a Hatori; pero sin querer había dejado caer la carpeta con el trabajo esparciendo las hojas que ahora se esforzaba en re-ordenar.

No fue tan difícil, no eran muchas páginas; sin embargo apenas asimilaba que había terminado cuando escuchó que llamaban a la puerta. Se dirigió a ella para abrir ante la insistencia de quien tocaba; estaba seguro que no serían Hatori ni Yuu (ellos estaban en el evento de firma de autógrafos) ¿entonces quién podría tener tanta prisa por hablar con "Chiaki"? Se sorprendió al ver allí a Takano y aún más que este pasara sin esperar invitación o dejar si quiera los zapatos en el gekan. Parecía ansioso, o nervioso; no supo definirlo, intentó leer su rostro sacar de allí alguna pista de lo que ocurría pero no fue posible; sin embargo la respuesta llegó justo en ese momento.

- Vi a Ritsu besando al tal Yukina. – Dijo con tono inexpresivo.

- ¿Tak…que?... ¿QUE? – Gritó al darse cuenta de lo que acababa de escuchar – No puede… él no… ¡Lo voy a matar!- Masculló esto último por lo bajo apretando los puños; Kisa-san podía considerarse hombre muerto.

-…Y no me importó – Continuó Takano con una cierta sonrisa amarga. El enojo de Ritsu se esfumó. El rostro de Chiaki miró al editor en jefe con desconcierto

- ¿Takano-san que dice?

- No me importa con quien se bese, porque es un mentiroso… – El cabello de la nuca de Ritsu se erizó ¿Qué estaba pasando?

- ¿Qué? No, seguro hay una explicación para eso.

- Y porque no me interesa – Ritsu dejó de intentar defender las acciones de Kisa ¿Qué se supone que significaba eso? Sus ojos se abrieron con horror mientras Takano continuaba – Ya no me importan sus mentiras: Cuando lo vi, no sentí por él más que indiferencia: Si Ritsu es feliz…

- ¡NO! – Gritó Onodera sin dejarlo terminar – No... no… no – Negaba moviendo las manos frente a él frenéticamente - No puedes decir eso: tú lo amas.

Takano lo miró fijamente; Ritsu sintió las piernas sacudírseles ante la intensidad de la mirada de esos ojos castaños que se enfocaron en los azules que él poseía en ese momento. Takano avanzó en su dirección deteniéndose justo frente a él para acercar sus labios a los oídos del más bajo.

- …Y porque te amo a ti – Susurró seductoramente. En otro momento ese tono habría derretido a Ritsu por completo pero justo ahora solo logró congelarle hasta la sangre.

- No – Balbuceó; sentía un nudo en la garganta, eso no podía estar ocurriendo – Tú no puedes amarl…me; no puedes…

- ¿Por qué no? – Onodera no podía creerlo, eso no podía estar pasándole: Takano no podía enamorarse de Chiaki… de él… de él siendo Chiaki.

- ¡Porque amas a Ritsu! – Le espetó – Lo has amado durante diez años ¿O solo eran mentiras?

- ¿De qué me sirve amar a alguien que no me corresponde?

- RITSU TE AMA – Le gritó intentando apartarlo de sí. El rostro de Takano se cubrió con una ligera sonrisa antes de besarlo pero Ritsu no lo aceptó, en cambio apretó los labios con fuerza: había deseado ese beso todos estos días, pero que Takano besara a Onodera Ritsu, no a Yoshino-sensei. Forcejeó con él para apartarlo, con lágrimas en los ojos amenazando con cubrir sus mejillas.

Pero Takano se apartó casi al momento; reía divertido mientras que con sus dedos se señaló los labios y sacaba ligeramente la lengua.

- ¿Cuándo aprenderás a abrir los labios? – Preguntó divertido y agregó un poco más serio – ¿Tú… realmente me amas, Ritsu?

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¿Qué tal? Un capitulo lleno de emociones ¿no?
Takano le ha dicho Ritsu a Chiaki ¿Significa entonces que Kisa si le dijo la verdad? En el próximo capi veremos que ocurrió, el cual por cierto se llamara
"Cada oveja con su pareja…o algo así" solo les diré una cosa: háganle más caso al "algo así" que al resto del título xD Pero hablando en serio; habrán Avances entre las parejas…menos una que más bien "retrocederá"

Ohh por cierto… pobre Yukina, está en un punto en que no sabe a quién quiere ni porque

A ver, a modo de información:

(1)Oyakodon: es un donburi o bola de arroz que se cuece a fuego lento con pollo, huevo, cebolleta y otros ingredientes juntos en una salsa, sirviéndolos luego sobre un cuenco.

(2)Hambagu: Carne de hamburguesa sazonada y acompañada generalmente con arroz.

Ahora contesto los reviews :P

Hatori: :) genial jeje Chiaki te necesita tranquilo xD Gracias por el comentario :P

Cami-san: los gatos son fujoshis (si no me crees preguntale a Sorata) así que te perdonaran haberlos despertados xD jaja ok…esa super palabrooota… me tarde en descifrarla, pero tienen razón x.x ohh bueno quizás te haya tomado de sorpresa también con este capi? Jeje oye, la verdad es que ese cambio al drama ha sido inconsciente, me di cuenta cuando me releí el fics de tirón hace poco, siempre intento mantener el toque cómico a pesar del drama y mientras a mi y a las lectoras les siga gustando, me doy por satisfecha n.n Gracias por el comentario :P

Ateniita: Ohh en ese caso bienvenida a los comentarios jeje :P espero este capi te haya gustado tanto como los anteriores n.n

Luke Cole: Oh aun tengo un par de ideas más que se irán desarrollando a medida que se van enterando ;P todo esta fríamente calculado (o algo así xD )

Ale: "Chiaki" lo hace por el bien de la relación de Chiaki y Hatori xD ohh a veces me hacen sentir culpable porque soy mala influencia para sus estudios, pero luego me pidn el próximo capi, y se me pasa la culpa xD Gracias por el comen

Mia: Oh no estoy segura de si me agrada el Yuu-Mino; aunque la verdad es que tampoco me pareció justo que quedara solito u.u Yuu merece una pareja, y si te debo confesar algo, en el cap del manga donde Ritsu ve a Haitani besarse con un chico, desee que fuese Yuu :D (¿Qué te parece? ¿Estoy más loca de lo que creías, o no tanto? Jeje saludos

Los demás, como siempre por inbox n.n
Nos leemos pronto
Besos :3