Hola! Aqui os traigo un nuevo capitulo espero que os guste! Espero rewiers. Y muchas gracias a las de siempre por estar ahi y a Guest por tu rewiers! Hasta la proxima!


Capitulo 9 - Las vueltas de la vida

Dia de navidad – Dos semanas después

Cuando la puerta de su habitación se abre de par en par, el joven que esta durmiendo en el cuarto, se tapa con la almohada intentando evitar que la luz que entra le despierte. Tira de la sabana tapando su cuerpo mientras suelta un gruñido fuerte antes de quejarse.

-Mama, estoy durmiendo – la voz es ronca y seca.

- Son las 5 de la tarde, ya es hora de que te levantes, Finn – La voz dura de Rachel le hizo sobresaltarse quedándose sentado.

Algo aturdido de verla allí, Finn le siguió con la mirada a través de la oscuridad viendo como la joven se dirige hacia las cortinas corriéndolas y levantando las persianas. Finn se queja por la intrusión de la luz y pestañeo intentando adaptarse a la luz que ahora inunda toda la habitación. Al mismo tiempo, que con una mano apretó la sabana a su medio cuerpo ya que estaba completamente desnudo. Rachel se paro enfrente de la cama con brazos cruzados mirando a Finn con rostro enfadado.

- ¿Que estás haciendo aquí, Rachel? – Pregunto aun con voz ronca restregándose los ojos y evitando la mirada a Rachel en todo momento.

- Viendo cómo te destruyes a ti mismo y no cumples nuestra promesa – Finn levanto la mirada un momento mostrando confusión – Me dijiste que lo harías por mí, que buscarías ayuda, que saldrías de esta y por si no lo sabes, las promesas se cumplen, Finn – Le dijo señalándole con el dedo acusándolo. En realidad, no se lo había prometido, más bien no le dio una respuesta concreta pero Rachel confiaba que no se acordara de ese detalle - ¿Qué demonios crees que solucionaras estando en la cama todo el día?

Durante las dos semanas que Finn había estado en Ohio, habían sido aun peor que los días de después de su llegada del ejército. Se había pasado los días en la cama, durmiendo hasta horas de la tarde. Y cuando, Burt o Carole intentaban razonar con él lo único que conseguían de él era una discusión. Nunca antes le habían visto así. Carole no le reconocía. Ni siquiera Kurt o Blaine lo habían conseguido. E incluso, Puck, quien lo saco literalmente de la cama no lo consiguió. Incluso el día de Navidad, Finn se había negado a bajar para celebrar la navidad con su familia.

No fue hasta que Rachel llamo a Kurt y pregunto curiosa por Finn, ya que no habían vuelto a hablar desde que el joven abandono su casa. Este no pudo evitar decirle la verdad de lo que estaba pasando y aprovechando que ella también estaba pasando unos días en Ohio celebrando esas fiestas con sus padres, decidió pasar por la casa de los Hudson-Hummel para intentar solucionar algo. Carole le recibió con los brazos abiertos y muy esperanzada de que la joven lograra lo que los demás no habían conseguido. Además intuía que ella era la única que sabía que era lo que había pasado durante estos años y quizá era la única que podía ayudarle.

La presencia de Rachel le había aturdido demasiado, porque no se esperaba en ningún momento que la joven se presentara allí. Su última conversación le había cerrado las puertas de cualquier esperanza de volver con ella o al menos es como él lo había captado dicha conversación. El joven miro para cualquier lado, intentando buscar una salida, no sabía si era la conversación o la situación, pero estaba incomodo.

- Que más da, Rachel – Le dijo sin saber que decir. No tenía argumentos ni nada que contestarle coherente.

- ¿Qué más da? ¿Eso es lo único que se te ocurre decir? ¿Finn no te das cuenta del daño que te estás haciendo a ti mismo? Y ya no solo a ti, si no, a tu familia, a tus amigos, a mi – La voz de Rachel tembló en el momento que se nombro a ella y Finn la miro por primera vez al rostro desde que había irrumpido en su habitación. Sus ojos estaban brillantes de las lagrimas – Estamos muy preocupados, Finn – Finn se paso la manos por la cara intentando poner en orden sus pensamientos. Ella sabia la verdad, sabía todo lo que había pasado, mentirle y decirle que está todo bien como había intentado hacer con su madre no iba a funcionar. Suspiro antes de volver a hablar y le miro a los ojos.

- Rachel no puedo luchar contra este dolor, no puedo aguantarlo – confeso en voz baja como si lo que estuviera diciendo le diera vergüenza. Rachel suspiro y avanzo hacia la cama sentándose al borde, le cogió una mano entrelazando con la suya.

- Tu puedes, Finn. Eres mi héroe, ¿Recuerdas? – Finn negó con la cabeza, él no era un héroe. No lo era. Rachel vio su negativa antes de avanzar levantar sus manos y enmarcarle la cara con sus pequeñas manos, para que le mirara a los ojos – Lo eres. Y los héroes pueden con esto y con más.

- No sé cómo luchar contra esto.

- Deja que los demás te ayudemos, Finn. No puedes evitarlos siempre, impidiendo que lleguen a ti, impidiendo que sepan lo que te está pasando. Necesitas ayuda, no te avergüences de pedirla. Cuéntanos lo que sientes, compártelo – Finn suspiro, analizando sus palabras, mientras ella siguió hablando de manera rápida – No puedes cargar con el peso del mundo tu solo. No estás solo, Finn. No puedes permitir que esto te consuma y solo tu puedes luchar contra esto.

- No quiero hacerles sufrir.

- Pero lo están haciendo, el simple hecho de verte así, están sufriendo – Finn suspiro de nuevo, cerrando los ojos como cogiendo fuerzas, sabiendo que estaba diciendo la verdad – además, me dijiste que querías estar conmigo, pero cuando estuvieses bien ¿no? – Finn asintió mientras le miro a los ojos. Rachel sabía que ella era importante para él y debía aprovechar todos los argumentos posibles para que Finn saliera del agüero en el que se estaba metiendo – si dejas que esto te consuma, no podremos volver a estar juntos.

- Pensé que después del otro día, no querías saber nada de mí.

- Ojala fuera tan fácil olvidarme de ti – dijo medio sonriendo – Mira, Finn, me importas y te quiero. A pesar de todos estos años a pesar de todo, te quiero. Me dolió lo del otro día, porque realmente para mí fue una reconciliación fue volver a donde estábamos hace años. Pero me equivoque. Los dos nos equivocamos, ¿no? – Finn asintió y antes de que volviera a hablar, Rachel se adelanto - ¿Te ha afectado lo que paso el otro día, no? ¿El acostarte conmigo? – Finn se encogió de hombros y empezó a hablar.

- Tengo muchas pesadillas, Rachel. Sueño con Daisy que me acusa de haberle fallado por acostarme contigo, de ser un asesino y de ser la peor persona del mundo. Es como si tuviera a Daisy en mi cabeza todos los días. El día que nos acostamos, solo dormí una hora porque nada más cerrar los ojos, la vi gritándome y diciéndome de todo – hasta ese día no se había dado cuenta de la carga de culpabilidad debía de tener encima. Su culpabilidad lo estaba destruyendo. Y ella había echado mas leña al fuego.

- Lo siento, Finn, fui una egoísta, no sabía que… y creo que lo empeorado mas con todo lo que te dije.

- No importa – le volvió a coger de la mano, antes de volver a hablar o más bien parecía una súplica – necesito que entiendas que ella era importante para mí, no era la mujer de mi vida, pero era importante en mi vida y necesito dar el tiempo para pasar el duelo. Sé que puede dolerte, pero… - Rachel simplemente negó con la cabeza, no hacía falta que siguiera. Ella también había tenido personas importantes en su vida y entendía lo que Finn quería decir.

- Lo entiendo, Finn voy a darte el espacio que necesites y si crees que lo mejor es distanciarnos, lo entenderé también – Finn sonrió mas aliviado por saber que Rachel le entendía, vio en sus ojos la misma mirada que vio cuando estaban en el restaurante, esa comprensión y esa madurez - Pero eso no significa que tenga que aceptar que te destroces a ti mismo de esta manera – le dijo Rachel dándole a entender que podría entender que no tuvieran nada amoroso entre ellos dos ahora, pero como amigos, eso no lo iba a permitir - Así que, levántate y baja abajo – se levanto, llevando consigo las sabanas destapándole. Por un momento, Rachel se quedo sorprendida de ver que no llevaba ninguna ropa puesta, sonrió un momento mordiéndose el labio antes de mostrar seriedad cruzando los brazos en el cuerpo, antes de ver como un Finn tímido y vergonzoso se levantaba de la cama, aunque sin ninguna intención de tapar su desnudez – Te espero a… abajo – murmuro cuando paso por su lado dirección al baño.


Tardo un poco mas de lo previsto en bajar, se ducho y se afeito, para después bajar por las escaleras, algo nervioso y aturdido. Había elegido una camisa a cuadros azul y unos vaqueros muy usados. Nada mas sentir su presencia, todos se giraron para verle, Rachel quien estaba comentando como una señora del publico hablo una vez con ella mientras actuaba, se quedo en silencio, mientras lo vio entrar afeitado y duchado.

-Feliz Navidad – murmuro Finn a toda su familia y a Rachel – lo siento pero no he podido compraros nada – dijo cuando vio unas cajas envueltas en la mesa donde ponían su nombre, sintiéndose mal por su familia.

- No importa, siéntate hijo – le dijo Burt, señalando el espacio vacio al lado de Rachel y su madre estaba a su lado en el sillón, miro a su madre a los ojos y vio algo de dolor – lo importante es pasar estos días en familia, los regalos no importan – Finn se miro las manos indeciso, miro hacia su lado, hacia Rachel y ella solo asintió con la cabeza.

- Lo siento, sé que me he comportado fatal con todos vosotros – Dijo llevándose las manos a su cara. Por un momento, Kurt y Burt se miraron sin saber que decir, nadie en realidad sabía que decir.

Y entonces empezó a hablar, se sentó en el sofá acomodándose mejor, mientras el intentaba no mirar a ninguno a los ojos. Les contó todo, lo del secuestro, lo de Daisy, su muerte, las barbaridades que vio allí, su destitución… contó cosas que Rachel no sabia y se dio cuenta de que no solo era lo de Daisy lo que le estaba afectando, si no que Finn había visto cosas que seguramente le habían hecho cambiar para siempre.

El hecho de que Rachel estuviera allí, le facilito las cosas, ya que cuando se sentía incomodo por hablar de ciertos temas la miraba a ella, como si fuera a ella quien le estaba hablando solamente.

La compresión que demostraron todos en su familia, fue mejor de lo que esperaba Finn, no le juzgaron y ni le hicieron preguntas duras. En el fondo sabia que no iban a ser malos, pero el miedo, había podido con él. No pudo evitar cierto alivio cuando acabo de contar todo. Al fin y al cabo allí tenía a las personas que mas quería en el mundo, su madre, Rachel, Burt (casi un padre para él) y su hermano, Kurt. Su madre le ofreció un teléfono de una psicóloga que le había ayudado cuando murió su padre y Finn prometió delante de todos que asistiría.

Al final de la tarde, tras tomar algunos tentempiés que había hecho Carole por navidad, Rachel decidió irse, no sin antes despedirse de todos y Finn le acompaño hasta su coche que estaba aparcado justo enfrente. A pesar del frió, la joven pareja se paro enfrente del coche de la joven mientras se despedían.

- Supongo que he de darte las gracias por sacarme de la cama – le dijo Finn con una media sonrisa.

- Espero que no tenga que volver a hacerlo. Tenemos una promesa ¿La cumplirás? – Finn asintió – No dudes en llamarme cuando estés mal o no tengas ganas de levantarte y vengo aquí y levanto en un momento.

- Entendido, Sargento Berry – le dijo Finn haciendo el gesto militar y haciendo reír a Rachel. A pesar de todo se puso seria.

- Te lo digo en serio – le aseguro.

- Lo sé, gracias – se quedaron un instante mirando, antes de que Finn hablara de nuevo - ¿Seguro que no quieres quedarte a cenar? – le pregunto de nuevo, ya que su madre, Kurt y Burt se lo habían preguntado en más de una ocasión.

- No mis padres me están esperando – Le respondió antes de que Finn volviera a hablar.

- ¿Y qué pasa con nosotros? ¿Podemos seguir hablando? – su tono era indeciso e inseguro, ya que no sabía en qué punto estaban ellos dos. Rachel inclino la cabeza e encogiéndose de hombros.

- No lo sé, eso depende de ti, Finn. Te lo he dicho antes, si hablar conmigo va hacer que estés mal, entenderé que no quieras que…

- Quiero seguir hablando contigo, Rachel.

- Finn, ya sabes lo que quiero, pero no quiero meterte más presión de la que ya tienes.

- Quiero que sigamos manteniendonos como amigos, Rachel – La joven sonrió y Finn se acerco a ella rodeándole con sus brazos, abrazándole. Por un momento le tomo por sorpresa, pero dejo caer su cara contra el pecho de Finn. El abrazo duro un poco mas de lo esperado por Rachel aunque estaba encantada, tenía que evitar empeorar las cosas. Se separo de él y se despidió, metiéndose en el coche.

Nada mas irse Rachel, Finn sintió que volvía a hundirse, parecía que Rachel le daba fuerzas. Pero se lo había prometido, había prometido que saldría de esta. A pesar de que los días siguientes fueron complicados, le seguía costando levantarse de la cama, las ganas de no hacer nada seguían estando, pero se iba levantando antes de comer. Su madre le ayudaba a luchar contra ello y le daba consejos. La psicóloga parecía que le iba ayudando a superar sus miedos y su culpabilidad pero todavía quedaba mucho.


- ¡Finn, que alegría verte! – Casi grito el señor Shue cuando lo vio al otro lado de la puerta antes de darle un fuerte abrazo – Me dijo tu madre que habías vuelto, queríamos ir a visitarte algún día.

El joven entro en la casa de la que alguna vez fue su profesor, miro su comedor algo cohibido, admirando la decoración, antes de ver que algunos juguetes estaban esparcidos por el suelo, antes que una personita de dos años y medio entraba medio corriendo por la sala del comedor llamando a su mama. Nada más verle en su salón alto y robusto se quedo quieto mirándole y examinándolo. Se llevo una mano a la boca indeciso, antes de que Finn se agachara poniéndose a su altura.

-¡Hola! – saludo al niño quien se había quedado cohibido. El niño le miro antes de desviar la mirada hacia su padre buscando respuestas de quién era ese chico que le saludaba.

- ¡Finn! – Dijo Emma por detrás del su hijo Daniel. Finn se levanto para saludar a Emma con abrazo, mientras Will cogió a su hijo. Finn antes de sentarse, les dio una caja de regalo para el pequeño, por Navidad. No era mas que un juguete del muñeco de Superman para el pequeño Daniel.

A pesar de que tenía miedo que se le cayera o algo, Finn cogió a Daniel en brazos con cuidado cuando Will le ofreció para que lo tomara en brazos. 'Pues algún día tendrás que aprender a cogerlos' le dijo Emma con una sonrisa y él puso cara de susto. 'Todavía queda mucho para eso, señora Pillsbury' Haciendo reír a Will. Se sentaron en el sofá, mientras que el niño le iba dando juguetes y más juguetes a Finn, quien después del encuentro inicial parecía encantado con la visita.

-¿Cómo estas, Finn? Tu madre me dijo que habías vuelto algo tocado del ejército.

- Sí, estoy pasando unos meses algo duros. Una soldado murió por mi culpa y me está afectado mucho – contó sin dar demasiados detalles.

- Oh, vaya lo siento mucho – murmuro Will mientras le daba un apretón en el hombro.

- Y ahora he vuelto y parece que este igual de perdido que cuando me fui – Will asintió viendo las dudas de su antiguo alumno y casi sin quererlo, la conversación de hace casi siete años se volvía a repetir.

-Finn, tú tienes muchas cosas que dar, tu talento, tu personalidad, todo eso. Eres un gran líder. ¿Por qué no pruebas lo de volver a ser actor? – le propuso, justo cuando su hijo le daba un Superman en miniatura a Finn, ese que le había regalado.

- Honestamente señor Shue, no me veo actuando como Rachel – cogió el muñeco de la mano del niño y lo miro un momento, ese había sido su dibujo preferido cuando era pequeño.

-¿Y la música Finn? – La cara de Finn se le ilumino un poco, pero negó al poco - Eres un excelente batería, sabes cantar y tocar la guitarra.

- ¿Y qué podría hacer?

- Conozco una academia de música, es muy, muy buena, tú podrías encajar muy bien allí. Hace poco necesitaban a un batería, porque han tenido a muchos jóvenes que quieren aprender a tocar, no tienen a nadie, quizá tú podrías enseñarles.

- No se enseñar.

- Amas la música, Finn, sabes tocar la batería. Eso es más que suficiente. Solo pruébalo.


Después de fin de año, Finn se presento en la academia que el señor Shue le había recomendado. Tras una entrevista inicial, el director le pide si quiere probar unas semanas hasta febrero a ver como funciona. Se pasa unos días allí, tocando y dando clases a jóvenes y a niños que tienen ganas de aprender a tocar la batería. No supo cómo, pero en menos de una semana ya tenía a los pequeños entusiasmados con esa clase y a él parecía que le estaba viniendo bien el dar clases con los niños y enseñarles a tocar.

A veces se quedaba más tiempo de las clases, tocando solo para él disfrutando de la música, sin restricciones o preparando otras clases. Una tarde que esta él solo en la sala tocando, empezó a tocar un ritmo nuevo. Jadeo cuando toco las ultimas notas cuando se dio cuenta que un joven de aproximadamente su edad estaba en la sala mirándole.

-Wow, que bien tocas – murmuro el joven con el pelo castaño y media melena. Finn se levanto aun medio rojo por el cumplido.

- Gracias.

- ¿Eres el profesor? – Pregunto el joven mientras Finn asintió – ¿Eres muy joven para ser el profesor? ¿Cuántos años tienes? ¿19?

- 24 – el joven abrió los ojos asombrado, le había tomado por un niño de 19 años, pero no pudo más que fruncir el ceño antes de preguntar quién era él - ¿Tu eres un alumno?

- Oh no, soy Liam McMahon, el hermano de la Diana la profesora de violín, he venido a buscarla pero creo que se olvido que venía buscarla – Finn asintió con la cabeza mientras se giraba para guardar sus papeles en su bolsa - ¿Te gustaría formar parte de una banda? – le pregunto de repente haciendo que Finn se girara sorprendido.

- ¿Tienes una banda?

- Todavía no, pero quiero montar una. Estaba buscando a un guitarrista y un batería y por lo que he visto tocas muy bien. Yo toco la guitarra y mi amigo Justin toca el bajo. Y nos encanta tocar. ¿Te apetece?

- Bueno es una gran idea. Me apunto – le dijo mientras se acerco a él dándole la mano, sellando el pacto.

La música fue como la mejor curación que Finn podia tener. Se pasaba las mañanas en el taller, por la tarde daba clases y por la noche tocaba en la banda. Apenas estaban de pruebas y discutiendo algunas cosas, pero para Finn era lo mejor que le podía haber pasado. Además con Justin y Liam rápidamente surgió una amistad y realmente lo pasaban muy bien juntos. Todavía seguían buscando a otro guitarrista y a poder ser que fuera la voz principal, pero ellos se lo tomaban con la calma. Se lo estaban pasando bien simplemente tocando y haciendo lo que mas amaban en el mundo.

Las pesadillas habían bajado de frecuencia, pero seguían estando ahí y además, la ayuda de la psicóloga le estaba viniendo bien para aceptar todo. No se podía decir que estuviera bien al cien por cien, pero iba en camino de estarlo.


Salió decepcionada del lugar, no sabía si había salido bien del todo, llevaba como 20 audiciones entre películas, series de televisión en menos de cinco meses. Y aunque había hecho un par de papeles en la pequeña pantalla, Rachel sentía que quería más. No quería esto. Cada día estaba más convencida de que quería sacar un disco, quería hacerlo antes que esto. Su representarte le decía que era impaciente que debía esperar que 'Roma no se construyo en un día' pero a pesar de que ella siempre había apostado por la actuación y ser como Barbra, ahora quería esto, quería un disco. Puede que fuera un poco caprichosa, puede, pero su cuerpo le pedía esto.

Los meses y las audiciones van pasando, hecho que le hace ir de Nueva York a Los Ángeles cada dos por tres. A pesar de su fama y de su talento, Los Ángeles, más concretamente Hollywood está lleno de gente que como ella que quiere triunfar. Algunas audiciones son duras, incluso, algunas series le rechazan por no ser el prototipo de actriz de Hollywood, cosa que Rachel no acaba de entender.

Ese día, salió llorando de la audición y casi como si hubiera sabido que todo estaba mal, recibió un mensaje que le hizo subir el ánimo:

Finn: Eres increíble, no importa lo que digan nadie. Eres una gran estrella, Rach.

Durante esos meses, Finn y ella habían estaba hablando y sabia que ella estaba algo baja de ánimo por no conseguir lo que quería o por ser rechazada en algunos papeles. Pero su suerte cambiaria en menos de una semana, o eso creía ella.


Rachel sonrió mirando a los dos hombres trajeados mientras que se sentaba intentando que los nervios le jugaran una mala pasada. Gracias a que Ryder tenía muy buenos contactos había conseguido una entrevista para Rachel en una discográfica muy conocida.

-Darío, Ryan os presento a Rachel Berry – presento Ryder a la joven que estaba muerta de nervios. Los miro a los hombres con una media sonrisa intentando que no se le notaran los nervios. Vio una mirada curiosa en los dos hombres que tenía enfrente y ella sonrió más.

- ¿Qué tal Rachel? – Le pregunto el hombre que estaba sentado a la derecha con una voz tranquila mientras levantaba la vista de los papeles para mirarle.

- Encantada de estar aquí – sonrió abiertamente para darle a entender que era lo que mas quería en el mundo.

- Ryder nos ha hablado muy bien de ti y de tu talento y según hemos visto por los videos que nos ha pasado, no se equivocaba.

- Gracias.

- ¿Por qué te gustaría sacar un disco?

- Quiero ser una estrella – Los hombres le miraron y se apresuro a seguir hablando - Amo la música, disfruto mucho cantando, la música es mi vida. Para mi vivir de la música es un sueño.

-¿Qué es lo que te gustaría transmitir con la música?

- Muchas cosas, la música para mi es como hablar, siempre expreso como soy, como me siento… - Respondió sin saber si lo estaba haciendo bien o muy mal. Se sentía como en un examen y hubiera respondido de manera incorrecta. Se mordió el labio antes de que el señor volviera a hablar.

- Bien. Bueno, Rachel, la verdad es que nos encanta tu voz y tu talento. Nos gustas mucho, pero queremos hacerte unas pruebas, queremos que vengas al estudio con unas canciones que tenemos preparadas a ver como suenas y que podemos hacer contigo.

- Me gustaría escribir mis propias canciones – los dos hombres se miraron y después miraron a Ryder, como si ese detalle hubiera sido olvidado de comentárselo por su publicista.

- ¿Las escribes tu?

- Sí, claro, tengo varias – mintió y por un momento sintió la mirada de Ryder de refilón. Los dos hombres se miraron y uno de ellos asintió, para después mirarle a ella de nuevo.

- Tráelas, queremos escucharlas – Rachel trago saliva sabiendo en donde se estaba metiendo.

- ¿Cuántas necesitamos?

- Con unas 20 canciones estarán bien – los ojos de Rachel se abrieron.

- ¿Hay algún problema? – Le pregunto al ver su expresión.

- No, no, está todo bien – se apresuro a decir rápidamente intentando calmarse.

- Pues entonces nos vemos de aquí dos semanas y escuchamos sus canciones

Nada más salir de la discográfica, Ryder la cogió del brazo mostrándose bastante enfadado, aunque se intento serenar un poco su genio.

-¿Se puede saber a qué estás jugando? Que yo sepa no escribes canciones.

- Bueno, tengo algunas canciones escritas – Ryder le miro pensando que quizá se había equivocado al juzgarla antes de tiempo.

- ¿A si? ¿Cuántas?

- Una – dijo mientras Ryder viro los ojos al cielo.

- Pues mas te vale tener, las 19 canciones que te faltan para de aquí a dos semanas o si no, Rachel habrás perdido tu oportunidad.

- No se enteraran, tendré esas canciones en menos de dos semanas.

Un Ryder enfadado se despidió de ella. Rachel suspiro mientras pensaba como podía de esta situación bien, su impulsividad le había vuelto a jugar una mala pasada. Tras caminar por las calles de Nueva York durante un rato, y calmarse un poco, tuvo una idea, cogió el teléfono, se lo puso en la oreja

- ¿Rach?

- Finn, te necesito.