Autor Original: Vyrian D

ID: 1209801

Derechos: Solamente la historia es mía, no importa cuántas veces haya soñado con robar este manga de Amemiya Yuki.

ADVERTENCIAS: Esta historia contiene shounen-ai, y posiblemente yaoi y por lo tanto está marcado como "M" por seguridad. Así que si no te gusta el amor entre chicos, por favor, no leas, no me culpes. ¡No digas que no te advertí!

Parejas: Principal Frau x Teito, no correspondido de Hakuren x Teito, Castor x Labrador, Ayanami x Teito solo ligeramente y quizás algunas otras parejas menores.

Notas de la traductora: Aloha~! Ofú, de nuevo se me pasó totalmente subir más capítulos. Entre universidad, prácticas, y chorrocientas cosas más ha sido un completo caos y he olvidado completamente subir más capítulos.

Como compensación y puesto que es Navidad, va a ser una actualización de dos capítulos de nuevo~

Espero que os esté gustando este fanfic~

¡Feliz Navidad y Felices Fiestas~!

Noche 7: Error

"…Porque estoy empezando a pensar que este pacto fue un error"

Mi respiración quedó atrapada en mi garganta; mi mundo parecía estar cayéndose a pedazos. No podía creer lo que acababa de escuchar. No fue mi idea hacer el pacto con él, pero ya estaba hecho, y era demasiado tarde para cambiar eso. Aunque en un principio solo estaba siendo obligado a hacerlo, en algún momento del camino aprendí a aceptarlo. Acababa de empezar a aceptar a Frau en mi vida, ¿y ahora decía que se arrepentía de esto? Nunca supe que se sentía de este modo. Sé que nunca me arrepentí de hacer esto, era difícil de aceptarlo. No es que hubiese aceptado el pacto en primer lugar, pero nunca me había arrepentido de nada.

Me preguntaba porque nada parecía funcionar para mí. Todos los que amaba acababan por dejarme. Todo lo que hacía para mantenerlos a salvo, acababa en nada. Con mi cabeza agachada, intenté esconderlo todo, intenté poner en mi rostro una máscara inexpresiva. Sabía que no había mucho que esconder al rubio, pero me daba una tranquilidad temporal.

"…Déjame solo…"

Suspirando, Frau se levantó y empezó a alejarse. En lo profundo de mi corazón, deseaba que se quedase aquí y me dijese que solo estaba molestándome, pero no iba a hacerlo, y no iba a admitirlo. Aunque el rubio no miró atrás, se detuvo una vez antes de alcanzar la puerta.

"Nunca me he arrepentido" dijo repentinamente, aún mirando a la puerta. Su mano estaba preparada, lista para girar el pomo y salir "Se supone que no tienes que estar con alguien como yo. Mereces algo mejor"

Con esas palabras finales, se fue de la habitación. Me senté aquí durante unos pocos segundos, intentando entender lo que había dicho. Dijo que nunca se arrepintió, pero entonces, ¿por qué dijo que era un error? ¿Estaba solo excusándose? No estaba seguro de lo que debería hacer. No es que pensase que el pacto de sangre podría ser cancelado, pero Frau nunca me había dicho realmente nada sobre eso, o preguntó. Me di cuenta de que el único modo de conseguir información ahora era preguntarle a los otros dos vampiros. Realmente no sentía ánimos de preguntarles, pero no es que tuviese otra opción.

Con rapidez salté de la cama, corrí hacia la puerta y salí de la habitación. El pasillo estaba tan ocupado como siempre pero, ignorando a la multitud, volví mis pensamientos hacia la Catedral. Escuché que hoy los obispos iban a guiar a las masas. Pensé que quizás sería capaz de alcanzarles si podía llegar antes del mediodía. Pasando la puerta de la habitación a la derecha de la mía, me detuve repentinamente, pensando. Esta habitación era la de ese rubio de pelo largo. Me pregunto si estaba dentro…pero necesitaba llegar a la Catedral pronto…

Estaba tan distraído pensando que fallé en darme cuenta de la presencia de alguien detrás de mí. Con su tono, más profundo y pesado que el mío, esta persona habló.

"¿Qué estás haciendo aquí?"

Automáticamente (y nerviosamente) me di la vuelta. Hablando del diablo, la persona en sí misma había aparecido. a diferencia de la ropa blanca de ayer, hoy llevaba una larga túnica negra. Era… digna de él. Cuando iba de negro, se parecía incluso más a Mikage. Cuando pensaba de ese modo, era como si Mikage siguiese aquí.

"¿Y bien? Estoy esperando" espetó, cruzándose de brazos y mirándome irritado. Viendo la mirada molesta del rubio, retiré lo que acababa de pensar. Él NO se parecía a Mikage. EN NADA.

"¡Esta no es tu casa, y no hay ninguna prohibición en contra de pararme aquí!" exclamé enfadado. ¿Por qué tenía que hablar con ese tono tan…molesto todo el tiempo? No recordaba haberle hecho nada. ¡Diablos, ni siquiera le conocía bien en primer lugar!

"Oh, vaya, parece que os estáis llevando realmente bien" una familiar voz femenina interrumpió. Ambos nos giramos inmediatamente a mirar a la intrusa, sin olvidar el retirar nuestras miradas molestas, escondiéndolas bajo una máscara de normalidad. No pensé que el tener una pelea cada vez que nos encontrábamos podía considerarse "llevarse bien". Bueno, no sabía sobre este chico, pero al menos yo no lo creía.

La hermana, aparentemente ajean a nuestra aura hostil, nos sonrió dulcemente. Solamente pude suspirar y rendirme. No podía solo esquivarla de nuevo después de lo rudo que fui con ella antes. Por su apariencia, era obvio que había olvidado todo. Estaba agradecido pero, aún así, me sentiría mal si no me disculpaba.

Inclinando profundamente la cabeza, con mis manos a los lados, expresé mi arrepentimiento del mejor modo que sabía.

"Siento mucho haber sido tan grosero hace un tiempo, hermana Rosalie"

"Teito-kun" la chica levantó suavemente mi rostro y sonrió "Es bueno que sepas que has hecho algo mal, ¿pero no deberías disculparte por otra cosa?"

"… ¿Eh?"

"Lo has olvidado, ¿no?"

"¿Mmm…?"

"Se suponía que te ibas a encontrar ayer con la hermana Libelle, ¿cierto? Le pasaste el mensaje, ¿verdad, Hakuren-kun?" la muchacha se giró hacia el chico detrás de mí.

Oh, así que su nombre es Hakuren. Pero dejando eso a un lado, ahora que lo pensaba, me dijo que la hermana quería verme…y lo había olvidado. Se quedó completamente distraído con la repentina aparición del rubio y su parecido con su querido amigo que no había escuchado nada de lo que le había dicho. Después de que Hakuren se fuese ayer, estaba cansado de leer libros en la librería y me fui de vuelta a mi habitación a tomar una siesta. Estaba tan cansado en ese momento que nada más caer en la cama, me quedé dormido. No mucho después de eso, había despertado por la pesadilla.

"Bueno, de todos modos" dijo la hermana Rosalie animada mientras aplaudía. "Ahora que los dos estáis aquí, os mostraré vuestra habitación. Seguidme" movió su mano, señalando que la siguiésemos mientras empezaba a andar por el pasillo. La miré dudoso, pero decidí seguirla en silencio.

Hakuren venía detrás de mí silenciosamente. De vez en cuando, echaba ligeras miradas hacia atrás hacia él las cuelas eran devueltas todo el tiempo con una mirada enfadada. Realmente no sabía que estaba mal con él, pero a pesar del sentimiento que tenía, decidí no preguntar. Me preocupaba pero ahora no tenía tiempo cargar mi mente (o la suya, para el caso) con más problemas. Hablando sobre problemas, seriamente necesitaba ir a la Catedral. Era casi la hora del final de la misa, pero no podía irme ahora, dejándoles atrás. Además, aún le debía una disculpa a la hermana.

Bajaron y bajaron andando en línea, bajando las escaleras de caracol. Había pasado algunas puertas, y había perdido la cuenta de cuantas plantas habían pasado mientras andaban por las estrechas escaleras. Estaba estrecho entre Hakuren y la hermana. No es que fuese particularmente aburrido o algo, pero observar a la gente era divertido, incluso si no había mucho que observar. Además, podía servirme como distracción.

La hermana Rosalie tarareaba para sí misma, quizás había tenido un buen día o algo porque parecía muy feliz. No parecía enfadada conmigo por haberme escapado de ella, y también me había perdonado por olvidar la reunión. Eh, pero quitando eso, las tras hermas SIEMPRE parecían felices.

"¡Hemos llegado!" se dio la vuelta de repente, anunciando animada nuestra llegada.

Su sonrisa era tan dulce que parecía sospechosa, pero decidí ignorarla. Necesitaba superar esta paranoia o lo que sea.

"Y, ¿qué estamos haciendo aquí?"

El lugar al que les había traído era un largo pasillo en la novena planta. Aquí había muchas pálidas puertas amarillas que llenaban el corredor.

"Es vuestra nueva habitación. No podemos teneros siempre en las habitaciones de invitados, ¿verdad?"

"De acuerdo. ¿Así que esta es mi habitación?" pregunté de nuevo, solo para asegurarme. Esperaba que no acabase como vecino del enfadado rubio que estaba detrás de mí.

"No, esta habitación es para vosotros dos" respondió ella, aun sonriendo, a pesar de que ahora no tenía ni pizca de humor.

"¡Qué! ¡No quiero compartir habitación con él!" exclamé con enfado, apuntando con mi dedo hacia el mayor.

Al señalado chico rubio no parecía importarle. Solamente se encogió de hombros y entró a nuestra habitación asignada sin decir nada. Miré suplicante a la hermana, esperando que se apiadase de mí y que me asignase una habitación diferente, pero continuaba con esa terrorífica sonrisa y me hizo un gesto de entrar dentro. Entendí que no había modo de decir que no.

Con un suspiro de derrota, seguí a Hakuren y entré en la habitación. Esta era simple, muy diferente de la habitación de invitados en la que estaba. Las paredes estaban pintadas de blanco y había una amplia ventana en el centro. Había dos camas de tamaño normal, cubiertas de sábanas blancas, colocadas contra la pared cada una a un lado de la pared. El rubio cogió la cama de la derecha, obviamente porque ya se había acomodado sobre la cama.

"Bueno, acomodaros. Estaré en la Catedral si necesitáis algo" Rosalie hizo una pequeña reverencia y se fue, pero antes de que se alejase demasiado, corrí tras ella, recordando que estaba planeando reunirme con los dos vampi…eh…obispos.

El paseo no fue demasiado largo porque mi nueva habitación estaba cerca de la sala principal. La misa había terminado y las personas, que parecían felices y en paz, salían al pasillo con sonrisas adornando sus rostros. No sabía lo que hacían dentro ya que no había misas en la academia. De todos modos, no es que quisiese saberlo.

"¿Estás buscando al obispo Frau?"

No sé porqué la rubia hermana preguntó eso, pero me molestó mucho por alguna razón. Quiero decir, ¿por qué Frau?

Con el ceño fruncido, pregunté.

"No. ¿Por qué has mencionado su nombre?"

"Mmm…solo pensaba que pareces más cercano a él que a los otros obispos"

"No soy cercano a él ni nada" intenté decirme a mí mismo que no había ni una ligera nota de pánico en mi voz.

Negación. Sabía que estaba más cerca de él que nadie en esta iglesia. Al principio era poque me sentía cómodo junto a él. Quizás actuara como un niño de 10 años algunas veces pero otras veces me hacía darme cuenta de que era un adulto. Su madurez me atrapaba con la guardia baja. Más que eso, directamente nunca mentía. No sé si alguna vez, pero quería pensar que nunca lo había hecho. Más tarde, habíamos llegado a estar bastante cerca por el pacto de sangre. Por supuesto, nadie a excepción de nosotros dos y los obispos lo sabían.

Por desgracia, nuestra cercanía no era más que parte del pasado ahora; Frau me había dicho que se arrepentía de lo que había hecho. Estaba seguro de que se refería al pacto. Se arrepentía de eso, así que pensaba que sería mejor si pudiésemos ponerle punto y final. Eso era por lo que había venido a encontrarme con los dos. Sabían más sobre este pacto de sangre que yo.

"Entonces, ¿estás buscando al obispo Castor?" preguntó ella, temblando ligeramente la comisura de sus labios.

"Sí, creo" tenía ese sentimiento de sospecha de nuevo, ¿por qué estaba sonriendo?

"Bueno, estoy aquí. ¿Qué necesitas?"

¡No me sorprendí en absoluto! Deseaba poder decirlo honestamente pero sería una gran mentira. ¿Quién diablos aparecería detrás de ti como un espeluznante fantasma? ¡No tenía ningún aura! Traté de poner una expresión normal, pero fallé espectacularmente. Castor sonrió con diversión, e ignoré el sentimiento de que mi cara estaba ardiendo.

"Yo…necesito hablar contigo" mi tono era ligeramente desesperado. Quizás era por la vergüenza, o quizás ESTABA desesperado, pero fuese lo que fuese, mientras que consiguiera que me dijese lo que necesitaba…

El hombre asintió, su expresión se volvió seria.

"Sígueme" dijo. Me despedí de la rubia hermana y seguí al obispo hasta el precioso jardín en donde habíamos hablado con anterioridad. Ese lugar me hacía sentir mal. Ahora que pensaba en ello, había sido muy grosero irme de ese modo.

"Entonces, ¿es sobre Frau?"

Me detuve y le miré fijamente. Las personas siempre sabían lo que quería decir, incluso antes de preguntarlo. ¿Era tan fácil de entender? ¡Ni siquiera tenía que hacer el pacto con ellos para que leyesen mi mente! Honestamente, sentía que no era del todo justo. Quiero decir, ¿Cómo iba a ser justo que todos supiesen tus pensamientos mientras tú no puedes leerlos en absoluto? Les maldecía a ellos y a sus excelentes caras de póker.

Al darse cuenta de mis pucheros, a pesar de que los hice sin querer, el vampiro pelirrojizo se rió. No pensé que fuese algo por lo que reír, pero al parecer pensaba diferente que él. Estaba aún sonriendo con diversión incluso después de que le dijese con petulancia que lo dejase.

"Lo siento, es solo que es muy fácil entenderte"

"Gracias por decir lo obvio" estaba siendo sarcástico pero sabía que al hombre no le importaría. A él y sus amigos NUNCA les importaba "Quiero saber sobre el pacto de sangre"

"Y, ¿algo en específico?"

"¿Puede ser cancelado?"

Una mueca desagradable se formó repentinamente en su rostro. Su expresión llegó a ser más oscura y se quedó mirándome. Me dio una sensación desagradable, como si estuviese siendo presionado y amenazado. Nunca había sentido una presencia tan fuerte, a excepción de la vez que tuve que huir con Mikage. Ayanami era diferente porque era un militar, y este hombre era un obispo. Pero ambos tenían algo en común: ambos eran vampiros. Fue un desafortunado accidente que esa noche arañase mi brazo, y de paso, que Ayanami se alimentase. Creo que estaba alimentándose de su propio subordinado, Hyuuga, creo que era su nombre. Ugh, eso solo me hacía sentir enfermo.

De todas formas, dejando eso de lado, aún no podía entender porque el obispo se veía tan triste y aterrador. Pero estaba bastante seguro que tenía algo que ver con mi pregunta.

"¿Por qué lo preguntas?"

Estaba considerando decirle sobre Frau pero odiaba la idea de abrirme a alguien que era prácticamente un extraño. Pero entonces, de nuevo, no era un completo extraño. Además, él y Labrador eran amigos de Frau. Él conocía al rubio mejor que nadie en la iglesia.

"Frau dijo…"aparté la mirada mientras dejaba de hablar. Esperaba que no viese mi patética expresión en este momento. No podía creer el gran efecto que tenía sobre mí ese maldito rubio. Todas sus acciones ponían mi mundo patas arriba. "Bueno, dijo que fue un error hacer el pacto…"

Era doloroso decir eso. El hecho de que no fuese necesario en su vida y ser abandonado realmente me hería. Sin embargo, estaba también consciente del hecho de que Frau no haría algo sin razón. Preguntarle directamente no me llevaría a ningún lado, así que la mejor opción era preguntarle a un amigo cercano.

"Dijo que merecía algo mejor"

Ninguno de nosotros dijo una palabra. Castor-san estaba pensando y yo estaba esperando impacientemente. No mucho tiempo después dio un largo y estresado suspiro.

"Ese hombre nunca cambia" no le respondió, prefiriendo mirarle curiosamente "Está todavía atrapado en su pasado. Pero no puedo decirte los detalles; debes descubrirlo tú mismo. Pero tienes que saber que no quiso decir lo que dijo. Además, los lazos de sangre no pueden cortarse"

"Pensé…" Si. Ya lo sabía. Solo estaba esperando que alguien dijese algo, convencerme de que no había sido rechazado "Creo que le buscaré y le preguntaré"

"Eso sería lo mejor y, ¿Teito-kun?" miré hacia arriba para encontrarle con el ceño profundamente fruncido, mirándome intensamente "Te ves muy pálido. ¿Estás bien?"

Uh-oh.

"Sí, estoy bien" mentí con prisa "Solo un poco cansado. Gracias por tu preocupación" rápidamente huí antes de que el hombre me preguntase algo más. La última cosa que necesitaba era que los tres me regañasen por el insomnio.

Estaba pensando en ir a la habitación de Frau, pero recordé que no tenía acceso a la planta de los obispos. No podía pedirle a Castor-san o Labrador-san de ayudarme porque no querían que se viesen involucrados en nuestros problemas. Creo que la única cosa que podía hacer era volver a mi habitación ahora y esperar a mañana para buscarle. A decir verdad, no tenía ganas de volver. No quería encontrarme con el otro problemático rubio.

Inicialmente, Hakuren no era un mal chico (probablemente) pero parecía que me odiaba por algo. Pero más que eso, parecía como si estuviese buscando algo en mí. Algunas veces, incluso cuando me miraba estando molesto, podía identificar una cierta mirada de escrutinio en él. No sabía que esperaba encontrar en mí y realmente no quería saberlo. No aún, de todos modos.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

La noche cayó sobre mí de nuevo, forzándome a volver a mi habitación. Era ese momento lo que más odiaba. ¿Por qué? Porque esa era la hora de dormir. Era suficientemente malo cuando dormía solo y tenía pesadillas, pero ahora compartía habitación. No podía ir a dormir y entonces despertar gritando en mitad de la noche. Asustaría a mi extraño compañero de habitación. En realidad, su estado de ánimo en referencia a mi era una mierda; me hacía preguntarme si era secretamente una chica y estaba protegiéndose o algo.

Menos mal que siempre se dormía antes que yo así que no tenía que excusarme por no dormir. No es que le hubiese importado, pero solo por si acaso. No quería que fuese y accidentalmente se lo mencionase a los sangre pura. Aun tenía un problema con Frau del que encargarme y no necesitaba más problemas apilándose.

Tiré todo, sin encontrar una posición cómoda. Después de unas pocas horas dando vueltas, finalmente me rendí y simplemente me senté en la cama. Mi espalda descansó en la fría pared con las rodillas pegadas contra mi pecho. Me quedé mirando fijamente a la oscuridad fuera de la ventana. No había luna ni estrellas esta noche, era solitario.

Enterré la mitad de mi cara en mis rodillas y observé al rubio dormir con nostalgia, de espaldas a mí. Cuando solamente podía ver su pelo de color rubio, me hacía recordar a Mikage. Al igual que cuando estábamos en los dormitorios, él dormía tan ruidosamente y, algunas veces, solo algunas veces, le miraba secretamente mientras dormía. Solo una mirada y sentía la calidez invadir su corazón. Todo el tiempo, me decía a mi mismo que ese chico era al único al que tenía que proteger. Las personas como él merecían lo mejor.

Espera, había escuchado esas palabras antes, hoy de hecho. Frau me había dicho exactamente lo mismo. ¿Eso significaba que él pensaba lo mismo? Era cierto que estábamos siendo perseguidos por nuestro pasado. En mi caso, había perdido a mis personas más importantes. Cuando Mikage vino a mí, estaba feliz, pero no podía aceptar plenamente su amabilidad. Pensé que alguien cuyas manos se habían ensuciado de sangre de incontables personas, y cuya alma había sido corrompida por la oscuridad, no debía estar tan cerca de alguien tan puro como Mikage. Al final, sin embargo, Mikage ganó. Al final, me di por vencido y llegamos a ser amigos.

Por lo que Castor-san me dijo, Frau aún seguía atormentado por su pasado. La conclusión más plausible a la que podía llegar era que había cometido los mismos errores que yo. Ahora, después de entender como Mikage se sentía sobre mí, sentía la necesidad de hacer lo mismo por Frau. Era una manera de arrepentirme de mis pecados. Además, si me tenía que quedarme con él para toda la eternidad, este tipo de atmósfera incómoda no era totalmente buena. Eventualmente, tendría que resolverlo.

Esa noche, me mantuve pensando sobre algunas posibles soluciones y enfoques que pudiese usar para conseguir que Frau se abriese a mí. Antes de saberlo, había caído dormido, mi cabeza descansando en mis rodillas. Fue bien hasta que las pesadillas empezaron a perseguirme de nuevo. Desperté con un sobresalto. Estaba jadeando y cubierto de sudor frío. Mis manos estaban mojadas de sudor y temblando violentamente de miedo. Cada vez que la sangrienta escena se repetía, se me recordaba mi oscuro pasado.

Esos cadáveres de ojos vacíos parecían perseguirme a donde quiera que fuese, como si fuera mi culpa de que muriesen. Ese sueño, y esos ojos, continuaron persiguiéndome durante días. Me preguntaba, ¿cuándo fue la última vez que dormí adecuadamente…?

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Habían pasado dos semanas desde que Hakuren Oak decidió dejar su casa. Una semana fue gastada en encontrar información sobre Teito Klein, y finalmente encontró una pista sobre su objetivo en la Iglesia de Barsburg. Al principio, su intención era descubrir la verdad tras la muerte de su hermano pequeño. Odiaba a Teito Klein y culpaba al moreno por dejar a su hermano morir. Cuando se encontró con el muchacho, estaba esperando ver a un chico con una personalidad complicada y cruel, pero la persona real era totalmente diferente. El chico era puro e inocente y aún lleno de curiosidad. Era casi impensable que ese chico fuese la causa de la muerte de su hermano.

Pensó que odiaba al chico de ojos esmeralda, pero ahora que realmente pensaba sobre ello, no podía. Al contrario, empezó a gustarle. Su ingenuidad le dejaba sin palabras algunas veces, pero sin embargo, Teito Klein no era tan malo como inicialmente pensó. Ese sentimiento creció más fuerte conforme aprendía algo nuevo sobre el chico, especialmente después de que habían empezado a compartir habitación. Aprendió mucho más sobre Teito. Aunque parecía activo y energético frente a las hermanas, era una persona más tímida y reservada. A menudo se quedaba en la habitación y miraba vagamente a la nada. Hakuren nunca supo lo que ese chico estaba pensando, pero sentía que sería grosero preguntar.

Era evidente que el moreno estaba perturbado y tenía una severa falta de sueño. Incluso desde el primer día compartiendo habitación, Hakuren se había dado cuenta de esto. El chico estaba pálido con prominentes ojeras bajo sus ojos, los cuales contrastaban inquietantemente con sus brillantes ojos verdes y tez blanca. Incluso por la noche, cuando Hakuren se había ido a dormir, el más joven no lo hacía. Estaba despierto con la espalda apoyada en la pared, mirando vacíamente al oscuro cielo a través de la ventana. Y eso era lo que hizo a Hakuren darse cuenta de lo agitada que era la vida del chico.

Teito casi nunca dormía, e incluso si se dormía accidentalmente, pronto era perturbado por pesadillas. Rodaba en la cama y gemía, algunas veces lloraba, y al final, despertaba con un sobresalto y no volvía a dormirse, temblando y sudando hasta la mañana. Esto ocurrió durante días, hasta que finalmente el mayor de ambos chicos no podía ignorar a Teito más tiempo. No solamente perturbaba el sueño de Hakuren, si no que el rubio se dio cuenta de cuan equivocado sobre la vida de su compañero de habitación y que necesitaba ayuda.

Había pasado una semana desde que habían empezado a compartir habitación, y Hakuren había decidido hacer algo. Fue en busca de uno de los obispos que a menudo cuidaba de Teito. El rubio había escuchado de una de las hermanas que eran cercanos, especialmente con el obispo Frau. Hakuren no podía posiblemente acercarse al chico y hablar con él, no aún, de todos modos. Por un lado, él odiaba al chico y no le había aceptado aun.

Encontrar a uno de los obispos no fue del todo difícil. Eran bastante famosos. Todo lo que tenía que hacer era encontrar un lugar donde las personas estaban reunidas, ahí definitivamente encontraría a uno de ellos. Si estaba de suerte, los tres estarían allí y, aparentemente, Hakuren estaba en lo cierto.

Había una gran multitud en frente de la puerta. Desde donde estaba, podía ver a alguien con el pelo rubio saltando justo fuera de la puerta, evadiendo los ataques de alguien con el pelo negro. Cuando se acercó un poco más, se dio cuenta de que el hombre con el pelo negro era un vampiro. Era obvio con mirarle a los ojos: salvajes y pensándose en nada más que no fuese matar y comer a alguien o algo. Hakuren había visto a vampiros locos unas pocas veces en su vida. Eran violentos y fatalmente fuertes. No había muchas personas cuerdas dispuestas a intentarlo, o ni siquiera intentarlo. Hakuren por si mismo era uno de esas raras personas. Ya que uno de esos vampiros mató a su madre, había aprendido por sí mismo sobre los Zaiphon y los Báculos. Entre todos los portadores de báculos, el chico de cabellos rubio claro, era considerado hábil, pero en verdad ahora estaba hipnotizado.

El obispo rubio no había conseguido golpear al vampiro aun, pero Hakuren podía decir que el hombre era hábil. El vampiro era fuerte, por no mencionar rápido, pero ese obispo podía evadir todos y cada uno de los ataques con gracia. Sus habilidades eran definitivamente las mejores y más fuertes que nadie que había visto. De repente, con un solo ataque, el vampiro cayó muerto, colapsando en el suelo y sangrando. Animado, comenzó a aplaudir junto a la multitud.

En ese breve momento, Hakuren encontró a su héroe.