Autor Original: Vyrian D
ID: 1209801
Derechos: Solamente la historia es mía, no importa cuántas veces haya soñado con robar este manga de Amemiya Yuki.
ADVERTENCIAS: Esta historia contiene shounen-ai, y posiblemente yaoi y por lo tanto está marcado como "M" por seguridad. Así que si no te gusta el amor entre chicos, por favor, no leas, no me culpes. ¡No digas que no te advertí!
Parejas: Principal Frau x Teito, no correspondido de Hakuren x Teito, Castor x Labrador, Ayanami x Teito solo ligeramente y quizás algunas otras parejas menores.
Noche 8
Hace dos días, Dirigible Militar de Barsburg
El cielo crepuscular de fuera de la gran ventana del dirigible brillaba misteriosamente. La persistente luz del sol pintaba las nubes en el horizonte como un cepillo de oro. Ayanami estaba sentado en su silla de siempre de capitán, viendo el brillo empezar a extinguirse conforme el sol bajaba y la oscuridad tragarse el resto de la luz. No estaba buscando nada realmente; nunca fue del tipo que admiraba lo que las personas normalmente considerarían hermoso.
"¿Qué estás pensando, Aya-tan?" bajó la vista hacia su sonriente subordinado. Hyuuga era su hombre de mayor confianza, Ayanami lo sabía. Hyuuga no le consideraba solamente un jefe sino también alguien a quien verdaderamente admiraba y apreciaba. Era obvio, en realidad, ver cuán dedicado era el hombre. No solamente eso, Hyuuga hacía todo lo que le ordenaba, incluso la misión más imposible que las personas normales no pensarían en hacer.
Ayanami era famoso entre el mundo militar, no solamente por su incomparable ingenio, pero también por la lealtad de sus subordinados. Por supuesto Hyuuga era uno de ellos, pero tenía algunos más ayudantes de confianza. Eran todos leales a él, eso lo sabía, pero Hyuuga era diferente. Fue el primero en llegar a ser su mano derecha. El cuervo le entendía muchísimo, a pesar de que Ayanami sabía que nadie verdaderamente le entendía.
Una vez, había gente a la que había amado muchísimo, pero esas personas habían muerto. Esas personas eran débiles, y así era él. Esa es la razón de que despreciase la debilidad.
"¿Está listo el cebo?" su profunda voz resonó por toda la habitación. El lugar no estaba vacío, pero el ensordecedor silencio que se había asentado entre todos antes de que le permitiese a sus subordinados escucharle perfectamente.
"Si" respondió uno de los ayudantes "Está preparado"
Con una sonrisa confiada formándose en su apuesto rostro como respuesta, Ayanami se retiró a su habitación. Era el único lugar en el que podía encontrar la soledad. Era el único lugar donde podía recordar sobre su pasado.
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Presente, Iglesia de Barsburg
Estaba soñando hoy. Pero no se trataba de mi pasado. Bueno, ERA mi pasado, pero no sobre la horrible montaña de cuerpos. Estaba soñando sobre mi pasado en la Academia. Era el lugar donde conocí a mi único y mejor amigo: Mikage. Si, estaba soñando sobre los momentos felices de mi vida, a pesar de que debería haber sido la peor parte de mi vida. Todos los días con él eran divertidos; gastábamos bromas sobre el tipo que se burlaba de mí, y entonces acabábamos siendo castigados. Incluso el ser castigado con él era divertido en esos momentos.
Este sueño era el único buen sueño que he tenido y estaba agradecido. Incluso si hoy era la única vez que lo soñaba, por lo menos podía tener una buena noche de sueño. Era bastante molesto cuando las personas te decían constantemente que parecía como un muerto viviente. Eso me hacía preferir el encerrarme en la habitación, lo cual no ayudaba demasiado. Y peor, ahí estaba Hakuren quien siempre me miraba, escrutándome, como si fuese a saltar de repente y apuñalarle.
No podía evitarlo si pensaba así de mí; después de todo, estaba bastante seguro de que me odiaba. Pero últimamente, su actitud había cambiado. Estaba menos… cruel… o algo… lo que sea. El punto es que no me insultaba tanto como antes. La mayor parte del tiempo solamente observaba lo que hacía, a pesar de que la mayor parte del tiempo solo estaba sentando, pensando, y algunas veces leyendo. Muchas veces tenía que contenerme a mí mismo de escapar de él porque esas contantes miradas estaban empezando a molestarle. Era como si quisiera gritar y decirle que me dejase solo de una vez. Había demasiados problemas de los que tenía que encargarme solo, pero no quería envolver a nadie más.
Dejando a un lado mi problema de insomnio, recordando que había tenido un buen sueño hoy (pero también triste), mi objetivo era como hacer frente a Frau. Fui a su habitación después de hablar con Castor pero al final solamente me quedé perplejo mirando su puerta. No sabía lo que debería decirle. No podía decirle que Castor me dijo de venir aquí porque no me dijo lo que hacer. Solamente me dijo de preguntarle a Frau yo mismo. Por mucho que quisiese saber, no tenía derecho, no era nadie, solo un completo extraño que por casualidad había llegado a ser su compañero de vida.
Más de una vez me había descubierto a mi mismo preguntándomelo, ¿era su destino una razón suficientemente buena? Quizás si para algunas personas, pero no, no era suficiente para mí y para él. Ambos teníamos orgullo y preferíamos guardarnos nuestros problemas en secreto. No podía ir a preguntar, así que volví a mi habitación, pensando sobre la siguiente cosa que debía hacer, todo mientras ese obispo pervertido se movía por el borde de mis pensamientos. Era verdaderamente molesto, ambos, la realidad y mi imaginación.
"¿Eres cercano al obispo Frau?"
Mi ceja se alzó reflexivamente. Pensé que me odiaba pero, de nuevo, el que hablase conmigo no quería decir que le gustase. Era un tanto irritante pensar que mi compañero solamente se preocuparía por hablar cuando necesitase algo. Peor, estaba preguntando sobre alguien en quien no quería pensar ahora.
"No tengo la obligación de responderte"
Mi respuesta salió un poco grosera, pero esa era la verdad. No tenía la obligación de responderle. Además, prefería evitar cualquier conversación sobre ese maldito rubio que me había rechazado sin una razón válida. No quería pensar en él. Definitivamente no estaba haciendo nada bueno a mi estado mental. Estaba enfadado, pero al mismo tiempo, quería perdonarle. Vagamente pensé que así era como se sentían las personas bipolares. Entonces decidí intentar y esquivar esa área de mis pensamientos totalmente.
"No, no lo haces" respondió ligeramente mi compañero "Pero tu cara me ha dado la respuesta" sonrió. Oh, esa maldita sonrisa, deseaba poder patear esa sonrisa petulante de su rostro. Estaba irritándome más.
"¿Cuál es tu problema?" me puse en pie, mi voz se alzó sin quererlo. Mis manos estaban apretadas y estaba luchando para evitar que temblasen "Me ignoras todo el tiempo, y ahora me hablas como si me conocieses. ¡Deja de ser tan idiota y déjame en paz!" salí corriendo fuera de la habitación después de estallar. Quizás parecía que estaba huyendo (lo cual quizás era verdad) pero eso no importaba. Todo lo que quería era un poco de tiempo solo.
Pisar fuerte por el desolado pasillo me hizo darme cuenta de cuán vacío estaba este lugar. Estaba oscuro y vacío porque la mayor parte de los habitantes estaban ocupados fuera haciendo sus trabajos. Esto me hizo también darme cuenta de que realmente no tenía nadie cerca de mí. No es que esperase a nadie… de acuerdo, eso era mentira. Estar solo en un lugar tan grande me obligó a aceptar eso. Esa soledad se hizo más evidente, ya que el obispo pervertido me ignoraba. Era el único que pensaba que podría librarme de la oscuridad, pero estaba equivocado. Cuando me apartó a un lado, me sentí aún más ese interminable dolor llamado soledad.
"¿Teito?"
Oh, Dios. Una voz familiar, esa voz que tanto había extrañado. Miré hacia quien había hablado. Esa cara familiar que habría reconocido en cualquier lugar, incluso con la pobre luz del pasillo. Una voz familiar, una altura familiar, un cabello familiar… oh, Dios.
Mikage estaba parado delante de mí con esa sonrisa de Chesire que adoraba. Aún no podía creer lo que veía. ¿Era solo una ilusión? Pero parecía tan real… Su voz era clara en mis oídos, y no podía ver su sombra. Era real, no, quería tanto creer que era real.
Un paso, y luego otro paso más que daban mis piernas temblorosas. Mientras más me acercaba a él, más creía que no era mi imaginación.
"¿Mi…kage…?" mi voz era ligeramente temblorosa y ahogada, pero no me importaba lo más mínimo. Esa difícil mirarle después de todo lo que había ocurrido, pero mi deseo de encontrarme con él de nuevo era mucho más fuerte que cualquier incomodidad. "¿Eres realmente tú, Mikage?"
El anciano sonrió y extendió sus brazos.
"Ven aquí, Teito" debería haber sabido que algo estaba mal. No debería haber estado tan ciego por mi egoísmo. Esa persona enfrente de mí no era Mikage. Pero no me di cuenta de eso. Solamente deseaba que mi mejor amigo se quedase feliz a mi lado. Aparte de eso, no me importaba. Ciegamente me levanté y corrí hacia sus brazos, los brazos de mi falso amigo.
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Hakuren Oak estaba orgulloso de haber nacido como la élite, o estaba acostumbrado a pensarlo, hasta que su padre le traicionó al expulsar a su madre y su hermano y hermana pequeños. A lo largo de su vida, solamente le habían enseñado que tenía que llegar a ser un orgullo para su familia al elegir servir al país. Eso significaba llegar a ser un soldado. Hakuren no odiaba exactamente a los militares, pero odiaba a su padre y eso le hacia el odiar la lucha. Acostumbraba a pensar que todos los hombres en la milicia no eran nada más que cobardes a los que les gustaba ser alabados, o locos que amaban pelear poniendo sus vidas en juego.
Hakuren no eligió ninguno. No quería verse envuelto con ese tipo de hombre. Eso era lo que siempre había pensado, hasta que escuchó que su hermano se uniría a los militares. Estaba sorprendido, verdaderamente. Su hermano era amable y cariñoso. Nunca le gustó la lucha, aunque ahora decidió unirse a la academia. Su hermano no era del tipo que pensaba antes de actuar, pero en todo caso, actuó por una razón y Hakuren estaba en lo cierto. Después de haber sido desterrado por su padre, su madre había trabajado duro para mantener a sus dos hijos hasta caer enferma. Por su puesto, siendo un chico con un corazón amable, su hermano se unió a la Academia, esperando que el alto sueldo que recibiría fuera suficiente para mantener a su madre y hermana.
Era todo culpa de su padre, Hakuren verdaderamente creía eso. Aunque al final su hermano murió por culpa de otra persona, fue culpa de su padre. Si nunca hubiese abandonado a la familia, Mikage nunca habría conocido a Teito Klein y nunca habría muerto de esa manera.
Hakuren despreciaba a su padre por desterrar a su preciada familia pero también despreciaba a Teito por ser la causa de la muerte de Mikage. Pero su opinión acerca de este último cambió recientemente. Teito Klein no era tan malo como pensaba. Ese chico no era malo del todo. Al contrario, era simplemente un muchacho inocente que fue forzado a luchar a pesar de su juventud e inmadurez sin tener a nadie de quien depender.
Teito nunca le dijo nada, pero Hakuren lo sabía. Vio la marca de sklave que tenía el moreno en su espalda baja. La marca era de rojo oscuro, pero no fue hecha con tinta roja. Era la carne del muchacho, quemada y marcada con un hierro caliente, sin poder quitarse ni poder curarse. Era como ellos marcaban a un sklave, la forman en que les pertenecían, como robaban su libertad. Hakuren pensó que el muchacho no era como el resto de su edad y estaba en lo cierto.
Era extraño lo diferente de sus pensamientos sobre el chico a lo que eran antes. Antes odiaba al moreno pero aceptó la petición de Frau de cuidar del joven chico. En realidad, Hakuren empezaba a arrepentirse de haber aceptado. Mantener un ojo en el moreno era un dolor en el trasero.
~Flashback~
"¿Oh? Estás aquí, ¿qué pasa?"
Hakuren seguía mirando con admiración cuando Frau se dio cuenta de que el chico miraba su pelea. Frau decidió acercarse al chico, pensando que era mejor que ser visto como algunos títeres de la multitud. Sabía que era un poco llamativo, especialmente con su traje negro y su cabellera rubia, por no mencionar que estaba luchando justo enfrente de la iglesia. Pero qué podía hacer si ese vampiro le había atacado de repente.
No le sorprendió en absoluto. Este vampiro no era el primero, ni sería el último. Desde el primer ataque a Teito, algunos de ellos habían aparecido. Era como si algo les atrajese a este lugar, y Frau sospechaba que era Teito. Quizás era la misma razón por la que Frau se sentía atraído por el adolescente.
La primera vez que se conocieron, Frau sabía que el moreno era especial. Olía diferente de los demás. No quería decir oler de manera literal, pero Teito le daba cierto tipo de sentimiento que intrigaba al rubio obispo. Después de haber probado la sangre del chico, Frau empezó a entender porque el moreno nunca había sido atacado por vampiros. Su sangre era de alta calidad y olía bien, pero también tenía una barrera protectora a su alrededor. Quizás porque Frau era un sangre pura y uno de alto rango, que la barrera no le afectaba. No sabía quien puso la barrera, pero el rastro de la protección era familiar.
"¿Obispo Frau?"
"¿Huh? Lo siento, ¿qué estabas diciendo?"
"Estaba preguntando cómo se hizo tan fuerte. ¡Esa batalla fue asombrosa!"
"Todos los obispos aquí pueden luchar bien, no solamente yo. Nuestro trabajo no es solo rezar si no luchar contra vampiros"
"En serio… pero parece diferente de otros obispos"
"¿Ah, sí? ¿Cómo de diferente?"
"No sé… eres demasiado diferente, demasiado fuerte para un simple humano"
"¿En serio?" los ojos de Frau le evitaron durante unos segundos, pero rápidamente cubrió sus emociones. Pasó desapercibido por Hakuren, sin embargo "De todos modos, ¿por qué estás aquí?"
"Oh, es sobre Teito"
Hakuren nunca tuvo la intención de cambiar el humor a mal. Había esperado la expresión preocupada del obispo, pero no se dio cuenta de que había tocado un tema muy sensible hasta que vio la mirada oscura que Frau le dirigía. A decir verdad, Hakuren sentía ganas de huir en este momento. La presión que el hombre le estaba dando era insoportable. Sus manos estaban apretando las manos con fuerza. Un sudor frío le recorría la sien.
"¿Qué pasa con él?" la voz de Frau era fría. No era como que odiase a Teito, pero Frau tenía que ordenar sus sentimientos aun y no quería hablar sobre el chico. Sin embargo, también le preocupaba. Eso era algo que no podía negar.
"Yo…pensé que debía decírtelo… Creo que algo está mal con él"
Maldición, no podía ignorar al chico. Sabía que era su responsabilidad. Desde que estaban unidos por la sangre, Teito ya había llegado a ser parte de su vida, y por lo tanto, no podía elegir ignorarle.
"¿Qué ocurrió?"
"Una semana. Ese es aproximadamente el tiempo que he compartido habitación con él pero no lo he visto dormir ni una sola vez"
Lo sabía. Frau sabía y aún así no hizo nada. No era porque no le importase. Le importaba, más de lo que se permitía así mismo, pero parte de él se negaba a reconocer ese sentimiento.
"Quizás despierta antes que tu" mintió Frau y sabía que Hakuren no se lo creería. El más joven de los dos le miraba con sospecha. Frau estaba evitando mirarle y Hakuren se dio cuenta inmediatamente.
"Lo sabías, ¿y aún así no hiciste nada?" todo el respeto que había acumulado por el obispo se fue en un segundo, reemplazado por ira y decepción. No podía creer al obispo. Quizás Hakuren no se llevaba bien con Teito, pero no era tan cruel como para ignorar al chico mientras sabía que estaba enfermo, especialmente después de saber que no era tan malo.
Frau, en lugar de defenderse, solamente suspiró y revolvió su pelo, frustrado. Hubo un minuto de pesado silencio hasta que Frau finalmente respondió.
"No debería estar cerca de él, pero tú puedes. Ese es el porqué, Hakuren" los ojos azules del hombre estaban clavados en Hakuren "…por favor, ¿puedes cuidar de él?"
Esa vez, los ojos de Frau era como si le rogasen. Hakuren no podía negarse por lo que, a regañadientes, asintió. Pero, más que eso, la mirada que Frau le daba intrigó al chico. Era como si estuviese verdaderamente por Teito pero le asustase algo. Eso era porque tenía esa urgencia y eligió darle el papel a alguien más, el cual era Hakuren.
~Fin del Flashback~
El joven Oak miró hacia la puerta con los cansados ojos entornados. El moreno se había negado a abrirse a él, y eso hacía las cosas difíciles para Hakuren, pero de algún modo esperaba esa reacción. Después de todo, se odiaban el uno al otro, o más exactamente, el moreno pensaba que el rubio le odiaba. Hakuren no podía culpar al chico, porque aunque eso era cierta, bueno, quizás a medias. De todos modos, lo que sucediese antes no cambiaba el hecho de que le había prometido al obispo rubio que cuidaría de Teito Klein. Además, Hakuren Oak nunca rompía una promesa, y estaba seguro de que no iba a empezar ahora.
De mala gana, el rubio bajó de su acogedora y cómoda cama, estremeciéndose ligeramente por el frío suelo y se colocó sus zapatos. La verdad es que estaba bastante cansado y prefería tumbarse y dormir, pero tenía que encontrar a ese estúpido compañero de habitación suyo. El chico no podía haber ido muy lejos, o eso pensaba Hakuren, pero cuando el mayor de ambos salió de su habitación, el pasillo estaba vacío. No había señales del muchacho pero se escuchaban voces.
Siguiendo las voces, Hakuren se encontró en un lugar que nunca antes había visto. El lugar no se parecía a nada del resto de la iglesia. Parecía abandonado porque las paredes estaban agrietadas y es como si se fuesen a caer en cualquier momento. Muchas de ellas estaban deformadas, suelo y techo también. A Hakuren no le gustaba nada ese sitio, pero decidió continuar siguiendo las voces, hasta que alcanzó un lugar que parecía como el centro de las ruinas. Parecía un hall, uno grande; era bastante espacioso pero al mismo tiempo todo el lugar estaba lleno de escombros.
"Mikage, ¿dónde estás?"
Hakuren se escondió rápidamente en una de las columnas rotas y agudizó el oído. Finalmente encontró al origen de sus problemas y estaba con otra persona. Si escuchó correctamente, Teito le había llamado "Mikage". Arriesgándose dio un rápido vistazo, viendo todo lo que podía sobre la otra persona. Claro, se parecían, sobre todo por el color del pelo y la altura, pero Hakuren no podía ser engañado. Esa persona no era Mikage. Hakuren no había tenido muchas oportunidades de ver a su hermano, pero eso no significaba que no pudiese reconocerle si le veía. Además, Mikage a menudo le enviaba cartas, junto con fotos de él con su madre y su hermana.
"Quiero presentarte a la persona que me salvó" dijo el extraño.
"Si, me encantaría"
Algo estaba mal, eso era lo que pensaba Hakuren. Sabía muy bien que Mikage y Teito era mejores amigos y también sabía que Teito estaba muy afectado por la muerte de Mikage. Todas las noches, cuando las personas en la Iglesia dormían, era normal que el moreno pensase. Hakuren nunca supo en lo que pensaba, pero algunas veces, escuchaba al muchacho susurrar el nombre de Mikage, su pena por dejarlo morir, cuanto extrañaba al rubio. Nunca pareció darse cuenta que hablaba en voz alta.
Estaba claro que Teito amaba al rubio muchísimo. No en un sentido romántico, si no más como un hermano. Mikage era su amigo más cercano y hermano al mismo tiempo. Era la única familia que tenía. Y ahora, no importaba como se viese el extraño, alguien estaba haciéndose pasar por su hermano. Ese falso Mikage era bastante parecido a él. Estaba llevándose a Teito, y ya que ya que era de manera tan secreta, eso significaba que su existencia era desconocida para la iglesia. Y aquí solo había una explicación que tuviese sentido: la milicia estaba tras esto.
Si Hakuren fuese a ir a derribar al hombre, Teito seguramente intentaría protegerle, pero si esperaba hasta que estuviesen fuera, entonces el resultado sería el mismo. Peor, los militares probablemente estarían esperándole fuera. Eso solo le dejó con una sola opción; tenía que derribar al hombre inmediatamente.
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Se supone que iba a ser uno de los raros días pacíficos en la Iglesia. Era bastante raro que los tres obispos tuviesen tiempo libre al tiempo, pero la atmosfera alrededor de ellos estaba cargado. El habitual y juguetón Frau, no había dicho nada. Normalmente era un charlatán y se quejaba sobre cierto adolescente que siempre le molestaba o le hacía bromas sucias, pero ahora tenía una pesada nube de apatía había caído sobre él. Castor tenía una idea de lo que había hecho cambiar repentinamente al rubio. Había empezado todo desde su última reunión, cuando Castor le dijo de no inmiscuirse con el chico. Siendo el hombre tan ingenuo que era, Frau probablemente se adelantó y le dijo a Teito algo estúpido.
Castor tenía parcialmente la culpa de decirle que se distanciasen, pero Frau estaba siendo más estúpido por llevar las cosas tan lejos. De todos modos, era responsabilidad de Castor arreglar las cosas. O por lo menos así lo sentía.
"Frau" empezó con cuidado "¿Qué es lo que le dijiste a Teito exactamente?" lo cierto es que Castor lo había escuchado de Teito, y fue a contarle todo a Labrador. Pero, sin importar qué, quería escuchar la historia de Frau.
"Nada. Solo seguí tu consejo y puse algo de distancia entre el mocoso y yo" el rubio finalmente sacó un cigarrillo y lo encendió. Castor se dio cuenta de que el mal hábito de fumar parecía haberse hecho mayor en los últimos días.
Suspirando, Castor ya sabía que su amigo diría eso.
"Si, te dije eso, pero no se supone que no tenías que ir con el muchacho y decirle lo que sea…cosas… que le dijiste para que ambos estéis deprimidos"
"¿Y? ¿Qué esperas…?"
"Frau" le interrumpió Labrador "Castor dijo eso porque pensó que no eras serio acerca de ese niño"
"Pero yo…"
"Si, podemos ver que eres muy serio sobre todo esto y estamos arrepentidos de pensar tan superficialmente acerca de vuestros sentimientos. ¿Puedes reconsiderar a Teito-kun?"
"…"
"Ya hemos escuchado de él lo que le dijiste. Aún estás atrapado por su pasado, pero si aún te niegas a dejarlo ir, esta vez perderás a Teito-kun también…"
La boca de Frau se abrió, como si quisiera decir algo para defenderse pero nada salía. Apretó los labios con fuerza. Frunció el ceño y suspiró, eso era todo lo que podía dar como respuesta. Frau no necesitaba a sus dos amigos para decirle que tenía que afrontar las consecuencias. Se sentía como una mierda ahora mismo.
"Bien. Iré a hablar con él"
"Oh, espera, Frau" llamó el más joven de los obispos "Teito-kun está en las ruinas subterráneas. Hakuren-kun está allí también… y…"el hombre de ojos amatistas dejó de hablar, parecía preocupado y dudoso sobre la nueva información que le daban las flores "Hay…otra persona. Ten cuidado…y cuida de Teito-kun"
Viendo la cara preocupada de su amigo, Frau no podía evitar que la ansiedad creciese en su interior. Las premoniciones de Labrador acertaban en el 99,9% de las veces. Algo malo iba a suceder. Tenía que ser rápido, o de lo contrario perdería a una persona valiosa otra vez.
