Autor Original: Vyrian D
ID: 1209801
Derechos: Solamente la historia es mía, no importa cuántas veces haya soñado con robar este manga de Amemiya Yuki.
ADVERTENCIAS: Esta historia contiene shounen-ai, y posiblemente yaoi y por lo tanto está marcado como "M" por seguridad. Así que si no te gusta el amor entre chicos, por favor, no leas, no me culpes. ¡No digas que no te advertí!
Parejas: Principal Frau x Teito, no correspondido de Hakuren x Teito, Castor x Labrador, Ayanami x Teito solo ligeramente y quizás algunas otras parejas menores.
Notas de la traductora:
¡Aloha~! Pufff, he tenido mucho lío con algunas cosas últimamente y se me pasó totalmente la actualización. (Cosplay, cosplay all time xDDDDDDD)
¡Bueno, pues aquí lo tenéis!
¡Que lo disfrutéis~!
P.D.: sobre el tema de los reviews. Nunca os respondo ni os menciono por aquí porque sinceramente no tengo muy claro aún lo de responder los reviews y mencionaros por aquí a todos en cada capítulo…no me gusta, la verdad. Pero leo vuestros reviews y verdaderamente me hace feliz saber que el traducir estos fanfics es algo genial porque mucha gente más los disfruta.
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Noche 15: El Ojo de Mikhail
La mañana llegó, como de costumbre. El sol salió y borró cualquier rastro de frío de la noche anterior, un suave calor rodeaba la tierra. Pequeños pájaros cantaban mientras daban la bienvenida al confortable calor en sus pequeños cuerpos.
Extendí mi mano hacia arriba, sonriendo mientras los tensos músculos se relajaban. No había dormido así de bien desde hace tiempo. Mirando la cama vacía al lado de la mía, me di cuenta de que Frau se había ido hace algún tiempo, porque cama estaba fría. Débilmente, podía escuchar las voces de varias personas abajo, las cuales sonaban muy familiares a mis oídos.
Agarrando mi chaqueta, envolví la cálida tela en mi pequeño cuerpo y bajé las escaleras. Nuestras habitaciones alquiladas estaban en la segunda planta y la primera era un restaurante, pero la mayoría de los clientes eran inquilinos. Vi a unas pocas personas en mi camino de descenso. Tengo que decir que estaba un poco sorprendido por descubrir que muchas personas se alojaban en un pequeño pueblo y en medio de la nada.
Mientras caminaba por las escaleras de hierro oxidado, mis ojos vagaron por la habitación, buscando a personas conocidas. Después de un rato les encontré, sentados en un rincón del restaurante; dos estaban hablando, uno estaba centrado en su comida y el otro estaba simplemente mirando fuera de la ventana. La habitación era relativamente pequeña, así que no fue difícil del todo el encontrarles.
Al acercarme a ellos me di cuenta de cuan lleno estaba fuera de la ventana, otro hecho sorprendente de este pequeño pueblo.
"¿Qué pasa con esa multitud?" tirando de una silla vacía de la mesa de al lado, me senté entre Castor-san y Labrador-san. Al mismo tiempo, Hakuren había terminado de desayunar y Frau se giró perezosamente. El rubio tenía una de sus manos en la barbilla. Le hice una corta señal al camarero y pedí unos sándwiches.
"¿Dormiste bien?" Labrador-san cogió una taza limpia y me echó algo de té caliente, el cual tomé agradecido. El té estaba lo suficientemente caliente como para pasar a través del vidrio hasta mi mano.
Asentía su pregunta, preguntando de nuevo "Así que… ¿ha pasado algo?"
Murmuré un corto 'gracias' al camarero y volví mi atención hacia mis amigos. Mi boca estaba ocupada tragando el desayuno. Estaba un demasiado hambriento para darme cuenta de lo triste que era mi pequeño desayuno. Este tan llamado sándwich no era nada más que un par de finas rodajas de pan con algo de verdura seca.
"¿Notas algo raro?" preguntó Castor-san, inquisitivamente. Durante un rato, miré mi desayuno con disgusto pero no dije nada.
Incluso para esos extraños obispos, obviamente, la pregunta estaba fuera de lugar, así que miré a la multitud de fuera y la inspeccioné cuidadosamente.
"En primer lugar, es muy ruidoso para una pequeña ciudad" quería decir concurrido pero ellos sabían a lo que me refería, así que continué "También hay un montón de soldados" miré a los hombres con armaduras y armadas cuidadosamente, intentando no hacer contacto visual. Por los emblemas grabados en sus armaduras, estaba seguro de que eran soldados de Barsburg.
"No te preocupes, no están aquí por nosotros" los labios de Frau formaron una delgada y tensa sonrisa.
"Al parecer, encontraron a algunos…rebeldes" Castor-san señaló con el pulgar a la multitud cerca de la entrada del pueblo. La multitud era mayor allí, y pude ver que algunas personas estaban siendo obligadas a arrodillarse con las manos atadas a la espalda.
Algunas de esas personas eran ancianos, y otras mujeres jóvenes. El único adulto de sexo masculino ahí estaba tumbado en el sucio suelo con una de sus piernas sangrando. Uno de los soldados sostenía una lanza con la punta roja, probablemente la que había provocado la herida al hombre. Las mujeres lloraban mientras los ancianos suplicaban, pero el soldado solamente se reía histéricamente.
"¡No nos estamos rebelando, por favor!" Una de las mujeres de cabello rubio, sucio, dijo algo rápido en el idioma de Raggs. Su pelo estaba recogido en un desordenado moño.
No podía entender lo que el soldado estaba diciendo, pero podía ver a la mujer llorar los cuales no creía el soldado, ni en los de nadie más. La mujer suplicó de nuevo, pero el soldado se negó a escuchar sus suplicas. Y entonces, sin previo aviso, el soldado tomó su lanza y atravesó el corazón de la mujer
Al instante mi sangre estaba hirviendo, mi estómago palpitando incómodamente. Mi mano inconscientemente apretó el agarre en la pequeña taza, y el frágil recipiente se rompió. Estaba a punto de beberlo, también, pensando en que debía relajarme un poco antes de que los soldados sospecharan de nosotros por como estaba. Los pedazos de cristal perforaron mi piel, causando que la sangre goteara en la mesa, pero el dolor no era en lo que estaba centrado en ese momento. La tela blanca de la mujer muerta se estaba tiñendo de rojo. Su cuerpo temblaba violentamente y se retorcía de dolor, la lanza salió fuera de su espalda. Cuando el soldado la sacó, la sangre brotó y se limpió los zapatos de metal del líquido pegajoso.
La mujer no murió inmediatamente después de que el soldado sacó su arma. Lloró, pidiendo y esperando que el soldado estuviese satisfecho con su muerte y salvase a los demás. Por supuesto, al soldado no le importaba ella o el resto de prisioneros. Al contrario, sabía que disfrutaba de matarlos. Era como si sus vidas valiesen menos que las de un gusano.
Nuestros ojos hicieron contacto, los míos con los de esa mujer rubia. Por un segundo, solamente me miró con los ojos llorosos, cuando repentinamente se dio cuenta de algo. Sus ojos obsidiana se abrieron ampliamente por la sorpresa, pero una temblorosa sonrisa se formó en sus pálidos labios. Con la fuerza que le quedaba, extendió una mano hacia a mí, aunque ambos estábamos muy conscientes de que no me alcanzaría. Antes de que su vida llegase a su fin, vi sus labios temblar en un grito silencioso.
Gloria a Raggs. Larga vida, nuestro amado príncipe.
Y entonces su sonrisa se relajó más, sus pupilas se dilataron y sus párpados se cerraron ligeramente. Sus ojos negros miraban vacíamente en mi dirección.
Por un momento, vi un destello de antiguas imágenes en mi cabeza. En ese instante, me di cuenta de que conocía a esa mujer. Las lágrimas cayeron, y temblorosamente, dije su nombre que acababa de aparecer en mi cabeza.
"Ellen…"
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"¿Alguien a quien conocías?"
Observé en silencio como Labrador-san colocaba una venda blanca y limpia en mi herida sangrante. Después de lo que vi esta mañana, decidimos mantenernos desapercibidos por un tiempo y volver a nuestra habitación, específicamente, a la habitación mía y de Frau. Vomité, dos veces. El sabor amargo del vómito aún persistía en mi boca.
Todavía había mucho ruido fuera y debajo en el restaurante. Había algunos que susurraban con secretismo sobre la crueldad de esos soltados y como trataban a las personas de Raggs.
No era un secreto el cómo de terribles eran las personas de Barsburg al tratar con los capturados de Raggs. Cualquier persona de Raggs era hecha esclava, y yo no era la excepción. Solía ser un esclavo militar. De todos modos, el destino de las personas dependía de a quién consiguiesen como dueño. Si la persona tenía suerte, entonces él o ella encontraría un buen propietario. De lo contrario, la mayor parte del tiempo, eran tratados malamente.
El encuentro con algunas personas, los pocos restos del Reino de Raggs no eran extraños en lo más mínimo, pero un gran número de ellos en un lugar así era extraño. Además, en un pequeño y remoto pueblo como este, uno no podía pensar que algo así estaba pasando.
"Ella es…" empecé, con la respiración entrecortada "Una vez fue una sirvienta del castillo"
Imágenes de mí de joven, junto con unos pocos hombres cuyos nombres no podía aun recordar, aparecieron en mi mente. Estaba tirando de las manos de uno de los hombres, riendo felizmente, antes de chocar contra otro adulto, una mujer que llevaba una cesta de ropa sucia. La pila era más alta que ella misma, y bloqueaba su visión. Cuando choqué con ella, las ropas volaron por todo el lugar, y unos pocos abrigos pesados cayeron sobre mi cabeza.
"Lo siento mucho" me disculpé con sinceridad, mientras mis pequeñas manos excavaban en la montaña de ropa que enterraron a la pobre mujer.
"Está bien, su alteza" aseguró la mujer. Sus mejillas se sonrojaron ligeramente "Lo siento muchísimo" se inclinó humildemente. Su frente tocó el suelo con un ruido sordo, mientras se arrastraba por perdón.
En ese momento, tenía menos de 10 años, meramente un niño a pesar de mi estatus. No entendía la razón por la que se arrodillaba así que, inocentemente, pregunté "Yo soy el único que no fue suficientemente cuidadoso. Así que, ¿por qué estás disculpándote?"
Detrás de mí los hombres, que habían aprendido a trabajar doblemente, como mis guardaespaldas y mis tutores, rieron ruidosamente.
"¿Por qué os reís?" hice un puchero preocupado. Aunque podía decir que eran muy amables y protectores conmigo, cuando se trataba de educación y modales, eran diablos.
Hubo una ocasión en la que robé algunas galletas de la cocina porque estaba un poco hambriento (bueno, ¿qué esperaban? Los niños son débiles con los dulces y las galletas) y, por supuesto, ese acto no escapó a sus ojos. Tuve prohibido comer cualquier tipo de galletas, dulces, o pastel durante una semana. Para un niño, ese era peor castigo que ser reñido durante horas. Nunca recordé esos bellos momentos hasta ahora.
Inconscientemente sonreí, no sabiendo de las miradas interrogantes que los vampiros y Hakuren se daban los unos a otros. Y entonces, el flashback continuó.
"Como un príncipe, se supone que no tienes que disculparte, Teito" un hombre de pelo negro azabache se arrodilló. Sus grandes manos ahuecaron mi cara fácilmente. Ah, reconociendo a este hombre, sonreí mentalmente. Duro y a veces grosero, pero más sabio que nadie, este hombre era uno de los que yo consideraba como mi otro padre. En realidad, tenía MUCHOS padres, y quería decir eso, literalmente. Por supuesto, solo tenía un padre de verdad, pero verdaderamente me preocupaba por todos al igual.
"Pero Haku" repliqué "Yo soy el que estaba jugando y chocó. No fue su culpa. Además, Padre siempre dice que, como príncipe, debo amar a mi gente, ¿verdad?"
Con una sonrisa contenta, Haku asintió y dio unas palmaditas en mi cabeza, suavemente. "Eso es verdad. Que buen chico"
Durante ese tiempo, las personas a menudo sonreían a mi alrededor. Estaba feliz, o más bien, esos eran los momentos más felices que recordaba en toda mi vida. Dondequiera que iba, los adultos me daban ligeros golpecitos en la cabeza o me acariciaban el pelo con afecto. No había más niño que yo en el castillo. Supuestamente era solitario, pero no era así. Estaba feliz de tener a esos adultos enseñándome y jugando conmigo. Pero esa felicidad no duró mucho tiempo.
Una semana antes de mi cumpleaños, Raggs fue atacado por el Reino de Barsburg. Nuestro reino era pacifista, y no teníamos mucha fuerza militar, así que elegimos rendirnos antes que derramar la sangre de nuestra gente de manera innecesaria. No fue una elección muy valiente a los ojos de algunas personas, pero pensé que Padre hizo lo correcto. A pesar de la orden del Rey, algunos soldados intentaron defenderse de los intrusos, pero solamente lograron servir de entretenimiento a ese ejército de monstruos.
Aunque he dicho que mi país estaba lleno de pacifistas, eso no quería decir que no tuviésemos actividad militar, pero ante esa élite del ejército de Barsburg, nuestros soldados no eran rivales para ellos. En cuestión de segundos, una montaña de cuerpos había sido apilada. El hedor nauseabundo de la sangre era espeso.
Estaba escondido en una pequeña habitación detrás de la sala del trono, llorando silenciosamente, cuando esas personas vinieron buscando a padre. Estaba hablando con un extraño acento pero definitivamente en la lengua de Raggs. Solamente escuché partes pero estaba seguro de que le pidieron a padre de entregar el tesoro más preciado de Raggs: "el ojo de Mikhail".
"Incluso si os lo doy, no serán capaces de tomarlo" respondió padre con dignidad, del modo en que un rey debía actuar, incluso s sabía que sería la última vez.
"Sabemos que todos los reyes de Raggs son capaces de manejar el Ojo. Eso quiere decir que tienes que tenerlo, ¿no?"
Podía sentir la sonrisa confiada que se formó en la cara de Padre.
"Afortunadamente, no. El Ojo ya ha elegido a otro "Raggs" como su nuevo propietario. Ya no lo tengo más en mi poder"
"Deja esa mierda. Sabemos que no tienes ningún descendiente"
No entendí el significado de esas palabras esa vez, pero ahora lo sabía. Padre había ocultado mi existencia. Los ocupantes del castillo eran elegidos por Padre para mantenerlo en secreto. A partir de los rumores que había escuchado de cuando estaba en la academia, la Reina murió dando a luz al príncipe pero, desafortunadamente, el bebé murió también. Y ese bebé era yo.
"Ese… era yo…" repetí las palabras en voz alta. "Todo lo que ha ocurrido hasta ahora… ¿fue todo mi culpa?"
"¿Qué diablos estás diciendo, estúpido mocoso?"
Miré a Frau, esperando encontrar las respuestas en sus brillantes ojos azules pero no había nada más que confusión. Miré alrededor, mirando profundamente los ojos de mi amigo. Aún… no encontraba la respuesta.
"Saben que tengo el Ojo…" la realización viene a mi mente mientras daba vueltas por la confusión. ¿Por qué no me di cuenta antes? No era coincidencia que me criasen como esclavo. No era el orgullo lo que les hizo perseguirme con tanta insistencia. Querían lo que tenía guardado dentro de mi cuerpo "Lo sabían todo este tiempo…"
"Cálmate y explícate, por favor. Ahora mismo estoy confundido" exclamó Hakuren impacientemente.
'Ah, estoy arrastrándole hacia la oscuridad también' pensé mientras los recordaba los acontecimientos que habían ocurrido recientemente. Hakuren, el hermano de Mikage, inconscientemente les había arrastrado a ambos al barro.
"No…fue una coincidencia cuando me secuestraron" empecé lentamente. Era difícil formar las palabras. Mi garganta estaba seca y mi lengua rígida, pero aún así continué "Sabía sobre mí desde el principio"
"… ¿y eso es?" preguntó el joven rubio.
"Soy el único superviviente de la casa de Raggs, como suponíais los tres" me morí los labios, intentando contener el temblor de mi voz, sin éxito. "Sabían que Padre me había pasado el Ojo a mí"
Como si fuese el momento justo, la parte de atrás de mi mano derecha empezó a cambiar. Al principio era plana, lo normal, pero entonces, lentamente, empezó a hincharse. Una piedra roja resurgió de la hinchada carne, apareciendo en mitad de mi mano. Es preocupante, por lo menos. Sin duda me habría asustado si mis recuerdos no hubiesen vuelto.
La piedra roja brillaba intensamente. Un círculo rojizo estaba formado a partir de un Zaiphon y flotaba justo encima. No podía leer las palabras pero tenía el sentimiento de que lo entendía.
"Esta…es realmente la primera vez que he visto el Ojo de Mikhail" la atención de Castor-san estaba fija en la brillante piedra. No solo el vampiro con gafas. Los otros tres estaban con sus miradas clavadas en la extraña piedra.
Su interés era muy obvio. No todos los días podías ver uno de los Ojos tan cerca. Además, pienso que es bastante normal estar sorprendido… o asombrado, en cualquiera de los casos, cuando tenías uno de las dos armas más peligrosas y codiciadas el mundo. No estaba exagerando, ya que Ayanami y prácticamente toda la armada estaban dándome caza, por lo que debería ser verdad. Incluso entre la gente común, la existencia de los Ojos era algo más como una leyenda. Pensaban que esos Ojos no existían y no tenían nada que ver con la vida de las personas, pero estaban equivocados.
Sabía muy bien cuán poderosa era el arma que tenía. Junto con mis recuerdos, mi habilidad se perdió en el tiempo, pero ahora, tras haber recuperado mis preciados recuerdos, sabía que podía controlar el ojo.
"¿Qué hace?" preguntó el joven rubio con inocente curiosidad.
Sonreí algo forzosamente, levantando mi mano. La piedra brilló tenuemente, hasta que no quedó nada. el Zaiphon estaba todavía flotando, dando vueltas por encima de la piedra como un halo mal hecho.
"Te lo mostraré pero no te asustes" estaba medio bromeando cuando dije eso, pero la otra mitad, era tremendamente seria. Cualquier persona que poseyese estas piedras monstruosas, serían monstruos también.
Suavemente y sin problemas, las palabras fluyeron de mis labios y formaron una cadena irrompible de azulado Zaiphon. Seguí susurrando, y nuevas palabras se formaron, reemplazando a las anteriores, que desaparecieron en la piedra.
"Ven aquí, Frau, e inclínate ante mí"
"¿Qué? Maldito mocoso, ¿Por qué tengo que inclinarme ante ti?" respondió el vampiro, pero a pesar de la queja, se acercó. Cuando finalmente estaba a un metro de distancia de mí, temblorosamente se arrodilló. Podía ver que estaba intentando regarse con todas sus fuerzas a la reverencia "¿Qué diablos? Mi cuerpo…se mueve solo…"
"Te libero" dije de nuevo con el mismo tono de mando en la voz y el cuerpo de Frau se relajó al momento. El brillo azulado de mi propio Zaiphon desapareció junto con el Zaiphon rojo de la piedra y finalmente regresó a mi mano. "Eso" miré a Frau "es uno de los poderes del Ojo de Mikhail. Puedo controlar a las personas sin importar su género, edad o raza. No necesito siquiera sus nombres verdaderos para hacer eso"
Concentrándome, obligué a la piedra a volver a mi mano. Lentamente pero con seguridad, empezó a hundirse lentamente en mi piel de nuevo. Cuando la piedra roja finalmente desapareció, les miré a todos ellos. Estaba un poco asustado de ver sus reacciones pero debía decir que hicieron que me quedase sin palabras. No estaban asustados del todo, en vez de eso podía distinguir el asombro y la tremenda curiosidad en sus ojos, a excepción de Frau. Estaba molesto y sabía por qué.
"Ahora sé porque dicen que el propietario de los Ojos sería capaz de gobernar el mundo" dijo Hakuren, perplejo "Si puedes controlar a cualquier sin su verdadero nombre…"
"Si…" continuó Labrador-san "Ahora tenemos una razón aún más fuerte para no dejar que Teito-kun caiga en sus manos"
Siempre me he preguntado porque estas personas se molestaban en ayudarme aunque nunca tuve nada que pudiera darles a cambio, pero hoy, reflexioné aun más. Sabían que era peligroso. Sabían que si seguían involucrándose conmigo, pondrían sus vidas en peligro, pero entonces, ¿por qué? Ni siquiera parecían asustados.
"No empieces a pensar en estupideces, mocoso" Frau cortó el hilo de mis pensamientos, claramente molesto "No estamos asustados de la muerte ni asustados de ti. Sigues siendo el maldito mocoso que conocemos"
Típico. Sin embargo, los pensamientos excesivamente positivos de ese estúpido a menudo ayudaban.
"Gracias" incliné ligeramente la cabeza, sintiéndome desbordante de gratitud.
"¿Por qué no nos honras entonces con tu tan rara sonrisa?" el joven obispo sonrió amablemente pero, por alguna razón, esa sonrisa me parecía malvada. Sabían que rara vez podía sonreír intencionadamente y, sin embargo, me pidieron eso.
"Qu…Qué…¿Por qué debería?" tartamudee. Mi rostro se sonrojó de inmediato.
"Oh, my" el obispo con gafas se cubrió la boca e intentó contener la risa "Pfff, eres demasiado adorable"
Pensé que moriría de vergüenza. Si hubiese aquí un agujero, me habría encantado enterrarme en él. El rojo se había extendido hasta mis orejas y, ahora mismo, mi cara parecía estar ardiendo.
"De acuerdo, ¿por qué no nos vamos ahora? Parece como si fuese a empezar a llorar pronto" mi compañero se rió. Ese estúpido obispo seguro sabía el mejor momento para avergonzarme. Sin embargo, los otros tres aparentemente estuvieron de acuerdo en no molestarme más y dejarme solo en la habitación.
Frau fue el último en irse. Me hizo un gesto poco antes de alcanzar el mango. Sin embargo, antes de cerrar la puerta, me agarré a su cintura. Esperó hasta que finalmente hasta que finalmente alcé la mirada, con la cara toda roja y una sonrisa forzada completando el sonrojo. El rubio se congeló durante unos segundos, sorprendido.
No pasó mucho tiempo antes de que finalmente se recuperase y dijese, con ese tono divertido que tanto odio.
"Eres demasiado lindo, Tiashe" conscientemente, o quizás inconscientemente, el rubio se inclinó. Sus labios atraparon los míos antes de que pudiese lanzar mi ataque. El momento en que nuestros labios se conectaron, el mundo pareció congelarse, o mejor dicho, el tiempo se detuvo.
Su mano acarició mi cuello y su otra mano serpenteó hasta mi cintura. Tuve que doblarme un poco hacia atrás cuando sus manos echaron mi cuerpo hacia adelante, pegándolo al suyo. Los rudos labios de Frau estaban aun lamiendo y chupando mis propios labios, pidiendo entrar.
No fui consciente de mi propia acción en el momento. Quiero decir, mi mente estaba confusa y nublada. No sabía lo que estaba ocurriendo exactamente pero todo lo que podía recordar era que gemía su nombre.
"Ze…hel…" susurré con voz temblorosa. Eso pareció ser la señal y Frau volvió en sí. Casi de inmediato, soltó su abrazo, obviamente sorprendido, y se deslizó entre la puerta medio cerrada. Mientras tanto, mi mente estaba aun confundida. Mis piernas se volvieron de gelatina y me descubrí a mí mismo sentado en el suelo, mirando la puerta por donde Frau acababa de irse, estupefacto. Dos dedos trazaron un camino a lo largo de mis labios enrojecidos. Aún podía sentir su respiración, su calidez e incluso sus labios, tan necesitados.
"¿Él…hizo…?" pero era incapaz de completar la pregunta retórica.
Esa noche, Frau no durmió en su cama y yo estaba tapado con mi manta de la cabeza a los pies. En esa oscuridad, sin nadie que pudiese ver mi cara, pero sabiendo que estaba más rojo que un tomate. Los recuerdos de sus besos nunca abandonaron mi mente y me encontré pensando en ello durante toda la noche.
