Autor Original: Vyrian D
ID: 1209801
Derechos: Solamente la historia es mía, no importa cuántas veces haya soñado con robar este manga de Amemiya Yuki.
ADVERTENCIAS: Esta historia contiene shounen-ai, y posiblemente yaoi y por lo tanto está marcado como "M" por seguridad. Así que si no te gusta el amor entre chicos, por favor, no leas, no me culpes. ¡No digas que no te advertí!
Parejas: Principal Frau x Teito, no correspondido de Hakuren x Teito, Castor x Labrador, Ayanami x Teito solo ligeramente y quizás algunas otras parejas menores.
Notas de la traductora:
¡Aloha~!
Penúltimo capítulo y, justamente como dice el título de este, el final de todo el lío se acerca~
Noche 26: Cuando se acerca el final
A pesar de su vida, Hyuuga siempre fue admirado por muchos. Era un genio, tanto en tácticas de guerra como habilidades como espadachín. Su primera humillación fue cuando desafió a Ayanami, el otro tan aclamado genio de la guerra. Simplemente no podía aceptar el hecho de que hubiese otro genio. Así que fue a buscar al hombre y le desafió.
No había mucho que contar sobre su batalla con Ayanami porque, aunque fue la primera vez en su vida, experimentó la derrota. Incluso si había algo que contar, Hyuuga prefirió mantenerlo en secreto entre él y su jefe. Aparentemente, era en momentos como ese, que el pelinegro se daba cuenta de su profunda admiración hacia el otro hombre. Admiración al principio y, más tarde, se convirtió en afecto.
No le llevó mucho tiempo, con su habilidad de gran prestigio, el convertirse en el hombre de mayor confianza de Ayanami. El hombre le enseñó muchas cosas, así como el pasado. De la boca del propio Ayanami, aprendió sobre ser el primero de los Vampiros, un sangre pura. Además de él, Hyuuga enteró del verdadero plan de Ayanami.
El comandante dijo que quería el legendario Ojo de Mikhail, pero pasado un tiempo, se enteró de que esa no era la verdad. Lo que Ayanami quería no era la piedra. Era al dueño. Hyuuga se dio cuenta, aunque fuese doloroso, de que el chico se parecía a la mujer a la mujer que Ayanami amó una vez. Su nombre era Eve. Hyuuga nunca había conocido a la mujer; sin embargo, había hecho su investigación. Teito Klein era su hijo, así que no le extrañaba que Ayanami pasase por todo eso para poner sus manos sobre ese chico.
Saber que su amor no era correspondido no hizo que su lealtad hacia el vampiro se tambalease. El pelinegro pensaba que mientras fuese el hombre de de mayor confianza de Ayanami, estaría feliz. Sin embargo, justamente ahora, había aprendido por las malas que su amado comandante no tenía demasiada confianza en él. A Hyuuga le costaba creer que alguna lo hiciese. Si lo había hecho, entonces, el pelinegro probablemente habría sabido sobre el polvo dorado que brillaba intensamente bajo sus pies.
Mantener a cierto prisionero rubio bajo vigilancia era su trabajo, así que como de costumbre fue a la celda de ese mismo prisionero y, accidentalmente, lo vi intentando coger algo de su bolsillo. Había escuchado de Ayanami que el hombre rubio fue su subordinado una vez y Hyuuga tenía sus sospechas de que el rubio también era un vampiro. Una cosa que nunca supo acerca de los vampiros era su inhumanamente aguda audición. El rubio sabía que el pelinegro vendría y actuaría como que estaba escondiendo algo importante. De hecho lo era, pero eso era meramente una trampa para hacer que tocase el polvo.
Frau tuvo éxito y ahora los papeles cambiaban. Hyuuga de repente no podía sentir su cuerpo. Solo estaba congelado en su sitio, viendo con horror como el rubio sonreía triunfante.
"Bien, entonces, tendrás que soltarme ahora" dijo el rubio en un tono de burla.
A pesar de que su cerebro protestaba, el cuerpo se movió para sacar la llave de su bolsillo. En tan solo un simple minuto, el rubio estaba libre de los grilletes y el pelinegro seguía para ahí como una estatua.
"Bien, entonces, es el momento de salvar al príncipe" el rubio sonrió de nuevo y Hyuuga sólo podía estar quieto en el sitio.
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En la oscura habitación, era el único ocupante, sintiéndose asquerosamente fría y silenciosa. Mi corazón golpeaba con fuerza en mis oídos mientras esperaba cada segundo por Frau. Solo habían pasado unos minutos desde que contactó conmigo de repente, diciéndome que había conseguido que uno de los guardias de élite de Ayanami tocase el polvo dorado.
Tomé la noticia con aparente emoción, sin olvidar mi papel en el plan, y activé el Ojo silenciosamente. La piedra roja apareció, casi tan horrible como lo hacía, saliendo de debajo de la piel de mi mano. Una pequeña luz rojiza de Zaiphon rodeó la piedra como un halo.
Pasé cuidadosamente a través de la línea de conciencia de Frau y, finalmente, centré cualquier Zaiphon que quedase en mí para controlar a quién había tocado la esencia de la flor. No era difícil pero me di cuenta de la importancia de hacerlo sigilosamente. No podía ser capturado in fraganti antes de ayudar a escapar a Frau.
Silenciosamente, dejé escapar un suspiro de agradecimiento cuando Frau me respondió con las buenas noticias. No era muy creyente de Dios, pero en este día y momento, estaba agradecido de que Ayanami no hubiese aparecido aún.
"¿Teito, como está la situación por allí?" preguntó mi compañero telepáticamente.
Cerré mis ojos, aumentando la audición de mis oídos para los sonidos. Hasta ahora no había oído ningún andar familiar.
Sonriendo internamente, respondí mentalmente "Despejado. Ayanami no ha venido todavía"
"Bien. Iré allí inmediatamente. ¿Puedes pedirle a este tipo que te encuentre? No sé por dónde debo ir"
Cerré los ojos de nuevo, intentando activar el Ojo. Estaba terriblemente cansado pero el pensamiento de ser capaz de encontrarme con mi otra parte me hacía empujarme hasta el límite.
La piedra brilló de nuevo, aunque más tenuemente. Con un corto jadeo, empujé lo último que me quedaba hacia mi Zaiphon en la piedra. Normalmente, habría caído inconsciente pero me las arreglé para mantener la conciencia meramente por fuerza de voluntad. Solamente podía esperar que Frau llegase antes de que perdiese todo contacto conmigo.
Mi mano cayó inerte al igual que mi cuerpo. Si no fuese por los grilletes, me habría caído al suelo.
"¿Lo hice?"
"Sí. Se está moviendo. Estaré allí pronto. Aguanta, ¿vale?"
Me sorprendí a mí mismo sonriendo con nostalgia. Parecía que me había acabado muy unido a él. Solamente habían pasado unos pocos días y ya le extrañaba tanto. Solía pensar que era muy vergonzoso mostrar aparente afecto, pero ya no lo hacía. De hecho, probablemente le abrazaría con fuerza cuando llegase.
¿Me había enamorado de él? Reflexioné en silencio. Era retórica. Incluso un hombre ciego podría ver que lo había hecho hace tiempo, es que solamente ahora me daba cuenta de lo mucho que lo estaba. En secreto, me hice una promesa a mí mismo. Si salíamos con vida de aquí, quería ser sincero con él por una vez. Sabía que el sentimiento era mutuo, de lo contrario, no se preocuparía tanto por mí. Detrás de cada beso que compartíamos, era capaz de distinguir el amor de la lujuria. Fue la primera cosa que sentí, aunque el último era más que obvio.
En mi sopor, escuché pasos. A pesar de la pesadez de mis párpados, me obligué a permanecer despierto.
"¿Eres tú, Frau?" pregunté mentalmente mientras escuchaba el sonido de la llave contra la cerradura. Después de eso, la puerta se abrió con el sonido de un crujido por la puerta oxidada de la prisión, el cual producía a menudo.
"Teito" dijo el hombre mientras cogía mi rostro suavemente. Alcé la mirada, viendo la profundidad de sus hermosos ojos azules.
"Bien, creo que no tengo más energía para enviar órdenes a larga distancia" sonreí con cansancio "Quizás necesite tu sangre"
"Solo intenta mantenerte consciente hasta que lleguemos a un lugar seguro" respondió Frau con una amabilidad que a menudo daba por sentada. Cuando nos vimos separados, solamente entonces entendí lo mucho que estaba dejándome hacer lo que quisiese y poniéndome por encima de todo lo demás. Sin embargo, nunca hice nada por él y eso dejó un sabor amargo de culpa en mi boca.
Asintiendo, me giré hacia el cautivo, tomando nota de la familiaridad que surgió en mi cabeza. Había visto al pelinegro unas pocas veces durante las visitas de Ayanami.
"¿Tu nombre?"
"Hyuuga" respondió el hombre con rotundidad.
Podía ver el odio brillando en sus ojos, un odio profundo hacia nosotros dos, no solamente porque le habíamos engañado y controlado, sino algo más allá de nosotros. Sin embargo, no era el momento correcto para sentir piedad por nuestro captor.
"Hyuuga, libérame de inmediato"
Aun mirándome lleno de ira y odio, sacó otro conjunto de llaves y abrió los grilletes. La repentina libertad y debilidad de mi cuerpo me hizo caer pero antes de que mi cuerpo se golpease contra el suelo, Frau me tenía seguro entre sus brazos. Aunque realmente me gustaría poder abrazarle fuerte, como anteriormente pensé, no podía siquiera levantar un dedo.
Sonreí con gratitud, y entonces, de nuevo, con cansancio, le ordené "Llévanos al hangar de Hawkzile más cercana y silenciosamente"
El pelinegro fue obligado de nuevo a mover sus pies y llevarnos al hangar. De vez en cuando nos encontrábamos con soldados pero, por suerte, Hyuuga era una alta autoridad. No nos llevó mucho tiempo, usándole para distraer a los otros soldados y nos llevó a salvo a donde estaban guardados los hawkzile.
El oscuro hangar me trajo muchos recuerdos dolorosos. Déjà vú, fue la sensación que tuve cuando vi este lugar. Esa fatídica noche, corriendo, o más bien arrastrado por Mikage, a un sitio parecido. Estábamos huyendo del mismo hombre. El recuerdo de ese día me hacía temblar visiblemente mientras trataba de contener las lágrimas.
"¿Estás bien, Teito?" preguntó mi pareja cuando sintió el incontrolable temblar de mi cuerpo. Me dejó suavemente en el frío suelo y me miró con preocupación. En esta oscuridad, sus ojos brillaban como los de un gato.
"Estoy bien" respondí débilmente. Parecía que necesitaba sangre fresca que inmediato. Le ordené a Hyuuga que cerrase la puerta del hangar y encendiese la luz, me giré hacia Frau y susurré "Lo siento, Frau, no creo que pueda aguantar más tiempo sin desmayarme"
El hombre, cambiando su gesto de preocupación, se rio en voz baja.
"Adelante" dijo, tirando del cuello sucio y maltrecho de su abrigo e bajando su cuello hasta la altura de mi boca.
Al poner mis labios sobre su piel, le sentí temblar ligeramente ante el contacto. Me encantaría molestarle más para ver si era capaz de sonrojarse, pero la necesidad me urgía a perforar su suave piel. Inmediatamente después de sacar mis colmillos de su piel, la sangre salió de los agujeros de su clavícula. Lamí el líquido caliente, saboreando cada gota de esa dulce sangre fresca.
La fuerza volvió gradualmente a mi cuerpo mientras me daba cuenta de que la carne perforada de Frau se sanaba rápidamente.
"Estoy bien ahora, gracias" murmuré suavemente contra su piel.
Tomé la mano extendida de Frau con agradecimiento después de caer al levantarme.
"¿Cómo vamos a escapar de este sitio? Incluso si cogemos un hawkzile, pronto nos alcanzarán"
Frau se quedó en silencio, con el ceño fruncido por la profunda reflexión.
"Podemos pedirle a este tipo que proteja este sitio y destruya todos los hawkzile después de que nos vayamos. Será un poco cruel, pero también podemos hacer que mate a cualquiera que nos siga"
"Cruel, en efecto, pero no veo que ellos hayan tenido alguna misericordia con nosotros"
"Yo tampoco. Solamente podemos esperar que los refuerzos vengan a ayudarnos"
Riendo ligeramente, asentí con confianza y dije "Vendrán. Es poco probable que abandonen a un rey que necesita ser rescatado, ¿no?"
El rubio sonrió como respuesta. Satisfecho, me giré para encarar al pelinegro.
"Hyuuga, cuando nos vayamos, destruye todos los hawkzile de este lugar. Después de eso, ve a la sala de máquinas y destruye este barco. Usa explosivos si es necesario"
"¿Qué pasa con el resto? ¿Y Ayanami?"
Alcé la mirada hacia Frau, notando la molestia en sus ojos. Estaba en lo cierto. Mientras que Ayanami aun estuviese vivo, no seríamos verdaderamente libres, sabiendo que haría lo que fuese por tenerme.
"No levantes sospechas hacia ti y…mata a Ayanami y a cualquiera que intente darnos caza" añadí.
Durante un minuto completo, vi un resplandor de profundo odio y miedo en los ojos del pelinegro. Eran unos ojos que conocía bien. Debí de haber tenido esos mismos ojos cuando por mi cabeza no pasaba nada más que la venganza. Fueron Frau, Hakuren y todos los de la Iglesia los que me salvaron.
"Vamos" dijo el rubio, rodeando con su mano mi hombro y dirigiéndome hacia el hawkzile más alejado, justo en frente de la puerta.
Frau me ayudó a subirme, yendo después a abrir la puerta. En el momento en que la puerta se abría lentamente, un golpe de viento irrumpió en el hangar. Mis ojos dolían por el frio viento, pero le di la bienvenida al olor de la libertad que pronto conseguiríamos.
El rubio saltó detrás de mí, justando entonces su posición de modo que no me cayese si aceleraba.
Miré hacia atrás una vez más, hacia Hyuuga, que estaba congelado en su sitio, dándole la orden final "Haz bien tu trabajo, Hyuuga"
Sin más aviso, Frau encendió el motor y salimos volando. No muy lejos, vi por el rabillo del ojo como Hyuuga estaba destrozando cada uno de los motores centrales de los hawkzile. Fue mucho tiempo de esfuerzo, sin embargo, admitiría que hizo un buen trabajo siendo silencioso.
"No puedo creer que haya sido tan fácil" empezó Frau después de casi cinco minutos de vuelo. Me di cuenta de que miraba atrás en varias ocasiones, aparentemente preocupado por algún perseguidor.
"Yo tampoco. No espero que Hyuuga tenga éxito así de fácil. Pero mira" dije, con emoción, señalando con el dedo al horizonte donde varias aeronaves de guerra volaban a gran velocidad hacia nosotros.
"Refuerzos" sonrió el rubio.
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Hyuuga estaba de pie solo en ese abandonado hangar, devastado. No solamente había fallado en su trabajo, incluso fue obligado a ayudarles a huir. Y ahora, después de quedarse solo, la fuerza invisible que envolvía su cuerpo estaba lejos de desaparecer. Estaba atemorizado; pensando que su siguiente orden tras romper los motores sería matar a Ayanami.
Él, con sus manos, debe matar a la persona que ama.
No, tengo que advertirle, pensó con calma. Incluso después de esta traición, incluso sabiendo que había cometido la mayor de las traiciones, Hyuuga estaba todavía calmado. Siempre lo estaba. Quizás lo que los otros decían era verdad. Él, como Ayanami, no era capaz de confiar o amar realmente a alguien. Si lo hiciese, haría lo mismo que el joven Rey fugado. Se empujaría a sí mismo al límite, solo para poder estar con su ser querido.
¿Qué podía hacer Hyuuga? Ayanami no era su pareja por unión. Era solamente un superior; su jefe. Todos ellos, incluyendo Hyuuga, estaban cegados por la ambición del hombre.
Ninguno de ellos supo, hasta ahora, que la tan llamada ambición del hombre no era tan genial. Era simplemente por una mujer. Hyuuga podía sentir que su confianza se desmoronaba. Sin embargo, muy dentro de él, tenía sentimientos por él. No tan fuertes como ese par que escapó, pero aun así, existía.
Pensándolo de nuevo, quizás era tan fuerte como el de cualquiera en el mundo. Su amor no era correspondido. Todo lo que hizo por él fue por el bien de otros. Esos pensamientos negativos le nublaron. Pronto, Hyuuga se descubrió a sí mismo ahogado por los celos.
Si no puedo hacerle mío, quizás esté bien matarlo, pensó él desesperadamente. Por ahora, había entregado su cuerpo a las órdenes del Joven Rey.
Fue a la sala de máquinas sin que nadie sospechase. Destruyó todos los ingenieros y, junto con ellos, el motor. Tuvo cuidado de no dejar ninguna mancha de sangre en su túnica negra. Finalmente, fue hacia el puente de mando. Allí, Ayanami estaba sentado en su sillón de mando de siempre, frunciendo el ceño cuando vio entrar a Hyuuga.
"¿Qué ocurre?" preguntó el comandante con su frialdad de siempre.
La aeronave había empezado a caer, escuchándose los llantos confusos desde la otra habitación. Hyuuga no se inmutó por la conmoción y lo mismo iba para el comandante.
Mirando con dureza esos pálidos ojos amatistas, Hyuuga sacó su espada.
"Vamos a acabar con esto" dijo el pelinegro con rotundidad.
Al escuchar sus palabras, las cejas de Ayanami se alzaron inquisitivamente. Al darse cuenta del polvo dorado en el cuello, sonrió tristemente.
"Te han cogido" le dijo mientras se levantaba y sacaba su propia espada.
"En efecto. Pero ahora es parcialmente mi propia voluntad"
El pelinegro le vio sorprenderse una vez más, pero el primero no perdió el tiempo. Se lanzó hacia adelante con su preciada katana en la mano, abalanzándose para apuñalar al otro en el pecho. Confusión mientras la nave empezaba a caer a una tremenda velocidad, Hyuuga escuchó a sus amigos gritarle. Cortó a todos ellos por la sorpresa. No le importaba si hacía bien el trabajo; solamente quería tener a Ayanami para él mismo, incluso si lo que necesitaba era la muerte.
"Si no puedo tenerte, entonces prefiero matarte"
El hombre bloqueó mi espada, abriendo entonces sus ojos ampliamente por la sorpresa. Entendiendo el significado detrás de mis palabras, sonrió con tristeza.
"Estúpido. ¿Estarás satisfecho si me matas?"
El pelinegro se quedó en silencio pero su mano continuó lanzando golpes e intentando apuñalar al otro hombre.
"Ya veo" dijo finalmente "De hecho, mi cabeza estaba llena de anhelo por esa mujer por lo que busqué a su hijo. Se ve exactamente como ella"
Escuchándole hablar sobre esa mujer que amaba tan cariñosamente, le dolía mucho al pelinegro. Incluso después de esto, su rostro no le traicionó. Era la misma máscara fría que siempre le había visto Hyuuga.
Cegado por la rabia pura y los celos, se abalanzó de nuevo hacia adelante. Esta vez, no tuvo tiempo de ver venir la espada de Ayanami y atravesarle el abdomen. El dolor atacó inmediatamente su cerebro, pero sus manos nunca dejaron de cortar y apuñalar. Se le ordenó matar a Ayanami, y eso haría.
Unos pocos segundos antes de que la aeronave finalmente alcanzase el suelo y explotase, Hyuuga al fin se las arregló para causarle un profundo corte en el hombro derecho al hombre. Los dos, sangrando y cansado, todavía se negaban a rendirse. Ayanami fue el primero en bajar su espada y preguntar "¿Qué te impulsa a traicionarme?"
El pelinegro se detuvo momentáneamente, y entonces respondió con sinceridad "Hice todo por ti, esperando que al menos tomase cuenta de mi presencia. Aun así, solamente te preocupas por esa mujer tuya"
El hombre de cabello plateado se rio con perplejidad.
"Ah, ya veo. Es cierto que puse demasiado esfuerzo en tener a su hijo en mi poder. Pero estoy empezando a ver hacia dónde va esto" le dijo, girando la cabeza para mirar al monitor. El barco sería destruido pronto "Me tienen bien cogido, pero no seré asesinado por ellos" girándose hacia el pelinegro, Ayanami dejó caer su espada "¡Ven, Hyuuga!"
No fue resignación lo que vio en los ojos de ese hombre. Fue determinación. Su orgullo no le permitía ser asesinado por el enemigo. Esa fue la única vez que Hyuuga pensó que Ayanami le había confiado su vida a él. Sin embargo, su orden era matarle. Incluso si hubiese perdido la voluntad de tomar la vida de otro, su cuerpo era forzado a ello.
Cuando el barco finalmente chocó contra el suelo, Hyuuga ya había matado al hombre. Acercándose al hombre furibundo, el pelinegro susurró suavemente "Tomaré mi castigo en el infierno"
Riendo ligeramente, Ayanami sacó sus últimas fuerzas y pegó los labios de Hyuuga a los suyos, murmurando unas palabras "Estaré esperándote"
La nave explotó con un sonido lo suficientemente fuerte como para dejar sordo a cualquiera pero a ellos no les importaba eso. Ayanami pensó que al fin podría poner fin a su ambición, mientras que para Hyuuga, mientras pudiese estar con él, nada más importaba.
Por encima de la explosión de la nave, Frau y Teito bajaron la mirada una vez más hacia el fuego de abajo, esperando que finalmente hubiese acabado y, por fin, acelerar hacia la nave que esperaba al otro lado.
El resto de la guerra fue viento en popa para el lado de Raggs. Después de la muerte de su comandante, el resto de las naves fueron derrotadas bajo el capaz liderazgo de Castor, Labrador y Agas. Inicialmente, trasladaron los esfuerzos del ejército para salvar a su Rey, pero los dos habían regresado de manera milagrosa. Teito estaba tan pálido como un papel y cansado hasta los huesos. Frau se veía mejor pero estaba innegablemente cansado. El más joven de los dos se desmayó inmediatamente después de que su Hawkzile fuese asegurado.
Hakuren al momento fue asignado como asistente de Teito; apresuradamente dirigió al vampiro rubio, quién tenía a Teito en sus brazos, hacia una gran habitación.
"Estará bien. Solo déjale descansar unos pocos días" el rubio mayor le guiñó al más joven. Hakuren asintió, aparentemente entendiéndolo.
"Lo dejaré a tu cuidado"
La verdad era que Frau no estaba seguro de poder permanecer despierto por más tiempo. Este fue el día más agotado que jamás había tenido. Estaba agradecido de que Hakuren lo hubiese entendido pronto. Le había dado a entender al niño que quería quedarse a solas con el moreno.
Dejando el chico inconsciente sobre la suave cama, Frau no se molestó en cambiar sus sucias ropas. Se quitó las suyas pero mantuvo intactas las de Teito. No quería que el chico se despertase, buscando frenéticamente sus ropas.
Tirando de la manta, pasó su mano alrededor de Teito, mirándole amorosamente durante un tiempo antes de finalmente perderse en el sueño, arrullado por la suave respiración de Teito. Había sido un día muy largo para los dos.
