Título: ¿Qué te ha pasado?
Autora: Freedom Released.
Género: Romance, Acción, Angustia, Drama.
Clasificación: +16.
Advertencias: UA, lenguaje vulgar, OoC, OC, PoV, uso de sufijos y palabras de otros idiomas.
Serie: Naruto Shippuden.
Pareja: Sakura H. & Sasuke U.
Personajes secundarios: Todos los demás de Naruto.
Nota: Algunas técnicas han sido sacadas de otros animes como One Piece, Bleach, y Fairy Tail.
Extensión: Long-Fic: Cuarto capítulo (Segunda al Mando)/ 2.251 palabras.
Resumen: Las cosas pueden cambiar en un instante; o nos las cambian en un instante. ¿Qué pasaría si por una vez Sakura fuera la mala?
Disclaimer: Tanto Naruto como sus personajes son propiedad de Kishimoto Masahi, eso sí, la historia es totalmente de mi propiedad.
Segunda al Mando
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Una traición no se olvida, ni en una parte ni en el de otra, las traiciones estarán en el recuerdo para siempre. Todos tenemos una pizca de maldad en nuestro interior, y es esa pequeña luz oscura la que nos impide realizar ciertas cosas aunque sabemos que es lo correcto. Muchas veces, esa oscuridad nunca se hace presente en la vida de un individuo, a no ser que tenga un motivo para ello. Incluso, en ocasiones, no hay motivo, sino una obligación que nos impide realizar nuestros deseos y nos impulsa a hacer acciones que no podríamos tolerar si pudiéramos negarnos.
En ese oscuro sitio, rodeados de aura maligna, reían almas rechazadas por la sociedad. Con una capa de nubes rojas, portando ahí el símbolo de su odio hacia la sociedad que los había repudiado durante décadas. Esperando, aguardando, a una de ellos. Una que no llevaba esa capa, no, lo llevaba tatuado en la piel. En un brazo, ahí estaba la marca. Una marca imborrable que quedaría impresa por toda la eternidad.
—Vaya, vaya, vaya… Si ya ha llegado nuestra damisela —dijo mirando a una chica de pelo rosa entrar por la puerta principal.
Todos los demás miembros de la organización la miraron escoltada por Deidara y Sasori. Ella, se sentó al lado del líder, en un pequeño trono que había en la pared. Uno grande, y otro pequeño. Madara, la persona que la había llegado a la oscuridad sin que nadie lo supiera, estaba sentado en el grande, y ella, en el pequeño. Como Segunda al Mando que era.
—¿Has conseguido que ese idiota se uniera a nosotros? —habló riendo.
La pequeña frunció el ceño recordando lo que había pasado. Ese maldito idiota…
—No —dijo rotunda—. Lo rechazó, prefirió confiar en esos débiles de su patética aldea. Pero se llevó un buen rasguño en su cara de niño bueno, eso le pasa por llamarme muñeca.
El jefe rió ante eso. Esa chica tenía carácter, por eso la había escogido. Le gustaban las chicas como ella. Los demás hicieron lo mismo, nadie tenía dudas de que ese chaval se negaría, pero tampoco tenían dudas de que la chica no le permitiría pasarse ni un pelo con ella. Ellos eran la prueba, aunque los primeros meses pudieron hacer lo que quisieron con esa Kunoichi, con el paso del tiempo acabó siendo ella la que hacía lo que quería con ellos.
—Lo suponía —habló Tobi—. A Sakura-Chan no se le puede subestimar en nada. Por eso Tobi es un buen chico, y no se mete con Sakura-Chan.
El enmascarado se puso a bailar, sacándole una vena al Akatsuk de cabellos dorados que le propinó un puñetazo para que dejara de hacer el imbécil. Puede que ese Tobi fuera fuerte, pero a él lo enervaba cada vez que se ponía a hacer cosas de niños pequeños.
—Creo que hubiera sido mucho mejor dejarte muerto Deidara —dijo Sakura mirando al nombrado quien solo pudo dedicarle una sonrisa divertida conectando miradas de complicidad.
Madara, cansado, dejó de reír, mas sin aún hablar. A veces se preguntaba qué había visto en ciertos miembros para dejarlos unirse a él en su gran revolución del mundo. Puede que fueran fuertes, pero muchas veces eran infantiles y eso lo enervaba hasta límites insospechados. Eran gente de confianza, lo sabía, pero también sabía que las traiciones venían de ese tipo de gente. Había vivido demasiado como para no darse cuenta de la clase de personas que tenía en su mundo. Pero de una cosa estaba seguro, ella no lo traicionaría. No podría. No sería capaz Nunca.
En su lugar, fue Sasori quien tomó la palabra, dirigiéndose a la traidora del grupo. Puesto que, aun acabando de volver, mañana habría mucho trabajo que hacer.
—Sakura, ¿vienes mañana al País del Rayo de misión con nosotros? Necesitaremso toda la ayuda posible
—No lo creo. —Se encogió de hombros y caminó un poco por la sala—. No tengo ganas. Ocupaos vosotros solos.
—Pero…
El pelirrojo del grupo fue interrumpido por la voz potente y sobreprotectora del Uchiha.
— Si no quiere, no la obligues.
—Solo la dejas hacer lo que quiere porque es tu preferida —susurró un acuoso espadachín.
Y era verdad, la banda entera lo sabía. Ella era la preferida, hacía ya años que se había ganado ese puesto. Hacía lo que quería cuando quería y era la única capaz de encarase con su cruel líder sin que acabara muerta. Muchos se preguntaron cuánto duraría con esa prepotencia por el mundo sin agotarle la paciencia a Madara, y al contrario de lo que pensaron, nunca se le agotó con ella. Quién diría que los primeros meses en los que había llegado allí estuvo a punto de morir varias veces en sus manos.
La Haruno se levantó agotada por la conversación y se dirigió hacía una de las puertas.
—Te he oído, Kisame, que lo sepas. —Este tragó grueso. Hacía mucho que no la escuchaba con una voz tan fría como esa—. Por cierto, que nadie entre a mi habitación a molestar, estoy demasiado cansada como para aguantar a estúpidos. Los únicos que pueden entrar son Deidara y Sasori, ¿ha quedado claro?
Asintieron, y dicho esto se marchó. No quería estar más en ese nido de ratas, prefería estar en su habitación, que puede que no fuera la de un hotel, pero por lo menos ahí lograba sentirse como en casa. Como cuando estaba en la aldea. Levantándose temprano para ir a entrenar con su maestra, oyendo los gritos de Naruto pidiendo Ramen, nerviosa por verlo… a él. Cuantas cosas habían cambiado desde entonces. Era irónico, al final la que acabó siendo la mala fue ella. Pero viéndolo de esa manera, no era tan malo. Por lo menos así todos estaban en su sitio, ellos en la aldea, y ella ahí.
Ese era su lugar.
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Un mes rápido pasó. Un mes tranquilo en la Aldea Oculta de la Hoja. Misiones sencillas eran las que había hecho el nuevo Equipo 7. Ese equipo era la nueva familia del Uchiha ahora que lo había perdido todo, pero, ¿por qué no se sentía como antes?
No sentía la misma calidez que sentía cada vez que estaba con ellas. Antes todo era distinto, quizá fuera él quién había cambiado y por eso no notaba lo mismo, pero sentía que no era culpa suya. Algo faltaba. Le daba igual que Kakashi ya no llegara tarde a las reuniones la mayoría de las veces, que Naruto ya no hiciera las típicas meteduras de pata que solia hacer, que Ino lo único que hacía fuera preocuparse de su cabella y preguntarse entre suspiros por su antiguo equipo o que el tal Sai lo más que sabía hacer era dibujar y dedicar sonrisas falsas. No era eso lo que se sentía diferente en gran medida, podía soportarlo. Un sentimiento más profundo le decía que si ese algo no faltara todo sería como antes.
Sinceramente, lo único que le daba algo de tranquilidad y calidez familiar era su Equipo Taka con el que trabajaba. Había pasado tanto tiempo con ellos que ya los consideraba su familia. Con sus rarezas y sus tonterías, pero de algún modo sabía que sin ellos él no estaría ahí.
Claro que eso nunca lo iba a admitir.
—¿Sasuke-Kun? —lo llamaron, sin que él se diera cuenta. Por lo que no contestó.
La rubia del equipo vigía se había dado cuenta de que en todo el tiempo que llevaban vigilando al Equipo Taka para comprobar que fueran leales a la Aldea que el Uchiha se perdía en sus pensamientos con demasiada facilidad. No parecía Sasuke. Antes por lo menos se daba cuenta si alguien quería hablarle, porque no era que él la estuviese ignorando, era que él no se estaba dando cuenta de que le estaba hablando. Y no era en ese momento en el IchiRaku, si
Siempre fue así. Ella nunca fue cercana a él, solo era una fan que lo quería por ser cool y popular. Y aunque el tiempo había cambiado eso, no podía hacer como si no le importara lo que le pasara al chico.
Estaba a punto de colocar una mano sobre el hombro del azabache cuando alguien la detuvo.
—Déjalo. —Era Suigetsu, ese chico extraño que había llegado con ellos—. Tiene cosas en qué pensar.
Asintió, sin estar muy convencida. No es que no se fiara de cuánto conocía a Sasuke ese muchacho, pero la preocupaba en sobremanera que él sí sepa cómo hay que tratar al Uchiha en esas situaciones. Le generaba cierta curiosidad, y a la vez… Envidia. Ella nunca había llegado a conocerlo tanto, ni siquiera tenía la certeza de que Naruto lo hubiera conseguido. La única persona que había podido ver entre toda su oscuridad había sido su mejor amiga. O la que antes era su mejor amiga. Le daba envidia pero no por ella misma, si no por su examiga, porque sabía que ella si fuera la de antes y estuviera con ellos la sentiría.
Bajó la mirada, sintiendo cierta nostalgia. La vez que lucharon y se metió dentro de su mente, pudo ver todo lo que ella pensaba y todos sus recuerdos. La mitad de ellos eran sobre su gran amor, y la otra mitad sobre Naruto y sus amigos. Cuando vio eso supo que la chica era una gran persona que se preocupaba por el bienestar de todos… Pero esa chica ya no estaba. Había desaparecido en cuerpo y alma, para transformarse en un ser cruel y despiadado al servicio del peor de los villanos. Reprimió unas lágrimas. Había pasado mucho tiempo desde que se enteraron de sus nuevos ideales, aún no lo había asimilado después de todo. Seguramente, en algún lugar de su cabeza, donde yacían los recuerdos sobre la pelirrosa, quedaba una esperanza de que todo volviera a la normalidad.
Mas sabía que eso era imposible.
—Ahora eres tú la que está en las nubes —dijo con una sonrisa burlona el espadachín—. ¿En qué piensas?
Ella se sonrojó. No podía creer cómo había dejado que se diera cuenta ese sujeto.
—Supongo... Que pensaba en viejos tiempos. Nada importante. —Sonrió con pesadez.
Suigetsu puso una mueca, dando a entender que no estaba conforme con esa respuesta tan simple y que por supuesto que sabía que era algo importante para esa chica. Pero tampoco podía obligarla a que se lo cuenta, y él no era nadie para exigir ahí. No era su amigos, más bien eran conocidos, o menos que eso, su relación vigilante y vigilado. Aunque intentara tener empatía con ella y llevarse bien, sabía que no lo conseguiría, por lo que dejó de insistir y se marchó a sentarse con Karin en una mesa cercana.
Quien, por cierto, los había estado mirando todo el tiempo con cara de enfadada. No le gustaba nada que ese cara de pez hablara con otras chicas, y todavía no sabía la razón.
—No deberías simpatizar tanto con ella —dijo enfadada.
—¿Celosa, acaso?
Karin se colocó las gafas mientras le salía un pequeño tic en la frente. El muchacho ese sabía cómo sacarla de sus casillas.
—¡No digas tonterías! Es que, es una molesta, no para de molestar a Sasuke.
Vio como la cara del chico se tensaba mientras fruncía el ceño y la miraba. ¿Había dicho algo malo? Ni siquiera lo había insultado como de costumbre. Qué inconformista podía llegar a ser.
"Sasuke, siempre Sasuke", era lo que pasaba por la cabeza del albino mientras miraba como Karin desviaba la mirada. "Siempre Sasuke…, y nunca yo". La consideraba una tonta. Corriendo detrás del portador del Sharingan todo el día como si fuera su perrito faldero y sin poder ver a más chicos a parte de él. Ni que no hubiera más chicos en el mundo. ¡Oh, claro! Para ella no, solo existía uno: Sasuke.
Y eso, lo enfadaba. Alguien como él, no podría competir nunca con eso. Por mucho que lo intentara. No valía la pena intentar algo que sabía que terminaría mal. Lo mejor era seguir peleando con ella, porque de ese modo, sentía que estaba a su lado de algún modo.
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A la mañana siguiente, Tsunade hizo llamar a los dos equipos para una misión. Será conjunta, por lo que el Equipo 7 y el Equipo Taka trabajarían juntos, además de que así los mantendrían vigilados sin el menor problema. Sería una misión corta pero peligrosa, uesto que al lugar donde se dirigían es uno de los puntos en los cuales Akatsuki tenía puesto los ojos por su gran contenido en pergaminos prohibidos.
—Y ese lugar… ¿Dónde está? —preguntó Kakashi, el jefe de la misión.
—En las afueras de la Aldea Oculta de la Arena, en Yama* En un antiguo templo custodiado por los guardianes puestos por Gaara, el Kazekage. Os dejarán pasar para conseguir un pergamino que necesitamos, Gran Tsunami* —explicó—. Rápido, iros, debéis traerlo lo más rápido posible.
Todos asintieron.
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En otro lugar, muy familiar para una antigua compañera suya, se dictaminaban unas órdenes sin precedentes.
—Recuerda, Sakura, esta misión no puede fallar. Necesito el pergamino Gran Tsunami como sea. No permitiré ni un solo error.
La mujer asintió, atando una espada en su costado y su banda con el símbolo tachado en la cabeza.
—No te preocupes, lo tendrás.
Ella se ocuparía de eso, por algo era la Segunda al Mando. Haría honor a su nombre, de eso no cabía la menor duda. Mataría a todo el que se interpusiera en su camino.
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Fin.
*Yama: De símbolo 山, significa "montaña" en japonés.
*Tsunami: De símbolos 津波, es una palabra que viene del japonés «津» tsu, "puerto o bahía", y «波» nami, "ola". Es la ola gigantesca producida por el conocido maremoto o por una erupción volcánica en el fondo del mar.
Nota Autora: ¡Buenas! :'DD Por fin os traigo un nuevo capítulo, y el próximo será emocionante, os lo digo yo jujuju. Así que comentar, que si no comentáis, pasa como en este y tardo al no tener motivación xD. Gracias por leer, espero que os haya gustado.
