Contenta porque me han ascendido a asistente de mi supervisor ¡uf! Mucho trabajo, pero ¡sí se puede, sí se puede!

Disclaimer: Soul Eater no me pertenece ese es de Atsushi Okubo. Así mismo, el nombre del fic corresponde al de una canción de The Rasmus.

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Madness cap. 5 "Teñir de negro, música y una revelación"

Las luces de la ciudad parecían como caramelos de diferentes colores desde el edificio en donde se encontraba. Desde ahí el ruido característico de ésta se escuchaba lejano y el aire era más fuerte y helado. Los dedos de su mano derecha se mantenían aferrados a la reja protectora de la azotea, mientras el viento se encargaba de revolver sus cabellos negros.

—Kid… —sus pupilas doradas se hicieron más pequeñas y se volvió de inmediato, siendo capaz de verla a ella.

Su corazón dio un vuelco, sintiendo emociones encontradas. Deseba verla para pedirle explicaciones. Para entregarla ante el tribunal de Shibusen, para ejecutarla ahí mismo… para decirle que, a pesar de todo, la amaba.

Kid apretó los puños y dio un par de pasos hasta estar frente a la peli rosa, mirándola fijamente a esos ojos claros. Ojos claros que ante él siempre se mostraron de un color oscuro, dándose cuenta de que hasta en eso le había engañado.

Bajó la mirada, oculta y ensombrecida por su propio flequillo.

—Desaparece… —murmuró para luego alzar la vista, dolida y muy triste— Pero antes de hacerlo, llévame contigo— suplicó, alzando la mano para tocarle la mejilla.

El vapor de su propia respiración se hizo presente al entreabrir los labios y hacerse realidad parte de su deseo. La imagen de la chica desapareció como si de un fantasma se tratara.

—Chrona… —llamó, con la mano al aire.

Entonces comprendió que aquello solamente había sido un reflejo de sus propios pensamientos. Era de esperarse al estar en el lugar que se había convertido en el favorito de ambos, un lugar en donde la chica podía estar a gusto por no tener que lidiar con tanta gente.

Kid recorrió toda la azotea con la mirada, al parecer recordando cada una de las veces en la que ellos dos acudieran ahí. El lugar había sido descubierto pocas semanas después de que Chrona comenzara a ser la ayudante de Marie…

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Kid sentía curiosidad por saber qué era lo que Chrona hacía exactamente con Marie y en más de una ocasión sintió ganas de llamarla para descubrirlo, pero su manía por la simetría pugnaba con ese deseo. Los nuevos arreglos a los pasillos de Shibusen lo mantenían muy ocupado.

Suspiró mientras se quedaba con una brocha en las manos y las hermanas Thompson le miraban un poco extrañadas.

—Onee-chan —dijo Patty acercándose a su hermana— ¿Crees que ese estado sea a causa de Chrona chan?

—Quién sabe, puede que sí —se limitó a decir Liz, sentada en una silla y arreglando sus uñas en una de las esquinas del pasillo. Su glamour no le permitiría nunca realizar esa clase de faenas.

Patty volvió a mirar a su Meister para luego sonreír y proseguir con su labor de pintar la pared. Fue entonces que Liz alzó la mirada, inspeccionando al chico.

Kid necesita de ella. Tú debes saberlo mejor, conoces más a tu Shokunin que yo, había dicho Maka el otro día.

Liz se daba cuenta de que la actitud de Kid había cambiado desde que Chrona apareciera en sus vidas. Y eso estaría bien de no ser porque en el fondo el no saber nada de la chica le seguía preocupando. La habían rescatado del sótano de una casa que pertenecía a una bruja ¿Qué hacía Chrona encerrada en ese lugar? Al parecer todos en Shibusen se les habían olvidado todos esos detalles. Aunque por otro lado, el hecho de que el mismo Kid no se preocupara por ello, tenía que ser un buen augurio.

La rubia suspiró. Quizá sólo era su instinto de hermana mayor la que le hacía comportarse de esa forma. Decidió no darle mayor importancia y volvió al cuidado de sus delicadas uñas.

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Chrona terminaba de guardar los utensilios de laboratorio y de ordenar los apuntes de Marie y al tiempo de colocar el último tubo de ensayo se permitió sonreír un poco.

— ¿Ya has terminado, Chrona chan? —de respuesta un monosílabo— Ven, entonces, a tomar un café conmigo.

La peli rosa se deshizo de su bata, colocándola en el perchero y salió hasta la salita de la casa, en cuya mesa de centro se encontraban ya servidas un par de tazas. La chica se sentó, sin saber cómo lidiar con la situación.

—Y cuéntame ¿cómo te has sentido en estos días? —preguntó la profesora. Cuando Chrona alzó la mirada se topó con una amable sonrisa.

—B-bien. Me gusta este lugar —respondió bajando la mirada de nuevo.

—Me alegro. La verdad es que eres una chica muy inteligente y me has sido de mucha ayuda en estos días ¿Dices que este gusto lo heredaste de tu padre? —Marie dio un sorbo a su bebida.

—Sí. Papá y… mamá —pareció dudar un poco por la mención de Medusa— eran investigadores y muchas veces me quedaba en un rincón del laboratorio viéndolos.

—Ya veo —Marie dejó la taza sobre la mesa y pareció pensar en algo pues por unos minutos se quedó en silencio. Sin embargo, al final sonrió amablemente— Tus padres deben sentirse muy orgullosos en donde quiera que se encuentren.

— ¿O-orgullosos? —respondió sorprendida.

—Sí, yo lo estaría de tener una hija como tú —la profesora del parche se estiró un poco y acomodó los mechones del cabello de Chrona, a lo que no supo qué hacer— ¿Quieres un poco más de café?

—N-no, gracias. Debo irme ya —la peli rosa hizo una pequeña reverencia y se despidió.

Marie la miró marcharse y pareció, nuevamente, pensativa.

Chrona en tanto parecía un poco triste ¿Qué sus padres se encontrarían orgullosos?

—Medusa… —se dijo en voz baja, tratando de olvidar hasta las facciones del rostro de su propia madre, pero todo esfuerzo parecía ser más que inútil.

Suspiró y al alzar la mirada se encontró con otra que parecía sonreírle.

— ¡K-Kid! —dijo sorprendida de verlo de pie a las afueras de la casa de Marie sensei.

—Hola —saludó sin mucho formalismo— Hacia muchos días que quería verte.

Chrona sintió que sus mejillas ardían ante el comentario y lo único que atinó hacer fue bajar la mirada.

—Pero, si estás ocupada tal vez sea otro día— sugirió el chico al notar la reacción de su amiga.

—No, y-yo… también quería verte— respondió, primero rápidamente y luego con voz bajita, sin atreverse a mirarle de frente.

Kid sonrió, sintiéndose muy contento.

— ¿Po-podemos caminar juntos hasta la casa? —el chico se sintió extraño al darse cuenta de su propio nerviosismo. Chrona sólo atinó a responder con un monosílabo y antes de darse cuenta ambos caminaban con un rumbo totalmente diferente al acordado.

La peli rosa, olvidándose un poco de la vergüenza, comenzó a contar sobre su trabajo al lado de Marie y de lo bien que se sentía en aquel lugar. Kid, por su parte disfrutaba de la plática de la chica y no deseba interrumpirla, hasta que esta se paró repentinamente, mirando todo a su alrededor.

— ¿En dónde estamos? —preguntó, a lo que Kid inspeccionó el lugar para luego reír un poco nervioso.

—No tengo la menor idea —respondió sincero.

— Estamos perdidos. N-no sé cómo lidiar con esto —dijo al momento de llevarse una mano a la altura del codo.

—No te preocupes, Chrona, vayamos por esta calle y veremos a donde salimos— la chica le miró angustiada, a lo que él le ofreció la mano —Confía en mí.

La peli rosa miró por un instante la palma de la mano ofrecida. Era tan blanca y parecía ser tan suave que quiso comprobarlo y encontró que era así. Ambos empezaron a caminar por la calle, las cuales, por cierto, eran muy tranquilas y poco transitadas.

Al final, pues, los dos terminaron más perdidos que al principio. Fue entonces que Kid se le ocurrió una solución práctica.

—Chrona, creo que voy a tener que…

— ¿Qué es ese edificio de allá? Es muy alto —dijo la chica sin tomar mucho en cuenta lo que él le estaba comentando.

— ¿Ah? Oh, ya veo. Es un antiguo almacén ¿Quieres subir? Las escaleras de emergencia deben estar por allá —dijo señalando a un costado del edificio.

Chrona pareció pensarlo un poco, pero al final se decidió por hacerlo, aunque a la mitad de la escalinata se arrepintió de su decisión, pues comenzaba a quedarse sin aire. Finalmente logró llegar a la azotea.

—Mira, se puede ver toda la ciudad desde aquí —señaló Kid, a lo que la chica alzó la mirada olvidándose de su mala condición física.

Las luces de la ciudad iluminaban todo el panorama, pero más allá de éstas se podía ver parte del desierto que rodeaba a Death City y, sobre todo, la luna menguante en el cielo.

—Hermoso —dijo Chrona, metiendo los dedos de las manos en los espacios que formaban los rombos de las rejas de la azotea.

—Sí, tienes razón —respondió Kid, para después guardar silencio en imitación de la chica.

La brisa era refrescante y se sentía agradable, junto con la sensación de paz que se experimentaba ahí.

—Y yo que pensaba que las torres de Shibusen eran las únicas desde donde se podía ver toda la ciudad— Chrona volteó a verle, sólo para percatarse de que éste señalaba a lo lejos con el dedo índice.

Ella dirigió su mirada hacia el lugar indicado, notando algunas torres que sobresalían de una construcción que asemejaba a un castillo de los cuentos de princesas que solía cotarle su padre.

De pronto algo pareció iluminarle la mente.

— ¿E-eso es Shibusen?

—Sí, ¿no le habías visto antes?— Chrona hizo un movimiento negativo con la cabeza. La pobre chica era tan distraída que no podía culpársele.

Shibusen, pensó recordando que en una ocasión su padre le dibujara ese mismo castillo y le relatara un cuento de una princesa atrapada rescatada por un valiente caballero.

— ¿Y tú trabajas ahí, como Maka y Soul? —preguntó sin quitar la vista del castillo.

—Así es. Los mejores Técnicos y Armas vienen a estudiar a Shibusen.

— ¿Técnicos y Armas? —dijo al tiempo en que le miraba sin comprender. Ya antes había escuchado algo al respecto de los labios de Maka, pero jamás se atrevió a preguntar.

—Creo que existen cosas que no te hemos explicado aún— dijo Kid, meditándolo por un instante. Lo que estaba a punto de contarle no era algo que se le dijera así como así a la gente común— Shibusen existe para mantener el equilibrio en el mundo.

— ¿Equilibrio? —Kid le miró, aún con una mano en la reja.

—En este mundo existen fuerzas oscuras que desean el nacimiento de un dios demonio llamado Kishin. Si eso llegara a pasar, el mundo entero se sumiría en la locura. Para eso fue creado Shibusen. Existen humanos con poderes especiales que les permiten adoptar la forma de un arma y con ellas existen los que las usan, llamados Técnicos.

Chrona se quedó callada ante tal revelación. Así que en este mundo existían más personas con poderes sobrenaturales a parte de las brujas. Pensó que Medusa no había mencionado gran cosa al respecto. Si eso era cierto ¿por qué ésta le había prohibido hablar con alguien sobre la naturaleza de ellas?

— ¿Estás bien, Chrona? —preguntó Kid al tiempo en que le ponía una mano sobre el hombro.

— ¿Ah?

—Perdón, creo que te he asustado un poco con mi relato —el chico le sonrió para tranquilizarla. Quizá no había sido una buena idea contarle eso. Chrona correspondió el gesto.

—Y- y tú… ¿eres Técnico? —Kid le miró un poco sorprendido de que la chica aceptara las cosas tan fácilmente, pero de inmediato la sonrisa volvió a adornar su rostro.

—Sí —respondió simplemente. Decirle lo que él era realmente quizás alejaría a la chica y él no deseaba que eso sucediera, sino que las cosas siguieran su curso normal.

Chrona sonrió contenta, mientras su mirada se perdía en el cielo nocturno. Se sentía feliz de que ambos fueran personas especiales y que él compartiera su secreto con ella. Quizá, entonces, podría…

Sus labios se entreabrieron para contarle su historia, pero un fuerte dolor en el pecho se hizo presente, sofocándola.

— ¡Chrona! ¿Te sientes bien? —Kid se asustó al ver que la chica se ahogaba, pero de inmediato ella comenzó a toser, volviendo a la normalidad.

—P-perdón… creo que me ahogué con mi propia saliva —dijo avergonzada y sin ánimos de contarle algo.

—No te preocupes, quizá fue por el esfuerzo de haber subido hasta acá. Mejor volvamos a casa.

—Sí, tienes razón ¿Sabes por dónde regresar? —Kid dijo que sí con un movimiento de la cabeza.

Una hora después, Chrona estaba con Maka y Kid llegaba a Shikeidai.

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Hacia cinco días que Chrona no veía a Kid.

Las chicas y yo tenemos una misión en Egipto, por lo que vamos a estar ausentes unos días, había dicho el chico. Y la verdad era que Chrona sentía una extraña opresión en el pecho que no sabía lo que era y mucho menos cómo lidiar con ella.

—Lo extrañas ¿verdad? —escuchó de pronto la voz de Marie a su espalda.

— ¡Marie sensei! —respondió asustada, la rubia sonrió.

—Ah, recuerdo que también cunado tenía tu edad suspiraba por los rincones por mi primer amor —dijo al momento de entrelazar sus manos y llevarlas a la altura de su pecho.

— ¿Pri-primer amor? —la peli rosa se sonrojó.

—Kid es un buen chico y se nota que se preocupa mucho por ti. Sé buena con él, pero no tanto, los hombres son así… —la mirada de Marie se entristeció— Das todo por ellos y luego resulta que te abandonan por otra.

Chrona comprendió que la profesora hablaba de sí misma, fue entonces que se percató de que sostenía en una de sus manos una botella de licor. Apuntó la mirada a otro lado de la habitación, ella no sabía cómo lidiar con personas alcoholizadas. Decidió que era mejor irse.

—Ma-marie sensei… t-tengo que irme…

— ¡No! ¿Estás sola, también no? Quédate conmigo —la rubia comenzó a tararear una melodía suave y a mover las caderas al ritmo de la misma.

—Ma-marie sen… ¡Waw! —la mujer le tomó por la cintura y de una mano para convertirla en su pareja de baile, pero Chrona tropezó para luego pisarla.

— ¡Oh, Chrona! Eres igual a él, ninguno de los dos sabe bailar… Pero con ella, con ella… — Marie pareció estar recordando algo, pues su mirada se endureció para después beber directo de la botella.

Los pensamientos de la profesora parecieron inundar su mente pues, por un instante se olvidó de Chrona, cosa que aprovechó la peli rosa para salir de ahí. Sí, definitivamente ella no sabría cómo lidiar con personas ebrias.

El fresco de la noche le hizo darse cuenta que por las prisas había olvidado su abrigo en casa de Marie. Suspiró. Regresar no era buena idea, pensó al momento en que echaba un pequeño vistazo hacia la casa, resignada emprendió el camino de regreso, encontrándose en una de las esquinas de la calle con un tipo que parecía fumar un cigarrillo. No le tomó mucha importancia, sin embargo él le volteó a ver por el rabillo del ojo.

Chrona dio vuelta en la siguiente esquina, frotándose los brazos por el frío de la noche, cuando el humo de un cigarrillo le golpeó el rostro, provocando que tosiera un poco. Sus ojos oscuros vieron a un hombre fumando. No le dio mayor importancia, sin embargo él torció los labios en una mueca.

Chrona volvió a dar vuelta en una esquina, sus ojos escocieron al sentir el humo de un cigarro y su mano derecha se movió de un lado a otro para hacer a un lado el molesto humo. Entonces se sorprendió de ver al mismo hombre de esquinas anteriores de pie a su lado. Por inercia volvió la mirada atrás.

"Debe ser el cansancio", pensó, pero un gritito ahogado salió de su garganta al tornar la mirada al frente y ver al tipo sonriéndole de una forma poco agradable. Su instinto le dijo que debía correr.

—No tengas miedo, preciosa —dijo el hombre alzando una mano para tomarla del brazo y después de gemir agregó—: Tu alma se ve deliciosa.

—Su-suélteme —musitó la peli rosa, pero el hombre acercó su rostro al de la chica y ella pudo percibir su aliento fétido.

—Serás nuestra cena esta noche —dijo el hombre con voz distorsionada, como si se tratara de varias voces saliendo de su garganta.

De pronto, su boca se abrió, deforme, grande y babeante. Su lengua, parecida a la de un lagarto, lamió la mejilla de la asustada joven.

— ¡Suélteme! —gritó aterrorizada y tratando de zafarse. Todo era inútil.

Chrona, eres tan débil que hasta un indefenso gato te haría daño, había dicho en tono burlón Medusa. Si no eres capaz de defenderte tú sola, no vale la pena que siga manteniéndote a mi lado, amenazó en otra ocasión y el miedo a quedarse completamente sola la había impulsado a matar a la cría del dragón.

Su pecho ardió, sintiendo luego algo caliente.

"Es mi sangre", pensó, no atreviéndose a bajar la mirada.

Si no eres capaz de defenderte tú sola, no vale la pena que siga manteniéndote a mi lado… se repitió la voz de Medusa, pero la imagen de Kid fue la que se hizo presente está vez en su mente.

Si ella era débil ¿cómo podría estar al lado de una persona tan fuerte como el Técnico?

Su mirada oscura y llena de terror desapareció, para dar paso a un par de ojos claros. Su mano izquierda agarró con fuerza la del ser grotesco, la cual hizo un ruido como si de nueces partidas se tratara. El humanoide dio un quejido de dolor.

—Suéltame —ordenó Chrona con voz profunda, al tiempo en que le obligaba a retirar las garras de su pecho a medio abrir. La peli rosa le dio un jalón, con tal fuerza que le terminó por desprender el brazo y mandarlo de nalgas al suelo. El monstruo, ahora victima, le vio con miedo y, levantándose a tropezones, echó a correr.

Chrona caminó a paso firme, siguiéndolo en medio de una risita, hasta acorralarlo en un callejón.

—Ji, ji, ji, este callejón no tiene salida —su sombra proyectándose alta y diabólica sobre la pared.

—N-no no me hagas daño —chilló el que había querido devorarla.

En un instante Chrona apareció a milímetros de él y con una sonrisa malévola le dijo—: Voy a teñirte de negro.

Un grito de terror llenó el callejón…

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Su cuerpo pesado dio contra la pared, peleando por mantenerse en pie, pero el temblor de sus piernas estaba a punto de impedírselo. Su respiración era entrecortada y hacia que a cada exhalación doliera su pecho.

Chrona llevaba rato caminando sin un rumbo fijo, lo único que recordaba era que había salido de la casa de Marie sensei y después… y después se vio en medio de un callejón con las ropas llenas de sangre que, obviamente no era suya, y una sustancia costrosa de color negra.

Chrona sonrió triste. En ese estado no podía volver con Maka y Kid ¿Cómo explicar lo que pasó cuando ella misma no lo sabía? ¿Y si había hecho daño a personas inocentes? ¿A Marie sensei, por ejemplo? No, eso no podía ser verdad. Marie era una miembro de Shibusen, por tanto una persona fuerte.

Shibusen. Una organización formada para proteger el equilibrio del mundo ¿Y si ella resultaba ser un enemigo de Shibusen? ¿Por qué, sino Medusa le tenía estrictamente prohibido hablar con alguien?

Movió la cabeza en señal de negación. Eran tantas cosas que podían pensarse al acercarse la muerte ¿Iba a morir? ¿En serio lo haría?

El dolor de su pecho era casi insoportable, así que supuso que sí estaba a punto de hacerlo. Volvió a sonreír. Al menos le hubiera gustado ver por última vez a Maka, a Soul, a los Star, a las Thompson… a Kid. Sobre todo a Kid.

Se llevó la mano derecha a los labios, estaba tosiendo y el esfuerzo hacia que sus pocas fuerzas se acabaran. Sin duda iba a morir. Sus ojos se cerraron y antes de desvanecerse sintió que su cuerpo chocaba con una superficie dura antes de tocar el suelo…

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El ruido de algo al dar vueltas, como si se tratara de una cuerda de cajita musical le hizo despertarse. Era irónico que un ruido tan leve fuera capaz de hacerla salir de la inconciencia, pero aquel ruido tenía algo peculiar, algo que le era tan familiar.

Sus ojos oscuros se abrieron a todo lo que podía y se levantó de inmediato. Se encontraba en el umbral de una construcción, se llevó una mano a la frente pues ésta le dolía, sintiendo un chichón en ella. Al parecer se había golpeado en la puerta antes de caer completamente. Estaba sobándose cuando el ruido de la cuerda volvió a escucharse, seguido esta vez de una musiquita.

A veces, durante la noche y al cerrar los ojos, me parece poder escuchar música aquí adentro, recordó las palabras de su padre que siempre señalaba la cabeza y daba vueltas al tornillo que llevaba incrustado en ella.

La verdad era que Chrona podía ser capaz de escucharla, sobre todo cuando se encontraba en medio de la oscuridad, pero en esta ocasión la música tenía un toque diferente, como si…

—Otto-san —dijo en un murmullo. La sombra fugaz de alguien pasando a prisa detrás de ella le hizo volverse.

Se quedó quieta, sintiendo miedo y tratando de visualizar algo dentro del lugar pues la única luz que entraba era la del exterior. Se trataba de una pequeña estancia, con una mesa de centro y un par de loves side, un pequeño mueble detrás de uno de ellos. Luego, seguía un pasillo largo, pero no era capaz de ver más allá. Pero de algo estaba segura, la música provenía de allá.

— ¿Ha-hay alguien aquí? —preguntó con la voz más clara que pudo hacer, aunque en realidad era chillona y temblorosa.

Una nueva sombra fugaz pasó detrás de ella y pareció escuchar que alguien la llamaba por su nombre.

— ¡HIIII! —chilló, ella no sabía cómo lidiar con fantasmas, así que decidió que lo más sensato era salir a patas de ese lugar. Hubiese funcionado si en vez de correr hacia el interior lo hubiera hecho hacia fuera.

Llegó hasta otro cuarto, allí la música era más fuerte y volvió a quedarse quieta, poniendo su mano en la pared, sintiendo algo redondo en ella. Si no mal se daba cuenta, se trataba de un apagador. Lo apretó y sus ojos se entrecerraron al verse alumbrado repentinamente el lugar. También la música cesó.

Sus labios se entreabrieron de sorpresa. Era un laboratorio, o al menos eso había sido en algún tiempo, pues se veía todo lleno de polvo y con algunas telarañas en los rincones. El lugar estaba abandonado.

Por alguna extraña razón un dejo de tristeza y nostalgia la invadió mientras recorría el cuarto. Una computadora y una silla con lo que parecía ser un par de costuras, al igual que las paredes y algunas partes del suelo, lo que le hizo recordar la manía que tenía su padre de inspeccionar todo a su alrededor.

Caminó hasta llegar al escritorio y su mano se detuvo antes de asir la agarradera del cajón, se dio cuenta de que temblaba y de que sudaba, como si fuera consciente de que al abrirlo algo parecido a una serpiente saltaría de ahí.

Tragó saliva y lo entreabrió primero, para luego abrirlo de lleno. Sólo hojas y algunos lapiceros se encontraban ahí. Y hasta abajo encontró un pequeño cuadernillo que, por curiosidad o quizás por otra cosa, sacó para hojearlo. Al hacerlo, una hoja cayó de en medio, al agacharse para recogerlo se dio cuenta de que se trataba de una fotografía.

Al reverso, que fue por donde la tomó, tenía algo escrito:

Que de ahora en adelante te mantendré vigilado para que no disecciones a nadie.

La nota le provocó un poco de risa a Chrona, lo que le hizo recordar que su pecho aún dolía un poco.

Entonces volteó la foto a fin de mirarla.

La sangre se le subió repentinamente hacia la cabeza, los oídos le zumbaron y un quejido se ahogó en su garganta.

En la foto dos hombres. Un peli rojo sonriente dibujando una 'v' con los dedos y un niño muy serio, de cabellos grisáceos y de anteojos.

—Otto-san —dijo antes de soltar la fotografía y salir corriendo del lugar…

CONTINUARÁ…

Notas de la autora:

¡Waw! Que esta revelación pensaba ponerla en el próximo capítulo y regalarles el primer beso entre ChronaxKid en éste, pero simplemente las cosas se me desarrollaron de ésta forma. No pude hacer más, los personajes se me revelaron je, je.

Gracias por sus reviews a: Hoshi of Death, LyTha Shinigami, DEATH THE MAKENSHI,

kaze143: Me alegra que te vaya gustando esta historia. Gracias por tus comentarios.

Matta au!