Los chicos de pueblo necesitan pasatiempos

Sin apartar los ojos de la carretera Daryl seguía las indicaciones que Beth le daba para llegar a su casa, una granja a las afueras. La propiedad era grande, desde que encontró el cartel que indicaba que aquellas tierras pertenecían a los Greene, pasaron un par de minutos hasta llegar a la casa.

Una joven de cabello castaño, que Daryl supuso que era la temeraria hermana de Beth, Maggie, entró en la casa llamando a su padre.

El hombre, mayor y de pelo cano salió agitado en el momento en que Beth descendía del vehículo con la gata envuelta en la manta entre sus brazos.

—¿Qué sucede, Beth? ¿Qué es lo que traes? —preguntó a su hija bajando los escalones del porche.

—Papi tienes que salvarla, está muy mal, por favor papá... — fue todo lo que dijo la chica, tendiéndole la manta a su padre.

Sin hacer más preguntas, que sabía que no serían contestadas, el hombre examinó la manta descubriendo a la gata y miró con preocupación a su hija.

—Está bien, entra en casa —ordenó, y reparó en Daryl, que titubeante continuaba quieto junto al coche —.Gracias por traer a mi hija, ¿Sr..?

—Dixon, Daryl Dixon soy... El nuevo conserje...

—Pues gracias Sr. Dixon tenga cuidado a la vuelta —Dijo una mujer que Daryl no había visto salir de la casa.

Estaba a punto de explicar que él no iba a ningún lado, no al menos en ese momento, porque esa gata era suya o al menos todo lo que un gato puede pertenecer a un humano, pero una rápida mirada de Beth antes de entrar en la casa le indicó que no era esa clase de situación.

Daryl asintió y se despidió con un silencioso gesto de cabeza antes de montar en la ranchera y poner rumbo a su, más que nunca, solitaria casa.

De camino al pueblo paró en el bar, no le apetecía estar solo. Pidió una cerveza y se acercó hasta el teléfono.

—Hola... Sí, hablar con un recluso... Dixon... sí, Merle Dixon... Espero —respondió a la operadora de la prisión.

Tras unos minutos la voz potente y descarada de su hermano mayor se escuchó al otro lado del auricular.

—Espero que quién sea tenga una buena noticia porque me ha hecho retirarme de una mano de póquer que tenía ganada —fue su cariñoso saludo.
—Soy yo, ¿cómo lo llevas, hermano? —preguntó Daryl tras aclararse la garganta.
—Cargando a la derecha. ¿Qué pasa? Nunca me llamas a prisión, lo que se de ti es por la toca pelotas de la condicional.

—Nada... Sólo quería que supieras que no estoy en casa, para cuando salgas, no me busques donde Will...

—¿Te has metido a feriante acaso, hermanito? ¿O me llamas desde México?

—Deja de decir gilipolleces. Encontré un trabajo, de consejero en una escuela... En Merl Country —explicó brevemente —. Cuando salgas puedes venir, tengo una caseta que no está mal.

—No necesito tu caridad, me sobran sitios donde ir —escupió todo su orgullo —¿Cómo encontraste ese trabajo allí? Nunca hemos estado en ese condado.

—Rick me lo dijo y me... Me recomendó...

—¿Rick? El de la chapa niquelada... ¿Por qué coño aceptas algo de ese tipo? ¿Acaso te gusta que te miren con pena? ¿Eh, Darylina?

—¿Qué mierda te pasa? Es un buen trabajo...

—Para eso me llamas, ¿no? Para restregarle lo bien que te va sin mi... Pues a ver cuánto te dura la suerte.

—Merl Country, cuando salgas ven para acá y no a casa —ignoró las acusaciones de su hermano mayor a las que estaba de sobra acostumbrado —, tendrás cerveza fría en la nevera.

—Me lo pensaré —se hizo el interesante, pero dejó de atacar a su hermano que no parecía querer pelea —. Pero no te quedes si te explotan a trabajar, saldré en unas semanas y nos buscaremos algo.

—Estoy bien, te esperaré esas semanas que quedan —aseguró a Merle, que por fin dejaba de discutir —¿Quieres que vaya de visita?

—Mierda, no —contestó con rotundidad—. Esto es peor que la mugre... Pero dile a mi agente que me traiga cigarrillos.

—Claro... Cuídate —dijo antes de colgar.

—Preocúpate de ti, yo estoy bien —contestó Merle.

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Maggie miraba a su hermana pequeña atender a los tres pequeños felinos con ternura, mientras su padre operaba a la madre de los gatos.

—Creía que la gata era de una compañera de clase —comentó Maggie —. Fue eso lo que le dijiste a papá.

Beth la miró de reojo un segundo, pero no contestó, sencillamente se encogió de hombros y siguió centrando su atención por completo en los gatitos.

—Es curioso que ese conserje te haya traído hasta casa... ¿por qué lo ha hecho? —preguntó directamente, pero el silencio fue todo lo que obtuvo de nuevo —¿Beth? Te estoy hablando.

—Sé lo pedí —fue su respuesta —. Le dije que debía llevar a la gata a mi casa y me trajo.

—¿Así sin más?

—Sí, si se negaba la gata moriría, ¿por qué no me iba a ayudar? —preguntó la menor mirando a su hermana fijamente.

—Podría tener otras cosas mejores que hacer... que un trabajador del instituto esté con una alumna fuera de horario en su coche no es normal —comentó su hermano Shawn entrando en la habitación y mirando a su hermana con los brazos cruzados —. Quien os haya visto a saber que habrá pensado.

—Me traía a casa, ¿qué van a pensar? —contestó Beth, restando importancia.

En esos momentos el sonido del un coche por el exterior de la granja llamó la atención de los tres hermanos. Beth comprobó que se trataba de Jimmy, que llegaba en el viejo coche de su padre y se puso nerviosa, ante la posibilidad de que el joven delatase su ausencia en las clases de ese día, por lo que salió rápidamente a recibirle.

—Hola —salió, acercándose con paso rápido y sin dejar que se alejase del vehículo.

—¿Qué te ha pasado? No te he visto después de llegar y he escuchado que estabas enferma —dijo desconcertado el chico.

—Em... sí, no me encontraba muy bien... volví aquí —mintió, visiblemente nerviosa.

—¿Qué te pasa? Estas... rara

—Nada, nada... pero no es un buen momento. Mi padre está enfadado por que volviera de clase, es mejor que no te quedes.

—Pero...

—Jimmy, es mejor que no te vea —le instó.

Sin querer insistir, viendo que era inútil, el joven volvió a subir al coche y se puso en camino a su casa, confundido y desconcertado.

Beth volvió al interior de la casa, de nuevo a ocuparse de los gatitos, pero sin poder la mirada suspicaz que le dedicaron sus dos hermanos mayores.

Un largo rato después su padre salió de la habitación donde atendía a la gata con cara de cansancio y se dirigió directamente a la pequeña de sus hijas.

—El otro gato que tenía no ha sobrevivido, pero la gata está estable —dijo creando un cúmulo de contradictorias sensaciones en Beth —. Y tú, estás castigada.

—Pero...

—Esa gata no era de ninguna compañera, y eso quiere decir que me mentiste —declaró Hershel —. Así que no hay nada que discutir.

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Al día siguiente de regreso al instituto Beth tuvo que contestar a las preguntas de sus amigas sobre su ausencia del día anterior, lo que no fue difícil, pero uso la misma mentira que le había contado a Jimmy el día anterior. Hasta que Billy tiró por tierra su versión.

—Mi padre te vio cruzar el pueblo a la hora de la salida en una ranchera azul —dijo el joven serio, dejando sin respiración a la rubia que se quedo pálida.

—Se confundiría —alegó ella, cerrando su taquilla y disimulando su nerviosismo.

—¿Cómo te va a confundir? Te conoce desde siempre Beth —insistió el chico, centrando las miradas de sus amigos —. Y por lo que dijo, parece que ibas con ese conserje nuevo.

—¿Beth? —preguntó Susie confusa.

—Es imposible, a la hora de salir estaba en mi casa, llegué antes de segunda hora porque estaba mala... vería a otra —dijo con tenacidad Beth.

Sin dar tiempo a que sus amigos y en especial Billy continuase insistiendo y poniéndola entre la espada y la pared la joven se alejó hasta su aula.

Para no tentar a la suerte y procurando que sus amigos no volvieran a insistir en que ella había estado con el Sr. Dixon el día anterior procuró no acercarse a la casa del conserje y pasó todo el día rehuyéndole e ignorando su presencia si por casualidad coincidían en un pasillo en presencia de sus amigos.

Daryl notó esa nueva y fría actitud de la joven, pero no quiso pedir una explicación, suponiendo que si ella se mostraba distante tendría algún motivo, y pese a que sentía interés por el estado de la gata controló las ganas de preguntar directamente a la chica.

Pasaron dos días sin que Beth volviera por la casa o se comunicase con él de ninguna manera. Si no hubiera sido por la ausencia de la gata, Daryl podría haber pensado que su extraña relación con aquella alumna nunca había tenido lugar.

La mañana del jueves, mientras el hombre se tomaba una cargada taza de café fuerte, dispuesto a comenzar su jornada laboral en un rato, unos golpes en la puerta llamaron su atención.

Su sorpresa llegó al mirar por la ventana, antes de abrir la puerta y ver a Beth esperando fuera, cargando con una caja en las manos.

—Hola —dijo tímidamente, ante la mirada desconfiada que el conserje la dedicó al abrir la puerta —. Mi padre no me deja quedarme con ellos, solo con uno...

Daryl miró la caja, a cuyo interior la joven dedicó una triste mirada, viendo a la gata y dos de los gatos tumbados. Sin decir nada, Daryl cogió la de las manos de la joven la caja y la llevó al interior de su vivienda.

—Sien...siento no haberte dicho nada en estos días —se disculpó Beth, siguiendo con la mirada al conserje, que dejaba la caja junto al sillón —. No quería... que la gente pensara cosas que no son.

—Claro —fue lo único que contestó volviendo a la puerta.

—Intentaré volver para...

—No te molestes —la interrumpió con tono cortante.

Durante un segundo Beth se quedó desconcertada ante la frialdad de él, pero no se dejó amilanar.

—No, pero me han castigado por lo que hice y quiero seguir viendo a Candy y los gatitos, así que vendré cuando no estés.

—Haz lo que quieras —contestó en su mismo tono.

Beth se dispuso a irse, pero antes de dar un segundo paso y que Daryl cerrara la puerta se volvió.

—Fuiste tú el que me avisaste y pidió ayuda...

—¿Y? —preguntó a la defensiva apoyado en el marco de la puerta —¿Me debo sentir mal porque te hayan castigado sin cenar?

—No, pero sabes que Candy me importa, así que no entiendo que te pongas tan arisco —dijo ella —. No quiero que te despidan.

—¿Por qué coño me iban a despedir? ¿Huh?

—Porque nos vieron cuando me llevaste a casa —dijo ella algo avergonzada —. Por eso no te he hablado en todos estos días.

—Pues que siga así, no quiero perder el trabajo por esta estupidez —contestó tras escuchar sorprendido la noticia que le dio la joven, y sin esperar una contestación por parte de ella se volvió al interior de su casa y cerró la puerta.

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Si Beth volvió a la casa y vio a los gatos, lo hizo cuando Daryl no estaba, porque no la volvió a ver esa semana, más que a lo lejos en los pasillos del instituto. Mientras Daryl se adaptaba a convivir con la gata que ya apenas salía de la casa y esos dos diminutos gatos que pasaban la mayor parte del día durmiendo sobre una manta.

En varias ocasiones se sorprendió a si mismo observándoles y barajando que nombres ponerles, pero en cuanto era consciente de ello desechaba la idea. Los gatos no tienen dueño, así que no deben de tener nombre, sin embargo, no podía evitar sentir una extraña empatía hacía el más menudo de los dos, de color negro y un agudo maullido, que emitía cuando su madre se alejaba durante más de unos minutos.

La tarde del viernes, tras cerrar el instituto se encaminó al bar para hacer unas llamadas, volvió a hablar con su hermano. El viejo Merle parecía hacerse a la idea de que su hermanito tuviera un trabajo respetable y no insistió demasiado en que eso era algo que no iba con él. Después llamó a la casa de los Grimes, y fue Rick quien le cogió el teléfono.

—¿Te interesaría tener un gato, para Carl? —preguntó tras los saludos de rigor.

—¿Un gato? No, no creo que a Lori le gustase tener un animal que nos destrozase los muebles —contestó Rick divertido —. ¿Tienes un gato?

—Tres... pero no son míos, solo que maúllan cerca de mi casa... y les quiero mandar lejos.

—Entiendo... siento no serte de ayuda —contestó el Sheriff —. De verdad que Lori me mata si meto un gato en casa y creo Carl prefiere los perros.

—Es normal...

—¿Vas a venir para acá estos días? —preguntó Rick —No estoy de servicio mañana y creo que Merle saldrá en pocas semanas, por si quieres...

—No... no, la semana que viene se celebra un estúpido baile, y tengo que tener todo listo para que comiencen a prepararlo el lunes, así que me toca echar horas en el fin de semana.

—Los bailes, es cierto que ahora tocan —recordó Rick —. Pero si necesitas ayuda con la salida de Merle...

—Lo tengo controlado, pero gracias.

—De nada.

Daryl colgó el teléfono y regresó a la barra para terminar su cerveza antes de volver a su casa. Mientras conducía por las calles de Mert Country la mente de Daryl no pudo obviar la última parte de su conversación con Rick. No era cierto que tuviera controlado la salida de Merle, no lo tenía en absoluto. Quería que fuera allí con él, pero también era consciente de que no podía tenerle en su casa indefinidamente sin hacer nada, y desde que el ejército le licenciara con deshonor no había vuelto a tener un empleo legal. Pero también sabía que Merle prefería seguir cumpliendo condena a aceptar la ayuda del Rick.

Su mirada reparó en el grupo de jóvenes que había frente a la heladería, hablando y riendo. Entre ellos Beth, acompañada de su novio, que la abrazaba por los hombros, se le quedó mirando pasar con el coche a su lado y sus miradas se cruzaron durante un par de segundos, hasta que Daryl la apartó, centrándose de nuevo en la carretera.

Al llegar a su casa se relajó, encendiendo la tele y tirándose en el sillón, dispuesto a no pensar en nada y dejar que la programación de la televisión pública le aburriera hasta dormirse.

La gata que le recibió con un maullido, se acercó hasta él y dejando a sus vástagos dormir sobre la manta, saltó sobre el regazo de Daryl y se tumbó sobre sus piernas.

—¿Qué haces? —le preguntó sorprendido —No me digas que quieres formalizar la relación... de esto no habíamos hablado —dijo sin apartarla —. Supongo que tu también tener derecho a recibir cariño —aceptó acariciándola tras la oreja, lo que la felina agradeció con un suave ronroneo.

Pasaron los minutos y Daryl se relajó junto con la gata, mirando la televisión sin prestarle demasiada atención, hasta que unos ruidos en el exterior le alertaron que alguien se acercaba hasta la casa.

—Creo que viene a verte —dijo el hombre, cogiendo a la gata para que se apeara de sus piernas y levantarse.

Sin esperar a que llamaran a la puerta Daryl miró por la ventana, pero al contrario de lo que había supuesto no era la joven hija del veterinario quien le estaba haciendo una visita, sino su novio acompañado por su inseparable amigo.

No sin ciertas dudas, y apartando a la gata de la puerta, el conserje abrió y se plantó frente a ellos.

—El centro está cerrado, ¿qué coño hacéis aquí? —fue su saludo a los jóvenes.

—Venimos a traer un mensaje —tomó la palabra el amigo —. No queremos que confundas tus responsabilidades.

—¿De qué coño estás hablando? —preguntó Daryl.

—Miras mucho a Beth, no te hagas el tonto, te hemos visto —aclaró el chico.

—Ella es mi novia y no deberías ni mirarla —tomó la palabra el novio de la joven por primera vez, pero sin mucha convicción.

—¿O qué? —preguntó Daryl, guiado por el temor que mostraba el muchacho más que por que quisiera discutir sobre ellos. Pero parecían tan patéticos que no podía evitarlo.

—¿No querrás problemas? —dijo con más seguridad el otro chico.

—¿Problemas? ¿Es que me los vas a dar tú? —preguntó encarándose a él Daryl —. No me hagáis perder el tiempo, y largaos de aquí.

—Hablamos en serio —dijo de nuevo el novio de Beth, intentando mostrase altanero.

—No sé de qué coño me habláis, sea quien sea tu jodida novia —mintió Daryl —. Iros a cascárosla si estáis aburridos, pero no me toquéis la polla a mí.

—No estamos de broma —declaró Jimmy dando un paso hacia Daryl, con la intención de tomarlo del hombro.

El hombre, al ver las intenciones del joven le cogió del brazo, girándolo y empujándole contra la pared. Dejando al sorprendido chico con el brazo en la espalda y la mejilla apretando la fachada de la casa.

—He dicho que no me toquéis la polla —le repitió al oído —. Y no estaba bromeando.

—¡Suéltalo! —gritó Billy amenazándole —Se lo diremos al director.

—Claro —asintió Daryl, soltando su agarre del joven y levantándolo —. Estoy deseando que le expliques que leches hacías en mi casa por la noche.

Jimmy se alejó de la pared, acercándose hasta su amigo y alejándose junto a él de la casa, sin dejar de sujetarse el hombro dolorido.

—Te vamos a destrozar —amenazó Billy, antes de perderse por el camino junto a su amigo.

Daryl maldijo volviendo al interior de la casa. Lo último que necesitaba era tener problemas con unos gallitos con las hormonas exaltadas que quisieran joderlo por unos celos sin sentido. Al menos daba gracias por que la rubia había tenido la cabeza suficiente para alejarse cuando vio el posible problema, pero al parecer no había servido de nada.

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La semana del baile Beth se encontraba de mejor humor, gracias a su madre y a hacer todo lo que se la pedía en casa, había conseguido que se le levantase el castigo y podría acudir al baile, aunque tendría que usar uno de los vestido de Maggie sin queja como parte del trato. Y como era de esperar, todas las conversaciones y preocupaciones de ella y sus amigas giraba en torno a la fiesta, aún así se las arreglaba para poder escaparse cada día del control de sus amigas y visitar la casa del conserje, pero cada vez se le hacía más difícil. Jimmy y Billy estaban muy pendientes de ella y siempre le preguntaban de donde venía o donde se dirigía, lo que comenzaba a incomodarla.

No creyó que aquellos interrogatorios tuvieran nada que ver con el Sr. Dixon hasta que a mitad de semana, tras la última clase, Billy pateó una papelera del patio, esparciendo todo su contenido por el suelo frente al conserje, sin el menor disimulo.

—¿Por qué has hecho eso? —preguntó Beth asombrada por el comportamiento de su amigo.

—Porque me apetece, me ha salido mal la prueba de Francés —contestó Billy sin darle mayor importancia —. Tenía que desahogarme.

—Pues hazlo contra un muro, idiota —dijo furiosa Beth.

—Es solo una papelera —comentó Jimmy, sorprendido por la reacción de su novia —. Además ese está para esto, así que lo limpie.

—¿Jimmy? —se quedó sorprendida Beth por su respuesta, y más molesta si cabe, se acercó hasta el contenedor y lo levantó.

—¿Qué haces? —preguntó incrédulo Jimmy.

—Tú qué crees...

—Déjalo... yo lo hago —dijo Daryl, acercándose a ella y quitando la papelera de las manos —. Por esto me pagan.

—Lo siento —dijo ella, obedeciendo y dejando la papelera.

—Vámonos —ordenó Jimmy tomando del brazo a su novia y alejándola en dirección a su coche —. Te pones de su parte, increíble Beth.

—No me pongo de su parte, pero lo que ha hecho Billy es de ser idiota —aseguró ella.

—¿Como que no? Aún dices que no te has visto fuera de clase, y es mentira —dijo Jimmy al llegar a su vehículo —. Billy te vio el otro día yendo a su casa con una caja, y Susie también me ha dicho que te ha visto varios días ir para esa zona del patio entre clases.

Los ojos de Beth se abrieron de par en par, había sido descubierta y no veía forma de negarlo, no sin llamar mentirosos a sus mejores amigos, lo que no le serviría más que para perderles.

—Voy a ver unos gatos o a él —confesó —. El Sr. Dixon no tiene nada...

—¿El Sr. Dixon? Así le llamas —soltó Billy que se había acercado a la pareja —. Es el maldito conserje, una mierda de bedel.

—¿Por qué dices eso? No te ha hecho nada para que le desprecies tanto.

—Y a ti, ¿qué te ha hecho para que le defiendas tanto? —preguntó el chico.

—Eh, Billy no te pases —le advirtió Jimmy —. Esto no es contra Beth... no lo es, cariño —la aseguró mirándola con cariño —. Pero estaba preocupado por lo que él pudiera...

—Sois unos cerdos —dijo ella —. Me voy en el bus a mi casa, no me llames esta tarde —pidió cogiendo su bolso del capó del coche y caminando con paso acelerado hasta el autobús escolar.

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Increíble, ¿verdad? Tras un mes y medio por fin actualizo el fanfic.

Siento el retraso, mucho mucho... pero el capitulo para compensar es más largo que los anteriores, no el doble, pero sí una mitad más larga que los tres pasados.

Sé que no ha habido muchos momentos Bethyl, pero quería crear tensión previa... y tambien que no he profundizado mucho en la familia Greene, y os debo advertir que no creo que lo haga, temo ponerme a escribir de Hershel y dejarme llevar por él y acabar centrando todo un capitulo a como es él como padre, sus consejos y maneras y no centrarme en lo que debo, no lo puedo evitar, adoro a Hershel... y tampoco puedo evitar meter a Rick, ains... es que me encanta que él y Daryl interactuen, así que no puedo evitar meterle aunque sea con calzador en los cap, si lo queréis criticar libres sois y lo aceptaré, pero no creo que lo cambie, jejeje.

No me enrollo más, (tambien os he hecho de menos, jeje) Me despido, esperando que os haya gustado el cap, y agradeciendo todo vuestro apoyo. Recordar que en la de Facebook de Hotarubi86 tengo muchos montajes de la pareja y en Twitter el Hashtag para notificar novedades de este fanfic es #H86Bethyl