El ingrediente secreto de la Coca-Cola
En su dormitorio, Beth terminaba de arreglarse frente al espejo, colocándose con tranquilidad unos pendientes de plata mientas tatareaba para sí misma y revisó su elaborado peinado. Un complicado moño con trenzas que coronaban su cabeza entrecruzadas, que le había llevado casi una hora hacer a su madre, y había aceptado realizar ya que la joven había decido a llevar un vestido de su hermana que no era muy llamativo y que Patricia había adaptado para ella. Era el trato al que había llegado para que su padre a permitiera ir al baile tras mentir sobre esa gata.
Beth sabía que durante unas semanas debía no pelearse con su hermana, ni discutir con su hermano y mucho menos llevar la contraria a sus padres o, si no el castigo volvería a caer sobre ella y más duramente.
Jimmy llegó con la puesta de sol, y caminó hasta el porche de la granja, donde Hershel salió a recibirle antes que su hija, y le propinó un severo discurso de lo que esperaba de él y del comportamiento que debía mostrar para con su hija en el baile.
—Y nada de alcohol, jovencito —concluyó su sermón.
—Por supuesto, señor Greene —aseguró el rubio, asintiendo repetidamente con la cabeza —. No se preocupe, no bebo... no tengo edad.
—Claro...
Beth salió de la casa, sujetando su pequeño bolso y su chaqueta entre las manos, y sonrió ambos.
—Estas muy guapa —dijo sin dudar Jimmy al ver a la joven.
—Gracias —Sintió Beth ruborizada, comprobando con la mano que el peinado siguiera intacto.
—Ponte la chaqueta, comienza a refrescar Betty —aconsejó su padre, antes de recibir un beso de su hija.
—Claro, papá —asintió.
—¿Te has despedido de tu madre? —preguntó el hombre.
—Sí, pero estaba ocupada con la cena —contestó poniéndose la chaqueta como le había dicho.
La pareja salió del porche hacia el vehículo, ante la atenta mirada de Hershel.
—Recuerda lo que te he dicho —dijo al muchacho antes de que montara en la camioneta.
—Sí señor —asintió el joven.
Una vez en el coche y de camino al instituto Beth miró a su novio y sonrió.
—Le caes bien —aseguró.
—Pues si es así con los que le gustan... ¿qué les hace a los que no? —preguntó el chico.
—No lo sé, Maggie nunca ha traído a casa a ningún chico, ni ha presentado a nadie como su novio —comentó la joven.
—Pero ha tenido novios, ¿no?
—Sí, claro —contestó Beth —. Pero en la universidad, no los ha traído aquí. Para mi padre todo esto es nuevo.
Jimmy no dijo nada y siguió conduciendo. Al entrar en el pueblo frenó en un ceda el paso y Beth le dio un rápido beso en la mejilla con cariño. No tardaron mucho en llegar hasta donde esperaban Billy y Susi, y fueron juntos hasta el instituto.
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Los alumnos fueron llegando a cuenta gotas desde la media tarde, como si tuvieran un turno de asistencia los de noveno llegaron al principio y según pasaba el tiempo lo hacían los de los cursos superiores, aunque eran pocos los de penúltimo o último curso que se presentaban, pues preferían asistir a fiestas sin supervisor.
Aún así Daryl se sorprendió esperando la llegada de Beth, pero intentó desterrar ese pensamiento de su cabeza y seguir pendiente de lo que tenía que hacer. Pero como no era mucho, aparte de vigilar que ningún estudiante se colase por las zonas cerradas del instituto, le costaba distraerse y no perderse en pensamientos absurdos.
Finalmente Beth sí apareció, fue con el ocaso del día. Iba acompañada de su novio, el amigo de éste que tanto había agotado la paciencia de Daryl y una de sus amigas.
La joven no reparó en Daryl, pues se encontraba saliendo de un pasillo tras hacer una ronda, y el conserje la siguió con la mirada hasta que entró dentro del gimnasio. Entrando unos segundos después.
Fue entonces cuando Beth reconoció a Daryl en la puerta del gimnasio, pero en cuanto sus miradas se cruzaron apartó la vista con rapidez.
—¿Cogemos bebida o esperamos a Rachel? —preguntó a Susi, elevando la voz por encima de la música.
—Rachel no va a venir —Contestó Susi, alzando también la voz y desconcertando a Beth con su respuesta —, ella y Frank han ido a la fiesta que nos dijo.
Billy escuchó la conversación de las amigas y miró a Jimmy un instante con un poco de duda, pero al final tomó la palabra.
—Nos están esperando... Iremos en un rato también —dijo el chico.
—¿También os vais a la fiesta? —preguntó sorprendida.
—Nos vamos todos —aclaró Billy sonriendo.
—Solo hemos venido para que los profesores y padres vigilantes nos vean y digan que estuvimos en el baile —explicó Susi como si fuera la idea más perspicaz de la historia.
—Yo no puedo ir a una fiesta, mi padre no me deja ir si no hay supervisor... Y ni se lo he dicho —dijo Beth azorada —Si se entera me castigará de por vida...
—No se va a enterar —aseguró Jimmy —.Si pregunta a alguien le dirán que nos vieron en el baile.
—Sí, cinco minutos solamente —contestó Beth —. Mi padre me pillara, y se enfadará mucho de saber que fui. No puedo.
—Volveremos antes de irnos a casa, pensarán que estuvimos todo el rato —dijo Jimmy.
—¿Y si alguien le dice que nos vio en la fiesta?
—Pues di que se equivoca, que te confundió con otra —propuso Billy —.Sabes cómo hacerlo —dijo con sagacidad y un doble mensaje claro.
Ante aquella salida de Billy, la joven le miró con rencor y se alejó de sus amigos, caminando hacia la barra de bebidas. Jimmy la siguió sin dudar, pidiendo que le escuchase.
—Venga, cariño, por favor —suplicó el chico cuando la joven se detuvo junto a la mesa de bebidas —. Todos creerán que estuvimos aquí.
—No quiero arriesgarme... No merece la pena —contestó la chico cogiendo una lata de refresco de naranja de la mesa —. Me gustan los bailes.
—Pero si casi no ha venido nadie —alegó su novio señalando la zona de baile, donde era claro que solo se encontraban los de los primeros cursos. Todos están en la fiesta.
—Me da igual —contestó con rotundidad —, yo me quiero quedar.
Dando la discusión por zanjada, la joven se alejó de su novio, dirigiéndose hacia el otro extremo del gimnasio, a las gradas, donde se sentó con un evidente semblante molesto.
—¿Por qué te niegas tanto? Nos lo vamos a pasar bien —Argumentó Jimmy, sentándose a su lado tras seguirla.
—Te lo he dicho, no puedo... Me acaban de levantar un castigo, si mi padre de entera...
—¿Por qué te habían castigado? —preguntó pensativo el joven —No me lo habías dicho.
—Ehh... Peleas con Maggie... Y otras cosas —mintió Beth que no quería explicar lo de la gata ni nada de aquello —. Es igual, no quiero ir.
La pareja de amigos de la joven se acercaron hasta las grades, pero sin ninguna gana de continuar con aquello la joven se levantó.
—¿Por qué eres así? Todos queremos ir —Soltó Billy, con un deje violento, no dejando que le ignorase.
—Pues ir —contestó cabreada y dirigiéndose a todos —. Me habéis mentido, nunca dijisteis nada de la fiesta.
—Porque sabíamos que no querrías... —dijo a media voz Susi.
—Esto es una encerrona —les acusó cada vez más molesta —. Me voy al baño —dijo para salir de ahí, pero cuando su amiga hizo el amago de seguirla se giró —. Sola.
Tensa y demostrando su malestar con todo su cuerpo, Beth salió del gimnasio y se dirigió a por los pasillos a los baños principales. Varios grupos de chicas estaban allí hablando y esperando su turno para entrar a los servicios. Realmente ella no tenía ganas de pasar, así que se apoyó en la pared y se quedó pensando.
Observó a las chicas que entraban y salían. Era cierto que todas eran más pequeñas, solo había un par de su curso y eran de la clase de chicas de las que nunca reparas, aún yendo a la misma clase todo un curso.
Soltando un suspiro decidió volver con sus amigos y aceptar ir a esa fiesta, al menos un rato, pese a que la idea no la apetecía nada.
Salió del baño cabizbaja, su cabreo se había trasformado en abatimiento. Sus ojos que miraban al suelo identificaron unas botas y según subió la vista identificó al Sr. Dixon que la mirada con un poco de suspicacia con sus sesgados ojos.
—Hola —dijo, y de pronto se sintió un poco incomoda, él solo movió la cabeza —voy dentro...
—¿Todo bien? —preguntó Daryl, viendo su gesto taciturno.
La había visto discutir con sus amigos y salir sola del gimnasio. Y no es que le importarse, se decía, pero no le gustaba ver como ningún tipo trataba mal a una chica.
—Sí, ¿por qué? —contestó ella, aparentando normalidad.
Daryl solo hizo una mueca, sin contestar, y Beth se encaminó a volver.
—Eh, no dejes que ningún saco de carne te grite —la dijo.
Beth se volvió al escucharle, pero Daryl continuó su camino por los pasillos, sin espera a que ella le dijera nada.
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Durante todo el camino a la fiesta Beth permaneció callada. Dejando claro que el haber accedido a ir no significara que la apeteciera. A su lado, cada tanto Jimmy la miraba un poco preocupado.
Al llegar a la propiedad de los Bush, resultó evidente que todos sus compañeros habían ido a la fiesta y no al baile. Pues frente a la casa había más de una veintena de vehículos.
Y lo que les esperaba en el interior no era mucho menos llamativo.
No debía hacer demasiado que la fiesta había comenzado, pero casi todo el mundo estaba borracho a esa hora, e iban por toda la casa, riendo, gritando.
—¡Habéis venido! —gritó Rachel al verlos entrar al salón, y se abalanzó hacia sus amigas con los brazos entendidos.
—¿Estás borracha? —preguntó atónita Beth.
—Un poco —asintió su amiga y comenzó a reírse sin ningún porqué —. Han sido los chupitos de tequila...
—¡Tequila! —gritó Frank a su lado, que se había acercado a saludar a Jimmy y Billy.
—Sí, ¡tequila! —repitió Rachel —Tenéis que probarlos. ¡Vamos a la cocina!
Sin tiempo para pensar Beth fue arrastrada a la cocina, mientras observaba el panorama. Había compañeros besándose sin ningún tipo de pudor o vergüenza en los sofás, corriendo sin camiseta por los pasillos y bailando sobre algún mueble.
La cocina estaba abarrotada de gente, pues era donde estaban las bebidas.
—¿Green? ¿Beth Greene? —dijo un chico al verla —Santo re-dios, si hasta la madre Teresa a venido a la fiesta.
—Calla capullo —le contestó Rachel.
—Ahora se puede decir que ha venido todo el mundo —le siguió otro la broma, ignorando a la chica.
—¿Qué queréis beber? —Preguntó la joven a sus amigas.
Susi mostró dudas, sin saber que elegir con una mueca y miró a Beth.
—Un refresco —contestó Beth.
—¿En serio, rubia? —preguntó un chico al escucharla —No seas tan mojigata, esto es un fiesta —dijo acercándose demasiado a ella al hablar.
—Me voy con Jimmy —dijo ella, apartándose bruscamente de aquel chico, y saliendo de la cocina.
Al volver al salón buscó a Jimmy y Billy o a Frank, pero no vio a ninguno y comenzó a mirar por el resto de las habitaciones. Tras recorrer toda la planta sin éxito, hasta que unos gritos del jardín trasero llamaron su atención. Miró por la ventana del comedor y descubrió como Billy bebía directamente del barril de cerveza con un embudo, mientras un grupo de compañeros le jaleaban, entre ellos Jimmy, sin parar de reír.
Frustrada se sentó en un silla, deseando que el tiempo pasara deprisa y sin ninguna intención de regresar a aquella cocida del infirmo en busca de sus amigas.
—No saben beber —dijo una voz que se acercaba a ella.
Beth levantó la vista y descubrió a un chico, cuya cara le sonaba pero no recordaba su nombre.
—Querías un refresco, ¿no? —preguntó, y sin esperar respuesta la ofreció una lata de Coca-Cola—Toma, no había mucho más.
—Gracias —dijo confusa.
—Eres hermana de Maggie, la conozco —dijo el chico, para romper el hielo —. Soy Randall, fui con ella a un par de clases.
—Oh...
—Bueno, vuelvo con mis amigos, disfruta de la fiesta —se despidió sin más.
Un tanto desconcertada, Beth se quedó viendo como el chico la volvía a dejar sola, y sin saber qué hacer, comenzó a bebé a sorbos de la lata, sin reparar en que se la había dado abierta.
Tras unos diez minutos, comenzó a sentirse un poco extraña y ligeramente mareada. Confusa se levantó de la silla, y entonces el mareo se acentuó y tuvo que sujetarse a la masa para no trastrabillar con sus propias piernas. Miró al gran arco de entrada que separa la sala del pasillo y vio con dificultad a Randall con otros chicos mirándola y riendo. Decían algo pero no era capaz de entenderlos...
—¿Qué... he... tomado? —preguntó, balbuceando, y al intentar acercarse a Randall la lata cayó al suelo.
—¡Beth, al fin te encontramos! —escuchó la familiar voz de Susi.
—Beth, ¿estás bien? —preguntó esta vez Rachel, a la que escuchó pero no vio.
Sus sentido estaban embotados y cada vez la costaba más centrar la vista. Intentó hablar pero le fue imposible.
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Beth abrió los ojos al sentir que alguien la sacudía, y algo borrosa identificó la cara de Jimmy.
—Ehhh —dijo intentando sonreír al verle.
El chico al ver que reaccionaba se giró.
—No puedo llevarla así a su casa, su padre me cortaría en pedazos y su hermano los trituraría —dijo el rubio.
—Tampoco la podemos meter así en el baile, ni se mantiene en pie —dijo Billy.
—Pues tenemos que entrar, sino todo el plan se irá al carajo —comentó Susi.
Beth escuchaba la conversación sin llegar a entenderla, aun sentada en el asiento del coche. Miró al exterior, y su confusión aumentó. Estaban en el parking del instituto, no sabía cómo ni cuándo habían llegado hasta allí, o como había vuelto al coche.
—No hace falta que la vean a ella, entremos nosotros y ya —dijo Billy —. Con que te vean a ti darán por hecho que estaba contigo.
—Eso es verdad —asintió Susi.
—¿Como la voy a dejar sola? ¿Habéis visto como está? —preguntó asombrado Jimmy por la propuesta.
—Pues precisamente, no se va a mover —contestó su amigo.
—Claro, le bajamos la ventanilla, para que le de el aire y se recupere y luego venimos a verla —explicó la chica.
—No sé —dijo dudoso el joven —. ¿Y si la pasa algo?
—Qué la va a pasar, hombre... estará bien —aseguró Billy.
—Ji...Jimmy —murmuró Beth.
—Betty, tienes que quedarte aquí, has bebido mucho, tienes que despejarte, ¿vale? —dijo el chico, acariciando su cabeza con cuidado.
—No he bebido —dijo la chica —No... no he bebido... —siguió negando recostada en el asiento.
Tras un rato repitiendo que ella no había bebido, se dio cuenta que estaba sola. Jimmy, Billy y Susi se habían ido. El viento frio entraba por la ventanilla y comenzó a despejarse un poco. No sabía dónde estaban sus amigos, ni porqué la habían dejado allí sola. Y confusa salió del coche.
El parking no estaba muy ocupado por coches, y se puso a buscar el automóvil de Billy, a la espera de encontrarlos allí, pero al llegar hasta él descubrió que tampoco había nadie. Estaba sola en la explanada del aparcamiento, y comenzar a sentir frio, solo con la fina chaqueta sobre los hombros, y también tenía la sensación de que era como una hoja en mitad del mar, era una sensación extraña y clara al mismo tiempo.
Dedujo que si sus amigos no estaban allí debían estar dentro del instituto y se encaminó hasta allí con paso zigzagueante. Mientras caminaba aún con dificultad para mantener los ojos abiertos varios segundos seguidos entonaba una melodía que hacía que sus pasos siguieran el ritmo, pero no con mucho acierto.
Rodeó el pabellón del gimnasio para entrar por la puerta principal y descubrió al conserje fumando junto a la fachada, de manera involuntario sonrió al reconocerlo.
—Sr. Dixon —dijo con tono agudo —¿Ha visto a mis amigos? Susi o Jimmy...
—¿Beth? —preguntó incrédula al verla dirigirse hasta él a trompicones.
—Sí... la de los gatos —dijo ella con una voz que denotaba su estado y se rió—. ¿Los has visto?
—Joder —fue todo lo que pudo decir Daryl al descartar las dudas que tenía de que ella estuviera en ese estado.
—Sr. Dixon —repitió ella ya llegando a su lado — contesta —pidió y se le quedó mirando fijamente —Que bonitos ojos tienes —dijo de pronto y seguidamente se abalanzó contra él al perder el equilibrio, sujetándose a su cuello con ambos brazos —¡Uy..!
—¿Qué coño haces, niña? —la apartó, procurando que no acabase en el suelo.
—¡No! Tienes que decir: Para verte mejor —y comenzó a reírse tontamente.
—Esto no puede estar pasando —dijo Daryl, al valorar la situación, mirando a la chica rubia que no paraba de sonreír y mirarle con esos enormes ojos que pestañeaban cada tanto.
—¿Como está Candy? ¿Y los pequeños? —preguntó Beth, pero Daryl no le contestó, solo se limitó a continuar observando su estado pensativo —¿Tiene nombre? ¡¿Me los presentas?! —preguntó entusiasmada —¡Quiero verlos!
Antes de que Daryl pudiera reaccionar Beth salió corriendo por el patio hacia su casa.
—¡No! —dijo demasiado tarde —¡Me cago en mi vida! —maldijo y comenzó a seguirla a paso rápido —¡Niña!, ¿te quieres parar?
Beth le ignoró y continuó corriendo, como si se tratase de un juego. Ya no recordaba a Jimmy ni que debía encontrar a sus amigos, ni nada. Tampoco había nada que la preocupase. En esos momentos se sentía completamente libre.
—Para, joder —dijo Daryl.
Ella le siguió ignorando, pero al llegar a la zona no asfaltada sus zapatos le molestaban, e intentó quitárselos, lo que aprovechó él para alcanzarla.
—¿Quieres hacerme caso, coño? —dijo cogiéndola con fuerza del brazo y encarando a la joven.
—No —dijo con rotundidad —. Ningún saco de carne me grita, Sr. Dixon —dijo, recordando su consejo y se rió —. Dime tu nombre —pidió, cambiando de tema, sin tomarse nada en serio —Anda, dime tu nombre.
—Para, de una puta, vez... —dijo él zarandeándola levemente —Estas borracha.
—No estoy borracha, no he bebido nada —dijo ella un tanto cabreada esta vez.
—Seguro, y mi padre es abstemio —contestó él.
—De verdad que no —dijo suplicante —, un chico me dio un refresco, no bebí alcohol.
Al escucharla Daryl cambió su semblante, que se tornó preocupado de repente. Sabía que no mentía, era imposible que mintiera en esos momentos, apenas podía razonar.
—¿Dónde? ¿Qué chico? —preguntó con interés.
—No sé, uno... Ryan o Roland... ahhh... ¿Randall? —dijo —Era de la fiesta de Bush...
—¿Dónde está ese chico, Beth? ¿Cuándo te dio eso? —siguió preguntando, viendo que por fin contestaba con lógica.
—Está en la fiesta... no bebí, me crees ¿verdad? —preguntó más seria, mirándole fijamente a los ojos —. Yo no he bebido nada Sr. Dixon...
Daryl asintió, pero aún con tono preocupado.
—¿Podemos ir a ver a los gatitos? —preguntó con voz dulce —Porfi... —pidió suplicante, y se abrazó a él por el cuello —Porfí...
Daryl se quedó desconcertado, alejando los brazos del cuerpo de Beth. Pero ella no se apartó del suyo. Era una situación completamente incomoda, con esa chica pegada a su cuerpo y usando ese tono dulce para hablarle, era solo una cría, una cría drogada que no sabía lo que hacía... pero él no era de piedra.
—Aparta Beth —le dijo, pero ella lo ignoró y se pegó más a su cuerpo—. Joder... —cuidando de dónde ponía las manos la intentó separar de él, empujándola por la cintura y apartando sus brazos de su cuello.
—Eres muy serio, Sr. Dixon —dijo ella con un mohín.
—Sí, claro... —susurró para sí.
Mirando a su alrededor, Daryl valoró que hacer con ella. Si de aquella no le mandaban a la mierda en el instituto sería de puto milagro, pensaba.
—Quédate quieta —la pidió señalándola con la mano —tengo que pensar.
—¿El qué? —preguntó llena de curiosidad.
—Pues qué coño hacer contigo.
No podía dejarla sola allí en ese estado.
Llevarla con el niñato de su novio y el ameba de su amigo tampoco era solución, pues podrán acusarle de algo tras lo ocurrido la pasada noche.
Llevarla a su casa... ni de coña, eso sí que no.
La idea más lógica y decente era seguro la única que Beth rechazaría de pleno.
—Acompáñame —dijo con un movimiento de mano, pero no dejando que ella se acercase demasiado.
—¿Vamos con Candy? —dijo emocionada.
Daryl no contestó, solo continuó caminando hacia el edificio, comprobando que la joven le siguiera a un metro de distancia, mientras miraba todo su alrededor como si fuera un lugar desconocido para ella. Al entrar en el edificio por un lateral la oscuridad le rodeó y Beth aceleró el paso, asustada y se abrazó al brazo de Daryl.
—Esto no es bonito —susurró sin dejar de mirar alrededor.
Esta vez él no la rechazó, y la dejó continuar caminando aferrada a su brazo. Sólo era una cría asustada, se dijo.
Llegaron a la conserjería, su supuesto despacho y encendió la luz.
—Siéntate y dime tu teléfono —le ordenó.
Ella se quedó mirándole dudosa
—¿Y los gatos? —preguntó con tono dudoso.
—Ahora te los traigo, dime tu maldito teléfono —insistió.
—Cinco, cinco, cinco, veinticinco, diecisiete —dijo ella, mientras Daryl apuntaba en un papel.
—¿Quieres agua o algo? Vengo ahora —dijo dejándola en el despacho sentada en una silla, con las manos apoyadas en sus rodillas juntas.
Beth miró a su alrededor, curiosa y un poco desubicada, pero a lo lejos podía escuchar levemente la voz del que parecía hablar con alguien y se sintió tranquila. Unos minutos después el hombre apareció por la puerta con un caso de plástico con agua.
—Bebe —dijo —te sentará bien.
—¿Y los gatos? —volvió a preguntar ella, mirando que no los traía con él.
Daryl suspiró cansinamente.
—Va a venir tu padre a por ti —le dijo, haciendo que se volviera a mirarle alarmada.
—¡No! No, no no no —comenzó a negar repetidamente —.Me va a matar, ¿cómo has podido? —preguntó con una mirada decepcionada y se levantó de la silla.
—Beth, calma —la frenó, sujetándola por el costado e impidiendo que se marchase.
—No...
—Escúchame, joder... —ordenó.
Ella forcejeó un poco más pero acabó rindiéndose, y viendo lo inútil que era intentar superar a Daryl se rindió, sentándose de mala gana en la silla frente a Daryl, con los brazos cruzados y los labios apretados.
—Alguien.. ese chico te dio algo, sin que lo supieras —explicó —.No es culpa tuya, así que cálmate.
—No lo entiendes —dijo ella —. Me fui del baile... me fui a la fiesta y mi padre me matará.
—¿Cómo? ¿Qué fiesta?
—Una que ni quería ir... pero Billy sí y Jimmy... Jimmy es tonto... —explicaba alterada, entonces reparó en ello —¡Por Dios, Jimmy! Me estará buscando... —volvió a levantarse.
—Quieta —la sujetó por el hombro y la obligó a sentarse de nuevo —Que le den...
La joven miró a Daryl con sus enormes ojos, y el conserje no supo si en ellos había, gratitud, desconcierto o culpabilidad.
—Haremos esto; Tú no has ido a ninguna fiesta, lo que te tomases fue aquí y te mareaste —comenzó a explicar —. No recuerdas nada, me viste fuera me pediste ayuda y te traje aquí, ¿entendido?
—Sí.
—De puta madre.
—¿Alguna vez has dicho más de dos frases sin una palabrota? —preguntó ella.
—Bebe agua —fue la respuesta de él.
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Esta vez no he tardado tanto en actualizar, y espero que el cap os parezca bueno.
Tengo que dar créditos a mi señora madre, la cual se ha pasado toda mi juventud diciéndome "No dejes las copas por ahí que te echan droga", y me dio la idea para dar pie a este esperpéntico capitulo. No sé si la Beth drogada en la serie sería así, dado que la Beth borracha es de lo más normal, pero a mi me ha resultado muy gracioso representarla de esta manera, y me he reído mucho al escribir... ¿Y los gatos? XD
No olvido daros las gracias todas por los comentarios, follow y favorite al fanfic, y también recordaros que en la página de Facebook Hotarubi86 tenéis extras y montajes fotográficos del fic.
Si me seguís en Facebook o Twitter también os animo a pinchar en los enlaces de mi Novela Original, un pequeño proyecto lleno de ilusión al que me encantaría que dierais una oportunidad, que publico en Wattpad.
Sin nada más que deciros, más que Muchísismas gracias, me despido hasta el siguiente o hasta contestaros un rr.
un abrazote!
