Consecuencias de la fiesta

Los golpes nerviosos en la puerta principal del instituto anunciaron la llegada del padre de Beth al centro, acompañado del hermano mayor de ésta. Daryl les abrió y les acompañó hasta la conserjería sin apenas decir nada, excepto lo imprescindible. Algo en la mirada de Hershel le hizo saber a Daryl que el viejo no se fiaba del todo de él.

—Papá... —dijo Beth visiblemente avergonzada al ver a su padre y hermano entrado en la salita —. Lo siento... papá, lo siento mucho.

—Ya... ya —la consoló acercándose con gesto protector—. ¿Estás bien Bethy? ¿No te ha pasado nada? —preguntó acariciando su peinado deshecho y despeinado.

Daryl se quedó mirando la escena, con los brazos cruzados junto a la puerta, mientras el hermano de Beth le dedicaba una desconfiada mirada en la que se podía entender perfectamente el mensaje "si le has hecho algo a mi hermana te mato".

—No papá... el Sr. Dixon me ha ayudado... —explicó con abochornada.

—¿Dónde la encontraste? —preguntó Shawn con tono frío.

—Estaba fuera, mareada y tambaleándose —dijo Daryl con normalidad.

—¿Qué has tomado? —preguntó Hershel con un tono tranquilo y cariñoso.

—Nada papá, te lo juro —aseguró la joven casi llorando —. Solo tomé un refresco... de verdad que no bebí alcohol ni nada.

—Dice que un chico le dio un refresco y después comenzó a sentirse mal, buscó a sus amigos y me encontró a mi —explicó Daryl, viendo que Beth estaba demasiado nerviosa y asustada frente a su padre para explicarse bien.

—¿La han drogado? —preguntó incrédulo Shawn —¿Qué chico? —preguntó mirando a Beth, pero ésta se encogió de hombros.

—No lo recuerdo, era moreno... no sé —susurró Beth sin poder recordar mucho de aquella noche.

—¿Como permiten que pasen esas cosas? —Se levantó enfadado Hershel encarándose a Daryl —Podría haberle pasado algo grave, aparte de esto... les confiamos a nuestros hijos.

—Papá, él no tiene la culpa... ha sido amable y me ha salvado —se interpuso Beth ante su padre, impidiéndole que lo pagase con Daryl.

—Estaremos más alerta —fue lo único que dijo Daryl.

—Más les vale —soltó Shawn.

—Será mejor que te lleve a casa, cariño —dijo Hershel volviendo a recuperar la compostura —. Necesitas descansar.

Los tres salieron del edificio seguidos por Daryl, en dirección al coche de Shawn que iba conduciendo a causa de los nervios de su padre. Justo en ese momento Jimmy apareció nervioso seguido de Billy. Ambos se frenaron al reconocer a Hershel que caminaba hacia el vehículo con Beth bajo su brazo.

—Tú, te voy a machacar, ¿cómo has dejado que le pase esto a mi hermana? —se lanzó a por el rubio Shawn.

—Yo... no... —intentó explicarse el chico.

Shawn cogió de la pechera a Jimmy, dispuesto a darle un puñetazo, pero alguien retuvo su mano antes de que pudiera golpearlo.

—No puedo dejar que lo hagas, no aquí —dijo Daryl.

Billy miró con odio al conserje y volvió a contemplar la escena, observando como Beth entraba en el coche con mal aspecto.

—Es culpa tuya —acusó el joven —. Andas siempre detrás de ella, lo hemos visto —. Has sido tú el que le ha hecho eso.

—¿Qué coño estas diciendo? —dijo Daryl.

Shawn soltó a Jimmy, y miró al amigo confuso, pero no creyó una palabra de esa acusación, pues no tenía sentido tras haber escuchado a Beth.

—Deja de decir gilipolleces... esto es culpa vuestra —dijo Shawn sin acercarse pero señalando con el dedo —. Ya hablaremos.

Billy no supo que decir, y vio al hermano de Beth subirse al coche, mientras Jimmy se atusaba la ropa, aún nervioso.

—Te voy a destrozar la vida, escoria —amenazó Billy a Daryl —. Nunca deberías haber venido a este pueblo.

Daryl le miró impertérrito y con lentitud sacó su cajetilla de tabaco para encenderse un cigarro sin moverse. Para no tener más problemas Jimmy se acercó a su amigo y le obligó a que se fueran de allí. Sabía que alguna provocación mayor a Daryl no acabaría bien para ellos, lo podía ver en sus ojos.

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Todo el fin de semana Beth estuvo encerrada en su cuarto, con la compañía del pequeño gato que su padre le había dejado quedarse, apenas bajando para comer algo. No quería ver a nadie, y menos aún a sus amigos o supuestos amigos. Pues se sentía traicionada por ellos.

Su mayor apoyo en esos momentos fue Maggie, pues se sentía más cómoda hablando con ella que con sus padres o Shawn. Fue a su hermana a la única que le contó la verdad sobre la fiesta.

—Eso es lo de menos, pero mejor no se lo digas a papá —aconsejó Maggie, acariciándole el pelo —.Da igual donde haya sido, no tienes la culpa.

—Ni siquiera quería ir, de verdad —dijo Beth y Maggie le sonrió con cariño.

—Había oído historias sobre cosas así, de echar droga en las bebidas... en la universidad nos advertían —comentó la castaña —. Pero jamás pensé que pasaría aquí.

—Ahora tengo más miedo de lo que podría haberme pasado que allí, si no hubiera sido por el Sr. Dixon...

—Parece que ese hombre está siempre que le necesitas —apuntó Maggie —. También te ayudó cuando esa gata...

Beth desvió la vista, no quería mentir a su hermana, pero no se sentía segura de hablarle con sinceridad de la historia de Candy.

—¿No recuerdas quién te dio la bebida? —preguntó a su hermana menor, era la vigésima vez que le hacían la misma pregunta y Beth por vigésima vez negó.

—Recuerdo que dijo que te conocía, y que el nombre empezaba por R, Ra... ra... algo, pero nada más.

Maggie negó lentamente con esos pocos datos era imposible saber quien era.

Susi y Rachel llamaron a la casa el domingo, tras no saber nada de su amiga el día anterior. Pero Maggie se negó a pasar la llamada a su hermana al contestar, por el contrario advirtió a las chicas que no volvieran a molestar y ni se les ocurriera ir a la granja pues no serían bien recibidas.

—No quiero escuchar vuestras excusas, la dejasteis sola —dijo Maggie enfadada —. Eso no es de ser amiga. No os quiero volver a ver, y menos cerca de Beth. Sino les diré a vuestros padres donde estabais realmente el día del baile, ¿me habéis escuchado?

Sin contestar las amigas colgaron el teléfono.

Jimmy no llamó.

El lunes por la mañana, a primera hora Beth insistió a Maggie a que la llevase antes al instituto. Patricia había hecho un pastel de nueces el día anterior y Beth tenía la intención de llevarle la mitad al conserje para agradecerle su ayuda y descripción.

—¿Quieres que te acompañe? —dijo la hermana mayor, cuando la rubia bajó del coche con el pastel envuelto en las manos.

—No, mejor que no —negó Beth —. Es muy reservado, mejor voy sola, solo será un momento. Luego iré a la biblioteca hasta que suene el timbre.

—Está bien —aceptó Maggie.

Algo nerviosa, la joven rubia se encaminó hasta la caseta donde vivía el conserje. Restaba poco más de una hora para que comenzarán las clases y suponía que como su trabajo empezaba antes del comienzo de las clases ya estaría despierto.

Llamó con los nudillos a la puerta y esperó unos segundos, hasta que escuchó unos sonidos en el interior.

—Soy Beth, Beth Greene ven... —alzó la voz, justo cuando el conserje abrió la puerta, dejándola con la frase a medias, un poco avergonzada por su mirada seria —. Vengo a darte las gracias...

—¿Qué haces aquí, Beth? —preguntó algo confuso.

—Quería darte las gracias, por lo del baile y que mintieras por mi, otra vez... —dijo con timidez y le ofreció el bizcocho —. Te he traído un bizcocho, bueno es medio. Toma.

—No hacía falta —aseguró él, sin moverse de la puerta —. No deberías haber venido.

—¿Por qué? Te quería dar las gracias, has sido muy bueno conmigo —dijo ella, sin dejar de mostrarle el plato envuelto.

Soltando todo el aire con pesadez, Daryl aceptó el obsequio y se metió al interior de la casa, para dejarlo sobre la desvencijada mesa.

—Candy, hola preciosa —escuchó que decía Beth, y al girarse la encontró entrando dentro de la habitación.

—Oye, no... no entres —dijo, volviendo hasta ella —. No deben verte por aquí más —Beth le miró sin comprender —. Ese loco de tu amigo...

—No son mis amigos —corrigió ella con determinación.

—Me da igual, quiere joderme y que estés aquí... no deberías.

—Escuché lo que dijo —aseguró ella —. Que tú eras el culpable, pero nadie le creyó, ni lo harán.

—Beth...

—Me ayudaste, me salvaste... me podría haber pasado cualquier cosa sino hubiera dado contigo —le interrumpió —. Eres bueno, lo has sido conmigo y me has ayudado. Sólo te estoy dando las gracias, cualquiera lo entendería si me vieran aquí. No pasa nada.

—Gracias por el bizcocho, pero vete ya —dijo sin más.

—Vale —agachó la cabeza decepcionada —. ¿No puedo ver a los gatitos un poco? Por favor.

Daryl la miró de soslayo, su gesto tierno y suplicante con aquellos enormes ojos azules y aceptó.

—Están bajo la silla —señaló tras asentir —. No toques nada, me tengo que preparar para trabajar.

—De acuerdo, Sr. Dixon —sonrió satisfecha.

Dejando caer la mochila en el suelo, la joven se acercó hasta la silla que le había señalado el conserje y se arrodilló, viendo a los dos pequeños mininos. Los acarició suavemente, mientras Candy se acercaba también a ella, reclamando mimos a su vez.

Escuchó el grifo del baño, tras la puerta cerrada y se acomodó más para disfrutar de dar mimos a los felinos. Poniéndolos sobre sus piernas cruzadas.

Minutos después Daryl salió del bañó sin decirle nada, y comenzó a preparar café y desenvolver el bizcocho que le había traído.

—¿Tienes hambre? —preguntó, y Beth se encogió de hombros al mirarle —¿Café?

—No me gusta, pero si tienes leche —comentó, dejando a los gatos sobre la manta, y levantándose.

—Claro... —dijo de camino a la pequeña cocina.

La joven cogió el cuchillo y cortó dos trozos de bizcocho mientras le servia la leche en un vaso. Para servir el bizcocho, Beth usó unas servilletas como plato, apartando unas cartas que había sobre la mesa. No pudo evitar fijarse en el nombre a quien iban dirigidas; Daryl Dixon, leyó, sonriendo para si, al descubrir el nombre de pila del .

—Daryl —dijo, llamando la atención de éste —. Es un nombre muy bonito.

Los gatos salieron de debajo de la silla más espabilados tras jugar con Beth y comenzaron a deambular graciosamente por la habitación. Beth los miró sonriendo.

—Toma —le tendió el vaso, y recogió las cartas —. No cotillees.

—Ha sido sin querer —se excusó con apariencia inocente.

Daryl la miró con reprobación, pero no dijo nada. Cogió uno de los trozos de bizcocho y se sentó en el sofá, con la taza de café en la otra mano. Beth se comió también su porción del bizcocho, cogiendo pedacitos con dos dedos, y se bebió la leche en silencio. Cuando terminó, reparó unas gotas con el indice y se agachó, dejando que el gatito más oscuro le chupase la yema del dedo lamiendo la leche.

—¿No te da grima? —preguntó Daryl al verla con una mueca de extrañeza.

—No... cosquillas sí —dijo sonriendo y se incorporó para ir a la cocina y dejar el vaso.

—Déjalo... —intentó impedírselo, pero la joven lo ignoró.

Cuando fue a dejar el vaso en el fregadero vio que había un poco de sangre en el fondo y se quedó quieta sin saber que hacer. Daryl llegó tras ella y al ver la escena se apresuró a abrir el grifo y eliminar los restos de sangre con agua, quitando el vaso de la mano.

—¿Estás bien? —preguntó escrutándole con la mirada.

Había temido que ella pensase algo raro se sorprendió por su pregunta, completamente sincera y con una nota clara de preocupación.

—Sí, eso es... de la caza —contestó.

—¿Caza? —preguntó sin entender.

—Sí, de la caza, para comer, ya sabes —dijo —. Es de limpiar las presas.

—Oh... No sabía que cazabas —dijo.

—Porque lo ibas a saber —contestó sin más —. Mira niña, te agradezco lo del bollo y eso, estaba bueno, pero creo que deberías irte y no volver por aquí —le soltó sin más.

—Pero... —comenzó a decir decepcionada dando un paso hacia él.

—Tengo que trabajar —zanjó la conversación apartándose de su lado.

—Está bien —aceptó la joven, y se encaminó a coger su mochila, pero antes de dirigirse a la puerta se frenó —. Daryl... —le llamó, acaparando su atención —. Gracias por cuidar de mi, y por ser tan bueno sin darte cuenta.

Ante aquello y la cercanía de la joven que se había ido aproximando según hablaba, Daryl se quedó desconcertado. Cuando Beth se acercó aún más y lo abrazó cariñosamente no supo como reaccionar. Le estaba rodeando por los costados con ambos brazos y apoyando su cabeza en el pecho, con una confianza y seguridad que le sorprendieron por completo, sobre todo porque, aunque resultase increíble, nadie le había abrazado así en su vida.

—Beth, vete —pidió tenso.

La joven se apartó lentamente, con semblante serio y asintió, saliendo de la casa seguidamente en silencio.

Daryl soltó todo el aire que había retenido en sus pulmones durante el abrazo, intentando aclararse, aquello había sido raro, jodidamente raro para él, en especial porque había resultado muy agradable.

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Al contrario de lo que Daryl pensaba, el incidente con Beth no le trajo problemas en el trabajo, todo lo contrario. El director recibió la visita de Hershel Greene el mismo lunes a ultima hora, y en ella, aparte de quejarse por el poco control que había habido en el baile de la semana anterior y acusar de negligentes a los profesores encargados de la vigilancia, alabó el buen juicio del conserje al avisarle, así su atención y preocupación por la pequeña de sus hijas. Lo que hizo que el Director le hiciera llamar a su despacho al día siguiente, y le felicitase.

—El trato con los padres es esencial en una escuela como esta, y que ellos confíen en nosotros es primordial para la buena gestión, como bien entenderás —decía el director con su constante y pesada respiración —. Tu proceder ha sido magnifico, excelente en todos los aspectos y nos ha evitado una demanda, todo sea dicho —aseguró sentándose lentamente en su silla —. Rick hizo una buena elección al recomendarte, tengo que reconocerlo.

—Gracias, señor —dijo Daryl algo incómodo por la situación.

—Me gustaría darte un aumento, pero claro eso es imposible, los presupuestos están ya firmados, pero si hubiera algo que pudiéramos hacer... que no fuera económico.

—Pues ahora que lo dice —comenzó a decir Daryl, viendo como la expresión del Director le miraba a la espera —. Mi hermano... vuelve de permiso en un par de semanas y me ha pedido si conozco algún lugar para alojarse un tiempo. Me preguntaba si habría algún problema en dejar que se quedara conmigo...

—Su hermano, ¡el amigo de Rick! —recordó el director, pues Daryl le había dicho que era su nexo de unión con el Sheriff —. Y encima un valiente defensor de nuestra nación, claro que puede quedarse contigo, sin ningún problema. Tengo un sobrino también en el ejercito. Hace unos meses volvió de Irak, y la familia tiene que estar cerca, lo entiendo, ¿donde está destinado?

—Afganistán —contestó.

—Todo un infierno ese... —dijo pensativo.

Daryl respiró más aliviado, técnicamente no había mentido, se dijo. El director había asumido que el permiso era militar y no penitenciario y a fin de cuentas su hermano había servido al país, valientemente, que no de forma honorable. Y hubiera ido a Afganistán, de no haberle partido la boca a un superior y haber sido licenciado. Sin nada más que tratar se marchó del despacho y continuó con su trabajo, como cada día evitando a la joven rubia de forma premeditada. Ya pensaba demasiado en ella inconscientemente, se lamentó.

Sin embargo Beth no le había hecho caso, o no del todo. Pues cada día o dos días, junto al marco de la puerta encontraba un pequeño paquete envuelto en papel de estraza con comida y cosas para los gatos, que cada día también estaban más grandes.

Así llegó el día del ultimo partido de fútbol americano del equipo del instituto. En el se decidía si el equipo jugaba o no los playoff y como era de esperar todo el pueblo había acudido al estadio del instituto.

Eran horas extra que Daryl cobraría si aceptaba trabajar hasta el final de la posible y deseada victoria del equipo, y con la inminente llegada de Merle en poco días necesitaría dinero, al menos para convencerlo de que permanecer en ese trabajo era rentable. Así que allí estaba, con su uniforme de conserje y en mitad de una marea de adolescentes y familiares fosfóricos.

—¡Daryl! —escuchó que le llamaba una voz familiar, y se giró, sorprendiéndose al encontrar a Rick junto a su familia dirigiéndose a él.

—¿Rick? —preguntó extrañado por verle allí.

—Somos del equipo visitante —explicó el hombre —. Pero intentamos pasar desapercibidos.

—Vaya, pues que sorpresa —confesó, estrechando la mano de Rick, y saludando a Lori con un movimiento de cabeza.

—¿Hora extra? —preguntó Rick, a lo que Daryl asintió.

—Mamá, ahí tienen perritos calientes —dijo el hijo de Rick tirando del brazo de su madre.

—Espera, Carl. No ha cenado aún —explicó Lori a Daryl y se giró para mirar a su marido esperando algo

—Sí, claro... toma dinero —le dio su cartera —. Ir a comprar y sentaos, ahora os busco —dijo él.

—Vale, cariño —le dio un beso antes de alejarse tirada por su hijo.

—Más grande cada día —dijo Daryl, mirando al niño.

—Acaba de cumplir los 12 y no deja de crecer —comentó Rick —. ¿Como te va? Me dijo el director que te has convertido en un héroe.

—Jodidos críos, drogaron a una chica en el baile... yo solo me la encontré y avisé a su familia —comentó Daryl, sin desviarse de la versión oficial.

—¿Y ella está bien? —preguntó, con una sonrisa ante la humildad que demostraba Daryl.

—Sí, no fue serio, solo que no tendría costumbre... es aquella, la del puesto de dulces —dijo señalando un pequeño puesto portátil que vendía galletas y bollos, atendido por Beth y otra compañera para financiar el coro del instituto, del que la joven formaba parte.

—¿Se sabe quien fue? —siguió preguntando como si estuviera en horas de servicio.

—No, no lo recuerda... sería de fuera. No le hizo nada, solo darle una bebida y se marchó —explicó, deseando dejar de hablar de aquello —. Tendremos más cuidado para el futuro.

—Claro... —asintió, y se quedó pensativo unos segundos —. Merle sale en unos días, ¿no?

—Sí, se vendrá aquí, lo he hablado con el director —contestó tensó —. No hay problema.

Rick no ocultó que aquello no le sonaba del todo bien, ni realmente posible. Dudaba que el director de ese instituto permitiera a un ex-recluso vivir en las instalaciones de la escuela, sólo de pensar que la asociación de padres se enterase le daría un infarto.

—Será temporal, hasta que encuentre algo para él —apuntó Daryl para el que la mirada de Rick era como un libro abierto —. Es mi hermano.

—Lo estas haciendo bien, Daryl —dijo Rick —. Si necesitas ayuda, él no lo sabría.

Daryl le miró con suspicacia, era increíble lo bien que conocía ese tipo a su hermano.

—Tomemos algo, no estas de servicio, aunque con este jodido interrogatorio no lo parezca —dijo Daryl.

—Lori se ha llevado mi cartera.

—Pufff... tengo un trabajo honrado, hombre —dijo Daryl de camino a uno de los puestos, al otro lado del regentado por Beth —. Ésta la pago yo.

Siguieron charlando un rato, hasta el comienzo del partido, en que Rick regresó con su esposa e hijo y Daryl se puso de nuevo a trabajar, limpiando el suelo para que no se acumulase la basura.

Recorría todo el perímetro del estadio, y también la parte baja del gradería, metiendo los desperdicios en una bolsa con ayuda de un arpón, sin atender a lo que sucedía en el partido, pues le era por completo indiferente. Y por lo visto a Beth también, se dijo, cuando la vio dirigirse a un extremo de las gradas para tirar una bolsa de basura al contenedor.

—La heroína del civismo, como no —dijo para sí.

Obligándose a ignorarla bajó de nuevo la vista al suelo, para continuar recogiendo. Pero reparó en que un chico se le acercaba por detrás. Beth se volteó y pareció nerviosa al reconocerlo.

Daryl dejó caer la bolsa de basura de su mano y prestó más atención, mientras el chico se encaminaba hasta Beth, estaba a una veintena de pasos pero, con los cánticos y vítores de los espectadores, era imposible saber que decían. Lo que no le costó intuir fue que Beth estaba incómoda. Pero el joven no le hizo nada, sólo se rio y pasó de largo de camino al aparcamiento. Daryl estaba confuso ante la escena, hasta que vio como la joven se llevaba la mano a la boca, nerviosa y miraba a su alrededor sin saber donde ir.

—¿Qué pasa? —Preguntó corriendo hacia ella.

—Daryl... es él... —dijo visiblemente aliviada al verlo.

—¿Quién? ¿Que te ha dicho? —preguntó, cuando ella se lanzó hasta él y la sujetó por los brazos, comprobando que estaba bien —¿No te ha hecho nada, verdad?

—No, no ahora no —dijo respirando con agitación —, pero es el que me drogó, es él.

—¿Él? —la cara de Daryl se tensó al escucharla, y levantó la vista, buscando al chico.

—Sí, estoy segura —afirmó.

—Espera aquí —le dijo, yendo tras los pasos del joven.

Beth no le hizo caso y dos segundos después de que Daryl saliera de la zona de gradas le siguió con paso acelerado.

Había más gente en el parking junto a sus coches, yendo y viniendo y era complicado identificar al joven. Por eso cuando Daryl se percató de la presencia de Beth a su lado no le dijo nada, por el contrario la tomó por el brazo y la acercó a él.

—Quédate cerca, si le ves me lo señalas —le susurro, aún con ese gesto tenso en la cara.

—Sí...

Caminaron con paso decidido entre los coches, hasta que Beth reconoció la cazadora del chico y le identificó entre dos coches, hablando con otros dos tipos más.

—Es ese —susurró Beth acercándose, temerosa de que la viera, a Daryl.

El conserje llevó su vista hasta donde señalaba Beth, y soltó un bufido cuando vio al joven reírse con dos hombres más. En el instante en el que el chico vio a la pareja su cara cambió. Echándose a correr.

—Hijo de puta —dijo antes de lanzarse a la carrera Daryl, zafándose violentamente de Beth y persiguiendo al chico entre los coches.

Pronto la persecución llamó la atención de los que estaban en el parking que, sin saber de que iba aquello, le prestaron aún más interés.

Para acortar distancia Daryl saltó por encima del capó de un coche y se abalanzó sobre el chico, tirándolo al suelo.

—No... no... no he hecho nada —intentaba forcejear bajo el cuerpo de Daryl.

—¿Que no has hecho nada, cabrón? —preguntó, antes de darle un puñetazo con todas sus fuerzas —¿Nada? —otro puñetazo.

Pero antes de poder continuar los dos tipos que estaban con ese chico llegaron hasta él y le apartaron, levantándolo con violencia y propinándole un puñetazo en el estómago.

—Dejadlo —gritó Beth, acudiendo junto a Daryl, sin poder evitar que le golpearan en la cara.

—Está loco, me ha pegado sin motivo —dijo Randall levantándose.

—Es mentira —dijo Beth, al llegar hasta allí.

—¿Te gusta pegar a chavales? ¿Eh, marica? —preguntó uno de los tipos, gordo y grande.

—¡Déjale! —chilló Beth histérica delante de Daryl para evitar que le golpeasen, sin éxito pues de un empujón el gordo la tiró al suelo.

—¿Beth?—dijo Daryl forcejeando con el otro que le tenía retenido —No la toques.

—Vamos Toni, atízale —dijo Randall.

—Sujétalo, Dave —pidió el gordo.

—Soltadme, cabrones —dijo Daryl forcejeando.

Beth intentaba levantarse del suelo, a pesar del dolor que sentía por la caída contra el suelo.

—Alto, si no queréis dormir en el calabozo esta noche —dijo una voz tras la espalda de gordo llamado Toni.

—Esto no es asunto... —comenzó a decir Toni girándose.

—Sí que lo es —aseguró, mostrando un segundo su placa, Rick.

Acto reflejo Dave soltó a Daryl que cayó contra el suelo por la falta de fuerza de sus piernas tras el golpe en el estomago.

—Daryl... —susurró Beth, acudiendo a su lado, para ayudarle. Ignorando el dolor de su cuerpo, pasó el brazo de Daryl sobre sus hombros y le ayudó a mantenerse en pie.

—¿Estás bien? —preguntó él al verla.

—Sí... lo siento —dijo aún angustiada.

—Contra los coches —dijo Rick.

Entre la gente que se había arremolinado a ver estaban también algunos profesores, y hasta ello llegó el Director del instituto, haciendo preguntas, junto con más gente, pues la pelea había llegado a oídos de los que se encontraban en las gradas y mucho más fueron a mirar.

Rick miró a Daryl un segundo.

—Ese es el cabrón que le echó mierda en la bebida —explicó, aún apoyado en la joven.

Beth asintió al mirar a Rick.

—¿Con que eres tú? —dijo Rick con tono amenazante, acercándose al chico apoyado en el coche por detrás de él.

—Eso es mentira...

Daryl dio un paso hasta él, violento, pero Beth le frenó.

—Déjalo...

Mientras Rick dejaba que se llevasen a los tres tipos la policía del pueblo que si tenía jurisdicción, Daryl se apoyó pesadamente en un coche con ayuda de Beth, que le miraba con culpabilidad.

—Lo siento, lo siento mucho —decía la chica, mirando las heridas de su rostro, y palpando su pecho y cuello nerviosa.

—No importa... se lo merecían.

—Siempre estás cuando te necesito, gracias —dijo ella.

Daryl miró sus enormes ojos preocupados y agradecidos, y asintió, reparando seguidamente en el dúo formado por Jimmy y Billy que lo miraban con ira entretodo el barullo de gente.

—Eso parece... —dijo Daryl con una leve mueca de dolor por las heridas de su cara

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¿Que tal? ¿os gustó? Reconozco que hasta yo me sorprendí del final mientras escribía, no lo tenía pensado, pero Toni y Dave aparecieron y le dieron su toque al más puro estilo "Nebraska" al cap. A ver como después de esto Daryl le dice a la rubia de ojazos "no vuelvas por mi casa", jajaja... y con Merle en ella... ¡me estoy emocionado hasta yo! Jajaja

Como siempre agradeceros de todo corazón que leáis y apoyéis la historia. Con una mención especial a leatherface y Julia, que aunque no tiene cuenta son fieles con sus comentarios, gracias! Y os recuerdo que si no estáis registradas también podéis comentar o poneros en contacto conmigo a través de Facebook o Twitter en los perfiles de Hotarubi86. Además celebrando los 100 Like en facebook todas las lectoras tiene un regalo.

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