Efecto Mariposa

Mientras conducía por la carretera en dirección a la granja Greene, Daryl llevó su pensamientos a la teoría del Caos, el comúnmente llamado "Efecto Mariposa", que dice que si una mariposa bate sus alas en Estocolmo se forma un tornado en Cancún ... O lo que en su caso sería; una chica se interesa por una gata y él acaba pasando Acción de Gracias con la familia de ella.

Había intentado excusarse para no acudir aquella noche, pero Annette Greene había insistido tanto en que debía ir a su casa para no pasar solo la festividad, agradecida por como había defendido a Beth, que no supo cómo negarse finalmente sin ofender a aquella familia. Tampoco es que le importase demasiado molestarlos, pero la presencia del director del instituto durante la invitación, y la instancia del hombre por agradar a los padres, era tanta que Daryl no tuvo otro remedio.

Desmontando del coche, se dirigió hasta la entrada de la casa intentando acallar los nervios que le agitaban por dentro, y porque negarlo el miedo ante aquella situación.

—Sr. Dixon, por fin ha llegado —lo saludó Beth con una enorme e ilusionada sonrisa al abrir la puerta.

—Hola...

—Oh, nuestro invitado de honor... ¡Que gusto conocerlo! —dijo una mujer de pelo rubio que rondaba los cuarenta años —. Soy Patricia.

—En...encantado —titubeó, apenas había entrado en la casa y ya se sentía violento con la situación —, Daryl Dixon.

Beth le acompañó hasta la sala, donde el cabeza de familia, su hijo Shawn y un hombre de gran tamaño que se presentó como Otis, capataz de la propiedad, hablaban del partido Super Bowl, mientras la mujeres terminaban la preparación del pavo y el resto del menú de la cena.

Cada vez que la joven pasaba cerca del salón miraba a Daryl y le sonreía ampliamente, lo que le agitaba e incomodaba completamente a él.

En la cena, como había temido, todos le asediaron a preguntas sobre su vida, desde el lugar donde se crió, hasta su comida favorita. Daryl contestaba con una palabra o dos, e intentaba volver a centrarse en el plato por completo, ignorando los enormes ojos de Beth que no dejaban de centrarse en él.

—Al Sr. Dixon le gusta cazar, ¿no es cierto? —dijo Beth, contestando por el a una pregunta de Otis —. Y caza con ballesta.

Todos se mostraron sorprendidos, pero especialmente Shawn, pero más porque su hermana conociera tanto de ese tipo que por las aficiones de éste.

—Pues no nos vendría mal que hiciera una visita por esta zona con su ballesta, los conejos están destrozando la mayoría de los cultivos —dijo Otis.

—Claro... —fue la escueta respuesta de Daryl.

Después de los postres vino el café, y después del café, Daryl, no perdió tiempo en despedirse tras agradecer la cena, y abandonó la casa tan deprisa como pudo, sin dar tiempo a que Beth le dijera nada.

Se encontraba inquieto e incómodo como no lo había estado en toda su vida.

Aquella familia era demasiado agradable, la casa era demasiado acogedora y cálida, el trato era demasiado amable y la comida estaba demasiado deliciosa, era imposible que aquello le resultase cómodo, el estilo de vida a "La casa de la pradera" le perturbaba, era demasiado diferente a lo que estaba acostumbrado.

Llegó a su casa, tan destartalada y quejumbrosa como él y se sintió por fin a gusto.
De sus cuadrúpedos compañeros de hogar sólo la gata adulta se mostró interesada en su regreso, y como ya era costumbre, se subió sobre el regazo de Daryl a los pocos minutos de que éste se sentase en el sofá con una cerveza en la mano y el resto del pack de seis esperando ser consumidas a sus pies.

—No beben alcohol en casa de tu amiga, tch... ¿te lo puedes creer? —dijo a la gata que ni le miró.

En la tele sólo daban el resumen de la Super Bowl y programas temáticos de la festividad de Acción de Gracias, tan aburridos como parecían. Pero no importaba mucho, pues Daryl no les prestaba atención, mientras daba cuenta de las cervezas.

—Y no paraba de sonreír, todo el jodido rato —decía con frustración a la ignorante gata —, sin motivo. Nadie sonríe tanto.

Tras mirarle con indiferencia la gata se levantó y se estiró sobre sus patas, saltando seguidamente de los muslos de Daryl.

—Tampoco te enfades porque a ti te caiga bien —dijo éste —. Pero sonríe demasiado...
Para su pesar tras terminar las seis latas de cerveza, no pudo conseguir que la sonrisa de Beth y el brillo de sus enormes ojos azules abandonara su mente, mientras daba vueltas en la cama en busca de Morfeo.

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Unos vitales golpes en la puerta despertaron a un resacoso Daryl a la mañana siguiente. Con paso zigzagueante se encaminó a la entrada y abrió sin preguntar, frotándose la cabeza, donde sentía el dolor martilleante de los efectos secundarios del alcohol.

—Hola, ¿te he despertado? —saludó una alegre pero culpable Beth.

—¿Qué diablos haces aquí, chica? —fue el saludo de Daryl.

—Sí que lo he hecho, y no tienes buen despertar —dijo de primeras —. Te he traído un poco de tarta de calabaza, creo que ayer te gustó, ¿puedo pasar?

—No —contestó secamente, pero la decepción en los ojos de Beth le superó y abrió más la puerta —. Diablos... Pasa de una vez. Es peor que alguien te vea.
Sonriendo, la joven entró en la casa y rápidamente reparó en las latas de cerveza que aún estaban tiradas en el suelo, junto al sofá.

—Voy a hacer café —dijo dejando la tarta en la cocina.

—No, ya lo hago yo...

—Creo que te vendría mejor una ducha, para despejarte —dijo la rubia con la cafetera en la mano.

—¿Te piensas mi madre ahora? —dijo molesto Daryl.

—Quiero hablar de la otra noche y lo que hizo tu amigo, el policía... —le contestó Beth sin sonreír por primera vez —. Sereno.

—No toques nada aparte del café —dijo Daryl tras respirar con pesadez y meditar sus palabras —, salgo en unos minutos.

La joven asintió y continuó preparando el café con tranquilidad, pero en cuando el sonido de la ducha llegó a sus oídos se ruborizó, sintiendo el candor en sus mejillas, ante el pensamiento de lo que sucedía en la habitación contigua. Jamás se había visto en una situación semejante y sin poder evitarlo su pulso y respiración se aceleró.
Minutos después Daryl salió del baño y sobresaltó a Beth, que por poco deja caer una de las tazas de su mano.

—¿De qué quieres hablar? —preguntó Daryl, sirviéndose una taza de café —. Todo esta solucionado, no dirán nada.

—Pero... mentisteis por mi —dijo Beth —. Los dos.

Tras la detención de Randall y los dos que iban con él, que agredieron a Daryl, éste le confesó a Rick que Beth no había sido drogada en el baile sino en una fiesta particular, y que si eso salia a la luz la chica tendría graves problemas con su familia. Así que Rick se las ingenió para que la acusación sólo se basase en el delito de agresión. Realmente no había pruebas de lo sucedido con Beth para acusar a Randall de nada y la joven parecía haber aprendido de la experiencia son necesidad de mayores castigos.

—Déjalo pasar... Está hecho —dijo Daryl.

—Has sido mi... Salvador, mi héroe en todo desde que llegaste —dijo ella —. Sin ti...

—Estarías en tu casa o por ahí con tus amigos como cualquier otra chica... Así que...
El sonido de los cristales rompiéndose y un intenso golpe contra el suelo los sorprendió a ambos, en especial a Beth que no pudo acallar un grito sobresaltado. Rápidamente Daryl se incorporó y se acercó al ladrillo que había roto una de las ventanas de su casa.

—¿Éstas bien? —preguntó a la joven asustada, preocupado por si alguno de los cristales la había cortado. Pero Beth asintió nerviosa.

En el ladrillo se podía leer con tiza y letras mayúsculas: OS VEO.

Daryl salió corriendo de la casa, en busca del culpable tras comprender el mensaje.
La caseta donde vivía estaba en un extremo del recinto escolar y rodeada por detrás y un costado por un pequeño bosque que llegaba hasta la carretera. Aunque el hombre siguió el sonido de las pisadas y el rastro de ramas rotas de pasar rápidamente entre ellas, al llegar a la carretera sólo vio el vehículo acelerando en su huida. Pero conocía el auto.

—Hijos de puta... —maldijo con respiración sofocada.

Regresó a la casa, donde Beth estaba recogiendo los daños producidos.

—Deja eso... —pidió.

—Es culpa mía... No tenía que haber venido —dijo esperando que Daryl la echara, pero para su sorpresa el hombre ni dijo nada —. ¿Quieres que me vaya?

—Deberías...

—¿Pero quieres...? —preguntó titubeante.

Daryl le aguantó la mirada un par de segundos, pero no respondió.

—Ha sido tu novio y ese amigo suyo...

—Jimmy ya no es mi novio —contestó rápidamente Beth —. Pero hablaré con él, con los dos. Les diré que te dejen en paz.

—Eso mejoraría las cosas, seguro —dijo Daryl con acidez.

—¿Y qué quieres que haga? —preguntó la joven con frustración.

—No volver por aquí, te lo dije —contestó Daryl —.Eres un jodido incordio.

—No, no es verdad... tú no me detestas como te esfuerzas en aparentar —lo acusó ella

—. Sino no hubieras hecho todo esto por mi.

—¿Es que no escuchas? ¿No ves lo que acaba de pasar? ¿Uhg? —preguntó Daryl señalando la ventana rota.

—Solo... Solo quería darte las gracias... —contestó apesadumbrada —. Te lo mereces...

—No merezco una mierda... —murmuró Daryl.

—No es así, ¿por qué no te crees que alguien te aprecie, sin pensar mal? No dejas que nadie se acerque a ti, eres tan arisco...

—No tengo tiempo de esto... —la interrumpió para no seguir escuchando lo que decía —. No vuelvas por aquí, ni a ver a los gatos. Va a venir una persona a vivir conmigo y es mejor que te mantengas alejada...

—¿Tu novia? —preguntó la chica, taimada.

—¿Qué? No —negó rápidamente.

Aquella pregunta desveló demasiado para Daryl, pese a su brevedad, y se sintió más nervioso de lo que había estado antes.

—Ya no vengo sólo por los gatos... Sino porque me gusta estar contigo —confesó Beth acercándose a la entrada, seguida por Daryl, pero antes de que éste abriera la puerta ella se lo impidió —. Me gustas, Sr. Dixon...

Daryl abrió más sus finos ojos, mirándola fijamente, incrédulo y viendo como ella a su vez,

cerraba los suyos y se alzaba sobre sus pies para besarle.

El movimiento fue tan pausado que el hombre podría haberse apartado perfectamente. Pero no lo hizo.

Los labios de Beth rozaron los suyos, levemente, dejándolo sentir lo cálidos y suaves que eran y Daryl cerró los ojos involuntariamente y retuvo la respiración.

La presión sobre su boca se hizo más intensa, y sintió las manos de Beth apoyarse en sus hombros a la vez que entreabría los labios y el beso se volvió más cálido y húmedo.

Un leve, casi inaudible gemido de la joven sacó a Daryl de esa ensoñación, en la que parecía estar envuelto, de nuevo a la realidad. Apartó por fin el rostro, pero antes de que pudiera decir algo, la joven giró el pomo de la puerta y salió, sin prisa, pero sin mirar atrás.

El resto del día Daryl dudó que aquello hubiera llegado a pasar realmente, le parecía tan desconcertante y confuso que no podía pensar por completo que fuera cierto, pero sabía que no había imaginado el sabor de esos labios, ni su suavidad ni su calidez, no podía haber imaginado algo así...

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Continuará


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Hola mis queridas musas!

Por favor no matarme, sé que el capitulo ha sido cortito, soy consciente de ellos, pero o metía cosas sin mucho interes o hacía su entrada alguien (supongo que sabéis quien pese a lo muy misteriosa que me pongo) que creo que merece no compartí capitulo con ningún otro acontecimiento.

La semana próxima publicaré el siguiente, sin poner día concreto, porque son varios los relatos que tengo entre manos y escribo uno tras otros para no abandonar ninguno.

Lo que sí hago es invitaros o pediros que si más allá de la trama y los protagonistas de este fanfic, os gusta mi forma de escribir y dar forma a las historias os paséis por mi perfil o por Wattpad, y le deis una oportunidad a la historia original que estoy escribiendo de titulo "Antes de la tormenta"

Muchas gracias!