El gran hermano
La salida de Merle de prisión se produjo un viernes por la tarde, lo que fue una ventaja para Daryl. No sólo podría ir a recogerle tomándose solo un par de horas libres, sino que además podría pasar las próximas 48 horas controlando e indicando que podía y sobre todo que no podía hacer mientras viviera con él.
Sabía que las limitaciones no iban con su hermano, pero también tenía la certeza de que si no controlaba a Merle su permanencia en el Instituto de Secundaria de Mert County tendría el tiempo contado.
—Menuda choza, normal que te paguen por vivir aquí, hay vertederos más confortables —fue lo más agradable que dijo el mayor de los Dixon examinando la habitación que englobaba toda la casa excepto el baño.
—Es mejor que una celda —contestó Daryl, tirando al suelo la bolsa que contenía todas las pertenecías de Merle.
—¿Y esto? —señaló a los gatos que le observaban con recelo bajo la silla.
—Compañeros...
—Darylina la vieja de los gatos —bromeó —. Está claro que no puedes estar sin mi...
—He conseguido un catre para ti, pero las sábanas y eso las pones tú, no voy a ser tu criada —ignoró el comentario de su hermano.
—Eh... que yo no te he pedido quedarme aquí —se defendió orgulloso Merle.
—Pero tampoco me haces un favor al hacerlo —dijo seguidamente Daryl.
Fue Merle quien ignoró a su hermano esta vez, y sin dejar de observar los escasos muebles de la sala se dirigió a la cocina.
—Espero que tengas cerveza —dijo abriendo el refrigerador.
—Sí... acomódate o date una ducha, lo que sea... —dijo Daryl de camino a la puerta —. Tengo que ir a revisar que todas las aulas estén cerradas.
—Ya... —contestó Merle sacando una lata de la nevera.
—No mates a los gatos —cerró la puerta al salir.
Con paso tranquilo y jugueteando con el manojo de llaves en la mano, Daryl se dirigió al gran edificio principal del centro y entró por la puerta lateral, cerrándola a su paso. Caminó por cada pasillo, apagando las luces y comprobando que cada puerta de los diferentes departamentos y aulas estuvieran cerradas.
Al llegar al sótano se sorprendió al escuchar bastantes voces y se dirigió al salón de actos desconcertado. Era tarde para que continuasen alumnos allí, más siendo viernes.
"Ensayo del Coro"
Rezaba un cartel en la puerta. Daryl se frotó la frente recordando que el Profesor Nolan del departamento de música le había informado que tres tardes a la semana usaría el salón para los ensayos, en vista del recital de Navidad que tendría lugar en menos de un mes. Con todo el asunto de la llegada de Merle lo había olvidado.
Entró intentando no llamar la atención, para saber hasta que hora estarían allí y dejar una de las salidas abiertas para ir luego a cerrar.
—Sr. Dixon, le estuve buscando tras las clases —dijo el Profeso Nolan al verlo. Era uno de los pocos profesores que le trataba con el mayor de los respetos, como si no hubiera diferencias entre ellos y fuera un compañero más del centro.
—Tuve que salir antes, asuntos personales, el director lo sabía —explicó el conserje —. ¿Que puerta dejo abierta y hasta cuando estarán con el ensayo?
—La del pasillo tres simplemente, pero la semana que viene necesitaremos tener los vestuarios disponibles, para que los alumnos ensayen con los trajes de la función.
—No habrá problema —asintió el conserje.
—Saldremos en unos minutos ya casi hemos acabado —indicó el profesor, revisando sus papeles distraído —. Si no le importa esperar...
—Claro —Daryl vagó la vista por el salón, sintiendo como su respiración se cortaba al reconocer a Beth sobre el escenario, mirándole nerviosa.
Ella formaba parte del coro, ya lo sabía, la había visto atender el puesto de comida, pero no recayó en que la encontraría.
Para disimular el tiempo que le quedaba de espera Daryl comprobó las ventanas y cerró todas las puerta excepto una, pero inconscientemente él diferenciaba la voz de Beth entre el resto del grupo.
Cuando el ensayo acabó intentó aún más mantenerse ocupado, pero le fue inútil, conocía bien la persistencia y las mil y una excusas que podía idear la joven para conseguir lo que se le antojaba, y frustrado maldijo para sus adentros cuando la vio hablar con el profesor Nolan, mientras el resto de los alumnos se marchaba.
—Ya puede cerrar —dijo el profesor antes de abandonar el salón.
—¡Espere, Sr. Dixon! —alzó la voz Beth con su tono inocente —. Tengo que guardar el libreto —dijo dejando su mochila sobre el escenario y con parsimonia metió el libro de canto en la mochila y revisó el contenido con evidente lentitud.
—No tengo todo el día, Greene —le dijo desde la puerta.
—Voy... —dijo echándose la mochila al hombro y se dirigió hasta él con una pícara sonrisa —Creo que ya se han ido todos —dijo mirando el pasillo.
—No juegues —le contestó serio, lo que borró la sonrisa de la cara de la joven que salió cabizbaja delante de él.
—Me... me preguntaba si podía ir a...
—No —la cortó Daryl.
—Sólo un momento, no queda nadie —insistió girándose a él con ojos suplicantes.
—Beth ya te dije que no volvieras —bajó el tono de voz.
—¿Es por lo que pasó? —preguntó, pero realmente habían pasado muchas cosas, así que especificó —¿Lo que hice?
—Olvida eso —dijo encaminándose por el pasillo con decisión.
La joven se quedó confusa unos segundos, llevaba días sin pensar en otra cosa, sin conciliar el sueño pensando en ese momento, sin poder concentrarse o sin poder sacárselo de la cabeza. Y de todos los sentimientos que le bullían en la cabeza y el pecho al recordarlo ninguno se asemejaba al arrepentimiento.
Decidida siguió los pasos de Daryl por los silenciosos y desangelados pasillos hasta alcanzarlo antes de salir del recinto.
—No puedo —dijo en voz alta, llamando su atención y se adelantó hasta él enfrentarlo —. Ni tampoco quiero hacerlo.
—No es un bueno momento, niña —dijo rudo, y la ignoró saliendo del edificio.
Aunque hubiera querido alejarse de ella no podía, tenía que esperarla para cerrar, así que su huida había sido estúpida, pues no la podía evadir. Ella salió tras él, y lo miró seria y decidida.
—Puedes fingir que no pasó, pero si que pasó —dijo cruzándose de brazos —. Y sé que no te desagradó.
No hubo respuesta por parte del conserje, que cerró la puerta y se encaminó escaleras abajo ignorando a la joven rubia. No es que no quisiera decirle algo, es que no sabía que debía decirle o mejor dicho, no sabía que leches decir.
—Al menos dí algo —pidió ella siguiéndole, pese a que parte de ella estaba segura de que la mandaría al carajo pero con mucha menos delicadeza.
—No me sigas —se giró —. Hablaremos de esto, de eso —dijo nervioso —. Pero no hoy, estoy ocupado.
No la había mandado al carajo.
—Pero... —ahora si que estaba desconcertada. Podía tomar aquello como algo bueno, pensó la joven mientras le veía dirigirse por el camino de tierra que bordeaba la pista hasta su casa —. Espera... —le volvió a seguir, necesitaba algo más que aquello — Sr. Dixon... por favor... Daryl, espera.
Llegó hasta él y le sujetó por el brazo.
—Beth, por favor, vete —dijo nervioso mirando a la casa lo que no pasó desapercibido para la joven.
—¿Qué pasa? —preguntó curiosa, pero con un leve deje de desesperación e impaciencia.
—Vete —insistió —. Vete antes de que te vea.
—¿Quién? —preguntó, pero Daryl no contestó y sin dudarlo ella se encaminó a la casa con paso decidido como rápido.
—No... oye, para cojones —dijo intentando frenarla, pero le rehuyó —. Me cago en la... jodida niña.
Abandonando toda la delicadeza que había intentado tener en un principio la cogió de la cintura con fuerza con su brazo y se giró, volviendo sobre sus pasos para alejarla de la cabaña.
—Dime a quién no puedo ver —se quejó forcejeando.
—Para que portarte como una cría consentida de una puta vez —dijo apretando los dientes para no gritarle como realmente le apetecía.
—Ésta sí que es buena... ¿me traes un regalo de bienvenida, hermanito? —dijo Merle con una sonrisa ladina saliendo de la casa.
Daryl y Beth se quedaron inmóviles a la vez al escuchar aquello, y tras unos segundos, lentamente, el pequeño de los Dixon dejó de nuevo a la rubia y se giró.
—Es una alumna, que no debería estar aquí —dijo mirando con dureza a la chica.
—Pues si hay muchas así ahora entiendo porque sigues aquí explotado —comentó acercándose hasta ellos con paso lento y sin dejar de mirar a Beth de arriba a bajo.
—No... no debería estar... me debería ir ya —dijo titubeante por la mirada lasciva de la que era victima.
—Tampoco hay prisa, a algo vendrías ¿no? —dijo sonriendo.
—No... no —contestó, e inconscientemente se desplazó tras Daryl.
—Cuida de los gatos —se adelantó a decir Daryl —. Pero están bien, así que se va.
—Oye, que no le voy a hacer nada —rió Merle, viendo en la actitud de Daryl que aquella joven era algo más que una simple alumna, al menos para su hermano —. Solo quería conocer a tus amigos.
—Encantada —dijo rápidamente Beth, y se ocultó tras Daryl por completo —. Me voy ya...
Sin perder un segundo la joven se dio la vuelta encaminándose con paso nervioso de vuelta a las pistas deportivas.
—Eso sí que son recompensas profesionales —soltó Merle centrando sus ojos en el bamboleo del trasero de Beth al alejarse —. Eres todo un...
—¡Cállate! —soltó Daryl dirigiéndose al interior de la casa.
.
.
Antes de salir del recinto del instituto Beth vio en un extremo del edificio principal a Jimmy y Billy, que se dirigieron rápidamente hacia ella, llamándola. La joven no tenía ningunas ganas de hablar con ellos, así que aceleró el paso de camino a la parada del bus.
—¿Nos estas ignorando? —preguntó Billy al llegar hasta ella.
—Siempre tan observador y perspicaz —dijo seria.
—Hola, Beth —saludó Jimmy más taimado.
—Hola, ¿que queréis? —preguntó ella.
—Hace mucho que se acabó el ensayo, has estado con él, ¿no? —la interrogó el otro chico.
—A vosotros no os importa lo que haga, que manía tenéis con él —dijo cabreada —. Dejadme en paz.
—Es escoria Beth —la ignoró Billy —, no deberías mezclarte con él.
—¿Qué dices? —preguntó confusa por el odio que mostraba Billy —¿Por qué dices eso? No te ha hecho nada.
—Estás con él, ¿verdad? —fue Jimmy quien preguntó esta vez, pero más que odio había pesar en su tono.
—¡No! —negó tajante —. Estáis enfermos. Da... el Sr. Dixon se ha portado muy bien conmigo, mejor que vosotros, mucho mejor y por eso le aprecio, pero no hay nada de lo que pensáis.
—Es basura blanca... mira cómo nos trató el día de la ballesta —dijo Billy.
—Estás loco... loco —dijo Beth viendo que llegaba el bus—. Eso es todo lo que tienes contra él, que un día te puso en tu sitio —dentro del vehículo y antes de que las puertas se cerrasen dijo —, eres tan triste y patético, me das mucha pena, Billy.
El joven apretó los puños viendo como las puertas sel autobús se cerraba sin que pudiera contestar a la joven.
—Zorra folla viejos —escupió a la carrocería.
—¿Eh? No te pongas así —le intentó calmar su amigo —. Deberíamos dejarlo, Beth...
—Miente, está claro —Aseguró el chico —. Esa basura se está tirando a tu novia, no puedes quedarte de brazos cruzados. Ese tío nos ha humillado, nos ha dejado como unos capullos con lo del baile y se pasea por el instituto como si fuera el mismísimo Gary Cooper. Así que no, no vamos a dejarlo. Ningún paleto me va a pasar por encima.
.
.
Durante aquellas semanas y aunque Daryl se negase a reconocerlo, sabía que había llegado a conocer a Beth, al menos lo suficiente como para saber que si no hablaba con ella la cosa empeoraría, pues ella haría algo, y si los planes de un Dixon no eran buenos por norma, los de ella eran kamikaze de serie, así que para evitar males mayores, buscó como zanjar la situación o al menos intentarlo.
Usando la misma táctica que cuando el parto de la gata, al siguiente lunes, dejó una nota por la rendija de ventilación dentro de la taquilla de Beth.
"TRAS LA ÚLTIMA CAMPANA VE A VER A CANDY"
La joven vio la nota al cambiar sus libros tras el primer descanso. Al principio se ilusionó, solo barajando todas las posibilidades positivas de que Daryl le hubiera dejando la nota, pero éstas dejaron paso a otras no tan favorable y estas a su vez se acabaron convirtiendo un un temor inquietante de que la nota la hubiera dejado no Daryl, sino Jimmy y Billy para tenderles un trampa. Podía parecer rebuscado, pero Billy en los últimos días estaba tan desquiciado con Daryl que no era realmente descabellado, pues a Beth el viernes anterior le había dado miedo. Sin olvidar el incidente de la piedra.
Cuando sonó la campana del almuerzo Beth no pudo esperar, y excusándose con sus compañeras del coro, con las que pasaba sus ratos libres desde el baile, salió del edificio.
No sabía donde podía estar Daryl en esos momentos, él no tenía un horario de trabajo o una rutina, iba donde era necesario. Pero seguramente en el descanso del almuerzo iría a su casa a comer, y hasta allí se dirigió la joven, no sin disimular y caminando en dirección a las pistas y desviándose en el ultimo momento por el camino.
La joven sabía que aunque Daryl no estuviera allí, la casa estaba habitada por el inquietante de su hermano, así que se abstuvo de llamar a la puerta y rodeó la vivienda con sigilo para mirar por la ventana de la cocina si el conserje estaba o no dentro.
Entonces escuchó como la puerta de entrada se cerraba y unos pasos se dirigían hasta donde ella se encontraba, se quedó inmóvil sin saber que hacer.
—Vaya... vaya, vaya... mira quién tenemos aquí —dijo Merle saboreando cada palabra.
—Hola... yo.. yo.. los gatos —tartamudeó. No tenía ningún motivo para temer a Merle, salvo su incómoda forma de mirarla y lo más importante que Daryl no quería que la viera y eso para ella era motivo más que suficiente, a fin de cuentas él siempre la había protegido.
—Hola gatita —dijo —. No tengas miedo, de verdad que no voy a hacerte nada.
—Lo sé... es el hermano del Sr. Dixon, y él es un gran hombre, así que...
—Yo también soy un gran hombre, un hombre grande en todo —contestó con un doble sentido evidente —. Sí mi hermano te parece bueno, imagina como es el que no se quedó con los restos —la cara de Beth reflejó sin poder disimular su desagradable pensamiento antes ese comentario —. ¿No lo crees? Comparado conmigo mi hermano...
—¿Qué haces, Merle? —preguntó con rudeza Daryl apareciendo por la esquina de la casa.
—Nada, Hermano, nada —levantó las manos con aire inocente —. Hablaba con tu buena amiga, la chica de los gatos.
Beth se dirigió hacia Daryl sin pensar nada más verle, pero Merle la interceptó, rodeándola los hombros con el brazo.
—Ay... —dijo ella sorprendida ante el agarre
—Es una belleza —dijo mirándola fijamente —, tienes unos ojos espectaculares encanto .
—Suéltala —dijo Daryl acercándose hasta ellos.
—¿Qué pasa? —preguntó sorprendido por la reacción de su hermano, y también divertido secretamente.
El menor de los Dixon cogió del brazo a Beth con fuerza y la apartó del lado de Merle.
—¿No te ibas a buscar tu jodida moto donde tu amigo? —preguntó tensó Daryl.
—Sí, sí... ya me largo —contestó Merle —. Hasta la vista.
Hasta que el hermano de Daryl no se perdió de la vista de Beth, ésta no se apartó del lado del conserje, que la seguía también sujetando por el brazo.
—¡Te dije al final del día! —le dijo cabreado.
—Lo... lo siento, es que no estaba segura de si habías sido tú —se justificó con culpabilidad, mostrando todo su nerviosismo —Lo siento mucho.
—¿Quién coño iba a ser? —preguntó sin que el tono lastimoso de la joven le afectase está vez.
—Billy... no sabía si era suya... una trampa —explicó, y en esta ocasión el semblante de Daryl se trasformó de molesto a preocupado.
—¿Por qué? ¿Ha pasado algo más? —preguntó.
La joven asintió tragando saliva. Aunque ya se sentía segura con Daryl, seguía nerviosa por el cúmulo de sensaciones de los últimos minutos, y sus manos temblaban, mientras miraba para todos lados inquieta.
—Mejor vamos dentro, ya que estas aquí... para qué esperar —dijo Daryl, arrastrándola con él por el brazo sin esperar contestación.
Para evitar que los miedos de Beth tomaran forma en lo concerniente a Billy, Daryl cerró las cortinas de la casa una vez que ambos estuvieron dentro.
—No vuelvas por aquí si no te lo digo yo —comenzó a decir —. Merle no te haría daño, no es así, pero... pero, mantente alejada ¿de acuerdo? —pidió —. Luego me toca a mi aguantar sus gilipolleces.
—Lo siento —volvió a disculparse yendo hacia él.
—Ya... vale —aceptó —¿Qué coño ha pasado con ese capullo? ¿Te ha hecho algo?
—No... no —negó con la cabeza —. Pero está como obsesionado contigo, te odia, no sé muy bien porque, Jimmy solo le sigue como su sombra, pero él...
—Eso ya lo sé, ¿qué pasó?
—El viernes al irme de aquí, me esperaban y me preguntaron por nosotros, lo negué todo, pero se puso violento —Daryl respiró pesadamente al escucharla —. No hizo nada, pero creo que planea algo, no sé... por eso al ver la nota...
—Claro —aceptó —. Más motivos para que no vuelvas.
—¿Eso era lo que me querías decir? —preguntó desalentada — Que no volviera por aquí...
—¿No ves como se esta llenando todo de mierda, joder? —preguntó, cogiéndola por los hombros —. Esto no es un juego, niña.
—¡Deja de llamarme así! —contestó molesta —. No soy una niña, y tú no me ves como a una —le acusó mirándole con dureza fijamente.
Daryl le mantuvo la mirada un par de segundos, pero al final se rindió y se apartó de ella, alejándose de a la cocina.
—Vale, échame si quieres... otra vez —dijo enfadada —. Pero no es todo mi culpa, yo me había alejado de ti, cuando pasó lo del partido.
Daryl se paró al escucharla y se giró hacia ella, sin saber si realmente quería que se fuera o no. Pero al ver como se dirigía a la puerta no pudo contenerse, debía decir algo, algo para que no se marchara, para que al menos permaneciera unos segundos más allí.
—Eso no tiene nada que ver, ese cabrón se merecía una lección —dijo, sin saber si ella podría contestar algo o continuaría su camino a la salida.
—No te estoy acusando de nada, para mi no es malo lo que ha pasado, lo que hice... yo no me arrepiento —contestó —. Y sí, si veo como todo se esta llenando de... mierda, la única que ha perdido cosas por conocerte hasta ahora he sido yo. He perdido a mis amigas, a mi novio... y tampoco me arrepiento de eso —Daryl tuvo que reconocer que aquello era cierto, y no lo había pensado, ni había valorado el carácter ni la personalidad que había demostrado al soportar aquello sin darle de lado —. Al menos así te he conocido más, y tampoco me arrepiento de eso, porque eres una persona... buena, y eres noble —Daryl negó soltando un bufido incrédulo —. Te la has jugado por mi, sin dudar, así que no lo niegues —dijo acercándose a él.
—Esto no puede pasar... —susurró Daryl para si mismo cuando Beth llegó frente a él y le miró a los ojos fijamente.
—Está pasando —contesto ella con voz segura y acortó la leve distancia que les separaba.
Daryl pensó que le besaría, igual que lo había hecho el último día que entró en la casa, pero la joven permaneció quieta, simplemente mirándolo fijamente.
No, esa vez ella no se alzaría a besarle, ya lo había hecho la primera vez, en esa ocasión simplemente le demostrara que quería besarle, que lo deseaba completamente, pero no haría nada. Si él no sentía la misma conexión que ella, si era capaz de contenerse en ese momento Beth saldría de allí tras unos segundos, prometiéndose no volver. Era algo que tenia claro. Aunque fuera por simple amor propio y orgullo.
Pero Daryl se rindió antes los ojos de Beth y le acarició la mandíbula tomando su rostro con su curtida mana, tan diferente al tacto a la tersa e inmaculada piel de la joven, y alzó su rostro.
Titubeante y algo inseguro acercó sus labios a los de ella y la besó, sintiendo como la boca de la joven dibujaba un sonrisa un instante después correspondiendo a su beso.
Con más seguridad que él, Beth apoyó sus manos en su pecho, aferrando con sus finos dedos a su mono de trabajo y pegó su cuerpo a él, que le rodeó la cintura con el otro brazo mientras su beso se volvía más intenso y profundo.
Ella tenia razón, estaba pasando, y ya no había forma de negarlo o de echarse atrás.
Las manos de la joven ascendieron hasta los hombros del Daryl y rodearon su cuello mientras soltaba un gemido cuando él invadió su boca con la lengua. Sin dejar de besarle, temiendo que todo llegara a su fin si se separaba de sus labios, Beth tomó impulso y se aupó a sus caderas con las piernas, no quería apartarse de su lado, pero necesitaba respirar.
Girando sobre si mismo, dejó a la chica apoyada en la barra de la cocina y se separó a coger aire un par de segundos.
—Dime que no te arrepientes —dijo ella, sujetándolo por la nuca, el negó.
—No lo hago —dijo serio mirándola a los ojos, pero dudaba de si lo haría cuando se marchara —. No te vayas.
—Pídemelo, me has dicho muchas veces lo contrario, Pídeme que me quede, al menos una vez.
—Quédate...
Beth sonrió al escucharle y tiró de su cuello hacia ella para volver a besarle con fuerza.
Curiosa por la actitud de los dos humanos Candy dio un salto y se colocó junto a Beth emitiendo un maullido.
—Largo... —la apartó Daryl.
El timbre que anunciaba el final del almuerzo de los estudiantes llegó lejano hasta ellos, pero por toda respuesta Beth afianzo más el abrazo que retenía a Daryl a su lado. Había dicho que se quedaba, y lo haría.
.
.
Ya está aquí Merle!
No sabéis las ganas que tenía de incluirle en una historia, que nunca le había podido representar ni manejar en un relato. Espero haber estado a la altura del personaje, que es un gran personaje.
En breves aparecerá la Triumph tambien y la familia Dixon estará al completo, para foto.
Espero que este cap os haya gustado, y comienzo a avisar que el final esta próximo. Yo actualizo en cuanto escribo (y mi beta me revisa el cap) y mientras escribo trazo gran parte de la trama, así que no puedo decir si queda cap, pero que no quedan muchos ya lo digo. Siempre me alargo más de lo deseado, así que seguro que será cap.
Mil gracias por los comentarios, los favoritos y todo vuestro apoyo. Y recomendar o invitaros o como sea a que si os gusta la forma de escribir y narrar aparte de los personajes protagonistas de la historia visitéis mi perfil y conozcáis mis otros relatos.
Gracias!
