No eres para mi

Al día siguiente Beth llegó a clase agotada. Apenas había podido dormir en toda la noche preocupada.

Se había enterado por unos compañeros que ni Billy ni Jimmy habían ido el día anterior al instituto. Por lo tanto ellos no habían escrito aquello en su taquilla, pero no le costó comprender que, de aquello, la responsable había sido Rachel.

Sin embargo no esperaba lo que pasó a segunda hora.

Escuchar su nombre por megafonía para ir a dirección la sorprendió, pero no sintió miedo hasta que vio a Jimmy y Billy, con unas evidentes lesiones y heridas en el rostro, acompañados de sus padres junto a secretaria.

—Buenos días, señorita Greene —la saludó el director cuando entró en su despacho.

—Buenos días, señor y... Doctora —dijo al reconocer también a la psicóloga del centro allí.

—Tenemos que hablar y hacerte unas preguntas serias —comenzó a decir el Director —. Si quieres, y como eres menor, podemos avisar a tu padre para que venga y te acompañe.

—¿Por qué? ¿Qué sucede? —intentó disimular, pese a que en su cabeza estaba muy claro cual era el motivo de aquella entrevista.

—Bueno... No pasa nada malo, no has hecho nada malo, solo queremos conocer algunos hechos —dijo buscando las palabras el director.

—Pero debes saber que tú no eres culpable de nada, ni has hecho mal —dijo la psicóloga rápidamente —. Nadie te va a juzgar, y puedes ser sincera por completo.

Pese al miedo y angustia que sentía, Beth se obligó a parecer completamente ignorante de lo que decían.

—Sabemos que hasta hace unas semanas eras amiga de Bill Phill, James Gimple y Rachel Gale y Susanna Lincold, pero desde el baile estás distanciada de éstas amistades.

—Si... Por lo que sucedió de la bebida, y que me dejaron sola... No quiero amigos así —confesó, agradeciendo poder decir aquello con total sinceridad.

—Eso es normal, y demuestra un gran madurez.

—Tenías una relación más cercana con James, ¿no es cierto? —preguntó la psicóloga.

—Si...

—Y, ¿desde que pasó aquello esa relación se rompió? —Beth volvió a asentir afirmativamente a la pregunta de la psicóloga —¿Él te culpa a ti de aquello?

—No —negó rotundamente —. El culpa al Sr. Dixon, el conserje. Él fue quién me ayudó y avisó a mi familia. Me dijo que me sucedía porque yo no sabia porque estaba tan mal y me tranquilizó. Mi hermano culpó a Billy y Jimmy de lo que me ocurrió y ellos decidieron culpar a Sr. Dixon.

—¿Por que piensas eso?

—Bueno, en el partido de Acción de Gracias, el Sr. Dixon fue testigo de como un chico se propasaba conmigo y me defendió... Pues tras el baile sabia que yo había perdido a mis amigos...
—¿Por que el conserje del centro tenía ese conocimiento sobre ti? —preguntó con curiosidad la psicóloga.

—Oh... Pues, porque tras el baile y que me recuperase, mi hermana mayor me trajo a llevarle un pastel para agradecerle la ayuda y le conté que Jimmy no me había llamado y mi familia no quería verme de nuevo con ellos.

—Claro... —asintió el director al escucharla —. Y esa pelea, ¿en que afecta a sus antiguos amigos? Ellos no estuvieron involucrados.

—No, pero fueron testigos y como sabe Director, mis padres invitaron al Sr. Dixon a cenar en fiestas...

—Si, cierto.

—Desde aquello, Billy ha sido muy rudo conmigo respecto a la cercanía que tiene el Sr. Dixon con mi familia, más que Jimmy incluso y buscaba una forma de acusarlo de algo horrible, cuando eso no es cierto.

—¿Pero no es cierto que has visitado la casa del conserje fuera del horario escolar en más de una ocasión?

—Eh... Sí, es cierto —afirmó Beth culpable —. No sé si puede... Pero, el Sr. Dixon tiene unos gatos... Y como mi padre es veterinario, le he ido a llevar medicinas y comida, también me regaló uno pequeño porque les tome cariño. Pero el antiguo conserje también los tenía y no pasaba nada, e iba a verlos. No es un problema, ¿verdad?

—¿El que el conserje tenga mascota? —preguntó confuso el Director, dándose cuenta que aquella era la única cosa que parecía que Beth encontraba mal, y la joven asintió —No, no. Por supuesto que no.

—Por eso iba hasta allí, incluso cuando el conserje trabajaba para ver a los gatos... El Sr. Dixon ha hecho mucho por mi, pero es muy.. muy reservado y no quería molestarle.

—Ya... —asintieron ambos oyentes tras cruzar una mirada.

—¿Y ayer? Los días de ensayo con el coro y el Profesor Nolan nos ha contado que los dos días la última vez que te vio te quedaste a solas con el conserje, una vez el centro quedo vacío.

—¿A solas? Eh... Bueno, el primer día me retrase un poco y... —la mente de Beth se esforzaba por inventar algo que sirviera de coartada —. Lo cierto es que tenía intención de ir a ver a los gatos, pero el hermano del Sr. Dixon esta viviendo con él y me dijo que le molestaría mi visita... Y el otro día, pues fui a recoger un libro a mi taquilla, sé que a otro alumno tal vez no le hubieran dejado, pero él me lo permitió y la verdad es que luego esperé a que cerrase la puerta cuando me iba, para que supiera que ya no quedaba nadie —no sabia si inventar algo sobre el beso o no, y prefirió callar —. Si tengo que ser sincera, el primer día de ensayo, cuando cogía el autobús, Billy y Jimmy me siguieron y se pusieron violentos conmigo, me dijeron que le destrozarían la vida al conserje por haberlos humillado y... me acusaron de estar con él.

—¿Tu familia está enterada de tu cercana relación con este hombre? —preguntó la psicóloga, desconcertando a Beth, pues creía que aquello había quedado claro con toda aquella explicación.

—Sí, sí... Bueno, no creo que sea cercana, él es muy reservado, pero mi familia sabe cuando le veo o he ido a llevar algún regalo que me han dado y le han invitado a casa y a cazar en nuestras tierras. Le aprecian, por todo lo que ha hecho.

—¿Crees que tus antiguos amigos podrían inventar algo para perjudicar al conserje?

—Billy sí, le tiene mucho odio no sé porque... Jimmy es un buen chico, pero se deja influir.
—Bueno, está bien —dijo el Director, dando una palmada en la mesa —. Creo que no hace falta continuar con el interrogatorio.

—¿Cómo se llaman los gatos a los que visitas? —preguntó entonces la psicóloga.
—Candy, Cosa y Bola —contestó sin dudar Beth.

—Está bien, puedes volver a clase.

Sin prisa Beth se levantó de su asiento y salió del despacho, topándose frente a ella con Daryl, al que le sonrió sin vergüenza y saludó con total normalidad, para desconcierto del hombre.
—Dixon, puede pasar —escuchó la voz del Director en el interior del despacho.
Rápidamente el conserje obedeció y cerró la puerta a sus espaldas.

—Dr, Sheppar ya no es necesario que este aquí, puede continuar con su trabajo —indicó el robusto hombre a la mujer que lo acompañaba.

—¿Qué sucede Director? —preguntó intentando disimular su nerviosismo el conserje.
—Pues algo muy serio y complicado, a decir verdad —confesó el hombre pero con un tono comprensivo y nada acusador —. Esta mañana dos alumnos han presentado una acusaciones muy grave contra usted. En la cual afirmaban que tenía un trato ilícito,con una alumna.

—Eso... eso es..

—Falso, lo sé, lo sé —dijo el hombre —. Y yo soy el primero al que esto le repugna, los docentes siempre estamos en el punto de mira, más que ningún otro, nunca pensé que los de su gremio fueran también victimas de este tipo de acusaciones falsas, y no le previne —aquella salida tan tajante del director, asegurando su completa inocencia sin dudar dejo incrédulo a Daryl, que ya se veía preso de camino a la prisión —. Las circunstancias que ha tenido con la señorita Greene han sido muy especiales, yo he sido testigo de ella y le he felicitado el primero por su proceder, pero bien es cierto que vistas desde fuera, más por mentes inmaduras e imaginativas se puede mal interpretar.
—Si, supongo —dijo Daryl.

—Debo aconsejarle se tenga cuidado, intente alejarse lo más posible de la Srta. Greene para no crearse ese tipo de problemas, aunque sé que es alguien querido en su familia, intente reducir todo contacto con ella si no es en el centro o con su familia para evitar éste tipo de problemas.

—Por supuesto.

—Tenga cuidado Dixon, es un buen trabajador, pero los chicos de ahora no son conciertes de las consecuencias de sus actos.

Daryl asintió y se levantó de su asiento dispuesto a irse, aún incrédulo de que no le hubieran despedido. ¿Qué había contado Beth? ¿Por qué ese hombre confiaba en él Eran cosas que su cabeza no dejaba de preguntar.

En secretaria aguardaba la psicóloga aún, que le miró al salir y se aproximó hasta él.
—¿Como se llaman los gatos que tiene en su casa? —preguntó, para desconcierto del conserje, directamente.

—Eh... No tiene nombre, son gatos —dijo sin pensar.

.


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Que la acusación contra Daryl hubiera sido tomada como un completo invento por parte de dos alumnos y que no se hubiera tenido en cuenta, al contrario los hubieran expulsado durante una semana, no evitó que el rumor circulase por los pasillos de instituto, e incluso por el pueblo.

Pero pese a que las mentiras y manipulación de la verdad que había empleado Beth para proteger a Daryl habían funcionado y todos creían la versión de la joven y no la de su ex-novio y el amigo de éste. Su hermano Shawn aún tenía dudas sobre la relación que su hermana mantenía con aquel tipo callado que trabajaba de conserje.

Sus preguntas e indagaciones por el pueblo y entre los conocidos que trabajaban en el instituto le habían hecho saber que al parecer Billy había contado a Jimmy que Beth tenía una relación con el conserje pero éste no le había creído, y ambos amigos se habían peleado, dando como resultado el lamentable aspecto de ambos, pero al ir a comprobarlo habían descubierto a la joven besando al hombre mucho después del cierre de la escuela.

Tras un día de dudas sobre lo que hacer, y recuperarse de las lesiones, habían confesado a sus padres lo ocurrido e ido al instituto a denunciar la situación, pues conocían a Beth para saber que aquel hombre estaba manipulándola y propasándose con ella.

Aquella historia tenía muchas lagunas, como varios habían notado. Pero lo cierto era que los dos chicos estaba heridos. Y pese que les habían propuesto reducirlos el castigo, si confesaban que aquello era falso, no lo habían hecho. En especial Jimmy, que aseguraba haber visto a Beth con el conserje besándose. Y ambas amigas de los chicos le creían sin dudar y seguían defendiendo su versión.

Pero la noticia llegó no sólo hasta oídos de los Greene, sino también de Merle. En cuyo caso sabia más que el resto, e intuía que no había tanto de fantasía en lo que esos chicos, a los que había sido él quién les propinó la paliza, contaban.

—Hoy nos vamos a dar una buena fiesta, hermano —palmeó la espalda de Daryl —. quítate ese mono, nos vamos.

—¿Dónde?

—Lejos de estos jodidos bichos, y por unas gatitas de verdad...

—Pfff...

—Tienes que descargar el rifle —comentó Merle —, y conozco el sitio perfecto.

—Seguro...

—Vamos, coño —insistió —. Acompáñame, aunque para hacerme de niñera y que no acabe jodiéndote esta vida metiéndome en lios.

—Eres un coñazo... Está bien —terminó diciendo —. Pero no te voy a pagar ningún polvo.

—No, hermano, hoy vamos de caza... Como te gusta —dijo Merle palmeándole el hombro de camino a la puerta de la casa.

Ambos hermanos montaron en la ranchera azul de Daryl, que conducía Merle y se alejaron de Mert Country por unas horas. Llegando a un bar de carretera en un desvío de la 85.
En el tiempo que Merle había estado en prisión Daryl no había echado de menos visitar uno de esos tugurios de mala muerte, pero lo cierto era que estar en uno de esos lugares, junto con su hermano, le resultaba tan familiar que se sintió cómodo enseguida, más incluso cuando le sirvieron la primera cerveza.

Cuando la quinta botella de cerveza se había deslizado por su garganta se encontraba tan embotado que era imposible no estar a gusto.

—Hermanito, éstas son Maddie y Lucy —llegó hasta la mesa Merle, con una chica en cada brazo.

Daryl agudizó la vista para mirar sus rostros, pero no era capaz de centrar la mirada.

—Hola... —dijo una de ellas tomando a siento junto a Daryl con una voz sugerente —. ¿Me invitas a una copa.?

—Te pago lo que quieras si vas a pedirme otra cerveza —dijo tendiéndole un billete de veinte.

No era la respuesta que esperaba la chica y su mueca lo dejó claro, aún así tomó el billete y se dirigió a la barra a pedir, regresando unos minutos después.

—Espero que me hayas hecho dar ese paseito para mirarme el culo —dijo directamente al ofrecerle la bebida.

—No te quepa duda, mi hermano es todo un estratega —dijo Merle, tenía sobre sus rodillas la otra chica — Él es el cerebro.

—¿Y tu que eres? —preguntó la chica sentada sobre él con una irritante voz nasal.

—Yo soy el cuerpo, muñeca —declaró Merle y lanzó su boca al cuello de la mujer, que rió escandalosamente.

Al lado de Daryl la otra chica esperaba a que éste dijera o hiciera algo, pero aparte de beber cerveza no realizó más interacciones, aún menos con ella.

—Pues yo creo que ese título debería ser también tuyo —dijo ella con evidente coqueteo acercándose a él.

—Tengo que ir a mear —fue la respuesta de Daryl.

Dando tumbos Daryl se encaminó al baño, y dejó salir toda la cerveza que había bebido en las últimas horas, haciendo sitio para otras tantas, que era su única intención para aquella noche.

Cuando se subió la cremallera de su pantalón sintió un empujón en su espalda, pero antes de poder reaccionar con sus embotados sentidos la cara de su hermano apareció frente a él

—¿Qué coño estás haciendo, Darylina? —le preguntó acorralando a su hermano contra la mohosa pared del servicio —¿Acaso has perdido los huevos desde que me fui? Esa golfa se te está poniendo en bandeja...

—Quita... No me interesa —intentó zafarse del agarre de su hermano.

—Demasiado mayor para ti, ¿eh? —preguntó ladino —Si tienen edad para beber ya no te la ponen dura.

—Aparta, joder —le empujó molesto por lo que insinuaba.

—Olvida a esa chica, no es para ti.

—Quieres dejarme en paz...

—Si no quieres acabar a la sombra, será mejor que te folles a esa y te olvides de la muñeca rubia —le dijo sin un atisbo de burla, Merle le estaba dando un consejo de verdad. Pero rápidamente cambio su tono al acercarse a él antes de abandonar el baño—. Puedes pedirle que te llame Señor Dixon si eso te la pone dura...
Daryl se apartó de su lado, estaba cabreado y su hubiera podido controlar completamente la psicomotricidad de su cuerpo le hubiera dado un puñetazo, pero sus reacciones eran lentas a causa del alcohol y tan sólo se quedó frustrado en los lavabos, unos instantes más.

Salió con paso violento hacia la mesa ocupada por las dos mujeres y su hermano y fue directamente hacia la chica sentada sola.

—Vamos fuera —le dijo sin más.

Algo confusa por su extraño cambio, la chica le miró unos segundos antes de aceptar y le siguió hasta el exterior.

—¿Vamos a tu coche?

—Necesito aire —contestó Daryl, sintiendo como el viento frío le golpeaba la cara despejando sus sentidos.

Con las luces exteriores que alumbraban la fachada del bar, el hombre reparó en la melena rubia que lucía la mujer que caminaba junto a él, larga y ligeramente ondulada aunque algo áspera incluso a la vista.

En silencio se dirigió hasta la ranchera, pero no subió a ella se quedó en un lateral, dejando que la mujer se le acercara sugerente.

—¿Te puedes recoger el pelo? —preguntó pero con un tono severo que parecía más una orden —Hacerte una coleta, alta.

—Claro... Sí —aceptó ella algo confusa, pero usando un coletero de su muñeca obedeció.

Los rasgos hasta el momento difusos de la mujer comenzaron a ser más claros y definidos para Daryl, que se fijó en el marrón del iris de sus pequeños ojos. Sin preguntar le dio le vuelta, colocándola de espaldas a él, de cara a la camioneta y le subió la falda hasta la cintura.

—Eres directo —dijo sorprendida pero no molesta —. Una vez que te decid... Oh...

Daryl la tomó sin reparos ni delicadeza, hundiéndose en ella violentamente, mientras miraba su coleta rubia moverse al ritmo en que la embestía sin ningún cuidado.
Con una mano agarró su cabello y lo acercó a su rostro, sólo su color era familiar para el, pero ni su olor ni su tacto le hacían sentirse bien, con rabia de no ser lo que realmente quería y deseaba intentó no escuchar los jadeos y gemidos excitados de la mujer que tenía delante y centrarse en un visión de grades ojos azules para poder disfrutar realmente de aquello, pese a que sabia que cuando terminase no se sentiría bien.

—Vaya... Ha sido... —comenzó a decir la rubia colocándose la falda una vez que Daryl se apartó —. Muy... muy fuerte, eres un autentico...

—Dile a mi hermano que me largo —fue lo único que le dijo Daryl, subiendo al vehículo y poniéndolo en marcha.

—Oye, pero...

No esperó a que ella terminara de hablar y arrancó alejándose del aparcamiento y dejando a aquella mujer cuyo nombre no recordaba.

Darante todo el trayecto por la oscura y mal iluminada carretera comarcal, Daryl no podía quitarse de la cabeza la imagen de Beth, la de esos imbéciles que un día fueron sus amigos, la inscripción en su taquilla, y las palabras del Director. Todo se mezclaba en unas espiral aderezada por la cerveza y la falta de sueño.

Pero entre toda la confusión que sentía, Daryl tenía clara una cosa; Beth no le dejaría, no se apartaría de su lado.

Aquello le hizo tomar una decisión, simple pero irrevocable.

Una decisión que egoístamente no quería llevar a cabo y que precisamente por eso sabía que debía realizar. Por una vez iba a hacer las cosas bien, iba a lo correcto, aunque lo hiciera como un cobarde y un cretino... porque nunca había dejado de ser un Dixon

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Cuando Daryl despertó con un severo dolor de cabeza a la mañana siguientes Merle aún no había regresado, pero no se preocupó por él ni un instante.

Por suerte era sábado, y aparte de los entrenamientos deportivos de el club de atletismo y algún otro no había movimiento en el instituto, y podía disfrutar plenamente de su resaca sin molestias. Exceptuando a los gatos que le saboteaban su caminar metiéndose entre sus piernas.

Al mediodía, silbando la canción de un anuncio de cereales y con la sonrisa típica de sentirse como un campeón, Merle entró en la casa.

Tan sólo miró a Daryl y le sonrió con autosuficiencia, pero no se molestó en recriminarle su abandono por la noche. No era la primera vez y Merle se lo había hecho el triple de veces.

—Te llamó toro salvaje —dijo divertido —por si lo quieres usar para presumir.

—Te lo cedo, es más tu estilo —dijo su hermano, sin dejar de guardar la escasa ropa que tenía en una mochila.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Merle confuso.

—Recoger, nos largamos —contestó.

Durante unos segundos Merle se quedó callado observando a su hermano, algo confuso, pero viendo su expresión tensa y contenida comprendió lo que sucedía.

—Está bien, este lugar no me gusta. —aceptó de buena gana.

—Voy cargando las cosas... —dijo echando su mochila al hombro.

—Es mejor alejarse de la tentación cuando no se la puede vencer por uno mismo.

Daryl ignoró en comentario y salió a dejar sus escasa pertenencias en la ranchera.

—Termina tú, voy al pueblo, tengo que hacer una llamada...

—¿A ella? —preguntó está vez mostrando su preocupación.

—No, a Rick —contestó Daryl.

—Oh, tu otro amor...

—Cállate —fue lo único que dijo antes de marcharse.

Al quedarse solo, Merle ignoró la petición de su hermano y se sentó en el sillón a beber una cerveza que le aliviase un poco la resaca de la noche pasada. Pero como unos días antes escuchó ruidos en el exterior.

Salió dispuesto a enfrentarse de nuevo a esa pareja de capullos, sorprendiéndose al encontrarse a la joven rubia, que se quedó quieta al verlo.

—Vengo a ver...

—¿A los gatos? —preguntó sarcástico —. Vuelve en un par de horas, muñeca, cuando nos hayamos ido.

—¿Ido? ¿A cazar? —preguntó confusa.

—No, ido de verdad y para siempre.

El pánico y desconcierto fue evidente en los ojos de Beth y sin dudar se dirigió a la casa con paso decidido, pero Merle la frenó, sujetándola con fuerza.

—Esto no es un juego, encanto —le dijo duramente —. Le vas a destrozar la vida a mi hermano si sigues metida en su vida.

—No, no estoy jugando... Yo le...

—Deja que se vaya si te importa, déjale —insistió.

—Pero él —intentó alegar, pero la dura y severa mirada del Merle la superó.

—Aléjate y no vuelvas o serás el peor error de su vida —aseguró Merle, y la empujó hacia el camino —. Vete, vete ahora mismo o te arrepentirás.

—Él me importa, me importa mucho —dijo Beth, pero sin insistir en ir a la casa.

—A mi también, y no me hagas demostrarte cuanto —contestó Merle —. Sería un lástima destrozar una cara tan linda.

Beth no dudó que hablase en serio y se alejó por el camino cabizbaja.

Por algún extraño motivo no comprendió lo que sucedía realmente hasta que se encontró

en la soledad de su dormitorio, acariciando a su pequeño gato y se puso a llorar sin poder evitarlo.

Maggie le preguntó que le sucedía al escucharla, pero no pudo explicarse ni decir una sola palabra a causa del llanto.

Cuando el lunes por la mañana llegó al instituto, pese a que llegaría tarde a la primera clase se dirigió a la casa al fondo del patio. Estaba vacía.

Recorrió la fachada sintiendo un punzante y cada vez más intenso dolor en el pecho. Y como cada vez que acudía allí intentó entrar por la ventana de la cocina, con la esperanza de encontrar algo en el interior de la casa o tan solo para recordar lo vivido allí. Pero en esta ocasión estaba perfectamente cerrada.

Sin embargo, en el alfeizar, tras una maceta llena de tierra pero sin planta, había un sobre con la palabra CANDY.

Sabía que era para ella, que era de Daryl y que si había puesto ese nombre era para que nadie más lo entendiera o la comprometiera a ella.

Nerviosamente tomó la nota y tras abrir el sobre la leyó con manos temblorosas.

Según leía las lágrimas caían sin remedio a la nota y al terminar de leer Beth se derrumbó sobre el suelo de tierra completamente destrozada.

No me arrepiento, no lo hago.

Me llevo todo lo que me recuerda a ti.

Siento no haberte dicho que soy un cretino y lo descubras así.

Eres la persona más fuerte que conozco, pero tan ilusa que no ves que soy un error para ti.

Mereces una buena vida.

No eres para mi.

D.D

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Soy completamente consciente de que la mayoría me queréis lanzar un objeto contundente y más aun os estási acordando de mis familiares vivo y difuntos y no de manera muy agradable.

Siempre he dicho que con este fanfic quería hacer algo diferente a lo que está publicado en el fandom, y no solo por el Universo alternativo. Y siendo los personajes como son o eran, en especial Daryl, creo que su hida, salida, abandono o como lo queráis llamar no es para nada algo fuera del personaje.

Recuerdo que la historia no esta terminada, aún queda el epílogo.

Y quiero agradecer a Leatherface su crítica en el cap anterior, me hizo ver errores y modificar este para que se entienda mejor todo, en especial la postura de Daryl.

También quiero informar a todos los lectores que estoy sorteando una foto de Michonne firmada por la Actriz que la da vida Danai Gurira, en mi perfil de Facebook, Hotarubi86

Aunque ahora sé que me odiáis, os quiero dar las gracias como siempre por leer!