Un agradable calidez la rodeaba, pero Emma se despierta con la sensación de que no puede moverse, de que no puede respirar, algo la tiene atrapada. Abre los ojos, poco a poco, acostumbrándose a la penumbra de la habitación a penas iluminada por la claridad que atraviesa las gruesas cortinas que impiden que un sol, que ya debe estar bien alto en el cielo, derrame sus rayos a través de la ventana.
Una vez acostumbrada a la poca luz Emma puede distinguir la causa tanto de la sensación de que no puede respirar como de la calidez. Tiene a Regina tumbada prácticamente sobre ella. Su cabeza reposa sobre su pecho muy cerca de su cuello rozándola con sus labios, sus brazos la aferran fuertemente por la cintura y puede ver las piernas de ambas en un extraño revoltijo tan entrelazado que si no fuese por la diferencia del tono de piel sería complicado diferenciar las de cada una.
Emma era incapaz de moverse, poco a poco volvían a su cabeza imágenes de la noche anterior y un ligero rubor coloreaba sus mejillas al recordar la manera de la que le había hecho el amor, si a eso se le podía llamar hacer el amor, mas bien había sido un traslado de su guerra personal con Regina a una cama. Un enfrentamiento como los de siempre, pero esta vez con sexo de por medio, en el que todo valía, suaves caricias sustituidas por descuidados arañazos, besos delicados por bruscos mordiscos y en vez de usar la lengua para insultar hacerlo para calmar sus pieles. Cualquier cosa para satisfacer la propia excitación a través de los gemidos de la otra. No fue en ningún momento dulce ni bonito. Salvaje sería la palabra más adecuada para describirlo.
No sería capaz de decir cuanto tiempo estuvieron inmersas en su batalla particular ni cuantos orgasmos les proporcionó esa lucha, ni tan siquiera podía recordar el momento en el que cayeron exhaustas sobre la cama para quedar profundamente dormidas.
Emma no sabía que hacer, no sabía si marcharse sin decir nada o quedarse hasta que Regina despertase. Después de un rato pensándolo sintió, más que escuchó, a Regina suspirar en sueños y fue cuando decidió quedarse haciéndose la dormida hasta que la morena despertase puesto que parecía tener un sueño muy ligero y tenia miedo de que despertara y la encontrara huyendo mientras ella dormía, eso podía ser terrible y la rubia no quería se reducida a cenizas, era joven y apreciaba su vida. Además, ¿dónde demonios estaba su ropa?.
Regina despertando poco a poco, regresando de su estado de inconsciencia, inspirando profundamente le llegó el suave y embriagador aroma a vainilla. Aún debía estar soñando y no quería despertar, se estaba tan agustito allí tirada, calentita y abrazada... "Un momento..." todo el cuerpo de Regina se tensó de repente, esto no era un sueño. Ella realmente estaba abrazada a alguien, aunque quizás fuera más preciso decir que estaba enredada en alguien. Tan sólo moviendo sus ojos miró alrededor alcanzó a ver el mechón de pelo rubio que caía justo al lado de su cara. "Emma". Todo lo ocurrido la noche anterior le vino de golpe. "Dios, qué había hecho?..." en un primer momento no supo como reaccionar pero al parecer Emma seguía dormida lo cual le daba algo de tiempo para pensar. O eso creía ella.
De pronto la tierra comenzó a temblar. Ninguna de las dos tuvo ya oportunidad de pensar en cómo reaccionar o comportarse. La tierra rugía fuertemente y parecía que se quería tragar la ciudad entera. Los cuadros que adornaban la habitación blanca cayeron al suelo y las lámparas de las mesitas de noche se hicieron rápidamente añicos al estrellarse contra el suelo.
Regina fue la primera en reaccionar pues se levantó pegando un salto de la cama, pero fue incapaz de hacer nada más así que se volvió hacia Emma que ya estaba incorporada en la cama cubriendo un poco su desnudez con la sábana que descansaba a sus pies. Al verla, Regina miró hacia abajo recordando que también estaba desnuda. Pero no había tiempo de ruborizarse, otro fuerte estremecimiento se sumó al temblor, que ya daba sus últimos coletazos, haciendo que volviese con más fuerza. Regina hizo un simple gesto con su mano y ya estaba impecablemente vestida.
- Vamos, muévase Señorita Swan, hay que salir de aquí. - Dijo la morena mientras se dirigía a la puerta.
- Pero... ¡Regina! - Emma habló con algo de confusión en la voz y Regina se paró justo en la entrada del dormitorio y se volvió para mirarla.
- ¿Algún problema Señorita Swan? - Dijo mirando a la rubia que estaba parada al lado de la cama con la sábana cubriéndole más o menos el cuerpo.
- Yo... yo... ¡Estoy desnuda! - Le contestó Emma exasperada. El temblor había cesado y de la calle empezaba a llegar el sonido de ambulancias y bomberos.
- Sigo si ver el problema... – Replicó Regina a media voz mientras alzaba una ceja y reprimía una sonrisa.
- Regina! – exclamó Emma a medio camino entre el enfado y el reproche – ¡Haz algo!
- Está bien, está bien. Quitate la sábana. – Emma entrecerró los ojos – Vamos, si no te la quitas no te puedo vestir. - Una pequeña sonrisa irónica aunque traviesa se dibujó en su rostro al mas puro estilo "Evil Queen" mientras Emma dejaba caer la sábana con resignación. Pero en el instante en el que la sábana cayó al suelo a Regina se le borró la sonrisa.
Se quedó unos segundos mas de la cuenta observando a la rubia mientras elevaba su mano para lanzar el hechizo. Emma se dio cuenta del cambio repentino de Regina al instante, sus pupilas se habían dilatado y se lamía los labios inconscientemente. Justo cuando iba a preguntarle si iba a vestirla o se iba a quedar mirándola mucho mas tiempo, sintió como la ropa cubría su cuerpo y Regina volvía a la normalidad.
- Vamos – dijo Regina recuperando el control – Hay que encontrar a Henry.
La rubia asintió y siguió a la bruja hasta el garaje, y una vez allí se montó en el mercedes sin decir ni una palabra. Regina tampoco hizo ningún comentario sobre la desfachatez de la sheriff al montarse en su coche sin permiso puesto que sabía de sobra que Emma había ido andando a su casa la noche anterior, andando y muy borracha, todo hay que decirlo, y si sacaba el tema la conversación derivaría inevitablemente en lo que pasó tras la llegada de Emma y ella aún no había decidido una actitud al respecto.
Conforme fueron avanzando pudieron ver los destrozos que había causado el terremoto. Afortunadamente la mansión de Regina no había sufrido daño alguno. Sin embargo grandes grietas se habían abierto en la carretera dificultando en gran medida la circulación y arboles derrumbados impedían el transito por las aceras e incluso habían caído sobre algún tejado. Pasaron por la plaza y el ayuntamiento parecía intacto, aunque la fuente central no había corrido la misma suerte, se podría decir que la tierra se la había tragado literalmente, de la gran fuente y sus estatuas de piedra tan sólo quedaban escombros y un gran agujero en el suelo.
- Quizá deberíamos seguir andando, no parece que el suelo sea seguro puede ser pelig... – no llegó a terminar la frase. Regina había detenido el coche, pero no precisamente por la sugerencia de Emma, sino porque era imposible seguir avanzando, una gran acumulación de gente se lo impedía. Desde dentro del coche se podían ver también las luces de un coche de bomberos. Salieron del auto rápidamente, a parte de para ver mejor lo que ocurría, ellas eran la alcaldesa y la sheriff , y si algo pasaba ellas ya deberían saberlo.
Lo que vieron al acercarse las dejó heladas. La comisaría había desaparecido, de ella tan sólo quedaban escombros. Emma no sabía como sentirse, ella debería haber estado allí, debería quedado aplastada por ese amasijo de hierro y hormigón. Se volvió hacia Regina que continuaba a su lado mirándola con unos profundos ojos marrones muy abiertos.
Regina enseguida apartó la mirada, se sentía confundida, en el momento en el que vio la comisaría en ese estado podría jurar que su corazón se saltó un latido. "Emma podría haber estado ahí...". No entendía muy bien por qué le preocupaba de pronto la insufrible sheriff, si la rubia desaparecía de su vida tanto mejor para ella, no? Además, Emma estaba bien, nada le había sucedido, en el momento en el que la estación de policía se vino abajo estaba a salvo... Con ella... En su cama... Y así, de buenas a primeras volvía a tener todos esos recuerdos en su cabeza otra vez. "Dios, que difícil se está volviendo todo, ¿cómo se ha podido complicar de esa manera?" Joder, qué había hecho...
Perdida en sus pensamientos como estaba, vio como Emma le dijo algo que no llegó a escuchar, pero vio como se alejaba para luego volverse y asegurarse de que la seguía, pero como no era así habló de nuevo y esta vez Regina oyó un claro "Venga, acerquémonos más", y se fue tras la sheriff.
Emma consiguió abrirse paso entre la multitud con Regina pisándole los talones hasta llegar al pie de los escombros ya rodeados por una cinta policial. Eso sin duda habría sido obra de Ruby, ya que solía trabajar de ayudante del sheriff en algunas ocasiones, y al no poder contactar con Emma se había puesto manos a la obra.
La imagen que vio a continuación la dejó claramente conmocionada. Snow se encontraba abrazada y agachada junto a Henry y ambos lloraban profusamente. Por otro lado James gritaba, sucio y desesperado, mientras intentaba apartar escombros hasta que un par de bomberos lo arrastraron algo más lejos junto a su mujer por su propia seguridad.
Al ver a sus padres y su hijo de ese modo, Emma se acercó rápidamente a ellos. Henry, por debajo de uno de los brazos de Snow, fue el primero en verla.
- ¿Emma? – Henry no se creía que de verdad fuese su madre – ¡Emma!¡Es Emma! – Henry gritaba como loco mientras se intentaba separar de sus abuelos que lo tenían prácticamente encerrado y aplastado entre ellos.
Al escuchar esto Snow se separó con los ojos buscando como locos hasta localizar a Emma. El niño ya había salido corriendo hasta estrellarse contra el cuerpo de la sheriff y abrazándola fuertemente, detrás llegaron igualmente Snow y Charming con la intención de abrazarla y seguramente no soltarla nunca jamás.
Todo el mundo les observaba y Emma comenzaba a agobiarse y a sentirse incomoda, por lo que intentó separarse de ellos delicadamente. Ellos parecían reticentes a alejarse de ella, pero aún así le concedieron algo de espacio vital. Snow fue la primera en hablar.
- Dioses Emma, creímos que estabas ahí dentro, creímos que estabas... – No pudo terminar la frase un sollozo acudió a su garganta impidiéndoselo.
- Tranquilos estoy bien, ¿veis? Ni un solo rasguño – Les ofreció su mejor sonrisa aunque algo vacilante. Su mente se turbó al recordar que, de hecho, y por lo que ella podía recordar de la pasada noche, eso no era totalmente cierto, tan sólo con el golpe que se dio en la espalda contra la puerta debía de tener un moratón enorme y teniendo en cuenta que no fueron nada delicadas la una con la otra su piel debe ser todo un poema, toda llena de marcas. Un leve sonrojo apareció en sus mejillas.
- Pero Emma, te estuvimos llamando no contestabas al móvil, no dabas señales de vida, ¿dónde estabas? – James la miraba con ojos recriminatorios y aunque hablaba suavemente se podía distinguir algo de enfado en su voz.
- Yo... Lo siento de veras, debí dejarme el teléfono en algún lugar – Emma se sentía mal por haber lastimado en cierta manera a su familia.
- Entonces – Henry intervino – ¿dónde estabas?
Emma no sabía que contestar pero cuando comenzó a balbucear un respuesta, Henry se percató de la presencia de su otra madre detrás de la rubia.
- ¿Qué hace ella aquí? – La morena abrió mucho los ojos mirando fijamente a Emma como si temiese que esta dijese la verdad.
- Pues Regina... O sea que yo... A ver, nosotras... – Empezó Emma
- ¿Habéis venido juntas? – Henry la interrumpió y entrecerrando los ojos preguntó – ¿Por qué?
Emma no sabía que decir así que optó por contar una verdad algo adulterada.
- Porque estaba en su casa – Todos se quedaron mirando muy extrañados esperando una explicación a eso, inclusive Regina. Emma podía notar los ojos de Regina fijos en ella intentando prenderle fuego con la mirada. "¿Podría hacer eso?, bueno no lo sé, pero seguro que con un movimiento simple de sus dedos saldría ardiendo. Al fin y al cabo ya lo había hecho una vez, o al menos había creído hacerlo." Reprimió una sonrisa frunciendo los labios al recordar su peculiar noche y prosiguió con su inocente explicación. - Esta mañana me levanté más temprano de la cuenta y para no despertaros me fui directamente a la comisaría, aunque claro, después de estar algo así como una hora aburrida y sin nada mejor que hacer decidí ir a casa de Regina y, bueno – hizo una pausa dramática – ella ha aceptado enseñarme a usar mi magia.
Regina no se podía creer lo que acababa de salir de la boca de esa estúpida rubia, justo cuando iba a replicarle algo su hijo se le adelantó.
- ¿De verdad harías eso? – Henry la miraba con los ojos muy abiertos, la ilusión crecía en ellos y una creciente sonrisa se iba haciendo evidente en su rostro.
- Yo – Regina miraba a su hijo, se le veía tan ilusionado, no podía decepcionarlo – Si, bueno podríamos intentarlo.
La sonrisa de Henry se hizo aún más grande. Emma estaba disfrutando ese momento, había aprovechado la situación en su propio beneficio, sabía que Regina no se negaría, principalmente por dos motivos, en primer lugar no querría decepcionar a Henry, y en segundo lugar no se atrevería a desmentir su historia y arriesgarse a que alguien indagase un poco más y descubriera lo que realmente ocurrió. En ese momento la rubia lucía una sonrisa triunfal en el rostro a pesar de la mirada asesina de Regina.
