- Bueno, eso está... bien, supongo. – Dijo James no muy convencido.

Se quedaron todos mirándose unos a otros sin saber muy bien que decir, creando un silencio bastante incómodo. Por suerte Henry siempre sabía como salir de esas situaciones.

- Tengo hambre, ¿podríamos ir a Granny's a tomar un helado o un batido? – Henry miraba a los adultos que lo rodeaban con una expresión de pura inocencia.

- Pues, si el restaurante no ha sufrido daños, creo que podríamos ir, ¿no? – Apoyó Emma mirando a sus padres esperando su aprobación, ignorando totalmente a Regina.

A un lado de la conversación la morena miraba incrédula como los Charmings asentían y comenzaban a caminar. Cuando empezaban a alejarse Regina salió de su aturdimiento.

- Em... – Comenzó, pero se paró de inmediato aclarándose la garganta – Señorita Swan – La llamó con un tono tan gélido que podría helar hasta el volcán mas ardiente.

Emma se volvió sobresaltada, un poco avergonzada en realidad por ignorarla tan deliberadamente.

- Señorita Swan, no imaginaba hasta que punto llegaba su irresponsabilidad – La voz de Regina era puro veneno – Es usted la sheriff, mire el estado en el que se encuentra la ciudad, ¿de verdad pensaba irse a tomar un chocolate caliente con nata y canela espolvoreada? Por el amor de dios, ¡haga su trabajo por una vez! – Emma iba a cuestionarle que cómo sabía como tomaba ella el chocolate, pero se contuvo, no estaba segura de si Regina le daba más miedo como Reina Malvada o como su jefa y alcaldesa.

Estaba enfadada, se podía notar a leguas, pero ella sabía que no era por eludir sus obligaciones como sheriff, sino más bien por obligarla a aceptar enseñarle magia.

Henry iba a protestar pero Emma se le adelantó al ver la intención de su hijo.

- Creo que tiene razón Henry, tengo obligaciones – Lo miró seriamente pero al instante le regaló una sonrisa – Id vosotros tres, necesitáis relajaros un rato.

La miraron con el ceño fruncido, no querían dejarla ir, pero entendían que ella era la sheriff y debía actuar en consecuencia aún más en estas circunstancias. Emma se volvió hacia Regina en cuanto sus padres se hubieron marchado.

- Bien, ¿y dónde se supone que voy a trabajar ahora?

Regina pareció dudar por un momento pero el lugar más obvio estaba claro.

- En el ayuntamiento por supuesto – Dicho esto se giró dejando a Emma allí plantada.

- Por supuesto – Repitió la sheriff mientras observaba como la morena se alejaba y tras unos instantes dubitativa, salió con paso apresurado al encuentro de la imponente alcaldesa.

Regina ni siquiera se molestó en ir hasta su coche, sabía que era inútil a parte de que el ayuntamiento estaba a apenas cinco minutos de la comisaria . Podía oír los pasos de la sheriff detrás suyo y sólo deseaba llegar cuanto antes a su despacho para enfrentarse a ella. Hacerlo en mitad de la calle no resultaría conveniente.

Cuando llegaron a la escalera principal del edificio de mármol, Emma estaba bastante intranquila. Sabía que la alcaldesa se había controlado enormemente para no fulminarla en el acto momentos antes, pero no estaba muy segura de como reaccionaría cuando estuvieran a solas. En realidad estaba segura de que la morena ya imaginaba algún plan para matarla y que pareciese un accidente.

Una vez entraron en el edificio Regina se dirigió directamente hacia su oficina y Emma la siguió por instinto, ya que aún no le había dicho donde tendría que trabajar. La mesa de la secretaria de Regina estaba vacía, cosa que era obvia, tras el terremoto todos habían salido en busca de sus familias, al igual que el resto de los trabajadores del ayuntamiento.

Atravesaron la doble puerta blanca y Regina se adelantó a dejar su bolso y su chaqueta sobre el escritorio de madera negra y brillante que había al fondo de la gran habitación justo en frente de la puerta. Emma cerró la puerta tras de sí pero no se movió de allí, se quedó observando a Regina, esta estaba parada junto al escritorio de espaldas a ella y podía ver como se agarraba fuertemente al borde de este.

La rubia no sabía si decir algo o no, pero en ese momento la mano derecha de Regina se elevó y una bola de fuego comenzó a formarse sobre su palma.

Emma abrió tanto los ojos que casi se le salen de sus órbitas, la bola de fuego cada vez se hacía más grande. Ninguna de las dos decía nada, Regina no parecía tener intención de moverse y Emma se podría decir que era incapaz de hacerlo. "Ya está, se acabó, ahora se dará la vuelta y con un rápido gesto de su muñeca todo habrá acabado para mi. Sólo espero que sea rápido." Los pensamientos atosigaban la mente de la sheriff, no podía pensar con la claridad suficiente como para decidir que lo mejor sería salir de allí.

Regina estaba fuertemente agarrada a su escritorio, los nudillos blancos de su mano izquierda eran una clara muestra de ello, y hacía un gran esfuerzo por controlar sus emociones y no hacer explotar la habitación entera.

La causa de todos sus problemas se encontraba a su espalda a apenas cinco o seis metros de ella y eso sólo hacía que se alterase aún más y la bola de fuego que sostenía sobre su mano se hiciese más y más grande. No podía matar a esa insufrible rubia, Henry jamás se lo perdonaría, pero quería hacerla sufrir, quería hacerla gritar. Cuando toda su frustración alcanzó su máximo, no pudo mas que lanzar la gran llamarada que sostenía hacia el gran espejo que se encontraba a su izquierda.

Emma vio como el espejo se tragaba todo ese fuego sin sufrir daño alguno, pero aún así ella se quedó sin una sola gota de aire en sus pulmones y creyó estar apunto de desmayarse. Regina se volvió y camino rápidamente hasta ella y agarrándola de la chaqueta la empujó fuertemente contra la puerta.

Al notar el golpe Emma reaccionó tomando una gran bocanada de aire y componiendo una mueca, pero si soltar ningún sonido. Eso no gustó para nada a Regina. Cuando abrió los ojos se encontró con Regina a unos centímetros de su rostro mirando fijamente sus ojos. Los ojos marrones brillaban intensamente y los labios, rojos como la sangre, entreabiertos dejaban salir un aliento entrecortado. Viendo que la morena no decía ni hacía nada Emma decidió hablar mientras conseguía separarse un poco de la puerta.

- Regina, ¿qué demonios estás hac...

- ¡CALLATE! – Antes de que Emma pudiese terminar su frase, Regina la volvió a empujar contra la puerta y esta vez si que se le escapó un grito de dolor que no pudo controlar.

- Te duele, eh? – Preguntó con una sonrisa tan malvada y perversa que hizo a Emma estremecerse.

Estaban tan cerca que sus labios se rozaban al pronunciar ciertas palabras y sentían como suyo el aliento de la otra.

- Pues óyeme bien lo que te digo, más te va a doler – Y acto seguido le mordió la boca con furia y Emma volvió a gritar.

Si, oír los gritos de Emma, era lo que Regina deseaba. Se separó un instante para respirar y de nuevo fue a morderle, sólo que esta vez fue un poco más suave, más parecido a un beso. Y de nuevo Emma volvió a gritar aunque esta vez se quedó a medio camino entre grito y gemido. En ese instante Regina decidió que lo que necesitaba era arrancarle más sonidos como ese.

Emma se sentía confusa, no entendía lo que la alcaldesa pretendía, no hacía ni tres horas que había despertado enredada en ella después de toda una noche haciendo el amor, bueno, amor no, dejemoslo en sexo, y diez minutos antes estaba segura de que iba a morir a manos de la misma mujer que en estos instantes le devoraba la boca y recorría con sus manos cada esquina de su cuerpo. No lo entendía y por eso sólo se dejó llevar respondiéndole a los salvajes besos.

Si la mente de Emma era un caos, la de Regina debía haberse dividido creando personalidad múltiple o algo. Por un lado notaba como todo ese odio por Emma le quemaba por dentro, pero por otro lado creía que si no sentía el cuerpo de la rubia totalmente pegado al suyo se moriría.

Nada de lo que Regina hacía o decía tenia sentido, cada vez que se separaba de Emma para tomar aire sujetaba su cara con ambas manos y le decía cosas como "te odio Emma, te odio" para un segundo después besarla de nuevo pegando sus cuerpos como si su vida dependiera de ello.

La morena ya hacía rato que había colado sus manos por debajo de la camiseta de la sheriff y ahora harta de que supusiese un impedimento para el contacto directo de su piel, se dispuso a sacársela mientras desabrochaba el botón de sus jeans y se disponía a meter su mano en ellos.

Pero justo en ese momento un ruido al otro lado de la puerta hizo que se separaran rápidamente y se pararan a escuchar.

- Dios, como pesan estas malditas cajas – La voz de James sonaba amortiguada, aún estaba lejos.

Ambas se quedaron mirando fijamente a la otra hasta que consiguieron reaccionar y comenzaron a caminar hacia lados opuestos mientras se arreglaban las ropas y el cabello apresuradamente.

- Vamos Charming, que no es para tanto – Esta vez la voz fue la de Ruby y sonó prácticamente detrás de la misma puerta.

Justo cuando el pomo de la puerta giraba, Regina de pie junto a su mesa se vio reflejada en el espejo contemplando como su pintalabios se había extendido por todo el alrededor de su boca. Cuando sintió que la puerta comenzaba a abrirse giró sobre sí misma quedando de espaldas a esta mientras intentaba limpiarse desesperadamente el rostro de carmín.

- ¡Emma! – Oyó como James llamaba a su hija en tono suplicante.

Emma se había sentado en el pequeño sofá que tenía al otro lado del despacho. Se levantó como un resorte cuando su padre la llamó y acercándose a él agarró una de las dos cajas que llevaba el hombre. Las cajas eran realmente pesadas por lo que giró para mirar a Ruby que sostenía tres sin ningún esfuerzo aparente.

- Ruby, ¿cómo demonios...? – Se interrumpió a ella misma al ver la sonrisa de suficiencia de la chica y puso los ojos en blanco – Oh si, ya, superpoderes de lobo.

La camarera soltó una risotada mientras caminaba tras padre e hija hasta un rincón del despacho donde dejaron las cajas. Regina, que ya había recuperado la compostura frunció el ceño al ver las confianzas que se estaban tomando en su propio despacho.

- Eh, vosotros dos – Los increpó la morena – ¿Qué se supone que hacen trayendo aquí todas esas cajas?

- Es lo que he podido recuperar de entre los escombros de la comisaría – respondió la loba que al ver la ceja elevada de la alcaldesa continuó explicándose – El piso de arriba está completamente inundado, debe haberse roto una tubería, y a parte de la gran sala de reuniones y la pequeña habitación donde hemos guardado todo el mobiliario de arriba, lo único que quedaba era tu despacho – Terminó con un encogimiento de hombros.

- Supusimos que como le ibas a enseñar magia a Emma y eso, no te supondría una molestia trabajar con ella durante un tiempo – Añadió James.

- Ya, claro – Regina suspiró mientras miraba de reojo a Emma.

La rubia ni si quiera era capaz de mirar hacia Regina. La situación empezaba a volverse incómoda cuando Charming decidió romper el silencio.

- Por cierto, alguna de... Eh, ¿qué te ha pasado? - Al acercarse a su hija pudo comprobar como sus labios estaban muy rojizos e hinchados – Emma estás sangrando.

- ¿Qué? – La sheriff pasó su lengua por los labios y pudo notar el sabor metálico de la sangre. ¿Qué le decía ahora? No podía simplemente decirle que Regina en un ataque de locura casi la mata a mordiscos – Oh esto, es que verás... – Realmente no se le ocurría nada así que dirigió su mirada hasta la morena que observaba en la distancia apoyada en el respaldo de una de las sillas intentando no entrar en pánico.

Al ver los ojos de Emma, Regina intervino en su ayuda.

- Ha tenido un pequeño accidente – Todos se volvieron hacia ella incluida la propia Emma – Tropezó con uno de los escombros de la fuente de la plaza cuando caminábamos hasta aquí y cayó de boca. No es para tanto, parece más de lo que en realidad es – Dijo quitándole importancia con un gesto de su mano.

- Mira que puedes llegar a ser torpe, rubia – Le soltó Ruby y Emma suspiraba ahora mas relajada.

- Bueno, ¿qué era eso que ibas a decir, David? – Le preguntó rápidamente para cambiar de tema lo antes posible.

- Iba a deciros que Ruby y yo debemos seguir ayudando en los derrumbamientos y Snow tiene que ir a la escuela para organizar allí a los refugiados, por lo tanto una de vosotras debe ir a por Henry y quedarse con él – Dicho esto salió de la sala haciéndole un gesto a Ruby con la cabeza para que le siguiera.

Pero una vez que James estuvo lo suficientemente lejos, la loba se paró en la puerta y se volvió a mirarlas con una mirada divertida y una sonrisa maliciosa intentando reprimir la risa.

- En fin, yo ya me voy. Ya pueden continuar con... - Hizo una pausa en la que se alzó su ceja y se acentuó su sonrisa – con lo que quiera que anduvieran haciendo – Acto seguido salió cerrando la puerta tras ella y soltando la carcajada que tanto tiempo llevaba aguantándose.

- ¿Qué es tan gracioso? – Se oyó a James preguntar cada vez más lejos.

- Nada, nada, cosas de lobos – Le contestó Ruby y continuo alejándose entre risas.

Emma se había quedado mirando la puerta, se sentía incapaz de hacer ningún movimiento.

- ¿Tú crees que... nos ha... Crees que nos ha oído? - Preguntó Emma muy confusa con un hilo de voz.

- Nos ha olido... – La contestación de Regina fue apenas un susurro. Emma se volteó hacia ella y pudo verla con la mirada perdida en la puerta como segundos antes había estado ella misma.

- ¿Qué hacemos con Henry? – La pregunta de Emma sacó a la morena de su ensimismamiento.

- No se preocupe señorita Swan, yo iré a recogerlo y nos iremos a casa, tú ya tienes bastante trabajo, ¿no crees querida? – Otra vez el tuteo que iba y venia, la sonrisa malvada, la ironía y el tono gélido de su voz. No había quien la entendiera.

Emma bufó por lo bajo y frunció el ceño mientras veía a la alcaldesa recoger sus cosas para salir de allí. Regina agarró su bolso y se dirigió a la puerta pasando antes muy cerca de la sheriff rozándola descaradamente y parándose junto a ella el tiempo justo para decirle algo en lo que llevaba pensando desde que la vistió esa misma mañana.

- Por cierto señorita Swan, debería acostumbrarse a usar ropa interior, o cualquiera podría pensar cosas que no son de la Salvadora Buena Buenísima – Dicho esto se alejó moviendo sus caderas con una sonrisa de suficiencia pintada en la cara y dejando a Emma sin palabras, boquiabierta, asombrada por el descaro de Regina y totalmente colorada por las cosas que le dijo. Já! Por fin le había devuelto la del bar.


Hola, en primer lugar quería agradecer a todos los que leen este fic y a los que comentaron, me hace muy feliz que les guste.

Y en segundo lugar quiero decir que esta historia está abierta a cambios por lo que si les gustara que añadiese algo o cualquier cosa preguntenme. :D

P.D. : Me gustaría que comentasen para saber si les gustó el capitulo ^-^

Besos.

S.