Emma se encontraba tumbada en su cama abrazando una almohada completamente inmóvil y con la mirada perdida. Ni si quiera había cenado, de hecho a penas si había comido en todo el día. Se sentía realmente cansada, tanto, que se le hacia imposible dormir, y para colmo por su cabeza no dejaban de vagar los recuerdos del que seguramente había sido el día más raro de toda su vida. Y eso ya era decir mucho porque su vida había sido bastante movidita, por decirlo de una manera suave.
Al última hora de la tarde, tarde que se había pasado como loca de un lado para otro intentando conseguir información sobre las posibles causas de un terremoto que había sido a todas luces antinatural, los enanos habían sido rescatados de las minas donde habían quedado atrapados. Snow fue la primera en echarlos en falta puesto que no habían presentado su ayuda en el puesto de voluntarios y eso en ellos era más que extraño.
Nada más sacarlos a todos, Gruñón había querido ir a hablar con Emma a decirle que ellos sabían por qué había ocurrido el terremoto, pero Snow consideró, y Emma daba gracias por ello, que debían esperar a la mañana siguiente para reunir al consejo en el ayuntamiento y aclarar el tema con todos presentes.
Emma se reconocía a sí misma que había quedado bastante intrigada, pero sinceramente en esos momentos le preocupaban más otros asuntos. Otros asuntos con nombre y apellido. Otros asuntos llamados Regina Mills.
Cada vez que su nombre resonaba en su cabeza un incontrolable escalofrío le recorría la espalda. Todo aquello que había sucedido en las últimas veinticuatro horas no tenía ni pies ni cabeza. Había tenido sexo con Regina, eso estaba claro. Y mal, eso estaba mal por más de un millar de razones y la primera de todas era que ellas dos eran enemigas naturales, se odiaban a más no poder y así era como debían ser las cosas. Porque deben ser así, ¿no? Es decir, Reina Malvada crea maldición – Salvadora rompe maldición – Reina quiere matar Salvadora. No hay más, esto es así. Sin ninguna duda Regina debía odiarla pero, ¿y ella? ¿odiaba ella a Regina?
Con un fuerte suspiro comenzó a recordar la noche anterior por enésima vez. Podía recordar como había llegado hasta allí muy borracha, como habían discutido y como Regina la había golpeado contra la puerta. Pero realmente fue ella quien empezó en beso, ¿y si Regina tan sólo se hubiese dejado llevar por un arrebato? No, eso no tenía sentido, sino a qué vino la actitud de la morena a la mañana siguiente? Mientras una Emma muy desnuda le pedía que la vistiera, Regina no hacía más que mirarla con hambre, como si la quisiese comer... otra vez. ¿Y a cuento de qué se olvidaba convenientemente de convocar ropa interior mientras la vestía mágicamente? A Emma aún se le coloreaban las mejillas de rojo intenso al recordar el último comentario que le hizo la alcaldesa antes de marcharse de su despacho. Ella con todo el jaleo ni si quiera de había dado cuenta del detalle, pero aún así lo tenía claro, se la pensaba devolver.
A pesar de todo eso y sin duda alguna, lo que más confundida tenía a Emma era la situación con Regina antes de ser interrumpidos por James y Ruby. La actitud de la morena fue, cuanto menos, extraña. Al principio parecía querer asesinarla con sus propias manos pero cuando la tuvo contra la puerta (no terminaba de entender como acababa siempre golpeada contra una puerta) parecía, por los mordiscos y las caricias posesivas y nada amables, que quisiera hacerla de su propiedad.
La mente de Emma ya comenzaba a vagar entre el sueño y la vigilia. Regina la odiaba, lo pudo oír en esos momentos de su propia boca pero una parte de ella sabía que Regina la quería para ella misma. Su respiración se fue haciendo pausa y constante. Suena bien, ser de Regina. Y con este último pensamiento se abandonó a un profundo sueño.
Cayó tan rendida que no se percató la suave vibración de su teléfono recibiendo un mensaje sobre su mesita de noche.
Regina se dejó caer en la cama suspirando mientras miraba al techo. Que día más... loco, no se pensaba tomar ni un solo minuto en recordar lo pasado, lo ocurrido con Emma había sido sólo eso, una locura. Una locura en la que no volvería a pensar y que no volvería a ocurrir. Estaba agotada, dolorida y, teniendo en cuenta que la noche anterior no durmió prácticamente nada, muerta de sueño. Parte del cansancio se debía a que, nada más recoger a Henry y llegar a casa, se había puesto a limpiar la mansión entera de arriba a abajo dejándola impoluta con tal de mantener la mente en blanco, todo para no tener que pensar en Emma.
Pero ahora en el silencio de la noche y la quietud de su dormitorio a Regina se le estaba haciendo difícil no pensar en cierta rubia insufrible. Y lo peor de todo esa que, a parte de no poder pasar de ella por haberse comprometido delante de Henry a ayudarle a controlar su estúpida magia, la tendría cada día trabajando en su propia oficina.
Tenía que buscarle una rápida solución a la situación lo antes posible, si era necesario ella misma iría local por local hasta encontrar un lugar adecuado para establecer la comisaría. Y en cuanto al asunto de la magia también era preciso resolverlo cuanto antes. Confiaba en que a la sheriff se le diese bien aprender para poder acabar con todo eso rápidamente, así estiró su mano hasta la mesita de noche dónde descansaba su teléfono y se hizo con él para mandarle un mensaje a Emma. El mensaje decía que debía pasar por su casa a primera hora antes de ir al ayuntamiento si quería comenzar con su primera lección. Una vez enviado el mensaje se envolvió entre las sábanas, cerró los ojos e intentó alejar todas sus preocupaciones.
Regina volvió a mirar el despertador. Las tres de la madrugada. Llevaba ya horas intentando dormir, ¿cómo era posible que estando tan cansada como estaba, su cuerpo se negase a conciliar el sueño? En fin, volvió a dar otro largo suspiro y giró de nuevo hacia otro lado para seguir "no-durmiendo". Pero de pronto, un extraño ruido la hizo incorporarse. De nuevo se oyó otro golpe, y esta vez percibió claramente que venía del otro lado de la ventana. Forzó la vista en la ventana que tenía frente a la cama y pudo ver algo moverse tras ella.
En ese momento Regina sabía tres cosas, exactamente el mismo número de cosas que desconocía. En primer lugar había alguien tras la ventana, pero ¿quién?, en segundo lugar, la ventana no se podía abrir desde fuera y a parte tenía un seguro por dentro, entonces ¿cómo era posible que con sus propios ojos estuviese viendo como la ventana se abría?, y en tercer y último lugar, si ella era la Reina Malvada, la bruja más poderosa de todo el bosque encantado ¿por qué se sentía en ese momento asustada y paralizada de miedo?
Tampoco tuvo mucho tiempo para encontrar respuesta a sus preguntas puesto que el intruso ya se encontraba colándose a través de la ventana haciéndola reaccionar lanzando una bola de fuego contra quien quiera que fuese esa persona. Los ojos de Regina se abrieron desmesuradamente y prácticamente se le descolgó la mandíbula en el mismo instante en el que la bola de fuego se deshizo justo delante de su objetivo sin causarle daño alguno.
Regina habría huido en medio de una nube de humo violeta si realmente hubiese sido consciente de su propio cuerpo. Mientras en su cabeza especulaba de quien se podía tratar, su cuerpo esta inmóvil, se negaba a responder a su voluntad, quería escapar pero inexplicablemente no lo conseguía.
Hasta que el intruso, o mejor dicho la intrusa, dio un paso al frente no la reconoció, entonces fue cuando Regina pudo verla, la cortina se había movido dejando entrar la luz de una Luna llena que brillaba en el cielo y que ahora se reflejaba en unos cabellos rubios que caían sobre una cazadora roja de cuero.
Emma la miraba intensamente capturando sus ojos sin remedio. La sheriff comenzó a dar unos pasos por la habitación mientras rozaba con la punta de sus dedos cada una de las cosas que encontraba en su camino, pero sin acercarse hasta la cama y sin apartar nunca la mirada de la mujer que había en ella. Regina quería recriminarle que qué hacía allí, que cómo se atrevía a ir hasta su casa a tan altas horas de la madrugada y más aún a entrar a hurtadillas hasta su dormitorio, pero simplemente no le salían las palabras.
Intentó deshacerse de las sábanas que la cubrían y levantarse de la cama, pero eso fue todo, un intento, pues al segundo se hallaba recostada contra las grandes almohadas."Pero qué...?" fijó la vista en Emma y la encontró con un brazo levemente adelantado y la palma de su mano frente a ella. "No puede ser" Intentó levantarse y de nuevo no lo consiguió, sentía una fuerza invisible que a pesar de no estar aplastándola evitaba que se separase de la cama. Miraba a Emma de reojo que comenzaba a sonreír burlona, de hecho cuanto más se retorcía ella más se ampliaba su sonrisa, sonrisa que cada vez tenía más de perversa que de otra cosa.
Regina no comprendía la situación, claramente Emma estaba usando magia contra ella pero ¿cómo? Con un suspiro dejó de forcejear y se resignó a dirigirse a ella.
- ¿Qué haces... cómo has... – Regina no sabía que preguntar primero pero tampoco tuvo oportunidad de decidirlo pues Emma ya se le había adelantado.
- ¿Quieres saber que hago aquí? ¿Cómo puedo hacer esto? – Tras la última palabra realizó un pequeño movimiento con sus dedos y Regina pudo observar como la sábana que la cubría se iba deslizando poco a poco dejando al descubierto su cuerpo cubierto tan sólo por un diminuto camisón rojo de seda que se adaptaba perfectamente a todas las curvas de su cuerpo. El corazón le latía a mil por hora, ¿qué era lo que pretendía Emma? Regresó sus ojos hasta la rubia y la encontró algo más cerca desnudándola con la mirada.
- ¿Qué tienes con el rojo, morena? – Regina oyó como salían esas palabras de la boca de Emma en forma de jadeo bastante audible y puedo sentir cómo se incendiaba cada parte de su cuerpo. Pero ella necesitaba saberlo.
- Dime cómo – Antes de poder completar su exigencia Emma volvía a interrumpirla.
- Sshh, calla, no quiero que hables, no he venido hasta aquí para eso – Regina sentía como las palabras arrastradas de Emma penetraban en ella recorriéndole la espalda con un escalofrío. No quería caer en su juego pero obviamente estaba perdiendo, fue a abrir la boca para protestar pero Emma una vez más se le adelantó.
- Está bien, está bien ya que pareces tan... ansiosa por saber, te diré porque estoy aquí – La sonrisa torcida le daba ese toque de burla a la situación en la misma medida en la que sus ojos ardiendo de deseo se la quitaba – Lo cierto es que a mitad de la noche me desvelé, no conseguía conciliar el sueño, y asi fue como descubrí tu mensaje y decidí que te debía una explicación en persona de por qué no necesitaba esa clase, y quizá de paso tú... podrías ayudarme con el insomnio – Maldita rubia, en su cabeza no hacían más que colarse imágenes de ella curándole el insomnio a Emma y podía jurar que ninguna de ellas era prepararle una infusión de manzanilla – En cuanto a la magia, bueno, tú no parecías muy dispuesta a ayudar así que acudí a Rumple y él, como tu misma puedes comprobar me ha enseñado algunos trucos que están bastante bien, pero digamos que hay otros trucos que... me muero por probar contigo – Regina se mordió el labio tan fuerte que por poco si se hace una herida, tenía que aguantar un poco más.
- ¿Qué te pidió? – Emma chasqueó la lengua mientras negaba con la cabeza.
- Regina, ¿es que me vas a obligar a amordazarte? – La afectación de su voz y ese deje de ironía estaban desesperando a Regina – Aunque por otro lado mentiría si te dijera que no lo estoy deseando – Su voz se había vuelto más ronca y el fuego de su mirada rivalizaba con un volcán.
Desde donde estaba la morena podía ver como Emma desataba el pañuelo que llevaba a modo de cinturón y cómo este llegaba hasta a ella flotando lentamente para quedar atado cubriéndole la boca sin que ella pudiera evitarlo. Se sentía frustrada, jamás nunca nadie la trató así, intentó agitar su cabeza de un lado a otro para deshacerse de la mordaza pero era inútil y un grito amortiguado resonó en la habitación. Emma había llegado a los pies de la cama y se había deshecho de sus zapatos y su chaqueta.
Regina no podía aguantar más, quería liberarse y lanzarse contra esa rubia insufrible, tirarla en su cama y hacerla pagar por todo lo que le estaba haciendo. Reuniendo todas sus fuerzas se impulsó hacia arriba y consiguió levantarse, la magia de Emma ya no la retenía, se llevó las manos hasta el rostro para librarse del pañuelo, pero no lo de dio tiempo a más. Emma se le había tirado encima haciéndola volver contra la cama y agarraba sus muñecas a los lados de su cabeza. Estaban frente a frente cada quien inmersa en los ojos de la otra, Regina sentía su corazón latir desbocado y la respiración de Emma notablemente alterada.
Estaba tan perdida en los ojos de Emma que no fue plenamente consciente de que la rubia había llevado sus brazos por encima de su cabeza hasta que dio contra las barras de madera del cabezal de la cama y algo frió que no debía estar ahí le hizo levantar la vista. "No puede ser" Cuando quiso reaccionar ya era demasiado tarde. "Maldita sea, me ha esposado! y para colmo yo no estoy haciendo nada para evitarlo, ¿qué me ocurre?!" Volvió a mirar a Emma y comenzó a forcejear en protesta pero lo único que consiguió al estar atrapada bajo el cuerpo de la rubia fue que con el contacto se le escapara un suspiro, lo que hizo que la sonrisa de Emma se hiciese mucho mas grande y perversa.
"Dios, a que espera, ya me tiene, si no hace algo pronto me muero" Regina había abandonado toda coherencia tan sólo era consciente de Emma. Suspiró cuando la rubia se movió buscando su cuello acariciándolo suavemente con los labios hasta llegar a su oreja y comenzó a jugar con ella con pequeños mordiscos. La respiración de Regina cada vez era más desigual, pero Emma abandonó su oreja y al perder el contacto Regina dejó escapar un gemido amortiguado mientras veía como se separaba hasta quedar de nuevo a la altura de sus ojos.
- Aún no he terminado mi historia, pensé que querías saber – A modo de respuesta Regina levantó sus caderas haciendo que Emma cerrase fuertemente la boca intentando mantener el control – Bien, me tomaré eso como un sí.
Los ojos de Regina llameaban, ¿cómo estaba dejando que jugara con ella de esa manera? Emma reprimió una sonrisa mientras continuaba su relato.
- Querías saber el precio que tuve que pagar, pues bien – a cada pocas palabras Emma iba dejando suaves besos sobre la piel de Regina – los más extraño de todo fue que a cambio de que él me enseñara yo debía acercarme a ti por no sé que historia de la debilidad – Cada vez hablaba más bajo y más ronco con forme se acercaba a los pechos de la alcaldesa con sus manos y con su boca.
- Por suerte para mi – terminó en apenas un susurro – eso nunca supuso un sacrificio.
Dicho esto Regina sintió como rodeaba sus pechos con sus manos y a la vez daba pequeños mordiscos, y no pudo más que olvidar el pañuelo y gritar su nombre. Emma rápidamente le destapó la boca.
- Otra vez – Regina podía ver la súplica en sus ojos – Di mi nombre otra vez.
- Emma – Fue apenas un susurro pero lo suficiente para volver a Emma loca.
La sentía por todas partes pero comenzaba a notar como las caricias iban centrándose en un punto por debajo de su ombligo. Regina se estaba desesperando quería que continuase más abajo, no dejaba de tirar de las esposas tratando de arrancarlas de los barrotes y su cuerpo debajo de Emma no paraba de retorcerse, necesitaba tocarla, pero sobretodo necesitaba sentirla.
- Emma – Consiguió mencionar su nombre a duras penas – sigue... más abajo... dios Emma...
Nada más decir esto vio como Emma se alejaba lo suficiente como para deshacerse de sus diminutas braguitas de encaje y volver rápidamente hasta su entrepierna. Regina primero sintió la respiración de Emma sobre ella e instantes después sentía cómo su lengua la abarcaba por completo y un agudo gemido se escapó de su boca.
Regina ya no era consciente de lo que hacía la rubia entre sus piernas, estaba abrumada por todas las sensaciones que le provocaba la boca de Emma, la estaba llevando a la locura, su clítoris estaba siendo maltratado por su lengua, sus labios y hasta sus dientes y ella tan sólo podía abandonarse a las oleadas de placer que recorrían su cuerpo llevándola poco a poco hasta su clímax. De pronto Emma introdujo dos dedos en su interior bombeando dos veces con fuerza hasta el fondo y a Regina le sobrevino el orgasmo haciéndole cerrar los ojos con fuerza y gritar el nombre de la rubia.
- ¡Joder Emma! – Regina abrió los ojos sintiendo aún las replicas del orgasmo por todo su cuerpo. Miró a ambos lados rápidamente y se llevó las manos a la cara tapándose los ojos y negando con la cabeza. Solamente un pensamiento ocupaba su mente. "No, no puede ser, ha sido tan real, no ha podido ser sólo un sueño".
Hey, no sé por qué pero tengo la sensación de que no os va a gustar mucho eso de que sea un sueño, y lo más probable es que ahora esté amenazada de muerte en varios países... lo siento?
Que sepáis que a mi también me ha dado pena que fuera un sueño pero creedme que es mejor y más divertido que sea Regina quien enseñe a Emma ;)
Bueno, espero que a pesar de todo os haya gustado ^-^, si es así dejad vuestro comentario y si no... también :P
Besos.
S.
